.

Azur

4.

Estaba muy nerviosa. Bueno, vale, estaba histérica. ¡Muy histérica!

Saqué toda mi ropa del armario, no dejé nada que no me probara. Ni qué decir que cada conjunto parecía sentarme peor que el anterior y no me convencía. Demasiado elegante, demasiado informal, demasiado femenina o demasiado descuidada. No tenía ni idea de qué hacer.

Mi móvil sonó, como si supiera que mientras me cambio debía interrumpir, igual que el día anterior. Era Hikari.

―Hola, Miya. He estado hablando con las chicas y dicen de hacer algo hoy. Podríamos ver algunas tiendas, creo que Sora quería una chaqueta nueva y a mí no me importaría comprarme un bolso porque el mío está destrozado...

―Lo siento, no puedo ―la interrumpí con impaciencia.

―Ah, vale. Si tienes otros planes lo dejamos para otro día.

Me sentí mal por no invitarlas pero presentía, más que nunca, que aquel día era importante. Que tenía potencial para serlo. La palabra cita sonaba cada vez mejor y con más sentido.

―No, tranquila, id vosotras ―dije intentando sonar muy agradable, para que no creyera que estaba enfadada.

No pareció convencida, pero al final accedió y colgó. Sabía que era raro que no estuviera entusiasmada con una tarde de chicas, normalmente lo cancelaba todo y era la primera en organizar lo que íbamos a hacer. Pero las cosas cambiaban. Tal vez yo también tenía ahora "mi chico".

Me emocioné yo sola al plantearme esa posibilidad. Momoe entró a mi habitación para coger un bolígrafo y me encontró a medio vestir abrazando con fuerza un cojín y riendo. Parecía una chiflada, su cara me lo confirmó.

Al final me decanté por ropa de tonos cálidos, con un rojo bastante llamativo. Un color apasionado para despertar los sentimientos. Me parecía perfecto para mi cita no oficial.

Bajé al portal puntual y esperé unos diez minutos, entonces pensé que tal vez Jou estaba en donde habíamos quedado la vez anterior. Cuando llegué no había nadie pero apenas un par de minutos después distinguí su inconfundible pelo acercándose.

Alisé con nerviosismo mi ropa, me peiné con los dedos y puse mi mejor sonrisa. Aquella tarde iba a ser memorable.

Y lo fue, pero no por lo que pensaba.

―Hola, perdona la tardanza ―se disculpó Jou al llegar a mi lado.

No conseguí recomponer del todo mi gesto de incredulidad. Saludé a duras penas a Yamato y Koushiro, que venían con lo que había creído que era "mi chico". O al menos podía llegar a serlo.

―Jou ha insistido para que venga y como había temática del espacio pensamos que a Matt también le interesaría ―me explicó Kou mientras íbamos hacia el lugar.

Yo quise gritarle que estaban estropeándolo todo, pero no me sentí con el derecho. Al fin y al cabo en ningún momento habíamos hecho oficial la cita, como la del día anterior tampoco lo fue. Y tal vez me había equivocado al pensar que el mayor del grupo sentía algo por mí, sino no hubiera insistido a los otros dos para que fueran.

Pero entonces, ¿qué eran todas esas sonrisas demasiado grandes, esos gestos caballerosos y ese ofrecimiento de comida? No podía haberlo malinterpretado todo tanto.

No me enteré de mucho en la exposición. Sé que vi meteoritos de muchos tipos diferentes, piezas de naves espaciales y trajes de astronautas. Yamato parecía bastante ensimismado, debía gustarle. Los otros dos también estaban muy entretenidos, pero yo no conseguía dejar de pensar. Alguna vez Daisuke me ha insultado diciendo que si pienso mucho parece que está a punto de echar humo mi cabeza. En ese momento sentí que pasaría.

―Oye, ¿te encuentras bien? ―me preguntó Jou de pronto―. Pareces un poco ida.

―Sí, estoy bien.

No pareció convencido. Su mirada intensa hizo que sintiera calor en la cara, supuse que mis mejillas estaban rojas. Tal vez fue por esa razón que pensó que igual tenía fiebre. Llevó una mano a mi frente y comprobó mi temperatura.

―Estás un poco caliente. Será mejor que te acompañe a casa.

―No, no, de verdad que estoy bien ―insistí―. Acabemos de ver la exposición.

