Disclaimer: estos personajes y el libro son de Rick Riordan.
Estoy editando el cap.
Nota: A ver si esto os facilita un poco las cosas a la hora de leer.
Voy ha separar los diálogos de lo escrito en el libro de esta manera:
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Si os facilita la lectura, decídmelo y edito así también los caps anteriores. Y si no funciona, decídmelo también por favor.
Me serviría de ayuda hasta que logre cambiar el color de las letras.
Muchas gracias por vuestro tiempo.
Disfrutad del capi.
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Cuando la luz se atenuó, podía verse a un chico alto, atlético, con una camiseta naranja, pelo rubio rizado por encima de los hombros y ojos grises que analizaban el entorno.
-¿Qué…?
-Si alguien vuelve a preguntar qué hace aquí, me voy a cabrear. -se quejó Zeus.
Apolo sonrió y chasqueó los dedos para que el joven pudiera saber lo que había pasado.
-¿De qué época venís? -Les preguntó a los otros semidioses y al sátiro.
-Emmm. Creo que primero deberías presentarte. -Comentó Luke con una risita.
El chico se ruborizó.
-Me llamo Malcolm Chase. Soy hijo de Atenea, consejero de la cabaña seis, arquitecto del Olimpo y uno de los siete.
-¿Uno de los siete? -Preguntó Apolo perplejo.
-¿Arquitecto del Olimpo? -Se extrañó Zeus.
-Supongo que todo saldrá en los libros.
Zeus iba a protestar, pero una mirada de Hestia le disuadió de hacerlo.
Malcolm miró a Lee con una sonrisa y le frunció el ceño a su madre.
Se inclinó ante los tronos y se sentó al lado de Thalia.
Blake fue a saludarle precabido.
-¿Y de qué época venís? -Preguntó el rubio mientras le rascaba al cachorro detrás de las orejas.
-Yo vengo de una semana antes de la excursión al Olimpo. -Comentó Luke.
-Yo después de que Jackson recuperara el vellocino de oro. -Contestó Ethan.
-Yo vengo unos días antes de que Percy y Charlie fuesen al princesa Andrómeda. -Dijo Silena.
-Yo también. -Secundó Charles.
-Yo después de que Jackson volviera del barco. -Aportó Michael.
-Yo vengo de unos días antes de la batalla de Manhatan. -Dijo Castor.
-Yo días antes de que entrárais al laberinto. -Dijo Lee.
-Yo de cuando mandaste aquel mensaje desde el… -Comentó Clarisse estremeciéndose.
-¿Al final caí? -Inquirió Malcolm a punto de devolver.
-Sí. -Comentó Thalia. Yo vengo desde la misma época que la Rue.
-Yo estaba a punto de caer. -Explicó Malcolm.
-Yo vengo desde que entramos a la chatarrería del señor Hefesto. -Murmuró Bianca.
-Yo vengo desde el mismo tiempo que Clarisse y Thalia. -Aportó Grover.
-Yo desde el final. -Comentó Quirón.
-¿Y qué tal fue? -Interrogó Clarisse.
-Las moiras me han prohibido aclarar nada.
Los dioses querían preguntar de qué estaban hablando pero sabían que no les dirían nada.
-Pues si eso es todo… Vamos a leer. -Pidió Hades.
Quirón abrió el libro y empezó la lectura.
*-x-*
Capítulo 8. Capturamos una bandera.
*-x-*
Clarisse gruñó disgustada.
Malcolm sonrió.
*-x-*
Los siguientes días me acostumbré a una rutina que casi parecía normal, si exceptuamos el hecho de que me daban clase sátiros, ninfas y un centauro.
*-x-*
-Algo totalmente normal. -Rió Ethan.
Castor le dio la razón.
-Pero así es más entretenido. -Opinó Silena.
Todos estuvieron de acuerdo.
*-x-*
Cada mañana recibía clases de griego clásico de Malcolm, y hablábamos de los dioses y diosas en presente, lo que resultaba bastante raro.
*-x-*
Hera frunció el ceño ofendida.
-Semidiós estúpido… -Murmuró entre dientes.
*-x-*
Descubrí que Malcolm tenía razón con mi dislexia: el griego clásico no me resultaba tan difícil de leer. Al menos no más que el inglés. Tras un par de mañanas, podía recorrer a trompicones unas cuantas frases de Homero sin que me diera demasiado dolor de cabeza.
*-x-*
-Homero es aburrido. -Se quejó Ethan.
Malcolm, Lee, Michael, Apolo y Atenea le miraron mal.
Luke estaba de acuerdo con el hijo de Némesis.
*-x-*
El resto del día probaba todas las actividades al aire libre, buscando algo en lo que fuera bueno. Quirón intentó enseñarme tiro con arco, pero pronto descubrimos que no era ningún as con las flechas. No se quejó, ni siquiera cuando tuvo que desenmarañarse una flecha perdida de la cola.
