Matra.
Almiria observaba el paisaje muerto desde su celda. En esos momentos, sentía la desolación arder en su pecho producto de lo ocurrido horas atrás. En cuanto entraron al castillo, Morris ordenó llevarla a sus aposentos y una vez ahí, procedió a utilizar la maldición para quitarle sus poderes. Su magia desapareció por completo y, aprovechando la debilidad que esto le generó, ordenó que le dieran una golpiza y la encerraran en los insalubres calabozos de Matra.
Al recuperar la consciencia, lo primero que la recibió fue el agua sucia y lodosa, el eco de goteras y el llanto de los demás prisioneros. La pelinegra se incorporó con dificultad. Analizó su entorno: grandes ventanales con gruesos barrotes, paredes de bloques llenos de alga y musgo, charcos por todo el piso; era la prisión que colindaba con el mar. El complejo había sido diseñado para que, al subir la marea, éste se inundara por completo, ahogando a todo el que estuviera dentro. Cuando la marea bajaba, los soldados únicamente ingresaban a sacar los cadáveres y lanzarlos al mar cual desecho.
Almiria se estiró hacia la ventana, hasta donde las cadenas se lo permitieron, observando el mar. Estaba a metros de alcanzar la ventana, probablemente en uno o dos día comenzaría a inundar la cárcel.
. . .
Trébol.
En el salón principal del Reino, Julius daba la bienvenida a los presentes. En la mesa principal, a su lado izquierdo se encontraban Nozel, Fuegoleon y Damnatio, por ser los involucrados directos pertenecientes a las principales familias del Trébol y el tercero como representante de la Iglesia. Detrás suyo, el resto de capitanes permanecía en silencio. Al lado derecho, Stark y el anciano Vermillion, acompañados de las hijas de Stark quienes también guardaban silencio.
El ambiente era tenso, podía percibirse a la perfección la enemistad disfrazada de educación en los involucrados.
Dorothy observaba a Nozel desde su posición. Lucía tenso, pero a la vez, su mirada violeta reflejaba determinación. Se preguntó a sí misma el por qué Almiria y su hermana no estaban presentes puesto que, a esas alturas, ocultar su relación sería una burla, más supuso que Nozel prefería protegerla. La idea lanzó una punzada directamente a su corazón. Qué envidia sentía… Conocía a Nozel desde hace años y justo ahora caía en la cuenta que no llegó a hacerlo en realidad; jamás imaginó que pese a su carácter frío y distante, iba ser capaz de estar ahí, enfrentando la posibilidad de sacrificar la paz del Reino por el amor de una mujer. Y lo que más le asombraba era que estaba orgulloso de su actuar. Aunque… de igual manera a esas altura ella ya no tenía derecho a sentirse así. La noche de la subasta, la desolación por Nozel más la curiosidad que le generó que Solid la comprara se combinaron y, sin pensarlo mucho se dejó llevar por sus emociones haciéndola arrastrar al Silva menor hasta su base, pasando la noche juntos.
Al principio, quiso golpearse a sí misma por ello, pero admitía que estaba sorprendida porque la pasó muy bien, más de lo que se imaginó, al punto de que cada vez que recordaba las caricias y besos de Solid, sentía su intimidad arder.
Evangeline Stark levantó ligeramente la mirada observando a Fuegoleon. Según su padre, ese sería su futuro esposo, mientras que Nozel Silva sería el de su hermana Mariam. Un capitán de orden reconocido, de buena familia, guapo, pero que ella no amaba. Además, estaba presente el rumor de que ambos capitanes mantenían una relación secreta con ciertas mujeres pertenecientes a diversas órdenes. No le molestaba el hecho de que su prometido estuviese en una relación porque su matrimonio era arreglado, allí nunca hubo amor de por medio, pero le indignaba el hecho de que a su padre le diera igual destinar a su hija a una vida miserable al lado de un hombre que amaba a otra mujer. Cuando desvió sus orbes celestes hasta el capitán Vangeance, los orbes morados la recibieron llenos de curiosidad.
Evangeline sintió un escalofrío recorrerla de pies a cabeza. Bajó su mirada rápidamente, avergonzada. Aún estaba muy apenada por lo ocurrido en la subasta y peor aún que su padre la obligase a retirarse sin poder formalizar su premio.
