Siento la tardanza pero ya tenéis nuevo capítulo. Muchas gracias por los reviews, ya son casi 100 :) Es un placer leer vuestra opiniones y más de una conseguís sacarme una sonrisa o una carcajada. Sé que os estoy haciendo sufrir, pero es la gracia de los fics no? :P
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Capítulo 16. Medidas desesperadas.
Había pasado un mes. Un mes desde que la "perfecta" familia se había reunido, o eso era lo que todos desde afuera podían ver. Pero la realidad era distinta, Emma y Neal peleaban mucho. La rubia seguía negándose tanto a aceptar al padre de su hijo viviendo en su propia casa, como también se resistía a conseguir una nueva para ellos tres.
Intentaban tener sus "charlas" a escondidas. Mary Margaret se amargaba muchísimo cuando los veía discutir, no podía entender cómo se trataban de ese modo, siempre comparando esa relación con la suya y de su marido.
Henry por su parte, se sentía extraño. Al principio parecía todo perfecto, como lo había soñado desde que encontró a Emma, pero no. Podía notar la tensión entre sus padres, y las pocas ganas que ponía la rubia cuando se trataba de hacer alguna actividad los tres juntos. ¿Cómo podía ser esto posible? Si la sheriff hasta había llegado a tener encuentros con Regina sin problemas, pero con su pareja no podía. El niño no entendía cuál era el problema. Se negaba a pensar que ya no existía amor entre ellos. Sin embargo, su ilusión de tener esa familia tan deseada aún no desaparecía.
Una mañana como cualquier otra, Emma se dirigió bien temprano a Grannys para poder desayunar sola y esquivar a su familia completa, Neal incluido. El hombre se aparecía todas las mañanas por la casa y eso la irritaba bastante, sentía que no le daba el espacio suficiente que ella necesitaba para poder encontrar el amor que sintió alguna vez por él.
Apenas Ruby la vio hizo que le preparen lo de siempre y se lo llevó a la mesa –Por qué la cara larga? Creo que nos debemos una charla nosotras...- dijo levantando sus cejas mientras se sentaba frente a la sheriff.
Emma resopló probando una rosquilla con mucho glaseado –Sí, lo sé. Estoy escapando de casa, se nota mucho?-
-Se nota, sí. Cómo se ha tomado Regina todo esto?- dijo la morena apoyando sus codos sobre la mesa muy intrigada.
Emma rodó sus ojos, no tenía ganas de hablar del tema, aunque la realidad era que sólo podría hablarlo con Ruby –Mal, muy mal… bueno, ya has visto cómo hechizó a Neal. Luego vino a pedirme perdón y decirme que volviera con ella. Pero no puedo…-
Ruby la miró confundida. Hasta este momento pensaba que la rubia había vuelvo con Neal porque lo amaba –Espera, espera! No puedes volver con ella o no quieres?-
La sheriff tomó aire pensando bien la respuesta que daría –No puedo. Destrozaría a Henry y a mis padres. Nunca aceptarían a Regina además…-
-Entonces… tú no amas a Neal verdad?- la loba parecía querer saltar sobre la mesa por más respuestas pero algo las interrumpió.
Kathryn había entrado en el restaurante, hablando alegremente y levantando bastante la voz, la acompañaba una de sus amigas –pues sí, aunque te cueste creerlo estoy muy enamorada, estoy radiante y feliz las 24 horas del día- soltó una risita.
Emma miró a Ruby confusa –y a esta que le pasa? Se ha comido un arcoíris? Pensaba que había roto con su novio- le ponía de mal humor ver la felicidad de otras parejas y más si era tan exagerada como la de la rubia. Resopló y tomó un trago largo de su chocolate.
La mujer lobo se encogió de hombros –yo también, a lo mejor ha encontrado a otro- las miró, la amiga se sentó en la barra y Kathryn en una mesa, parecía que esperaba a alguien –bueno, tengo que hacer mi trabajo o Granny me gritará. Luego seguimos hablando, vale?- Emma asintió y la morena se fue a servir a los clientes.
La puerta volvió a abrirse y la sheriff levantó la cabeza para ver que era Regina la que entraba, llevaba mucho tiempo sin verla y estaba sonriente. Caminó acercándose hacia donde ella estaba, pero pasó de largo sin mirarla y se sentó frente a Kathryn. Emma suspiró levemente, por un momento la rubia tuvo esperanzas de que fuera a hablar con ella, pero no, ella no era su cita evidentemente. Dio otro sorbo a su chocolate mientras las miraba fijo, se estaban riendo mucho y compartían confidencias. Era todo muy raro… que ella supiera la alcaldesa no tenía relación con nadie desde que se rompió la maldición. Parece que ahora eran buenas amigas.
Se levantó dejando dinero en la mesa, se le habían quitado las ganas de tomar nada más. Parecía que hoy todos estaban dispuestos a ponerla de mal humor. Salió por la puerta y volvió a su oficina, para su sorpresa había alguien ahí esperándola –hola linda- dijo Neal acercándose a ella para besarla.
