Toca un capi largo y muy intenso, nos estamos acercando al final de la historia entonces vais a tener mucha trama y bastante cosas sucediendo. No voy a spoilear, pero vais a querer el capi 19 pronto jajaja así que unos cuantos reviews seguro aceleran el proceso :) Muchas gracias, de verdad, a cada una de las personas que comentan y a todos aquellos que leen en silencio.
Por cierto, busco alguien que traduzca el fic al inglés, no tengo suficientes conocimientos para que quede decente y creo que sería buena idea llegar al público de habla inglesa. Si alguien pudiera hacerlo o conoce a alguien, por favor que me lo diga :) Besoos!
Capítulo 18. Plan B.
"Sólo fue sexo" esas palabras resonaban una y otra vez en la cabeza de la alcaldesa. No iba a llorar, no iba a permitírselo. Pensaba que con hechizar a Kathryn bastaría para darle celos a Emma y hacer que volviera a su lado. Por unos momentos creyó haber tenido éxito, estaba de nuevo tocándola y besándola… Pero esas tres palabras habían sido suficientes para que toda esa fantasía terminase.
Ya no tenía sentido seguir con esa estupidez, esa misma tarde eliminó el conjuro que mantenía a la rubia encaprichada con ella. Nunca fue amor, no puedes hacer que alguien se enamore de ti con magia, al fin y al cabo no sería amor verdadero. Nada más levantar el hechizo Kathryn la miró extrañada, por suerte no iba a recordar nada, sus recuerdos serían confusos, pero volvería a la normalidad en poco tiempo.
Después de haber eliminado ese problema, Regina se encerró en su casa, necesitaba pensar, tenía que intentar algo más antes de rendirse del todo. Al fin y al cabo lo que sentía por la rubia era muy fuerte y valía la pena arriesgarse por última vez. Si pensara que no había esperanzas de recuperarla quizás no se estaría replanteando un plan b, pero la alcaldesa sabía que lo que había pasado en su cocina no era "sólo sexo". Ella vio mucho más en los ojos de la rubia, o al menos creyó verlo. Pudo notar la bronca y enojo que sentía al no poder liberarse de su actual pareja para estar con ella.
Sentada en el sofá de su sala leía el libro de magia de su madre. Su mente iba a mil por hora, pensando cualquier cosa que pudiera servirle, hasta que finalmente tuvo una gran idea.
Al día siguiente Emma se sentía igual de mal. Lo que había pasado en casa de Regina no tendría que haber sucedido, pero simplemente no pudo controlarse. Nunca podía resistirse cuando se trataba de la morena, y lo que se suponía que iba a ser una gran pelea había culminado en sexo.
Estaba muy celosa, no podía negarlo, y eso era lo que había causado en su interior tanta rabia y a la vez tanta pasión. Pero se sentía fatal, de alguna manera notó esperanzas en la mirada de la alcaldesa. ¿Pensaría que tras lo que había pasado iban a volver juntas? Algo en su interior le decía a Emma que había jugado con los sentimientos de Regina, y eso le dolía.
Una cosa era elegir a Neal sobre ella, porque era lo correcto y lo que debía hacer. Y otra muy distinta era torturar a la morena con falsas esperanzas. Por muchos sentimientos que tuviera por ella debía moderarse, había tomado una decisión y tenía que mantenerse firme. Estaba claro, ya había perdido su oportunidad de ser feliz.
Estaba en la oficina, recogiendo todo para ir a casa cuando recibió un mensaje, era un número desconocido. "Em, soy Neal, necesito que vengas a mi habitación en Granny's, es importante". Emma lo volvió a leer extrañada, normalmente sobre la hora de cenar Neal iba a casa y comían todos juntos, ¿Qué querría ahora? Suspiró, le apetecía poco y nada ir, pero decía que era importante.
Unos minutos después estaba frente a su puerta y golpeó con los nudillos. Un sorprendido Neal abrió –Em, qué haces aquí? Iba a ir ya para tu casa- se echó a un lado dejándola pasar y besó su mejilla.
