Pensaba que no iba a tener tiempo de actualizar pero aquí está el nuevo capítulo, este tiene un tono bastante gracioso así que espero que lo disfrutéis tanto como yo escribiéndolo. Se agradecen reviews :D
Capítulo 10. Jugando con fuego
Emma llegó a casa sintiéndose mal, ahora que la vergüenza se había ido se estaba dando cuenta de que se había comportado como una idiota. Había dejado a Regina sola, desnuda y posiblemente muy confusa por su rápida salida. La rubia nunca se había sentido así con alguien, tan caliente, tan pasional y… tan conectada. Pensó que la razón seguramente era el hecho de que ambas eran mujeres y sabían qué hacer o qué tocar para darse placer. Y uff… la morena sabía de sobra cómo hacerle disfrutar.
Caminó hacia la cocina, abrió la nevera y se dispuso a beber leche directamente de la botella –Emma!- oyó la voz de Mary Margaret detrás de ella haciendo que casi se atragante con la bebida –coge un vaso para beber-
Emma puso sus ojos en blanco y cogió un vaso del fregadero, se puso un poco de leche y se dio la vuelta viendo a su madre –cómo está tu mano?-
-Mejor, grac…- se quedó parada al notar algo –llevas labial rojo?- se acercó a ella para intentar ver mejor pero Emma se llevó la mano a los labios enseguida intentando ocultarlo.
-Qué?! No!- se dio cuenta de que era el labial de Regina y se puso nerviosa, tendría que inventar algo –digo, sí! Es labial rojo, por qué?
Mary Margaret la miró confusa –pero… tú no sueles maquillarte y menos con labial rojo…-
Abrió la nevera y guardó la botella de nuevo, quería irse a su habitación cuanto antes –bueno, pero que no lo haya hecho nunca no significa que no pueda empezar, no me veo bien?-
-Sí, sí… me gusta que te arregles pero, me resulta extraño- Emma empezó a caminar y su madre fue detrás de ella –va todo bien?-
-La rubia asintió –todo perfecto- fingió un bostezo –estoy muerta de sueño, así que me voy a la cama- se acercó a ella y le besó la mejilla –buenas noches- Aprovechó para meterse rápido en su cuarto y cerrar la puerta. Una vez dentro y "a salvo" resopló, tendría que tener más cuidado, su madre era una mujer insistente y si viera más cosas raras no dudaría en indagar.
A la mañana siguiente Regina seguía tan confundida como el día anterior. No comprendía la actitud de la rubia, no sólo habían tenido un buen sexo, parecía que entre ellas había una conexión importante. Pero no dejaba de darle vueltas a la salida de Emma esa noche, era como si se arrepintiera de lo que acababa de pasar, quizás, pensó la morena, ella era la única que sentía la conexión y la sheriff no quería nada más. ¿Había fingido el orgasmo para irse antes de tiempo? ¿Le atraería aunque fuera un poco? Dudas e inseguridades giraban en la cabeza de Regina.
Pero entonces volvía a rememorar lo que pasó en el suelo, cómo la tocaba, cómo la miraba y cómo sus dos cuerpos se entendían tan bien. Le daban escalofríos sólo de pensarlo, era imposible fingir eso, no, a la rubia le tenía que estar pasando algo más. Decidió que iba a darle un tiempo, para que pensara, no pensaba ir detrás de ella, ya se había expuesto demasiado, si le interesaba tanto como ella creía volvería a querer saber de ella. Y Regina deseaba con todas sus fuerzas que así fuera, un sexo como el que habían tenido no podía no volver a ocurrir de nuevo.
Eligió un traje gris y unas botas altas, se peinó y maquilló con esmero y salió para ir a comprar a la tienda. Aún no habían concretado un día para cenar con Henry, pero estaba cerca y la alcaldesa quería tener la nevera lista para improvisar cualquier comida que pudiera gustarle a su hijo… y a Emma. Entró en el comercio, tomó una cesta y empezó a seleccionar algunos productos. Cuando estaba eligiendo tomates para hacer una rica ensalada levantó la vista y la vio, tan linda como siempre colocando dos botellas de refresco en su cesta.
