LOS PERSONAJES DE INUYASHA NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE LA GRAN RUMIKO TAKAHASHI, SOLO LOS TOMO PARA LA REALIZACIÓN DE ESTA HISTORIA, LA CUAL SI ES COMPLETAMENTE MÍA.
El chico por su parte la toleraba, había algo en Ayame que no lo dejaba confiar en ella… sabía que la mala voluntad que siempre le tuvo a Kagome la hacían actuar de esa manera poco aceptable; pero por ahora tendría que seguir trabajando de manera agradable con la misma, aunque no pensaba darle pie a que pensara que algo más podría pasar entre ellos. Ella sencillamente no era su tipo.
-24-
El día había pasado casi sin notarlo, ya para la tarde de nueva cuenta Inuyasha y Kagome volvieron a reunirse y esta vez sí lograron terminar el proyecto, ella así se lo había propuesto, a pesar de que el ojidorado quiso distraerla hablando de otras cosas, la total atención de la azabache radicaba en su trabajo…
—¡Por fin!...— exclamó emocionada, cerrando la carpeta que contenía el importante trabajo, permanecían sentados en la alfombra de la sala de la colegiala —…apenas puedo creer que terminamos— dijo viendo al joven frente a ella. Ya era muy tarde.
—Claro, que emoción— dijo irónicamente
—Vamos, nos esforzamos mucho, esto…— dijo señalando la carpeta —… se merece una muy buena calificación…— aseguró con una sonrisa, pues a pesar de que solo se dedicaron dos días a armarlo, llevaban bastante tiempo recabando información.
—Y supongo que lo mejor de todo, es que ya no tendrás que pasar otra tarde conmigo…
—Por favor Inuyasha… ¿que acaso no podemos ser solo amigos y llevarnos bien…?— le preguntó simplemente, ella esperaba que así fuesen las cosas.
—No lo creo Kagome, tú sabes lo que yo siento por ti…— le aseguró fijando sus dorados ojos en ella.
—Y tú sabes… que yo estoy con Bankotsu… lo siento
—Como sea… estoy seguro que tarde o temprano eso terminará mal… — dijo levantándose y tomando sus cosas, no pensaba discutir.
Kagome solo negó con la cabeza y lo imitó al levantarse, no sabía de donde sacaba esa seguridad al afirmar tal cosa, pero confiaba plenamente en que se equivocaba. Lo acompañó a la puerta y se despidió sin más…
…
Al día siguiente por la mañana extrañamente Naraku llegaba algo tarde a la preparatoria, se encontraba en el estacionamiento casi abarrotado por los alumnos, a lo lejos llamó nuevamente su atención ese para él, muy despreciable "niño"; Bankotsu se encontraba en el mismo sitio con Kagome, también iban llegando y se encaminaban a entrar al plantel…
—Vaya, vaya…— habló en voz alta y sonrió de manera burlona —así que las cosas van bien entre ustedes, Bankotsu… disfrútalo, que no dudará mucho— aseguró, soltando una cínica risa —de eso… me encargo yo.
—Yo podría ayudarte— escuchó una delicada voz tras de él.
Naraku volteó despacio, esa voz le sonó familiar, pero no llegó a reconocerla —¿usted?— preguntó irónicamente viendo a la chica.
—Por supuesto…— aseguró Sara, que por un acto fortuito alcanzó a escuchar la promesa que Naraku se hacía, y ella pensaba apoyarlo, ¿buscaba a alguien que le ayudara a separarlos? Y nadie mejor que él.
—No sé en qué me podría servir tu ayuda... mph, ni siquiera la necesito— contestó despectivamente, ella era del tipo de jovencitas que nunca lo aceptaron en su etapa de estudiante. Por lo tanto la detestaba.
—Vamos Naraku…— se atrevió a tutearlo, Sara se sentía muy superior a cualquiera, incluso a ese "mediocre profesor" —…yo fui novia de Bankotsu, y podría interferir entre ellos…— sugirió.
—No te necesito— reafirmó y comenzó a caminar, dejándola parada.
—Ya te dije, yo quiero ayudarte…— insistió muy decidida, tomándolo del brazo para impedir que siguiera su marcha.
Naraku se detuvo y volteó a verla hacia abajo ¿qué diablos se creía esa mocosa?... sonrió de medio lado — está bien… pero yo decidiré, cómo y cuándo se hacen las cosas— aceptó, como había dicho, él no la necesitaba, pero esa niña lo había provocado… si quería jugar con fuego, definitivamente se quemaría.
