Hola :D
Ya pasó un buen rato desde que actualicé éste fanfic, lo lamento, he estado ocupada y con algunos problemas personales. Además, la ola de calor que está azotando México, me afecta demasiado y no logro concentrarme, ni para escribir, ni para corregir. Apenas si logré redactar esto y eso porque hoy es día del padre y Minos se merecía un nuevo capítulo :3
Espero les guste :D
*Fular: Es un portabebés ergonómico muy versátil, simple y complejo a la vez, ya que se necesitan conocimientos para anudarlo correctamente. Se adapta a cada etapa del bebé y sólo debe ser usado en el primer año de edad. Los hay de diversos tejidos y materiales, puede ser cortos o largos.
Sobre sus comentarios:
Natalita07: Sí, las matemáticas son el terror de muchos, me incluyo. Y es cierto, las mamás son mejores explicando las cosas, y claro, en ese siglo era complicada la enseñanza, puesto que no se tenían los métodos pedagógicos de ahora. Muchas gracias por leer y comentar, en verdad te adoro mujer ;D
Kitty 1999: Querida Kitty, me alegra leerte de vez en cuando. Es cierto, las matemáticas a veces son bastante complicadas para los estudiantes. Gracias por leer y comentar :D
Atención: Todos los personajes de Saint Seiya y Saint Seiya: The Lost Canvas, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi respectivamente. La historia es de mi autoría personal, la cual solamente escribí por diversión :3
Capítulo 23: Retrato
Atenas, Grecia.
Media mañana.
Minos y su familia observaban por las ventanas de la carroza el movimiento de la gente a través de las calles empedradas. El día estaba soleado y el clima era agradable en aquella urbe, por lo que el paseo resultaba de lo más entretenido. Era una distracción para todos y más para la primogénita del juez.
—¡Mira papá, un caballo gigante! — gritó emocionada la niña al ver un ejemplar de percherón tirando fácilmente de una carreta repleta de costales.
—Sí, es un animal bastante grande— asintió el hombre, para luego dar un vistazo a un pergamino, donde se podía leer una dirección. —Ya vamos a llegar al taller del retratista, faltan un par de calles. —
—¿Estás seguro de que esto es necesario? — preguntó Anna, sentada a su lado.
La mujer llevaba cargando al pequeño Aleksi en un curioso fular que ella misma había tejido unos años atrás para Ariadna. Dicho portabebés era bastante práctico y podía adaptarse a diferentes posturas con sólo cambiar la posición de los nudos, lo que facilitaba llevar al niño de un lado a otro, el cual ya tenía dos meses de edad.
—Claro que sí, necesitamos un retrato familiar, ¿Acaso nunca te retrataron con tus padres? — habló Minos.
—Sí, pero eso fue hace mucho tiempo y la idea no me había pasado por la cabeza antes— reveló ella, terminando de amamantar a su hijo, quien ahora dormía plácidamente.
—Mamá, yo te hice un dibujo de cuando estabas cocinando, está sobre la chimenea— intervino de pronto la niña, presumiendo sus dotes artísticas. —Y a papá también lo dibujé en su escritorio, ¿Verdad papá? —
El ministro hizo una sonrisa divertida, no pudo evitar recordar el gracioso garabato que su primogénita dibujó hace un mes, cuando la llevó al Tribunal con todo y acuarelas. Dicho dibujito lo tenía guardado en su escritorio personal en la oficina de los jueces, junto con algunos otros diseños hechos por Ariadna. Le gustaba verlos de vez en cuando, porque, aunque no eran obras de arte y ni forma tenían, los había hecho su pequeña.
—Así es, lo tengo en mi oficina— dijo el hombre, guardando el pergamino. —Pero, en esta ocasión, vamos a ir con un pintor especializado en retratos familiares, quiero una imagen de ustedes para colgar en la pared. —
—¿Me van a dibujar? — interrogó Ariadna.
—Sí, a todos nos van a dibujar, así que procura no arrugar tu vestido— señaló Anna. —Respecto al niño, ¿Lo dejamos así, o quieres cambiarle el atuendo? — cuestionó a su marido.
El juez negó, mientras revisaba sus bolsillos para ver si no había olvidado su morral de monedas.
—Que se quede así, es mejor que duerma, porque será un poco largo esto— miró a su hija. —Y espero que te comportes, ¿Entendido? —
Ariadna hizo una sonrisa inocente, asintiendo con la cabeza. Ya le habían explicado de qué se trataba el asunto, sabía que un pintor los dibujaría con óleos en un gran cuadro, pero esto tomaría algunas horas, en las cuales todos permanecerían completamente quietos.
La carroza se detuvo frente al taller, y una vez que todos bajaron y Minos liquidó los servicios del cochero, se adentraron al edificio.