Emma caminó hacia dentro y lo miró levantando su ceja –Pero si me has enviado un mensaje para vernos aquí- apoyó sus manos en las caderas.
El hombre caminó hacia la mesa y comprobó su teléfono –Qué va, llevo todo el día sin batería, no te he enviado nada, no sería de otra persona?- mientras miraba confundido a Emma.
La rubia negó con su cabeza –No, decía que eras tú pero el número era desconocido. Quién me habrá enviado algo así? No entiendo-
En ese instante escucharon una risita que a la sheriff le resultaba familiar, miró hacia todos lados y un humo púrpura hizo aparecer a Regina –Culpable letrada- dijo con esa sonrisa malvada que la caracterizaba.
-Qué estás haciendo aquí?- preguntó la rubia temiendo lo que la otra mujer fuera capaz de hacer.
-Sólo he venido a comprobar una cosa- pasó la mano por su pelo peinándose tranquilamente como si la cosa no fuera con ella.
-A qué estás jugando Regina?- Neal se acercó a ella –Quiero que te vayas de aquí-
La alcaldesa levantó una de sus cejas y se le dibujó una media sonrisa en la cara –Querido, por qué no te echas una siesta?- llevó la mano a su boca y sopló hacia él haciendo que cayera directamente al suelo.
-Neal!- exclamó Emma agachándose donde el hombre yacía completamente dormido –qué le has hecho?- zarandeándole para intentar reanimarlo.
-Nada querida, es sólo la maldición del sueño- se sentó en la cama, seguía muy calmada y alegre.
La rubia la miró con sus ojos y su boca bien abiertos sin poder creer lo que acababa de decir –La maldi… estás loca? Deshazla ahora mismo! Qué intentas con esto Regina?- se puso de pie levantando la voz furiosa.
-No has aprendido nada? Esa maldición sólo se puede romper con un beso de amor verdadero- hizo aparecer una lima de uñas con su magia y empezó a usarla.
La actitud de la alcaldesa la enfadaba aún más, sentía impotencia al ver a Neal tirado en el suelo. Se acercó a ella y le quitó la lima, la acercó a su cuello amenazantemente y la miró muy fijo –Haz que despierte Regina, o te juro que…-
-Me matarás con una lima de uñas?- dijo riendo, apartó sin dificultad la mano de Emma y se levantó poniéndose a su altura –Ni aunque quisiera podría hacer que despertara, primero porque me daría asco besarlo y segundo porque sólo su amor verdadero podrá hacer que surja efecto. Qué pasa sheriff? No es tan difícil, sólo tienes que agacharte y besar sus labios… o es que tienes miedo de que no surja efecto?- se acercó mucho a su rostro –Amas a otra persona?-
Emma le dio un empujón a la morena haciendo que casi cayera de nuevo sobre la cama –Eres una psicópata Regina, cómo puedes llegar a este punto? Cómo puedes tener tanta maldad en tu alma? De verdad crees que voy a sentir algo por ti? Lo único que siento es odio, me oyes? Nunca podría querer a alguien con un corazón oscuro como el tuyo. Preferiría morir sola e infeliz que estar con alguien así! Te quiero fuera de mi vida, ojalá nunca te hubiera conocido y ojalá pudiera hacer que desaparecieras!- sus gritos se escuchaban por toda la habitación.
Regina la miraba fijo, cada palabra era una bala en su corazón, sentía que iba a llorar en cualquier momento. No podía soportarlo más, tenía que irse de ahí o se derrumbaría. Usó todas sus fuerzas para desaparecer envuelta en humo morado.
Emma suspiró con lágrimas en los ojos cuando la vio irse. Se sentó en la cama tapando su rostro, se había pasado mucho, pero tenía tanto sufrimiento acumulado que no podía soportarlo más. Además ahora qué iba a hacer? Sabía que un beso suyo no iba a despertar a Neal porque no lo amaba, ella sabía qué era el amor y no era eso. Regina se había sobrepasado ¿Y si nunca despertaba? ¿Cómo iba a explicar eso a Henry?