*-x-*
-¿Y dónde estabas tú? -preguntó Apolo.
-Detrás suya. -Respondió el centauro.
Todos rieron a carcajadas.
-A mi hermano Will le enredó una flecha en el pelo y eso que estaba bastante atrás y a la izquierda. -Recordó Lee.
*-x-*
¿Carreras? Tampoco. Las instructoras, unas ninfas del bosque, me hacían morder el polvo. Me dijeron que no me preocupara, que ellas tenían siglos de práctica de tanto huir de dioses enamorados. Pero, aún así, era un poco humillante ser más lento que un árbol.
*-x-*
-Estoy de acuerdo. -Comentó Castor.
-Opino lo mismo. -Secundó Michael.
*-x-*
¿Y la lucha libre? Olvídalo. Cada vez que me acercaba a la colchoneta, Clarisse me daba para el pelo.
«Tengo más de esto, si quieres otra ración, pringado», me murmuraba al oído.
*-x-*
Ares le dio la enhorabuena a su hija que sonreía como si le huviesen regalado un set de armas completo para ella sola.
Poseidón frunció el ceño disgustado.
*-x-*
En lo único en que sobresalía era la canoa, que desde luego no era la clase de habilidad heroica que la gente esperaba descubrir en el chico que había derrotado al Minotauro.
*-x-*
La canoa es importante. -Reprendió Poseidón.
-A nadie le interesa. -Espetó Atenea.
-¿Aún no te has secado? Vaya lástima. -Dijo el dios del mar con sorna.
-¡Que te fo…!
Poseidón miró a Lee y le guiñó un ojo.
El hijo de Apolo se ruborizó y apartó la mirada.
-Espero que pronto querida. -habló el creador de los caballos mirando a Fletcher con intensidad.
-Qué grosera Atenea. No sabía que tú también hablases así. -Rió Afrodita.
La diosa de la sabiduría apretó los dientes y miró a Quirón.
*-x-*
Sabía que los campistas mayores y los consejeros me observaban, intentaban decidir quién era mi padre, pero no les estaba resultando fácil. Yo no era fuerte como los hijos de Ares.
*-x-*
Clarisse resopló.
-Ni en tus mejores sueños Jackson.
-Estás hablándole a un libro.
-¡Cierra tu estúpida boca Yew!
-Qué mal genio tienen algunas. Tal vez le hagan falta un par de polvos. -Rió el hijo de Apolo.
-¡Michael! -Se escandalizó Lee.
El moreno bufó.
Clarisse le lanzó un cuchillo que le atravesó la mano.
-¡Estás loca!
-¡Cállate enano!
Lee sacó el cuchillo de la mano de su hermano y le curó.
Michael murmuró algo en griego mirando a Clarise.
El rubio hijo de Apolo se tapó la cara para ocultar una risa.
*-x-*
Ni tan bueno en el arco como los de Apolo.
*-x-*
-Espero que no haya vuelto a tocar un arco en su vida. -Se estremeció Lee.
-Una vez… Intentó coger un arco y Will le dijo: No quiero morir joven ni que destroces nada. Eres un desastre. Deberían detenerte por ser tan horrible con el arco. -Explicó Grover.
-Pero si él tampoco es buen arquero.
-Ese comentario está de más Beauregard. -Espetó Michael.
la chica se ruborizó.
*-x-*
No tenía la habilidad con el metal de Hefesto.
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-Dioses no. -Dijo Charles. -Es un desastre con las máquinas. hizo que se volvieran locas una semana.
Hefesto se horrorizó.
*-x-*
Ni —no lo permitieran los dioses — la habilidad de Dioniso con las vides.
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Castor frunció el ceño.
-¿Quién se cree ese Perry Jameson que es?
-Es… -Déjalo. -Dijo Michael.
*-x-*
Luke me dijo que tal vez fuera hijo de Hermes, una especie de comodín para todos los oficios, maestro de ninguno. Pero tuve la impresión de que sólo intentaba hacer que me sintiera mejor. Él tampoco sabía a quién adscribirme.
*-x-*
Poseidón le sonrió al hijo de Hermes agradecido.
El rubio se ruborizó.
*-x-*
A pesar de todo, me gustaba el campamento. Pronto me acostumbré a la neblina matutina sobre la playa, al aroma de los campos de fresas por la tarde, incluso a los sonidos raros de los monstruos de los bosques por la noche.
*-x-*
-Es algo maravilloso. -Suspiró Silena.
-Y aún así, espiaba para el ejército de Cronos. -Murmuró Michael enfadado.
Lee escuchó lo que había dicho su hermano y se quedó muy sorprendido.
-¿Hablas en serio?
-Sí. Después cuando murió, todos la trataron como una heroína. No digo que no lo fuese, pero espió para el bando contrario y se arrepintió porque Beckendorf murió en esa explosión.