…
Una empleada los llevó a una sala de espera, para que tomaran asiento en unos sillones, ofreciéndoles bebida y bocadillos. Todo era parte del servicio que había contratado Minos, es decir, le había pagado muy bien al pintor para que dedicara todo ese día únicamente a él y su familia.
—Sean bienvenidos, sírvanse a su gusto, voy a decirle al señor Nikolas que ya llegaron— dijo la asistente, retirándose rumbo a una oficina.
Anna le sirvió jugo a su hija y algunas galletas para distraerla, pues, aunque tomaron alimentos por la mañana en el barco que los trasladó a Atenas, posiblemente le daría hambre más al rato. Después tomó un par de bocadillos y unas frutas, junto con más jugo. Minos, por su parte, degustó algunos panecillos y sólo se sirvió media copa de vino.
Toda la familia iba vestida elegantemente con sus mejores prendas, pues era necesario que en el retrato se plasmara eso, lo típico de la época. Incluso Anna y Ariadna iban peinadas con un bonito tocado en el cabello, mientras que Minos tenía recogida su larga melena plateada en una coleta baja. Y el pequeño Aleksi, él estaba pelón por el momento, ya que le habían cortado todo el pelo.
Unos minutos después, entró a la estancia un hombre mayor, de larga melena blanca, algo calvo y vestido con una larga toga decorada por múltiples manchas de pintura.
—Buenas tardes señor Griffin, es un honor recibirlo a usted y a su familia en mi taller— saludó cordial.
—Buen día señor Nikolas— estrechó su mano y luego presentó a su familia. —Ella es mi esposa Anna y mis hijos Ariadna y Aleksi. —
El pintor hizo una inclinación a modo de saludo y señaló hacia otra puerta, ubicada el fondo de la sala.
—Hermosa familia, pasen por aquí, ya tengo todo listo para comenzar de inmediato. —
Todos ingresaron al área de trabajo del retratista, la cual estaba llena de cuadros, caballetes, estantes con múltiples frascos de pintura, bolsas con polvos de colores, pinceles, brochas y otras herramientas para el arte del diseño.
—Bien, aquí es donde se colocarán— indicó el hombre mayor, señalando una esquina.
Dicho espacio estaba decorado con largas cortinas, un elegante diván y un par de taburetes para sentarse. Esto era para que las personas a retratarse, escogieran la posición que más le gustara y en la cual estuviesen cómodas, puesto que el pintor podía demorar algunas horas en dibujarlos.
Minos y Anna tomaron asiento en el diván, mientras que Ariadna se sentó en un taburete, quedando cerca de su madre. La escena se veía muy bien, puesto que el mueble era amplio, distinguiéndose perfectamente la pareja, el bebé en brazos y la niña a un lado.
—Ahora sólo escojan la postura final y las expresiones faciales que tendrán— pidió el artista, encaminándose a su caballete, el cual ya estaba listo con un lienzo blanco, múltiples óleos y pinceles a la mano.
El juez examinó a su familia de arriba hacia abajo por un segundo. Entonces acercó la mano al bebé y le acomodó el gorrito que tenía puesto para que se notara su carita. Luego tomó un mechón del cabello de Anna y lo colocó detrás de su oreja para que luciera más su bello rostro. Y finalmente, plegó un poco el faldón del vestido de Ariadna para que se vieran distribuidos sus olanes.
—Mantengan una expresión tranquila, no es necesario que sonrían tanto porque se van a cansar— comentó Minos, acomodándose los pliegues de su cravat.
—¿Y si me gana la risa? — interrogó la chiquilla.
—Ariadna— su madre la miró con una ceja levantada, indicando un regaño muy sutil. —Nada de juegos, compórtate, para que el señor Nikolas pueda terminar pronto. —
La niña tomó una postura seria, manteniéndose recta y con las manos entrecruzadas sobre su vestido, mirando hacia el frente, como el resto de su familia.
—Ya estamos listos, puede comenzar— indicó el ministro.
El viejo pintor asintió y sin perder tiempo, sujetó con firmeza su pincel, embadurnándolo con tinta negra. Acto seguido, comenzó a maniobrarlo rápidamente, ejecutando trazos largos y precisos, mirando de vez en cuando hacia ellos para poder trazar el boceto inicial. Al cabo de unos minutos, el hombre ya estaba completamente enfrascado en su tarea.
Minos lo observaba con atención. Aquel retratista era un habilidoso dibujante y tenía tantos años de experiencia, que prácticamente podía diseñar cuadros muy complejos en un par de días. Por esto mismo cobraba muy caro, además de ser el artista más solicitado de la cuidad.
…
Pasó alrededor de media hora y todo tranquilo, hasta que Ariadna dejó en claro que no podría quedarse quieta por más tiempo.
—Me pica la nariz— susurró hacia su madre.
—Puedes rascártela y luego vuelves a tu posición— dijo la mujer.
