Aquí está el capítulo de esta semana. Espero que les guste.
Capítulo 3: La llamada
"Deberías haber dormido más por la noche" le regañaba Twilight a su esposo al día siguiente.
El dragón lucía en su rostro unas enormes ojeras por no haber podido conciliar el sueño la noche anterior.
"Lo sé, cielo" le respondió Spike, y a continuación dio un enorme bostezo "Quizá debería ir a echarme un rato…"
"No, nuestro pequeño tiene clase de escritura mágica. Yo no puedo llevarlo, sabes que hoy tengo una reunión muy importante en Yeguadelphia"
El dragón se resignó a acompañar a su pequeño, sabía que a la alicornio le gustaría cumplir su función de madre por encima de todo, pero le era imposible.
Pero lo que ninguno sabía es que aquel día las cosas iban a dar un giro inesperado.
"¡No! ¡No! ¡Eso está muy mal!" protestaba el maestro del pequeño, un unicornio de color gris, muy sabio pero malhumorado "¡Hazlo otra vez!"
El pequeño se esforzaba por escribir bien usando su magia, pero le era muy difícil concentrarse, igual que la primera vez, puesto que tenía a su padre al lado durmiendo apoyado en la mesa y roncando.
"Ejem"
Spike despertó de forma abrupta, tirando sin querer el frasco de tinta al suelo.
"No me importa su presencia en este lugar, pero me temo que está distrayendo a su hijo de sus deberes" le dijo seriamente el unicornio.
"Lo siento, juro que es la última vez" respondió el dragón avergonzado.
De nuevo Brave Heart volvió a su labor de escritura mágica mientras Spike se esforzaba para no quedarse dormido de nuevo.
"¿Por qué me habré pasado la noche preocupado por lo que diga un estúpido libro? No es más que una coincidencia, nada más"
De pronto, la pata trasera se movió involuntariamente, y le hizo dar un golpe en el suelo. No fue nada grave, pero tanto su pequeño como el maestro parecían haberlo oído y se giraron a mirarlo; Spike se disculpó una vez más.
Un rato después fue su cola la que empezó a moverse involuntariamente, esta vez tirando una silla al suelo.
"Yo… lo siento… no puedo controlar mi cuerpo…"
Nada más decir esto, perdió también el control del resto de su cuerpo. Poniéndose en pie comenzó a moverse por todo el espacio tirando todo lo que se encontraba a su paso y empujando al maestro, que cayó al suelo. Brave Heart pensaba que su padre estaba jugando y comenzó a reír sin parar.
Cuando recuperó el control, Spike estaba tan cansado que se quedó dormido; esta vez no contempló a quien estaba seguro, que era el dragón del Norte, esta vez se trataba de otro dragón, era enorme. Este lo miró fijamente, con el rostro muy serio, poco después abrió la boca y dijo:
"Ven"
Cuando Spike despertó, contempló otro rostro, se trataba de su esposa, que lo miraba enfadada.
"¿Te parece bonito el ejemplo que le has dado a tu hijo de cómo ha de comportarse en clase?" preguntó.
El dragón sabía de sobra que no convenía una discusión, Twilight podía ser realmente terca con sus ideas.
"Verás, cielo… esto te puede resultar increíble, pero… ¡No era capaz de controlar mi cuerpo! ¡Se movía solo!"
Ella pensó que se estaba burlando.
"Tienes razón, no me lo creo. Podrías inventarte una excusa mejor, la verdad"
"Pero…"
"¡No! Nuestro hijo te idolatra, deberías saberlo, y si te ve comportarse así él… no puede echarse a perder, es el futuro de Equestria… yo sola no puedo con todo…"
Spike se sentía fatal, seguía convencido de que no era culpa suya, pero aun así no quería defraudar a su esposa, la amaba muchísimo, y lo último que deseaba es causarle malestar alguno.
"Lo siento"
"No es a mí a quien tienes que pedir disculpas, es al maestro… y delante de nuestro hijo para que sepa que hay que tratar a los maestros con respeto"
"Sí, cielo"
El dragón cumplió la voluntad de su esposa, y eso le acarreó una buena regañina de parte del unicornio gris, que no hubiera sido tan humillante si su hijo no hubiera estado presente; cuando acabaron el ánimo de Spike estaba por los suelos y lo único que deseaba era que el día terminara para poder pasar página.
Pero todavía quedaba la hora de cenar. Aquel día, los cocineros de trabajo les llevaron un suculento manjar, pero el pequeño Brave Heart no parecía comportarse de forma correcta en la mesa, tiró al suelo la comida nada más servírsela.
"¡Brave Heart!" lo regañó su madre "¡No está bien eso que has hecho! ¡Los ponis de palacio no tienen por qué estar detrás nuestro recogiendo lo que tiramos!"
"Pero mamá, el heno frito con esmeraldas es mi comida preferida" respondió el pequeño, sus ojos reflejaban algo de lástima por el alimento caído "Es que se ha movido solo…"
"Ah, no jovencito. A tu padre no le valió esa excusa, no creas que te lo voy a pasar a ti"
"¡Pero mamá! No lo hice adrede, yo…"
"No contestes a tu madre. Y esta noche te has quedado sin cuento"
El pequeño se fue de la habitación enfadado, no había sido ninguna excusa, a la hora de ir a comer sus cascos delanteros habían tirado el alimento en vez de permanecer quietos esperando a que se llevara el alimento a la boca mediante su magia.
