Gracias por los reviews, tanto a las veteranas que estáis desde el principio como a las que os acabáis de incorporar. Os dejo capi nuevo, espero que os guste :)


Capítulo 17. Reincidentes.

Al día siguiente sería la cena de Regina, Henry y... Kathryn. A Emma le hervía la sangre sólo de pensar en que su hijo iba a cenar con ellas como si fueran una parejita feliz. Con lo mucho que le había costado a la morena abrirse con ella ahora parecía que le resultaba lo más normal del mundo mostrarse cariñosa frente a los demás.

No sólo habían estado besándose en un lugar que Emma consideraba importante, sino que ahora Kathryn también la iba a sustituir en las cenas semanales que antes tanto disfrutaban los tres juntos.

Durante el desayuno tuvo que aguantar las miradas de Mary Margaret y David que intentaban que la rubia les contara porqué lloraba la noche anterior. Obviamente la sheriff no iba a soltar prenda, pero sus padres la inquietaban. Después de una aburrida mañana de trabajo decidió acercarse a casa de la alcaldesa, esperaba que estuviera sola, porque quería hablar seriamente con ella.

Tocó el timbre nerviosa, estaba dándole vueltas en la cabeza a las cosas que quería decirle, ya que, no le gustaría que la morena malinterpretara sus intenciones. La puerta se abrió y pudo notar que Regina estaba un poco sorprendida al verla –Sheriff… desea algo?- dijo cruzándose de brazos, sin muchas intenciones de dejarla pesar.

Emma metió sus pulgares en los bolsillos traseros de su vaqueros –me ha dicho Henry que mañana viene a cenar aquí- quería ir directo al asunto. Odiaba que la morena se mostrara fría y alejada como si nunca nada hubiera pasado entre ellas.

-Sí, como todas las semanas, hay algún problema?- la alcaldesa sonrió levemente, sabía a dónde iba a llegar la otra mujer.

La rubia tomó aire –el problema es que accedimos a esas cenas pero contigo, no con más invitados y no creo que tener ahí a Kathryn sea buena idea. Henry puede confundirse y no quiero eso-

-No quieres eso porque estás celosa o por qué exactamente? Que yo sepa puedo hacer lo que quiera con mi vida, con mi casa y con mi hijo. No vengas con esa excusa barata de "puedes confundir a Henry" porque él es muy inteligente y no va a tener ningún problema con Kathyn, es una mujer encantadora- estaba disfrutando demasiado con los celos de Emma.

-No estoy celosa!- intentando sonar convincente –simplemente no entiendo esa necesidad de que Henry tenga que cenar con ella también, se supone que eres tú la que quieres pasar tiempo con él-

-Sí, quiero compartir mi vida con él, y Kathryn es parte de mi vida ahora, así que también va a estar en esa cena, te guste o no- la miró levantando sus cejas a modo de amenaza.

-Está bien, si eso es lo que quieres atente a las consecuencias- dijo muy seria, pero sin saber qué haría, ni tan siquiera pensaba que fuera a hacer algo, sólo quería sonar poderosa también.

Regina hizo un gesto con las manos –uff… mire como tiemblo Miss Swan, ande y váyase con su prometido. Ya tiene el traje? O piensa ir con esa camisa de tirantes sudada?-

Emma la miró fulminándola con la mirada -al menos él me quiere, dudo que Kathryn siga mucho a tu lado cuando descubra lo malvada que eres- dicho esto empezó a caminar de vuelta a su coche. Había sido un golpe bajo, pero estaba perdiendo en esa guerra verbal y necesitaba decir cualquier cosa, por muy hiriente que fuera.

Regina se quedó parada en la puerta hasta que el coche amarillo se alejó de su casa. Emma sabía cómo hacerla sentir mal y a pesar de que sabía que estaba celosa, no puso disfrutar tanto como le gustaría de ello.

Estaba claro que hablar de la cena con Henry era sólo una excusa para ir a pedirle explicaciones y aunque la sheriff había intentado disimularlo, la morena se había dado cuenta enseguida.

Llegó el día de la cena y llamó a Kathryn para que estuviera puntual, juntas hicieron algo rico para comer y a la hora indicada Henry apareció por la puerta. La alcaldesa le había devuelto sus llaves de siempre y el niño podía entrar y salir siempre que quisiera.

Regina tenía un plan para esa noche, iba a mostrarse de lo más cariñosa y amable con Kathryn. Obviamente no iba a hacer nada escandaloso delante del pequeño, sólo lo necesario para que cuando Emma preguntara volviera a sentir celos.

Se sentaron los tres a la mesa, Henry estaba algo callado, pero Kathryn era muy elocuente y le sacaba muchos temas de conversación. La morena acariciaba la mano de la otra mujer por encima de la mesa, le daba besos en la mejilla y la elogiaba siempre que podía. La rubia, afectada por el hechizo, contestaba a todas esas muestras de cariño tal y como Regina esperaba.