Aún no la había visto, así que aprovechó la ventaja para acercarse a ella por detrás –Buenos días, Miss Swan- dijo haciendo que la rubia se sobresaltara y se girara rápidamente.
-Ay! Por dios Regina, me asustaste!- dijo llevándose la mano al pecho.
-Me acerqué sigilosa, a lo mejor si me veías huías despavorida- dijo con tono irónico haciendo mención a lo que había pasado el día anterior.
Emma suspiró –respecto a eso…- Regina la cortó antes de que siguiera hablando.
-Está bien, sé pillar una indirecta, te arrepentiste y- esta vez fue la rubia la que interrumpió.
-No, Regina, no me arrepiento- tomó aire, la morena se había callado para dejarle hablar y la miraba esperando más explicación –yo… estaba muerta de vergüenza-
La alcaldesa levantó una ceja –vergüenza? Por qué? Si me estás metiendo otra excusa mejor ahórratelo-
Emma rodó sus ojos –quieres dejarme hablar y cerrar por una vez esa boca?- Regina la miró fijo, era raro que la otra mujer se pusiera así de seria con ella, pero no le replicó –lo que pasó fue…- miró a todos lados, estaban en un lugar público, así que habló más bajito –fue genial Regina, me encantó… demasiado. Pero… apenas me tocaste y… bueno…- estaba muy nerviosa y le costaba terminar las frases –eso nunca me había pasado-
La alcaldesa la miraba fijo, estaba empezando a comprender, pero la rubia lo estaba pasando tan mal que quiso torturarla un poquito más –el qué Emma?-
La sheriff volvió a rodar sus ojos y susurró haciendo que hasta a Regina le costara escuchar sus palabras –tener un… orgasmo tan rápido- La morena se rio bastante alto –chss… calla!- dijo la rubia mirando a su alrededor –no te rías- sus mejillas se pusieron rojas.
La alcaldesa la miró sonriendo intentando no volver a reír –no dejas de sorprenderme Emma, de verdad te fuiste por eso? No te das cuenta que me encanta saber que tengo ese efecto sobre ti?
Sus mejillas cobraron un color aún más intenso –mira… no sé qué tenemos y tampoco quiero fastidiarlo intentando ponerle un nombre, pero lo que sí sé es que quiero seguir viéndote y no pretendía que ayer pensaras lo contrario-
Regina no pudo ocultar una sonrisa –está bien, cuándo vamos a poder vernos tranquilas?-
La rubia se quedó pensando –esta noche imposible, pero mañana seguro no voy a tener problemas- sonrió también.
-Entonces hasta mañana Miss Swan, no se toque pensando en mí, aguante… seguro vale la pena esperar- le guiñó un ojo y caminó alejándose de ella. Emma sonrió como idiota e inclinó un poco la cabeza mirando cómo se movía el culo de la alcaldesa mientras caminaba.
La sheriff de Storybrooke se levantó radiante esa mañana, no sólo hacía un día soleado sino que tenía una cita con la alcaldesa. Estaba deseando volver a verla, volver a besarla y disfrutar de ella. Sintió su entrepierna palpitar y se mordió un poco el labio inferior.
Entró en la cocina para desayunar algo y tomó su teléfono, quería iniciar el coqueteo bien pronto, así cuando se vieran la cosa sería más excitante, escribió un mensaje. Perdone señora alcaldesa, al habla la sheriff, tengo una orden para examinar su lencería. No intente oponer resistencia porque no le servirá.
Emma sonrió para sí misma, sintiéndose toda una conquistadora y dio un bocado a su tostada, no habían pasado 3 minutos y su teléfono vibró al recibir la respuesta de Regina. Miss Swan, usted consigue que la vulgaridad suene excitante. Pero le advierto que va a necesitar sus esposas, no estoy dispuesta a colaborar fácilmente.
La rubia rio mordiendo de nuevo su labio inferior, pudo sentir calor por todo su cuerpo, la alcaldesa sabía cómo encenderla. Bebió un poco de zumo intentando refrescarse. Creo que las esposas no van a ser suficientes, prepararé mis armas también.