Lee no daba crédito a lo dicho por Michael.
-¿Qué susurráis? -Preguntó Castor.
-Nada importante. -Contestó Lee.
-Seguro que el enano, se está quejando con su hermano, del cuchillo que le he lanzado por hablar cuando no le ha tocado.
Todos rieron con las palabras de Clarisse.
-¿Te gusta hablar en rimas gran Clarisse? -Rió Michael.
-¡Estúpido niñato! ¡Yo te mato! ¡Tus piernas cortaré y los brazos te arrancaré.
Casi todos estaban por los suelos.
-Quítale la maldición. -Pidió Silena.
-El hijo de Apolo la miró mal.
Quirón decidió seguir leyendo.
*-x-*
Cenaba con los de la cabaña 11, echaba parte de mi comida al fuego e intentaba sentir algún tipo de conexión con mi padre real. No percibí nada, sólo el sentimiento cálido que siempre había tenido, como el recuerdo de su sonrisa. Intentaba no pensar demasiado en mamá, pero seguía repitiéndome: «Si los dioses y los monstruos son reales, si todas estas historias mágicas son posibles, seguro que hay manera de salvarla, de devolverla a la vida…»
*-x-*
-No es buena idea. -Murmuró Perséfone.
Grover y Malcolm se miraron.
*-x-*
Empecé a entender la amargura de Luke y cuánto parecía molestarle su padre, Hermes. Sí, de acuerdo, a lo mejor los dioses tenían cosas importantes que hacer. Pero ¿no podían llamar de vez en cuando, o tronar, o algo por el estilo?
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-Totalmente de acuerdo. -Comentó Luke.
-Cierto. -Siguió Lee.
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Dioniso podía hacer aparecer de la nada una Coca-Cola light. ¿Por qué no podía mi padre, o quien fuera, hacer aparecer un teléfono?
*-x-*
-Sesos de alga. -Dijo Malcolm con una sonrisa.
*-x-*
El martes por la tarde, tres días después de mi llegada al Campamento Mestizo, tuve mi primera lección de combate con espada. Todos los de la cabaña 11 se reunieron en el enorme ruedo donde Luke nos instruiría.
*-x-*
-Eso significa que eres bueno. -Se alegró Hermes.
-El mejor en trescientos años. -Comentó el chico.
-Ahora el puesto te lo ha quitado Percy. -Dijo Thalia.
Luke le sacó la lengua.
-Muy maduro Castellan.
-Nadie ha dicho que lo sea Grace.
Ella le sacó el dedo corazón.
-No sabía que los pinos pudieran sacar el dedo.
-Apuesto a que tampoco sabías que podíamos hacer esto.
Una descarga eléctrica recorrió a Luke.
-¡Bruta!
La cazadora le sacó la lengua en respuesta.
Malcolm les miraba divertido.
*-x-*
Empezamos con los tajos y las estocadas básicas, practicando con muñecos de paja con armadura griega. Supongo que no lo hice mal. Por lo menos, entendí lo que se suponía que debía hacer y mis reflejos eran buenos.
El problema era que no encontraba una espada que me fuera bien. O eran muy pesadas o demasiado ligeras o demasiado largas. Luke intentó todo lo que estuvo en su mano para pertrecharme, pero coincidió en que ninguna de las armas de prácticas parecía servirme.
*-x-*
-Tiene una espada genial. -Comentó Castor.
Quirón sonrió.
-¿Cuándo empieza la acción? -Se quejó Ares.
Afrodita resopló.
*-x-*
Después empezamos a enfrentarnos en parejas. Luke anunció que sería mi compañero, dado que era la primera vez.
*-x-*
Poseidón miró al hijo de Hermes como diciendo:
-Si le tratas mal o te aprovechas… Serás el próximo pez de colores.
*-x-*
—Buena suerte —me deseó uno de los campistas—. Luke es el mejor espadachín de los últimos trescientos años.
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Hermes sonrió orgulloso.
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—A lo mejor afloja un poco conmigo —dije.
El campista bufó.
*-x-*
-Lo dudo. -Dijo el hijo de Hermes.
-Haces bien. -Aprobó Poseidón.
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Luke me enseñó los ataques, las paradas y los bloqueos de escudo a la manera dura. Con cada golpe, acababa un poco más machacado y magullado.
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-¡Así se hace chico! -Gritó Ares. -¡Enséñale como es debido! ¡Nada de tratarle como a una niña!
-¿Tienes que gritar? -Se quejó Artemisa.
-¡Sí!
Clarisse iba a decir algo pero su padre la detuvo.
-No digas nada mocosa. No quiero que una hija mía hable en rimas. Es vergonzoso.
-Pues la maldición suele durar una semana. -Dijo Apolo.
-Las de Michael duran dos. -Musitó Lee.
-impresionante. -Dijo el dios del sol.
Sus hijos sonrieron.
