Bueno, no quiero comentar nada del capi para no spoilear, sólo agradeceros que sigáis la historia paso a paso y que los reviews son geniales y los leo y tomo en cuenta cada uno de ellos :) Graaaacias!
Capítulo 14. La pelea.
Emma le dijo a sus padres e hijo toda la verdad… referida sólo a Neal por supuesto. No se atrevió ni a mencionar a Regina. Era de esperarse, tanto Mary Margaret como David sonrieron al escuchar que el padre de Henry, el verdadero amor de Emma –o lo que ellos creían- estaba de vuelta en su vida para poder completarla. Por su parte, Henry estaba muy ofendido con la rubia, no podía concebir que le hubiera mentido con algo tan importante, tan indispensable para su vida. Él sabía que tenía todo el derecho de conocer a su padre como cualquier otro niño.
Cruzado de brazos con la cara larga sólo se atrevió a decir unas pocas palabras –Me mentiste, no eres tan distinta a Regina después de todo- se levantó muy enfadado de la mesa, dejando su cena a la mitad. Era lógico, merecía saber la verdad y se la habían negado. Permaneció un largo rato en su cuarto sin salir. Estaba demasiado confundido, era demasiada información de golpe. No podía ni imaginar cómo serían las cosas a futuro. Conocía a su otra madre, Regina, y sabía que esto no iba a gustarle para nada
Emma se llevó una mano a su rostro en señal de preocupación al ver la reacción de Henry. No era para menos. Suspiró sintiéndose pésimo, sus palabras la habían lastimado, más aún cuando nombró a Regina. Ella era consciente de que la mujer estaba dando grandes pasos en cuanto a sus actitudes, y una vez que ella mejoraba, la rubia tenía que empeorarlo todo.
-Emma, esto es una señal del destino! Es el padre de tu hijo, tu verdadero amor!- dijo su madre mientras sostenía la mano de su esposo presionándola un poco ante tanta alegría.
La sheriff frunció el ceño, no podía creer que sus padres estuvieran más emocionados que ella con la vuelta de Neal –Bueno, no lo sé. No estoy segura de que sea así. Han pasado muchos años- a pesar de la aparente alegría de sus padres -y amigos-, su cabeza estaba concentrada en el niño. Estaba pensando al extremo, en que quizás si Neal no se quedaba en el pueblo, Henry quisiera irse con él para recuperar el tiempo perdido. No podía dejar que eso pasara, tenía que convencer al que había sido su gran amor de quedarse. Por otro lado pensaba también en Regina, ambas estaban algo distanciadas pero eso no significaba que había dejado sus sentimientos hacia ella de lado.
-No se habían casado cierto? Bueno, podrían hacerlo aquí en Storybrooke!- dijo la morena de pelo corto muy emocionada, mientras ella y su marido esbozaban una gran sonrisa. Como si el amor entre Emma y Neal fuera igual al de ellos.
-¿Qué? No! Están locos?! Ya no quiero a Neal, es parte de mi pasado. Sólo sé que tengo que aceptarlo por Henry- dijo la rubia indignada ante la felicidad y emoción que emanaban sus padres –Cómo pueden ser tan irritablemente optimistas?- se levantó de la mesa odiando al hombre que había roto todos sus esquemas, y descontrolado su mundo. Por fin había empezado a sentir que estaba realmente en casa, hasta que él apareció. Se dirigió hasta el cuarto del niño para tener una charla con él, se la debía.
Henry estaba recostado en la cama abrazando su almohada mientras algunas lágrimas se deslizaban por su rostro –Vete! No quiero hablar contigo!- se cubrió con una manta para no tener que verla.
Emma no le hizo caso y se sentó en el borde de la cama mientras acariciaba su espalda –Mira chico. No quería mentirte. Pero Neal no es una buena persona, no es el padre que quisiera que tú tuvieras. Por eso creí que lo mejor era que él estuviera lejos, pero cometí un error. Tienes derecho a conocerlo y a estar cerca de él, no voy a impedirlo, te lo prometo- fue muy sincera con sus palabras, no era fácil para ella decirle todo esto. Mucho menos al recordar el tipo de persona que había sido Neal, y no estaba segura si hoy en día había cambiado.
El niño seguía muy triste. No sólo había pasado casi once años de su vida separado de su madre biológica, sino que también tenía un padre que ni siquiera sabía que existía hasta hace unos minutos.
–Me prometes que no vas a volver a mentirme?- le dijo a su madre incorporándose un poco en la cama para poder mirarla fijo a los ojos.
En ese momento a la cabeza de Emma vino Regina y su relación a escondidas. Podría decirse que lo estaban ocultando, pero al fin y al cabo era otra mentira. Dudó un poco antes de dar su respuesta, aunque necesitaba un tiempo, si en algún momento las cosas con la morena mejoraban, se lo diría –Te lo prometo-.
