¿QUIÉN LLAMÓ A LA CIGÜEÑA?

CAPÍTULO 30

CONFESIONES DE UN EBRIO

EDWARD POV

—Si ella no sale de este estado, vamos a tener que medicarla y...

— ¡No!— repliqué de inmediato. No quiero que ni siquiera mencione la posibilidad.

—Hijo, se está haciendo daño a sí misma y está lejos de mejorar si sigue así.

—Lo sé— respondí derrotado, llevé mis manos a mi rostro y me permití ser débil por unos minutos. ¡Me duele tanto! Ver a Bella derrumbarse, caer de esa manera. Lo peor es que no dice nada, se ha encerrado en sí misma y no me deja ayudarla... pero no quiero, no quiero que se la lleven.

—Te casas mañana, Edward. Pasarás una semana con Tanya, lejos de aquí, estoy a cargo de Bella ahora y sé que es lo mejor, en este momento.

Vuelvo a hundirme porque no soporto lo que ocurre a mí alrededor. Quiero quedarme, cuidar de Bella, de mi hija pero tampoco puedo faltar a mi palabra, no con Tanya en su estado. Cambiamos ayer las reservaciones para quedarnos unos días en un hospital de Vancouver dónde podamos descansar y sea tratada por el mejor obstetra. Ha presentado un ligero sangrado, según Alice, no era nada. Pero mi prometida está aterrada. Me hundo en mi propio sofá, cansado y derrotado. Nada de lo que hice ha funcionado.

Será la última conversación con Bella antes de casarme e irme por unos días. Haré esto bien y a pesar que no recuerda, le diré lo que tengo en mente, aunque no me entienda. Prefiero que sea ahora porque después no tendré ese derecho.

Cuando caminaba por los pasillos del hospital, recibí una llamada de Tanya, respiro hondo para poder contestar con algo de alegría.

— ¿Estás bien?— le pregunté.

—Sí, estamos bien. Voy a pasar la noche en casa de mi amiga Tía...

— ¿No es peligroso?

—Claro que no, soy fuerte, Edward ya te lo he dicho.

—Pero ayer me dijiste que habías vuelto a sangrar— le recordé.

—Yo no dije eso bebe, estás paranoico. Sólo dije que tuve un pequeño descenso nada mas— no contesté porque sería iniciar nuevamente una riña. A veces parece devastada, como si estuviera a punto de perder a nuestro hijo y luego está de excelente humor acusándome de exagerado.

—Está bien, entonces no cenaremos juntos, nos vemos mañana— le dije más calmado.

—Pórtate bien, mañana será un gran día, por fin venceremos todas las adversidades, juntos.

—Sí. Cuídate.

—Nos vemos bebe, te llamo antes de dormir.

Al llegar a la habitación de Bella me sorprendió encontrarme con Jacob Black, sentado afuera. No sé porque razón no ha querido visitarla más, pensé que tendría que echarlo de allí por las noches pero su ausencia me es extraña.

—Cullen— me dice en un estado lamentable. Parece ebrio.

—Black ¿Qué te ha pasado?— le pregunté.

—Tenemos que hablar, los tres. Tengo algo que decirte aunque me condene al mismo infierno. Y Bella tiene que escuchar a pesar de no entender. Carajo, esto es difícil – dice trastabillando.

—Estás ebrio, deberías dejar la conversación para cuando no estés alcoholizado— dije con más firmeza. No tengo intensiones de escuchar a un hombre borracho en este momento.

—No lo estoy, si bebí fue para darme valor.

— ¿Valor?

—Lo que tengo que decir es como un suicidio para mí. Más que eso— me dice intentando sonreír.

—Dejaré que Bella decida, adelante— abrí la puerta haciendo un gesto de desagrado al oler el alcohol en su aliento.

Bella estaba despierta pero no volteó a vernos, igual que siempre me recibía. Black se adelantó y se sentó a su lado, tomó su mano y empezó a llorar, eso la sacó de ese estado de letargo provocado.

— ¿Jake? ¿Qué tienes?— preguntó asustada.

—No sé lo que le pasa pero está bebido, será mejor que lo saque de aquí. Pediré a seguridad...

— ¡No! – contestó Black. Tomé una silla y me senté molesto, esta era una situación bastante embarazosa, no sé qué podríamos tener que hablar los tres.

—Yo venía a hablar contigo Bella— suspiré mirándola. –Mañana voy a casarme, viajaré con mi esposa a Vancouver, regresaremos la semana que viene— confesé mirando a un punto detrás de ella, junto a su cama, no directamente a sus ojos porque no podría sostener su mirada.