Él simplemente negó con la cabeza. Alcanzó a Matt y Koushiro para decirles que nos íbamos y no dio más explicaciones, tampoco ellos se extrañaron o las pidieron. Supongo que los tres son demasiado introvertidos como para entrometerse en la vida de los demás, quizás por miedo a que se metan en la suya.

Mientras llegábamos a mi portal, yo volvía a pensar. Me dolía la cabeza. Pero me sentía mejor al ver que Jou se preocupaba por mí.

―Gracias por acompañarme ―susurré.

―No tienes que darlas, ahora descansa y toma algo para la fiebre.

Yo sabía que no estaba enferma, pero no podía explicárselo. No podía decirle que me había ilusionado, desilusionado y vuelto a ilusionar un poco en un mismo día. Era demasiado complicado. De esas cosas que solo entendemos las chicas porque debemos llevarlo metido en la condición femenina o algo así, como la menstruación o la facultad de hacer dos cosas al mismo tiempo.

Dudé en cómo despedirme, al final decidí volver a besarle la mejilla. Me sonrió. Me pareció que sus ojos me miraban con cariño. Con mucho cariño.

5.

Caminaba más rápido de lo normal. No sé a qué paso suelo ir normalmente, creo que estoy tan en las nubes que no soy consciente de la velocidad. En ese momento sí lo era y me daba cuenta de que estaba demasiado ansiosa.

No sabía qué pensar acerca de Jou. A ratos me ilusionaba creyendo que le gustaba y a ratos lo contrario. Y yo me preguntaba a qué venía aquello. En el primer momento que había creído que sentía algo por mí ni se me había pasado por la cabeza corresponderle, solo me sentí halagada. Pero después, cuando compartimos esas dos tardes, me di cuenta de que congeniábamos mucho mejor de lo que habría creído nunca.

Me pareció raro, como si la vida quisiera darme un escarmiento por alguna cosa mala que no sabía que había hecho. O que no recordaba, probablemente.

Llamé a la puerta y me abrió Sora sonriendo. Me dio un abrazo y me contó la paliza que les dio a los chicos el otro día jugando al fútbol. La escuché a duras penas porque por encima de su hombro veía a Jou dándonos la espalda. Había llegado muy pronto, demasiado.

Mi amiga pareció darse cuenta de que la ignoraba y me invitó a pasar, diciendo que los demás no tardarían en llegar. Me senté junto al mayor y él me sonrió.

―Hola, Miyako. ¿Te encuentras mejor?

¿Ya no era Miya? Asentí con la cabeza porque me sentía cohibida en su presencia. Era una tontería, pero me había gustado cuando me llamó por aquel "apodo". Como si hubiera más cariño por quitar un par de letras.

Sora se sentó con nosotros y los dos empezaron a hablar sobre no sé qué profesor que habían tenido en común. Yo no lo conocía así que me sentí fuera de lugar. Más aún mientras Jou no apartaba los ojos de ella para dirigirme ni siquiera una mirada. Era como si yo no existiera.

Llegaron los demás y fue peor todavía.

Hikari se sentó a mi lado y me contó en voz baja cómo le fue su cita. Yo pensé que también había creído tener un par de citas pero solo habían sido imaginaciones mías. Takeru me miró con curiosidad y me preguntó que si estaba bien. Yo contesté cortante, cansada de que todo el mundo se extrañase por mi estado de ánimo. ¿Qué pasaba? ¿Es que tenía que estar siempre de buen humor y derrochando energía? ¡Yo también tengo derecho a deprimirme y estar callada!

Me dije que tenía que dejar de darme tanta importancia. Que si quería saber si Jou sentía algo por mí debería comprobarlo por mí misma, no siempre iba a ser él quien diera el paso.

Carraspeé y le toqué el hombro para llamar su atención.

―¿Qué te pareció la exposición de ayer? Siento que no la vieras entera...

―Estuvo bien, aunque es cierto que eran más originales las otras.

―Sí, todavía recuerdo el latido del corazón del bebé.

Sonrió cuando le comenté eso, le devolví el gesto. Pensé que ese momento sería especial siempre y lo había compartido con él. Me gustaba sentir que formábamos juntos recuerdos tan bonitos como aquel.

Abrió la boca para decir algo más pero se calló cuando llegó Mimi. Como siempre más tarde de la cuenta.

