No creáis que sois las únicas que sufren con este fic, es doloroso también escribirlo jajajaja. Vuestros reviews son geniales :D Mil gracias!


Capítulo 15. Lo correcto

Henry se incorporó rápido en su cama con una sonrisa en los labios, era domingo lo que significaba que hoy desayunarían algo rico y luego pasarían el resto del día en familia. Hacía una semana que su vida parecía un cuento de hadas, o al menos se asimilaba mucho a los finales felices de sus historias. Esto se debía a que sus padres estaban juntos de nuevo, la noticia no le pilló mucho por sorpresa, desde que Neal había vuelto a Storybrooke expresó abiertamente que tenía pensado recuperar a su familia. Aunque el pequeño tenía que afirmar que tuvo dudas de que su madre lo perdonara, no sabía qué había sucedido exactamente entre ellos en su pasado, pero Emma estaba muy enfadada. Por suerte, unos días atrás anunciaron delante de él y de sus abuelos que iban a intentar que su relación funcionara porque, y así lo había dicho Emma palabra por palabra, "era lo correcto".

Quizás esa frase no era lo más romántico que había imaginado Henry para definir que eran pareja de nuevo, pero no pensaba quejarse, lo importante era que por fin estaba con sus padres y sus abuelos.

La única persona que faltaba en su vida era Regina, desde que Neal y Emma habían vuelto juntos Henry no la había visto. Había recibido varias llamadas suyas, le preguntaba cómo estaba y se interesaba por sus estudios, pero siempre que el niño intentaba dar detalles de su vida con sus padres, la alcaldesa siempre le cortaba y le ponía alguna excusa. Henry no era tonto, sabía que algo pasaba, quizás su madre estaba enfadada porque ahora que tenía a sus dos padres ella se sentía desplazada. Pero el niño le recordaba en todas sus llamadas que podían verse cuando quisiera y que nada había cambiado entre ellos.

Otra cosa con la que el pequeño no estaba del todo contento era la convivencia. Él pensaba que ahora que eran una familia vivirían los cinco juntos bajo el mismo techo, pero Emma recalcó en varias ocasiones que era una casa muy pequeña, así que Neal seguía durmiendo oficialmente en una de las habitaciones de Granny's. Sin embargo, Henry siempre se las apañaba para que se quedara a dormir en casa en más de una ocasión.

Muchas noches, cuando sus padres pensaban que dormía, se quedaba en las escaleras escuchando sus conversaciones –Sabes que podríamos permitirnos una casa para los tres, tus padres podrán venir siempre que quieran, pero no creo que lo mejor sea que yo esté yendo y viniendo todos los días- Neal hablaba bajito para no despertar al resto de la casa. Henry estaba totalmente de acuerdo, quería mucho a sus abuelos, pero ahora era momento de que ellos tres vivieran como una familia.

-No podemos hacer eso por el momento, no llevas ni un mes aquí, todavía no hemos descubierto cómo ser buenos padres juntos, y ellos nos ayudan mucho tanto en casa como con Henry. De momento vamos a tener que seguir con esta situación- Emma se mostraba reacia a cualquier cambio que Neal le propusiera. El pequeño podía notar que no era feliz, pero no lo comprendía, estaba con el amor de su juventud, con su hijo y había encontrado a sus padres que eran encantadores. ¿Qué le faltaba a la rubia para conseguir la felicidad? Esperaba que tarde o temprano se diera cuenta de la suerte que tenía y fuera tan feliz como él y su padre lo eran.


Regina no se reconocía a sí misma, tirada en la cama, con el pijama puesto a las doce del mediodía. Le había dicho a la rubia que lucharía por su hijo, que ella era poderosa y capaz de todo por él, sin embargo no era nada más que una mujer abandonada y con el corazón roto. No tenía fuerzas para nada. De momento sabía que Henry no la olvidaba, se llamaban de vez en cuando y el niño quería verla cuanto antes. Regina deseaba verlo con todas sus fuerzas, pero no quería que la viera así.