Al terminar la cena jugaron un rato a uno de los juegos de mesa que el niño había traído hasta que el claxon de la sheriff avisaba de que Henry tenía que marcharse. Fueron todos hacia el exterior, la morena tomada de la mano de Kathryn, para que Emma la viera bien desde su coche –lo he pasado genial cariño- dijo besando a su hijo en la mejilla.

-Yo también, adiós mamá, adiós Kathryn- caminó hacia el auto amarillo mientras Regina se pegaba a la otra mujer besando su mejilla. Una vez que se alejaron entraron dentro.


-Cómo ha ido la cena?- apenas el niño había tenido tiempo de ponerse el cinturón y Emma ya estaba interrogándole.

Henry se encogió de hombros –bien, supongo… Kathryn es un poco pesada- escuchar eso aliviaba a la rubia.

Por dentro estaba muerta de celos, verlas salir cogidas de la mano y sonriendo como la pareja del año le había molestado. Pero parecía que a su hijo tampoco le terminaba de convencer la nueva amiga de su madre –y eso? Qué te ha dicho?-

-Hace muchas preguntas y se pega a mi madre todo el rato- el pequeño aún no comprendía mucho qué pasaba entre ellas.

Emma se imaginaba que conociendo a Regina eso de que estuvieran todo el rato agobiándola no le gustaría mucho –seguro Regina estuvo separándola todo el rato no?-

Henry negó con la cabeza –al contrario, parecía que le gustaba mucho- la rubia no podía dar crédito a lo que escuchaba. La alcaldesa nunca le había parecido una mujer que se pasara todo el rato pegada a alguien y lo que la dejaba más atónita era que se mostraran así de cariñosas delante de su hijo. ¿Pero qué se pensaban esas dos?

-Hablaré con ella, no me gusta que te hayan hecho sentir incómodo- dijo llena de ira y de celos. Estaba tan enfadada que había acelerado demasiado.

-Cuidado, vas muy rápido!- al escuchar las palabras de su hijo, levantó un poco el pie del pedal –no les digas nada, tampoco ha sido tan malo, me he divertido-

Emma suspiró –aun así creo que es necesaria una charla entre madre y madre- Llegaron a casa y la sheriff paró el auto frente a la puerta.

-Me gustaba más cuando estabas tú en vez de Kathryn- sonrió mirando a la mujer mientras sacaba las llaves.

-Lo sé chico, lo sé- sintiendo nostalgia por esa época entraron sin hacer ruido. Mary Margaret y David dormían tranquilamente.


Luego de conseguir echar a la rubia de casa, Regina se metió en su cama pensativa. La cena había sido bastante pesada, Kathryn hechizada era muy agobiante y hasta pudo notar que incomodaba a Henry. ¿Se estaba pasando de la raya con este asunto?

Emma le había hecho tanto daño que no sabía medir el dolor que ella infligía en los demás. Pensaba que esto iba a servir para recuperar a la sheriff, pero sólo había conseguido una pelea con ella y alejarse aún más la una de la otra.

En esos momentos, cuando estaba sola en la cama, era cuando la soledad se apoderaba de ella y cuando más la echaba de menos.


Al día siguiente Emma se levantó temprano para ir a desayunar tranquila en Grannys. Cuando llegó se sorprendió al ver que la escena de hace unos días se estaba repitiendo. Kathryn cotilleaba con Ruby, mientras estaba toda alegre. Pudo oír el nombre de su hijo en la charla, también a Regina mientras la loba la observaba de reojo por lo incómodo de la situación.

Su desayuno quedó intacto, la rabia recorría cada parte de su cuerpo, esto no podía quedar así. La rubia no estaba pensando con claridad, en su mente Kathryn la quería reemplazar quitándole tanto a Regina como a su hijo. Pero no lo podía permitir. Salió del lugar dando un portazo haciendo que todos voltearan a ver qué pasaba. Se subió a su auto amarillo y condujo hasta la casa de la morena. "Ahora me va a escuchar, quién se cree para meter a ésta en la vida de mi hijo?" susurraba para sí misma mientras llegaba a la gran mansión.

Bajó de su auto muy decidida, aunque no tenía bien en claro qué le diría a la alcaldesa. Golpeó la puerta esperando que le abriera.

Una Regina muy arreglada, con un vestido negro ajustado le abrió la puerta –Miss Swan… que la trae por aquí?- dijo mientras se cruzaba de brazos mirando a la otra mujer.

-Necesitamos hablar, de Kathryn- la rubia estaba muy seria, pero no pudo evitar que su mirada se desvíe hacia el cuerpo de la morena, ese vestido marcaba su silueta a la perfección.