- "Buenos días…" - habló Julius rompiendo el silencio. - "Sin mayor preámbulo daremos inició a la reunión final. Como recordarán hace cinco meses, dada la crisis económica que enfrenta actualmente nuestro reino se propuso un matrimonio con el fin de llegar a un acuerdo que beneficie la estabilidad del Reino. Señor Stark, tiene usted la palabra…" - cedió Julius.
El aludido se levantó con lentitud bajo las atentas miradas.
- "La familia Stark mantiene la propuesta del matrimonio. Y para hacerla más atractiva, está dispuesta a duplicar el aporte económico hacia el Reino siempre y cuando se nos reconozca, por supuesto, el monopolio sobre toda la actividad comercial del mismo."
Más de uno hizo mal gesto. Aceptar esa condición era absurda por cuanto significaba ceder toda la actividad del Reino y peor aún, todo el dinero e influencia económica y política estaría en manos de la familia Stark y parte de la Vermillion.
Damnatio observó de reojo a Nozel. Minutos antes de iniciar la reunión, Julius le informó que Nozel había solicitado la oportunidad de presentar una contrapropuesta al lado de Fuegoleon que estuvieron trabajando durante el último mes. Admitía que estaba curioso por saber de qué se trataba, pero especialmente qué decía respecto a Almiria. Se preguntó por esta última al notar su ausencia.
Acto seguido, Nozel levantó la mano solicitando la palabra, para sorpresa de los comerciantes.
- "La familia Silva y Vermillion tienen una contrapropuesta que hacer."
- "Adelante." - permitió Julius para consternación de Stark.
Nozel se puso de pie y tomó una serie de escritos que procedió a explicar.
- "Proponemos una solución alterna que lleva por nombre "Modelo sustituto de recuperación económica". Su finalidad es dotar al Reino de autonomía económica y no depender de grupos de poder para suplir las necesidades del pueblo." - inició el peli gris.
Debía darle crédito a Nebra por tan exquisita redacción del informe. Su hermana era una redactora indiscutible.
- "La propuesta principal es, que el Reino utilice semillas propias. Los Leones Carmesí se encargaron de estudiar las tierras de la periferia del Reino y el resultado fue que tres de ellas son fértiles y aptas para cultivo. Utilizando un modelo adecuado, la producción abastecería no solo las necesidades del pueblo, sino que un treinta por ciento del mismo puede ser exportado a Reinos vecinos, lo cual generaría una ganancia que triplica la oferta realizada por la familia Stark." - explicó Fuegoleon elocuente.
- "Un cultivo no nace de la noche a la mañana. La ganancia no se obtendría sino hasta dentro de meses. La casa Stark ofrece una solución rápida y que responde las necesidades del pueblo." - intervino el señor Vermillion.
- "Hemos tomado en cuenta eso. De ahí que proponemos un impuesto para las casas nobles y ricas del Reino. Se tasará un cinco por ciento por cada cien mil yules. Tomando en cuenta la cantidad de familias del Trébol, la tasación permitiría cubrir la carencia del Reino durante los meses de crecimiento del cultivo. Además, posibilita contratar mano de obra remunerada y reducir los índices de pobreza que han aumentado. Se reduciría el desempleo y aumentaría paulatinamente el poder adquisitivo de los habitantes, reactivando la economía." - respondió Nozel.
Desde sus posiciones, los demás capitanes escuchaban impresionados la exposición realizada por sus compañeros. Sonaba atractivo y lo más importante de todo, reduciría la pobreza en el Reino.
- "Aparte de los cultivos, proponemos exportar otros productos, especialmente los provenientes del mar. El Trébol presenta una zona de playa rica en especies marinas aptas para consumo, por lo que puede integrarse a la dieta de los habitantes y distribuirse a zonas donde el producto sea de difícil acceso." - continuó Fuegoleon.
- "Si bien no es una solución tan rápida, ofrece seguridad y liquidez a largo plazo, rescatando los beneficios para el pueblo y el impacto positivo en la reducción de índices de pobreza y consecuente reactivación económica. Además, es un modelo que con el paso del tiempo y las adaptaciones pertinentes, perdurará a lo largo del tiempo."
- "¿La iglesia está incluida en el pago del canon?" - preguntó interesado Damnatio.
Maldijo nuevamente a Nozel. La propuesta claro que era favorecedora e inteligente. Era la solución más equilibrada a la crisis actual sin tener que darle el monopolio absoluto ni la riqueza del Reino a unos cuantos.
