LOS PERSONAJES DE INUYASHA NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE LA GRAN RUMIKO TAKAHASHI, SOLO LOS TOMO PRESTADOS PARA REALIZAR ESTA HISTORIA, LA CUAL SI ES COMPLETAMENTE MIA.

EPILOGO

Sus ojos chocolates se fijaron a la distancia, en el chico de larga trenza que había sido entretenido por una de sus compañeras de clase al salir de la Universidad, no pudo evitar sentir una molestia al verlo cargar el pequeño hijo de la misma entre sus brazos… fijó sus ojos en el volante del coche donde ella lo esperaba, habían pasado ya cuatro años desde que comenzaron a vivir juntos y todavía no terminaba de aceptar el hecho que nunca serían una familia completa… la nostalgia invadió sus ojos mientras devolvía la vista al joven que entregaba con cierta prisa al pequeño a los brazos de la madre y se apresuraba a su encuentro.

—Esa niña, Sora… le gustas— le aseguró antes de siquiera saludarlo, una vez que el joven ingresó al auto que ella se disponía a arrancar.

—¿Te parece?— preguntó sin mucho interés el ojiazul, dando un fugaz vistazo a los papeles que tenía en sus manos.

Kagome volteó a verlo ligeramente molesta, pues no entendía la manera tan poco seria de tomar la conversación —sí, ¿qué no lo has notado?— añadió secamente.

—En realidad no… aunque no es algo que me interese…— mencionó ciertamente, pues si bien su joven compañera era atractiva y le simpatizaba, no la veía como algo más, poco le importaba el hecho de que fuese madre soltera; sino que él, ya tenía una relación —¿celosa?— preguntó, pues el tono de la azabache le causó esa ligera impresión.

—Sí claro… como digas…— respondió irónicamente haciendo sonreír al ojiazul y optó por dejar el tema, no quería dejarle ver lo que realmente le molestaba.

—¿Te pasa algo?— preguntó fijando sus ojos en ella, dejando de lado las hojas que sostenía. Últimamente no era extraño ver a Kagome molesta o en ocasiones triste.

—No, ¿qué habría de pasarme?— mencionó sin quitar la vista del camino —entonces, ¿lo hiciste?— preguntó cambiando el tema y volteando a ver el folder que aun sostenía el joven.

—Sí, creo que es lo mejor… desde hace un año que renuncié a la beca para poder jugar profesionalmente, así que puedo terminar la universidad después…— dijo simplemente, pues estaba a menos de un semestre de terminar sus estudios, pero el equipo de la ciudad le había hecho la oferta de jugar de manera profesional, siendo de los jugadores más jóvenes en la liga, aceptó casi de inmediato pero ahora debía cumplir con ciertos compromisos que lo obligaban a salir de la ciudad y no podría asistir con regularidad a sus clases, por dicha causa había puesto en pausa sus estudios, ya los retomaría más adelante pues era algo que también le interesaba y no pensaba dejar inconcluso.

—Bien, supongo que no tendrás problemas con eso…— le comentó, pues era un tema ya hablado entre ambos. El camino de vuelta a casa fue llevado con la música que la radio sonaba y alguna plática de interés común.


Las semanas pasaron de prisa, Bankotsu tenía que estar fuera desde los jueves por la mañana hasta los domingos temprano, pues sus concentraciones para los juegos nocturnos de los sábados le exigían esos días completos, mientras Kagome quien ya había terminado su carrera, ocupaba sus días en un despacho legal que junto a otras dos compañeras habían abierto.

Un miércoles por la tarde-noche después de tomar un baño se encontraba Kagome recargada en el balcón con vista a un gran parque que tenía el departamento donde ellos vivían, usaba ya su pijama tipo seda que constaba de un pequeño short y una blusa de tirantes, ambas piezas en color beige y holgadas… su mirada perdida en un punto de dicho parque… sus pensamientos o sus preocupaciones, seguían siendo las mismas "algún día tiene que pasar… Bankotsu deseará una familia y yo no podré dársela…" ese pensamiento la atormentaba día y noche, tenía casi veinticinco años y varias veces al estar él dormido a su lado, lo observaba y sentía la necesidad de ver, lo que ella creía, sería el fruto de su amor… era su más grande deseo, tal vez por el hecho de saber que no lo lograría y se maldecía por ello, Kagome se culpaba y cargaba ella sola con eso.

Bankotsu que recién salía de tomar un baño le sorprendió no ver a Kagome en la habitación y tampoco escuchar el sonido de la televisión de la sala, se colocó solo el pantalón de su pijama y aun secando su largo cabello con una toalla fue a buscarla… le extrañó verla tan sumergida en sus pensamientos… dejó la toalla en uno de los sillones y fue a su lado.

—¿En qué piensas?— preguntó abrazándola por la cintura permaneciendo a su espalda.

Kagome no lo esperaba, salió de sus pensamientos abruptamente —Bank… me asustaste…— respondió de inmediato al voltear a verlo.

—Aun no me respondes… dime, ¿en qué pensabas?— habló despacio, mientras la giraba y tomaba de la barbilla para ver sus ojos.

—En nada importante…— mencionó bajando su mirada y aferrándose a su espalda en un abrazo.

Bankotsu correspondió su abrazo, sabía que algo andaba mal aunque no podía estar del todo seguro y más si Kagome no lo hablaba, parecía triste y por dicho motivo no quiso presionar —entremos… la noche comienza a refrescar…

Kagome solo asintió, pero antes de romper ese abrazo tristemente preguntó —¿eres feliz?

El moreno arrugó ligeramente el ceño y la miró confundido, atrajo el rostro de Kagome buscando su mirada, algo le decía que esa pregunta se la tendría que responder ella misma… —sí Kagome… lo soy— mencionó despacio, seguro de lo que decía — ¿y tú?— preguntó ahora más interesado que nunca en conocer su respuesta.

Los ojos de Kagome se cristalizaron por lo escuchado, pero la traicionaron los nervios y bajó la mirada, ocultó su rostro en el desnudo pecho del ojiazul… asintió lentamente, aguantó las ganas que sintió de llorar y mintió —claro que lo soy… te amo y no hay nada más que desee, que estar contigo…— no volteó a verlo.

—¿Estás segura?— insistió, la separó de su cuerpo y la obligó a verlo.