-Creo que ya hemos tenido esta conversación- Regina se mantenía seria, aunque sabía que era buena señal que ella estuviera aquí. Aunque lo de Kathryn hubiese sido exagerado, estaba surtiendo efecto en Emma.

Como vio que la alcaldesa no pensaba invitarla a pasar a su casa, entró sin más. Al pasar a la sala pudo ver un poco de ropa desordenada, por los colores y estilo pudo notar que no era de Regina, seguro serían de la otra rubia. Su sangre hirvió al imaginar lo que habrían estado haciendo las dos juntas.

Antes de voltear para hacerle la contra la rubia, Regina esbozó una sonrisa satisfactoria. Estaba pasando justo lo que quería. No se había acostado con Kathryn, no le atraía en absoluto, pero tenía que reconocer que el truco de la ropa era realmente muy bueno –Siempre tan irrespetuosa Miss Swan. Diga lo que tenga que decir y retírese- se acercó a ella muy seria con la mirada fija en sus ojos.

Emma largó una carcajada irónica –Qué bien! Eres la madre del año!– señalando toda la ropa que había en el suelo y sillón –Más obvia no podías ser? Henry tiene llaves de tu casa!-

La alcaldesa rodó sus ojos –Sígame a la cocina Miss Swan, ya que tan incómoda le pone ver ropa de mujer- se fue caminando hacia la cocina mientras sonreía.

La rubia resopló al escucharla pero la siguió –No quiero que veas más a Kathryn- se cruzó de brazos y miró hacia un costado con un poco de vergüenza –Y no estoy celosa!-

Regina sonrió malévolamente –Ah no? Entonces por qué no debería verla más?- dijo mientras se acercaba un poco a la rubia, sabía cómo ponerla nerviosa.

-Porque Henry se confunde!- su respiración se agitaba cada vez más a medida que la morena iba disminuyendo el espacio personal entre ellas.

-No querida, Henry es muy inteligente. Él se divirtió mucho con ambas. Además él no tiene la culpa de las malas decisiones que toman sus madres no?- la miro muy fijo a los ojos.

La distancia que las separaba era casi ínfima. Emma podría seguir discutiendo o irse pero en vez de eso el deseo la traicionó. Nadie causaba ese efecto en ella, ni siquiera Neal en un pasado. La aprisionó contra la mesada haciendo que la alcaldesa tuviera que sentarse en ella –A veces son necesarias las malas decisiones- se acercó a besarla apasionadamente, descargando toda su furia de esa manera.

Regina no dudó en corresponderle. La rubia la podía demasiado. Sus manos fueron directo a la chaqueta de la otra mujer para quitársela y dejarla caer al suelo.

Emma recorrió el cuello de Regina dándole algunos mordiscos y besándolo. Tocó sus pechos por encima de la ropa, pero eso no era lo que realmente quería hacer. Metió su mano entre las piernas de la morena para poder llegar a su sexo, que ya estaba húmedo con sólo los besos de la sheriff –Vas a decirme que ella te lo hace mejor que yo?- dijo Emma agitada mientras estaba pegada a sus labios.

-Demuéstrelo sheriff- dijo Regina muy excitada. No había tenido sexo con nadie, aunque no se lo pensaba decir a Emma.

Una alarma sonó en la cabeza de la rubia cuando escuchó esas palabras, bajó la ropa interior de la alcaldesa y subió un poco su falda. Ahora tenía mejor acceso, sin más miramientos penetró en ella con sus dedos y empezó a moverlos haciendo que Regina gimiera con fuerzas.

Estaba siendo brusca, salvaje y eso le gustaba mucho a la morena. Movía sus caderas contra sus dedos y tenían sus frentes juntas mientras se miraban con deseo. No era capaz de besarla, le faltaba el aire con todo lo que le estaba haciendo –Emma…- dijo a modo de ruego, la estaba matando de placer.

La sheriff mordió su labio inferior, las expresiones de la otra mujer la hacían enloquecer. Todo su cuerpo embestía contra ella, quería hacerla llegar al éxtasis. Los gemidos iban en aumento, Regina echó su cabeza hacia atrás, todo su cuerpo se agitaba, estaba teniendo un orgasmo muy intenso y culminó con un grito. Emma se quedó quieta y salió lentamente del interior de la alcaldesa. Sólo se escuchaban sus respiraciones agitadas, se separó un poco cogiendo la ropa interior de la morena y se la dio.

Regina la miró algo confundida, se bajó de la mesada –Emma, yo…- mirándola muy fijo.

-Sólo fue sexo- dijo negando con la cabeza –yo estoy con Neal y tú con Kathryn- apartó los ojos de la otra mujer.

La morena asintió, intentando no derrumbarse delante de ella, su orgullo se lo impedía –sí, claro. Ya sabes dónde está la puerta- dijo acomodando su ropa y mirando hacia otro lado también.

Emma tomó su chaqueta del suelo y caminó con prisa hacia la salida.