- "La iglesia como tal no. Pero sí la familia Kira por ser noble." - respondió elocuente Nozel.
Solo por esa vez, pasaría por alto todo el desagrado que sentía por el sacerdote con tal de tener su apoyo en la propuesta y que ésta fuese aprobada; especialmente porque su mente también oscilaba en la preocupación que sentía por Almiria. Estaba en peligro y él atado de manos hasta tanto el Reino no estuviera seguro. Lo único que le generaba tranquilidad era que cumplió su promesa: salvaría al Reino sin tener que casarse ni renunciar a ella. Con eso solucionado solo debía preocuparse por ella y por la situación de la toma del poder en su hogar. Eso lo había tomado por sorpresa ya que nunca lo mencionó, más no lo desalentó. Ambos aún tenían una conversación pendiente sobre su futuro juntos.
- "Muy bien… Ahora que ambas propuestas están sobre la mesa, el Rey y mi persona procederemos a tomar una decisión por lo que les pido que aguarden unos minutos." - pidió Julius mientras se retiraba. Cerca de veinte minutos después, el rubio salió acompañado del Rey. Éste, acostumbrado a querer quedar como el héroe, tomó la palabra.
- "Luego de un arduo estudio, hemos decidido aceptar la propuesta de la casa Silva-Vermillion para reactivar la economía del pueblo. En consecuencia, se rechaza la propuesta de matrimonio." - sentenció el hombre de traje verde pomposo.
Los rostros de alivio no se hicieron esperar. Desde su posición, Evangeline sonrió discretamente, feliz por no tener que recurrir a un matrimonio forzado. El adorable gesto no pasó desapercibido por el Capitán del Amanecer Dorado quien, involuntariamente, copió la sonrisa.
La familia Stark se retiró furiosa del salón y no era para menos. Habían perdido la posibilidad de aumentar su riqueza e influencia en el Reino y además, su fortuna quedaría gravada con ese estúpido impuesto propuesto para regalarlo a los pobres.
Una vez que estuvieron a solas, Julius se dirigió a Nozel, Fuegoleon y Yami.
- "Pueden retirarse." - ordenó.
Luego de desaparecer, Julius procedió a explicar detalladamente todo lo acontecido con las hermanas extranjeras, así como el actual secuestro de Almiria en su lugar de origen. Damnatio se tensó ante la información… Por lo visto sus sospechas fueron acertadas, pero ya no importaba. Almiria estaba en problemas y la prioridad era que regresara con vida. Quiso ayudar, pero cayó en la cuenta de que sería inútil. La chica le había aclarado que su interés era Nozel y vice versa, incluso ahora, el arrogante capitán iba a su rescate después de haber cumplido primero con su responsabilidad. Supuso que era momento de aceptar su obvio rechazo y retirarse. Aunque… al menos se llevaría algo.
. . .
En los pasillos del castillo, se escuchaban los pasos furiosos provenientes de la familia Stark. A la cabeza, Stark refunfuñaba furioso, maldiciendo una y otra vez a los capitanes, a la familia Silva y a la Vermillion.
- "Padre, cálmese. Si bien fue una falta total, no debe estresarse tanto o colapsará." - dijo la hija mayor.
- "¿Cómo quieres que me calme, Susan? Desde que esos desgraciados se metieron con esas zorras no hicieron más que burlarse de nuestra familia." - se quejó el hombre.
- "Lo sé, pero no vale la pena. Si esto no se formalizó es porque no están a nuestra altura… ¡Evangeline di algo!" - exigió Susan al notar que su hermana menor se mantenía alejada.
La aludida se sobresaltó.
- "E-Eh…" - tartamudeó.
- "Deja de tomarle la palabra a tu hermana, Mariam, ¡ella también se burló de nosotros en la subasta! Imagino que debes estar feliz, ¿no Evangeline?"
El tono despreciativo que con que su padre le dijo esas palabras la hirieron, pero a la vez, la hizo sentir indignada. No, ya no más. Amaba a su familia, pero después de lo ocurrido, no permitiría que nadie decidiera por ella nunca más.
