Siento anunciaros que este será el penúltimo capítulo, no lo había dicho hasta ahora, pero somos dos personas las que escribimos y ambas pensamos que es mejor terminar bien una historia, aunque sea cuando más está gustando, porque alargarla sin sentido sólo estropearía la calidad de los capítulos.

Queremos dedicar este fic a todos aquellos que han estado comentando a lo largo de la historia, tanto a las chicas del grupo de Facebook, (que quizás no tenéis cuenta pero me dejáis siempre vuestras opiniones en los comentarios) como a los que nos habláis desde aquí (usaremos los nombres que habéis puesto), en especial a Paola-enigma, Nomit, Aguserieslover y SwanQueenValkubusLover que han sido fieles desde el principio y han comentado en casi todos los capítulos animándonos a seguir. A MClementineD, Melissa Swan, IrinaMD90, Azuljul (te envié un privado acerca de la traducción) y Michii15 (Michi, nos emocionaste con tu último comentario) que aunque se unieron un poco más tarde siempre nos dedican unas palabras que nos encantan. Y a todos aquellos que comentáis un poco menos pero que también nos alegráis cada vez que os leemos: Xebett, Akton30, Albmmac, Estherliquid, FPhoenix, Liz-House, Kaotikaskull, Day lopez, AlexaSmile, Arestacat, Evilqueen, Desipz, Girsunshine, NORTH0314, Rainha y Amam29. Seguro nos dejamos a alguien, pero mil gracias a todos vosotros y a los que no comentáis pero leéis, sin vuestro ánimo no hubiéramos escrito con tanta ilusión y tantas ganas.


Capítulo 19. Quédate a mi lado.

El doctor Williamson estaba teniendo una noche terrible. Parecía que la gente se había puesto de acuerdo para ser imprudentes en la carretera. Habían llegado varias personas heridas de gravedad a las que tuvo que mandar directamente a quirófano, otros cuantos, por suerte, sólo tenían pequeñas fracturas y magulladuras que pudo atender sin problemas en urgencias. No había parado ni medio segundo desde que empezó el turno, el tiempo en esta profesión era muy importante, cualquier error podía convertir a una persona viva en muerta.

A pesar de todo esto, Williamson podía sacar un balance positivo de la noche, todos habían sobrevivido, incluso un camionero al que le tuvieron que abrir el cráneo por una fuente contusión. Todos volverían pronto con sus familiares, todos menos una paciente…

Una hermosa morena yacía en una de las camas del hospital. Había llegado a la vez que el camionero, parecía un caso sin dificultades, un brazo roto, varias costillas fracturadas y una considerable pérdida de sangre. Nada que no pueda solucionar el doctor con sus muchos años de experiencia. Pero el problema era que la mujer había recibido un fuerte golpe en la cabeza que la había sumido en un profundo coma. Traía con ella una maleta con sus pertenencias y una cartera con identificación que indicaba su nombre, Regina Mills.

Williamson se acercó a ella examinándola, se curaría de las heridas en unas semanas, pero lo más preocupante era saber cuándo despertaría, si es que lo hacía. Buscó entre sus cosas algún teléfono de contacto, alguien a quien poder avisar, pero no tenía nada agendado y su celular estaba destrozado. Una mujer como aquella debía tener familia o amigos que se preocupaban por ella, pero no encontró nada. Pensó que tarde o temprano alguien aparecería, al fin y al cabo él ya había hecho su trabajo, la había mantenido con vida.

Dejó su historial a una enfermera y le dio unas indicaciones para las siguientes horas. Si despertaba era muy importante que dieran aviso enseguida para hacerle muchos estudios. Se marchó a su casa, se había ganado un buen descanso.


Emma llegó a casa bastante tarde, estaba cansada mental y físicamente. La ruptura con Neal, la desaparición de Regina… eran demasiadas cosas para asimilar. Iba a averiguar el paradero de la morena, de eso estaba segura, pero ahora necesita dormir unas horas. Ya se enfrentaría al mundo real por la mañana.

Unas horas después, o lo que a la rubia sólo le parecieron unos minutos, la voz de Mary Margaret la despertó –Emma, ayúdame, Henry no quiere ir a la escuela- su madre la hablaba suave intentando no sobresaltarla mucho recién despierta.