Sara sonrió complacida, nada mejor le pudo pasar, sola no hubiese hecho nada, aunque besara a Bankotsu buscando que Kagome los descubriera, sabía que eso no daría resultado, ninguno de los dos era tan tonto como para caer en ese tipo de jugarretas… y se acoplaría al plan que Naraku tuviera, todo por recuperarlo.
El catedrático dejó a la adolescente en el estacionamiento, él se apresuró a reportarse a la dirección, hacía ya más de media hora que tuvo que haberlo hecho, pero con la trasnochada que había tenido en algún bar, aunado, a que ahora tenía que ocultar en su departamento a Onigumo mientras conseguía otro lugar, no había tenido buena noche y se había retrasado.
…
Después de ese "trato" pasaron algunos días… llegó la hora de entregar los trabajos de Historia, y como Kagome había predicho su trabajo fue uno de los destacados, enorgulleciéndose por ello…
Inuyasha optó por concentrar toda su atención en el baloncesto, estaba decidido a llevar al equipo a las nacionales en el siguiente semestre, pues esas competencias eran una vez al año, ya se había convertido rápidamente en la nueva estrella del mismo, ganando mayor popularidad entre el alumnado y aunque no desistía con Kagome, por ahora parecía que no había nada por hacer…
…
En la preparatoria el tema más popular entre los alumnos y también entre algunos maestros era el baile de fin de semestre que sería en un mes…
—Ya un mes…— comentó Kagome viendo una de las grandes mantas que exhibían en los pasillos de la preparatoria donde se anunciaba el evento.
—¿Quieres ir…?— preguntó desganado el moreno, ante el aparente interés de la chica.
Kagome sonrió emocionada —me encantaría…
Él se encogió de hombros —iremos entonces…— dijo fijando su vista en dicha manta, a él no le emocionaba tanto como a ella.
Kagome se abrazó a un costado de su cuerpo —¡será genial…!— le aseguró, realmente dudaba que le gustaran ese tipo de cosas.
—Esas son tonterías…— dijo Sango fastidiada, viendo a lo que sus amigos se referían.
—Ni lo digas… tú también iras…— aseguró Kagome, soltando a Bankotsu y caminando rumbo a la cafetería ahora abrazando a Sango —… ¡de eso me encargo yo!
— ¡Estás loca!— exclamó, ella nunca había asistido a uno, y no pensaba hacerlo ahora.
—Te gustará… te lo aseguro…— Kagome tenía todo su plan armado, había pensado en salir, comprar los vestidos y las cosas que necesitaran, usaría la tarjeta que su papá le había dejado, se había jurado no usarla, pero después de todo era su padre y tendría que apoyar en algo… aunque no por eso su resentimiento hacia él disminuyera.
…
Ayame veía molesta pasar a una Kagome sumamente feliz, acompañada de su "nueva mejor amiga", seguida de cerca por su arrogante novio y ese escandaloso chico…
—¿Por qué todo te sale bien…?— amargamente se preguntaba, ella se había encargado de desprestigiarla y todo el mundo parecía haberlo olvidado, ahora hasta novio tenía, y se veía mejor que nunca… "maldita seas Kagome"
En cambio ella… ya habían finalizado el trabajo de historia, mismo que creyó le entregaría a Kouga en bandeja de plata y no fue así… a pesar de haber cambiado por él… al menos eso sentía. Kouga parecía sencillamente desinteresado en ella, ya ni a Kagome frecuentaba desde que ésta estaba con Bankotsu, ¿simplemente sería que nunca se fijaría en ella? no, esa idea se la negaba rotundamente, algo tenía que estar haciendo mal… y si acaso… ¿solo era que Kouga no sentía nada por ella? que no le gustara, entonces todo lo que le hizo a Kagome fue inútil, el resultado hubiese sido el mismo después de todo… pero no se arrepentía por ello, Kagome se merecía todo lo que le pasó.
Ayame cada vez se sentía más impotente, frustrada, dolida con Kouga, se estaba amargando por su mal correspondido amor… cada vez prestaba menor interés en las cosas… la couch Kagura había optado por darla de baja del equipo de natación, pues aunque la presionó para que recuperara un nivel aceptable, ella nunca se esforzó, así que optó por dejar su lugar libre para alguna alumna que si lo aprovechara o que incluso lo pudiese utilizar para alguna beca.