- "Si lo estoy, padre, ¡y más de lo que te imaginas!" - respondió contundente la chica para sorpresa del anciano y su hermana. - "Nunca quise casarme con Fuegoleon. Solo nos ibas a utilizar como peones para adquirir poder sin importar lo que sintiéramos Susan y yo. ¡Estoy feliz de que no ganaras! Y de ahora en adelante, yo decidiré sobre mi vida." - finalizó.
Lo que Evangeline no se esperó, fue que su padre se acercara y la abofeteó con fuerza, dejándola en shock.
- "Ni sueñes que tendrás un solo centavo de la herencia. Mi hija menor está muerta de ahora en adelante."
- "Perfecto… Así no tendré que cargar con la vergüenza de que me relacionen contigo." - respondió Evangeline con lágrimas en los ojos.
Cuando estuvo a solas, la chica de ojos celestes suspiró pesadamente. Sentía un remolino de emociones en su interior, felicidad, tristeza, miedo, libertad, todas danzando en su pecho.
- "No es de caballeros pasar por alto las lágrimas de una dama."
La voz masculina que venía acompañada de un pañuelo frente a su rostro la asustó. Al voltear, se topó con una máscara a pocos centímetros. De inmediato, Evangeline se incorporó limpiándose rápidamente.
- "C-Capitán Vangeance… qué pena" - se disculpó avergonzada.
- "No se preocupe, señorita Evangeline." - respondió el peliblanco extendiéndole nuevamente el pañuelo blanco. - "Quizá no sea el momento adecuado, pero tengo algo para usted."
Vangeance le extendió un trozo de papel de color donde Evangeline alcanzó a leer:
"Premio: Capitán William Vangeance
Adjudicataria: Evangeline Stark
Válido por 24 horas a partir de la entrega."
Sus orbes celestes se abrieron con sorpresa.
- "C-Capitán yo no…" - trató de decir la chica.
- "El certificado está a su nombre y aún es válido. Puede hacerlo efectivo a partir de este momento si lo desea." - sugirió Vangeance.
Evangeline sintió su rostro arder.
. . .
Matra
Sus primeras horas en el calabozo las pasó ideando alguna forma de salir. Las celdas estaban repletas de personas a las que reconoció. Antes de partir, al este se formó un pequeño grupo de oposición al reinado y hasta donde supo, Lord Morris encargó a Jask su detención. Por lo visto, habían logrado su cometido. Almiria divisó a un hombre robusto cerca de su celda, por lo que se acercó para intentar hablar con él.
- "Señor… ¡Oiga señor!" - llamó la pelinegra. Cuando obtuvo la atención del desconocido, continuó hablando. - "¿Cuántas personas hay aquí?" - preguntó.
El corpulento hombre la miró por segundos, detallándola. A esa mujer la trajeron al anochecer, golpeada e inconsciente. Se preguntó, cuál había sido su pecado contra el estúpido Rey, sin embargo, ya no importaba nada. Iban a morir ahí.
- "Éramos diez cuando nos encerraron hace una semana. Ahora solo somos cinco. Algunos han muerto ya por inanición. Ese es el olor a putrefacción que se siente en el aire." - respondió el hombre con la mirada perdida.
Almiria dirigió su mirada hacia las celdas frente a ella. Alcanzó a observar moscas y larvas sobre los cuerpos en el piso. Sintió el aire escaparse de sus pulmones producto de la devastadora imágen.
- "Escúcheme, debemos salir de aquí." - insistió la pelinegra. - "La marea subirá pronto y nos ahogaremos si no escapamos."
- "¿Salir? Eso es imposible. Nadie baja a excepción de cuando traen a algún prisionero. Además, estamos encadenados." - respondió el hombre desesperanzado.
- "Lo sé… Pero no podemos rendirnos. Sé que son un grupo opositor a Morris, ¡yo también formo parte de uno! Crea en mí cuando le digo que su tiranía terminará pronto." - convenció Almiria.
. . .
Llegaron al país de nombre Matra al anochecer, luego de casi un día de viaje. Si bien utilizaron la habilidad de Nacht, debieron trasladarse hasta la frontera del Trébol con el mar puesto que ir de un país a otro consumía mucha magia para el pelinegro.
Nozel, Yami, Fuegoleon, Mina y Nacht, vestían capuchas negras cuyo fin principal era ayudarlos a camuflarse con la noche.
- "Síganme. A una hora de aquí está el escondite que preparé. Los aliados de Almiria deben estarnos esperando." - comentó el pelinegro.
