El reloj marcaba la media noche, llovía nuevamente y el insomnio era mi mejor amigo en esos momentos, tenía mi vista pagada en el techo, recordando lo ocurrido en los últimos días, no sabía cómo sentirme, Kagome había sido mía en aspectos corporales, pero el amor le pertenecía a ese idiota, no podía sentirme superior a él porque ella solo me veía como un objeto en el cual saciar su deseo, y de paso, de aprender un poco...usado, tal vez esa es la descripción perfecta de mi estado.

Pese a todo esto, estaba feliz, al menos una parte de mí lo estaba, porque, después de todo, había estado con ella, ella quería estar conmigo y sentía celos, algo salvajes, sí, pero que hacían de nuestros encuentros los mejores.

Cerré los ojos para intentar dormir, cuando sentí mi celular vibrar en mi velador, al principio no tenía ganas de responder, pero volvió a sonar tres veces más.

-SÍ- respondí algo molesto, era un número desconocido.

-Koga- oí la voz de ella.

-Kagome ¿ocurre algo?- pregunté, sus llamadas a esta hora, eran normales- ¿Por qué me llamas desde este número?

-Koga...-suspiró- Koga, me siento mal- me paré de la cama al escuchar eso.

-¿Dónde estas? ¿qué te pasa?

-Estoy en mi casa...es solo que...quiero estar contigo...le temo a la lluvia torrencial y mañana es sábado, no te veré- me contestó y solté un suspiro.

-Kagome...

-Lo sé...no me digas nada, Koga- dijo en casi una súplica, mi corazón se apretó en mi pecho- Koga, por favor...ven por mí, esta noche lluviosa me recuerda nuestra primera vez juntos...

-Kagome- suspiré nuevamente- ¿Por qué empeoras más nuestra situación?

-No lo sé...¿vendrás por mi?

-Espérame- y colgué.

Y ahí estaba otra vez, haciendo lo que ella quería, otra vez...

Llegué a su casa, pero no me atrevía a bajar del auto, me sentía profundamente avergonzado, no entendía por qué, miraba la hora en la radio y escuchaba una lenta canción en inglés, digna de la situación. Me sentí patético, Kagome me llamaba y era suficiente para olvidarme de todo.

-¿Qué rayos me pasa?- susurré con tristeza, decepcionado de mí mismo. Mi celular volvió a sonar, era ella- Kagome.

-Koga, creo ver tu auto ¿eres tú?- preguntó algo ansiosa.

-Sí, acabo de llegar...pero no sé...

-Koga, por favor no digas nada, solo, solo llévame contigo- susurró.

-Esto está yendo demasiado lejos, sabes...- suspiré- solo ven y abrígate.

El camino a mi casa fue silencioso, pensaba en los acontecimientos que nos trajeron a vivir esto, en cómo se fue dando todo para acabar de esta manera, convertimos nuestra amistad en una relación meramente carnal, yo la amaba con todas mis fuerzas y mucho más en esos momentos que se había entregado a mí, pero tenerla de esa manera era aún peor que no tenerla.

-Koga, yo no sé qué está pasando entre nosotros, solo quiero que estés conmigo ahora...te necesito- dijo apenas llegamos.

-Entremos- me limité a responder.

-¿Kagome?- mi hermano estaba despierto y en la cocina- ¿qué pasa, qué haces aquí?

-Eh...es que...

-Se fue la electricidad de su casa y ya sabes que le tiene miedo a las tormentas, dormirá en mi habitación, yo me iré con Ginta, es el que ronca menos- contesté y traté de forzar una sonrisa.

-Ah ya veo, bueno está bien entonces, buenas noches.

-¿No dormirás conmigo?- preguntó cuando mi hermano ya subió a su habitación.

-No lo sé, Kagome, ya no quiero caer más...

-Tan fuerte es tu amor por ella- dijo, yo la miré sorprendido por su respuesta- no te preocupes, dormiré sola, solo quería verte, pero no importa, buenas noches y gracias por traerme aquí.

Y subió las escaleras, Kagome creía que la estaba rechazando por amar a Ayame, pero por supuesto que no era eso, pero no quería caer más bajo, los días que habíamos estado juntos han sido increíbles, pero no de la manera en que yo quería.

Decidí quedarme en el sillón, fui por mantas a mi habitación y la oí sollozar, tal vez ella también se sentía de la misma manera que yo, golpeé suavemente.

