Nuevo capítulo, un poco tarde pero es largo. Cada día sois más los que leéis y los que comentáis, muchísimas gracias!
Capítulo 12. El intruso.
Luego de pasar casi tres horas lidiando con las monjas del pueblo, Emma pudo solucionar, o más bien mediar entre ellas, para que la que se había quedado con la mayor parte del polvo de hadas, lo devolviera. La rubia no entendía nada de eso, le parecían puras estupideces, pero se veía en la obligación de arreglarlo por ser la sheriff.
Se dirigió a Grannys para almorzar, quería ahorrarse darle explicaciones a su madre hasta la noche, y por lo menos tener tiempo para inventar algo creíble. Se sentó en su lugar de siempre y Ruby se acercó para tomarle el pedido, aunque ya suponía qué comería la rubia. Unos minutos después, Mary Margaret, luego de haber ido a buscarla a su oficina y no encontrarla, se apareció en el local de comida. La mujer estaba segura de que su hija se estaba viendo con alguien, conocía a cada persona del pueblo y quería averiguar con quién se encontraba a escondidas. Apenas la vio de espaldas, pudo distinguir su melena rubia sin dudar.
-Veo que no pensabas ir a almorzar a casa…- dijo la mujer de pelo corto sentándose frente a su hija.
La sheriff se sobresaltó al verla –Bueno… se me antojaba una hamburguesa, está mal?- dijo intentando alargar la conversación con cosas sin importancia.
-Emma, ya sé que estás acostumbrada a ser muy independiente pero, con tu padre nos preocupamos cuando no vienes a dormir a la casa. Dónde estuviste anoche?- se cruzó de brazos mirando muy seria a su hija, no quería escuchar más mentiras.
La rubia abrió la boca para decir una mentira pero en este instante apareció Ruby con su orden. La mujer había escuchado la pregunta de Mary Margaret y pensó en alguna excusa para salvar a Emma –Salimos al Hole Rabbit juntas anoche! Y como era tarde le dije que viniera a dormir a casa conmigo y Granny- sonrió ampliamente mirando a su amiga, aunque le dolía tener que mentirle, pero a fin de cuentas, Emma también lo era.
Emma cerró la boca y largó el aire aliviada al escuchar la mejor excusa que ni siquiera a ella se le habría ocurrido. Se llevó su cabello detrás de las orejas y cogió la hamburguesa con sus dos manos para probarla, mientras menos hablara sería mejor.
En ese momento Mary Margaret miró asombrada a Ruby por lo que decía. Tenía sentido, pero cuando volvió la vista hacia su hija para decirle que le alegraba que saliera, notó la marca en el cuello de Emma, prueba de la noche anterior de pasión con la alcaldesa –Emma eso es lo que yo creo que es?- se señaló su propio cuello mientras sus ojos parecían querer salir de su rostro.
La mujer lobo también abrió su boca al ver la marca, no podía creer ni imaginar lo que la sheriff y la alcaldesa habrían estado haciendo, iba a intentar decir algo pero Emma le ganó de mano.
-Qué? Qué tengo?- Puso su mano en su cuello si entender a qué se referían.
Su madre miró hacia un costado indignada, su hija se estaba haciendo la tonta.
Ruby cogió el servilletero para que la rubia pudiera reflejarse y ver la marca.
-Oh… eso!- Miró a la mujer lobo en señal de complicidad –Bueno, tomamos bastante y cuando salimos del local me caí, pensé que no había quedado marca!- estaba claro, era la peor mentira que se le podría haber ocurrido. Recordó la sonrisa de Regina esa mañana y cayó en la cuenta de que era por la marca que le estaba trayendo bastantes problemas.
Mary Margaret rodó sus ojos, no le creía nada de nada a la rubia –Quizás no haya vivido en tu mundo por mucho tiempo, pero no soy tonta como para no darme cuenta de qué es esa marca. Pero sabes qué? Te dejaré que me lo cuentes cuando estés lista, no voy a presionarte- no sonaba para nada convencida, parecía que lo estaba haciendo para no tener que enterarse de la verdad. No le gustaba que su hija estuviera ligando por ahí en rollos de una noche, y éste aparentaba serlo. Se levantó de su asiento, enfadada con ambas mujeres, con Emma por mentirle, y con Ruby por no decir nada –hasta luego-.
Ruby se sentó enseguida en el lugar de Mary Margaret y miró a la rubia –Eres tonta! Era más fácil decirle que habías ligado con alguien ayer y listo! Eres la peor mentirosa del mundo Emma Swan!- dijo indignada la mujer, la sheriff las había hecho quedar mal a ambas, no sólo a ella misma.
