LOS PERSONAJES DE INUYASHA NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE LA GRAN RUMIKO TAKAHASHI, SOLO LOS TOMO PRESTADOS PARA LA REALIZACIÓN DE ESTA HISTORIA, LA CUAL SI ES COMPLETAMENTE MÍA.

Kagome lo soltó, y se volteó nuevamente hacia Bankotsu… se aferró en un abrazo a su cuerpo… no podía escuchar su respiración, su cuerpo estaba perdiendo ese calor que siempre le transmitió —por favor Bank… resiste… no, no me hagas esto…te amo…— le dijo apenas con aliento, pues su garganta estaba desgarrada por tanto gritar. Cerró los ojos, lo último que vio, fueron las luces de la ambulancia que por fin había llegado y el rostro ensangrentado del hombre que amaba y que ahora sentía… se moría en sus brazos.

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Todo se sentía distante, percibía sonidos… seguramente voces, pero no alcanzaba a comprender lo que decían, sentía que la tocaban, ya no había dolor… intentaba reaccionar pero no podía abrir los ojos, "Bankotsu"… su respiración se aceleró al recordarlo ¿cómo se encontraba? tuvieron que haberlo salvado… hizo un esfuerzo por moverse, pero su cuerpo no respondió… la desesperación invadió su ser… volvieron las ganas de llorar, la angustia, el deseo de verlo, de saber que estaba bien, que seguía vivo…

Había pasado un día completo, Kagome ni siquiera lo sintió, la habían mantenido sedada pues por su situación necesitaba reposo. En ese lapso de tiempo su madre había conseguido un permiso para salir de su estadía en la clínica en la cual se encontraba.

Los rayos en tonalidades naranja del sol que anunciaban la muerte del día, se colaban entre las cortinas de esa ventana en la habitación donde poco a poco la azabache lograba abrir sus ojos, tanto su madre, como su tía y la propia Sango se encontraban a la espera de ese momento…

—¿Kagome?— preguntó preocupada su madre que desde que llegó no se había separado de su lado.

—¿M-mamá?... q-que…— mencionó con su boca seca, sentía esa necesidad de ver al ojiazul… siempre pensando primero en él que en ella misma.

—Tranquila Kagome… no hables… todo está bien— trató de tranquilizarla inútilmente, las noticias para ninguno de los dos eran buenas… y no sabía si era el momento de que se enterase.

—No… mamá ¿cómo está Bankotsu?¿dónde está? Necesito verlo.— dijo presurosa logrando sentarse, ni la pequeña cantidad de anestesia que estaba ingresando a su cuerpo por esa delgada sonda conectada a su brazo, logró evitarle el dolor que sintió al incorporarse. No le importó.

—Kagome, no está bien que te levantes — ahora quien habló fue Sango, viendo que la azabache trataba de levantarse de la cama, mientras Nahomi intentaba inútilmente detenerla.

—Sango…¿cómo está? está bien ¿cierto?¿está aquí?¿en dónde?— hablaba cada vez más desesperada de que nadie respondiera a una sola de sus preguntas.

—Está aquí… en el piso de arriba…— mencionó con poco ánimo.

—Él... no está bien…— dijo casi sin voz y con la vista momentáneamente pérdida, reconociendo en el tono de voz de la castaña esa verdad. —¡Debo verlo!— mencionó decidida arrancándose la sonda y empujando ligeramente a su madre para abrirse camino, apenas había dado unos pasos cuando la puerta del cuarto se abrió.

—¿Qué es lo que sucede?— escuchó una ronca y desconocida voz. —¿Acaso no comprendieron que la señorita no puede hacer esfuerzo, mucho menos caminar?— preguntó molesto su médico observando a la madre y la tía de Kagome intentar detenerla.

—Lo sabemos es solo que ella…— se apresuró a responder Tsukiomy.

—Vuelva a la cama por favor…— pidió con un tono frio, pero amablemente.

—Usted es médico… por favor dígame ¿cómo se encuentra Bankotsu…? el joven que venía conmigo— preguntó viendo fijamente al hombre de edad avanzada y encanecido pelo.

—Según informes del médico que los recibió en urgencias, ambos venía muy mal… a usted la atendí yo y al joven lo pasaron al piso de arriba… estuvo en cirugía… no tengo mayores informes, lo siento… Ahora vuelva a la cama, necesito revisarla.

—No, yo tengo que verlo… saber de él…

—Le aseguro que no saldrá de aquí hasta que yo la revise…— sentenció el médico, tomándola del brazo y guiándola a la cama sin obtener mayor resistencia.

Kagome cedió… estaba tan adolorida que seguramente no conseguiría llegar a él sin que la detuviesen, en el caso de que intentara evadir al doctor.

—La inflamación ha bajado…— dijo tocando por encima de la ropa el abdomen femenino, de la chica que nuevamente se encontraba en cama —… lamento mucho lo sucedido, son cosas que pasan desgraciadamente…— mencionó dejando a la habitación en un absoluto silencio, Kagome no entendió a lo que se refería, las tres mujeres restantes se observaron entre sí con notoria preocupación en los ojos…

—¿A qué se refiere? No lo entiendo… usted dijo que él… ¿mintió? Bankotsu… él…él… ¿murió?— preguntó casi sin aliento, ella estaba bien, al menos así se sentía, entonces del único que podía hablar era de él… ¿cosas que pasan desgraciadamente? ¡No!… se negaba a creerlo, el solo hecho de preguntar si había muerto le desgarraba el alma, eso jamás lo superaría.

—No…no hablo de él… sino de usted— aclaró el médico, después de lo que a Kagome le parecieron segundos interminables. La mirada expectante de la azabache se fijaba en los castaños ojos del maduro sujeto — … su estado era sumamente delicado, por fortuna pudimos controla la gran hemorragia que su cuerpo presentaba…

Kagome lo veía sin entenderlo… ya se sentía bien, mucho mejor que ayer, sus heridas ya no sangraban; estaba sanando —vaya al punto por favor…— pidió con amabilidad fingida, ella lo que quería era su permiso para salir y ver al moreno.

—Usted mejorará pero desgraciadamente no pudimos hacer nada por el producto… lo siento mucho, no lo sabíamos, incluso de haberlo sabido era demasiado tarde, al menos para él…— informó el médico a la joven que parecía entender vagamente lo que le decía…

El silencio que inundó la habitación por breves segundos solo fue interrumpido por los sollozos de la madre de Kagome, que era reconfortada por su hermana, que hacían ya varias horas habían sido informadas de la trágica noticia.

—¿Pro-producto?— mencionó consternada y llevando su mano a la boca —eso quiere decir que…— dijo no muy convencida, no podía ser cierto…

—Usted estaba embarazada al momento de sufrir ese accidente, poco tiempo, tal vez no más de cinco o seis semanas…

—¿Embarazada?— El corazón de la azabache pareció detenerse momentáneamente, una especie de sollozo escapó de sus labios, las pupila de sus ojos se dilataron…" entonces, esa noche… esa última noche que estuve con Bankotsu, yo…" cerró los ojos y una lágrima rodó por su mejilla, ella siempre se cuidaba tomando sus píldoras, pero cuando Bankotsu decidió terminar su relación dejó de consumirlas, pues ya no tenía sentido seguir haciéndolo… y esa noche no midieron consecuencias.

—… además lamento informarle que…

—¡Doctor…!— interrumpió súbitamente Nahomi —…creo que ya ha sido suficiente por hoy…

—No… si hay algo más, por favor dígamelo… quiero saber, necesito saberlo— mencionó suplicante.