—Por supuesto— le aseguró y sonrió, aunque con cierta tristeza.

—¿Qué te ocurre?

—Nada… deben ser los cambios hormonales típicos de las mujeres… ya sabes…— mencionó encogiéndose de hombros y demeritando el tema —… tienes razón, está refrescando aquí afuera… entremos…— dijo para salir del paso y lo guio al interior.

—Sí…— mencionó no muy convencido de su respuesta, para después asegurar la puerta corrediza del lugar.

— ¿Cenamos?— preguntó la azabache esperándolo a la mitad de esa grande y acogedora sala.

—En realidad no tengo hambre… ¿y tú?

Kagome negó con la cabeza y sonrió —tampoco…— pues ese día había salido tarde del despacho y habían pasado a un establecimiento de comida rápida, pues ella moría de hambre y ahora carecían de ella.

Una vez en la habitación, el moreno trenzó su largo cabello y Kagome acercó a la cama un par de cálidas cobijas, pues sentía la noche sería fría…

—Mañana por la mañana inicia la concentración…— le habló roncamente al oído, antes de que terminara de vestir la amplia cama —… por lo que esto que voy a hacer, no está permitido…— continuó en el mismo tono mientras movía su negra cabellera hacia un lado y besaba despacio su cuello y nuca, provocando un escalofrío en su compañera.

—Bankotsu…— lo nombró casi sin voz, cerró los ojos y sintió las manos del joven deslizarse lentamente recorriendo su vientre y evadir la delgada ropa que usaba… sentía su cuerpo estremecerse con el simple contacto que el ojiazul le brindaba, lo cálido de su aliento en su cuello, sus besos tan suaves y lentos que la mataban y sus manos… sus manos; una ya había logrado colarse y sentir la piel desnuda de uno de sus pechos, acariciándolo de manera tierna, justo como ahora la trataba… su mano derecha bajaba lentamente hacia su intimidad, y ella no pudo evitar gemir cuando al mismo tiempo que su mano llegaba a su objetivo, frotando placenteramente, el moreno le dejó sentir también el grado de su excitación al rozar sugerentemente su grande y endurecido miembro a su espalda.

—Se supone que baja el rendimiento… por eso nos lo tienen prohibido…— le comentaba mientras seguía besándola y acariciándola.

—En-entonces… tal vez no… deberíamos— habló con la voz entrecortada por la pasión, pero entrando en su juego.

—No… ¡qué se jodan! — exclamó dejando de lado lo que hacía, para voltearla y verla de frente —…ya bastante tengo con no verte casi la mitad de la semana…— le dijo acercándose a sus labios.

Kagome mordió sutilmente su labio inferior y sonrió, le permitió besarla… no entendía como al pasar de los años podía seguir estremeciéndola con solo verla fijamente, como su cuerpo reaccionaba al de él con solo una caricia, y podía borrar de su mente todas sus dudas e inseguridades con tan solo un beso… ya hacían casi siete años que llevaban una vida de pareja, desde esa noche de tormenta cuando en el auto del moreno se entregó por primera vez a él, justo como ahora sucedería y todavía seguía en ella presente ese cosquilleo en el estómago y ese palpitar acelerado de su corazón por su cercanía.

Él solo deshizo el beso para retirarle la delgada blusa, pues ya había conseguido retirarle el pequeño short con la delgada prenda que debajo lo acompañaba… una vez que la tuvo desnuda entre sus brazos, nuevamente se acercó a sus labios, solo rozándolos —te amo ¿sabes?— le dijo viendo a sus achocolatados y profundos ojos.

—Lo sé…— dijo sobre sus labios, asintiendo muy lentamente —… y yo a ti. — le aseguró acariciando su rostro y sintiendo las fuertes manos del moreno recorrer lentamente su espalda.

Despacio la colocó sobre la cama… se posó sobre ella al mismo tiempo que se retiraba la única prenda que lo cubría, la piel de Kagome había incrementado notablemente su temperatura, seguía siendo tan suave a su tacto, cada parte de ella lo provocaba… besaba con cierta necesidad su cuello, la escuchaba gemir sutilmente logrando solo excitarse más, se colocó entre sus piernas, mientras con sus manos recorría sus muslos, apretándolos, pues deseaba simplemente hacerla nuevamente suya y no separarse de ella nunca más… ¿cómo era posible seguir deseando a la misma mujer por tanto tiempo? No sabía, y tampoco le importaba… lo único que importaba era que ahí estaba, con él y con nadie más… se sentía satisfecho con la mujer que ahora se revolvía de placer bajo su cuerpo, Kagome se había convertido en todo lo que necesitaba, y disfrutaba ahora más que nunca el hacerle el amor, pues como ellos, su cuerpo también fue madurando, haciéndose el dueño de ahora para él, toda una mujer… llevó su boca a saborear una vez más los carnosos y tibios pechos de la azabache, introdujo uno de sus endurecidos pezones a su boca, humedeciéndolo y recorriéndolo con su lengua, el otro era celosamente atendido por su mano, mientras la otra le servía de apoyo para poder rozarse contra ella.

Y ella; sintió su cuerpo arder, las caricias del moreno siempre la quemaban, sabía que siempre lo amaría, pues dudaba que alguien más lograra hacerla vibrar como él… ni siquiera le interesaba descubrirlo, se sentía plena y completamente satisfecha a su lado… un doloroso gemido se escapó de sus labios cuando el moreno mordió ligeramente el pezón que aún mantenía en su boca, no le molestó, al contrario, el que fuese tan demandante y posesivo con ella, le gustaba, aunque no se atreviese a decirlo.

—Me encantas Kag…— le hizo saber con voz ronca por el deseo, mirando su sonrojado rostro que comenzaba a mostrar rastros de una ligera capa de sudor y su boca entreabierta, intentando llenar sus pulmones de aire y dejando libres pequeños gemidos.

Ella solo pudo observarlo con sus ojos ligeramente abiertos, no le dio tiempo de terminar de reaccionar cuando de manera inesperada, él tomó sus labios en un beso que prontamente profundizó, al mismo tiempo que su mano bajaba a su ya húmeda intimidad, recorriéndola con una tortuosa lentitud, contraria a su pasional beso… gimió deshaciendo el mismo cuando dos de los dedos del moreno invadieron su cuerpo… los azulinos ojos del joven se concentraron en su reacción, la conocía perfectamente pero cada gemido y cada gesto le seguían pareciendo tan únicos en ella… Kagome comenzó a jadear cuando lo sentía continuar entrando y saliendo de su interior, encajaba sus uñas en la piel morena de su espalda…

—Bankot…su— lo nombraba mientras se aferraba más a él y su propio cuerpo pedía acrecentar ese contacto.