-Pasa.

-Kagome ¿te sientes bien?

-Sí, no creas que estoy así porque no quieres dormir conmigo...parece que InuYasha está saliendo con otra persona- soltó.

-Ah, era eso...una lástima- contesté seco, no me interesaba para nada estarla consolando por ese idiota- y ¿qué pretendías conmigo hoy entonces?

-Buscaba a mi amigo, a mi mejor amigo- y se lanzó a mis brazos y lloró como una niña pequeña que ha perdido a su mascota.

Solo le acaricié la cabeza y sentí como se me hacía un nudo en la garganta, ella lloraba así de amargamente por ese tipo, no por mí, no por la situación que estábamos viviendo, para ella eso era lo de menos y estaba claro.

Cuando ya se calmó un poco, me descubrí siendo mucho más utilizado de lo que creía, porque comenzó a besarme desesperadamente, como si no hubiera un mañana y me repetía una y otra vez que la hiciera olvidarse de él, y como idiota enamorado caí, y esa noche le hice el amor, como nunca en todo ese tiempo, porque lo hice con el alma, delicadamente, y decidí jugar un poco, así como ella lo venía haciendo conmigo, impidiendo que me viera con Ayame.

Caí en la trampa...en la trampa que me tiene en este maldito lugar.

(...)

Después de esa noche, algunos eventos se tornan confusos en mi mente, carecen de sentido, a estas alturas ya no sé si son juegos de mi mente o si de verdad ocurrieron.

Recuerdo que esa semana después de la pequeña, pero intensa tormenta, regresamos a clases normales, yo tenía una idea en mente que no me gustaba del todo, pero que sin embargo, estaba dispuesto a seguir, por ningún motivo me quedaría con los brazos cruzados.

Entré al colegio más animado de lo normal, lo primero que vi fue a Kagome con Sango, decidí acercarme y saludar de manera normal, como siempre había sido, quería ver si la incomodaba un poco.

-Hola muchachas- saludé con alegría, Kagome alzó sus cejas algo sorprendida.

-Koga- respondió Kagome.

-Hola, Koga- saludó Sango- ¿Estudiaste para el examen de historia? Porque Kagome no estudió nada.

-Ya veo ¿qué estuviste haciendo entonces, Kagome?- pregunté inocentemente- tal vez estuviste muy ocupada este fin de semana.

-Eh, claro que no- contestó nerviosa.

-Sí, Kagome, algo debiste estar haciendo, tu no eres así de irresponsable- la acusó Sango.

-Sea lo que sea que estuviste haciendo, debió ser mucho más...interesante que estudiar- seguí provocándola.

-Estamos en el último año, no hay tiempo para distracciones- siguió reprendiendo Sango y yo me moría por reír.

-Claro, los placeres son para después- dije y me retiré antes de escuchar todo el sermón de Sango.

Cuando entré al salón y antes de sentarme, sentí como alguien se paraba tras de mi.

-No tenías porqué hacer eso- escuché a una molesta Kagome.

-Yo no hice nada, solo dije la verdad.

-Sabes perfectamente qué fue lo que estuve haciendo este fin de semana- dijo ya al lado mio y su respuesta me desconcertó un poco.

-Valla- le respondí y me acerqué más a ella, quedando frente a frente y cerca de sus labios- estas siendo algo descarada.

-Ko-Koga.

Me acerqué más a su rostro hasta rozar sus labios, sentí su respiración y lentamente tomé su barbilla y deposité un suave beso y me alejé de inmediato.

-¿Por qué hiciste eso?

-Tenía ganas- me encogí de hombros y me senté.

-No puedes hacer eso, no aquí...

-Ah no, y ¿Dónde puedo?- me paré rápidamente y me volví a situar frente a ella- ¿Acasó solo puedo en...mi habitación?- sus ojos se abrieron como platos- pues que mal, porque yo quiero ahora- la tomé fuertemente de la cintura y la besé con mas fuerza, ella luchaba inútilmente poniendo su mano en mi pecho, pero lentamente bajó su guardia.

-Koga, por favor- pidió casi gimiendo, por poco yo mismo pierdo el control y la tomaba ahí mismo, me separé de ella sin dejar de verla a los ojos.