El médico asintió y prosiguió — debido a la brusquedad del impacto no solo perdió al hijo que comenzaba a gestarse en su vientre, sino que…— hizo una pausa, pues entendía la gravedad del asunto —…lamentablemente quedará imposibilitada para ser madre— finalizó con un tono delicado para después desviar su vista de la entristecida joven.

Sin importarle ya nadie presente, giró su rostro a la ventana observando la ya negra noche… no entendía ¿cómo puede cambiar tu vida para siempre de un momento a otro…? Si ese accidente no hubiese ocurrido… ella amaba a Bankotsu, y él a ella, se lo dijo… y ese hijo, ese hijo que ya nunca más volvería… ¿por qué? ¿por qué a ella? ¿por qué a ellos?

—Hija… lo siento tanto…— mencionó su madre sintiéndose culpable, pues había descuidado a sus hijos en su intento de evadir su realidad… ahora sentía sobre sus hombros el peso de la culpabilidad que venía con la desgracia de Kagome…

No contestó… ni siquiera la escuchó, estaba sumida en sus pensamientos, varias lágrimas seguían deslizándose por sus mejillas, se podría decir que estaba en shock.

—Kagome…— volvió a llamarla tocando su hombro para atraer su atención.

—Quiero estar sola…— dijo sin voltear a verla y con la mirada perdida; se recostó en la cama y giró su cuerpo, colocándose en posición fetal —…por favor

Aunque a ninguna de las tres mujeres les parecía buena idea dejarla sola, sintiéndose tan mal como seguramente lo hacía, no podían contradecirla, el doctor consideraba que sería prudente dejarla asimilar la situación… y así lo hicieron.

La tía y la madre de Kagome permanecieron en la sala de espera que estaba unos metros atrás de la habitación de la chica, en cambio Sango, subió en busca de noticias sobre su amigo.

Apenas esperó media hora, y aunque le dolió muchísimo enterarse de su situación a ella seguía preocupándole sobremanera el estado de salud del moreno, se levantó decidida a saber de él… con poco cuidado se retiró nuevamente la sonda y salió de la habitación, observó el solitario pasillo, hacia su derecha, tenía lo que parecía ser la sala de información del piso, pues habían varias personas ajenas al lugar… alcanzó a ver en uno de los sillones a su tía que al parecer el sueño amenazaba con vencerla, obviamente se dirigió con algo de prisa al lado opuesto, pasó varias habitaciones y al llegar al pasillo frontal, hacia la derecha se notaba un anuncio de escaleras, se dirigió ahí, no caminaría hasta el elevador, tenía prisa y no quería ser descubierta.

—La situación es crítica…— informó el cirujano, a un muy preocupado Tsuikotsu en esa sala de estar de ese piso —… han pasado un par de horas desde que salió de cirugía y no parece mejorar.

—¿A qué se refiere?— preguntó sin entender.

—Los signos vitales del joven son casi nulos… además el hecho de que la hinchazón en el cerebro siga aumentando no nos dice nada bueno…

—Por favor doctor… sigo sin entenderlo— mencionó harto de tanto rodeo —¡hable claro!— exigió.

—Por favor cariño…— intervino Kagura tratando de tranquilizarlo — discúlpelo, es su hermano de quien están hablando, y es la única familia que le queda…— explicó al médico.

—Descuide…— comprendió y prosiguió —se debe tomar una drástica decisión… podemos esperar, y drenar los fluidos del interior del cráneo del joven y esperar que baje la hinchazón o tomar una medida preventiva... y provocarle un coma inducido, lo que nos garantizaría el menor daño cerebral en el caso que despierte— habló despacio, tratando de dejar claro las dos únicas posibilidades que tenían.

—¿En el caso de que despierte?— preguntó sin pretender entenderlo.

—Así es… ninguna de las dos opciones nos garantizaría la vida del joven— aseguró con tono seco, observando el rostro del joven frente a él desencajarse súbitamente.

—¡¿Qué?!— escucharon a sus espaldas. Todas las miradas se posaron de inmediato la figura femenina que difícilmente se mantenía en pie.

—Kagome…— dijeron al unísono Sango y Kagura al verla caer lentamente al suelo, pues sus piernas no tenían ya las fuerzas suficientes para sostenerla.

—¿Qué fue lo que dijo?— volvió a preguntar con un nudo en la garganta y sus ojos cristalinos.

—¿Qué hace usted aquí? Es una interna, ¡debería estar en su habitación!— mencionó al verla tan herida y con su bata hospitalaria puesta.

—Eso no importa… dígame ¿qué va a pasar con Bankotsu?— exigió saber alzando la voz, siendo sostenida por las dos mujeres.

El medico se giró y la vio severamente —por favor…— intervino la mujer de ojos carmín —…es su novia, estuvieron juntos en el accidente…

El médico suspiró cansadamente —es decisión suya…— soltó observando a Tsuikotsu —¿qué desea que hagamos?

Kagome como el resto de las personas presentes, tenían puestos sus ojos en él —no sé mucho de esto… ¿qué sería lo mejor para él?— preguntó ahora con humildad, no quería tomar una decisión precipitada.

—Sinceramente el inducir un coma sería lo mejor para evitarle daños cerebrales, pero como le dije… esto no nos asegura que despierte después de retirarle los medicamentos que lo mantendrían dormido… la operación que le realizamos fue para contener las distintas hemorragias que presentaba y sellar las fracturas que tenía, pero lo recibimos casi sin vida… — hablaba haciendo énfasis en lo crítica de la situación —…se hará lo que se pueda, el resto dependerá de él.

—Hágalo entonces… haga lo que sea necesario, Bankotsu no puede morir— mencionó confiando en estar haciendo lo correcto.

Apenas se retiró el médico, Kagome no pudo contener el llanto… —será mejor que descanses… como puedes ver aquí no hay nada que podamos hacer— le dijo Tsuikotsu sentándose a su lado, tratando de reconfortarla, pues a pesar de que fue poco el tiempo que ella y su hermano estuvieron juntos pudo darse cuenta de lo que Kagome llegó a quererlo y aunque éste nunca se lo dijo abiertamente, pues no era de ese tipo de personas, estaba seguro que también la quería, por lo que la chica le simpatizaba.

—Él tiene razón Kag… vamos — mencionó Sango y la ayudó a incorporarse para dirigirla nuevamente a su habitación.

Fue un fin de semana realmente difícil para todos… Tsukiomy había vuelto a casa con Sota, quien había pasado la noche en casa de una de sus vecinas, pues no quisieron preocuparlo al ver tan mal a su hermana. Sango era acompañada en esas horas de estadía en el hospital por Miroku, quien apenas se enteró no dudó en acudir a su lado, ahí mismo se encontraba Jackotsu al pendiente de cualquier cambio en la recuperación del que era su mejor amigo.

—Aún no puedo creer lo que pasó…— mencionó extrañamente serio el afeminado joven recargado en una de las paredes del corredor.

—Yo tampoco, todo fue tan rápido… me gustaría pensar que con la muerte de Naraku todo acabó…— soltó Sango de igual modo seria.

—¿Naraku? ¿te refieres al profesor Ikeda?— preguntó dudoso Miroku, quién no entendía qué tenía que ver el catedrático en todo ese asunto.

—Si… ese maldito fue quién los chocó…— dijo sin siquiera voltear a verlo —…pero ni con su vida pagó el daño que causó.