La realidad de Regina no era mucho mejor, al contrario. Veía todo oscuro, sentía como cada rincón de su corazón de destrozaba al repetir mentalmente la imagen que había visto. No se había dado cuenta lo fuertes que eran sus sentimientos hacia la rubia, hasta que vio a aquel hombre besándola. Se dejó caer al suelo deslizándose lentamente contra la puerta de entrada, mientras su mano se posaba en su pecho, justo del lado de su corazón que latía a mil. Dolía, dolía mucho. Se asemejaba al momento en que había perdido a Daniel varios años atrás, sólo que Emma seguía viva, estaría presente para poder atormentarla cada día, mostrándole su felicidad con otro amor, y no cualquiera, el padre de su hijo, lo cual también significaba perder un poco más a Henry.
Las lágrimas caían por su rostro, por más que Emma hubiera dicho que él no era nada en su vida, ella había visto otra cosa. ¿Cómo se le habría cruzado por la cabeza siquiera la idea de tener un final feliz con Emma Swan, la salvadora? Se dio cuenta ahora más que nunca, que lo suyo era imposible. Todos aprobarían al hombre, incluso Henry, y seguramente incitarían a la rubia a que volviera con él para tener su final feliz. Quizás él si fuera su amor verdadero, y ella sólo una simple distracción.
Por momentos su corazón se tornaba de color oscuro, podría matar a Neal, pero Henry la odiaría de por vida, seguramente nunca más le hablaría, y por supuesto, todo el pueblo se levantaría en su contra. También podría luchar por Emma, era una opción, pero en este momento estaba muy ofendida con la rubia como para ir a buscarla y decirle que en verdad la amaba y que quería pasar el resto de sus días a su lado. Siempre se había caracterizado por ser una mujer muy orgullosa, por lo que creía que si había una mínima posibilidad de que Emma sintiera lo mismo por ella, vendría a buscarla con una buena explicación, pero tampoco se lo haría fácil a la rubia. Tenía que estar segura de sus sentimientos.
Al día siguiente, Emma organizó todo para que Henry pudiera conocerse con su padre a solas en Grannys. Quizás el hombre no era como el niño esperaba pero, se podría decir que pudieron congeniar bastante. Le contó sobre sus grandes aventuras por Nueva York, la época con Emma, y hasta le dijo que aún no había podido encontrar a nadie como ella. Eso le hacía creer en el Amor verdadero, como lo llamaban en los cuentos de hadas, y también le generó al niño una linda sensación: la de una verdadera familia.
A medida que Neal seguía hablando, el niño podía identificarse en algunos rasgos con él, eran astutos y rápidos para efectuar sus ideas, y rara vez solían abandonar sus objetivos.
El hombre también le dijo que no debía estar enfadado con su madre. El comprendía porque había ocultado su existencia y le admitió al niño que hace varios años había cometido bastantes errores de los cuales se arrepentía mucho.
Neal también comenzaba a sentirse como en casa, aún debía blanquear su realidad, es decir, contarle a todos quién era realmente. Después de todo, cada persona de ese pueblo pertenecía a una historia.
Habían pasado unos días y Regina no daba señales de vida, la situación en la que se encontraba Emma era bastante difícil. Por un lado, Neal y su hijo cada vez se llevaban mejor, parecía que Henry ya no la odiaba tanto e iba olvidándose de que le había mentido acerca de su padre. Mary Margaret y David estaban encantados con el nuevo miembro de la familia y Neal estaba decidido a quedarse en Storybrooke junto a ella. Pero había un problema, ella no podía quitarse a la alcaldesa de cabeza, habían tenido una fuerte pelea, pero eso no cambiaba lo que había pasado entre ellas.
Sabía que el orgullo de la morena era más grande que el suyo, así que decidió que ya era momento de ir a su casa y hablar las cosas, tanto para bien como para mal, tenían que tomar una decisión. Tocó a su puerta y Regina le abrió –si vienes a hablar de Henry adelante, sino vete- dijo con el tono autoritario que la caracterizaba.
Emma rodó sus ojos –tenemos que hablar, voy a pasar, espero que no uses la magia contra mí- aunque la mujer no se apartó, la rubia entró en la casa sin impedimentos. La alcaldesa cerró la puerta y se cruzó de brazos mirándola, estaban la una frente a la otra –Cuándo pensabas dar señales de vida? Pensaba que la enojada era yo por usar la magia contra el padre de Henry-
-Mira, ahórrate estas tonterías Emma, di lo que tengas que decir y vete, van a anunciar ya el casamiento?- miró a la rubia fulminándola con la mirada.
-Qué casamiento? Podemos hablar como adultas? Creo que deberíamos aclarar muchas cosas, ahora mismo Henry está confundido con la situación, y yo también. Mi familia cree que el regreso de Neal significa que vamos a volver juntos y no es cierto, ellos no saben lo nuestro, pero yo no he olvidado lo que tú y yo hemos vivido Regina, para mí es importante- antes de arriesgarse a nada la rubia quería saber si las dos estaban dispuestas a dar todo por esa relación, sólo así sería capaz de ir en contra de lo que sus padres y su hijo querían. Sólo con el apoyo de Regina podría dejarlo todo por amor.
