Gracias por los comentarios, cada vez hay más y eso me anima más de lo que pensáis, en serio, gracias por seguir la historia y aquí un capítulo más de la historia de Emma y Regina :)


Capítulo 11. La noche perfecta

Si había algo por lo que la alcaldesa de Storybrooke se caracterizaba, era por ser lista, y este caso, no era la excepción. Al ver que el niño les dejaba el sillón doble libre para ellas, no dudó en ir hasta los cuartos a buscar unas mantas con la excusa de que hacía frío.

-No hace tanto frío mamá- dijo el niño cubriéndose de todas formas.

-Hace mucho frío, verdad Miss Swan?- Regina miró a la rubia guiñándole un ojo en señal de complicidad, ya tenía todo planeado. Se sentó y le dio una palmadita al sillón para que la sheriff se sentada a su lado. Henry estaba muy concentrado en los títulos de la película que estaba por comenzar.

Emma la miró con sus ojos entrecerrados, algo se traía entre manos la otra mujer, y ella estaba dispuesta a seguirle el juego –Eh… sí, yo estoy que muero de frío!- mintió y se sentó junto a la morena, tiró de la manta y se cubrió hasta la cintura. Curiosamente, el niño había elegido "La era de hielo" –Es en serio? Ya hemos visto esta película como un millón de veces!- resopló como una niña pequeña quejándose de la elección de Henry.

-Tengo ganas de ver esta… dijeron que podía elegirla- dijo el niño cruzándose de brazos algo ofendido.

-Siempre tiene que cuestionar todo Miss Swan?- la alcaldesa la miró muy seria, pero la rubia ya la conocía, y este jueguito de tratarla así la excitaba muchísimo.

-Vale, no volveré a hacerlo… ya va a empezar- miró a la morena de costado, la habitación seguía iluminada.

Regina hizo un chasquido con sus dedos y se apagaron todas las luces. La magia era útil para algunas cosas, más cuando no querías moverte de un lugar. La morena se tapó con la manta y simulaba estar muy atenta a la película. Emma la miraba con deseo, pero la mujer no parecía inmutarse. Henry se estaba quedando dormido. Cerraba sus ojos y cuando escuchaba algo divertido los volvía a abrir para reírse. Emma estaba inquieta, movía la manta para todos lados, sus piernas, se sentía incómoda.

-Pasa algo Miss Swan? Está incómoda? Porque tal vez podría…-como por arte de magia, desprendió el botón del pantalón de la sheriff y con sus dedos pudo notar la humedad en su ropa interior –Bueno, podría sentarme en una silla- sus dedos comenzaron a moverse sobre el húmedo sexo de la rubia.

Emma casi no podía emitir palabra. Creía que si abría la boca saldría un gemido inevitablemente. Llevó su cabeza hacia atrás y tomó aire –Así está perfecto…- largó el aire pero muy exageradamente, tanto que el niño volteó a mirarlas, pero como estaba oscuro no pudo divisar la dirección de la mano de su otra madre.

-Te pasa algo?-dijo el niño mirándola mientras las dos mujeres se habían quedado quietas ante su vista.

-No pasa nada… sólo tengo un poco de calor, pero sigue con la película- se acomodó mejor, abriendo un poco sus piernas. La presencia del niño la incomodaba por momentos, pero la oscuridad de la sala la desinhibía.

Regina retomó el movimiento de sus dedos. Su mano se deslizó dentro de la tanga de la rubia, y sus dedos buscaron su clítoris, que estaba hinchado pidiendo que lo tocaran. Se movía en círculos, y cuando parecía que Emma estaba por estallar, frenaba.

La rubia movía sus caderas sintiendo cada vez más las caricias de la alcaldesa, necesitaba más, pero la otra mujer estaba jugando con ella, y no pensaba satisfacerla en ese instante. La tuvo así por un rato largo, hasta que la película terminó y Henry dormía profundamente. Emma susurró en el oído de Regina, y luego le dio un mordisco –Por favor, haz que me corra, no puedo más…- su respiración estaba agitada.