—Ya lo sabía... una enfermera me lo dijo— respondió. –Suerte, Edward. ¿Elizabeth se queda a cargo de Rosalie?

—Sí, ella y mi madre se harán cargo de nuestra hija.

—No, tu no vas a casarte— oímos murmurar a Black. — ¿No es obvio? Ustedes aún se aman, tienen una hija juntos ¿Cómo es que no se dan cuenta?— sonrió con tristeza.

—Jake, cállate— replicó Bella con algo de severidad, algo que no había visto en meses.

—No, no me voy a callar, estoy tomado pero es ahora cuando voy a decir las cosas claras, voy a sacar todo lo que estoy escondiendo, desde que inició este problema...

—No creo que sea prudente que empieces con tus confesiones de borracho, Black. No es necesario, aquella vez conversamos y me explicaste lo que pasó cuando... yo... los vi besarse hace años.

— ¡No es eso! Si te callas quizás te enteres de muchas cosas que tienes derecho a saber— me levanté para irme, realmente no estaba para tratar con ebrios.

— ¿Tu hablaste con Edward sobre eso?— preguntó Bella por fin saliendo de ese estado de indiferencia en el que se había sumido

—Claro, que sí y te lo dije—le contestó.

—Ella no recuerda muchas cosas, no la obligues...

—Siéntate que vas a escuchar algo... y te juro que es importante. No estaría aquí rompiendo mis promesas y juramentos si no fuera porque... ya no puedo más— sus ojos siempre alegres e incluso sarcásticos cuando me miraba ahora estaban húmedos y hundidos.

—Está bien. Estamos aquí y te escuchamos pero si es alguna tontería, te echaré del hospital— le amenacé.

—Si bien todo empezó hace años cuando YO besé a Bella y tú te creíste que nosotros estábamos teniendo un romance o lo que sea que creíste...

—Si vamos a hablar claro pues en realidad no pensé que tenían un romance, eso ya lo tenía Bella conmigo. Creí que ustedes... Bueno, Bella y yo ya habíamos tenido intimidad, además de novios éramos amantes... yo... creí que no le era suficiente, que tenía una aventura contigo porque no era... capaz de complacerla. Y me fui en ese momento, no los confronté porque sentí tanta ira, tanta odio hacia ustedes que tuve miedo de mis actos. No sólo me hirieron sino que despertaron algo destructivo. No pude controlarlo en mucho tiempo, pensé que podría lastimarla no solo con palabras. Por eso me fui...— confesé mirando al piso. Ya estaba, la razón por la que salí huyendo de Forks y no volví durante años. El motivo de mis sufrimientos, de mis largas noches en vela, de mi dolor al sentirme traicionado.

— ¿Tan poca fe me tuviste?— escuché sus palabras que comenzaron como un susurro. –Tantas veces que te dije que te amaba, que te adoraba... me entregué a ti Edward, te di todo de mí. ¿Pensaste que tenía sexo con Jake?— no podía verle a los ojos, dicho de ese modo con esas palabras despertó algo en mí que no puedo explicar. No había sido consiente que había necesitado esas palabras años atrás. Cómo habría deseado que me las dijera en su momento para sanar mi destrozado corazón.

—Lo pensé, sí. Te noté extraña conmigo durante semanas, cambiaste, te volviste distante...

— ¡Porque tus padres me pidieron que me aleje de ti para que aceptes esa beca!— rompió a llorar.

—Pues ellos no me dijeron nada hasta este año, he vivido con eso por mucho tiempo. ¡Por un segundo ponte en mi lugar, Bella!

—Está bien, lo haré. Pero tú también ponte en mi lugar, Edward. Piensa por un momento como me sentí cuando te fuiste sin decir nada, me abandonaste sin despedirte. Desapareciste y yo,... Sentí que me moría de pena— sus sollozos se hicieron más audibles. Quería abrazarla, decirle que lo sentía que podría imaginarme el dolor de la separación porque ha sido mi constante en estos años. Anhelaba verla una vez más, mirar sus ojos chocolates, sentir sus abrazos... ¡Me hizo tanta falta!

—Intenten perdonarse por eso— escuchamos a Black. –Y también perdónenme, no quise causarles un dolor tan grande, yo, amaba a Bella o creí que la amaba, era un mocoso con las hormonas muy revueltas intentando que su mejor amiga me dé más atención.

—Está bien Jake, yo te perdoné hace tiempo— escuché su voz suave.

—Yo no te había perdonado, ni cuando me lo dijiste la vez anterior. Seguía guardándote rencor por haberme quitado una parte de mi vida. Pero comprendo, ahora entiendo que solo fuimos adolescentes, que nos equivocamos y es hora de cerrar heridas— lo miré intentando hacerle sentir que mi perdón había llegado tras largos años pero su mirada estaba cargada de culpa.