—¿Murió?

—Al instante… es una lástima, debió haber sufrido mucho antes de morir— mencionó molesta derramando una lágrima.

Todos guardaron silencio después de eso, tal vez estaba mal pensarlo, pero tampoco podían evitarlo. Miroku se acercó a Sango y la envolvió en un abrazo, a él le preocupaban ambos jóvenes, pero eran dos de los mejores amigos de la castaña y obviamente ella estaba sufriendo más.

—Tranquila Sango… se pondrán bien…— mencionó tratando de consolarla.

—¿Se pondrán bien?— preguntó irónicamente —¿acaso no sabes?… nada está bien… Kagome iba a tener un hijo de Bank… y lo perdió, ella jamás podrá volver a embarazarse… y lo peor de todo es que la vida de Bankotsu pende de un hilo…— mencionó molesta, pues se sentía frustrada —… ¿te das cuenta?… si Bankotsu muere…— mencionó ahora tristemente —… Kagome se sentirá más sola que nunca, y eso no es justo, ninguno de los dos se merece algo así.— finalizó casi ahogada en llanto abrazando al joven que nunca se alejó de su lado.

Miroku fijó sus azules ojos en Jackotsu quien con esa mirada triste, confirmó cada una de las palabras de la castaña.

Para el martes al medio día Kagome fue dada de alta, la totalidad de las heridas estaban cerrando, el dolor era mínimo al caminar, se podría decir que al pasar el tiempo, podría volver a seguir con su vida normalmente… aunque eso no era lo que ella sentía.

—¿Han tenido noticias?— preguntó apenas llegando junto a su antigua coach.

—Todo sigue igual… pero al menos ya lo dejaron pasar a verlo…— respondió sin mucha emoción, al observar a un desanimado Tsuikotsu salir de la habitación donde permanecía el moreno ya en un estado comatoso.

Kagome suspiró hondamente, apenas recibió el alta, había subido para saber de él… —cree que… ¿puedo verlo?— preguntó con cierta ansiedad, pero con la melancolía posada aun en su mirada.

—Voy a arreglarlo…— mencionó el joven director dedicándole una ligera sonrisa, y se encaminó en busca del médico que daría la autorización.

Después de colocarse ese traje azul que cubría su cuerpo, un cubre bocas y una malla para el cabello, lentamente se encaminaba a su lado… el corazón golpeaba con fuerza, y sus ojos se cristalizaron al verlo ahí, acostado, inmóvil, con la cabeza vendada, con una sonda conectada a su brazo, una mascarilla que lo proveía de oxígeno y las heridas en su piel apenas sanando… tocó su mano y un nudo en su garganta se hizo presente, estaba fría… un par de lágrimas rodaron de sus ojos, había intentado hacerse a la idea de que el verlo sería difícil, pero no creyó que tanto… el calor del cuerpo del moreno, ese calor que varias veces le había brindado seguía ausente…

—Bank…— apenas pudo mencionar, acarició su mejilla, cerró los ojos con fuerza conteniendo el llanto, imaginando que abriría los ojos y le contestaría… no fue así.

—¿Por qué?...— seguía sin entenderlo, si no la hubiese protegido con su cuerpo, tal vez tendría mayores heridas, pero él no se encontraría en ese estado — … tienes que regresar, despertar… no me puedes dejar, tu no… por favor, despierta… — suplicaba pegada a su rostro, continuaba derramando gruesas lágrimas y soportando el nudo en su garganta que tras cada palabra la lastimaba aún más.

Trató de calmarse ella misma… lo veía, no sabía lo que le pasaría, pero confiaba en que todo mejoraría…

—¿Sabes?... el medico dijo que después que retiraran los medicamentos que te mantienen así, dependía de ti el recuperarte… y yo confió en ti…— le dijo, esperando que él la estuviese escuchando. —…lo lograrás, aquí voy a estar cada día hasta que despiertes… te lo prometo…— mencionó limpiando el rastro de lágrimas de su rostro, le sonrió cálidamente —…te amo— aseguró depositando un beso en su frente y acariciando su mejilla.

—Señorita… lo siento, pero no puede permanecer más aquí…— dijo quedamente una de las enfermeras al ingresar a la habitación.

—Pero acabo de entrar…— respondió igualmente en bajo tono.

—Lo siento… aquí en terapia intensiva las visitas son sumamente reducidas… en una semana o días tal vez cuando lo pasen a terapia intermedia podrá permanecer más tiempo con él… por ahora no es conveniente.— añadió comprensivamente.

—Bien…— aceptó pues no tenía más opción —… volveré mañana— le dijo casi en el oído al joven que permanecía completamente inmóvil, dejándole un dulce beso en la mejilla.

Los días pasaron sin novedad alguna, Bankotsu había pasado de terapia intensiva a intermedia, como lo aseguró la enfermera, las visitas eran más prolongadas, Tsuikotsu tuvo que regresar a su cargo en la preparatoria, pues nada obtendría al permanecer tiempo completo a su lado, el neurólogo les había informado que sería en unas semanas más cuando le retirarían los medicamentos que tendrían que sacarlo del estado comatoso en el que se encontraba… aunque como les habían dicho también se podría dar el caso que no despertara, eso, no estaba en sus manos.

Kagome de igual forma había retomado sus estudios, ante la insistencia de su madre, que había por fin salido de la rehabilitación y se encontraba mucho mejor, y aunque al principio no quería, cedió, había regresado también al equipo de natación, pues eso de cierto modo la ayudaba a distraerse momentáneamente de todo, recordando que una vez fue el mismo Bankotsu quién le había sugerido que retomara dichas prácticas…

"Si tú no te rindes, yo tampoco lo haré…" con este pensamiento se levantaba todos los días, asistía a clases, a natación cuando le tocaba y sin faltar una sola vez, por las tardes, iba al hospital donde Bankotsu seguía internado, hacía sus tareas a su lado, le platicaba de todo lo que había ocurrido en su día… al principio le resultaba extraño hablarle y que no le contestara, pero al pasar de los días se acostumbró… pensaba que era mejor tenerlo así, platicar así, a no tenerlo y visitar una tumba.

—Hoy también por aquí Kagome…— mencionó a modo de saludo una de las enfermeras, pues ya la conocían y sabían de su historia.

—Así es… y aquí estaré hasta el día que despierte…— respondió sonriente, cerrando el libro sobre el cual trabajaba —¿lo vas a asear?— preguntó al verla llegar con una esponja y un recipiente con agua.

—Sí… solo será un baño con la esponja, al finalizar la semana lo bañaran completamente…

—Bien, pues te ayudo…— dijo sonriente tomando la esponja.

Kagome se esforzaba tanto, terminaba agotada al llegar la noche, pero en la tarde , que era cuando acudía a visitar al moreno sus fuerzas parecían renovarse, pues estar con él y "mantenerlo al tanto" de los acontecimientos diarios la entusiasmaban… procuraba hablarle de las clases, pues sentía que tal vez la escuchaba y no perdía nada al dejarle saber los temas que veían, aunque tampoco era que lo agobiara con esas cosas, siempre habían cosas graciosas que contarle de sus amigos… también lo extrañaban.

—Vaya así que hoy es el día…— mencionó con cierto ánimo Sango, mientras acudían a la cafetería de la preparatoria a la hora del almuerzo.

—Así es… estoy tan nerviosa…— aceptó preocupada la azabache.