-Qué?- dijo incorporándose un poco con los ojos entornados. Resopló y se levantó –Ya voy-

Caminó hacia la sala, su hijo estaba sentado en el sofá, cruzado de brazos, mientras David, de rodillas frente a él intentaba convencerlo –No quiero ir, no tengo ganas-

Emma se acercó a ellos y se sentó en el sofá, al lado de Henry –Ey chico, qué pasa? Nunca faltas al colegio, hay algún problema?-

-El problema es que hoy no estoy de humor para ir a clase, no quiero ir, vale?- parecía molesto por algo y la rubia no entendía su actitud.

-Está bien, pero dime qué es lo que te ha hecho estar así- llevo la mano a la cabeza del pequeño acariciándola suavemente.

Henry, todavía con sus brazos cruzados y con la mirada al frente habló con tristeza –Mi madre se ha ido-

Emma lo miró fijamente sorprendida –Qué quieres decir con que se ha ido?- cuando fue a su casa ayer no estaba, pero no había pensado que algo peor pasara.

-Que se ha ido para siempre de Storybrooke, ya no va a vivir aquí! Sólo vendrá a visitarme a veces- dijo elevando un poco la voz, de alguna manera parecía que los estuviera culpando a ellos de su marcha y no estaba mal encaminado.

La sheriff suspiró, no podía creerlo, no quería creerlo más bien, se había comportado como una idiota, le había dicho que la quería fuera de su vida y Regina había cumplido con sus deseos. Lo que la alcaldesa no sabía era que nada de lo que dijo era verdad y ahora la había perdido -Pero… a dónde ha ido? Qué más te ha dicho?-

-No lo sé, no me ha dicho nada, sólo que tenía que irse porque se sentía sola y que sólo me tenía a mí- Henry estaba afectado por esto, era su madre y la quería mucho.

Las palabras del niño hicieron sentirse a Emma muy triste por la otra mujer. Ella había hecho que Regina tomara esa decisión tan extrema de abandonar el pueblo, le había roto el corazón en más de una ocasión y ya ni su hijo era capaz de retenerla aquí.

-Seguro viene a verte seguido, no te preocupes cariño- dijo Mary Margaret intentando consolarlo.

-Por hoy puedes faltar a la escuela, pero mañana ya tienes que ir vale? Quieres que vayamos a los establos?- David quería alegrar a su nieto y los caballos siempre eran una buena manera de hacerlo.

El niño se encogió de hombros. Emma había dejado de participar en la conversación desde hacía un rato, los escuchaba hablar como a lo lejos, su mente estaba en otro lado. Pensaba en cómo encontrar a Regina, podría estar en cualquier lugar, a lo mejor había usado su magia para irse muy lejos.


Las enfermeras comprobaban cada hora que todo fuera bien con Regina, sus constantes estaban estables, las heridas habían comenzado a sanar. Pero su estado comatoso no cambiaba. Siempre que tenían a alguien en coma sin familiares, los trabajadores del hospital sentían pena, no había pasado ni un día, pero seguían sin noticias. Tenían la esperanza de que algún integrante de la familia o conocido pudiera venir a verla, o en el peor de los casos, a decirle adiós. Pero no había nadie a quien decirle que las posibilidades de que la morena despertase eran muy pocas…


Emma comenzó su búsqueda, sus padres y Henry estaban en los establos, así que aprovechó para pasar el día en comisaría. El teléfono de Regina seguía apagado, dudaba que la morena se hubiera cambiado de número sin avisar antes a su hijo. Regina rara vez había salido de Storybrooke, ¿y si le había pasado algo? A pesar de no haber estado hechizada durante 28 años como el resto de los integrantes del pequeño pueblo, no tenía idea de lo que era el mundo externo, ni de lo que podría tener que enfrentarse al estar en él. Eso le asustaba a Emma, la morena era muy inteligente cuando se trataba de usar su magia, pero quizás afuera eso no funcionaría.

Esa idea atormentaba a Emma, había empezado a llamar a varias comisarías de las ciudades más cercanas. Les mandó una foto de ella para identificarla, pero ninguno sabía nada. La rubia estaba completamente desesperada, después de más de 10 horas de hacer llamadas no había tenido éxito.

Apoyó su cabeza en la mesa intentando pensar en algo que pudiera servirle, pero nada vino a su mente. Era muy tarde, lo mejor sería volver a casa y continuar con la búsqueda al día siguiente. Se levantó, tomó su chaqueta y empezó a caminar, pero el insistente sonido del teléfono la detuvo.