De pronto y por extraño que le pareciese sintió un poco de celos, que solo su mano estuviese disfrutando de la cálida intimidad de su mujer, la apartó de inmediato descolocando incluso a la azabache, dejando libre esa calidez donde ahora rozaba placenteramente su muy hinchado miembro, robándole un sonoro gemido a Kagome, incluso él mismo no pudo contener el propio.

—No sabes cómo extraño esto… cuando no te tengo…— le confesó jadeante al oído, dejando pequeños besos por su cuello, camino nuevamente a ese par de pechos que lo enloquecían, era un placentera tortura prologar lo más posible la unión de sus cuerpos… volvía a lamerlos y besarlos, incluso se atrevió a dejar una pequeña marca roja en uno de ellos sin que Kagome lo notara todavía… una mano volvía a reclamar por uno de sus redondeados pechos, apretándolo y sintiendo entre sus dedos lo suave y carnoso del mismo y la otra mano recorría la cadera y trasero de la azabache.

Kagome no podía más que dejarse hacer, no podía pensar en nada más y solo se concentraba en sentir… en sentirlo… y disfrutar. Ocasionales gemidos era lo único que su boca podía proferir… de pronto lo sintió, rozando su miembro contra su centro de placer…

Bankotsu dejó de saborear su pecho para verla, ella podía sentir su mirada y abrió sus ojos para encontrarse con ésta… el contacto visual duró poco, pues el moreno cerró instintivamente sus ojos para permitirse disfrutar y sentir mayormente el ir penetrando la estrecha y húmeda cavidad de Kagome, sin embargo fue recompensado al escucharla gemir de esa manera, y aguantar momentáneamente el dolor que le causaban las pequeñas uñas que se aferraban a sus brazos, soportando el pequeño dolor que seguía sintiendo cada vez que por primera vez la invadía…

Cada vez era distinta, esta vez Bankotsu parecía más tierno, pues lo sentía nuevamente besar su cuello y los movimientos eran lentos y rítmicos en su contra… lo escuchaba jadear lentamente, provocándole solo querer estar más cerca de él, besaba sus labios de vez en vez, esta vez no fue pasional, arrebatado, ni dominante como en otras ocasiones acostumbraba a serlo y se lo agradecía pues más que pasión o cierta lujuria, le demostraba amor… y aun así, podía robarle el aliento y bastantes gemidos.

Se colmaba con ella… como le había dicho, la extrañaba y la necesitaba en esos días de ausencia, quería hacerle el amor con pasión, fuerte, pero aún tenía presente la nostálgica mirada de Kagome de hace apenas unos momentos en el balcón y esa pregunta… que no quiso más que demostrarle amor en ese momento, ya después podrían disfrutarlo de cualquier otra manera… acariciaba su cuerpo, lo firme de sus piernas, de su trasero, el cual en ocasiones apretaba para calmar las ansias que le provocaba, poco a poco incrementaba el ritmo de sus embestidas, veía el rostro de Kagome y sus ojos cristalinos por la pasión que lo envolvían en la misma… varios minutos contuvo el deseo de poseer con un poco más de fuerza el pequeño cuerpo de la azabache, pero ahora necesitaba más… incrementó el ritmo y la fuerza de sus embestidas, sabía que pasaría varios días sin ella y quería llevarse ese momento con él… Kagome reaccionó jadeante y gimiendo un poco más sonoramente a causa de sus movimientos, sintió algo arder en su interior y sabía bien lo que le estaba provocando, un par de envestidas más y un profundo gemido salió de sus labios… sus ojos se cerraron con fuerza y sus manos del mismo modo se aferraron a las sábanas, arqueando completamente su espalda solo para que sus labios fueran devorados por el moreno que la sostenía de la cintura.

Nadie podía siquiera imaginar que esa joven mujer tuviera tan exquisita forma de culminar al hacerle el amor, pues parecía tan inocente, incluso tan dulce y solo él, estaba seguro, podía complacerse de verla, sentirla y conocerla de tal modo… dejó sus labios, todavía sentía su endurecido miembro ser succionado placenteramente por los espasmos en el interior del cuerpo de su joven amante y aun así, volvía a arremeter en su contra, sabía bien que él también estaba cerca. La recostó perfectamente sobre la cama y levantó una de sus piernas sosteniéndola contra su cadera, para darse mayor movilidad y profundidad al volver a hundirse en ella…

Kagome abrió los ojos, apenas pudo enfocar su rostro, sus azulinos ojos mostraban una mirada completamente distinta, una mirada de pasión contenida, de deseo, de necesidad, su entrecejo ligeramente fruncido y su boca abierta mínimamente, jadeante… lo sentía invadir su sensible cuerpo con cierta fuerza, logrando con ello perderla aún más en el placer que acababa de envolverla en su totalidad… seguía aferrándose con fuerza a las ya mal tendida sábana intentando inútilmente contener los gemido que Bankotsu le arrancaba.

La intimidad de Kagome le parecía arder y eso aumentaba todavía más el placer que estaba sintiendo, no le dio tregua y continuó embistiéndola… cada embestida era cada vez más placentera que la anterior… una embestida, una más y otra… más fuertes y más profundas… y sintió su cuerpo ser invadido por un cúmulo de calor que estalló en el húmedo interior de la azabache, cerró los ojos y cayó ligeramente sobre el cuerpo de su amante… su miembro palpitante se derramaba en ella… su corazón latía con mucha fuerza que parecía fuera de su cuerpo… y el mismo todavía era recorrido por esa corriente eléctrica que terminaba en su todavía unión.

—Te amo Bank…— habló primero, todavía podía sentir su cuerpo vibrar por la pasión y reponiéndose ligeramente a eso, lo abrazó y separó el flequillo que se había pegado por el sudor a su frente, mientras el joven permanecía con los ojos aun cerrados y su rostro descansando sobre su abultado pecho. No esperaba una respuesta, solo quería dejárselo claro.