-Bueno, lo siento!- dejó la hamburguesa a un lado y se limpió las manos –Juro que no sabía que me la había hecho, cuando vea a Regina voy a…-
Justo en ese momento la morena habló primero para terminar la frase –Vas a decirle que sea más cuidadosa. Tienes que buscarle una solución a todo eso. No sé cuánto tiempo más voy a poder cubrirte…- ya no quería seguir mintiéndole a su otra amiga, siempre habían confiado una en la otra, incluso en las peores circunstancias.
Emma llevó la cabeza a un costado y rodó sus ojos –Vamos Ruby, no puedes contárselo! Ya veré cómo manejo todo eso. Sólo necesito un poco más de tiempo- volvió a llevarse la hamburguesa a la boca, este tipo de situaciones en vez de cerrarle el estómago, se lo abría aún más y quería comerse todo lo que tuviera a su paso.
Ruby suspiró no muy convencida, sabía que no podía fallarle –Está bien, pero por favor apúrate! Yo tampoco soy buena mintiendo, y va a terminar por enterarse!-
-Es que quizás lo mío con Regina se termine antes de que haya necesidad de contarlo! Por eso no quiero apresurarme- la rubia pensaba que en un tiempo la situación podría volverse tan incómoda que se verían obligadas a terminar con la relación.
-Eso no va a pasar. Regina te tiene a sus pies y lo sabes. Nunca te he visto sonreír tanto por cualquier cosa desde que estás en Storybrooke, admítelo- la morena se levantó de su lugar –Y hoy no hay postre, no lo mereces- no dijo más nada y se fue muy pensativa de nuevo a atender a los clientes antes de que su abuela se enfadara.
Pinocho, luego de su fugaz visita, se había propuesto cumplir con la promesa que había hecho hace casi once años. Debía decirle al que era el padre de Henry, que Emma ya estaba en Storybrooke y que a estas alturas la maldición estaría rota. No importaba la situación en la que el hombre estuviese, quizás ya hasta había formado una familia, pero era su deber decirle la verdad. Escribió una carta en la que le decía que ya era libre de ir a buscar a la rubia y la ubicación exacta del pequeño pueblo.
Muchas cosas habían sucedido en la vida de aquel hombre, conocido como Baelfire hijo de Rumplestiskin en los cuentos de hadas, pero a pesar de todo, conservaba el amor por aquella mujer tan particular con la que había tenido una relación bastante breve pero muy fuerte, o al menos eso es lo que él creía. Ambos eran personajes de cuentos, en su cabeza ella lo seguiría amando y se veían destinados a estar juntos. Neal, como Emma lo conocía, había tenido un par de relaciones esporádicas y seguía manteniendo un estilo de vida similar al de años atrás. Aun se dedicaba a robar, parecía que la vida aún no le había dado una lección para cambiar y ser una buena persona. Quizás cuando volviera a ver a la rubia esa chance se presentaría.
Luego de un largo viaje desde Nueva York hasta Storybrooke, el hombre atravesó la barrera invisible que separaba al pequeño pueblo del resto del mundo, dispuesto a encontrar a la mujer que aún hacía agitar su pecho. Tal vez ya no la amaba, pero podía justificar volver a buscarla por el simple hecho de que creía que podría alcanzar la felicidad si estaban juntos de nuevo.
A pesar de la motivación por encontrar a Emma, lo que no lo emocionaba era tener que encontrarse con su padre, había muchas posibilidades de que estuviera ahí. Guardaba mucho rencor por aquel hombre, se sentía traicionado, había vivido una vida prácticamente sólo por su culpa, y no creía que las cosas pudieran remediarse simplemente con un encuentro.
Henry se hallaba en la puerta de Grannys jugando con Pongo. Le lanzaba la pelota y el perro la traía de vuelta. No había casi tránsito en Storybrooke, además la gente era muy precavida, así que podían jugar de manera tranquila. Un auto desconocido apareció de repente por las tranquilas calles del pueblo. Frenó en el local de comida porque lógicamente podría encontrar gente ahí que lo guiara. Cuando abrió la puerta para bajar, el niño tiró la pelota lejos, pero esta vez Pongo no fue a buscarla, en vez de hacerlo corrió hacia su dueño, Archie, que se encontraba en la calle de en frente.
La pelota rodó hasta los pies de Neal, quien se agachó para recogerla. Se acercó al niño que lo observaba intrigado porque jamás lo había visto por aquí, ni a él ni a su vehículo –Creo que esto es tuyo- le extendió el juguete.
-Sí, gracias- Henry lo miró de arriba abajo, intentando descifrar quién podía ser –Tú no eres de aquí cierto? Jamás te he visto en Storybrooke-
En ese momento Granny salía a cambiar el cartel de las promociones de comida, hasta que vio a Henry hablando con un desconocido. Se acercó bastante desafiante a los dos –Ve adentro Henry- el niño obedeció no muy conforme y la mujer se cruzó de brazos mirando al forastero- Disculpe, puedo ayudarlo en algo? Qué busca en el pueblo?-
Neal comprendió la desconfianza de la anciana, este pueblo había estado hechizado –Estoy buscando a Emma Swan, sabe dónde puedo encontrarla?- el hombre sonrió un poco intentando parecer amable.