Por otra parte, a su padre le hubiera gustado decir algo en su favor, pero tenía miedo de que aquello desembocara en una discusión marital, las odiaba tanto que prefería evitarlas a toda costa, de modo que había decidido permanecer en silencio.
Los extraños movimientos no se detuvieron, y volvieron por la noche tanto para el padre como para el hijo.
El pequeño Brave Heart se levantó de la cama y vagó por palacio. Buscaba a alguien que le ayudara con aquel misterio, pero no buscaba a sus padres, aun le duraba el enfado por lo ocurrido en la cena, a quien buscaba era a la princesa Luna.
La encontró en el exterior, brillante y preciosa contemplando el cielo nocturno.
"¿Qué haces? Deberías estar en la cama, es tarde" le dijo ella severamente al verlo a su lado.
"Ya lo sé, pero es que no puedo dormir, por favor, deja que me quede un ratito contigo"
Luna no podía resistirse a los ojitos que le ponía el pequeño híbrido.
"De acuerdo, pero que sea corto"
La vista de Luna volvió a posarse en el cielo nocturno con todas aquellas estrellas lejanas tan bonitas y brillantes… brillantes… pero aquello no era lo único que brillaba, súbitamente el cuerpo del pequeño Brave Heart comenzaba a iluminarse.
En el dormitorio de sus padres la cosa no iba a mejor.
"¡Spike, para ya de darme golpes con tus garras! Debo descansar, mañana tengo una reunión con la Alcaldesa de Ponyville… ¡Y apaga la luz!"
Pero en ese instante, Twilight se dio cuenta de que no había ninguna luz encendida, lo que de verdad brillaba era Spike, y, por alguna razón se había levantado y se dirigía al exterior.
"¿A dónde vas?"
"No lo sé, respondió Spike. Mi cuerpo se mueve solo otra vez"
Y, esta vez su esposa lo creyó.
En el patio los padres se encontraron con que a su hijo le ocurría algo similar. Su pequeño cuerpo era atraído por algo… pero en su caso debido a su peso más ligero la atracción era mucho mayor.
"¡Hijo!" gritó Twilight tratando de atraerlo hacía sí con un hechizo, cosa que resultó en vano, pues lo que fuera que estuviera sucediendo era mucho más fuerte que su magia.
"Si te vas, papá irá contigo" afirmó con decisión Spike, y dejó de luchar contra aquella extraña fuerza.
Funcionó, pudo llegar hasta donde estaba su pequeño y alcanzarlo; no obstante ambos continuaron avanzando, movidos por la misteriosa fuerza hasta que se perdieron de vista.
Twilight se apresuró a seguirlos, pero Luna la detuvo.
"¡Espera! ¡Si tú te vas no habrá nadie para dirigir Equestria!"
"¿¡Y qué pasa con mi familia?!" le respondió la unicornio lila con un tono que rozaba la histeria "¿¡Crees que voy a poder gobernar pasándole algo a mi marido y a mi hijo?!"
"Pero…"
"Debes ponerte en contacto con la Princesa Cadance y mi hermano, quizá ellos puedan cuidar del reino en mi ausencia, yo aún podré levantar el sol desde donde quiera que esté"
Sin decir una palabra más, Twilight se fue en dirección por donde su familia se había marchado.
Spike y su hijo por alguna razón se movían por lugares cada vez más y más lejanos. Hubo un momento en que no sabían ni donde estaban… no debía haber ningún poni por aquellas zonas ni por asomo. Por fin se detuvieron.
"¿Por qué nos habrán traído hasta aquí?" preguntó Spike mirando alrededor.
Era una larga extensión de tierra en la que no crecía absolutamente nada, con razón no había nada en aquella zona.
"Papá, mira allí"
El dragón hizo lo que su hijo le había dicho, y contempló un enorme barranco.
¿Sería de allí abajo de donde procedía la llamada? Únicamente había una manera de averiguarlo. Cargando con su hijo, el dragón descendió de la cumbre, y ambos pudieron contemplar asombrados el gran número de dragones que se encontraban en aquel lugar. Eran más o menos doscientos, y los había de varios colores, sólo un puñado de ellos eran más grandes que Spike, aunque no demasiado; pero no había ninguno de la edad de Brave Heart, el más joven no dejaba de estar ya en el final de la adolescencia.
¿Quiénes eran todos aquellos dragones y qué hacían allí? A juzgar por los rostros, algunos de ellos se hacían la misma pregunta, otros parecían saber la respuesta de aquel enigma.
Fue entonces cuando el cielo que había encima de ellos pareció abrirse y apareció un gigantesco dragón, era tan enorme que para igualarlo no menos de diez dragones como Spike tendrían que subirse uno encima de otro… pero eso no era lo más extraño, sino que era exactamente el mismo dragón con el que Spike había soñado aquel mismo día cuando se quedó dormido en la clase.
No iba solo, a su lado había una dragona, muchísimo más pequeña que él, pero muy dura a juzgar por su aspecto y con rostro muy decidido.
¿Era aquel dragón quien los había reunido a todos ellos? ¿Por qué motivo lo habría hecho? ¿Y quién era aquella dragona que lo acompañaba? Muy pronto lo descubrirían
Por fin llegamos a la parte donde el fanfic se pone interesante... espero poder actualizar pronto el fanfic, ya que me encanta esto de escribir, pero todo dependerá de como esté o no de ocupado. Hasta el próximo capítulo.