Mientras Emma hablaba Regina no podía dejar de rememorar la escena en el banco que había visto días atrás y sentía una punzada de sufrimiento cada vez que se acordaba. Su corazón estaba acostumbrado a desconfiar y a cerrarse ante la primer señal. Pero no, no iba a rebajarse, no iba a decirle a la rubia que los había visto y que eso casi la mató del dolor. Fue estúpida por dejarse ver débil frente a ella, pero esta vez no iba a permitírselo, soltó una carcajada y se acercó a ella sonriendo malvadamente –mira querida, no hay un "tú y yo", nunca lo ha habido, sólo fue sexo, una forma de poder convencerte para estar más cerca de Henry. Ay pobrecita- dijo poniendo una falsa voz de lástima- ¿de verdad pensaste que teníamos algo? Cómo crees que iba a sentir algo por ti? Eres el fruto de las dos personas que más odio en mi vida y desearía que desaparecieran de mi vida para siempre. No sé qué clase de juego es este ni lo que estás intentando viniendo aquí, si lo que deseas en mi bendición para ti y ese… espécimen, sólo te diré que pueden hacer lo que se les de la real gana, pero lo que no harán es quitarme a mi hijo- se pegó mucho a su rostro para sonar más amenazadora –no pienses que ahora que son la parejita feliz van a hacer que desaparezca de su vida, haré todo lo posible para que esté conmigo. Y no tienes ni idea de hasta donde soy capaz de llegar por Henry-
Emma la miraba fijo a los ojos, el corazón le latía muy rápido, estaba intentado asimilar cada una de las palabras de la morena. No podía creer lo que estaba escuchando, estaba tirando por tierra todo lo suyo, como si sólo hubiera sido una invención o una ilusión. Estaba claro que Emma había sido una completa idiota al pensar por un sólo segundo en que podría tener un futuro con Regina ¿en qué estaba pensando? La ira empezó a invadir cada centímetro de su cuerpo, su rostro cambió de sorpresa a enfado y habló, tan seria y amenazante como la otra mujer –estoy dispuesta a luchar si es necesario, no eres más que la misma bruja malvada de siempre y estás destinada a fracasar y a acabar mal- el odio se notaba en sus palabras y las vocalizaba una a una lentamente para causar más efecto –pero recuerda una cosa querida- recalcó esa palabra imitándola –los malos nunca ganan y esta no será sólo una de tus muchas batallas perdidas, este será tu fin-
Ambas se quedaron en silencio, sólo unos centímetros separaban sus rostros llenos de ira. Regina hizo un movimiento con la mano, abrió la puerta y con otro gesto la lanzó fuera de su casa haciendo que cayera de bruces contra el suelo. Caminó hacia la puerta con una sonrisa triunfante y le habló como sólo la Reina Malvada podría hablar –voy a disfrutar mucho acabando contigo, voy a destruir tu felicidad, aunque sea la último que haga- dicho esto, usó de nuevo su magia para cerrar la puerta.
Emma, todavía tirada en el suelo se quedó mirando hacia donde la morena acababa de desaparecer.
Neal estaba tumbado en su cama, todavía vivía en una de las habitaciones de Granny's y jugaba con una pelota lanzándola hasta arriba y volviéndola a coger. Estaba dándole vueltas a los últimos acontecimientos de su vida, volver a ver a Emma y enterarse de que tenía un hijo era una de las mejores cosas que le habían pasado en la vida. Aunque todo eso conllevaba que tenía que volver a estar cerca de su padre y eso ya no le gustaba tanto.
Emma y toda su familia se quedó muy sorprendida cuando les contó su parentesco con el Señor Gold, tal y como ellos lo conocían, pero aun así ninguno de ellos se mostró distinto con él luego de conocer la noticia. Al poco tiempo de llegar a Storybrooke su padre se enteró y no dudó en ir a verlo, Neal tuvo la oportunidad de decirle todo el daño que le había hecho y luego le pidió que se alejara lo más posible de él y que le dejara vivir tranquilo. No estaba dispuesto a perdonarlo por el momento.
Por otro lado, se mostraba bastante positivo con la posibilidad de volver a tener algo con Emma, Henry lo adoraba, era como un héroe para él y siempre que podía mostraba interés porque sus padres volvieran juntos. Mary Margaret y David le habían cogido confianza también, hacían muchas salidas juntos y se sentía como un miembro más de la familia. La única que se mostraba reacia a todo esto era Emma, parecía que tenía la mente en otras cosas, aunque Neal entendía su enfado. Sólo necesitaba algo de tiempo antes de que todo fuera perfecto para los dos.
Un golpe en la puerta le hizo salir de sus pensamientos, se levantó de la cama –ya voy- dijo mientras caminaba hacia la puerta y la abría. Tras ella se encontraba Emma y antes de que pudiera saludarla se abalanzó sobre él para besarlo con ganas. El hombre sorprendido enseguida correspondió al beso y cerró la puerta detrás de ellos.