La morena negó con su cabeza mientras una sonrisa malvada se esbozaba en su rostro –No lo merece Miss Swan, o acaso se ha olvidado de cómo me dejó el otro día?- quitó su mano y se levantó del sillón –Podría llevarlo a su cuarto? Y quizás luego tenga suerte…- levantó sus cejas mirando perversamente a la rubia mientras doblaba las mantas.

Emma resopló y se quejó como una niña dejando caer sus manos sobre sus piernas, estaba muy caliente, abrochó su pantalón y se levantó del sillón. Pensaba dejar a Henry y meterse en la cama de la alcaldesa como sea.

La morena subió hasta su cuarto, sus sábanas preferidas estaban puestas en la cama, la luz era tenue, y llevaba uno de sus mejores conjuntos color negro, todo listo para la llegada de la otra mujer. Se estremecía al pensar en que esa noche sería puramente para las dos, y no sólo por el sexo, algo más le pasaba. Quería tener a Emma cerca, todo el tiempo, y a estas alturas todo aquello que antes le desagradaba y hasta llegaba a odiar de ella, le encantaba. Se miró en el espejo una vez más, su labial rojo como siempre resaltaba notablemente en su rostro, aunque sabía que mucho tiempo no le iba a durar con lo que tenía en mente. Escuchó la puerta abrirse lentamente, y luego cerrarse muy despacio. Se quedó de espaldas mostrando todos sus atributos a la curiosa y deseosa mujer que se colaba en su cuarto.

-Más te vale que no sigas jugando ahora porque…- miraba como hipnotizada a la otra mujer, detallando cada parte de su cuerpo, se quitaba sus botas y pantalones rápidamente –no sabes de lo que soy capaz- haciendo alusión a aquella discusión que tuvieron unos cuantos meses atrás en los que las amenazas eran constantes.

Regina giró un poco su rostro mirándola por encima de su hombro, cada uno de sus movimientos eran sensuales, y el tono de su voz no se quedaba atrás –Me está amenazando? Porque aquí la que sabe de magia soy yo- hizo un movimiento con su mano y la ropa de la sheriff desapareció –Usted no sabe de lo que soy capaz-

Emma miró hacia abajo viendo su cuerpo, estaba completamente desnuda, la morena había usado la magia para desnudarla, pero eso poco le importaba ahora, sólo quería que se lo hiciera de una vez. Dio unos pasos hacia ella colocándose a pocos centímetros de la otra mujer, pudiendo sentir el calor que irradiaba –enséñame de qué eres capaz Regina, me muero por verlo-

La alcaldesa se acercó a ella poniendo sus manos en sus caderas y la besó con ganas. La rubia le correspondió abriendo su boca para jugar con sus lenguas, saboreando cada rincón. Regina bajó por su cuello y lo succionó con intenciones de dejarle una marca sólo para fastidiarla, le extrañó que no se quejara, estaba tan excitada que no había caído en la cuenta. La empujó contra el borde de la cama haciendo que se cayera sobre el colchón y se quedó de pie contemplándola –me deseas?- dijo moviendo las caderas y contoneándose delante de ella.

Emma, con las piernas entre abiertas, mordió su labio inferior sin apartar la vista de la morena y asintió –mucho… te deseo como nunca- podía notar su entrepierna palpitando, rogando por algo de atención.

Regina sonrió y pensó que ya la había torturado lo suficiente y que la tenía tal cual quería, deseosa y desesperada por ella. Se acercó a la cama poniéndose de rodillas frente a ella, la miraba muy fijo, comiéndola con los ojos. Puso ambas manos en sus rodillas haciendo que se abriera aún más de piernas y se agachó acercándose con el rostro a su sexo. Emma no estaba segura de qué pensaba hacerle la alcaldesa, quizás todavía quería jugar un poco más con ella y no creía que fuera capaz de soportarlo, movió sus caderas contra su cara, indicándole que quería algo ya –no, no, no Miss Swan- Regina llevó sus manos a su pelvis, sujetándola contra la cama para evitar que se moviera –yo estoy al mando, pídeme lo que quieras, ruégame…- digo con una voz tan sexy que la sheriff sintió un escalofrío recorrer toda su columna.

-Quiero… quiero- dijo casi sin poder hablar –quiero que me comas Regina, que hagas que me corra- la morena sonrió satisfecha y se acercó pasando la lengua de arriba abajo, estaba muy mojada. Se paró en su clítoris e hizo círculos sobre él notando lo hinchado que estaba. Los gemidos de Emma se escuchaban por toda la habitación.