Prácticamente corrió para atender –Sheriff Emma Swan, quién es?- preguntó nerviosa-

-Señora Swan, soy el comisario Roberts de Boston, ha llamado esta tarde preguntando por una mujer, verdad?- el hombre hablaba tranquilamente al otro lado del teléfono.

-Sí, sí, soy yo, la han encontrado? Está bien?- estaba muy preocupada, si la policía sabía de ella era porque algo tenía que haber pasado.

-Está en el hospital, me temo que no puedo darle más datos hasta que venga, le puedo facilitar la dirección si quiere-

El corazón de la rubia latía muy rápido, Regina estaba en el hospital, ¿Qué le habría pasado? Tenía mucho miedo, pero al fin sabía dónde estaba –Sí por favor, deme la dirección e iré enseguida-

Apuntó los datos en un papel, las manos le temblaban y casi no era capaz de comprender su propia letra. Salió corriendo a la calle y tomó su coche amarillo sin importarle siquiera que ya fuera muy de noche. Temía lo que fuera a encontrarse, se estaba poniendo en lo peor, unas lágrimas recorrían sus mejillas y tuvo que parar unos segundos a limpiarlas y a tomar aire. Si quería llegar viva a su destino tenía que tranquilizarse. Quizás Regina no tenía nada grave, pero la rubia sentía una angustia que le hacía pensar todo lo contrario.


Cuando llegó al hospital estaba convencida de que se había saltado al menos una docena de leyes en la carretera, pero eso poco le importaba. Corrió hacia recepción y preguntó por la habitación de Regina sin apenas aliento. La mujer la miró por encima de sus gafas y, tras unos segundos que a Emma se le hicieron eternos, le informó de que la señora Mills se encontraba en la habitación 108.

La rubia miró en los carteles de enfrente, tenía que ir a la derecha, tomó el pasillo y caminó rápido. Encontró el sitio sin dificultad. La puerta estaba cerrada, tomó aire y abrió.

El sonido de una máquina era lo único que escuchaba. Ahí estaba ella, la hermosa morena que ocupaba su corazón. Le pareció que estaba descansando muy tranquila y sonrió levemente por haberla encontrado. Dio unos pasos hacia la cama y comprobó que todo estuviera bien, tenía vendajes en las costillas y en el brazo y algún que otro corte en su cara. Pero nada que pudiera ocultar su gran belleza.

Un mechón de pelo caía sobre su rostro, y Emma se atrevió a acercar su mano para apartárselo con cariño. Al fin y al cabo no parecía grave, y luego de todo lo que se había imaginado se sentía aliviada. Regina seguramente estaría dormida por todos los medicamentos.

Un ruido detrás de ella la hizo girarse, era un hombre con una bata blanca, seguramente el doctor de Regina –Hola, es usted familiar de la paciente? Soy el doctor Williamson- le tendió la mano.

Emma asintió saludándolo –Sí, soy familiar suyo- dijo sin dudarlo –Qué le ha pasado?-

-Bueno, estuvimos intentando contactar con cualquier familiar o conocido, pero no teníamos forma de comunicarnos- hizo una pausa, parecía que iba a decir algo importante y la rubia se estaba impacientando –Tuvo un accidente de coche, como ve se rompió el brazo y algunas costillas, eso es lo de menos. Lo preocupante es un grave golpe que tuvo en la cabeza que hizo que quedara en coma-

La sheriff abrió la boca sorprendida y miró a Regina –Pensaba que sólo dormía…- volvió a fijar la vista en el doctor –Cuándo despertará? Estará bien?- preguntó nerviosa.

-Mire, en estos casos, cuando la paciente pasa más de 24 horas sin ninguna mejoría, las posibilidades de que despierten son muy poco probables- suspiró un poco –Lo siento, pero no puedo decirle nada con exactitud, quizás despierte en unas horas, en unos meses, en unos años o tal vez nunca-

Emma se quedó en shock al escuchar esas palabras, no podía ser cierto, no podían arrebatarle así a Regina, quería gritar y romper todo por la rabia que estaba sintiendo. Sentía como su mundo se estaba viniendo abajo, cada vez más. Pero no iba a solucionar nada comportándose así, sólo se limitó a asentir con los ojos aguados –Está bien, gracias doctor… yo me quedaré con ella-

El hombre la miró sintiendo pena, se notaba que estaba muy afectada, pero no podía hacer nada más por ellas. Se dio la vuelta saliendo de la habitación.