—Eso no es lo único por lo que debo pedirles perdón— nos miró con el rostro a punto de desencajarse. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué aquella mirad me daba tanto miedo?

—Habla— dije secamente esperando que suelte aquello que se estaba callando.

—Cuando volviste, pensaste que el hijo de Bella era mío, lo vi en tu mirada y seguí con aquella rivalidad de antes. Peleando por ganarte la atención de Bella, cuando ella solo tenía ojos para ti. Y dejé que lo creyeras, dejé que la gente lo pensara, incluso acepté felicitaciones porque después de todo yo estaba seguro que el bebé era producto de una inseminación. Tenía la esperanza que si la ayudaba a criarlo podría ganarme su amor y me dé un espacio en su vida como padre de su hijo, bueno hija porque Liz es una preciosa princesa.

—Yo te hice creer eso... ¡fui tan mentirosa! No sé cómo voy a poder salir de aquí y mirarle a la cara a toda esa gente que he lastimado con mi conducta. A ti Edward, por obligarte a...

—No me obligaste a nada— me senté a su lado intentando consolarla. –Mírame, Bella. No me obligaste ni me violaste. Estaba ebrio sí pero pude haberme negado y no lo hice.

—Eso no cambia nada— suspiró hipando por el llanto.

—Lo cambia todo porque... tengo esos recuerdos. Pensé que eran producto de mis sueños... jamás me arrepentí de eso, ni siquiera cuando creía que solo lo había soñado.

—Eso ya no importa, solo espero que me perdones todo lo que te hice, he sido cruel contigo, te puse en apuros, te cargué de una responsabilidad que no era tuya...

—Claro que es mía.

— ¡No! Fui yo quien se metió en tu cama, quien se aprovechó de la situación quien sacó ventaja, quien... se portó de una forma tan indigna...

—Ya paren. En serio, ya basta— Black nos miraba intentando controlar su llanto. –Deja de torturarte con algo que no recuerdas, Bella. Cuando recuperes esas memorias sabrás qué fue lo que te motivó a hacerlo. Ya no te culpes así— se levantó y tomó a su amiga en brazos. –Mátame a mí que fui el peor amigo del mundo...

—No Jake, sé que tú nunca hiciste nada para dañarme a propósito— lo miró con esa ternura característica de amigos.

—Sí lo hice, no para dañarte solo... me dejé envolver y fui cayendo tan al fondo que va a ser difícil salir. — ¿Recuerdas que siempre acompañaba a Bella a sus citas prenatales?— me preguntó. Claro que lo recuerdo, hervía de celos cada vez que los veía llegar. Asiento con la mirada fría. –Al principio era por pedido de Charlie, Bella no tenía a nadie más que la trajera... luego... me impresionó mucho conocerla, pensé que no tenía una sola oportunidad con ella, que era inalcanzable, comprometida, tan hermosa...

— ¿De quién hablas?— me levanté de la cama intentando comprender al borracho.

—De Tanya Denali, tu prometida— dijo causando que mi corazón palpite más rápido y una sensación de vacío se instaló en mi estómago, como cuando caes en tus sueños.

— ¿Qué? ¿Me estás diciendo que tú y Tanya? Creo que estás demasiado ebrio.

—Si me dejas hablar, puedo explicarlo— dice con las manos en alto. Me giré a ver a Bella que nos miraba con el rostro confundido, es cierto, ella ha olvidado esos recuerdos, no conoce a Tanya y no le tiene la aversión que mutuamente surgió entre ambas.

—Esa prima estúpida que me negó comunicarte cuando te llamaba a Vancouver ¿Es tu prometida?— preguntó Bella. Creo que alguna vez lo mencionó pero no entró en detalles.

—No es mi prima pero nos tratamos así por la familiaridad de nuestras madres. Sabes que soy adoptado, no hay lazos de sangre...

— ¡Me importa un comino! Yo te llame muchas veces a Vancouver y ella nunca quiso pasarme contigo, incluso me dijo que te estaba ayudando a olvidarme— hace tiempo que no veía en sus ojos ese ardor. Creo que después de todo, esta conversación le estaba haciendo bien a Bella.

—Pues sí, ella es mi prometida— confesé intentando acallar una sonrisa que se desmoronó cuando recordé que el perro me estaba confesando que tenía una aventura con Tanya. — ¿Qué pasó entre ustedes?— pregunté a Black.

