Capítulo 11: Se desata el infierno con aires de cielo
La ciudad estaba aprisionada por un temporal, lluvias intensas y tormentas eléctricas, hace dos semanas que habían suspendido las clases y ya estaba desesperado.
Las cosas se tornaron tan oscuras en tan corto tiempo, jamás imaginé estar en una situación así de complicada, todo se me había salido de las manos, ya no aguantaba más, necesitaba irme lejos, lo más lejos que pudiera, me sentía asfixiado.
Kagome y yo no habíamos hablado en todo este tiempo, la extrañaba, pero al mismo tiempo no sentía deseos de verla, me sentía abrumado totalmente por su última confesión, que me deseara me hacía sentir vacío, sin valor, yo no quería eso, por supuesto que no, ella no me amaba, sólo era un maldito deseo carnal y yo como idiota, acepté.
Ella estaba jugando, tanto conmigo, como con su maldito novio, mirando hacia atrás, nunca debí permitir que Sango llevará a alguien ese día, seguramente las cosas seguirían normales entre nosotros, seguiríamos siendo amigos, seguiría amándola en silencio, y por ningún motivo habría estado con Ayame.
¡Joder! Dije al aire, estaba encerrado en mi habitación, ese día el clima mejoró un poco, ya no llovía, pero las nubes no tenían ninguna intención de abandonar la ciudad.
Revisé mi celular y comprobé que, al fin, después de mucho, tenía señal.
-Koga- oí la voz de Ginta tras la puerta.
- ¿Qué quieres? - contesté fastidiado- entra.
-Saldremos...iremos al supermercado, han dicho en la radio que ya no habrá tormenta, pasaremos un rato a la casa de Ranma- me limité a asentir con la cabeza- ¿Necesitas algo de la tienda?
-No- me acerqué a mi velador y tomé las llaves de mi auto- ten- se las lancé- tengan cuidado, idiotas.
Salió de la habitación riendo, después de unos minutos oí como se iban, me quedé completamente solo, y eso, por primera vez, no se sintió para nada bien, me sentía arruinado.
Decidí dormir una siesta hasta que llegaran mis hermanos, de pronto escuché el timbre y pensé que de seguro se les había olvidado algo y dejaron las llaves de la casa, con mucha pereza me levanté.
El timbre volvió a sonar.
-¡Ya voy, maldición!- grité, y cuando abrí la puerta, me llevé una sorpresa, una extraña sorpresa.
-Kagome- susurré, ella sólo sonrió- pa-pasa.
-Siento venir así, pero...necesitaba hablar contigo...no he dejado de pensar en todo y...
-Kagome. Si estas arrepentida yo entiendo- dije sin mirarla a los ojos.
Ella se sentó en el sofá, observándome, podía sentir el peso de su mirada, mi cuerpo comenzó a temblar y mi corazón parecía caballo desbocado, hice lo posible por calmarme.
-Koga...yo terminé con InuYasha esa misma noche, antes de que comenzara el temporal- su voz no me demostraba tristeza, no había nada de eso- yo no quería mentir... Esto que siento es demasiado complicado- me senté frente a ella y vi como jugueteaba con sus dedos, claramente estaba nerviosa- vine aquí apenas supe que no habría otra tormenta. Me he sentido tan mal estos días.
-No eres la única- dije y me acerqué a ella- necesito entenderte...Kagome, somos amigos, siempre hemos sido amigos...necesito tu sinceridad- ella me miró tratando de transmitir algo que no logré descifrar hasta el día de hoy, como pude ser capaz de ser tan estúpido, supongo que eso no ha cambiado a pesar del tiempo.
En fin, pasaron unos minutos y unas lágrimas cayeron por el rostro de Kagome la abracé suavemente, como si se fuera a romper en cualquier momento, ella correspondió a mi abrazo de manera anhelante, dejando ver una necesidad, una necesidad que no supe interpretar.
-Koga…debes pensar que soy una persona horrible- dijo después de un rato.
-Claro que no, Kagome- me separé de ella y me levanté, fui por un vaso de agua para ella.
-Terminé con InuYasha, porque no aguataba ser tan traidora…por eso quiero ser honesta contigo.
-Es lo que más quiero, Kagome- mi cuerpo entero sabía que lo que me iba a decir, no me iba a gustar nada.
-Lo que siento por ti, es tan raro, Koga…Koga lo que voy a decirte, la razón por la que estoy aquí no te va a gustar nada, yo…yo no soy lo que piensas…
-Tu no podrías saber eso- la interrumpí, pero es que la manera que tenía de hablar de lo que yo pudiera sentir o pensar, me hartaban- solo di las cosas sin tantos rodeos.
-Koga, yo no sé muy bien cómo nació esto, yo…yo estoy enamorada de InuYasha, yo me conecto con él a nivel emocional, mi mente…no sé cómo explicarlo, no sé- dijo tapándose la cara con ambas manos- me siento una maldita cualquiera…pero ¡maldición! Tú, tú eres el que me atrae a nivel físico, InuYasha no despierta en mi un deseo, Koga, perdóname, por verte de esta manera, he soñado tantas veces últimamente que tú y yo...bueno ya sabes…
Ya sabía que algo así podría pasar, ya intuía que Kagome no sentía nada por mi salvo ese deseo, la miré sin decir una sola palabra, tomé el puente de mi nariz tratando de mantener la calma, tratando de tomar una decisión, pensado en qué rayos haría, debía alejarme de ella, eso era lo mejor.