—Tranquila Kagome, todo estará bien… Bank es fuerte — aseguró confiada.

—Pero han pasado ya casi tres meses…— replicó aumentando su ansiedad —es un coma largo… ni los médicos pueden asegurar que todo estará bien…

—Solo confiemos en que así será…— insistió sonriendo.

—Eso espero…— devolvió la sonrisa.

Una vez en la cafetería Inuyasha junto con Miroku acompañaron a ambas chicas a comer…

—¿Cómo te sientes Kagome?— preguntó el peliplata que había desistido en su afán por recuperar a la azabache, una vez que reconoció el que le parecía, un amor fuerte y sincero que le profesaba al engreído ojiazul.

—Bien… — contestó simplemente, sonriéndole por cortesía.

—Todo saldrá bien… — dijo para animarla aunque no lo consiguió del todo.

—Que diferente luce la cafetería últimamente…— mencionó cambiando el tema Sango.

—Sí, faltan Ayame y Sara… por cierto ¿qué ocurrió con Sara?— preguntó Miroku pues entendía que Ayame se había ido con su familia al extranjero, pero desconocía por completo de la otra joven.

Sango solo cerró los ojos… no quería recordarle a Kagome cosas tristes y Miroku no ayudaba.

—Ella está bien…— respondió Kagome casi de inmediato —… la encontré en el hospital la semana pasada… se le ve muy contenta con la llegada de su hijo en unos meses…— continuó tensando a Miroku, pues pudo ver cierta tristeza en los ojos chocolates de Kagome al hacer mención del hijo de Sara.

—¿Embarazada?— preguntó extrañado el peliplata —¡vaya esa sí que es una sorpresa! A pesar de ser tan joven un hijo siempre será un hijo… me da gusto por ella— finalizó sinceramente.

—A mí también…— mencionó la azabache para inmediatamente retirarse del lugar.

—¡Sí que eres tonto…!— reclamó molesta la castaña apenas perdió de vista a Kagome.

A Inuyasha le había dolido enterarse de la situación de su antigua novia, entendió el comportamiento que tuvo, quiso disculparse, pero tampoco quería hacerla recordar… volvía a pensar en lo tonto que un día fue, al pretender usarla… él, como Bankotsu pudo ser el dueño de ese amor que solo una chica como Kagome podía dar.

Mientras recorría el pasillo con dirección a su salón no pudo evitar pensar en los cambios que ahora había, instintivamente buscaba en el salón de enfrente una mirada furtiva del ojiazul, pero no estaba… Naraku había sido sustituido y ya nada quedaba de aquella persona, que le había arrancado lo que pudo llegar a ser, la personita más importante en su vida y que tenía a Bankotsu postrado en una cama sin poderse mover... Ayame no había terminado el semestre pasado al igual que Sara y tampoco había rastro del grupito de amigas al que pertenecía, ahora Eri pasaba la mayor parte de su tiempo con Houyo, con quien después del baile había salido en repetidas ocasiones, y Tsubaki junto con Yura, seguían siendo igual de frívolas… bueno después todo hay gente que nunca cambia, al menos eso pensó Kagome al verlas pasar tan sonrientes y despreocupadas de todo.

Tomó asiento en su lugar y volteó a ver el cielo perfectamente azul por la ventana, suspiró profundamente, por hoy no asistiría a su práctica de natación, se dirigiría directo al hospital; quería estar presente cuando detuviesen el flujo de medicamentos que sedaban a Bankotsu…

Habían dado las cuatro de la tarde y con una puntualidad notoria hizo acto de presencia el neurólogo, interrumpiendo de cierto modo la tensión que se hacía presente en la habitación…

—Bien, conforme a lo marcado... con esto concluimos el estado de coma inducido…— mencionó presionando los botones de la máquina que subministraba los ya mencionados medicamentos —… la hinchazón en el cerebro desapareció completamente, fue un coma largo, pero necesario… ahora solo nos queda esperar— finalizó volteando a ver a Tsuikotsu que se encontraba acompañado por Kagome y una enfermera que asistía en el cuidado del ojiazul.

—¿Cuánto tiempo cree que tarde en reaccionar?— preguntó apenas el doctor dejó de hablar, siendo observado por la mirada casi angustiada de la azabache que se preguntaba lo mismo.

Después de un pesado suspiro mencionó —bien… desde este momento su cuerpo eliminará todo rastro de los sedantes, debería reaccionar al paso de unas tres o cuatro horas como máximo.

—Tres a cuatro horas — repitió lo escuchado.

—Pero como les dije… no es seguro que el joven reaccione después de esto…

Un halo de angustia y ansiedad seguía presente en el lugar… pasaron lentamente las horas, llegaron las cuatro horas que daba el médico como máximo y todo seguía igual con él… cinco, seis… nada.

—Kagome lo siento… será mejor que vayas a tu casa a descansar… yo me quedaré aquí por si acaso — hablo quedamente Tsuikotsu, tocando el hombro de la azabache que se encontraba sentada justo a un lado de la cama y recostada sobre la mano del joven. Él tristemente comenzaba a aceptar la realidad, Bankotsu no despertaría.

—No… me quedaré aquí hasta que despierte — respondió sin voltear a verlo.

—Kag… creo que lo mejor sería…— hablaba Kagura que hacía ya un par de horas había llegado al lugar.

—Por favor… no iré a ningún lado…— interrumpió sin ánimos siquiera de discutir, ella también temía lo que ahora era una verdad… pero quería seguir aferrándose a una ilusión.

Un pesado suspiro salió de sus labios… —bien, volveremos por la mañana, no creo que sea necesario que pases la noche aquí, pero es tu decisión.— mencionó el hombre mientras se retiraban.

No contestó, sus ojos se aguaron —por favor, despierta — le suplicó apenas se quedaron solos.

—Así que no reaccionó— mencionó pensativo el peliplata, que se encontraba junto con Miroku en casa de Sango.

—No… Kagome prácticamente no se despegado de ahí ni un minuto…— dijo con notoria tristeza en su voz.

—Quieres decir que desde el viernes está ahí… pero si ya es domingo.— mencionó sorprendido el joven de pequeña coleta.

—Solo ha salido a asearse y de inmediato vuelve… saben, voy con ella, la convenceré de regresar a su casa y mañana asistir al colegio…— informó la castaña.

—Yo también me voy… pero los veo allá.— dijo el peliplata para salir apresurado de ahí con su celular en mano.

—¿Qué ha pensado?— preguntó preocupada Kagome a Kagura, volteando a ver a Tsuikotsu que se retiraba con el neurólogo, y otro médico al que no conocía.

—Seguirá esperando…—mencionó, dibujando una sonrisa en el rostro de la colegiala —…es su hermano Kagome, y esperará el tiempo que sea necesario.

—No sabes el gusto que me da…— dijo con familiaridad —…me tenía preocupada que se rindiera.

—No te preocupes… mmm, creo que te buscan…— informó volteando a ver a cierto peliplata que se encontraba fuera de la habitación donde ellas acompañaban al moreno.

—¿Inuyasha?— mencionó extrañada, pues no era de las personas que más frecuentaran el sitio.—Veré que se le ofrece— dijo dirigiéndose a él.

—¿Podríamos hablar?— preguntó el ojidorado apenas la tuvo enfrente.

—Claro…— aceptó y ambos se dirigieron a la sala de espera.