Cualquier persona que la conociera no podría creerlo si la vieran, la infame Reina Malvada había quedado en nada. Y todo ello por una mujer, una odiosa mujer. Y lo peor de todo es que era por la hija de su mayor enemiga. ¿En qué estaba pensando cuando se permitió dejarse llevar con ella?

"No eres más que la misma bruja malvada de siempre y estás destinada a fracasar y a acabar mal" las palabras de Emma retumbaban en su cabeza. Las lágrimas, que tanto la habían acompañado en los últimos días, volvían a recorrer su rostro. Dolía llorar, dolía respirar, dolía vivir.

El sonido del teléfono hizo que se sobresaltara. Por suerte estaba en la mesilla de al lado de la cama y no era necesario ni que se levantara ¿quién sería? Alargó el brazo descolgando y contestó con la voz entrecortada –sí?-

-Mamá?- la voz de Henry al otro lado la hizo sonreír, era la única persona que podía hacerle ver la luz al final de ese horrible túnel que estaba atravesando.

-Hola cariño- dijo cambiando completamente el tono de voz –qué alegría escucharte, pero es domingo, pensé que estarías ocupado hoy- aunque siempre que el niño le hablaba de sus planes en familia la morena intentaba cambiar de tema, sabía perfectamente que los domingos eran los "días Charming".

-Sí, vamos a salir de casa en un rato, pero quería saber cómo estabas, la última vez que hablamos no te noté bien- Regina limpió sus lágrimas con la mano sentándose en la cama. Que su hijo se preocupara por su estado la hacía realmente feliz.

-Eres un cielo Henry, estoy bien, no te preocupes por mí. Tengo ganas de verte- intentaba contenerse para no llorar de nuevo, no quería que el pequeño supiera que estaba mal.

-Y yo a ti, pero no sé qué pasa, no me gusta verlas triste- la alcaldesa escuchaba atenta a su hijo sin comprenderle.

-A quién más te refieres aparte de mí?- preguntó curiosa y con el corazón latiéndole muy fuerte.

-Pues a ti y a Emma, está rara todo el tiempo, como triste… y su voz me recuerda a la tuya cuando te llamo- Regina sentía que el corazón le iba a salir del pecho por lo rápido que latía. Parecía que estos días había olvidado que tenía ese órgano. ¿Emma estaba triste?

-Cariño, estoy segura de que no le pasa nada, al igual que a mí, deberías dejar de preocuparte por esas cosas y disfrutar del día, me prometes que lo harás?- le preguntó la morena.

El niño asintió al otro lado del teléfono –sí, está bien, te llamo en la semana para vernos?-

-Claro que sí, cuando quieras vienes y te hago tu plato favorito, te quiero mucho Henry- escuchó de fondo la voz del innombrable que lo llamaba para irse –anda ve… te están esperando-

-Ya voy!- gritó a su padre haciendo que Regina tuviera que apartar el oído del teléfono –yo también te quiero mamá, adiós- colgó.

La morena se quedó unos segundos parada, intentó aclarar sus pensamientos. Henry había notado mal a Emma, a pesar de que ahora estaba de nuevo con su amor de juventud la rubia no era feliz. ¿Sería por ella? ¿Sentiría lo mismo? Si así fuera quizás todavía había esperanzas para lo suyo. Si Emma la amase… dios, el simple hecho de pensar en eso hacía que todo su cuerpo vibrara de la emoción. Su corazón seguía yendo a mil por hora y no era capaz de pensar con claridad. Se levantó de la cama y tomo varias bocanadas de aire, "concéntrate Regina, concéntrate" se dijo a sí misma.