-Kagome, tenías razón- me senté a su lado- debemos alejarnos, yo no te hago bien… ni tu a mí- suspiré, pude notar que sus hombros se tensaban, estaba claro que no era lo que ella quería- las cosas entre nosotros se han complicado de una manera en que nos está haciendo daño.
-Tienes razón, por mi culpa te separaste de Ayame.
-Podría decir lo mismo- solté irónicamente, pero no negué lo que dijo.
Nos quedamos en silencio por largo rato, mirando a la nada, por mi mente corría la idea de confesarle todos mis sentimientos, de acabar con todo eso de una maldita vez, yo amaba a Kagome desesperadamente, tanto que me sentía enfermo de amor, sí, esa es la descripción, estaba y tal vez estoy enfermo de amor, un amor que roza la locura, un amor que me consume y me destroza.
No sé cuánto tiempo pasó en que nos quedamos así, como si de repente las cortinas de mi sala, fueran lo más interesantes del mundo, fuimos llevados de vuelta a la realidad, por el fuerte ruido de un trueno, Kagome se estremeció.
-Será mejor que regrese a mi casa, tal vez vuelva a llover- dijo ella, con una voz sumamente apagada.
-En la radio dijeron que ya no llovería- no quería que se fuera, no quería que nuestra amistad se terminara de esta manera, otro trueno acompañado de un rayo, ella me miró asustada, sabía que le temía- tranquila, voy a dejarte a tu casa ¿en qué viniste?
-Caminando- agachó la cabeza- no te preocupes, sabes que vivo cerca, sola vine y sola me iré- quería debatirla, pero no me dejo decir palabra.
Se paró, me dio un último vistazo y se fue dando un pequeño portazo, no fui capaz de levantarme del sofá, en ese momento, todo estaba terminado, todo.
Escuché otro trueno, bastante sonoro y luego la lluvia, una fuerte lluvia porque retumbaba estruendosa en el techo de mi casa, me levanté rápidamente y salí con un paraguas, a toda velocidad esperando encontrarla escondida en algún pórtico o alguna parada d autobús. Me reproché mil veces por no haber insistido en acompañarla.
Y la encontré, oculta en unos árboles, mientras otro trueno se adueñaba del cielo, pude ver como temblaba. Corrí hacia ella.
-Eres tonta, cómo te escondes en un árbol cuando hay rayos, ven- le tomé de la mano y comprobé que estaba empapada, instintivamente la abracé- vamos a mi casa- ella solo asintió, como si fuera una pequeña niña.
Llegamos a mi casa, subí rápidamente a mi habitación y tomé unas toallas.
-Ten, si quieres puedes darte un baño y luego usar algo mío…una camiseta o algo para que no te enfermes.
-Gracias- su tono era apenas audible- Koga…
-Ven, vamos debes darte ese baño, puedo preparar chocolate caliente después- sonreí- Kagome, no somos desconocidos- ella asintió y de dejo guiar por mí.
Subimos en silencio las escaleras, mi corazón estaba muy alocado y mis manos se sentían heladas, estaba jodidamente nervioso.
-Bien, el agua caliente sale por la llave roja y la fría por la azul, hay más toallas limpias en el cajón amarillo- le daba indicaciones como si nunca hubiese estado ahí, pero la verdad era que Kagome se había quedado muchas veces en mi casa, ella ya sabía todo lo que le estaba diciendo, pero, joder, estaba tan nervioso.
-Lo sé- dijo suavemente, pude notar que estaba temblando y sus dientes castañeaban un poco, me acerqué y la abracé.
-Estas muy helada, date prisa…yo bajaré a preparar ese chocolate…
-Koga…
-N-no, Kagome- se acercó a mí lentamente.
-Lo siento, Koga, pero te necesito, te necesito tanto.
Y me besó, de una manera tan dulce, intuía que algo así pasaría, ya estábamos en esto, ya no importaba lo demás, ella había dejado a ese idiota, aunque lo amara, no me importaba caer en el infierno, si podía estar con ella, por lo que la besé más profundamente, tomé su cintura, y comencé a recorrerla con mis manos, su cuerpo tan malditamente perfecto, bajé a su cuello y ella soltó un pequeño gemido que me volvió loco, esta vez no pararía y ella sentía lo mismo.
Comenzó a deshacerse de mi camiseta, con desesperación, por lo que yo hice lo mismo, le saqué su chaqueta y luego su blusa, dejándola solamente en brasier, nos miramos unos segundos, como haciéndonos la pregunta de si continuar o no, ambos sabíamos que no habría punto de regreso, ella me volvió a besar, por lo que no había vuelta atrás, la besé, comiendo de sus labios, tan deliciosos, tan malditamente adictivo, ella correspondía con el mismo deseo, comencé a acariciar sus pechos, redondos y exquisitos, como si hubiesen sido hechos a mano, ella soltó otro gemido, por lo que la tomé en mis brazos y ella se sostuvo de mi cuello, rodeando mi cintura con sus piernas, mis manos estaban sobre sus muslos, en ningún momento dejamos de besarnos, me acerqué a la ducha y di el agua caliente.