—Me tome la libertad de presentarle al director al Dr. Itzuno, es una eminencia en el campo de la neurología… es amigo de mis padres y creo que su opinión podría ayudar… no sé, tal vez conozca algún método o algo…

—Inu-yasha… gracias, de verdad… no esperaba que hicieras algo así por Bankotsu— dijo pues sabía bien que ellos dos estaban muy lejos de ser amigos.

—No solo es por él… también es por ti Kag… no me gusta verte siempre triste — mencionó con una tenue sonrisa.

Los ojos chocolates de Kagome volvieron a cristalizarse, pues se encontraba muy sensible en esos días —gracias— y casi sin pensar abrazó a un sorprendido ojidorado, que solo pudo corresponderle. Nuevamente podía ver el gran amor que Kagome seguía y probablemente seguiría sintiendo por Bankotsu.

La intervención en el caso del Dr. Itsuno obviamente no consiguió hacer reaccionar al moreno, pero de cierta forma, algunas, por muy escasas que fueran las veces, informó, han habido pacientes que consiguieron despertar de comas muy largos… al menos eso mantenía viva las ilusiones.

El tiempo transcurría inevitablemente… y con cada día moría una nueva oportunidad, poco a poco el optimismo se desgastaba… habían pasado casi nueve meses desde que se retiraron los medicamentos que mantenían apagado el cerebro del joven, la actividad que había presentado no aumentaba, al contrario a veces parecía disminuir, y había sufrido algunas fallas cardiacas, y aunque cada vez lograba superarlas, le daban a los médicos la obligación de sugerir al hermano del paciente, la opción "humanitaria" de desconectar la máquina que hasta el momento le daba vida al cuerpo del ojiazul… y aunque éste en un principio se negaba rotundamente a hacerlo, hacían un par de semanas que de verdad consideraba dicha opción, aunque no lo expresara abiertamente.

Kagome por su parte, seguía siempre al pendiente de él, dando un gran esfuerzo, pues desde las 6:00 a.m. que se levantaba para prepararse e ir a la preparatoria, que cabe mencionar estaba ya a un semestre de finalizar… después un duro entrenamiento, pues había conseguido recobrar su lugar como una de las mejores nadadoras del estado, asistía y pasaba varias horas en el hospital con Bankotsu… le había resultado tan difícil acostumbrarse a no escucharlo, a no sentirlo… lo extrañaba.

Ya habían pasado fechas importantes para ella, para todos en general, pasó esa primera navidad y año nuevo con él… solos, sola… su cumpleaños, había cumplido ya 19 años al igual que él, tampoco se festejaron… no iba a los bailes o eventos que organizaba la preparatoria exceptuando claro los deportivos, en los que sí se comprometía del todo, pues se había prometido a ella misma que al igual que Bankotsu se esforzaba por mantenerse con vida, ella daría su mejor esfuerzo por seguir siempre adelante… por él, por los dos.

Seguía manteniendo la amistad de Sango, Miroku, Jackotsu, Inuyasha, incluso Kouga, que también le había servido de mucho el sentirlo a su lado, pues era una especie de mejor amigo para ella; aunque a pesar de ello, se sentía sola, vacía… en su casa las cosas también habían mejorado… su madre había vuelto casi desde que ocurrió el accidente, su hermano estaba feliz, su tía frecuentemente los visitaba y habían recuperado el antiguo cariño y cercanía que por algún tiempo la misma Kagome rechazaba.

Esa noche, como muchas se encontraba verdaderamente agotada física y emocionalmente… todo parecía haberse arreglado, y ella no se sentía mejor, sí… se esforzaba en sonreír, estudiar, convivir con todos, pero siempre había una pequeña obscuridad que opacaba el brillo de sus ojos y no la dejaría disfrutar de nada aunque lo intentara.

—Te extraño…— volvía a reconocer acostada en su cama y en la soledad de su habitación completamente obscura —…te necesito tanto…— habló despacio pero dolorosamente, dejando rodar libres las lágrimas que solo en momentos como ese se permitía derramar.

Podía escuchar el latir fuerte de su corazón y un nudo en la garganta al intentar contener los sollozos que anhelaba dejar escapar su alma —Te amo Bank…— dijo y se giró, y como todas las noches durmió llorando.

—¡No puedes estar hablando en serio!— reclamó molesta y sin muestra alguna de respeto la azabache.

—Lo he pensado mucho… y al igual que a ti, a mí también me va doler la despedida…— habló secamente Tsuikotsu y con una dolorosa pero firme decisión en sus ojos.

—¿Lo vas a matar?¿así de fácil?— volvía a reclamar, completamente desconcertada y dolida.

—Tranquila Kagome… — intervino Kagura que de igual modo la tomaba por sorpresa la repentina decisión.

—¿Qué me tranquilice? ¡tú lo sabias!— volvió a reprochar alejándose de su entrenadora, viendo a ésta negar su afirmación.

—Ella no sabía nada… es una decisión que solo me compete a mi…— informó con voz gruesa y firme, ya comenzaba a irritarse.

—No puedes hacerlo… es tu hermano.

—Precisamente por eso… ¡míralo Kagome!— alzó la voz al señalar a su menor hermano —…hace casi un año que está igual… postrado en esa cama, sin poderse mover, hablar…¡ni siquiera respirar por sí mismo! ¿crees que es justo para él?— preguntó molesto.

—Él se esfuerza por mantenerse aquí…— replicó segura de sus palabras.

—Su cuerpo lo hace… pero ese no es Bankotsu… ¡por Dios! Él no podía quedarse cinco minutos sin hace nada porque se fastidiaba, disfrutaba su vida, su libertad, el poderse mover, ir a donde quería… ¡ni siquiera se molestaba en pedir permiso!…— mencionó cada vez perdiendo la fuerza de su voz —… de verdad crees, que si está consiente, disfruta esta clase vida… ¿sabes que cada falla cardiaca le debe doler?— preguntó con sus ojos cristalinos al imaginarse a su hermano sufrir sin poder expresarlo.

—Yo… yo no sé…— dijo con la voz cortada por el llanto al entender el punto de Tsuikotsu —…¡pero no quiero que muera!— le gritó con tanto dolor —…sé que es egoísta de mi parte… ¡pero me rehúso a dejarlo ir!— habló fuertemente aguantando el nudo en su garganta.

—Tranquila Kagome, por favor…— pidió de nueva cuenta Kagura, quien también sentía esa ansiedad en su pecho, pues de cierto modo veía a ese joven como su hermano.

—No quiero… ¡no quiero que el muera!…— repitió recargándose en la pared que estaba frente a la cama donde Bankotsu permanecía inerte, y con sus manos ocultó su llanto.

Tsuikotsu mantuvo su vista en la todavía adolescente, la entendía perfectamente, él también pasó por ese proceso de negación en el cual ella estaba, pero algo llamo su atención…

—Ese anillo…— mencionó después de varios segundos en los que no se escuchaba nada más que el llanto de Kagome y el pitido insistente de la máquina que mantenía vivo a Bankotsu.

Kagome alzó el rostro y de inmediato bajó su vista siguiendo la mirada de Tsuikotsu que se posaba sobre su mano… —él me lo dio, ya hace un tiempo…— informó refiriéndose al anillo que Bankotsu tanto había insistido que no se quitara.

La mirada del director pareció cambiar — ya veo…— mencionó y sonrió ligeramente, después de darle una última mirada a su hermano, salió de la habitación sin decir más…

La azabache lo miró extrañada… ¿lo había decidido?¿así de simple? Él no podía, por buenos que fuesen sus argumentos decidir arrebatarle la vida a la única persona que le daba motivos de seguir… de sobrevivir a ella. Sus piernas flaquearon al suponerlo… cayó de rodillas al suelo y con algunas lágrimas rodando por sus mejillas.