Ella por las tardes en lugar de prepararse para los exámenes próximos, se salía con sus amigas Tsubaki y Yura, a Sara ya casi no la frecuentaban, pues andaba de muy mal genio por lo del ojiazul y la azabache… cosa que a ellas poco les importaba. Y durante las noches, como acostumbraban de tiempo atrás se iban a algún prestigioso antro, no tenían problemas por ser menores de edad, conocían a "la gente correcta" para pasar por alto ese detalle. Ya no eran solo los fines de semana, Ayame se iba sola, si las otras dos se negaban a acompañarla a dichos sitios, incluso en días de escuela… y no le importaba, ella se sabía desenvolver muy bien con gente de toda clase.
Esa noche, Ayame se volvía a topar con aquel tipo que hace ya un buen tiempo le había regalado esa píldora de éxtasis, con la cual había drogado a Kagome… lo que son las cosas, no se trataba de alguien más que Onigumo… el tipo se había acercado a esa pelirroja ojiverde, que había llamado su atención por su forma de ser, tan sonriente, aparentemente feliz en ese entonces… sabía que gente como ella, siempre rodeada de amigos sería un gancho perfecto para distribuir su mercancía… con lo que el sujeto no contaba, era que solo unos días más tarde sería aprendido por la policía, pero ahora… ahí estaban de nuevo.
—Hola hermosa…— le dijo tomando asiento en la barra junto a ella.
Ayame dejó la copa de la cual estaba tomando, volteó a verlo sin interés… no era extraño que se le acercaran tipos con infinidad de pretensiones. No le contestó.
—Veo que te olvidaste de mí…— mencionó ante el aparente desagrado —… tal vez esto, te refresque la memoria— y deslizó un par de centímetros por la barra, una bolsita transparente con un par de pastillas dentro, sonrió, pues pudo notar el recién aparecido interés de la adolescente. Él la recordaba, una chica con sus características es casi imposible de olvidar.
—Te conozco, ¿cierto?— preguntó fijando ahora su vista en el desfigurado rostro del tipo.
—Claro que sí… ¿Ayame?— preguntó, notando una sonrisa amarga de la chica —solo que con este recuerdo que me dejaron, no podrías reconocerme tan fácil.
—Onigumo…—mencionó su nombre con cierta ironía, era algo mayor que ella, pero en aquél entonces, recordaba haberse sentido ligeramente atraída por él, cosa que ahora descartaba por completo.
—El mismo…—y tomó su mano, colocándola discretamente sobre la pequeña bolsa, pensó en retomar su antiguo plan.
Ayame la tomó consigo, tal vez, ahora si las consumiría, ya qué más daba… mucha gente lo hacía, ¿Qué tendría de malo? La chica estaba tomando el camino fácil y equivoco.
Ambos se veían fijamente a los ojos, Ayame con cierta duda, pero totalmente decepcionada de su vida, y Onigumo confiado en que ella le abriría otra puerta a más jovencitos de su edad, y pronto recuperaría su antiguo "poder".
…
Los exámenes habían comenzado, cada día habían uno, dos o incluso tres, todo para que los últimos días no fuesen tan pesados y poder pasar las calificaciones a tiempo, eso era tan estresante para todos en la institución, desde los alumnos, los catedráticos, incluso el director tenía que verificar que todos los maestros estuvieran a buen tiempo de concluir con el plan de estudios fijado.
—¡Por Dios…!— exclamó Kagome, estirando sus brazos, estaban sentados a la sombra de un árbol en uno de los jardines, a la hora del almuerzo —…esto es agotador.
—Ni que lo digas…— secundó fastidiado el ojiazul, recostándose a en el césped.
Sango suspiró cansadamente, mientras terminaba con su comida —esto no puede ser peor…
—Muy bien, pues para relajarnos, ¡iremos de compras! — habló recuperando el ánimo la azabache, sonriéndoles a sus tres compañeros…
—¡Sí!— aceptó gustoso Jackotsu, nada le gustaba más que gastar dinero en las grandes tiendas —yo iré contigo… Sango nunca hace ese tipo de cosas… a veces dudo que sea una chica— habló despreocupado el joven, ganándose tremendo golpe por parte de la castaña.
—No digas tonterías… y no, no cuenten conmigo
—Ni conmigo— agregó rápidamente el chico de larga trenza, que se mantenía recostado, con ambos brazos atrás de su cabeza.