Emma se separó un poco de él y se sentó en su escritorio –qué haces aquí? Sabes que tengo que trabajar- dijo buscando entre sus cajones papeles inexistentes, a su cabeza volvía la curiosa escena entre las dos mujeres que acababa de presenciar.
El hombre suspiró, no le gustaba nada la actitud de la rubia con él, pero tenía que conformarse con estar con ella –pensé que te gustaría verme, traje algo para comer- sonrió un poco mientras se sentaba cerca de ella.
-Ya comí, además nos vemos todo el tiempo- seguía a lo suyo sin apenas mirarle.
Neal se cruzó de brazos frente a ella –Emma… Emma… puedes mirarme a la cara por lo menos?- estaba indignado. Ni siquiera se atrevía preguntarle que le pasaba porque era una pérdida de tiempo, no se lo diría.
La sheriff resopló mirándole –No estoy de humor hoy, vale? Nos vemos luego en casa-
-En casa de tus padres querrás decir- el hombre seguía dándole vueltas a lo de no poder vivir juntos. Ya se lo había planteado varias veces pero ella seguía muy negada a dar ese gran paso.
-Ya sabes a lo que me refiero… acuérdate de recoger a Henry de la escuela- agachó la mirada concentrándose en unos archivos viejos.
Neal volvió a suspirar. Sin decir nada más salió del despacho de la rubia.
Una vez que se había asegurada de que estaba sola dejó los papeles y se echó hacia atrás apoyando la espalda en la silla ¿Por qué le costaba tanto ser amable con él? Ver a Regina hoy tan feliz la había afectado más de la cuenta. No es que no quisiera que estuviera bien, pero no era justo que ella tuviera que vivir de esta manera.
Pasaron unos días y el mal humor de Emma persistía, no era feliz, lo sabía e intentaba vivir con ello. Tener a su hijo Henry cerca era de las pocas cosas que conseguían sacarle una sonrisa de vez en cuando, el niño ya había dejado de insistir en vivir los tres juntos y ahora se dedicaba a planear escapadas con toda la familia. La rubia pensaba que el pequeño era muy listo y que se había dado cuenta que sus padres no eran del todo felices y que vivir juntos no iba a solucionar nada.
Varias veces por semana, Henry visitaba a Regina y aunque Emma se moría por preguntar por ella nunca lo hacía, sólo se dedicaba a interesarse por lo que habían comido y otras cosas sin importancia.
Últimamente pasaba más tiempo del debido en la oficina del sheriff, solía salir sobre las siete de la tarde y más o menos a la misma hora pasaba por el muelle. Ese lugar le traía demasiados recuerdos, podría evitar cruzar por ahí y elegir una ruta alternativa, pero una parte de Emma disfrutaba rememorando esos momentos.
Pero algo pasó ese día que hizo distinto el camino de vuelta a casa de la rubia. Estaba cerca de los bancos y pudo ver que dos personas estaban sentadas en uno de ellos. Dio unos pasos más hasta que las pudo distinguir, rodó sus ojos, eran las nuevas "amiguísimas" Regina y Kathryn que estaban hablando. Antes de que Emma continuara caminando se acercaron la una a la otra y se besaron. Los ojos de la rubia se abrieron como platos, no podía ser cierto, tan sólo unos días atrás Kathryn había confesado que estaba felizmente con alguien. La sheriff empezó a atar cabos: estaba enamorada de Regina. Resultaba que la alcaldesa parecía tener un gusto especial por las rubias de Storybrooke. No había perdido el tiempo evidentemente, la única que se sentía mal era ella misma en su cabeza.
No podía seguir viendo aquello, empezó a caminar rápido alejándose de ahí. Ese era su lugar especial, el de ella y el de Regina, no el de esa idiota. Los celos recorrían cada una de las células de su cuerpo y se odiaba a sí misma por sentirse así. Estaba tan concentrada pensando en lo que acababa de ver que no se había percatado de que su rostro estaba lleno de lágrimas. Se paró en la puerta de su casa, respiraba agitada porque casi había llegado corriendo e intentó limpiar sus lágrimas y cualquier signo de que había estado llorando. No podía dejar que la vieran así, todo era su culpa, ella había elegido vivir de esa manera.
Regina se aseguró de que Emma se hubiera ido antes de separarse de la rubia –ya está querida, no montes un espectáculo en público- dijo arreglándose el pelo mientras seguía mirando hacia donde se había ido la otra mujer.
-Pero me gusta besarte…- se intentó pegar a ella de nuevo pero la morena se levantó.
-Ya lo sé, es culpa de ese hechizo, me pasé un poco con el porcentaje de deseo- dijo mientras empezó a caminar con Kathyn siguiéndole las espaldas.
-No es ningún conjuro Regina, yo realmente te amo!- dijo la rubia muy sonriente mientras perseguía a la morena como perro faldero.
La alcaldesa rodó sus ojos. Desde que había usado magia con la rubia había tenido que soportarla como a una adolescente con las hormonas revolucionadas -No grites, no quiero que todo el pueblo te oiga- su plan había salido tal cual quería. Emma las había visto besándose en su lugar favorito, ahora sabría cómo se sentía ella. Regina podía imaginar los celos de la rubia creciendo en su interior, eran los mismos que ella sentía cada vez que se la imaginaba con el idiota de Neal.