*-x-*
—Mantén la guardia alta, Percy —decía, y me asestaba un cintarazo en las costillas—. ¡No, no tan alta!
—¡Zaca!-. ¡Ataca!
—¡Zaca!-. ¡Ahora retrocede!
—¡Zaca!
*-x-*
Ares sonreía satisfecho.
-Me caes bien chaval.
*-x-*
Cuando paramos para el descanso chorreaba sudor. Todo el mundo se apiñó junto al refrigerador de bebidas. Luke se echó agua helada sobre la cabeza, y me pareció tan buena idea que lo imité. Al instante me sentí mejor. Mis brazos recuperaron fuerzas. La espada no me parecía tan extraña.
*-x-*
Poseidón sonrió.
*-x-*
—¡Vale, todo el mundo en círculo, arriba! —ordenó Luke—. Si a Percy no le importa, quiero haceros una pequeña demostración.
«Vale —pensé—, vamos a ver cómo le zurran la badana a Percy.»
*-x-*
Clarisse rió.
-Algo que decir la Rue?
Ella fulminó a Michael con la mirada pero no habló.
-Quítale la maldición a mi hija.
-No puedo. Sólo mi hijo Michael puede hacerlo.
-pues dile que lo haga.
-No me apetece.
Ares se levantó dispuesto a ensartar al dios del sol con su lanza pero una flecha plateada se le clavó en la mano.
-¿Pero qué…?
-Solo yo puedo agredir a mi gemelo.
Ares bramó como un toro enfurecido y se lanzó contra Lee.
-¿Pero yo que he hecho?
-Tengo que zurrar a alguien y puesto que eres uno de los niños del sol…
Lee saltó para evitar la enorme lanza.
-Entonces por esa regla, puedo clabarle flechas a tu niña.
-¡ni se te ocurra!
-¡Pues deja a mi hijo ahora mismo.
Ares cogió a Lee y le puso una daga en el cuello.
-O tu enano le quita la maldición a Clarisse, o le decapito.
-No deberías meterte en las peleas entre semidioses. -Dijo Hefesto.
-¡Haré lo que quiera!
-No lo harás. -Dijo Poseidón.
-Créeme que lo haré.
Después Ares se quedó quieto y soltó al rubio.
Éste se alejó pero fue atrapado por Clarisse.
-¡Suéltalo la Rue!
La chica hundió un pequeño cuchillo en el brazo de Lee. No le mataría, pero dolía muchísimo.
Lo retorció y lo sacó.
Al hijo de Apolo se le caían las lágrimas por el dolor.
-¿Joder Clarise! ¡Te has pasado!
Poseidón arrebató al chico de los brazos de la hija de Ares con una gran ola.
Yew le retiró la maldición mientras se acercaba a ayudar a su hermano que se había desmallado a causa del dolor.
Michael y su padre curaron la herida y cuando quisieron llevárselo cerca del trono del dios de la curación, Poseidón no les dejó.
-Se queda aquí.
Apolo iba a protestar pero decidió que no merecía la pena.
Clarisse estaba empapada y su padre la secó.
Quirón decidió que seguiría leyendo.
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Los chicos de Hermes se reunieron alrededor de mí. Se aguantaban las risitas. Supuse que antes habían estado en mi lugar y se morían de impaciencia por ver cómo Luke me usaba como saco de boxeo.
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-Va a ser que sí. -Expresó Ethan acariciándose el costado.
Luke rió.
*-x-*
Le dijo a todo el mundo que iba a hacerles una demostración de una técnica de desarme: cómo girar el arma enemiga asestándole un golpe con la espada de plano para que no tuviera más opción que soltarla.
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-Es difícil. -Dijo Hermes.
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—Esto es difícil —remarcó—. A mí me lo han hecho. No os riáis de Percy. La mayoría de los guerreros trabajan años antes de dominar esta técnica.
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Luke frunció el ceño por haber dicho las mismas palabras que su padre.
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Hizo una demostración del movimiento a cámara lenta. Desde luego, la espada cayó de mi mano con bastante estrépito.
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-Pringado. -Dijo Clarisse.
Thalia la miró mal.
Poseidón estaba preocupado porque Lee no despertaba.
Le abrazó más contra sí y siguió prestando atención a Quirón.
*-x-*
—Ahora en tiempo real —dijo en cuanto hube recuperado el arma—. Atacamos y paramos hasta que uno le quite el arma al otro. ¿Listo, Percy?
*-x-*
Ares se inclinó hacia delante para escuchar mejor.
No es que lo necesitara, pero bueno.
-Cinco dragmas a que Luke consigue desarmarlo. -Dijo Silena.
-Hecho. -Aceptó el hijo de Hermes.
-¿Crees que no vas a conseguir desarmarlo? -Preguntó la hija de Afrodita.
-Puede ser.
Luke tenía el presentimiento de que Jackson lograría quitarle la espada. Porque al ser hijo de Poseidón y haberse echado agua en la cabeza le daría fuerzas.
