Bueno, ha llegado el fin de esta aventura, este capítulo es mucho más largo que los demás, esperamos que cumpla vuestras expectativas. Ya os dimos las gracias pero lo volvemos a hacer, gracias por disfrutar con cada capítulo tanto o más que nosotras. Y queremos informaros de que tenemos en mente un nuevo proyecto que llegará muy pronto, así que si os gusta cómo escribimos estad atentos porque en breves tendréis nueva historia. Un saludo y a leer!


Capítulo final. Lo correcto eres tú.

Durante los dos días siguientes Emma no se movió de su lado, las heridas de Regina se iban curando y pronto le darían el alta. Siempre que le dolía algo, que tenía sed o si simplemente se aburría, la rubia estaba ahí para ella.

A la alcaldesa le costaba creer que las cosas estuvieran saliendo así, luego de todos sus intentos fallidos de recuperar a la otra mujer, había perdido cualquier esperanza. Pero Emma le había contado que su relación con Neal había terminado y que ya no había nada que les impidiera estar juntas.

La sheriff había tenido que llamar a sus padres y decirles que no volvería a casa por unos días porque tenía asuntos muy importantes que atender. No iba a decirles el motivo real hasta que volviera a Storybrooke y pudiera hablar con ellos cara a cara. Emma temía su reacción, pero estaba segura de que tarde o temprano aceptarían su decisión.

Una de las noches que pasaron juntas en el hospital, la morena le había hecho un hueco en la cama a Emma y ambas estaban tumbadas boca arriba. El brazo de la sheriff rodeaba el cuerpo de Regina y eso la reconfortaba y la hacía sentir segura.

-Cómo era él?- preguntó la rubia en voz baja. Era tarde, pero ambas se habían acostumbrado a quedarse un rato hablando por las noches hasta que sus ojos se cerraban por el cansancio.

Regina levantó un poco la cabeza mirándola -Quién?- su mano estaba apoyada en el vientre de la otra mujer y movía suavemente sus dedos acariciándola. Se imaginaba a quién se refería, pero prefería preguntar.

-Daniel- tenía miedo de molestar a la morena con esta pregunta, por eso intentaba ir con cuidado.

La alcaldesa agachó de nuevo la cabeza, era raro volver a hablar de él, pero sabía que Emma lo hacía con buenas intenciones –Era muy bueno, cariñoso, me trataba como si fuera la persona más especial de mundo- hizo una pausa y se quedaron en silencio unos segundos –Por qué ese interés? Estás celosa?- sonrió un poco.

-No- dijo la rubia sonriendo también –Me interesa saber cosas de tu vida, de toda ella- su mano subía y bajaba en la espalda de Regina.

-No te gustaría la mayoría de las cosas- suspiró levemente recordando muchos eventos de su pasado que aún le producían dolor en el pecho. Ya no había vuelta atrás, quizás si no hubiera hecho todo eso no podría haber alcanzado la felicidad con Emma y Henry, pero de todas formas le dolía haber sido esa clase de persona.

-Regina- dijo llamándola, la mujer movió su cabeza parar mirarla –Me costó mucho decidir de una vez que quería estar contigo, pero cuando lo hice fue teniendo en cuenta todas y cada una de tus acciones, virtudes y defectos. No debes tener miedo de que vaya a arrepentirme por contarme lo que viviste– fijó la vista en sus ojos -Sé que ha hecho cosas de las que no te sientes orgullosa, pero aquí y ahora eres otra persona, has evolucionado, eres una madre para Henry y una maravillosa mujer a la que amo.

Una gran sonrisa se dibujó con el rostro de Regina, se acercó un poco a ella y besó tiernamente sus labios –Sabía que me traerías problemas desde el primer momento en que te vi- se rio un poco y volvió a acomodarse apoyada en el pecho de la rubia.

-Deberíamos descansar, mañana volvemos a casa- Emma había tenido que convencer al doctor de que la dejara irse pronto del hospital prometiéndole que se ocuparía de que Regina hiciera reposo.

-Está bien- dijo cerrando sus ojos. Llevaban un par de minutos en silencio hasta que la morena volvió a hablar –Emma?-

-Sí?- preguntó la rubia medio dormida.

-Yo también te amo- hacía tiempo que quería pronunciar esas palabras, y esta vez lo hizo sin miedo.

Ambas sonrieron con los ojos cerrados, Emma besó su frente y se quedaron dormidas tranquilamente.