Vas a tener que usarlas querida porque esta noche voy a hacer que ruegues para que haga que te corras. La repuesta de la alcaldesa casi le hace soltar un gemido y cuando estaba decidida a escribir otra frase escuchó la voz de Henry.
-Hola Emma, no olvides que hoy tenemos la cena con mi madre- dijo tomando su mochila para ir al colegio.
-La qué? Hoy? No era el viernes?- dijo dejando el teléfono sobre la mesa. No podía ser que una vez más fueran a fastidiarse sus planes.
Henry rodó sus ojos –te dije ayer que el viernes me voy a casa de Tim, me ha invitado a dormir a su casa, recuerdas? Estabas de acuerdo en cambiarlo para hoy- el niño estaba claramente ofendido, Emma tenía tantas cosas en la cabeza que lo había olvidado completamente.
-Sí, lo sé, tienes razón, perdona…- intentó pensar en una solución rápida, pero no supo qué hacer- está bien, avisaré a tu madre- el niño sonrió y luego ambos salieron de casa para ir a la escuela.
Regina amaba a su hijo, lo quería y mucho, pero ahora mismo estaba odiándolo un poquito. Luego de esos mensajes tan excitantes que se habían intercambiado en la mañana, la alcaldesa recibió un jarro de agua fría. La cena de los tres era hoy y el plan de estar toda la noche en la cama con Emma se había convertido en una reunión familiar.
Se puso a cocinar pastel de carne bastante frustrada. Quizás si aguantaban hasta muy tarde el niño se dormiría y tendrían el resto de la noche libre. Además, si lo alargaban más sería mucho más interesante. Regina sonrió con ese pensamiento en la mente.
Sonó el timbre, se quitó el delantal dejándolo sobre la mesa y caminó hacia la puerta. Abrió y los vio ahí, a los dos –hola- dijo con una sonrisa sincera y se agachó para abrazar y besar a Henry.
-Hola mamá! Ya tenía ganas de verte- dijo el niño –voy al baño! Me hago pis!- salió corriendo escaleras arriba.
Regina se giró mirándole –no te enseñé que tienes que hacerlo siempre antes de salir de casa?- su hijo ni contestó y la alcaldesa rodó los ojos girándose de nuevo y encontrándose con la mirada de la rubia –deberías ponerle unas pautas…-
-Sí? Tú crees?- Emma caminó hacia dentro y cerró la puerta detrás de ella sin apartar la mirada de la morena –quizás deberías enseñarme… digo, tienes más experiencia- hablaba con tono de jugueteo y Regina lo notó –necesito que me instruyas- recalcó ese "necesito" mientras se acercaba a ella con una cara muy sexy.
A la alcaldesa le dio un escalofrío por todo el cuerpo al ver cómo Emma le hablaba de forma tan seductora, este jueguecito la estaba matando, dio un paso hacia ella –Tenga cuidado Mis Swan- estaban tan cerca que podía sentir su aliento en la cara –si juega con fuego se quemará… y ya me está costando trabajo controlarme para no llevarla a la cama ahora mismo y hacérselo hasta que me pida clemencia-
La morena pudo notar como sus palabras hacían efecto en la sheriff, parecía que sus rodillas le fallaban por la excitación –paciencia señora alcaldesa… en la noche le daré la oportunidad de demostrar sus habilidades- miró sus labios, estaban tan cerca de los suyos, quería besarlos, morderlos, ahogar sus gemidos en esa boca… dios, la deseaba tanto. Pero los pasos de su hijo bajando las escaleras hicieron volver a ambas mujeres a la realidad.
-Qué hay de cena?- dijo bajando los escalones de dos en dos y encontrándose con ambas mujeres. Miró a una y luego a la otra, notando algo distinto.
Regina carraspeó un poco intentando recomponerse –pastel de carne, pueden sentarse en la mesa y enseguida lo llevo- ambos asintieron y caminaron hacia la sala. La morena fue a la cocina, se sentía acalorada, quería estar con Emma a solas, pero todavía quedaban al menos un par de horas antes de que eso pudiera pasar.
Volvió unos minutos después con la comida lista –cómo va todo en casa?- preguntó mientras les servía.