Él se obligó a abrir sus ojos y sonrió ligeramente, no quería retirarse pero no quería lastimarla al permanecer más tiempo sobre ella, buscó torpemente las cobijas y cubrió sus desnudos cuerpos… —y yo a ti Kagome…— le respondió una vez que ambos estaban perfectamente cubiertos, la abrazó y suspiró, mañana tendría que irse muy temprano y la verdad, no quería… además el domingo tendrían la presentación del nuevo uniforme para la temporada entrante y llegaría hasta el lunes, estaría más tiempo fuera y eso le molestaba.

La noche pasó en un abrir y cerrar de ojos para los dos ya que estaban agotados, la mañana fue muy acelerada, se ducharon juntos por tratar de ahorrar tiempo pero fue contraproducente… por lo que ambos salieron con mucha prisa del departamento que compartían, cada uno con un destino diferente…


Como era costumbre esos días en que estaba sola, solía concentrarse lo más posible en el trabajo, a pesar de tener poco tiempo con su empresa y ser muy jóvenes ya contaban con cierto renombre y crecían sus clientes en muy buena manera… el jueves al salir de trabajar decidió caminar un poco por el centro de la ciudad, pues al estar sola en casa sin poder evitarlo a su mente volvía ese remolino de miedos y vanos deseos, y pretendía evitarlos… entró en una boutique y compró un traje que le había encantado más que nada para darle formalidad en el trabajo, al salir del lugar sus ojos fueron atraídos por un luminoso aparador de una tienda de artículos para bebé, se detuvo y observó la gran cantidad de ropa, zapatitos, y diversos accesorios tanto como para niños como para padres, sin darse cuenta sonrió al sentir cierta ternura por ropa tan pequeñita…

—¿Kagome?— escuchó una voz a su lado.

—¿Sí?

—Hola… soy Sora ¿me recuerdas?— preguntó la delgada chica de pelo rojizo a la altura de sus hombros.

—Hola… claro, fuiste compañera de Bankotsu— saludó naturalmente, sabía bien que esa chica gustaba de él, pero tampoco podía culparla.

—Mmm, sí… no me digas que estas embarazada— mencionó un poco desconcertada de pronto, al verla parada fuera de la tienda. Pues recordaba que en alguna ocasión alguien le comentó que ella no llegaría a tener hijos, aunque nunca se atrevió a confirmarlo con el moreno.

—¿Eh? No, no… solo veía…— respondió de inmediato.

—Creo que a pesar de ser un chico tan ocupado a Bankotsu le haría feliz el ser padre… digo, a cualquiera ¿a ti no?— preguntó suspicazmente, pues quiso molestarla, si era cierto lo que sabía, no podía dejar pasar esa oportunidad, aunque no ganara nada, se daría ese gusto.

—Claro… — respondió sin mucho ánimo, sonriéndole a la joven.

—¿Y no crees que sea el momento?— insistió con medio tono de burla.

—En realidad, aún no hemos hablado de ello…— mintió.

—Pues deberías darte prisa, digo… él es hombre y alguna chica aprovechando su creciente fama podría arreglárselas y bueno… ya sabes, Bankotsu no parece ser el chico que abandone un hijo…— hablaba buscando herirla con sus ojos fijos en el decaído rostro de la azabache.

—Y no lo es… pero si piensas así, tampoco lo conoces; a pesar de su apariencia, él no es de la clase de hombres que busque algo así…— la interrumpió molesta logrando cambiar su semblante — y si no tienes otra cosa que decir… debo irme.

La chica no pudo más que quedarse callada y la vio partir… seguía sin parecerle alguien tan irresistible como para llevar tanto tiempo en su relación con el moreno… aunque de cierto modo, había logrado perturbar la poca tranquilidad de Kagome.


El teléfono sonaba y ella no se preocupaba en contestar, varios mensajes del moreno llegaban también a su celular y no los atendía… ¿sería una necedad permanecer a su lado? Esa chica tenía razón y no podía negarle la oportunidad de ser padre… transcurrieron los días y cada vez lucía más desanimada…

—Kagome… nosotras nos vamos… deberías hacer lo mismo, creo que por hoy ha sido suficiente…— le habló una de sus socias al entrar a su despacho.

—Sí… estaré solo unos minutos más…— dijo sin voltear a verla, sus ojos seguían fijos a la pantalla de su computadora.

—Bien, que descanses… nos vemos el lunes…

Ya no contestó, seguía sumida en el trabajo… sin darse cuenta ya eran cerca de las diez dela noche y era sábado… ya nadie en su sano juicio se encontraba trabajando… se tuvo que retirar para que pudiesen cerrar el edificio donde se encontraba el despacho…

Tras pensarlo toda la noche decidió que lo mejor sería hacerse a un lado, necesitaba saber que hacía lo correcto y no vivir en la incertidumbre sin saber qué hubiese pasado si lo hubiera hecho… casi no pudo dormir y comenzó a hacer sus maletas, Bankotsu llegaría el lunes, pues por la tarde tendría la presentación del uniforme y como la nueva estrella del equipo tenía que estar presente… no sabía si marcharse sin despedirse o esperarlo y tratar de explicarle… dejó sus maletas en la sala, salió a caminar, la mataba estar encerrada, no podía hablarlo con su madre, o con Sango o alguien cercano a ellos, pues los conocía y sabía bien que no estarían de acuerdo… pero ella sentía que se lo debía…


Entró al departamento mucho antes de lo que pensaba, no había asistido a sus compromisos por ella, algo no andaba bien, Kagome siempre había respondido a sus llamadas y ahora… ahora lo confirmaba, lo primero que vio al entrar fueron ese par de maletas, fue a buscarla, no eran por un viaje de negocios, pues era demasiado equipaje para serlo… marcó a celular… no le contestó… habían pasado ya casi tres horas de estarla esperando… fastidiado y preocupado optó por asomarse al balcón, varios minutos permaneció de pie en el lugar, observando el parque, las calles cercanas, vio un carro lujosos detenerse frente al edificio pero no le extrañó, sería como muchos de los que ahí llegaban… pero una negra cabellera llamó su atención ¿era Kagome? Claro que lo era… y no estaba sola, bajaba acompañada de un sujeto al cual no le veía el rostro… se disponía a bajar, pero se detuvo cuando los vio darse un caluroso abrazo… apretó en puños sus manos, y observó la pequeña escena molesto… esperó su llegada.