-Estoy nerviosa- Emma estaba sentada en el borde de la cama, en la habitación de la alcaldesa. Jugaba con unas hojas arrugándolas cada vez más.

-Todo irá bien, ten en cuenta que si van a matar a alguien será a mí- sonrió un poco intentando hacer que la rubia se tranquilizara. Habían llegado hace un rato, pero Emma ya la había obligado a recostarse en la cama para hacer reposo. Tampoco la dejaba usar magia para terminar de sanarse porque eso al mismo tiempo podría debilitarla.

-No me calmas así- dijo mirándola con una ceja levantada –Por si acaso deberías usar tu magia y ponerte un escudo alrededor-

Regina soltó una carcajada que hizo que le dolieran las costillas –Auch… no me hagas reír-

-No es de risa- sonrió un poco y se levantó acercándose a ella –No hagas esfuerzos o te llevaré con Whale el resto de la semana- besó sus labios –Si no vuelvo en un par de horas piensa seriamente en lo del escudo-

-Lo haré, suerte!- dijo mirando cómo la rubia salía de la habitación.

Unos minutos después llegaba a la casa de sus padres, era fin de semana, así que tanto ellos como Henry estarían ahí.

Nada más entrar el pequeño corrió a saludarla –Dónde estabas? Sabes algo de mi madre?- el niño estaba preocupado.

-Sí, no te preocupes, está en casa tranquila- le sonrió, en esos pocos días lo había echado de menos.

Mary Margaret y David se acercaron a ellos –Emma, estamos confundidos tu padre y yo no entendemos qué ha estado pasando últimamente- su madre la miraba fijo.

-Lo sé, he venido a aclarar todo… nos sentamos?- caminaron hacia el sofá de la sala y se acomodaron, los tres miraban fijamente a la rubia poniéndola un poco incómoda. Le sudaban las manos por los nervios –Bueno, estos días he estado con Regina-

-Pensé que se había ido de Storybrooke- dijo David mientras su mujer lo miraba asintiendo.

-Sí, así era, pero tuvo un accidente que le causó algunas heridas y la dejó en coma- esas palabras hicieron que todos se sorprendieran –Pero está bien!- dijo antes de que Henry empezara a hacerle preguntas como loco –La encontré y… por suerte despertó y ahora está en casa como les he dicho-

-Es muy bueno por tu parte que te hayas tomado la molestia de cuidarla Emma- Mary Margaret sonrió pensando que su hija había hecho el papel de la salvadora una vez más y había cuidado a la alcaldesa como una obra caritativa.

-Bueno, eso no es lo que realmente les quiero contar –los miró a todos, ellos tenían la vista fija en ella, conteniendo la respiración, como esperando que una enorme bomba estallara y Emma pensó que quizás iba a ser peor que eso –Antes de que Neal llegase al pueblo- empezó a hablar lentamente, intentando medir cada una de las palabras que salían de su boca –Entre Regina y yo empezó a surgir algo- no quería parar, tenía miedo que si dejaba un solo segundo de silencio iban a empezar a soltar miles de cosas contra ella –Ninguna de las dos teníamos muy claro el qué y cuando él llegó todo fue muy confuso y decidí que a pesar de mis sentimientos lo mejor iba a ser intentar que funcionasen las cosas porque era el padre de Henry- miró al niño cuando dijo eso –Y él merecía que sus padres estuvieran juntos. Pero los tres nos vieron y pudieron notar que no éramos felices, y el problema no era Neal. Él es bueno y sé que me quiere, pero… el problema era yo. No podía borrar de mi mente ni de mi corazón lo que sentía por Regina. Pero ahora ya no hay nada que pueda evitarlo, ambas nos hemos dejado de tonterías, y sí, ha hecho falta que ocurriera ese estúpido accidente, pero ahora sabemos que nos queremos y que vamos a estar juntas- se quedó callada, sus padres y su hijo la miraban muy fijo, sólo habían pasado unos pocos segundos en silencio pero a Emma le parecía una eternidad. Sus expresiones eran de sorpresa, no podían creer lo que acababa de decir.

-Estás diciendo que se quieren en plan amor?- preguntó Henry confundido y Emma asintió. El pequeño empezó a atar todos los cabos sueltos que había en su cabeza, no era nada tonto. Las depresiones de sus dos madres, los llantos, las peleas, que Emma no quisiera irse a vivir con Neal… todo empezaba a tener sentido. No le desagradaba, al contrario, era bueno saber la verdad.