-K-koga- susurró en mi oído.
Comenzó a buscar el cierre de mi pantalón mientras yo la sostenía con fuerza, esta vez, con una mano, le arranqué la barrera que no me dejaba disfrutar sus senos, así comencé a besarlos, primero con delicadeza y después con desespero, al escucharla gemir, la deje en el piso de la ducha y la desnudé por completo, y me deshice de mis pantalones y ropa interior, ambos paramos un momento para observarnos, ni en mis mejores sueños pude imaginar un momento tan sublime como este. En sus ojos no había una pizca de miedo o arrepentimiento. La tomé nuevamente, mientras las gotas de agua caliente, me quemaban la espalda, ella empezó a besar mí cuello, haciéndome gruñir como un animal.
-Llévame a la cama- me dijo, expectante, mientras yo quería hacerle el amor ahí mismo, con el agua acompañándonos, pero entendía por lo que asentí y la volví a tomar de sus muslos, pero en ese momento, mi erecto miembro, golpeó sus caderas, haciéndonos estremecer- K-koga- nos besamos, mis manos estaban por todo su cuerpo y ella también me tocaba, haciéndome sentir en el cielo- Ha-hazlo aquí- dijo entre jadeos- ha-hazme el amor aquí- me detuve a mirarla a los ojos.
-¿Estas segura? – pregunté, ella asintió- Kagome tu…
-Sí, soy virgen- ya me lo suponía, pero saberlo era diferente, quería algo especial para ella, yo la amaba tanto.
-Aquí será algo incómodo para ti, yo quiero hacerte sentir especial.
-Koga, solo hazlo-y envolvió sus piernas en mi cintura.
Entendí a la perfección que era eso lo que ella quería, por lo que la besé en el cuello, llevando uno de mis dedos a su sexo, comprobando que estaba lista para mí, una corriente eléctrica se apoderó de mi cuerpo, al escucharla gemir mi nombre, suplicando para que entre en ella, para que la haga mía.
-Sostente de mi cuello y sujétate con fuerza con tus piernas, si te duele solo dime- ella respondió besándome y abrazándome del cuello- aquí voy.
Lentamente, introduje uno de mis dedos primero, ella tiro su cabeza hacia atrás, dejando a mi entera disposición sus suaves y perfectos senos, por lo que comí de ellos, ella gemía volviéndome loco, después con cuidado puse mi miembro en la pared de su sexo, estaba tan lista que casi entro de una vez de manera violenta, pero lo hice con sutileza, ella se quejó un poco por el dolor, por lo que lo hice despacio, besando sus cuello, sus piernas temblaban y pude sentir su corazón latir, el sonido del agua cayendo opacaba la lluvia de afuera, ella gemía mientras yo la penetraba, sin aun introducir todo mi sexo, ella se contraía.
-¿Puedes aguantar más? Necesito entrar por completo- ella asintió con algo se sorpresa en sus ojos- aquí voy.
Con un cuidado extremo de no lastimarla, la penetré por completo, ella soltó un grito, no de dolor, más bien, de placer.
-Kagome, comenzaré a moverme…
-Quiero ir a la cama- sonreí.
La llevé a la cama y la volví a penetrar, de manera un poco más brusca, pero ella no parecía sentir dolor, al contrario, me besaba el cuello y enterraba sus uñas en mi espalda, yo comía de sus pechos salvajemente, de cuando en cuando, gritaba mi nombre, sus quejidos bajo de mí, eran como la más dulce melodía, de repente, sentí como las paredes de su sexo se contraían y aprisionaban mi intimidad, ella comenzó a jadear y gemir, ya sabía lo que era, ella necesitaba la liberación, su orgasmo y yo se lo daría, tomé una de sus piernas y la puse sobre mi hombro, mientras acariciaba sus pechos y me movía más rápido, gotas de sudor de veían en su hermosa y nívea piel, comencé a envestirla más rápido hasta que por fin, dio un grito tan sensual, su sexo se contraía apretando mi pene, que llegar al clímax fue cosa de segundos, liberé toda mi esencia en Kagome, mi orgasmo fue tan profundo que me costó retomar la respiración normal, lo mismo pasaba con ella.
Suavemente me separé de ella y la observé, esperando que se arrepintiera de lo que habíamos hecho, pero me abrazó.
-Que se desate el infierno, con aires de cielo- dijo simplemente y me recosté junto a ella, escuchando la lluvia caer, en silencio.
Hola!
Lamento tanto la tardanza, pero la universidad me tiene tan ocupada, a penas y puedo leer y que decir de escribir, por eso hice este capítulo tan largo y con lemon, la verdad soy nueva escribiendolo, por lo que espero les haya gustado.
Gracias por leer y agradezco a todos sus hermosos comentarios, su apoyo es lo mejor y espero les siga gustando la historia y más aún ahora que ha tomado otro giro.