-Emma…?- dijo el hombre un poco atontado abriendo sus ojos.
La rubia seguía con el rostro tapado pero al escuchar la voz del hombre apartó sus manos mirando hacia donde estaba –Neal!- se estaba incorporando en el suelo y fue hacia él.
-Qué ha pasado?- dijo todavía adormilado mientras miraba a todos lados.
-No lo entiendo, cómo has despertado? Estabas bajo la maldición del sueño!- Emma no comprendía nada, ayudó al hombre a ponerse en pie.
-La maldición del sueño? Me besaste entonces?- se tomó la cabeza con la mano, le dolía por el golpe al caer.
La rubia negó la cabeza avergonzada –No hice nada, cómo es posible?- lo miraba atentamente y vio algo brillante en su camiseta. Acercó la mano fijándose –Qué es esto?-
Neal fijó la vista y no dudó un instante –Es polvo de duendes, con razón! Por eso desperté, no es dañino, por suerte sólo te deja dormido un tiempo- se sacudió la camiseta intentando limpiarla.
Emma abrió su boca sorprendida. Regina le había mentido, no había usado esa maldición contra Neal ¿Pero por qué? Simplemente quería que afirmara delante de ella que no lo amaba? Le había dicho cosas realmente horribles, y sin darse cuenta lo que estaba haciendo la morena era demostrarle que no estaba enamorada de ese hombre.
-Emma, estás ahí?- preguntó al ver que la sheriff se había quedado pensando.
La rubia asintió mirándole –Neal… tenemos que hablar-
Emma y Neal tuvieron una larga charla. Ella no sabía cómo justificarse, no quería darle los verdaderos motivos por los cuales lo dejaba, pero no pudo soportarlo más, todo saldría a la luz algún día. Estaba dispuesta a dejar que siguiera viendo a su hijo, pero esta mentira ya era insostenible, más aún después de que Regina le hubiera abierto los ojos: no amaba a Neal. Quizás en algún momento sí, pero ahora su verdadero amor era aquella morena que la hacía estremecerse sólo con sus palabras.
-Ya no te amo. Ese es el problema- dijo la rubia bajando la mirada, sabía que esa confesión tendría muchas consecuencias a futuro.
-¿Cómo que ya no me amas? Lo nuestro es muy fuerte Emma, además Henry es la prueba de que nuestro amor es verdadero- el hombre se comenzaba a sentir muy mal por lo que posaba una mano en su pecho en señal de dolor.
-Escucha… te amé en un pasado, y creía que ahora podría hacerlo de nuevo. Te has convertido en un buen padre y Henry te quiere mucho pero… yo amo a alguien más- los nervios de la rubia comenzaban a salir a la luz con cada uno de sus torpes gestos, jamás se lo había confesado a nadie, ni siquiera a Ruby.
-A quién amas Emma?- una lágrima recorría la mejilla del hombre, este momento era una completa desilusión para él.
-Amo a Regina… y si realmente sientes algo por mi, y te importo, te agradecería que no se lo digas a nadie- Por fin estaba diciendo la verdad. Y se sentía tan bien, casi que sonrió luego de que lo dijo, era como liberarse. Pudo admitir en voz alta a quién amaba en verdad –Tienen que saberlo de mi misma-
Neal se quedó duro. No podía dar crédito a lo que estaba escuchado. Emma Swan, su verdadero amor, estaba enamorada de esa mujer? La reina malvada de los cuentos, que incluso lo era aún más de lo que todos imaginaban. Sin mencionar que era una mujer.
Se llevó una mano a su cabeza, aún no podía creerlo, pero ante todo no era una mala persona. Aunque hubiera cometido muchos errores, algo que se le daba bastante bien era guardar un secreto. Por más que le doliera, tampoco tenía sentido estar con la rubia si ella no lo amaba. Le costó mucho pero asintió con su cabeza –No te preocupes, nadie lo sabrá por mí- el desgano y la tristeza se podía notar claramente en su voz. Emma estaba rompiendo su corazón, como hacía 11 años él se lo había roto a ella.