-Emma… estás bromeando?- el labio de Mary Margaret temblaba, estaba conteniendo el llanto –Porque si es una broma no tiene ninguna gracia, sabes perfectamente el daño que esa… mujer hizo a esta familia-

David pasó un brazo por los hombros de su esposa –Esa bruja nos separó de ti, fue la culpable de robarte tu infancia- el tono de su padre era duro y serio.

-No es ninguna broma y soy muy consciente de lo que hizo, pero ahora es otra mujer, ya ha pagado por sus pecados, merece su final feliz como cualquiera y yo también- intentaba hablar relajada –Y no lo quiero con otra persona, lo quiero con ella-

Mary Margaret no pudo soportarlo más y estalló en lágrimas, se cubrió el rostro mientras su marido la abrazaba. Emma se había estado comportando muy extraña y tenían algo en mente, pero nunca hubieran imaginado esto. Hubieran imaginado que tenía una relación clandestina con cualquier habitante del pueblo menos Regina.

La sheriff suspiró al ver la escena –Siento que se lo tomen así, pero es la verdad y tenían que saberlo, espero que con el tiempo puedan comprenderme- no quería seguir ahí en ese momento. Ver cómo sus propios padres se tomaban la noticia así la puso muy mal, miró a Henry –Hey chico, quieres ir a ver a tu madre?- el pequeño asintió y ambos salieron de la casa dejando atrás lo llantos de Mary Margaret.


Henry corrió hacia la habitación de su madre y fue a abrazarla en la cama –Te eché mucho de menos!- dijo con una sonrisa en los labios.

Regina, llena de felicidad lo abrazó con fuerza, pero con cuidado de no hacerse daño –Yo también cariño- En ese momento Emma entró en la habitación y la morena levantó la vista mirándola –Cómo ha ido?-

La sheriff se encogió de hombros –No muy bien- se sentó en el borde de la cama.

Regina alargó el brazo tomando la mano de la otra mujer, acarició suavemente el dorso –Lo siento…- aunque no soportaba a los Charming no le gustaba ver sufrir a Emma.

El niño las miraba curioso –Son buenos, tarde o temprano lo aceptaran- ambas madres lo miraron –A mí me encanta que estén juntas, sólo quiero que sean felices y ahora voy a poder estar con mis dos madres- sonrío contento pero una duda le rondaba en su cabeza –Voy a poder ver a mi padre?-

Regina besó la mejilla de su hijo. No le agradaba Neal, le había hecho la vida imposible en estos últimos meses, pero ahora Emma y Henry estaban con ella, no podía pedir más, ya no valía la pena seguir buscando inconvenientes –Claro que lo puedes seguir viendo…- luego giró la cabeza hacia a la rubia que la miraba sonriendo. Hacían una bonita familia.


Habían pasado casi dos semanas. La relación entre Emma y su padre era bastante normal, él la trataba como siempre, por más que no le gustara que estuviera con Regina, no tenía intenciones de cambiar el trato con su hija, más bien intentaba no pensar en aquello.

Pero el verdadero problema era con su madre. No le hablaba en absoluto. La mujer parecía muy ofendida, aún no había podido comprender ni aceptar a quién la rubia había elegido para pasar el resto de sus días.

En la mañana intentaban no cruzarse para no tener que hablar, aunque en el fondo las dos se morían por compartir sus confidencias como lo hacían antes, pero parecía que el orgullo era más grande.

Por su parte, Regina estaba casi recuperada. Emma aun no le permitía utilizar magia ni alejarse mucho de su casa, pero la morena tampoco tenía mucha objeción. La rubia y Henry pasaban mucho tiempo en su casa, a veces se quedaban a dormir, otras sólo iban a cenar. Preferían compartir el tiempo con Mary Margaret y David para que no se sintieran desplazados.


Mary Margaret había pasado la mañana con Henry y su marido, lo habían pasado realmente bien, aunque la morena echaba de menos que Emma no pasara tanto tiempo con ellos como antes. Desde que Regina había entrado en su vida ellas no tenían la misma relación y eso la afectaba mucho.

El niño iba a merendar con sus madres en la casa de la alcaldesa y la mujer de pelo corto se había ofrecido a acompañarlo, caminaría con él sólo hasta la puerta, no quería ver a Regina.

-Nos vemos en la noche cariño?- preguntó Mary Margaret a su nieto mientras besaba su frente.

-Sí, mi madre dijo que cenaríamos con ustedes, hasta luego- ya estaban delante de la casa, Henry caminó hacia la puerta y usó su llave para abrir, dijo adiós con la mano y se metió dentro.