—¿Pero qué dicen?… por supuesto que nos acompañarán… en especial tú Sango…— recalcó —tenemos que buscar los vestidos para el baile, si no lo hacemos ahora, después no encontraremos nada bonito.
—Kagome, ¿Qué parte de no iré al baile, no entendiste?— preguntó irónicamente.
—Y tú ¿qué parte de no me importa, no entendiste?— contestó de la misma forma.
—Bien, yo me voy… estas son cosas de chicas— dijo fastidiado el ojiazul, levantándose y comenzando a caminar.
—Pero Bankotsu… ahhh, como quieras…— mencionó ya sin mucho interés… además quería que se llevara una sorpresa al verla, por lo que no era tan buena idea que él las acompañara.
Sus dos compañeros de clase lo vieron partir, Sango intentó seguirlo, pero fue detenida por Kagome —de ninguna manera, tú te quedas, y nos llevaras de compras— le dijo muy segura, después de todo ni Jackotsu ni ella tenían coche.
Sango suspiró derrotada, el estúpido de Bankotsu la abandonó con ese par de locos —bien, ustedes ganan… aunque ni siquiera tengo con quién ir…
Kagome volteó a ver a Jackotsu, mismo que negó con la cabeza —yo ya tengo acompañante— mencionó orgulloso.
—No importa, déjamelo a mí…— agregó Kagome.
La castaña cerró los ojos, "en la que me metí…"
…
Después de finalizadas las clases, los tres chicos se encontraban en uno de los principales centros comerciales de la ciudad, Kagome y Jackotsu entraron sin perder tiempo en una de las boutiques del sitio, Sango permanecía de pie, afuera, observando con desgano los elegantes vestidos que eran exhibidos en el aparador…
—¿Qué hace una señorita tan hermosa como usted, sola, en este sitio?— preguntó coquetamente, una voz a su espalda.
Sango volteó de medio lado, creyó reconocer esa voz —¿qué más podría hacer, que buscar un vestido?— preguntó irónica —además, sola… no estoy— aseguró.
—No cambias en nada, linda Sanguito…— comentó divertido Miroku, tomando su mano y depositando un delicado beso en ella; el chico la había visto de lejos y al reconocerla no dudo en acercarse.
Sango se ruborizó por su comportamiento, ella no estaba acostumbrada a ser tratada así, además sabía que ese tipo era un mujeriego y conquistador… le retiró algo brusca la mano —con permiso— y se disponía a entrar a la tienda.
—Supongo que si estás buscando un vestido, es porqué ya tienes acompañante...— dijo desanimado.
Sango se detuvo en seco —¿eh?... bueno pues… yo… yo…— no supo porque se puso nerviosa, contrario a lo que él suponía, no, no tenía con quien ir…
Miroku no era tonto y se dio cuenta perfectamente del porqué de su reacción —bien, eso tiene remedio…— aseguró parándose nuevamente frente a ella, y sonriéndole gustoso. Ella le agradaba mucho, desde ya hacía un buen tiempo, pero las amistades de la chica era por decirlo de alguna forma "peligrosas", pero ahora que Kagome estaba con ella, le daba mayor confianza.
—¿Tú?— preguntó irónica, recuperando la compostura.
—Nadie mejor que yo…— dijo sin dejar de sonreírle —¿aceptarías?— preguntó, agachándose un poco, con sus ojos azules fijos en ella. Miroku tenía una extraña forma de ser, definitivamente sabía cómo tratar a las mujeres.
Kagome salía en busca de Sango, librando a la chica del "acoso" que para ella representaba la insistencia de Miroku.
—Tengo que irme…— dijo rápidamente, comenzando a caminar en dirección a Kagome.
—No me has contestado…
—No lo sé…
—Bien, tienes de hoy al lunes para pensarlo…— casi gritó el chico, pues ella ya se había alejado.
—Claro…— le gritó, ni siquiera supo por qué no se negó… tal vez la puso tan nerviosa que no pudo hacerlo.
—Sangooo… así que Miroku ¿eh?— dijo divertida Kagome.
—No te burles…
—No me estoy burlando… es muy lindo…— a ella seguía agradándole, a pesar de que también supo lo que Inuyasha pretendía.
—¿Verdad?... digo, no, es decir, ¿a mí que me importa?