El corazón de Regina estaba completamente roto, hecho trizas. Seguramente si se lo quitaba podría notarlo a la perfección. La rubia la había vuelto a lastimar pero esta vez no había vuelta atrás. Las peores palabras habían salido de su boca, las más hirientes. Jamás podría haber imaginado que una persona como Emma se las diría. El dolor era muy fuerte, había probado de todo para recuperarla: magia oscura, abrirse de corazón a ella, y hasta hacerle ver la realidad, pero nada de eso había resultado.
Las lágrimas se apoderaron de ella, pero un sentimiento fue más grande: el de marcharse. No veía con mucha frecuencia a su hijo desde hace tiempo, por más que su deseo más grande fuera compartir la gran mansión con él y Emma, era algo imposible, nunca pasaría ¿Para qué iba a quedarse esperando algo que sólo existía en su cabeza? No tenía más sentido.
Lo más lógico era abandonar el pueblo, y visitarlo de vez en cuando para pasar tiempo con el niño. Empezar de cero era lo que ella creía que necesitaba. Allá afuera existía un mundo diferente, con personas que no pertenecían a cuentos de hadas y que nunca creerían su pasado, y por este mismo motivo, nunca la juzgarían. No creía en la posibilidad de encontrar a una persona a quien pudiera amar tanto como a Emma o Daniel, pero quizás alguien con quien pasar el tiempo de manera agradable. Nadie en Storybrooke la quería, salvo su hijo, y bueno, Emma quizás, aunque eso no era seguro, a estas alturas dudaba de si la rubia sentía lo mismo.
No quería perder más tiempo. Buscó un viejo mapa que tenía para poder ubicarse mínimamente, dinero y armó una pequeña maleta con ayuda de magia. Lo único que quedaba era despedirse de Henry. Iba a ser doloroso, pero era lo correcto. Tal vez ahora sí se sentía un poco de más en su vida. El niño ya tenía a una madre y a un padre, sin olvidarse de los abuelos, que a pesar de que no les tenía nada de cariño, sabía que eran muy buenos con él. Le hizo una rápida llamada y de milagro el niño fue a pie hasta su casa luego de pedirle permiso a su abuela Mary Margaret.
Sus ojos estaban hinchados, había intentado arreglarse lo mejor posible con maquillaje pero el dolor podía notarse en su rostro. No sólo se sentía así por Emma, sino porque también tenía miedo de que al irse su hijo ya no la necesitara y se olvidara de ella.
El niño entró sonriente en la gran casa hasta que vio una maleta armada y varias cosas de su madre en la sala –Mamá? Qué es todo esto?- su mirada se volvió triste.
Regina apareció desde la cocina caminando con la tarta preferida de Henry –Ya no viviré aquí. Me voy de Storybrooke- se acercó agachándose un poco mientras acariciaba cariñosamente el brazo de su hijo.
-Pe-pero… no puedes irte! Tú vives aquí! Este es tu pueblo mamá!- Henry en el fondo podía comprender las posibles razones.
Regina negó con su cabeza mientras intentaba con todas sus fuerzas contener las lágrimas –Me siento muy sola Henry- bajó su mirada sin poder esconder sus lágrimas –Te tengo a ti pero… ni siquiera como antes-
-Me tienes a mí! Tienes a Kathryn también, ella es tu amiga…- se le llenaron los ojos de lágrimas.
-No, ella estaba hechizada. Realmente pensaste que podía quererme? Ni yo me lo creí- sonrió un poco, al fin y al cabo era gracioso confesarle eso a su hijo –Pero voy a venir a visitarte si es lo que quieres-
El niño suspiró, ahora lo comprendía todo. Pensaba que la había hechizado para sentirse menos sola –Claro que quiero que vengas- la abrazó fuerte, como pocas veces lo había hecho. Su madre había cambiado mucho y parecía que nadie estaba ahí para notarlo como él lo hacía.