Se apresuró a subir, realmente el tiempo se le pasó sin sentirlo, introdujo la llave en la cerradura y se sorprendió pues recordaba haberla asegurado, entró aun con la duda de haberlo hecho…

—Me quieres decir ¿dónde estabas? y ¿con quién estabas?— escuchó una muy molesta voz ya conocida por ella.

—Bankotsu ¿qué haces aquí…?— preguntó con cierto nerviosismo, todavía no se sentía preparada para lo que vendría.

—¡Contéstame Kagome!— exigió molesto al verla tan nerviosa.— y dime qué significan esas maletas…

—Bueno… Bankotsu… debemos hablar…— mencionó sin moverse de su lugar, su corazón latía con fuerza y de verdad no quería hacerlo.

—¿Hablar? ¿de qué?¿quién era ese sujeto con el que llegaste?— decía más que molesto, no le gustaba el rumbo que parecía llevar la situación.

—Él… bueno… eso ahora no importa…

—¿No importa?¿y qué es lo que importa, según tú?

Bajó la mirada, no sabía por dónde comenzar… —yo pensaba hablar contigo mañana cuando se suponía debías llegar… y no ahora y no así de molesto como te encuentras…

—¿Y cómo debería de estar?... no has respondido a ninguna de mis llamadas, no contestas mis mensajes, me tenías preocupado… y llegó y lo primero que veo son tus maletas… ¿pensabas marcharte?¿con quién?¿con él?— reprochó conteniendo la rabia que le provocaba el solo hecho de imaginarla con alguien más, siempre había sido muy celoso con lo que a ella se refería.

—¿De qué demonios estás hablando?— preguntó molesta, ella lo hacía por él y él pensando tonterías.

Suspiró molesto y se llevó la mano al puente de la nariz intentando contener su coraje… —¿qué ocurre contigo Kagome?— preguntó moderando su tono de voz.

—Creo que lo mejor será separarnos…— mencionó armándose de valor, no quería hacerlo, pero tenía que hacerlo.

—¿Separarnos?... entonces pensabas marcharte…— dedujo.

—No sabía cómo lo tomarías…— trato de justificarse.

—¿Por qué?— intentó comprenderla… tal vez era por el poco tiempo que pasaban juntos, el trabajo de ambos los mantenía muy ocupados y más que nada, distanciados.

—Creo que nos estamos estancando…— mintió y caminó intentando tomar sus maletas.

—Dime la verdad, porque no te creo…— presionó y la sujetó del brazo para impedirle su objetivo.

—Esa es la verdad… ahora suéltame por favor… yo… debo irme…

—¿Es por ese sujeto?— preguntó molesto apretando más el agarre.

—¡No!— respondió de inmediato

—¿No es a ti a quién espera?— preguntó sabiendo la respuesta y fijando sus molestos ojos en ella.

—Si, pero no es lo que piensas…

—¿A no…? Es lo que parece…

—No te das cuenta… yo… yo no soy feliz, no logro serlo…

—Nunca lo habías dicho…— mencionó sin soltarla, sus rasgos se suavizaron mínimamente…—¿qué necesitas para serlo?— preguntó pisoteando su orgullo, pues no quería perderla…

—Yo no lo sé…— dijo sintiendo un nudo en la garganta… muchas veces se había preguntado lo mismo y no encontraba una respuesta.

—¡Maldita sea Kagome!… — mencionó molesto deshaciendo el agarre —… estas dispuesta a mandar todo al diablo y ni siquiera sabes lo que quieres…— la veía como si no conociese a la mujer frente a él —¿por qué lo haces?¿por quién? ¿por él?— preguntaba mientras la sujetaba de ambos brazos para obligarla a verlo, pues evadía su mirada.

—No… no es por él… no es lo que crees, es por… es…— decía con sus ojos cristalinos, a ella le dolía más que a él lo que estaba pasando.

—¿Por quién?¿por ti…?

—¡Por ti!— le gritó sin pensar ya sin contener el llanto.

Bankotsu solo la miró desconcertado no pareció entenderla.

—Por ti… tú tienes que ser feliz… ¿no lo ves? Conmigo eso nunca va a pasar…— ahora quien alzaba la voz era ella.

—¿De qué demonios hablas?— preguntó con tenue voz y sin comprender una sola de sus palabras…

—¿No te das cuenta?... conmigo siempre vamos a ser solo tú y yo… y nada más… nunca seremos una familia…

—Somos una familia Kagome…— le dijo casi desesperado por su necedad, alguna vez hablaron de eso y creyó que había quedado claro —tú, eres la única familia que necesito…

—¡Basta ya!— gritó — ¿no te das cuenta lo difícil que es para mí?… acéptalo… tal vez ahora no lo entiendas, pero es lo mejor… y me lo vas a agradecer…— le aseguró aguantando el llanto ¿por qué se lo hacía tan difícil?

—Eso nunca va a pasar… te amo Kagome… y no me hace falta nada más…

—Eso dices ahora… — mencionó retrocediendo pues el moreno intentó acercarse —…después no será igual, te sentirás como yo… esto… esto es más difícil para mí que para ti…

—No es así… tú estás tomando esta decisión por los dos… no es lo que yo quiero, ni lo que necesito…

—No lo entiendes…

—¿Entender qué?— volvía a preguntar desesperado.

—Lo difícil que es para mí aceptarlo… yo quería una vida contigo… ser feliz a tu lado… formar una familia, tener un hijo nuestro…— hablaba soportando el llanto y por fin hablaba lo que venía cargando.

—Yo soy feliz contigo… somos una familia… si tanto quieres un hijo, podemos adoptar uno…— habló con tono alto buscando una solución.

—¡No!... yo sé que es egoísta… pero quiero un hijo nuestro… tuyo y mío…— mencionó consciente de que eso nunca pasaría y sintiéndose mal por su negativa, se sentó pesadamente sobre uno de los muebles de la sala.

—Tú como yo, sabes muy bien que eso no es posible…— le dijo sentándose a su lado.

—¿Por qué? ¿qué tiene de malo querer un hijo nuestro?