La azabache sonrió contenta, viendo a su amiga alejarse sumamente ruborizada… comenzaron a buscar vestidos de tienda en tienda, ya se hacía tarde, por lo que decidieron comer algo, antes de seguir buscando… Ya era casi hora de cerrar las tiendas y por fortuna cada uno había comprado todo lo que necesitaban para tal día… Kagome estaba más que satisfecha, su vestido le había encantado, estaba segura que a Bankotsu también le gustaría, además había ayudado a Sango a buscar lo ideal para ella, y se sorprendió del buen gusto que tenía Jackotsu en eso de la moda… todo había salido perfecto, ahora estaba agotada.
…
Kagome una vez en su casa, guardó con cierto gusto y muy cuidadosamente su vestido, zapatillas, y todo lo que había comprado para esa noche, no sabía por qué pero presentía, que esa noche sería inolvidable…
…
Ya para el día siguiente, lo mismo, los exámenes, las presiones, pero a partir de ese día disminuirían de gran manera, pues ya casi habían presentado todas las materias… solo este día más… eso le daba cierto ánimo a Kagome, que ya quería dejar toda esa tensión de lado…
Alguien que también estaba con la tensión al máximo era Sara, pues ya habían pasado un par de días desde que habló con Naraku, y el muy estúpido todavía no hacía nada al respecto…
La chica siendo tan poco paciente, decidida se encaminó a la sección de catedráticos de la institución, aprovechando la hora del almuerzo, por suerte para ella, no se veía nadie por aquel pasillo.
Tocó la puerta ocultando su molestia, pero apenas lo escuchó hablar dando el pase, entró sin decir más.
—Me quieres decir ¿qué diablos crees que haces?— habló fuerte y claro la insolente joven —solo estás perdiendo el tiempo.
El catedrático apenas alzó la vista para verla, el sol se colaba esta vez por las persianas, dándole un brillo a los molestos ojos castaños de la chica. Naraku sonrió agriamente. Esta niña no sabía los terrenos que estaba pisando.
—Contéstame— exigió, pues el otro parecía no tomarla en serio.
—Escúchame bien mocosa…— dijo levantándose de su sitio y dirigiéndose hacia ella —a mí, no me exige nadie, y yo hago las cosas a mi tiempo y forma— habló calmado, pero con un tono sumamente amenazante. Veía complacido a la chica perder la supuesta seguridad con la que llegó.
—Pero…
—Pero nada… yo sé lo que hago— aseguró.
—Está pasando el tiempo y…— intentó replicar, estaba sumamente impaciente.
—Tú te callas… y aquí se hace lo que yo diga…— le gritó, haciendo dar un respingo a la chica.
Ella solo asintió con la cabeza, se giró y comenzó a caminar hacia la puerta —tu solo mantente atenta… ya sabrás que hacer, y yo te diré cuándo— le escuchó decir roncamente al catedrático. Sara presentía que el profesor sería alguien peligroso y definitivamente se tendría que cuidar de él, pero Bankotsu valía el riesgo… y arruinar la aparente felicidad de Kagome lo valía aún más…
…
La que no tenía claro qué hacer con su vida era Ayame… era la hora del almuerzo y ella estaba completamente sola en el salón de clases, con la cabeza recargada en su pupitre… con la mirada perdida en las grandes ventanas… ya se había aventurado a consumir tontamente las píldoras que otra vez Onigumo le había regalado… Yura y Tsubaky, prácticamente la habían dejado sola, ellas sabían ser amigas solo en las buenas, y una vez que la vieron decaída y apagada, simplemente se alejaron de ella, su grupo de "amigas" se había prácticamente deshecho… y al parecer a ninguna le importaba.
El estado de ánimo de Ayame decaía bruscamente, las píldoras la hacían sentir bien un tiempo, mientras duraba el efecto en su cuerpo, después volvía a su realidad, y nada de ella la hacía sentir bien, en su casa, era prácticamente ignorada, sus padres trabajaban todo el día y no le prestaban atención, la recompensaban con dinero, mismo que no necesitaba... ¿sus amigas?, ¡já! Esas nunca existieron, tal vez solo Kagome lo fue, y ella se encargó de alejarla… ¿Kouga?, él nunca le correspondería, ¿y la escuela?, ¡por Dios!, esa nunca le interesó… tenía su vida resuelta… hija única de un matrimonio millonario. Se sentía vacía, hueca, ahora se daba cuenta de que en verdad nunca se preocupó por alimentar su alma, ni amistades, ni a su familia… su vida la había llevado por un camino totalmente estéril, nada bueno le dejaría… y lo peor, es que no pretendía cambiar, ya no importaba.