La morena correspondió al abrazo de su hijo y luego lo miró secando sus lágrimas –Tengo algo para ti- sacó su juego de llaves de la casa- Sabes que esta es tu casa y siempre lo será no? Bueno, si cuando llegas a adulto quieres vivir aquí, puedes hacerlo. O cuando tú quieras y con quien quieras, no voy a enojarme– podía imaginar a la familia feliz viviendo en su mansión, pero ya no le importaba, sólo pensaba en el bien de su hijo. Volvieron a abrazarse muy fuerte, y luego de una emotiva y triste despedida, el niño se marchó de la casa con las llaves y el pastel que su madre le había preparado.
No le tomó mucho tiempo a la alcaldesa meter sus cosas en el auto y emprender viaje sin rumbo. Se tomó la molestia de observar el pueblo, a la gente, era el lugar donde había podido alcanzar la felicidad aunque fuera por poco tiempo.
Emma salió de la habitación de Neal con la intención de ir directo por Regina, pero el trabajo se interpuso en su camino. Parecía algo grave, un accidente en las minas y alguien podía estar herido. Se odió a sí misma por ser la sheriff del pueblo, pero no podía librarse de esto así que tuvo que acudir al lugar.
No le tomó más de dos horas hasta que las cosas se pusieron mínimamente en orden y los obreros fueron hospitalizados. Condujo rápido hacia la casa de la alcaldesa, el cielo se había tornado color gris y una gran tormenta estaba por venir. Pero eso no importaba, no iba a suspender por nada del mundo esa charla con la mujer que amaba.
Estacionó su auto frente a la gran mansión, que para su sorpresa tenía todas las luces apagadas, le pareció muy extraño aunque era casi de madrugada, quizás Regina sólo estaba durmiendo. Mientras caminaba hacia la puerta las primeras gotas caían sobre su rostro. Apenas golpeó la puerta sintió una fuerte puntada en su pecho como si algo malo estuviera por pasar. Nadie salía. Las luces no se encendían, la morena no querría atenderla luego de todo lo que le había dicho, o quizás simplemente no estaba en casa.
Hizo un par de intentos más pero no hubo caso. También le marcó a su celular pero parecía estar apagado ¿Dónde estaba Regina? Miró por la pequeña ventana de su garaje y tampoco vio su auto. En ese momento su vista se nubló y la lluvia comenzaba a intensificarse. Regina se había ido, y probablemente nunca sabría a dónde. Sus lágrimas se mezclaron con las gotas de lluvia y se vio obligada a regresar a su auto.
La había perdido, y lo peor de todo era que esta vez el error no era de Regina. La había despreciado, la había hecho sentir como la peor persona sobre la faz de la tierra ¿Cómo podía pretender que la esperara con los brazos abiertos?
Regina se guiaba por el viejo mapa que había guardado por mucho tiempo en su casa. La tormenta cada vez era peor, y parecía estar sola en esa ruta, como también lo estaba en Storybrooke.
Le daba nostalgia pensar en Henry, cuando apareció en su vida que era un pequeño bebé. No era fácil dejar a tu hijo luego de casi 11 años de criarlo. Pero tenía el corazón roto, y esa herida iba a sangrar más y más si se quedaba. Las lágrimas inundaron sus ojos nuevamente, pero tenía que ser fuerte, para poder llegar a un lugar donde emprender una nueva vida.
Al ver que la carretera estaba vacía y la lluvia cada vez era peor, aceleró bastante, tenía prisa por llegar rápido a un lugar dónde pasar la noche.
Condujo un largo rato a gran velocidad. Hasta que una luz en sentido contrario cegó sus ojos. Un gran camión apareció prácticamente de la nada. No tuvo tiempo de reaccionar ni de hacer ninguna maniobra, todo fue en cuestión de segundos. Esa brillante luz comenzó a apagarse de a poco, hasta tornarse todo negro.
Regina estaba en el piso teñido de rojo de la desolada carretera, la lluvia caía sobre su cuerpo.
Los conductores del camión bajaron a socorrerla enseguida. Llamaron a una ambulancia que seguramente por la zona en donde se encontraban, tardaría en llegar. Pero parecía que ya era demasiado tarde…