-Debes entender, Kagome, que te deseo, así como tu conmigo y lo que tenemos ahora, no sé hasta dónde nos llevará, pero se vuelve cada vez más peligroso.

-No entiendo...

-Sí que lo entiendes, además tu has estado jugando sucio conmigo, te ves con tu ex, pero cuando yo quiero verme con Ayame, haces hasta lo imposible por impedirlo- le dije dejándola descolocada, no pudo responderme nada porque nuestros compañeros comenzaban a llegar.

-Me sentaré contigo- susurró en mi oído y se sentó.

Las primeras clases transcurrieron bastante rápidas para ser un día lunes, Kagome se sentó conmigo, pero no me dirigió palabra alguna, yo tampoco lo hice, solo una que otra para incomodarla, amaba ver sus mejillas sonrojadas.

-Koga ¿Tienes entrenamiento hoy?- me preguntó en el almuerzo.

-Sí, solo una hora ¿Por qué?

-Quisiera esperarte y que nos fuéramos juntos a casa, a tu casa- me miró.

-Claro- respondí seco.

-Debo irme, quedé de hablar con InuYasha- soltó- está tratando de conquistarme, pero le diré que ya me enteré que anda con otra.

-Haz lo que quieras, Kagome, tu lo amas después de todo... lo nuestro es solo...es solo sexo- le dije serio.

-Sí, solo sexo, lo tengo claro, tal parece que hasta nuestra amistad se perdió- me miró seria que sentí un poco de rabia de su parte.

-Exacto- me limité a decir y la vi irse.

Me paré de forma inmediata y la seguí desde atrás, pasó al baño, comprobé que no andaba nadie cerca y me metí, estaba lavándose la cara.

-Parece que tienes calor- ella se asustó al oírme.

-¿Qué rayos haces aquí, Koga?

-No lo sé, solo quise venir y hacer esto.

Me acerqué lentamente y la tomé de su fina cintura, sin dejar de mirarla a los ojos.

-Te deseo aquí y ahora, Kagome- sorprendiéndome sobremanera, ella se abalanzó a mis labios.

Me besó diferente, sus manos tocaban las mías, como si fuera un beso de amor, aunque era totalmente imposible.

-Koga, solo hazlo- me pidió en mis labios.

-Lamento que sea aquí, pero podríamos ir...

-Solo Hazlo...solo hazlo por favor...

Como si esas palabras tuvieran control de todo mi cuerpo, la tomé de la cintura y ella enredó sus piernas en la mia, y nos dirijimos a un cubículo del baño, jamás me imaginé tomarla en un lugar así, pero no paré de besarla, bajé a su cuello, estaba ansioso por poseerla una vez más, aunque habíamos estado juntos solo la noche anterior, esa vez tenía un miedo extraño en mi pecho, por eso necesitaba tenerla, no pensaba hacerlo cuando comenzó el día, solo quería provocarla, pero como siempre, mis sentimientos controlaron la situación.

Por lo que le hice el amor en el cubículo del baño sin importar qué alguien nos viera, fue algo fenomenal, todavía lo recuerdo, todavía conservo las sensaciones, todo lo que me entregó aquella vez, aquella última vez...

Regresando a esa ocasión, estoy algo confundido, después de terminar, sentí a Kagome más cercana a mi, pero a la vez muy fría, aunque no se si esa frialdad fue antes o después de ese día.

En fin, Kagome se fue para hablar con InuYasha y me dijo que me esperaría después de mi entrenamiento.

Las últimas clases fueron extremadamente aburridas, el examen de historia fue muy difícil por lo que mi mente estaba agotada, y mucho más, después de lo que ocurrió en el almuerzo, porque caí en mi propio juego.

En el entrenamiento estuve desconcentrado y el entrenador me reprendió muchas veces, estaba torpe y tenía una sensación muy rara en mi pecho, tuve miedo de tener alguna de mis crisis, afortunadamente nada pasó.

Las chicas también estaban entrenando, pero dentro del gimnasio, pude ver a Ayame sentada, al parecer no se encontraba bien, se le veía fuera de sí.

Terminado el entrenamiento, fui el último en poder ir a bañarme, porque como consecuencia de mi falta de concentración, el entrenador me mandó a ordenar y guardar el equipo.

Cuando al fin pude ir, todo el mundo se había ido, comprobé mi celular y tenía una llamada perdida de Kagome, no tenía saldo para devolverla.