La mujer se puso a caminar en dirección a su casa pero escuchó unas voces, parecía la de Emma, se fijó bien, y sí, eran ella y Regina, estaban en el patio de la morena, sentadas en un banquito. Desde donde estaba Mary Margaret no podían verla.

Su hija rodeaba la cintura de la otra mujer con el brazo y hablaban tranquilamente. No podía escuchar qué decían con claridad, pero se fijó en sus rostros y gestos. Parecían felices, Emma dijo algo y la alcaldesa se puso a reír. Hacía tanto tiempo que no escuchaba la risa de Regina, se le veía radiante a pesar de no estar del todo recuperada aún. En ese momento un recuerdo le vino a la mente, era el recuerdo de esa joven a la que conoció siendo una niña. Esa amable mujer que le salvó la vida y que la trató tan cariñosamente. Sólo una persona había hecho tan feliz a Regina, y esa persona era Daniel. Recordó la noche en la que los encontró en los establos y aquella mujer de pelo moreno largo, le explicaba lo que era el verdadero amor. Entonces, pudo verlo con claridad, la que había sido su madrasta hace tantos años no estaba vengándose, no intentaba volver a hacerles daño conquistando a su hija, era una mujer enamorada.

Mary Margaret no pudo evitar sonreír, se querían, no le cabía ninguna duda, por mucho que se empeñara en creer otra cosa su hija había encontrado el amor y la felicidad al lado de Regina.


Al caer la noche Emma volvía a casa de sus padres con Henry. Cenarían juntos, seguramente sólo hablarían el niño y David, como era costumbre.

Pero esa noche las cosas cambiarían. Apenas llegaron Mary Margaret miró muy fijo a Emma –Podemos hablar un momento a solas?-

La rubia asintió y ambas fueron a uno de los cuartos cerrando la puerta.

-Emma… quiero pedirte perdón. Creo que es hora de que deje de rememorar todo el pasado, recordando todo lo que nos hizo Regina porque ya no vale la pena –la mujer hizo una pausa tomando aire- No quería verlas juntas porque pensaba que eso iba a enojarme más. Pero sabes qué? Hoy vi como la abrazabas y reían juntas. Entonces lo supe, se aman y no puedo ni quiero hacer nada para impedirlo- las lágrimas se deslizaban por el rostro de la mujer de pelo corto mientras se reflejaba en los ojos esmeralda de su hija.

Emma sonrió al escuchar el discurso de su madre, y antes de poder soltar una palabra se acercó a abrazarla muy fuerte –Yo sabía que Snow White algún día iba a comprenderme- los ojos de la rubia se llenaron de lágrimas –Gracias… mamá- Era la primera vez que Emma se lo decía. Por primera vez había tenido la necesidad de decírselo.

Mary Margaret sonrió ampliamente muy emocionada sin poder parar de lagrimear, parecía irónico que Regina fuera la que terminara de completar su familia, y la causante del gran paso que había dado su hija.

No bastaron más palabras, madre e hija habían llegado a comprenderse. Mary Margaret haría el mayor esfuerzo por aceptar a Regina, y Emma por su parte, le daría el espacio y tiempo que necesitara a su madre para hacerlo.

Esa misma noche, Mary Margaret comenzaría una nueva vida, o más bien, una muy parecida a la de los cuentos de hadas.


Todo estaba planeado, la gran cena en casa de Regina sería un gran suceso, la Reina Malvada comiendo con toda la familia Charming era algo que daría que hablar al día siguiente.

La morena decidió preparar su platillo especial: lasaña –Estás segura que esta cena es lo correcto? Aún puedo creer que vaya a cenar con tus padres- aunque se hacía la dura, Regina estaba muy nerviosa.

-Tranquila, ya te dije que está todo perfecto con ellos. Fue idea de Henry, pero no te preocupes- la rubia intentaba animar a su mujer, quería que todo saliera de maravilla. Se acercó a abrazarla por detrás.

Regina sonrió un poco –He preparado un postre sorpresa… seguro que a ti te encanta. Bueno, te gustan todos los postres existentes en el mundo-

Ambas estaban compartiendo un lindo momento juntas hasta que el timbre de la gran mansión se hizo escuchar. Ahí estaban, los causantes de que Regina hubiera creado la maldición, los padres de la mujer que la rompió, pero por sobre todas las cosas, eran los que le habían regalado su felicidad sin querer.