La niña lo hizo, pero no pasó mucho tiempo antes de que volviese a distraerse.
Una mosca perdida entró por una ventana, zumbando alegremente por la habitación. La chiquilla la vio desde un principio, así que su mirada la siguió de un lado a otro. El insecto no se aproximaba a las personas, sólo volaba a lo largo y ancho del techo, cerca de un gran candelabro.
—Por favor, pequeña, no muevas tanto la cabeza— dijo el retratista, algo estresado de ver que Ariadna giraba el rostro para todos lados.
—¿Qué estás mirando? — preguntó el juez.
—Hay una mosca gorda en el techo y zumba muy fuerte— explicó la nena, señalando hacia arriba.
Sin querer, todos voltearon y, efectivamente, era una mosca muy grande, mejor conocida como moscardón. El insecto se había quedado quieto en uno de los brazos del candelero. Minos rodó los ojos, mientras chasqueaba sutilmente los dedos. Un hilo de cosmos se desplegó, deslizándose hacia arriba y, en menos de un segundo, hizo cachitos al moscardón.
—No se distraigan, respeten el trabajo del pintor— ordenó.
Ariadna suspiró aburrida, retomando su posición. En cuanto a Anna, ajustó un poco el fular para mantener cómodo a Aleksi. Lo bueno era que el niño seguía dormido, así no molestaría como su hermana.
El señor Nikolas resopló ligeramente, retomando su trabajo. Ya tenía el boceto completo y ahora empezaría con los delineados principales. Su mano hizo volar de nuevo el pincel, tomando más pintura y distribuyéndola sobre el lienzo.
…
Un par de horas después.
—Mamá, quiero ir al baño— se quejó la hija del juez.
—Cariño, creo que no se va a poder aquí. —
Minos se desperezó un poco, estirando las piernas, dado que ya se había cansado también de estar en la misma posición. No le sorprendió lo dicho por su hija, al contrario, él había creído que se portaría más traviesa en todo el tiempo que llevaban ahí.
—Nikolas, necesitamos un descanso— le dijo al pintor.
—Comprendo señor Griffin, pueden pasar a la estancia, mi asistente los atenderá, yo me quedó aquí, afinando más detalles— indicó el hombre mayor.
Poco después, la empleada le señaló a Anna dónde estaba el servicio sanitario para llevar a su hija, mientras que el juez se quedó comiendo algunos bocadillos. Todavía faltaban unas horas más de modelaje, así que sólo quedaba aguantarse.
…
Por la tarde.
Anna y su hija subieron a la carroza, en lo que Minos conversaba con el pintor. Nikolas ya había terminado la mayor parte del retrato familiar, pero todavía faltaban varios detalles y un encargo extra que el ministro solicitó.
—Mañana por la tarde le llegarán los cuadros a su residencia, señor Griffin— confirmó el artista.
—Perfecto y como me gustó tu trabajo, aquí tienes— le entregó un saco de monedas. —Esto cubre el extra y también el mal rato que te hizo pasar mi hija. —
—Es usted muy amable señor Minos, y no se preocupe, la nena se ha portado mucho mejor que otros niños— sonrió levemente.
Se despidieron y Minos abordó la carroza. Ésta los llevaría al puerto, donde tomarían otro barco de regreso a la Isla de los Curanderos.
.
.
Al día siguiente.
Ya había atardecido cuando un mensajero se presentó en la casa de Anna, los cuadros habían llegado puntualmente, tal y como dijo el retratista.
—Qué bonito se ve— dijo Ariadna, admirando su rostro en el lienzo.
—Es increíble la habilidad de ese hombre, nuestro retrato es sumamente fiel— comentó Anna, sorprendida por el cuadro.
—Sí, hay personas a las que los dioses han bendecido con habilidades para las bellas artes— sonrió complacido el juez, sosteniendo en alto el cuadro de su familia. —Creo que lo colocaremos aquí— lo acomodó en un espacio vacío de la pared más grande de la estancia.
—Luce muy bien, me gusta— confirmó Anna.
—Papá, ¿Qué son estos? — interrogó Ariadna.
La niña había abierto el segundo envoltorio, donde un par de retratos pequeños se asomaban. Ambas piezas estaban engarzadas en un soporte de madera que permitía contemplar la imagen de Anna y sus dos hijos. No eran como el cuadro grande y a color de toda la familia, sino que se trataba de bocetos únicamente trazados en tinta negra, pero eso sí, con fino detalle.
—Estos son para mí, los llevaré al Tribunal para tenerlos en mi escritorio— dijo el juez.
Anna y su hija sonrieron ampliamente, era un detalle muy lindo el que Minos quisiera tener siempre cerca una imagen de su familia.
Continuará...
Gracias por leer y por sus comentarios :3
18/Junio/2023