Estaba a punto de meterme a bañar, alguien entró ella al camerino.

-Ayame- dije confundido.

-Hola, Koga- Saludó- perdón, necesitaba hablar contigo- se acercó más.

-¿Tiene que ser aquí? ¿Te encuentras bien, Ayame? Luces...extraña- me preocupé al verla tan distinta.

-Tiene que ser ahora- ella se acercó a mi, yo estaba desnudo solo con la toalla envuelta en mi cintura- haz llegado muy lejos, Koga, yo he visto...

-Ayame- ella se estaba acercando a mi, más de la cuenta- ¿Qué haces?

-Koga, yo sé que tan lejos haz llegado con Kagome, los he visto, hoy mismo por ejemplo, ella está jugando contido de una manera cruel, nos ha separado y odio que la ames porque ella es una mosca muerta que no merece nada de ti...

-No creo que debas hablar así de ella...

-Estaba bien, sabes, acepté que no era amada y me retiré con la frente en alto, pero estoy dispuesta a ayudarte, ya lo decidí hoy, quiero que la enloquezcas de celos.

-Creo que debemos hablar después, no aquí, podría venir algún profesor y malinterpretar algo.

-No me importa nada, Kagome es una maldita jugadora- siguió acercándose a mi y no entendía sus palabras tan respectivas por Kagome, pensé que eran celos.

-Ayame- ella puso una de sus manos en mis mejillas y me besó, desesperada.

-Solo...solo dejame sacarle celos- dijo sobré mis labios, y pensando en todo lo ocurrido en estos meses, todo lo que he sufrido y pensando en aquella actitud que tuve al comienzo del día, solo correspondí su beso y la tomé fuerte de sus brazos y la pegué a mi, Ayame gimió sobre mi, no se cuánto rato duró aquel beso, pero el sonido que se escapaba de sus labios, despertó algo, pero no fue deseo ni pasión, sino culpa, por lo que me separé de ella.

-Lo siento, Ayame...no creo que pueda usarte así...usarnos así- no entendía que me pasaba.

-Estas equivocándote con ella- soltó y su mirada era de rabia- yo sabía que sufrirías más de lo que lo hacías antes, pero ahora sé que quedaras hecho pedazos- hizo ademán de irse pero de detuvo- mi propuesta sigue en pie...quiero acabar con ella- dijo y se fue corriendo.

Me quedé confundido, no entendía sus palabras, desde cuándo Ayame odiaba tanto así a Kagome. Por ningún motivo aceptaría esa propuesta de Ayame, más aun cuando sentí esa culpa, una culpa que no era por Ayame, sino porque sentía que le debía fidelidad a Kagome, porque la amaba.

Me sacudí todos esos pensamientos y me bañé rápidamente, claro que esas elucubraciones no me dejaron tranquilo, de partida recordé aquella entrega en el baño por parte de Kagome, aquella desesperación por estar conmigo el fin de semana, ella me necesitaba con ella, cuando dijo que era solo sexo, pude notar la decepción en su voz, porque la conocía, tal vez y solo tal vez, pensé, tal vez ella se estaba enamorando de mi y no quería reconocerlo, quizás necesitaba un empujón y tenía que declararme.

Salí corriendo al estacionamiento, con una emoción indescriptible, le diría toda la maldita verdad, se lo diría todo, en mi cabeza apostaba que ella sentía por mi mucho más que deseo y cariño de amigos, busqué dónde debería estar Kagome esperándome, no la vi en ningún lado, no tenía saldo para llamar, pero si tenía para enviar mensajes, así que le mandé uno.

Su respuesta no tardó en llegar, y al leerla, mi celular cayó de mis manos.

No debes molestarnos ahora, con Kagome estamos en una reconciliación, si hubieses respondido el celular lo sabrías, ella agradece el "entrenamiento" pero ahora, hemos vuelto y ya no te necesita, tu tiempo ya pasó, porque su amor siempre ha sido mio.

Hola, perdón la laaaaaarga espera, pero muchas cosas me han pasado, primero, estoy trabajando y tengo 40 horas, y sufrí la perdida de mis tres perritos, los cuales amaba con la vida y me hacen mucha falta, los mataron cruelmente con veneno, no ha sido fácil para nada, de a poco lo trato de superar, pero es malditamente difícil, en fin, espero les guste a las que siguen ahí.