Emma fue a abrir la puerta, Henry le dio un beso en la mejilla y luego entró corriendo a la cocina para saludar a su otra madre. La dulce pareja traía un buen vino y algo para acompañar la cena. Era la primera vez que Mary Margaret visitaba la casa de la que había sido su madrastra. No cabía duda que desbordaba en lujos, aunque para ella no era lo indispensable, era muy feliz en su pequeña casa con su esposo e hija.

La rubia los hizo acomodarse en la gran mesa del salón para esperar la comida. Todo era silencio, hasta que Henry volvió con ellos para romper un poco el hielo.

Regina pensaba en qué forma saludarlos sin quedar demasiado amable, pero tampoco ser demasiado brusca. Caminó con la fuente caliente de lasaña y la puso en el centro de la mesa –Espero que sea de su agrado, es mi mejor receta- intentó sonreír un poco.

-Está perfecto, nos encanta la lasaña- David respondió enseguida antes de que cualquiera pudiera hacerlo.

La rubia se incorporó un poco para servirles a todos, ya estaba acostumbrada a colaborar con las cosas de la casa.

Todos comenzaron a comer en un silencio bastante incómodo, hasta que a Henry se le ocurrió decir algo un poco impredecible –Entonces ahora que están juntas ¿Van a casarse?- el niño sonrió mostrando todos sus dientes como si fuera lo más normal del mundo.

Mary Margaret casi se atraganta al escuchar la pregunta de su nieto, pero la que se puso más nerviosa fue Emma, nunca en su vida se había planteado casarse. No porque no hubiera amado a nadie lo suficiente, sino porque le parecía algo innecesario, carente de sentido –De dónde sacas esas ideas? No soy muy de las bodas. Ni loca me pondría un vestido blanco!-

Todos la miraron muy serio. La boda de Snow y Charming había sido casi perfecta, salvo por la pequeña interrupción de la Reina Malvada al comienzo, y Henry realmente quería que sus madres de alguna manera sellaran ese cariño tan grande que se tenían. Está bien que Mary Margaret no había pensado en una boda hasta ese momento, pero le hacía ilusión, no tendría otra chance de asistir al casamiento de su única hija.

A Regina por algún tipo de motivo no le gustó la contestación de la rubia. Desde que tenía uso de razón, cuando dos personas se amaban lo más lógico era que se casaran y tuvieran una gran fiesta con todos sus seres queridos. Le dio melancolía recordar que no tuvo tiempo de hacerlo con Daniel, aunque hubiera sido algo sencillo y a solas, pero lo peor fue traer de nuevo a su mente el recuerdo de la boda con el padre de Snow. Había tenido todos los lujos habidos y por haber, pero faltaba lo más importante: el amor.

-Creo que sería lindo que se casaran- todos miraron sorprendidos a la mujer de pelo corto, no podían creer que siquiera lo estuviera sugiriendo –Bueno, pero si no quieres…-

Regina miró a Mary Margaret sintiendo que luego de mucho tiempo estaban pensando igual –Creo que deberías escuchar más a tu madre-

-Lo pensaré vale? Pero podemos hablarlo en otro momento? Estamos teniendo una agradable cena…- la rubia resopló, odiaba las bodas y pensaba que una de este tipo sería peor que cualquier otra del mundo exterior.

El tema quedó rondando en la cabeza de la alcaldesa pero intentaba no darle la suficiente importancia, probablemente la rubia tenía razón y era algo innecesario. Se levantó de la mesa para ir a buscar el postre. Quería poner a prueba a su querida suegra, se suponía que luego de dar este gran paso la confianza entre ellas debería crecer. Preparó su especialidad en cuanto a postres, nadie sabía hacer tantas delicias a base de manzanas frescas como la morena. Esta vez había tocado un pastel de manzanas, el preferido de Henry –Bueno, hoy preparé todo lo que mejor me sale- apenas puso la fuente sobre la mesa el olor a manzanas era casi inconfundible. Cortó un trozo y le dio la primera porción a Mary Margaret –Vamos querida, tú deberías ser la primera en probarlo. Y no te preocupes, en caso de que te duermas tu marido está a tu lado- la morena rio un poco.