—Le ayudé cuando se malogró su coche, conversamos, es muy agradable y bonita... además, estaban separados, ustedes— me mira con temor. –Ella me dijo que se distanciaron y ya no se iban a casar, luego se fue a vivir sola y...

— ¿Cuánto duró?— le pregunté intentando sacar cuentas mentales tan rápido como mi cerebro era capaz de procesar.

—No hubo un final, me botó sí pero solo nos distanciamos luego me llamaba cuando... y yo iba con ella a donde me citara. Juro que iba a confesarlo cuando Bella entró en coma pero...

— ¿Pero qué?— pregunté enojado cayendo en cuenta que podía no ser el padre del hijo que está esperando.

—Pues ella me dijo que... que corría peligro, que estaba llevando un embarazo muy complicado, que no me acerque o podría perderlo. Le pregunté, claro que lo hice pero me dijo que no era mío. Aunque... ella no tiene el tiempo que dice tener, ya lleva más de cinco meses y en esa época, antes de que su madre falleciera, nosotros...

— ¡No es mío!— siento como si ese peso que me aprisionaba, esa desesperación se esfumara de pronto. Hasta este momento no me había dado cuenta que el principal sufrimiento que he estado cargando no era el estado de Bella, ni su falta de memoria o ver a mi hija necesitar a su madre. La razón por la que me siento tan agobiado es porque... no quiero casarme. ¡No quiero casarme! Lo hago por cumplir mi palabra, por no desamparar a Tanya con un hijo que... estoy casi seguro que no es mío. Por Dios, nosotros no... solo fue una noche de la que no tengo recuerdos y fue cuando Elizabeth ya había nacido... Su embarazo está más desarrollado que las 13 semanas que dice tener ¿Cómo no me di cuenta?

—Tú... me dijiste esto ¿verdad?— escuché a Bella. –No lo soñé, recuerdo esta confesión ¡Tú me dijiste Jake!— los miro atónito.

—Sí, estabas en coma, te lo confesé. Te prometí que si despertabas, iba a hacer lo correcto, por eso estoy aquí, aunque me odies.

—No te odio Jake, eres el mejor amigo que pude tener— se le llenaron los ojos de lágrimas y extendió los brazos para... y yo como idiota mirando. Lo confieso, aunque sé que son solo amigos me sigue hirviendo la sangre verla abrazar a otra persona que no sea yo. Tan así es mi... ¿Amor?

—Les agradezco mucho que me ignoren— suspiré. –Black ¿Puedes mantener lo que dijiste, frente a Tanya?

— ¿No es peligroso en su estado?— preguntó. –Yo no quisiera que nada malo... compréndeme...

—No me voy a casar con ella por muy delicado que sea su embarazo hasta estar seguro y ni aun así. Debí ser más firme cuando pude pero mi conciencia... mi sentido del deber... ¡Basta! ¿Me ayudas?

—Claro que te ayudo, tenemos tiempo, apenas anochece— ambos miramos por la ventana.

—Está en casa de Tía, va a pasar la noche con ella y Benjamín.

—Quiero salir de aquí— pidió Bella, la miré asombrado, desde que despertó le cuesta poner un pie fuera de la habitación, aunque tiene una silla a su disposición y sus amigos han ofrecido sacarla al patio.

—No es posible en este momento— me acerqué a acariciar su rostro. — ¿Puedes esperar un poco? ¿Quieres que Rosalie te traiga a Liz?

— ¡Sí! Quiero verla— miré a Black, rogándole con gestos que saliera de la habitación. Entendió aunque a regañadientes se levantó e inventó una tonta excusa. Cuando cerró la puerta tomé su lugar en la silla junto a Bella.

—Bella, quiero que sepas algo... Siempre te he amado— sus tiernos ojos chocolates se agrandaron, en su boca murió una palabra que no dejé salir porque necesitaba demostrarle lo que siento. Aquel amor inmenso que nació hace muchos años, el mismo que intenté eliminar una y otra vez, el que me hacía recordarla cada día que estuve lejos.

La besé, tomé sus labios entre los míos, intentando borrar el tiempo perdido, desapareciendo cada día, cada noche de sufrimiento, juntando los pedazos de nuestros corazones para que vuelvan a latir al mismo ritmo.

Hay un lazo irrompible, no importa el tiempo ni la distancia que nos separaron, está allí, lo puedo sentir mientras la lleno de besos y caricias y me corresponde con el mismo calor. Solo queda luchar para que podamos ser felices juntos, porque en su ausencia me siento vacío...

¡Mi Bella! ¡Mi amada Bella!


Por fin la verdad ¡Ya era hora! ¡Quiero la cabeza de la patilarga!

Gracias por leer

PATITO