Él y Silena cerraron el trato.
Los demás miraban el intercambio algo asombrados. Todo el campamento sabía lo que había sucedido.
*-x-*
Asentí, y Luke vino por mí. De algún modo conseguí evitar que le diera a la empuñadura de mi espada.
Mis sentidos estaban alerta. Veía venir sus ataques. Conté. Di un paso adelante e intenté imitar la técnica. Luke la desvió con facilidad, pero detecté el cambio en su cara. Aguzó la mirada y empezó a presionar con más fuerza.
*-x-*
Ares estaba pendiente de cada palabra al igual que Hermes y Poseidón.
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Me pesaba la espada. No estaba bien equilibrada. Sólo era cuestión de segundos que Luke me derrotara, así que me dije: «¡Qué demonios, al menos inténtalo!»
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-¡Vamos hijo! -Gritó Poseidón.
-¡Tú puedes Luke! -Exclamó Hermes.
Castellan sonrió a su pesar porque su padre le estaba animando aunque fuera a través de un libro.
-¿Os dáis cuenta de que…?
-¡Cállate Atenea! -Chillaron los dos.
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Intenté la maniobra de desarme. Mi hoja dio en la base de la de Luke y la giré, lanzando todo mi peso en una estocada hacia delante. La espada de Luke repiqueteó en las piedras. La punta de mi espada estaba a tres dedos de su pecho indefenso.
*-x-*
-¡Siiiiii! ¡Mi hijo es genial!
-Solo ha sido por el agua. -Refunfuñó Hermes. -mi hijo también es bueno.
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Los demás campistas quedaron en silencio.
Bajé la espada.
—Lo siento… Perdona.
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-¿Por qué se disculpa?
-Señor Poseidón. Percy siempre se está disculpando. -Comentó Thalia exasperada.
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Por un momento Luke se quedó demasiado aturdido para hablar.
—¿Perdona? —Su rostro marcado se ensanchó en una sonrisa—. Por los dioses, Percy, ¿por qué lo sientes? ¡Vuelve a enseñarme eso!
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Malcolm y Luke sonrieron.
-No va a poder hacerlo de nuevo. -Dijo Hades.
-Hey quiero mis dragmas.
Silena suspiró pero le dio el dinero a Luke.
-No sé para qué lo quieres si robas todo. -Apostilló Ethan.
-Cierto. -Rió Luke.
Hermes sonreía orgulloso.
-Para los mensajes Iris. -Dijo Castellan al cabo de un rato.
-Tienes razón. -Finalizó el hijo de Némesis.
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No quería. El breve ataque de energía frenética me había abandonado por completo. Pero Luke insistió.
Esta vez no hubo competición. En cuanto nuestras espadas entraron en contacto, Luke golpeó mi empuñadura y mi arma acabó en el suelo.
*-x-*
Hermes vitoreó.
Poseidón frunció el ceño pero no dijo nada.
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Tras una larga pausa, alguien del público preguntó:
—¿La suerte del principiante?
Luke se secó el sudor de la frente. Me observó con un interés absolutamente renovado.
*-x-*
-¿Qué clase de interés? -preguntó Apolo moviendo las cejas.
Luke se ruborizó.
-Para el ejército de Cronos. -Susurró Ethan para sí.
-Hermano deja a mi hijo en paz.
-Aguafiestas.
Hermes le sacó la lengua.
-¿Alguien ha dicho ratas?
-Cállate George. Nadie ha mencionado las ratas. -Se enfadó Marta.
-Pues vaya. -Se quejó la serpiente.
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—Puede —dijo—. Pero me gustaría saber qué es capaz de hacer Percy con una espada bien equilibrada…
*-x-*
-Machacarte. -Dijo Grover.
-Gracias amigo. -Se quejó Luke.
-Todo un placer.
*-x-*
El viernes por la tarde estaba con Grover a orillas del lago, descansando de una experiencia cercana a la muerte en el rocódromo. Grover había subido a la cima a saltos como una cabra montesa, pero la lava por poco acaba conmigo. Mi camisa tenía agujeros humeantes y se me había chamuscado el vello de los antebrazos.
*-x-*
-¿De quién fue la genial idea de poner esos muros asesinos ahí? -Inquirió Deméter.
-Mía.
-Eres un sádico Ares.
-Lo sé tía Demi.
-¡No me llames Demi!
-¿O qué? ¿Me pegarás un tomatazo?
los semidioses se aguantaban la risa.
La diosa de la agricultura le lanzó un cactus.
Ares muy sorprendido no logró esquivarlo y acabó con la cara llena de pinchos como un herizo.
Hicor le caía por la cara manchando su ropa.
-¿Quién es la sádica? -Se quejó el dios de la guerra.
Deméter no dijo nada.