—No lo hará Kagome…— aseguró Kagura intentando levantarla.

—¿Cómo lo sabes?— preguntó desanimada.

—Lo conozco… conozco esa mirada que tenía cuando se marchó… y no lo hará ¿sabes por qué?— preguntó sorprendiendo a la joven que solo negó en silencio. —Ese anillo, perteneció alguna vez a su madre… y si Bankotsu te lo dio, fue porque estaba seguro de querer pasar su vida contigo… porque te amaba, Kag.

El corazón de Kagome golpeó fuertemente en su pecho y su llanto aumentó al saber de los sentimientos de Bankotsu por ella…

—Y a pesar de todo, Tsuikotsu no se atreverá a desconectar a Bank, no sabiendo de la ilusión que tenía de compartir su vida contigo… no pisoteará jamás ese deseo… él te amaba Kagome… te ama, estoy segura— finalizó brindándole lo que le pareció a Kagome ser el abrazo más reconfortante en su vida.

Habían pasado ya varias horas y todavía se veían rastros del doloroso llanto que emitió la azabache, sus ojos aun ligeramente rojos se posaban en el rostro del moreno que parecía simplemente dormir tranquilo, si no fuera por ese respirador artificial que cubría su boca y nariz cualquiera juraría que eso hacía…. y su mano acariciaba sin prisa su frente, levantando su flequillo en el acto…

—No te rindas… yo no me voy a cansar de esperarte…— le pidió y aseguró mientras depositaba un beso en su frente —…me tengo que ir, pero mañana regreso…— le dijo casi en su oído antes de retirarse por ese día.

—¿Qué?— preguntó a su entrenadora.

—Las competencias ¿lo habías olvidado?— preguntó brindándole una mirada con un ligero reproche.

—Pues… bueno, sí… digo, con todo lo que ha pasado…

—Son el domingo muy temprano, por lo que salimos el sábado a medio día …

—¿Mañana?— preguntó desganada.

—Así es… y no solo eso… te tengo una sorpresa…— informó con cierta emoción.

—¿Cuál?— preguntó contagiada de la misma.

—Me mandaron esta carta…— dijo entregándole una hoja junto a otro sobre —… te están ofreciendo una beca completa para la Universidad de Tokio…

—¿Una beca?— preguntó sin creer.

—Sí Kagome… quieren tener a la que aseguran se convertirá en la mejor representante de nado del país estudiando con ellos…

—Pero yo…

—Pero nada… cualquiera mataría por algo así… las carreras a elegir son muchas, seguro encontraras la que te atrae…

—Si…

—Ahora procura descansar… que el domingo hay que salir a ganar…— mencionó empujando a la azabache hacia afuera, pues se encontraban todavía en el gimnasio.

—Claro…— dijo sonriente, ese semestre sería el último en la preparatoria y ahora tenía una beca para la universidad, eso definitivamente era tener suerte, muchos alumnos tenían que luchar mucho para conseguir un lugar en cualquier universidad, y ella no solo lo tenía, sino que no le costaría afrontar los gastos de sus estudios, solamente preocuparse por los mismos.

Todo el camino al hospital mantuvo una sonrisa en sus labios aunque la misma desapareció al entrar en la habitación del moreno…

—Hola Bank…— saludó como siempre, con un beso en la frente y acariciando su mejilla, cerró los ojos al saber que hoy tampoco obtendría respuesta. Suspiró.

Se recostó en la cama a su lado, acomodó su brazo para sentir que la abrazaba, ya varias veces la habían regañado por eso… pero lo seguía haciendo, era una forma que tenía de sentirse más cerca de él… el calor de su cuerpo no era el mismo que alguna vez le transmitió, las caricias seguían ausentes, que decir de un beso… pero eso le bastaba, había aprendido a aceptarlo.

Le contó como siempre su día, que mañana y el domingo no iría pues saldría del estado por las competencias, que volvería el lunes… le informó de su beca, y como ahora había decidido no tomarla... no se iría a Tokio, no lo iba a dejar, asistiría a la universidad local, segura que conseguiría un lugar…

Suspiró —¿sabes? Cualquiera estaría feliz…— le dijo abrazándose de su pecho —…pero yo no puedo… si no estás nada se siente bien…— aceptó — te necesito… te amo y te extraño. — le aseguró y por primera vez se permitió llorar y desahogarse en su presencia, ese día, contrario a lo que todos pensasen, había sido muy difícil… podía aguantar los días duros por él… pero los días que todos considerarían buenos, eran para ella los peores, pues no los disfrutaba como debería, como todos lo harían.

—Yo pensaba que podía vivir así y no puedo… es difícil…más difícil de lo que creí… no sé qué hiciste, cómo le hiciste para que te amara como te amo… sería más fácil verte lejos, con alguien más, podría intentar odiarte…¡ pero no puedo verte aquí ! … ¡no quiero!, no quiero pensar que puedes morir en cualquier instante o nunca despertar…— le decía en medio de su llanto, apretando la bata hospitalaria del chico — no pensé que esta espera doliera tanto… no sabes cuantas veces desee morir… ser yo la que estuviera aquí… ha sido tan difícil, me has hecho tanta falta… ¿sabes?— mencionó con dolor —…íbamos a tener un hijo…— prosiguió volviendo a sentir el mismo nudo en la garganta que cada que lloraba se hacía presente —…un hijo, tuyo y mío… murió Bank… ni siquiera supe que lo esperaba— completó mojando con sus lágrimas la bata y sábana que cubrían al moreno —¡ni siquiera lo supe!— repitió golpeando con un puño el pecho del chico…—si ese accidente no hubiese ocurrido, ahora estaría conmigo esperando tu despertar, pero no está y nunca habrá otro…

Kagome estaba tan concentrada en su dolor, en todo lo que nunca le dijo y que se juraba nunca le volvería a decir, que no se percató siquiera que uno de los dedos de la mano del chico se movió…

Minutos después, estando ya cansada de llorar, como era costumbre entró una enfermera invitándola a bajar de la cama, pues bien sabía que no estaba permitido…

—Lo siento…— se disculpó apenada —…pero sabes que no puedo evitarlo…— finalizó con una ligera sonrisa, volviendo a ocultar su dolor de los ojos ajenos.

—Lo sé Kagome… pero sabes que los médicos son muy estrictos… yo sé que no pasa nada, pero bueno son…— decía amablemente la joven enfermera que se conmovía de la situación por la cual pasaba.

—órdenes…— completó Kagome que ya sabía bien todo ese discurso. —Voy a tener más cuidado, pero no lo voy a dejar de hacer…— sentenció sonriente la azabache.

Con una sonrisa con cierta complicidad se marchó la enfermera…

—Perdóname Bank… es solo que ya no podía callar, necesitaba hablarlo con alguien… sabes que te amo y que no te voy a dejar… por favor, tú tampoco lo hagas…— se disculpó pues se había prometido no preocuparlo, pues creía que él a pesar de todo estaba consiente, aunque los demás no lo supieran.

Esta vez se marchó de inmediato, pues tenía cosas que preparar para el viaje que haría mañana, pues no tenía nada listo, deseaba que el fin de semana pasara rápido y volver con él al hospital, al cual ya veía casi como un hogar.