Intentó rememorar su último encuentro, las palabras de la rubia "Mi familia cree que el regreso de Neal significa que vamos a volver juntos y no es cierto, ellos no saben lo nuestro, pero yo no he olvidado lo que tú y yo hemos vivido Regina, para mí es importante". Estaba diciendo la verdad? Pero entonces ese beso con Neal… Regina había actuado por el dolor después de verlos juntos y le había dicho de todo, cosas que no sentía y cosas de las que siempre se arrepentiría y fue entonces cuando Emma se defendió usando el mismo odio contra ella. Y si se tragara su orgullo y le confesara de una vez sus verdaderos sentimientos? Se dejaría la rubia llevar? Tendrían un futuro felices juntas?

No pensaba dejar que esos interrogantes la persiguieran el resto de su vida, no, esta vez no. Fue al baño y se miró frente al espejo, su aspecto era horrible, hizo un gesto con su mano y su pijama se transformó en un traje, su pelo revuelto se peinó y su cara pálida se cubrió de maquillaje. Caminó hacia su cuarto, tomó su teléfono móvil, las manos le temblaban por la excitación, le costaba mucho escribir, pero finalmente le mandó un mensaje a la rubia. "Emma, necesito que nos veamos, es importante, no es un truco, si alguna vez confiaste en mí, por favor, encuéntrate en veinte minutos conmigo en nuestro sitio."

Regina sabía que la sheriff comprendería sus palabras, pero de lo que no estaba segura era de si aparecería. Tomó su bolso y fue hacia su coche dirigiéndose a los bancos del muelle.


Emma tuvo que mentir a toda su familia para poder escaparse, iban a pasar la mañana juntos pero les dijo que tenía una emergencia y que no le tomaría más de una hora. No estaba segura de qué quería Regina, pero no pudo ignorarla, tenía que escuchar lo que iba a decirle.

Supo a qué lugar se refería, era donde se habían besado por primera vez, llegó al muelle y la vio sentada en el banco, se acercó y se sentó a su lado guardando las distancias –hola…- dijo sin saber muy bien cómo actuar con ella.

Regina sonrió un poco al ver que había venido –hola, tenía miedo de que no llegaras-

-Estuve tentada, pero aquí estoy- suspiró –qué pasa Regina?- dijo mirándola –creo que todo quedó muy claro el otro día-

La morena negó con su cabeza viendo sus ojos –no… no quedó nada claro porque nada de lo que dije era verdad- Emma la miraba esperando que siguiera hablando –yo… te dije que lo nuestro sólo era sexo y que nunca habíamos tenido nada y es mentira. Claro que teníamos algo, por mucho que lo neguemos sentíamos cosas la una por la otra y nunca fue sólo sexo…-

La rubia intentaba comprender a dónde quería llegar Regina con todo eso –por qué lo dijiste entonces? Tu pasatiempo es hacer daño a las personas o qué? Porque estoy cansada de estos juegos-

La alcaldesa volvió a negar con la cabeza –no Emma, yo… los vi a ti y a… Neal –le costaba llamarlo por su nombre- aquí, besándose. Y no sé qué pasó, no sé si te confundiste o te dejaste llevar en ese momento, pero yo me lo tomé muy mal. Esa fue la reacción que tuve y de la que me arrepiento y seguramente no estaría aquí hablando de esto si pensara que no hay nada que hacer. Pero… Henry me ha dicho que no eres feliz y yo tampoco lo soy así- la miró con ojos de esperanzas, sonriendo levemente, ya había dicho lo que quería y se había explicado, ahora todo estaba en manos de la rubia.

La sheriff la miraba fijamente, analizando sus palabras, empezaba a entender la locura de Regina de hace unos días, todo lo que le dijo era el odio hablando, estaba celosa porque había visto ese estúpido beso no consentido. Y a su manera, ahora le estaba confesando sus sentimientos, había dejado de un lado su orgullo para hablar con ella y pedirle volver a tener lo que tenían.