*-x-*
Estábamos sentados en el embarcadero, observando a las náyades tejer cestería subacuática, hasta que reuní valor para preguntarle cómo le había ido con el señor D.
Se le puso la cara algo amarilla y dijo:
—Guay. Genial.
—¿Así que tu carrera sigue en pie?
Me miró algo nervioso.
—¿Te ha dicho Quirón que quiero una licencia de buscador?
*-x-*
-¿Quieres jugar a quidditch? -Preguntó Charles.
-¿Qué es el quidditch? -Preguntó Hefesto.
-Un deporte de los magos. -Respondió Castor.
-¿Del libro de Henry Porter? -inquirió Dioniso.
-Es Harvey Foster. -Dijo Apolo.
-Te estás confundiendo hermano. Es Heidi Golden. -Dijo Hermes.
-Ninguno tiene razón. Es Hardin Cóctel. -Comentó Poseidón.
-Es Harry Potter idiotas. -Se exasperó Hades.
-Menos mal. -Suspiró Michael. -Creí que acabaría gritando y corriendo dando vueltas por la sala tapándome los oídos.
*-x-*
—Bueno… no. —No tenía idea de qué era una licencia de buscador, pero no parecía el mejor momento para preguntar—. Sólo dijo que tenías grandes planes, ya sabes… y que necesitabas ganarte la reputación de terminar un encargo de guardián. ¿La conseguiste?
*-x-*
Thalia, Malcolm y Luke miraron mal a Dioniso que no les prestaba atención.
*-x-*
Grover miró hacia abajo, a las náyades.
—El señor D ha suspendido la valoración. Dice que no he fracasado ni logrado nada aún contigo, así que nuestros destinos siguen unidos. Si te dieran una misión y yo te acompañara para protegerte, y los dos regresáramos vivos, puede que considerara terminado mi trabajo.
*-x-*
-Es difícil que le den una misión. -Comentó Hestia.
Nadie quiso decir nada para contradecirla.
*-x-*
Me animé.
—Bueno, ¿no está tan mal, no?
—¡Beee-ee! Habría sido mejor que me trasladara a limpieza de establos. Las oportunidades de que te den una misión… Además, aunque te la dieran, ¿por qué ibas a quererme a tu lado?
*-x-*
Tres golpes le dieron al sátiro en la cabeza.
-Si sigues así amigo, te saldrá un tercer cuerno en la nuca. -Rió Charles.
-¿Por qué me pegáis? -Se quejó Grover a Luke, Malcolm y Thalia.
-Por idiota. -Dijo el chico de ojos grises.
-Por hacerte de menos. -Contestó la cazadora.
-Porque sabes que eres fantástico. -Añadió el otro rubio.
-Porque sí. -Dijo Clarisse dándole ella también.
-Por si acaso. -Aportó Michael pegándole él también.
*-x-*
—¡Pues claro que te querría a mi lado!
*-x-*
-Sátiro idiota… -Bufó Thalia.
-Quien no te quiera consigo, es invécil. -Aportó Malcolm.
Grover sonrió un poco.
*-x-*
Alicaído, Grover observó el agua.
—Cestería… Tiene que ser estupendo tener una habilidad que sirva para algo.
*-x-*
-Definitivamente, le saldrá un tercer cuerno. -Dijo Thalia dándole otra colleja.
*-x-*
Intenté animarlo, asegurándole que poseía muchísimos talentos, pero eso sólo lo puso más triste.
Hablamos un rato de canoas y espadas, después debatimos los pros y contras de los distintos dioses. Al final, acabé preguntándole por las cabañas vacías.
*-x-*
-Me sigo preguntando por qué Hera tiene cabaña. -Murmuró Malcolm.
Thalia bufó.
*-x-*
—La número ocho, la de plata, es de Artemisa —dijo—. Juró mantenerse siempre doncella. Así pues, nada de niños. La cabaña es, ya sabes… honoraria. Si no tuviera una se enfadaría.
*-x-*
-Mis cazadoras duermen ahí cuando pasan tiempo en el campamento. -Dijo la diosa.
Thalia le dio una colleja otra vez.
-¡Que esa iba con descarga! -Se quejó el pobre sátiro.
La teniente de Artemisa sonrió inocentemente.
*-x-*
—Ya. Pero ¿y las otras tres, las del fondo? ¿Son ésas los Tres Grandes?
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Hades bufó.
-Hera no forma parte de los tres grandes. -Se quejó el dios del inframudno.
la diosa del matrimonio le miró mal.
*-x-*
Grover se puso en tensión. Era un tema delicado.
—No. Una de ellas, la número dos, es de Hera, otra de las honorarias —dijo—. Es la diosa del matrimonio, así que por supuesto no va por ahí teniendo romances con mortales. Esa es tarea de su marido. Cuando decimos los Tres Grandes nos referimos a los tres hermanos poderosos, los hijos de Cronos.
*-x-*
Hera miró mal a Zeus que sonreía.