Mi amiga, aunque en esos momentos no me pareció que lo fuera, nos saludó de pasada. Después se sentó medio a la fuerza entre Jou y yo. Él la miraba fijamente y solo hablaba con ella en voz baja, olvidándome a mí por completo. Llegó un momento que Mimi le dijo algo y ambos se fueron solos por el pasillo. ¿A qué venía aquello?

Yo solo sabía una cosa, que era una idiota.

¿Cómo podía haber pensado que alguien iba a sentir algo por mí? Y menos Jou. Y menos conociendo chicas tan impresionantes como Sora y Mimi.

Dándole vueltas a eso fui notando que los ojos se me llenaban de lágrimas aunque intentase retenerlas. Quise patalear como cuando era pequeña, pero me limité a intentar aguantarme y arrugar con las manos el borde de mi camiseta. Obviamente los demás no tardaron en darse cuenta de que algo no iba bien.

Cuando todos se habían vuelto hacia mí y Kari iba a ponerme una mano en el hombro, vi a Jou volviendo por el pasillo con Mimi colgada de su brazo. Fue demasiado para mí. Lo miré con dolor, sin poder contenerme, y me levanté para correr hacia la puerta mientras la primera lágrima caía. Su semblante sorprendido se repetía en mi mente una y otra vez.

Escuché varios gritos llamándome, pero ninguno el que quería oír.

Corrí y corrí por la calle, sintiéndome cada vez más tonta por todo. Por haberme hecho ilusiones, por mi ego desinflado, por la reacción que había tenido y que tendría que explicar a mis amigos. Soy una melodramática, siempre lo he sido y lo seré, pero en ese momento me sentía más idiota que en toda mi vida.

Llegué a una pequeña plaza con una fuente y me senté en la valla que la delimitaba. Hundí la cara en las manos e intenté pensar en algo que no fuera él. Pero no lo conseguí.

―Miya, ¿qué te pasa?

Me sobresalté al escuchar su voz. Primero pensé que era mi imaginación, pero al levantar la cabeza vi a Jou, despeinado y con dificultades para respirar, arrodillado delante de mí. Me sonrojé terriblemente al pensar que tenía que darle una explicación y al darme cuenta que había salido a correr detrás de mí.

―Yo... Nada, no pasa nada.

Arqueó una ceja y me pareció más guapo todavía. Las lágrimas volvieron a aparecer, como si fuera un grifo roto. Él me abrazó con torpeza y yo disfruté unos instantes del contacto antes de darme cuenta de que aquello solo era por pena. Me aparté de forma brusca y lo miré dolida.

―No, no hagas eso.

―¿El qué? ―Veía lo confuso que estaba, pero ya me había cansado de guardarme las cosas.

―¡No seas amable conmigo! ¡No me sonrías tanto y me llames Miya! ¡No me abraces! ―Empecé a gritar sin motivo pero, igual que mis lágrimas, no pude contener mis palabras―. Soy una idiota porque creí que te gustaba, me hice ilusiones y cada vez estaba más a gusto a tu lado. Pero después de que invitases a los chicos cuando podríamos haber estado a solas y de ver cómo colmabas hoy de atenciones a Mimi me ha quedado claro que no soy nada. ¡Solo soy una tonta!

Rompí a llorar de forma más escandalosa. Esta vez no me aparté cuando me abrazó. Sus brazos estaban más firmes.

Me soltó y volvió a arrodillarse delante de mí. Cogió una de mis manos y sonrió.

―Miya, sí que me gustas. Me gustas mucho.

Las lágrimas se congelaron mientras mi corazón bombeaba con fuerza. Igual no había sido tan tonta como creía.

6.

No había ido desencaminada al pensar que sentía algo por mí, pero era igualmente tonta. Porque no reaccioné ante sus palabras, solo pude decirle que tenía que pensar.

Y eso hice dos días enteros. Pensé y pensé. Incluso le pedí consejo a mis hermanos, que primero me fastidiaron preguntando quién era él, pero después intentaron ayudar.

―Igual solo te encaprichaste por él al ver que te prestaba atención y era eso lo que no querías perder ―me dijo Mantarou.

―O puede que te hayas fijado más en él por lo que creías y por eso lo has conocido lo suficiente como para que empiece a gustarte ―opinó Momoe, siempre la más romántica de todos.