-Chss…- dijo parando un segundo –no querrás que nos interrumpan- volvió a su tarea succionando mientras los jugos de la rubia le empapaban la boca. Emma llevó sus manos al pelo de la morena, al principio sólo entrelazó sus dedos, pero luego tiraba de él sin poder evitar lo que estaba sintiendo. Eso hizo que a Regina le gustara, le encantaba ver cómo disfrutaba con su tacto. Ella seguía jugando con el sexo de la sheriff, subiendo y bajando, lamiendo, chupando, se entretenía en su clítoris y cuando veía que estaba a punto de llegar lo dejaba un rato para ralentizar el orgasmo.

-No… puedo… más- dijo Emma gimiendo, las manos de Regina la habían liberado y ahora podía mover las caderas a su antojo contra la boca de la morena.

La alcaldesa podía notar que ya iba a llegar, y ni ella misma quería atrasar un segundo más ese ansiado climax. La tomó por los muslos pegándola mucho más a ella y devoró con ganas todo su sexo sin pausa. Emma gimió con fuerza echando la cabeza hacia atrás y alcanzó el orgasmo más intenso de toda su vida. Regina se permitió unos segundos más entre sus piernas para lamer sus fluidos, notaba cómo le palpitaba y sonrió satisfecha por su trabajo. Subió dejándose caer al lado de la sheriff –eres una escandalosa…- dijo sin poder dejar de sonreír-

La rubia giró la cara mirándola y una sonrisa se dibujó en su rostro, respiraba muy agitada, y rezaba para que Henry no hubiera escuchado nada –creo que ya sé de dónde viene lo de "Bruja malvada"- lo dijo como una broma del momento pero pudo notar el cambio en la cara de Regina –lo siento… no quería molestarte-

La alcaldesa negó con la cabeza –no tiene importancia, después de tanto tiempo no tendría que afectarme- se dio cuenta que Emma estaba desnuda y hacía fresco –vas a resfriarte…- se levantó abriendo las sábanas y ambas se metieron dentro, así conseguiría cambiar de tema también.

-Podías imaginar alguna vez que estarías conmigo en la cama desnuda?- Emma se puso de costado para poder mirarla mejor, en sus ojos se podía notar un brillo especial.

-Bueno… técnicamente yo no estoy desnuda- se rio un poco –pero no, nunca lo hubiera imaginado- estaba oscuro, pero la poca luz que entraba de la calle le dejaba ver el rostro perfecto de la rubia –te gusta estar aquí?- preguntó con algo de miedo por la respuesta.

-Sí, si no me gustara no estaría aquí…- dijo la sheriff sin pensarlo y sonrió. Se acercó un poco a ella y besó sus labios, pero fue un beso distinto a los que habían tenido, era tierno.

No dijeron nada más, se quedaron mirándose la una a la otra, demasiado temerosas de que cualquier palabra pudiera romper el encanto. En algún momento antes de dormirse Emma tomó su mano y la acarició suavemente hasta que el sueño se apoderó de ellas.


Emma se despertó cuando los primeros rayos de luz se colaron por la ventana, abrió los ojos emitiendo un leve quejido, estaba agotada y cuando vio a la morena frente a ella recordó porqué y sonrió. Estaban muy pegadas, apenas unos centímetros la separan de su rostro y la alcaldesa rodeaba su cintura con el brazo como si tuviera miedo de que se fuera. Su plan no era dormir ahí, pero simplemente lo había hecho y no le molestaba en absoluto. Seguía desnuda y quería levantarse para vestirse, Henry se despertaría en breve y no debía verla ahí, pero tampoco quería interrumpir este momento –Regina- susurró muy levemente.

-Mmm- dijo en sueños la alcaldesa. Emma acarició el brazo que la rodeaba con la punta de los dedos, la morena abrió los ojos lentamente al sentir cosquilleo y entonces le dedicó la sonrisa más bonita que había visto la sheriff –qué hora es?- dijo al darse cuenta de lo idiota que parecería con esa sonrisa.