...
Todavía faltaban alrededor de 10 minutos para que terminara la hora del almuerzo y Kagome volvía al salón de clases, pues quería mostrarle a Sango una de las revistas que el día de ayer había comprado, misma que olvido en su mochila… no esperaba ver a nadie en el aula, pues no era común que alguien quisiera permanecer ahí, pero se extrañó mucho de encontrarse, a la que hasta hace apenas un par de meses, consideró su mejor amiga.
—Ayame… ¿te encuentras bien?— preguntó preocupada, pues la chica parecía no moverse. Estaba recostada y ni siquiera alzó la vista para ver quien entraba al salón.
—Que te importa Kagome…— contestó fastidiada, sin moverse, odiaba esa forma de ser de la azabache, para ella era una entrometida.
La pelinegra se giró, estuvo a punto de salir del salón y dejarla nuevamente sola. Apretó la revista entre sus manos y recapacitando, se encaminó hacia ella… era obvio que algo malo le ocurría, y no podía pasarlo por alto, a pesar de todo .
—Ayame, aunque ya no seamos amigas…— le habló parándose a un costado de su asiento, e inclinándose un poco para verle a la cara.
—¿Amigas?— preguntó irónicamente —Por Dios Kagome… nunca fuimos amigas— aseguró, sentándose correctamente y viéndola con todo el coraje que tontamente le tenía.
—Para mí lo fuiste…— dijo sinceramente, con voz calmada.
—Eres una estúpida… ¿qué acaso no te diste cuenta?… nuestra "amistad" solo fue por Kouga— volvía a preguntar, ahora poniéndose de pie y encarándola.
—Claro que lo supe… y aun así, yo te consideré siempre mi amiga…
—Pues yo no Kagome… nunca te toleré, así que ¡lárgate!... y déjame sola
Kagome solo negó con la cabeza, desconocía completamente a la chica que tenía enfrente… Ayame si bien era un tanto egoísta, nunca la consideró mala persona, y ahora se veía peor que nunca… el colmo era, que no se dejaba ayudar.
—Como quieras…— le dijo, nunca se alteró… se dio media vuelta y se regresó a la cafetería con sus amigos.
Ayame la vio partir ¿qué se creía? Kagome siempre haciéndose la importante, esa estúpida no sabía lo que su presencia significaba para ella. Si Kagome no hubiese existido, o no hubiese entrado a esa preparatoria, tal vez Kouga sería de ella.
…
Después de eso, el día corrió rápidamente, el último examen se presentó, y concluyeron las clases, a decir verdad a la azabache la única materia que representaba un dolor de cabeza era Química, y al parecer no le fue tan mal…
Ese día, también sería el día, en que por fin podía volver a ver a su madre, había pasado el tiempo que requería para adaptarse y ahora podría tener contacto con su familia por primera vez…
Tsukiomy llevaría a Sota, en cambio Kagome se iría con Bankotsu, él se ofreció a llevarla, sabía bien que ella nunca estuvo de acuerdo con eso, y esperaba que después de ver cierta mejoría, recapacitara de su necedad.
—¿Sigues sin estar convencida que fue lo mejor?
—Por supuesto, mi mamá no es ninguna alcohólica…— contestó molesta.
— Yo no dije eso…
Kagome volteó a verlo ligeramente molesta, ¿por qué todo el mundo parecía coincidir en lo mismo? ¿acaso, ella era la que estaba mal? No quería aceptarlo… ella se había esforzado mucho por mantener a su familia unida, había sacrificado noches de diversión con sus amigas, novios, hasta Sota tuvo que adaptarse a una nueva rutina en sus vidas… tal vez sí, su mamá no dejó de beber, pero no todos los días eran malos, habían ocasiones en que ella estaba bien, plenamente consciente de las cosas y prometía cambiar; Kagome siempre le creía, pues era su madre... y siempre lo haría.
Ahora deseaba con todo el corazón haberse equivocado y que su mamá no estuviese sufriendo ahí recluida, lejos de sus hijos, de su vida. Sintió que le falló, en aquella ocasión que su mamá le suplicó por ayuda, que no dejara que se la llevaran… Kagome lo intentó, pero no pudo hacer nada.
—Llegamos…— informó el ojiazul, una vez en el estacionamiento del lugar.