-Y seguiré teniendo romances con mortales siempre. -El dios remarcó la última palabra.
-¡Te odio!
-¡Yo también a ti!
-Pues divorciaros de una jodida vez. -Dijo Poseidón.
-¡Ya me gustaría!
-¡Ni en broma! ¿Ya te gustaría verdad?
Los semidioses miraban estupefactos la escena.
-Por supuesto. Así podríamos vivir todos en paz. -Añadió el dios de los caballos.
-¿Crees que no lo sé?
-¿Que viviríamos todos en paz?
-¿creéis que no sé vuestro secreto?
-¿De qué hablas hermanita? -Preguntó Hades.
-¡La cosa no va contigo rarito marginado!
-¡Deja a Hades tranquilo! -Chilló Deméter.
El dios del inframundo se sorprendió muchísimo de que ella le defendiera.
-Vamos Hades. Yo puedo decirte todo lo que quiera, porque estás casado con mi hija a la que secuestraste…
-¡Mamá!
-Vale vale. Pero no eres mal chico.
Los hermanos se sonrieron.
-¡Sé vuestro secreto! -Gritó Hera cuando nadie la prestaba atención.
-Ya nos hemos enterado. Ahora… ¿Te quieres callar? -Dijo Zeus.
-Sé que vosotros dos, -Dijo señalando a su marido y a Poseidón. -Sé que tenéis una aventura entre vosotros.
-¿Quieres decir que… están juntos como amantes? -Preguntó Apolo.
-¡Sí! Se odian pero a veces se acuestan.
-No quería esa imagen mental. -Se quejó Thalia.
-A mí me gusta. -Dijo Silena.
-Porque eres fan del Yaoi. -Comentó Michael.
-Al igual que tú.
-¡Son mi nuevo shipp! -Chilló Afrodita.
-A Percy le va a dar un ataque cuando se entere. -Dijo Malcolm.
Apolo miraba asombrado a su tío y a su padre.
-¿Y quieres tener algo con mi hijo? -Interrogó el dios del sol ceñudo.
-Es distinto. -Contestó Poseidón.
-¿Así que no niegas que haya una relación entre vosotros? -preguntó Dioniso.
-No. -Aclaró Zeus.
-¿No qué? -preguntó Ares.
-No lo negamos. -Dijeron los hermanos.
-¿y Anfítrite lo sabe? -Espetó Hera.
-Ella no. Pero Tritón sí.
-¡Se lo diré! ¡A ver cómo reacciona! ¡Y también le diré lo de tu nuevo juguetito! ¡Ojalá le fulmine!
-¡Deja tranquilo a mi hijo! ¡No te atrevas a tocarle ni un pelo! ¡ni tú ni nadie!
-¿Cómo llamaremos al shipp?
Cada uno hablaba de algo diferente.
-Zeuseidón. -Propuso Michael.
-Me gusta. -Sonrió Silena.
-¡Zeuseidón es mi OTP!
-Cada loco con su tema. -Comentó Luke
.-¿Alguien lo sabía? -Cuestionó Hermes.
Hestia, Hades y Hefesto levantaron la mano.
-¿Y no dijísteis nada?
Hera estaba furibunda.
-Nooop. -Se rió Hades.
-¿Podemos continuar leyendo? Quiero saber cómo capturaron la bandera. -Dijo Hermes.
Quirón asintió y siguió con el capítulo.
*-x-*
—Zeus, Poseidón y Hades.
—Exacto. Veo que estás al loro. Tras la gran batalla contra los titanes, le quitaron el mundo a su padre y se echaron a suertes a quién le tocaba cada cosa.
—A Zeus le tocó el cielo, a Poseidón el mar y a Hades el inframundo —dije.
*-x-*
-Es más extenso dijeron. No te dará mucho trabajo aseguraron. Te gustará bastante siguieron diciendo. ¡Cabrones!
Zeus y Poseidón rieron.
-Bueno ¿pues sabeis una cosa? ¡Soy más rico que todos vosotros!
-En eso tiene razón. -Dijo Zeus.
*-x-*
—Aja.
—Pero Hades no tiene cabaña.
—No, y tampoco trono en el Olimpo. Digamos que se dedica a sus cosas en el inframundo. Si tuviera una cabaña aquí… —Grover se estremeció—. Bueno, no sería agradable. Dejémoslo así.
*-x-*
-Eso no ha estado bien. -Se quejó Bianca.
-Ahora no pienso igual. Nico es un chico fantástico y me cae muy bien.
Hades fulminó al sátiro con la mirada.
-Te estaré vigilando niño burro.
Grover quería decirle que era mitad cabra, pero sospechaba que el comentario no sería bien recibido.
*-x-*
—Pero Zeus y Poseidón… Los dos tenían infinidad de hijos en los mitos. ¿Por qué están vacías sus cabañas?
Grover movió las pezuñas, incómodo.
