Capítulo 6: Enfermo

-¡Fue tan emocionante, Koga!- exclamó emocionada Ayame, haciendo que volviera a ponerle atención.

-Qué bueno que ganaran- comenté sin ánimos.

-¿Estas bien?- preguntó con voz queda- Te noto muy extraño.

-Claro que sí, es que estoy...cansado- mentí, y era una mentira totalmente coherente, porque había estado entrenando duro, ya que las competencias masculinas comenzaban el lunes siguiente, ya era viernes.

Ayame solo asintió, y siguió su parloteo, haber estado entrenando me había ayudado bastante a no pensar tanto en Kagome, aunque no del todo, porque ella siempre estaba en mi mente ¡Que idiota! Ella tan feliz con su novio y alejada de mí, ni siquiera me saludaba.

Me sentaba con Yakotsu y en los últimos asientos, era como si unos novios hubiesen terminado y no el término de una amistad de años, de más de diez jodidos años.

Tenía rabia con Kagome, por haber tirado a la basura toda una vida de amistad y que estuviese como si nada, no había noche que no pensara en ella y en el dolor que sentía al estar lejos, pero a ella no se le notaban ni unas míseras ojeras.

-¿Koga?- oí un susurro.

-Perdóname, Ayame, estoy distraído- me disculpe al verla confundida.

-Koga, deberías descansar, aunque sea una tarde, no quiero que te enfermes- le Sonreí, y la besé suavemente en los labios, ella se sonrojó.

-Sí, tienes razón- dije sincero, ella era mi novia y era la que merecía toda mi atención y la volví a besar.

Estábamos sentados en las gradas de las canchas de la escuela, bastante apartados de los demás estudiantes, era hora de almuerzo, a pesar de estar lejos, aun así podía ver a Kagome con Sango y Yakotsu, pero dejé de prestarles atención por Ayame.

-Koga, después que acaben las competencias, quiero ir al karaoke ¿Te gustaría?- su mirada era expectante.

-Claro- contesté y a ella se le iluminó el rostro posando una hermosa sonrisa en el, ella era muy hermosa, tenía que enamorarme de ella a como diera lugar.

-Gracias, Koga- dijo, así que la besé otra vez, Hundiéndome en sus labios, ella correspondía ante mis ansias, la abracé y la acerqué más a mi, necesitaba volver el contacto más demandante.

Como estábamos alejados, me atreví a subir un poco las manos para poder sentirla aun más, ella no ponía resistencia.

Escuchamos a alguien toser, y detuvimos nuestro apasionada beso, y no podía creer quien era.

-Koga, Ayame- saludó seca- deberían ir a otro lugar a...besarse- dijo apenada- hay muchas personas por aquí... Ayame no querrás que piensen mal de ti por dar un espectáculo...permiso- se fue molesta y no entendí que había sido eso.

-¡Ey! No le hagas caso- le dije porque vi que estaba enrojecida y no dejaba de mirar el suelo- eres mi novia, Ayame, mi hermosa novia- sonrió- además...- miré a todos lados y no había nadie cerca, solo Kagome pero estaba muy distante- no hay nadie cerca- mencioné extrañado y con el ceño fruncido.

-Kagome tiene razón, no deberíamos besarnos así en la escuela, además... Nunca lo habías hecho así.

Y era cierto, pero estaba empeñado en enamorarme de ella.

-Lo siento entonces, si te incomode.

-¡No! Me ha encantado- dijo tímida- es solo que Kagome...

-Ella nada- la detuve antes que dijera alguna otra cosa.

-¿Estan...e-enojados?

-Algo así, pero no te preocupes...no hablemos de ella- y ella asintió y nos fuimos del lugar.

En una cosa Ayame tenía razón, debía descansar porque ya me estaba sintiendo enfermo, aunque no sabía si era por el sobre esfuerzo o por el dolor que sentía.

Las clases de la tarde transcurrieron lentamente, de vez en cuando sentía la pesada mirada de Kagome sobre mi, incomodándome, sabía que me extrañaba, no por las razones que me gustaría pero la conocía bastante para darme cuenta que le era difícil mantenerse alejada de mi, después de todo eramos mejores amigos, íbamos a todos lados juntos y nos entregábamos un mutuo apoyo.

Ignoré el hecho que cuando se acabó la clase, ella me buscó con la mirada.