Kagome recorrió con la vista dicho sitio, era como una clínica normal… un gran edificio blanco, puertas de cristal, algunos árboles dando gran sombra a un pequeño andador.
—¿Entramos?— preguntó el joven, viendo a la chica observar detalladamente todo.
Ella asintió, bajaron del auto y en seguida vieron llegar el coche de su tía, optó por esperarlos, pues quería entrar con Sota a ver a su madre.
Tsukiomy entró primero, habló con la que aparentaba ser la recepcionista de la clínica, por dentro el lugar lucía bastante bien, todo estaba muy limpio, las paredes de color blanco con algunos matices en beige, los asientos de la sala de espera eran azules, lo que sería el único color que desentonara. Bankotsu optó por permanecer en ese sitio, pues no quería incomodar a la madre de Kagome, no se conocían y no creyó que fuese el lugar para hacerlo, además que ellos como familia, necesitarían privacidad en un momento así.
…
—¡Mamá!— casi gritaron los chicos, apenas les permitieron el acceso al cuarto de su madre.
Nahomi se sorprendió de verlos, ella no sabía que hoy estarían ahí… había tenido muy buenos resultados y esa visita fue como un incentivo.
—Mamá ¿cómo estás?— preguntó Kagome, acariciando su rostro, algunas lágrimas amenazaban por salir de sus ojos chocolates.
—Muy bien, cariño…— dijo con la dulce voz de siempre —perdóname Kagome…— pidió con voz quebrada.
Ella no pudo contener más las lágrimas, le sonrió tiernamente —yo no tengo nada que perdonarte, mamá…— le dijo viéndola a los ojos, quería dejarle claro que todo lo haría por ella.
Nahomi al igual que su hija, intentaba contener el llanto, ahora entendía todo el daño que sin querer les pudo hacer… en ese tipo de lugares siempre conocen mucha gente con su misma condición; y se dan cuenta de hasta dónde se puede destruir una familia, por lo que no parece ser un vicio peligroso.
Platicaron cerca de media hora, Kagome se veía más tranquila, muy a su pesar aceptaba que su mamá debería terminar con su tratamiento y estadía ahí… Observó con cierta apatía a su madre agradecer a Tsukiomy por haber intervenido y ahora cuidar a sus hijos. Después de esa agradable convivencia tuvieron que despedirse de su madre, Sota no cabía de la emoción, el niño comenzaba a creer que realmente en muy poco tiempo volverían a ser la familia unida que fueron, aunque les faltara su padre, su mamá siempre había sido el mayor pilar para ellos.
…
—¿Y bien…?— preguntó el moreno, apenas vio a Kagome cruzar la puerta.
—Supongo que… esta mejor…— dijo no tan entusiasmada.
Bankotsu solo le sonrió y la abrazó, se encaminaron al auto… Kagome era muy orgullosa como para aceptar que se había equivocado, al menos, abiertamente.
…
Miércoles por la mañana, nuevamente se dirigían a clases en el auto del moreno… Kagome iba bastante seria, la reciente visita a su mamá le removió muchos recuerdos, la mayoría tristes… lo único bueno de todo ello, fue Bankotsu… si él no hubiese estado con ella en ese tiempo, y ahora, no sabía cómo hubiesen sido las cosas, giró su rostro para observarlo conducir el auto, de verdad agradecía tanto tenerlo con ella.
—¿Sucede algo?— preguntó, pues notó su mirada y no decía nada.
Ella negó con la cabeza y sonrió —nada…— le dijo, Kagome acababa de descubrir que estaba sumamente enamorada de ese chico…
Bankotsu volteó a verla y le sonrió confiado, Kagome era extraña, la mayoría del tiempo tenía muy buen ánimo, sonreía, parecía feliz, pero hoy… traía posada en su mirada cierta melancolía. Volvió su vista al camino y al cabo de unos minutos llegaron a su destino.
Una vez fuera del auto, Bankotsu aprisionó a Kagome contra su auto, la observó fijamente a los ojos, le sonrió de medio lado y besó su labios… a él poco le importaba que los observaran, se sentía orgulloso de Kagome, no solo de estar con ella, sino de que era una joven sumamente madura, fuerte… había pasado por tantas dificultades y ahí estaba, firme, de pie.
Kagome se sentía tan bien entre los brazos del ojiazul… le hacía mucha falta ese beso, no sabía bien a bien lo que Bankotsu sentía por ella, pues ninguno de los dos se había dicho más allá de un te quiero… pero cariño se puede sentir por casi cualquier persona… temía confesarle lo que sentía, pues Bankotsu no era del tipo cursi o romántico y no sabía cómo lo tomaría o si le contestaría lo mismo.