-Bien, Mary Margaret ya tiene mejor la mano y Henry tiene planes para el viernes, verdad?- dijo Emma probando el pastel de carne, estaba frente a Regina, como de costumbre y su hijo en la esquina de la mesa.
El niño asintió –sí, voy a ir a casa de un amigo a pasar la noche- mientras hablaba Emma notó algo en su pierna, agachó la cabeza y vio el tacón de Regina acariciándole por debajo de la mesa. Carraspeó un poco y bebió vino para no atragantarse, la miró, la alcaldesa fingía escuchar atentamente al niño, pero pudo ver una sonrisa pícara en sus labios.
-Vaya, eso es genial cariño, ya me presentarás a ese amigo nuevo- no había duda de que la morena era la reina en eso de fingir que nada estaba pasando. Emma tenía una mano ocupada con el tenedor, pero llevó la otra debajo de la mesa y acarició la pierna suave de la alcaldesa.
-Bueno, a ti te parece bien que duerma en su casa no?- dijo la rubia preguntando su opinión, al fin y al cabo ella era la que tomaba las decisiones sobre Henry hasta no hace mucho. Levantó la copa dispuesta a dar otro sorbo pero casi escupe el líquido al notar el pie de la alcaldesa en su entrepierna. Le dio un cosquilleo que encendió aún más su deseo.
-Sí, aunque me hubiera gustado que me preguntarais mi opinión antes de tomar una decisión- cortó un poco de comida y se la llevó a la boca.
Emma notando calor por todo el cuerpo, estaba muy encendida, ya no tenía ni hambre –la próxima vez te avisaremos, verdad Henry?- el niño asintió comiendo tranquilamente –tengo… que ir al baño- dijo levantándose de la mesa –ahora vuelvo- caminó hacia el baño más cercano.
La morena se quedó mirando cómo se iba con una sonrisa, todo este jueguecito la estaba excitando también. Quería ir detrás de ella, hacer que la deseara aún más, miró el plato de Henry, aunque ella no había terminado él sí lo había hecho –voy a ir a por el postre, vale?- se levantó y fue hacia el baño donde estaba Emma. La sheriff refrescaba su cara frente al espejo cuando vio que la puerta se abría y Regina entraba cerrando detrás de ella. Se acercó por detrás rodeando su cintura con los brazos y le susurró al oído –vas a tener que disimular un poco mejor si no quieres que se dé cuenta de lo caliente que estás-
Un escalofrío recorrió la espalda de Emma, la miró a través del espejo y se pegó más a su cuerpo, necesitaba sentirla –me estás volviendo loca Regina…-
La alcaldesa sonrió –es lo que pretendo…- bajó su mano a la entrepierna de la rubia y le acarició por encima del pantalón haciendo que emitiera un gemido –chss… te quiero así, deseosa de más hasta que no puedas soportarlo- apartó la mano y caminó hacia la puerta –el postre está listo, no tardes-
Sin decir más salió por la puerta, Emma emitió un sonido de frustración, volvió a refrescarse la cara pero no era suficiente, podía notar la humedad entre sus piernas. Cuando volvió a la sala el postre estaba sobre la mesa y Henry ya estaba devorándolo –Podemos ver una película cuando terminemos?-
Ambas mujeres se miraron, querían acortar la cena lo antes posible –bueno chico, se va a hacer tarde si vemos una película, lo mejor será que te acuestes pronto-
-Jooo, no, siempre jugamos o hacemos algo después del postre, es pronto aún- miró a Regina y le puso ojos de pena –por favor… nunca nos vemos- el niño sabía jugar bien sus cartas.
La morena suspiró levemente mirando a Emma –está bien, pero una cortita y luego a la cama- Henry sonrió y fue corriendo a su cuarto para elegir una.
-Quiere torturarnos- dijo la rubia cruzándose de brazos y haciendo que Regina se riera.
-Es sólo un niño, no tiene ni idea de lo que está pasando aquí… además, si lo agotamos tendrás más posibilidades de escaparte –ambas sonrieron mirándose
Llegó Henry con la película, se sentó en el sofá individual dejando el doble para ellas –listas?- dijo dándole al play. Ambas mujeres eran conscientes de que iban a tener que pasar una muy difícil prueba de resistencia.