A la única que le pareció también gracioso fue a Emma, el resto miraban muy atentos a la pequeña mujer, como si verdaderamente Regina fuera a hechizarla. Mary Margaret lo probó, algo temerosa, pero apenas el dulce sabor rozó su boca no pudo evitar demostrar lo delicioso que estaba –Mmm… realmente no me interesa si le has puesto algo-

Todos rieron a la par, la situación parecía una ironía, pero por suerte de las buenas. Regina les sirvió a los restantes que también alagaron su tarta. Pero la morena volvió a poner una cara larga, seguía pensando en lo de la boda. Cuando todos terminaron comenzó a recoger los platos junto con Emma.

Caminaron hacia la cocina y Regina se puso a fregar en silencio mientras la rubia traía el resto de cubiertos –Estás muy callada, pasa algo?- preguntó Emma poniéndose al costado de la otra mujer.

-No, está todo bien- respondió muy seria.

La sheriff conocía lo suficiente a su novia como para creerse esa contestación, se cruzó de brazos mirándola –Creía que habíamos decidido no mentirnos ni ponernos con esas actitudes de orgullo-

Regina suspiró, dejó los platos y se giró mirándola –Es una tontería Emma, no me gustó tu actitud frente a lo que dijo Henry, sólo eso. Quizás es porque tengo un pensamiento distinto al tuyo-

La rubia fijó la vista en los ojos de la alcaldesa y se tomó unos segundos de silencio. Pensó en Daniel, en cómo no había podido casarse con él y en la horrible boda que debió tener al casarse por obligación. Entonces, pudo comprender por qué casarse era tan importante para ella.

Dio unos pasos hacia delante y tomó las manos de la morena entre las suyas –Regina… nunca me he imaginado casándome, ni con un vestido blanco ni todas esas cosas. Y no había visto necesaria una boda para nosotras, porque para mí no es necesario un papel que diga lo mucho que nos queremos. Lo nuestro va más allá de cualquier ceremonia –sonrió un poco -Pero sé lo que significaría para ti, sería tu final feliz después de todo lo que has pasado. Mostrarías a la gente que puedes amar y que eres amada, y enseñarías cómo eres en realidad. No puedo borrar el dolor de tu pasado, aunque sería lo que más desearía del mundo, pero sí puedo darte esa boda que tanto deseas y sé que la disfrutaré tanto como tú– hizo una pequeña pausa -Regina Mills, te casarías conmigo?-

La morena tenía la cara llena de lágrimas que se habían ido formando conforme Emma hablaba y cuando escuchó esas palabras no pudo evitar sonreír como una tonta. Se acercó a ella poniendo sus manos en el cuello de la rubia y asintió –Sí Emma Swan, me casaré contigo-

La sheriff la tomó por la cintura sin poder borrar la sonrisa de su rostro y la besó con ganas.


El gran día había llegado, Regina se miraba frente al espejo, llevaba un precioso vestido blanco y el pelo recogido con un bonito tocado. Estaba bajo una carpa que había improvisado para arreglarse, la celebración iba a ser en el bosque, el cual habían habilitado gracias a la magia entre ella y el hada azul, creando un lugar idóneo y perfecto para una boda.

Habría flores decorando cada rincón, pequeñas banderitas colgarían sobre la gente, y unas sillas estarían colocadas frente a una especie de altar para sentar a los invitados. Ya todos esperaban fuera, y no quería retrasar aún más el momento.

-Estás guapísima- la voz del pequeño Henry hizo que se girara.

-Gracias mi amor, qué haces aquí? Pensaba que esperarías fuera con los demás- se acercó a él, llevaba un elegante traje negro con pajarita.

-No puedes casarte sin padrino, y el abuelo me ha estado enseñando cómo hacerlo, me concedes el honor?- dijo levantando su brazo para que su madre se agarrara a él.

Regina sonrió ampliamente y tomó el brazo de su hijo –Será un placer-

Caminaron dirigiéndose al exterior, la morena tomó aire, estaba muy nerviosa. Sus piernas daban un paso tras otro hasta que salieron al bosque, todo estaba precioso, los invitados se pusieron en pie, eran más de los que esperaba, pero al final todos habían querido estar ahí para ver ese gran acontecimiento. Quizás no le tenían tanto aprecio como a Emma, pero estaban aprendiendo a quererla, decenas de ojos se clavaron en ella y eso le hizo ponerse más nerviosa aún.

Pero miró al frente y la vio, allí estaba ella con un sencillo vestido color crema, su futura esposa que la miraba con una sonrisa en los labios y los ojos aguados. Todos los nervios desaparecieron. Entonces supo que con ella a su lado ya no habría más dolor, ni más oscuridad, ni más maldad. En ese instante, comenzaba el final feliz que ambas merecían.

FIN