La rubia se estiró un poco para poder observar el reloj que estaba sobre la mesa de luz de Regina y se llevó una mano a la frente en señal de preocupación –Henry entra a la escuela en media hora!- se levantó enseguida de la cama buscando su ropa que estaba tirada por todos lados.

Regina se sentó en la cama y estiró el brazo para buscar su bata. Pretendía hacerle un desayuno rápido al niño para que llegara a horario. Justo cuando estaba caminando al baño vio la marca que le había dejado a la rubia en el cuello y no pudo evitar sonreír.

-Qué? Qué pasa?- el pelo de la sheriff estaba todo revuelto, y la ropa un poco arrugada. No entendía qué motivos tendría la otra mujer para sonreír a esta hora de la mañana.

-Nada… deberías salir de la casa, Henry no tiene que saber que dormiste aquí. Sería raro para él- la morena se metió en el baño del cuarto.

Emma salió apurada con la intención de salir de la casa, y tocar el timbre como si recién llegara. Pero cuando caminaba por el largo pasillo hacia las escaleras el niño justo salía de su cuarto, sabía que ya era tarde.

-Qué haces aquí? Has dormido en la casa?- la miraba sin entender mientras se rascaba un ojo.

-No! Sólo venía a buscarte, ya se está haciendo tarde…- dijo la rubia inventando la primer excusa que se le venía a la cabeza.

-Tienes la misma ropa que ayer…- el niño levantó sus cejas esperando una explicación.

En ese momento la alcaldesa salía de su cuarto, aun con la bata porque no había tenido tiempo de arreglarse. Henry se veía ahora más confundido, pues Emma había entrado en la casa por su propia cuenta si su otra madre recién despertaba. La morena se acercó a ambos y aclaró su garganta –Veo que es una experta para violar los sistemas de alarma Miss Swan, muy apropiado de su parte- rodó sus ojos actuando muy bien y el niño pareció creerlo.

Ambos bajaron detrás de Regina que tenía intención de preparar el desayuno rápido en la cocina.

Emma apuró al niño haciendo que por poco se atragante, y luego de despedirse de la alcaldesa muy cuidadosamente, se dispuso a llevar a Henry a la escuela. Llegaron un poco tarde. La mirada fulminante de Mary Margaret acosaba a la rubia por no haber ido a dormir a la casa, y por seguir con la misma ropa. Todo era muy raro. Antes de ser regañada por su madre, se fue rápido a la casa. Se cambió de ropa y se fue a su trabajo.

La rubia estaba como una idiota, recordaba todos los sucesos de los días anteriores y no podía evitar sonreír. Aunque se lo negara a ella misma, se estaba enamorando de la persona menos indicada, y la que todos si se enteraran, seguro pensarían que es la incorrecta. Salió de sus pensamientos cuando el teléfono sonó y tuvo que ir a atender un caso en la vía pública.


Regina estaba radiante, se miró al espejo y hasta le costó reconocerse, no por el pelo, ni el maquillaje, ni siquiera por la ropa, era simplemente por la energía que irradiaba. Estaba contenta, feliz ¿cuándo fue la última vez que podía decir que estaba así? No podía ni recordarlo, había vivido tantos años sumida en la tristeza y luego en el odio que había olvidado lo que significaba la felicidad.

Tenía miedo, claro que lo tenía, siempre que algo bueno le pasaba algo lo fastidiaba, pero de momento las cosas con la sheriff iban mejorando día a día. Recordó los sucesos de la noche anterior y se rio un poco al pensar en la marca que le había dejado en el cuello. Era una forma de "marcar su territorio" para que cualquiera que se atreviera a acercarse a la rubia tuviera claro que ya no estaba libre. Además, sabía que en cuanto se lo viera en el espejo iba a enfadarse y eso le gustaba aún más, ya que, el enfado seguramente culminaría en una buena sesión de sexo.

Se puso a planear cuándo sería su próximo encuentro, quizás esta vez podrían cenar juntas tranquilamente y luego ya verían cómo se iría desarrollando la noche.


A unos cuantos kilómetros de allí, sin que nadie lo sospechara, se encontraba una persona que estaba a punto de llegar a Storybrooke. Alguien que cambiaría las cosas y ese alguien no tenía ni la más remota idea de lo que iba a desatar con su llegada…