—Kagome…

—Yo no puedo… pero tú sí…

—Yo no quiero un hijo si no es contigo… no tiene que ser nuestro para quererlo…

—No Bankotsu… — dijo apenas con voz — tú no tienes que pasar por lo mismo que yo… mes con mes era una decepción… esperar algo que nunca llegara, ya no puedo… ya no quiero añorar una familia que nunca tendré…

—Si fuese yo… si fuese yo el que no pudiera darte un hijo… ¿también me dejarías?— preguntó seguro que Kagome no estaba siendo objetiva.

—Claro que no… ¿cómo puedes pensar eso?— respondió prontamente viéndolo a los ojos.

—¿Y por qué yo si lo haría?

—No lo sé… lo único que deseo es que tu si puedas conocer un hijo tuyo… que lo veas y veas tus ojos, tu piel… tu sangre Bank… viva, en otro ser… alguien a quien querer y a quien cuidar…— mencionó y no pudo contener sus lágrimas.

—Ya te lo dije… no lo quiero si no vas a estar tú… fue un accidente Kagome… ninguno lo planeó y yo no te culpo… deja de hacerlo tú… — añadió limpiando sus lágrimas y envolviéndola en un abrazo.

Bajó su mirada con culpa… siempre se había culpado y no entendía por qué… ¿estaba mal desear un hijo propio? No lo sabía… lo único que sabía era que no iba a ser feliz lejos de él…

—Ahora me quieres explicar ¿quién es el hombre que te espera abajo?— preguntó ya sin molestia, pero de igual forma necesitaba saberlo…

—¿Mmm…? — preguntó por un momento se olvidó de todo —oh, cielos… papá…— dijo sin mucho ánimo, pues por casualidad lo había encontrado después de mucho tiempo de no verlo… hablaron de muchas cosas y él a pesar de no estar de acuerdo con su decisión le ofreció apoyo y un lugar donde permanecer mientras aclaraba su mente…

—¿Tú papá? Creí que… lo odiabas— mencionó, pues casi nunca hablaron de él y lo último que supo era que le guardaba mucho rencor por lo sucedido entre su madre y él…

—No… no lo odio…— mencionó con una sonrisa triste —… supongo que nadie es perfecto… y ahora mamá está mejor que nunca, ella ya lo ha perdonado ¿por qué no hacerlo yo?

—¿Y lo dejaras esperando toda la noche?

—No, claro que no…— dijo ocultando su rostro con sus manos y tratando de reponerse…

—Kagome…— la detuvo antes de que se marchase —…espero que esta vez, sea la última vez que hablemos de esto… no te hace bien…

Ella solo fijo sus ojos en los de él y bajó su mirada —Bank… es que…

—Es que nada… ahora, llévame a conocer a mi suegro…— ordenó sonriendo de medio lado y dando por muerto el tema.

Asintió despacio con la cabeza y sonrió resignada —vamos…

Después de lo que fuese una no muy larga plática con el padre de la azabache las cosas parecieron tomar un mejor camino, Kagome dejó de preocuparse aunque seguía con esa "necesidad" pero no era tan grande como el sentimiento de vacío que tendría si no estuviese con él… eso lo sabía.


TRES AÑOS DESPUÉS…

—Vaya… ¡esto huele delicioso!— se dijo a si misma observando a través del cristal del horno el enorme pavo que acababa de cocinar —mph… después de todo sí sé seguir las instrucciones de un recetario— añadió cerrando el pequeño libro en sus manos.

—Pero qué bien huele cariño…— dijo apenas llegando su madre…

—Lo sé…— contestó orgullosa.

—Veo que tienes casi todo listo…— mencionó dando un vistazo al lugar, pues se preparaban para ofrecer una agradable cena en familia.

—Si, casi todo está listo… Bank no tarda en llegar y quedan algunos pequeños detalles que arreglar antes de…

—No te preocupes…— interrumpió su madre —yo me encargo del resto, tú a bañar y haz lo que tengas que hacer, nosotros terminamos…— dijo refiriéndose a Sota y Tsukiomy quienes no tardarían en llegar… y es que en verdad Kagome cuando cocinaba no cuidaba mucho su aspecto, pues tenía pequeñas cantidades de comida en la ropa.

La mirada de la azabache se enterneció —muchas gracias mamá…— de verdad lo agradecía, no deseaba nada más que un baño, por pequeño que fuese.

—Anda, ve…— la apresuró al tiempo que ella se colocaba un pequeño mandil para ponerse a trabajar.


De manera rápida de dio una buena ducha, pues ahora casi siempre era así, salió con su bata de baño, por suerte había preparado la ropa que esa noche luciría con anticipación…

—Hola…— mencionó el moreno al cruzar la puerta con una maleta en la mano.

—Bank… — saludó gustosa —…creo que deberías ducharte, no tardan en llegar tu hermano, Sango y los demás… — mencionó algo apresurada.

—Tenemos tiempo…— dijo el moreno mientras la giraba y la levantaba de las piernas para sentarla en ese tocador donde se arreglaba.

—No… no lo creo…— mencionó intentando apartarlo sin mucha fuerza.

—¿Ah no?— preguntó al colarse entre sus piernas y bajar un poco su bata y comenzar a besar uno de sus hombros…

—Bank… mamá está abajo…— añadió y cerró sus ojos al sentirlo —…además, se te hará tarde…

—No importa…— le dijo al llevar sus labios a los suaves de la chica.

Kagome lo besó, no era extraño tener esas tiernas bienvenidas cada que volvía a casa, aunque ahora no tuvieran el tiempo suficiente… poco a poco se sumergió en ese beso y su única concentración radicaba en las expertas manos del moreno que se apresuraban por recorrerla… un escalofrío recorrió su cuerpo al descubrirse deseando lo mismo que el moreno quien parecía dispuesto a no detenerse por nada… estaba punto de desnudarla cuando el repentino llanto de un bebé ocupó el inquebrantable silencio de ese sector del departamento…

—¡Diablos!— exclamó el moreno al dejar esos adictivos labios, cerrando los ojos y suspirando resignado, juraba que nada podía separarlo de Kagome, excepto claro, su hija.

La azabache del mismo modo tuvo que volver a su realidad —iré a verla…

—No… iré yo… tú termina con lo que hacías…— interrumpió el ojiazul, pues la pequeña niña al igual que su madre, lo tenía cautivado.

—Bien…— le dijo sonriente, y se lo agradecía, pues ella se tardaba en arreglarse aunque había aprendido a hacerlo desde hace diez meses, con cierta prisa.