Olvidó todo por ese momento, se concentró únicamente en el beso y las caricias que el chico le daba, recorriendo sin prisa su cuerpo… sintió la ligera necesidad de estar a solas con él… y a Bankotsu comenzaba a pasarle lo mismo.
—¡Por favor!... busquen un hotel— dijo escandalosamente Sango, misma que iba llegando al sitio, y se le hacía de cierto modo simpático molestar así a Bankotsu.
Ellos automáticamente al escucharla gritar deshicieron el beso… Bankotsu recargó con pesadez su frente contra la cabeza de Kagome.
—¿Por qué diablos eres tan inoportuna?— preguntó molesto, con los ojos cerrados. Kagome solo sonrió.
—Es solo un placer— respondió cínicamente la chica. —Bien, hoy entregan los resultado de los primeros exámenes que tuvimos— dijo algo entusiasmada, cambiando completamente el tema.
—Cierto…— dijo Kagome, que apenas lo recordaba.
—Vámonos…— apresuró Sango, tomando de la mano a Kagome y llevándosela del lugar.
Bankotsu volteó su rostro molesto, y negó cansadamente con la cabeza, para después caminar sin prisa detrás de ellas. En esos momentos odiaba a Sango.
…
Ya en el pasillo de su salón, había una gran cantidad de alumnos observando los resultados de las distintas materias que habían presentado, mismos que se encontraban pegados en la sección de anuncios… Kagome y Sango se abrían paso entre la pequeña multitud…
—Vaya, me fue mejor de lo que esperaba…— dijo Sango ligeramente sorprendida —¿y a ti?— preguntó observando a Kagome.
—También— dijo, y sonrió satisfecha.
—¡Diablos! Te fue mucho mejor que ami…— mencionó sonriente.
Siguieron de lista en lista, hasta enterarse de todos sus resultados… Bankotsu había pasado de largo, no entendía por qué la prisa por ver a primera hora los resultados, después de todo estarían ahí al menos dos días…
El moreno llegó hasta donde estaba su locker, lo abrió para depositar ahí sus libros y buscar los de las primeras clases, pero un pequeño sobre que cayó al suelo justo al tiempo de abrir, llamó su atención; lo levantó y como no tenía nombre y estaba en entre sus cosas, lo abrió… sacó un pequeño papel, lo observó con detenimiento y frunció el ceño… lo volteó y leyó el contenido…
Kagome lo había visto pasar, por lo que después de darse por enterada de sus notas, se encaminó con él… Bankotsu parecía molesto.
—¿Qué es eso…?— preguntó curiosa apenas llegó, señalando lo que parecía ser una hoja completamente arrugada en la mano de su novio.
Bankotsu la observó atento —solo basura…— dijo sin darle importancia y la arrojó dentro del locker, cerrando inmediatamente el mismo.
Kagome se encogió de hombros y no le dio importancia… —¿no revisarás tus calificaciones?
—Si… claro… vamos…— le dijo y la tomó de la mano para ello.
Ella lo observaba con cuidado, ¿estaría molesto por lo de Sango? No, no era la primera vez que su amiga hacía ese tipo de cosas, y él no le había dado tanta importancia… entonces ¿por qué lo sentía raro?
—¿Te ocurre algo…?— preguntó, pues estaba muy serio, y él no era así.
Bankotsu pareció darse cuenta —¡por favor!, ¿qué podría ocurrirme?— preguntó recuperando ahora su despreocupada forma de ser, y se apresuró a llegar al lugar.
Kagome sonrió —supongo que nada...— respondió; pero aun así, sentía que algo andaba mal… deseaba simplemente estar exagerando las cosas y que todo fuese producto de su imaginación…
CONTINUARÁ…
Aquí quedó otro capítulo más, de verdad espero que haya sido de su agrado, trato de esforzarme… Agradezco nuevamente a quienes leen el fic, y más a quienes se toman la molestia de comentar… Sasunaka doki, Orkidea16, Lady of the west, MichMS, Breseida CT y Esme (respecto a tu petición… por supuesto que sí… es un honor; si no es mucha molestia me gustaría que me digieras de cual pág… tal vez hasta ya la sigo :3 )… en fin… nos leemos el siguiente viernes.