Ayame me estaba esperando afuera de su salón, hoy debía quedarme a entrenar un par de hora y ella asistiría, después de todo ella también era integrante del grupo, pero femenino.

-¿Lista?- le pregunté al tiempo que la tomaba con firmeza de la cintura, ella soltó una risa que se me antojó adorable.

-Koga, las chicas también asistirán- dijo y yo solo asentí.

Cuando íbamos caminado me detuve a besarla, a pesar de no amarla, me gustaba mucho, estábamos en eso, cuando sentí un ligero empujón que no pasó desapercibido por Ayame.

-Lo siento- dijo Kagome- pero no deberían estarse besando en medio del pasillo- su mirada despedía fuego- deberían buscarse un lugar privado.

Y se largó nuevamente, dejándome descolocado.

-No entiendo a Kagome- suspiró mi novia.

-Yo menos.

El entrenamiento fue agotador, lo único que quería era llegar a casa y dormir por muchas horas, días, años y toda la vida, me sentía sumamente cansado, curiosamente no un cansancio físico, sino mental y sicológico.

Me dolía tanto no tener a Kagome cerca mio, no podía Mentirme más a mi mismo, la extrañaba, la necesitaba, la amaba tanto.

¡Maldición!

Dejé a Ayame en su casa, y ella se dio cuenta de mi estado, claro que no sabía la razón, o eso creía.

-Luces enfermo, Koga- me veía preocupada- por favor descansa- solo asentí y me despedí de ella con un casto beso.

Al llegar a casa, tuve suerte que mis odiosos hermanos no se encontraran, era viernes así que debían andar de fiesta, como todos mis amigos.

Revisé mi celular y tenía varios mensajes de Bankotsu para que saliéramos, no tenía ánimos y de verdad me sentía enfermo, así que le escribí negándome.

Esa noche fue una de las peores que pude tener, vomité, sentía que todo el mundo giraba a mi alrededor y hasta mi cuerpo temblaba, estaba jodidamente asustado, se me iban hasta las fuerzas de las piernas, por primera vez deseé que mis estúpidos hermanos estuvieran en casa, y también por primera vez me pesaba no vivir con mis padres.

Comprobé mi celular y no tenía batería, quería llamar a alguien, pero no me sabía ningún número para marcar del teléfono.

Comencé a sudar frío, no entendía lo que me pasaba cuando me empezó a faltar el aire.

Aun en esa situación, mi cuerpo y todo mi ser, querían ver a Kagome, solo una vez, y recordé su número, traté de regularizar mi respiración para no entrar en pánico y avancé hasta tomar el teléfono y marcar.

Al quinto pitido alguien contestó.

-¿Koga?- oí su voz con un fuerte ruido de música de fondo.

-Ka-Kagome- dije como pude.

-Koga ¿Estas bien?- no podía contestar, la voz no me salía- ¡Koga!

-No p-puedo...re-respir...

Y se cayó el teléfono de mis manos, oía los gritos de ella pero ya no tenía fuerzas, me caí al suelo y ahí me quedé, esperaba que sea lo que me pasaba, pasara pronto.

(...)

Abrí los ojos y los achiqué porque una fuerte luz me molestaba.

-¡Koga!- oí su voz y me reincorporé rápidamente.

-Kagome.

-¡Dios! Estaba tan preocupada, me llamaste y después la llamada se cortó, me alteré mucho, me puse histérica, traté de llamar a Ginta y nada- decía y las palabras se atropellaban al salir- luego le supliqué a InuYasha que me llevara a tu casa y ahí te encontré tirado en el suelo- hizo una pausa para soltar un sollozo- casi...casi no respirabas- vi unas pequeñas lágrimas rodar por su hermoso rostro.

-No se...no se que me pasó- suspiré sonoramente.

-Per-Perdóname- susurró y levanté una ceja sin entender sus palabras- ya estas bien, Koga- dijo y miró hacia la ventana- ahora me...me tengo que ir.

-¿Insistirás?- pregunté y ella sabía a lo que me refería porque no cambió su postura y asintió ligeramente.

-Así es mejor, Koga- otra pequeña lágrima recorrió su rostro- Afuera están los demás- se dirigió a la puerta y antes de girar la perilla se detuvo y me miró con tristeza- a mi también me duele...estar sin ti- y salió.

Sus palabras me destrozaron el corazón otra vez, si es que eso era posible, volvía a estar y sentirme vacío sin ella, sin mi Kagome.