La rubia cerró la puerta y se acercó a la alcaldesa, las lágrimas mojaban todo su rostro. Tomó una de las manos de la morena mientras posaba la otra en su frente, acariciándola –Regina… soy yo, soy Emma- cogió aire, no podría hablar si no dejaba de llorar –Siento no haber llegado antes, no sabía dónde estabas y te busqué como loca-

No sabía qué estaba haciendo, en las películas la gente hablaba con la gente en coma pero ella se estaba sintiendo un poco idiota. Sin embargo, necesitaba decirle todas esas cosas, tenía que ser sincera por una vez.

-Perdóname Regina… fui una idiota, quise hacer lo mejor para mi familia y elegir a Neal porque era lo correcto para todos. Pero qué equivocada estaba! No era feliz a su lado, porque mi felicidad está contigo. Me intentaba convencer una y otra vez de que tú eras la elección incorrecta y que debía eliminarte de mi vida- hizo una pausa –Todas esas cosas que dije… eran mentira, no te quiero lejos de mí, eres una persona con un gran corazón y sé que eres capaz de amar. Y sí, sé que has hecho cosas malas pero… también sé que puedes cambiar y que podemos ser felices juntas, pero para eso necesito que despiertes- acarició su rostro suavemente sintiendo impotencia por no poder hacer nada más –Tienes que despertar Regina, tienes que volver a mí- las lágrimas no paraban de salir de sus ojos –Te amo-

La miró fijo, esperando un milagro, quizás sus palabras la hacían despertar, pero no, tras unos minutos se dio cuenta que su estado era el mismo. Llamó a su casa, dijo dónde se encontraba y no dio más explicaciones, sólo se aseguró de que no dijeran nada a Henry por el momento, no quería preocuparlo. Ya demasiado mal se sentía el niño por la ausencia de su madre como para enterarse de que había tenido un grave accidente.

Se quitó la chaqueta, estaba demasiado incómoda con ella, no había dormido nada durante la noche. Acercó una de las sillas a la cama de Regina y se acomodó en ella. Tomó la mano de la morena, no quería alejarse de su lado, si había cualquier cambio quería estar ahí. Apoyó su cabeza en el colchón mirándola, los párpados le pesaban demasiado y aunque no quería apartar la vista de ella, se quedó dormida.


-Emma…-

La rubia estaba durmiendo pero una voz la llamaba, abrió los ojos lentamente y al ver dónde estaba se sobresaltó. Miró a todos lados buscando de dónde venía ese sonido y la vio… Regina estaba despierta.

Una sonrisa se dibujó en el rostro de la rubia y se acercó a ella apretando su mano –Regina… estoy aquí, tranquila- una lágrima recorrió su mejilla –Has despertado…-

La morena la miró confusa, no entendía mucho lo que pasaba, le dolía la cabeza y seguía medio adormilada. Pero ahí estaba Emma, llorando y sonriendo a la vez –Qué ha pasado?-

-Tuviste un accidente- acariciaba suavemente la mano de la otra mujer –Estabas en coma y decían que seguramente no despertarías, pero lo has hecho- sonrió de nuevo –Te pedí que volvieras a mi lado y lo hiciste-

La alcaldesa sonrió levemente escuchando las palabras de Emma –Recuerdo haber soñado contigo, con tu voz de fondo…- hablaba muy flojito.

La sheriff asintió con los ojos aguados –Sí, te dije lo que tenía que decirte hace tiempo, Regina, yo… siento todo lo que-

La morena la cortó para que no siguiera hablando –Chss… no importa- llevó su dedo a los labios de la rubia haciéndola callar –Ya tendremos tiempo de explicaciones- sonrió un poco. Tenía mucho dolor físico, pero eso no le impedía sentir como su corazón se iba llenando de a poco con la sola presencia de Emma a su lado. No sabía qué pasaría luego de esto, pero ya estaba agotada de luchar contra lo que sentía.

Emma miró la sonrisa dulce que le estaba dedicando Regina y no pudo evitar soltar una risita de felicidad. Se acercó a ella y la besó suavemente en los labios. Por una vez estaban dejando de lado su orgullo.