—Estuviste excelente… eres grandiosa Kagome…— habló su madre en cuanto la vio bajar del pódium.

—Gracias mamá… sabes que me gusta mucho nadar, aunque sí que difícil, cada vez hay mejores nadadoras.

—Nunca por encima de ti…— completó Sango quien también había hecho el viaje para apoyar a su amiga.

—No, no al menos hoy…— afirmó pues había quedado primera de las 7 mejores de la zona.

—Bien, como ya terminaste aquí vayamos a divertirnos…— dijo la castaña tomándola de la mano y guiándola a la salida.

—Pero…

—No, ya hable con tu entrenadora, partimos por la noche, así que la tarde es nuestra…

—Que se diviertan…— dijo la madre que ya había rehusado la invitación de la castaña con anterioridad.

—Lo haremos…— gritó Sango llevando casi a rastras a la azabache consigo.

—Estoy muerta…— aseguró Kagome apenas puso un pie frente a su casa.

—Pues te aseguro que si fuese más temprano irías a ver Bank al hospital…— dijo sin pensar la castaña que llegaba con ella.

—Mph… cierto…— mencionó con cierta nostalgia —…pero mañana iré a primera hora— aseguró con una sonrisa.

—¡Qué suerte tienes!… mira que perdonarte el día solo porque fueron a competir… yo también fui, y sí tengo que asistir.

—Sí, pero tú no participaste…— se burló la azabache.

—Niñas es mejor que entren… ya es muy noche…— habló la madre de Kagome quien ya hacia un par de minutos se encontraba dentro de la casa.

—Si señora…— respondió Sango — creo que es mejor que vaya a mi casa… oye Kag ¿y tu hermano?— preguntó antes de marcharse, pues hasta ahora lo recordaba.

—Esta con mi tía… ellos deben de estar durmiendo…— aseguró pues la casa estaba ya casi en penumbras.

—Oh… pues bien, que descansen…— se despidió entre un gran bostezo, ya que también moría de sueño.

Los rayos del sol le daban una manera muy poco grata de despertar, al pegarle de lleno en el rostro… sonrió, hoy no tenía por qué asistir al colegio, después de las competencias de ayer, estaba justificada… se levantó con cierto ánimo de la cama y se preparó para ir al hospital tal como lo había dicho…

—Termina tu desayuno Kagome— regañó la madre pues la veía levantarse apresurada del comedor.

—Ya no tengo hambre…— dijo mientras se dirigía a la cocina a lavar los trastos que había usado.

La madre sonrió complacida, sabía el porqué de su comportamiento —no es necesario que los laves, yo lo haré

—Gracias mamá…— le dijo, para ir a darle un beso en la mejilla antes de salir con prisa de la casa, hoy tenía una sensación extraña en el pecho.

Recorrió lo que le pareció ser un infinito corredor hasta la habitación número quince, que por lo que había sido casi un año había ocupado Bankotsu… abrió la puerta lentamente y el corazón casi se le detiene al ver a la enfermera tendiendo una cama vacía… no había nada, no estaba él, ni las flores que ella solía llevarle, ni las fotos… ese cuarto ahora estaba nuevamente disponible.

Las manos las sintió heladas, no podía ser cierto, ni a la enfermera reconoció.

—El joven…— mencionó apenas con voz atrayendo la atención de la mujer —…el joven que estaba aquí… ¿dónde está?— exigió saber, no quería escuchar una mala noticia… no quería pensar que Tsuikotsu aprovechando su ausencia y aún contra lo que aseguraba Kagura, se había atrevido a desconectar a Bankotsu.

—No sé de quién me habla… yo soy nueva, y no sabía de nadie que estuviera aquí anteriormente… pero si gusta, puedo ir y preguntar…— mencionó amablemente la joven y desconocida chica.

Kagome solo atinó a asentir lentamente, no pudo hablarle…

—No puede ser…— se dijo permaneciendo parada en la puerta de la solitaria habitación, se sostenía de una de las paredes —…no… él no… no puede estar…

—¿Muerto?— preguntó completando lo que sería la oración de la azabache, esa conocida y tan anhelada voz a su espalda.

Casi pudo dejar de sentir latir su corazón, cuando lo escuchó y sintió sus brazos abrazarla por la cintura, no podía verlo, pero lo sabía, lo sentía… pudo reconocerlo.

—Ban…kot..su— mencionó y colocó sus manos sobre las de él… cerró los ojos al sentir la calidez de su piel, de su cuerpo, en ese abrazo.

—Yo también te extrañé Kag… no sabes cuánto— le aseguró a su oído, pues ella permanecía inmóvil todavía.

Se giró, quiso verlo nuevamente, ahora despierto... vivo. Sonrió, sus ojos azules, aquella mirada fría, arrogante, segura, volvía a verla acompañada de cierta ternura, pues así era su mirada cada vez que la veía, no la había olvidado… ahí estaba, después de un año… con esa sonrisa de medio lado que siempre lo caracterizó.

—Eres un tonto…— le reclamó llorosa, apretando su camisa y ocultando su rostro en esta —… tardaste tanto… yo creí que…

—Jamás te dejaría… tú me lo pediste… te amo Kagome— le aseguró, envolviendo lo que era para él su pequeño y frágil cuerpo.

—¿Lo escuchaste?— preguntó viéndolo con cierta duda…

—Cada palabra… solo, no podía despertar…— le dijo desapareciendo su sonrisa, y por primera vez, con culpa en su mirada. —Lamento no haber estado contigo, haberte dejado sola… debió ser muy duro para ti… para mí también lo fue el enterarme hace unos días que me lo dijiste…— mencionó refiriéndose a la última vez que Kagome estuvo con él.

Bajo su mirada apenada —perdóname… yo…

—Perdóname tú a mí…— le dijo sin dejarla terminar y apretándola más contra él.

—¿Cuándo…?

—Unas horas después que te fuiste…— respondió seguro de su pregunta.

—¿Y por qué nadie me dijo?— reclamó alzando la voz.

—Shh… es un hospital ¿recuerdas?— la regaño con cierta burla —… tú tenías una competencia que ganar… ¡felicidades por cierto!.

Ya no dijo más, volvió a abrazarlo con fuerza, estaba bien, se apoyaba en un bastón para caminar, pues el engreído joven aseguraba no necesitar una silla de ruedas…

—Así que te dieron de alta…— mencionó separándose apenas de sus brazos, volteando a ver el cuarto vacío que anteriormente ocupaba.

—Logré convencerlos… un año en el mismo lugar y escuchando ese molesto sonido de la estúpida máquina en mis oídos segundo a segundo… ¡era para volverme loco!.— mencionó con cierto fastidio.

—Mph… no cambias…— comentó divertida por su forma de ser.

Solo negó en silencio mientras sin prisa acariciaba su rostro… despacio y con la emoción como si fuese la primera vez, Kagome volvió a sentir lo cálido de sus labios y su fresco aliento, en lo que era para ella un tan anhelado beso. Por momentos dejaba sus labios solo para volver a tomarlos, mientras sus manos recorrían la cintura y espalda de la delgada joven… Kagome mantenía una mano en su pecho, sintiendo su corazón latir por sí solo… ahora sí, todo estaba bien…

Dejó sus labios y recorrió con éstos su cuello, haciéndola estremecer entre sus brazos…

—Me gustaría invitarte a mi casa para estar contigo… es lo que más deseo…— mencionó viendo el sonrojo que provocó en la colegiala —…pero según los médicos hay ciertas actividades que todavía no puedo realizar.— finalizó con su típica sonrisa de medio lado.