-Emma está adentro, déjame que vaya a buscarla- no le generaba confianza el desconocido, pero tampoco quería adelantarse a nada, quizás no era una mala persona. Volvió dentro del local y divisó a la rubia con la mirada –Te buscan afuera, no tengo idea quién es-
La rubia la miró sin entender. ¿Quién podría ser que Granny no conociera? –Espérame aquí Henry, ya vuelvo…- tomó su chaqueta porque estaba fresco y se dispuso a caminar fuera. Justo cuando abrió la puerta, lo vio. Era él, su primer amor, su primer hombre, el padre de su hijo. Infinidad de recuerdos vinieron a su mente, tanto los buenos como los malos. Aquellos en los que eran felices y creía que no necesitaba nada más en la vida. Puso su mano en su pecho, su corazón bombeaba muy fuerte. Tenía una mezcla de sentimientos, ya que no podía entender cómo Neal había llegado aquí. Estuvo en shock mientras ambos se miraban a los ojos. Decidió comportarse como de costumbre, nunca había olvidado aquel abandono que había sufrido por parte de él hace mucho antes, cuando la dejó en la cárcel a su suerte. Aun le dolía mucho eso, parecía que jamás iba a desaparecer la sensación de abandono por parte de sus padres y de aquel amor de su juventud. Dio unos pasos lentos pero muy decididos, no tenía porqué afectarle su presencia, ese hombre era parte de su pasado y no tenía nada en común con su presente. Se hizo un poco la desentendida, como si dudara de quién tenía en frente, aunque estaba muy claro –Neal? Qué estás haciendo aquí en Storybrooke?-
Neal sonrió al ver que Emma estaba tan hermosa como antes. Quizás su forma de vestir era diferente, pero se mantenía muy bien a pesar de que habían pasado casi once años –No te alegras de verme? Sé que es complicado y que te debo una explicación pero Emma, he vuelto-
La rubia lo miró confundida, ¿estaba bromeando o qué? ¿Pensaba aparecer luego de once años y pretender que todo estaba perfecto? –Neal, tú me dejaste, me abandonaste cuando más te necesitaba- negó con su cabeza recordando el tiempo que estuvo en la cárcel de menores, dónde lo pasó muy mal, sin olvidarse de su embarazo –No tienes derecho a volver a mi vida- sus ojos se llenaron de lágrimas, no quería mostrarse débil, pero todo esto la superaba.
-Te juro que puedo explicarte, no te dejé a propósito…- el hombre hablaba como si estuviera teniendo una conversación casual, no se daba cuenta de la magnitud del asunto.
-Ahora no quiero hablar- se secó sus lágrimas, todo esto era demasiado, sin mencionar la existencia de Henry. Quizás Neal podría irse antes de enterarse y las cosas seguirían bien como antes. Emma se volteó para volver adentro de Grannys.
-Espera, voy a quedarme en el pueblo… espero que mañana podamos hablar, en otro sitio más tranquilo quizás- sonrió de costado como lo hacía habitualmente, sabía que Emma iba a ceder. Él tenía el poder de hacer que sus enojos se pasaran en un abrir y cerrar de ojos.
La sheriff asintió, el hombre estaba aquí, y no era justo tampoco para el niño negarle la chance de conocer a su padre –Mañana hablaremos- no dijo nada más y caminó rápido hacia dentro del local. Vio a Henry e intentó poner la mejor cara, tenían que quedarse un momento más ahí para que al salir no se cruzaran con Neal –Yo creo que podría comerme unas rosquillas más- sonrió un poco.
Regina leía tranquilamente en el sofá, ya llevaba puesto el camisón, era tarde pero quería terminar el libro esa noche. No había tenido noticias de la rubia en todo el día y tampoco esperaba tenerlas hasta más adelante, no creía que los encuentros entre ellas fueran a ser tan a menudo como le gustaría, ya que, sería muy sospechoso. La morena no quería aceptarlo pero la echaba de menos.
Cuando apenas le quedaban dos páginas para terminar la novela escuchó que llamaban a la puerta, miró la hora, ¿quién sería? Se levantó y fue a abrir la puerta con cautela, Emma la miraba con media sonrisa al otro lado.
-Hola, puedo pasar?- preguntó con un tono tímido. Regina sonrió y se echó a un lado dejándola pasar.
-No puedes vivir sin mí?- cerró la puerta y se acercó a ella –creía que te había dejado saciada luego de lo de anoche- colocó sus manos en el cuello de Emma y la acercó a su cuerpo besándola.