Se apresuró lo más que pudo y por fin terminó, lucía un elegante vestido negro apenas arriba de la rodilla, lo delicado de la tela la hacía resbalar elegantemente por las curvas de su delgado cuerpo, unas zapatillas del mismo tono, y accesorios en rojo para la ocasión, ahora solo faltaba vestir a la pequeña niña y apresurar a su reciente esposo para hacer acto de presencia con sus familiares…

La prisa que llevaba fue nulificada en cuanto vio la que para ella resultó ser una enternecedora escena… se encontraba el joven ojiazul recostado en un confortable mueble de la rosada habitación, con una pequeña niña que se revolvía de lo más cómoda entre sus brazos, no pudo evitar sonreír y recargarse en el marco de la puerta para observarlos un pequeño instante…

—Bank…— le llamó suavemente mientras acariciaba su negro cabello.

—¿Si?— preguntó al abrir sus ojos, no se había percatado que se había quedado dormido.

—La idea era que la durmieras… no que ella te durmiera a ti…— le dijo divertida mientras los veía.

—No estaba dormido…— agregó rápidamente mientras se sentaba correctamente —…solo le mostraba como debía hacerlo.

—Claro, lo que digas…— mencionó sonriendo mientras retiraba a la pequeña niña de sus brazos —… ahora puedes darte un baño… en cuanto terminé con Jadeth pasaremos a la sala…— añadió observando a la pequeña niña de ojos azules idénticos a los de su padre y una piel blanca y pequeño cabello negro igual al de la azabache…

Asintió cansadamente, pues el viaje de regreso había sido largo, pero estaría como la mayoría de las personas en unas pequeñas vacaciones en familia y sabía bien lo que a Kagome le gustaban ese tipo de reuniones de familiares y amigos, por lo que no le quedaba más que complacerla, porque de ser por él, solo estarían él, Kagome y su pequeña hija en una acogedora cena en casa…


Mientras vestía a la pequeña niña no pudo evitar recordar la sorpresa y alegría que sintió cuando se enteró de su llegada, comenzaba a resignarse a su destino, y de pronto ciertas nauseas matutinas y repentinos ascos la advirtieron, dudosa compró un pequeña prueba casera y tras el positivo acudió al médico, Bankotsu estaba de viaje con el equipo y con la confirmación del casi milagroso embarazo, tortuosamente esperó su llegada para decirle la noticia… todavía sonreía al recordar la expresión de sorpresa y un poco de incredulidad en el rostro del joven, para después como ella ser invadido por la más sincera felicidad… recordó como no sabía ni cómo tratarla, siempre con temor a lastimarla a ella o su bebé… y con la llegada de la pequeña, el brillo de orgullo y felicidad en los ojos del moreno compensaron el dolor y las molestias del mismo alumbramiento, realmente él no sabía cuánto deseaba tener un hijo hasta el preciso momento que la sintió en sus brazos… y se convirtió en un amoroso y tal vez en un futuro, celoso padre.

—Kagome… Sango acaba de llegar…— le hizo saber su madre al asomarse a la habitación.

—Ya estamos listas…— respondió cargando a la pequeña niña y proceder a abandonar la habitación.

Los minutos pasaron con prisa, el tiempo parecía corto cuando se está en agradable compañía, la mesa se encontraba perfectamente vestida, la comida de a poco iba siendo acomodada, cada uno de los lugares estaba colocado, todo se veía tan elegante, lo reluciente de la cristalería lucía aún más con las luces del lugar…

—Me da tanto gusto por ti…— dijo sinceramente la azabache abrazando a quien consideraba casi una hermana…

—Gracias Kag… nosotros también estamos felices…— respondió de inmediato la castaña frotando su apenas abultado vientre…

—¿Y qué piensan hacer? ¿regresaran a Tokio?— preguntó pues ahora Sango y Miroku vivían en el extranjero por motivos de trabajo y solo había vuelto para las fiestas decembrinas.

—Si… aunque no todavía… — respondió pues quería que sus gemelas nacieran en la misma tierra que ellos los vio nacer.

—Pues donde decidan que nazcan, nosotros estaremos ahí…

—¿Ahí, dónde?— preguntó el moreno que recién llegaba.

La mirada y sonrisa de la castaña le dejaron saber —si es lo que creo, considéralo hecho…

Kagome se volvió a unir en un abrazo con la joven —¡hey!… repartiendo abrazos…— escucharon la simpática voz del divertido esposo de la castaña.

—Y tú… más te vale que sigas tratando bien a Sango… sino te las verás conmigo…— mencionó seriamente el moreno, pues Sango siempre sería de sus mejores amigas a pesar de no verla tan seguido, y Miroku, bueno, a él lo toleraba.

—Claro y ahora más que nunca…— dijo divertido el joven de coleta que ya había aprendido a no tomar tan en serio los comentarios del moreno.

—Bien… pasemos a la sala…— interrumpió Kagome tomando del brazo a Bankotsu.

El lugar por suerte era grande pues había mucha más gente que la de costumbre, Tsuikotsu se encontraba platicando de manera totalmente familiar con la madre de Kagome, Sota acompañaba a Kagura que cargaba a la pequeña hija de Bankotsu, y Tsukiomy llegaba con los que serían los últimos en llegar, Kouga y Ayame… Kouga había estudiado medicina y se había ido a China como parte de su servicio, ahí y por pequeño que le pareciese el mundo se encontró con Ayame quien había terminado de recuperarse de su lamentable adicción, poco a poco se fueron acercando el uno al otro y ella se había convertido en algo así como una especie de terapeuta, ayudando a jóvenes en su situación… tras pasar un año, comenzaron una relación completamente nueva, habían dejado atrás sus conflictos o rencores de la preparatoria, tal vez siempre fueron el uno para el otro, como sentía Kouga, solo que en aquel entonces no era su momento…

—Kouga… Ayame… que gusto…— saludó efusivamente en un abrazo la azabache, no era la primera vez que se veían ya antes habían convivido y superado el pasado.