—¡Bankotsu!— reclamó molesta por su atrevido comentario.

—¿Qué?— preguntó fingiendo indignación — pero aun así… vamos, no soporto este lugar…

Una vez en dicho sitio comieron, subieron sin prisa a su habitación, las horas pasaron como minutos, eso les pareció, entre platicas, risas, una que otra lágrima por los dolorosos hechos, besos, caricias, atrevidas caricias por parte del ojiazul, seguramente nunca disfrutarían más la simple compañía del otro que en esos momentos… y sin que se dieran cuenta siquiera ya se encontraban acompañados por la familia y amigos de ambos chicos en una cena que ofreció Kagura para celebrar.

La rehabilitación del moreno fue rápida a comparación de otras personas en su situación… su condición física siempre había sido buena, se mantenía muy ocupado estudiando desde casa lo que quedaba de ese semestre, por fortuna pudo ir y presentar los exámenes a la preparatoria, salvando el curso, pero aun así había perdido un año completo de estudios…

—No me gusta la idea de estar lejos…— mencionó tristemente la azabache mientras caminaban por un parque cercano a su casa.

—Será temporal… no vas a dejar pasar esa oportunidad…— comentó seriamente el ojiazul deteniendo su marcha.

—Eres tú el que más me ha animado a aceptar esa beca…— comentó suspicazmente—¿será que me quieres lejos?— preguntó entrecerrando los ojos y colocándose frente a éste.

—Mph… ¿cómo puedes siquiera pensarlo?... ya habías decidido no ir… quedarte aquí por mí… ya estoy bien, ahora piensa en ti… sabes que es la mejor opción — le respondió con una sincera sonrisa.—Además iré a verte cada semana…— añadió a modo de amenaza.

—Bien… eso sería excelente…— mencionó con una ligera sonrisa, girándose para comenzar nuevamente a caminar… suspiró profundamente —cada quién tomará su camino…

Bankotsu volteó a verla sin comprender del todo su comentario.

—Lo digo por todos…— dijo rápidamente, al notar su reacción — Sango y Miroku asistirán a la Universidad de Hiroshima, y su relación parece marchar muy bien… Jackotsu asistirá a la universidad local, Kouga se irá del país al igual que Inuyasha, cada uno con destinos diferentes… Sara retomó sus estudios y según sé, está muy bien, vive con sus padres que al igual que ella aman a su pequeño…— comentó con cierta nostalgia.

—Tú te irás y te irá muy bien… todo estará bien entre nosotros también Kag… confía en mí…— mencionó al notar su cambio de ánimo…

Asintió silenciosamente… —lo sé…

Después de ese día las cosas pasaron tal y como Bankotsu había dicho… Kagome estaba en Tokio, había rentado un pequeño departamento puesto que no quiso vivir en el campus universitario, ya que cada que él iba a verla se quedaban juntos todo el fin de semana… él, seguía en la preparatoria, había regresado al baloncesto y rápidamente había recuperado el puesto al que renunció años atrás… se mantenía ocupado de esa forma, no descuidaba sus estudios, pero para él seguía siendo prioridad el deporte… se acostumbró a sus nuevos compañeros y aunque no veía a Kagome cada fin de semana como ambos pensaban, pues él tenía partidos y ella sus propios compromisos en la universidad y con su nuevo equipo de natación… aun con eso el poco tiempo que pasaban juntos solían disfrutarlo y aprovecharlo… y cuando no podían siempre una llamada, un correo electrónico o un texto, aminoraba la distancia.

—Estoy muerta… este día ha sido horrible— se quejó consigo misma, entrando a su departamento. Pues el día había sido agotador, se levantaba muy temprano para tomar sus clases, en el descanso había aprovechado para avanzar sus tareas, ya que eran muchas, y en la práctica de natación había sido muy exigida por su nueva entrenadora, a pesar del tiempo todavía no se acostumbraba del todo a su ritmo de trabajo, y para variar, regresar a su departamento en el servicio público siempre era desgastante por la cantidad de gente que en ellos viajaban, ahora se arrepentía de no haber querido aprender a manejar…

—Y todavía no termina… — aseguró el ojiazul que tenía ya un tiempo esperando su llegada.

—¡Bank!— lo nombró emocionada al verlo acercarse —…por qué no me avisaste que vendrías, hubiera intentado llegar antes…

—Quería darte una sorpresa— mencionó, pues hacía más de un mes que no se veían.

—Y vaya que me la diste…— dijo antes de terminar con la distancia entre sus labios.

El moreno correspondió y volvió más demandante su beso, aprisionándola entre la puerta y él… sus manos recorrían sin permiso el delgado cuerpo de la azabache, la distancia solo acrecentaba más la necesidad y la pasión en cada uno de sus encuentros, y él se lo dejó saber al levantar sus piernas y enredarlas en su cadera dejándola casi expuesta ante él, pues el vestido que ella portaba ya poco la cubría…

Una vez que se deshizo de la que consideraba la molesta ropa, la recostó sobre el sofá más cercano y volvía a posarse dominante sobre el pequeño cuerpo de la azabache, decidido a hacerle el amor una vez más…

—¿Sabes?— preguntó dejando sus labios momentáneamente —…necesitamos un departamento más grande.

Kagome lo observó extrañada, para de inmediato comprender lo que decía —¿vendrás a Tokio?— preguntó segura de ello.

Él sonrió y asintió — recibí ofertas por varias universidades… pero esta, te tiene como bono adicional… — comentó con una sonrisa confiada.

—Es solo media beca…— comentó, pues bien sabía que otras universidades estaban dispuestas a cubrir la totalidad de sus estudios por reforzar a sus equipos de baloncesto.

—Yo pagaré la otra parte, ya no quiero que nos veamos cada mes…— le dijo pues era cierto. —Kagome… cásate conmigo.

—¿Qué?— preguntó con sorpresa, pues no había considerado esa posibilidad.

—No ahora… vivamos juntos y cuando terminemos la universidad nos casamos…— sugirió pues no quiso parecer presuroso.

Solo asintió, mordió su labio inferior y contuvo las ganas de llorar… volvió a aceptar sus labios y caricias, nuevamente se entregó al placer de pertenecerle en cuerpo y alma… tal vez no fue la propuesta más romántica antes dada… pero significaba la promesa de la felicidad que creyó tal vez, nunca alcanzaría… de una vida a su lado.

FIN.

Uff después de más de un mes, lo siento, pero por infinidad de cosas no había podido ponerme a escribir… y me bloquee parcialmente, como verán no le di a la historia el status de completo, pues tengo pensado hacer un epilogo que más adelante subiré…

Gracias a quienes leen la historia y a las personas que me dejaron sus comentarios: Esme, lady darkness chan, camy, Michelle C3, lady of the west, Sasunaka doki, Yaz Delgado, Tamyinu 26, chechi, Orkidea 16, hasai shinju, Fallen Angel, Mica, Ivana, Fan n1 de Bank (ese puesto te lo vamos a pelear varias, jaja, ntc), miikaa, Kaichou wa maid, luliiana, Pauly y dos invitadas que no pusieron su nombre… mil gracias por el apoyo y comentarios

Subo el epilogo más adelante y voy a empezar otra historia con los mismos protagonistas solo que será en la época del Sengoku… no será igual a las que ya hay, que son muy buenas por cierto, será a mi estilo y diferente trama obviamente… Nos leemos :)