La sheriff correspondió al beso, aunque seguía afectada por lo de Neal no podía resistirse a los encantos de Regina. Se separaron un poco mirándose a los ojos –quería verte, pero no para nada sexual, sólo quería pasar un rato fuera de casa- no pensaba contarle lo que había pasado de momento, no quería ni imaginar cómo se pondría.
La alcaldesa la miró fijo, la notó rara –va todo bien? Peleaste con tus padres?-
Emma negó con la cabeza –está todo como siempre, no puedo venir sin más a verte? Pensaba que me había ganado ese derecho…- sonrió un poco intentando hacer que la morena no notara que sí pasaba algo.
-Bueno, en ese caso vamos a la sala, quieres tomar algo?- dijo mientras caminaban.
-No, gracias- se sentaron en el sofá – por cierto, tuve problemas por culpa de esto!- dijo señalando la marca de su cuello y Regina no pudo evitar reírse.
-Yo creo que te queda genial… quieres otro? Puedo hacértelo en un sitio que no encontrarán –dijo con voz muy provocativa mientras llevaba la mano a la entrepierna de la rubia.
Emma tuvo un escalofrío al notar su tacto, pero la apartó con suavidad para que parase –no empieces porque entonces no podré parar y se me hará tarde…- la deseaba, pero sabía que no iba a estar concentrada completamente, tenía demasiadas cosas en la cabeza.
Regina se ofendió un poco, no estaba acostumbrada a que la rechazaran así –y qué importa que llegues tarde? Quién te espera? "Pavanieves" y su príncipe están durmiendo- la miraba intentado descubrir qué le pasaba –estás muy rara hoy, qué pasa? Has venido con intenciones de decirme que no quieres que esto vuelva a pasar y no sabes cómo decírmelo?- se cruzó de brazos.
La rubia rodó sus ojos –no Regina, no es eso, no te pongas paranoica es lo que menos necesito ahora mismo, sólo vengo a despejarme un rato-
-A despejarte de qué? Creo que me ocultas algo, quiero saber qué- la miró a los ojos –y no te atrevas a mentirme-
Emma suspiró, era una pésima mentirosa y desde que había entrado a la casa se notaba que algo le pasaba, además sabía que iba a ser incapaz de mentir a Regina y menos si la miraba así a los ojos –Neal… el padre de Henry está en Storybrooke-
-Qué?!- exclamó Regina mirándola sin poder creer lo que acababa de escuchar –cómo es eso posible? Cómo ha encontrado este lugar?- estaba poniéndose muy nerviosa, no sólo porque era el padre de Henry y podría intentar recuperar el tiempo perdido, sino porque había sido pareja de Emma y eso significaba que iba a ser un peligro para su relación, o lo que fuera que tuvieran ambas.
-No tengo ni idea, lo vi esta mañana pero no hemos podido hablar tranquilamente…- la rubia sabía que Regina iba a enloquecer con el tema.
-¿Y por cuánto tiempo ibas a ocultármelo? Vienes aquí como si nada, con la excusa de "despejarte" y no eras capaz de decirme que ese idiota está aquí- la alcaldesa alzaba la voz.
-Bueno Regina, sabía cómo te lo ibas a tomar, no quería ponerte en alerta sin haber hablado antes con él- dijo intentando tranquilizarla.
La morena resopló –perfecto, todo esto es perfecto…- dijo irónica mirando hacia el frente.
-Mira… déjame arreglar las cosas, yo tampoco sé qué hace aquí ni cómo ha llegado ni nada, pero prométeme que no intentarás hacer ninguna locura- la miró seria.
-No voy a ir a matarlo, al menos no de momento si es a lo que te refieres- dijo cruzada de brazos, a Emma le recordó a los enfados que tienen los niños pequeños.
La sheriff rodó sus ojos –Me tengo que ir ya…- se acercó a besar su mejilla –y vine a verte porque me apetecía hacerlo, no por ningún otro motivo oculto, vale? Me gusta estar contigo- Regina giró su rostro mirándola y asintió. No podía evitar sentirse como una tonta cuando ella le decía esas cosas. Se besaron suavemente y Emma se levantó para irse.
La morena se quedó unos minutos más en el sofá, pensativa, apenas habían empezado algo y ya estaban pasando cosas para fastidiarlo todo. Estaba claro que el destino le iba a hacer pagar todas las maldades que hizo en su vida. ¿Cuándo le tocaría empezar a vivir su final feliz?
Al día siguiente, y sin hacer caso a las palabras de Emma, Regina se dirigía a Grannys, el "intruso", como a ella le gustaba llamarlo en sus pensamientos, seguramente estaría ocupando una de las habitaciones de la posada y la alcaldesa tenía muchas ganas de conocerlo…