Nozel observó el lugar, curioso. Un reino mayoritariamente pesquero, consumido por la pobreza y con personas muriendo en las calles. Así que ese fue el escenario en el cuál se crió Almiria. Definitivamente detendrían al Rey de Matra.
El camino en penumbras fue difícil de recoger, especialmente porque el terreno era en su mayoría pantano. Mina observó las luces a lo lejos, reconociendo que se encontraban en el pueblo de su infancia. Había cambiado mucho, tanto que apenas lo reconoció. Cuando se trasladaron al centro del Reino, olvidaron por completo su pasado.
- "Nuestra casa…" - comentó Mina para sí misma reconociendo la antigua casa, ahora quemada.
Yami dirigió su mirada oliva a la estructura. Suspiró con pesadez.
- "Tu hermana ocultó a su grupo opositor ahí durante un tiempo, pero los encontraron hace unos días. Incendiaron la casa creyendo que con eso los habían asesinado." - comentó Nacht.
- ¿Esas personas murieron?" - preguntó Nozel interesado.
- "No, logré sacarlos antes. Nos están esperando, así que es mejor continuar."
Una hora después, llegaron a lo que parecía los restos de una vivienda. Ahí, Nacht abrió una compuerta escondida entre las hojas. Al bajar, el grupo se encontró con dos personas adultas y unos niños, al fondo, un anciano permanecía recostado sobre una improvisada cama.
- "¡Señor Nacht!" - exclamó Mirai emocionada.
Realmente el pelinegro cumplió su promesa de volver con ayuda.
- "Estas personas nos ayudarán a rescatar a Almiria y detener al Rey." - comentó Nacht.
- "En ese caso, debemos partir lo más pronto posible. Recibí información de uno de nuestros aliados; el Rey cerró los calabozos ayer por la noche. Creemos que se trata de la señorita."
- "Los calabozos están diseñados para aprovechar la marea alta e inundarse. Su principal utilidad es encerrar a los prisioneros hasta que se ahogan con la crecida. En dos días subirá la marea." - informó Mirai preocupada.
- "Almiria… ¿por qué no ha usado sus poderes?" - se preguntó Mina a sí misma.
- "Conocemos lo fuerte que es la señorita, creemos que si no ha logrado derrotar a Morris aún es porque debió activar la maldición. Hace un año, Almiria nos informó que le quitó los poderes a un soldado que fungía como contacto. Él nunca nos traicionó, por eso murió." - explicó Haru con tristeza.
- "No se preocupen. Derrotaremos a ese hombre y salvaremos a Almiria, les doy mi palabra." - intervino Nozel.
- "¿Es… amigo de la señorita?" - preguntó tímidamente Mirai.
Detallándolo bien, el extraño era un hombre de porte firme, alto y bastante guapo. Se notaba a leguas que era un guerrero al igual que los otros varones.
- "Es su novio." - reveló Yami sin tacto.
Nozel le dirigió una mirada asesina, mientras que los hermanos se sonrojaron. Aprovechando el alboroto que se creó, Yami detalló al anciano que, hasta ese momento se había levantado cubriendo parte de su rostro con una sábana. No había dejado de mirarlo desde que llegaron, ni a él ni a Mina. Suspiró; ya no le daría más largas al asunto.
Cuando se dispusieron a partir, Mirai y Haru encargaron al anciano el cuido de los niños. Ellos por su parte, se pondrían en marcha hasta la capital. Avanzarían rápido utilizando el poder de sombras del vice capitán. Antes de partir, Yami se acercó al anciano en silencio, no tenía mucho tiempo ni sabía qué decir. Mina detuvo su andar por las escaleras, curiosa por el proceder del Capitán.
- "Traélas de vuelta, por favor… Sami"
Fue lo que alcanzó a escuchar Mina. La castaña sintió un escalofrío recorrerla de pies a cabeza, la fuerza abandonó su cuerpo por unos segundos que sintió eternos. Cuando reaccionó, subió rápidamente las escaleras. Fuegoleon al ayudarla, notó que estaba algo pálida.
- "¿Estás bien?" - le preguntó en un susurro.
- "S-Si. Solo estoy preocupada por mi hermana." - respondió la castaña tratando de no preocupar de más al pelirrojo.
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¡Continuamos actualizando! Espero que disfruten leyendo el capitulo tanto como al escribirlo.