-Regina…- dijo mientras pensaba en las palabras adecuadas –no te voy a mentir, ya sé que lo nuestro no fue sólo sexo y que hubo sentimientos, pero… -ese pero hizo que el corazón de la morena latiera fuerte por el miedo- ahora estoy con Neal, Henry está muy feliz, mis padres también, todo va bien. No puedo dejar esa vida-

Regina la miró con los ojos aguados porque no esperaba esa respuesta –pero no eres feliz Emma, puedo verlo, estás hablándome de la felicidad de ellos, pero no de la tuya- tomó su mano hablando casi a modo de ruego.

La rubia negó con la cabeza –no importa eso, no entiendes? Neal es la decisión correcta, lo mejor para todos, lo he elegido a él- apartó su mano de la de Regina –lo siento, puedes estar en la vida de Henry, pero no en la mía- se levantó del banco, la morena estaba con la mirada baja y sus lágrimas amenazaban con salir. Emma nunca la había visto tan derrotada, sintió cómo se le partía el corazón al mirarla y limpió una lágrimas de su rostro –debo irme… es lo mejor, lo siento- dijo de nuevo mientras caminaba rápido alejándose una vez más de su felicidad.


Emma volvió rápidamente con su nueva familia. Las palabras de Regina resonaban en su cabeza, y pensaba ¿Por qué no lo dijo antes? Ahora no podía echarse atrás. Si volviera con ella estaría teniendo en cuenta sólo su felicidad. Sería egoísta, sin mencionar que haría sufrir a todos los miembros de su familia, especialmente a Henry, que estaba muy contento de tener a su padre en su vida. No pudo evitar tener cara larga todo ese domingo. Aunque no era sorpresa para nadie, pocas veces se la veía sonreír o bromear como tiempo atrás. Emma Swan se estaba apagando, mientras su felicidad se alejaba cada vez más, alimentaba la de los demás. Era triste la mujer malvada y orgullosa que conoció hacía casi un año se había ganado su corazón haciéndole tener hasta compasión por los innumerables crímenes que había hecho a lo largo de su vida. Y eso era mucho, a pesar de que había amado a Neal en su momento, ya no era lo mismo, y sabía en su mente que jamás lo sería.


Sus ojos aguados miraban a la rubia alejándose hasta que ya no pudo verla más. Ahora todo parecía más claro, estaba destinada a vivir en soledad, los villanos jamás tenían su final feliz. Secó sus lágrimas con un pañuelo que traía en su bolsillo y emprendió la vuelta a casa a pie.

Era curioso, ya ni siquiera la gente del pueblo le temía. Cuando ella pasaba caminando la miraban como si fuera una más. Por un momento pensó en irse de Storybrooke, pero qué sentido tendría? Sus sentimientos no se irían, y su corazón le pertenecería a Emma para siempre, ella no tenía el privilegio de la pérdida de memoria. La mejor alternativa para terminar sus años, era el pequeño pueblo, y con suerte, ver a su hijo cuando se lo permitieran. Era frustrante ver como todo su plan se había desmoronado, la maldición se había roto, los Charmings estaban teniendo su final feliz, y ella sobraba. Nadie la quería cerca, nadie excepto su hijo. Pero al menos sabía algo, Emma la amaba. Por más malas decisiones que tomara, por más que intentara hacer lo correcto, ella la amaba también.

Mientras caminaba cabizbaja, una voz conocida que hace tiempo no oía retumbó en su cabeza. Levantó la mirada, unos rizos dorados muy parecidos a los de Emma se reflejaron en sus ojos castaños: era Kathry, la mujer a la que había torturado intentando que amara a David. Resultaba que aún no había podido encontrar a su amor en Storybrooke, Regina ya ni recordaba dónde estaría el hombre.

Una idea vino a su cabeza, era su última chance, esta vez sí. Podría hacer que la sheriff sintiera lo mismo que ella, el mismo sufrimiento, y quizás así, podría recuperarla. A pesar que sus ojos estaban hinchados por llorar, una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro al ver a esa mujer. Era hora de darle uso al viejo libro de hechizos de su madre.