―Pues yo creo que pensar tanto es una tontería ―Chizuru fingía ser impulsiva aunque era mentira, decía haber creado toda su filosofía de vida a base de ensayo y error pero yo sabía que no―. Si te gusta querrás estar con él, sino pues no. Puedes probar a besarle y depende de lo que sientas sabrás si le correspondes.

―¡No puede besarle solo para comprobarlo! Sería jugar con sus sentimientos ―replicó la mayor indignada.

Empezaron a discutir entre ellas y Mantarou y yo nos fuimos para que no nos metieran. No me habían aclarado nada porque yo ya había pensado en todo eso.

Me tumbé en mi cama y jugueteé con un hilo suelto de mi pijama mientras recordaba todo. El día del cine, las dos citas no oficiales, las dos tardes en las que me había desilusionado, y su declaración. Llegué incluso a creer que lo dijo para hacerme sentir mejor, pero sé que él no miente nunca. La sinceridad es su marca personal.

Pensé en su intensa mirada oscura y noté que me sonrojaba. Por primera vez en dos días tuve unas ganas irresistibles de sonreír.

¿No era eso prueba suficiente? Podía intentar salir con él, sino siempre estaba la posibilidad de quedar como amigos.

Me sentí mejor por haber decidido algo por fin. Le mandé un mensaje para saber si podía quedar, me contestó tan rápido que me sentí culpable, seguramente había pasado los dos días pegado al teléfono esperando que diera señales de vida.

Me arregle más de lo necesario, pero quería sentirme guapa. Me maquillé, me puse un vestido y me dejé el pelo suelto sin ningún gorro ni nada, cosa rara en mí. Hasta me eché colonia y pregunté a mis hermanas su opinión acerca de cómo iba. Intercambiaron una mirada cómplice cuando pensaban que no miraba. Sabía que iba a tener que aguantar que me vacilaran con "mi chico".

¡Ahora sí que podía pensar así de él! Me sonrojé yo sola mientras bajaba las escaleras. No me extrañó encontrarle ya allí. Me sonrió y le devolví el gesto. No sabía por dónde empezar. Caminamos sin un rumbo fijo, él no se atrevía a mirarme y yo supe que tenía que decírselo antes de que lo pasase peor. Pero era difícil. Me daba mucha vergüenza.

―Esto, Jou...

―Miya, quiero explicártelo todo bien ―me interrumpió, notaba que estaba nervioso porque le temblaban las manos y me pareció adorable―. Llevo un tiempo fijándome más de lo normal en ti, pero pensé que era algo sin importancia, que simplemente me parecías guapa. Entonces fuimos a la exposición y lo pasé muy bien contigo, me pareciste espontánea y sincera. El segundo día me emocioné demasiado ante la idea de que fuéramos solos y con el beso que me diste al marcharte. Pensé que lo estaba malinterpretando todo, que soy más mayor que tú...

―Pero...

―Espera, déjame acabar ―me pidió con una sonrisa―. El caso es que creí que me estaba ilusionando con algo que no podía ser. Así que al día siguiente pensé que lo mejor era ir con alguien. Pero cuando te he visto mal, tanto con fiebre como cuando lloraste, he sentido que se me partía el corazón. Solo quiero verte alegre y poder disfrutar de la alegría que contagias. Así que sí, me gustas, y cada vez más.

El tono rojo de su cara era cada vez más fuerte. Cerró los ojos y miró al suelo. Por la forma en la que apretaba los puños me pareció que creía que tenía que esperar un golpe. Yo, mientras tanto, no podía dejar de sonreír.

Me acerqué a él y le cogí la mano. Me miró con miedo, haciendo que sonriera aún más.

―Tú también me gustas, disfruto mucho cuando estoy contigo y me encanta lo caballeroso que eres ―dije con cierta vergüenza, él sonrió―. Me gustas mucho.

Sabía que tendría que lanzarme yo, porque suficientemente valiente había sido él al declararse. Así que le besé.

Fue un beso diferente a lo que había podido imaginar. Más tranquilo, con una extraña paz. Me sentí como cuando habíamos escuchado el latido del bebé. Y supe que sería un recuerdo tan bonito como aquel.

.


Bien, el siguiente capítulo será el último. Feliz no cumpleaños Ahiru, espero hacerte sonreír hoy también, porque todos los días son buenos para eso.