Tras estar todos juntos la cena comenzó… lo elegante de la mesa fue quedando en el pasado, cada uno tenía su tema de conversación, y la comida poco a poco fue escaseando, se tocó el tema de Sara quien al igual que Ayame, en un tiempo fue de las mejores amigas de Kagome y quién seguía soltera viviendo solo con su hijo de ya diez años y que había cambiado su vida de una manera sumamente drástica por el pequeño, que era increíblemente distinto al que fue su padre… también se habló de cierto peliplata que vivía en Norteamérica y al igual que el moreno, jugaba profesionalmente para uno de los equipos más reconocidos de aquél continente… habían sabido de varias parejas que tuvo, aunque ahora se le sabían más estable con una joven de fríos ojos y pálido semblante, que si bien en un determinado momento él inició con ella por un pequeño parecido que le quiso ver con la azabache, ahora las sabía completamente diferentes y había aprendido a aceptarla tal cual y parecía cada vez más cómodo a su lado…

Después de media noche fue que el cansancio pesó en ellos y la cena como la reunión fueron terminadas, para dar paso al descanso bien merecido de cada uno de ellos…


La primera navidad de su pequeña hija era especial para ellos, más para Kagome quien se dio el gusto de comprarle muchos obsequios, no faltó ropa, juguetes, muchos, algunos todavía no eran aptos para su edad, pero no lo resistió… la pequeña parecía más atenta a los brillantes envoltorios que a los juguetes en sí… también se esmeró en comprarle obsequios a su esposo quien permanecía divertido sentado en la alfombra de la sala, viendo a la azabache tomar y abrir con poca delicadeza los regalos para su pequeña y otros para él…

—Y bien…— mencionó la azabache volteando a ver a su esposo — …¿dónde está mi regalo… y los de tu hija?— preguntó molesta, pues el moreno parecía no tener ningún presente y los regalos junto al vistoso árbol de navidad se habían agotado…

—Kagome… bueno…— hablaba con calma para molestarla

—¿Si?— preguntó para apresurarlo.

—Bueno… con el viaje y todo eso, pues yo… no me dio tiempo…

—¿No compraste regalos de navidad?— el tono y los ojos de Kagome entristecieron sin que pudiese evitarlo.

—Mph… claro que los compré…— dijo divertido —…solo que no me dio tiempo de sacarlos…— añadió viendo como el rostro de Kagome cambiaba, ella parecía más la niña pequeña.

Tras ir por ellos volvía a tomar asiento en el alfombrado suelo frente a ellas —éste es para Jadeth…— le dijo y le entregó a la azabache una caja con un ruidoso juguete —… y éste, y este también…— decía mientras la llenaba de regalos… Kagome abrió cada uno de ellos y los ponía frente a la pequeña quien se había recostado y permanecía muy entretenida jugando con una pequeña almohada sumamente suave que alguno de los dos le había dado…

—Y este es para ti…— le dijo al entregarle un pequeño sobre…

—¿Qué es…?— decía con cierto nerviosismo, ella hubiese esperado, un abrigo, alguna joya o un perfume… pero ¿un sobre?

Bankotsu solo la observó con una sonrisa en el rostro… —¿unas llaves?— preguntó la azabache fijando sus ojos que le mostraban su duda.

—Si… de tu casa Kagome… nuestra casa… ¡feliz navidad!— mencionó y se puso de pie para romper la distancia que los separaba y arrodillarse frente a ella —y… este también es parte del regalo…— dijo sin darle tiempo a terminar de reaccionar. Silbó y la única caja que permanecía sin abrir se movió…

—Bankotsu… es un…— decía segura de lo que era, cuando la caja después de varios intentos cayó, y un pequeño y peludo perro salió rodando por esta…—¡un perrito!— exclamó sumamente emocionada, mientras lo cargaba y se dejaba besar por el pequeño animal…

—Si un perro… no puede haber una familia sin una mascota ¿cierto?— mencionó sin mucha emoción, casi fastidiado, citando la frase que tantas veces Kagome le había repetido —... ahora ¿cómo piensas agradecerme?— preguntó sugerentemente mientras arrancaba al para él, entrometido perro, de los brazos de Kagome, si por algo no quería mascota, era porque no le gustaba competir por la atención de su mujer con nada ni con nadie… dejó al pequeño perro de lado, mismo que no tardó en encontrar otra pequeña persona con quién jugar.

—Bueno, supongo que un beso será suficiente…— dijo dejándose envolver por los brazos de su esposo y rodear con los de ella el cuello del mismo.

—Me temo que no…— informó, mientras la recostaba en el suelo y se posaba sobre ella… Kagome sonreía entre sus besos, volteaba a ver a su pequeña hija jugando con el adorable cachorro blanco quien se volvía loco con ella, rodeándola y lambiéndola de vez en vez…

—Entonces... tendrás que esperar...— le aseguró y hábilmente lo evadió y se sentó, le sonrió.

Suspiró cansadamente, desde la llegada de su hija, eso de esperar se le hacía algo común, aunque la espera valía la pena...

Los ojos de Kagome se fijaron en el sobre que permanecía en el suelo... lo tomó y observó las fotografías donde mostraba tanto el exterior como el interior del lugar... reconocía que Bankotsu tenía muy buen gusto y sobre todo sentido común al elegir el que sería su nuevo hogar... había rechazado una jugosa oferta de jugar en el norteamerica, como el peliplata, por no presionarla a distanciarse de su familia y sabía que con ello había renunciado a uno de sus más grandes sueños, aunque él aseguraba estar feliz y tener la oportunidad cada cuatro años competir en el mundial de la especialidad o en los torneos con los mejores equipos, por lo que la competitividad de él seguía incentivada por tales actos...

Sus ojos chocolates se fijaron en el joven ojiazul quién no parecía verla, pues se encontraba jugando muy entretenido con su pequeña y hasta el pequeño perro que ahora formaba parte de su familia... sonrió ¿Podía ser feliz? Si... definitivamente, lo era.

FIN.


Bueno con esto queda concluida esta historia... espero les haya gustado... más adelante pienso editarla porque se me fueron muchos detallillos, como el nombre de la tia que inició como Hitomiko y terminó como Tsukiomi... y algunas otras cosas que ya no me gustaron... en fin, mil gracias por el apoyo:

lady of the west, Yaz Delgado, Orkidea 16, lady darkness chan, cHiBiLeBaSi, Seras H, Esme, Pauly, Sasunaka Doki ( por tus comentarios desde el inicio... pues varias veces pensé en dejar la historia y me desanimaba), Mikaa 1998, una invitada, TamyInu 26 y Sawara, que cambiaste de nombre n.n pero te tengo entre mis escritoras favoritas, gracias por leer...