Puede que se estuviera aprovechando un poco de Kathryn, pero era un sacrificio necesario para conseguir recuperar a la sheriff. Esperaba que surgiera efecto, que verla feliz con otra mujer le hiciera darse cuenta de sus sentimientos. Pero también sabía que las posibilidades de volver a estar juntas eran muy pocas y eso le entristecía.
-Vamos a tu casa amor?- preguntó la rubia mientras seguían caminando.
-No, tú te vas a tu casa y yo a la mía. Tengo cosas que hacer- Kathryn estaba resultando insufrible. Deseaba desencantarla lo antes posible.
-Pero podemos hacer esas cosas juntas, es lo que las parejas hacen- le guiñó un ojo a la otra mujer mientras una sonrisa tímida se dibujaba en su rostro.
Regina se paró frente a ella -Ve a casa- por suerte, ese hechizo hacía que la otra persona siguiera las órdenes de su "enamorada". Como por arte de magia Kathyrn asintió y caminó derecho a su casa. La morena suspiró y se fue a la suya. ¿Por qué a pesar de haber conseguido llevar su plan a la perfección se sentía mal?
Una parte de ella no se sentía cómoda con hacer sufrir a Emma. Lo merecía, no sólo la había abandonado por Neal, sino que la había rechazado cuando ella se le declaró.
El único inconveniente con su plan era que si se corría la voz por el pueblo de su romance con Kathryn podía tener problemas. La gente sospecharía de esto, sobre todo los que sabían cómo habían quedado las cosas entre las dos mujeres. Pero ella era muy astuta, sólo quería que Emma la viera. Ahora lo que seguía era sentarse a esperar y rogar que esto realmente hubiera causado el efecto esperado en Emma. Pero los planes de la alcaldesa no eran perdonar inmediatamente a la rubia. En su cabeza la palabra "venganza" resonaba muchas veces, quería que ella pasara por lo mismo. Si tenía que rechazarla una vez más, lo haría, le pagaría con la misma moneda.
Se recostó en el sillón de su sala mientras ojeaba el aburrido diario de Storybrooke. En él salían David y Mary Margaret diciendo que habría una pronta boda entre la rubia y Neal. No era cierto, sólo estaba en sus cabezas, pero sirvió para enfurecer más a Regina y que quemara el diario en menos de dos segundos. Parecía que cada paso hacia su felicidad siempre estaba bloqueado por aquella que fue su hijastra, Snow White.
-Emma por qué traes esa cara? Tuviste problemas en el trabajo? O te peleaste con Neal? No ha venido a cenar aún- dijo su madre preocupada mientras observaba los ojos hinchados y las mejillas coloradas en su hija.
La sheriff colgó su chaqueta y se dejó caer en el pequeño sillón de la sala –Me has hecho tres preguntas al mismo tiempo que no quiero responder!- llevó sus manos a su rostro para taparlo, no quería que las lágrimas volvieran a salir de sus ojos.
David miró a Mary Margaret, ambos interpretaron ante la reacción de Emma que había peleado seguramente con su pareja –Dale un poco de espacio amor, deben haber tenido una pelea como cualquier otra- mientras ponía los platos en la mesa.
La pequeña mujer de cabello corto rodó sus ojos –Pelean todo el tiempo, ese es el problema-
La rubia no tenía ganas de seguir escuchando a sus padres que pensaban que el inconveniente amoroso que la aquejaba era con Neal. Subió las escaleras hacia su cuarto.
Henry estaba en su cuarto jugando a los videojuegos. Cuando la escuchó subir caminó hasta su cuarto y golpeó la puerta –Puedo pasar?-
Emma se tiró en la cama –Claro, pasa-
El niño sonrió al verla y se sentó en un costado de su cama –Mañana voy a cenar con mi madre y con Kathryn. Tu sabías que eran amigas de nuevo? Pensé que se odiaban!- dijo confundido porque aún para él la situación era bastante rara.
-Parece que son muy amigas ahora. Las he visto juntas…. Ya sabes! Almorzando en Grannys y eso- le dolía saber que su hijo cenaría con aquella mujer también. Quizás Regina ya la había olvidado. La rubia no creía que ella la hubiera llegado a amar tanto como a su prometido Daniel. Pero tampoco se imaginaba que otra persona la haría feliz tan rápido. –No te preocupes, seguro lo pasan genial- dijo bastante desganada.
-Sí seguro que sí. Aunque extraño que tu vengas conmigo a cenar con mi madre. Siempre pasábamos buenos momentos juntos, o no te acuerdas?- dijo el niño sonriendo mientras recordaba aquellos momentos.
-Claro que me acuerdo. Pero es mejor que no esté cerca de ella. Puede enfurecerse si hablo de tu padre o algo. Bueno, porque ya sabes que no lo quiere- parecía que Emma no dejaba de meter la pata.
-Ella no habla de él- el niño se quedó callado –Siempre me pregunta por ti-
La rubia se incorporó un poco mirando al niño y no pudo evitar sonreír por lo que había dicho.