—Hace unos sesenta años, tras la Segunda Guerra Mundial, los Tres Grandes se pusieron de acuerdo para no engendrar más héroes. Los niños eran demasiado poderosos. Influían bastante en el curso de los acontecimientos de la humanidad y causaban mucho derramamiento de sangre. La Segunda Guerra Mundial fue básicamente una lucha entre los hijos de Zeus y Poseidón por un lado, y los de Hades por el otro.
*-x-*
-Los hijos de los tres grandes se llevan bastante bien. -Dijo Malcolm.
-Nos queremos mucho. -Aportó Thalia.
Los dioses sonrieron.
*-x-*
—El lado ganador, Zeus y Poseidón, obligó a Hades a hacer un juramento con ellos: no más líos con mortales.
*-x-*
-y luego fue el único que no lo rompió. -Dijo Thalia.
-Me debéis sesenta dragmas cada uno. -Canturreó Apolo.
Ares, Dioniso, Hefesto y Hermes le dieron el dinero.
-Además, me debéis un favor. -Se regocijó.
Los cuatro apretaron los dientes.
-¿Y qué sería eso? -Inquirió Hefesto.
-Ya lo pensaré.
Hades sonrió con suficiencia a sus hermanos.
*-x-*
—Todos juraron sobre el río Estige.
El trueno bramó.
—Ese es el juramento más serio que puede hacerse —dije. Grover asintió—. ¿Y los hermanos mantuvieron su palabra?
*-x-*
-¿Qué van a mantener estos? -Bufó Hera.
-Hey que yo lo he mantenido.
-¿Y qué quieres? ¿Un pin o una chapa?
-Quiero que te calles pesada.
La diosa del matrimonio le miró mal.
Perséfone le sonrió a su esposo.
*-x-*
La expresión de Grover se enturbió.
—Hace diecisiete años, Zeus se cayó del tren. Había una estrella de televisión con un peinado de los ochenta… En fin, no se pudo resistir. Cuando nació su hija, una niña llamada Thalia… Bueno, el río Estige se toma en serio las promesas. Zeus se libró fácilmente porque es inmortal, pero condujo a su hija a un destino terrible.
*-x-*
El rey de los dioses miró a su hija apenado.
-A ellos no les importa, pero sus hijos son los que sufren. -Dijo Ethan.
Los dioses no le dijeron nada porque sabían que tenía razón.
*-x-*—
¡Pero eso no es justo! ¡No fue culpa de la niña!
*-x-*
Thalia sonrió con cariño.
*-x-*
Grover vaciló.
—Percy, los hijos de los Tres Grandes tienen mayores poderes que el resto de los mestizos. Tienen un aura muy poderosa, un aroma que atrae a los monstruos. Cuando Hades se enteró de lo de la niña, no le hizo ninguna gracia que Zeus hubiera roto el juramento. Hades liberó a los peores monstruos del Tártaro para torturar a Thalia.
*-x-*
-Gracias tío H.
El dios se ruborizó.
-No fue porque rompiera el juramento. -Explicó el dios. -Fué porque él mató a mi María e intentó matar a mis niños.
-¡Animal! -Chilló Hestia.
-¿Lo siento?
-¿Encima lo preguntas?
Hades se levantó y le dio un puñetazo en la cara a su hermano pequeño.
-Vas a llevártelas todas juntas. -Rió Poseidón.
-No parece que tengan un romance. -Murmuró Bianca.
-En la cama dejan las peleas a un lado. -Rió Afrodita.
Ambos dioses se sonrojaron.
*-x-*
—Se le asignó un sátiro como guardián cuando tenía doce años, pero no había nada que pudiera hacer. Intentó escoltarla hasta aquí con otro par de mestizos de los que se había hecho amiga. Casi lo consiguieron. Llegaron hasta la cima de la colina. —Señaló al otro lado del valle, el pino junto al que yo había luchado con el Minotauro—. Los perseguían las tres Benévolas, junto a una horda de perros del infierno. Estaban a punto de echárseles encima cuando Thalia le dijo a su sátiro que llevara a los otros dos mestizos a lugar seguro mientras ella contenía a los monstruos. Estaba herida y cansada, y no quería vivir como un animal perseguido. El sátiro no quería dejarla, pero Thalia no cambió de idea, y él debía proteger a los otros. Así que se enfrentó a su última batalla sola, en la cumbre de la colina. Mientras moría, Zeus se compadeció de ella. La convirtió en aquel árbol. Su espíritu ayuda a proteger las lindes del valle. Por eso la colina se llama Mestiza.
*-x-*
-Estúpido cara muerto… -Dijo Zeus.
-¡No haber matado a mi María!
-¡No quisiste deshacerte de los críos!
-¡Son niños!
-¡No importa!
-¡Silencio!
-Sí Hestia. -Dijeron los dos hermanos como perros regañados.
-Vaya favor. Convertirla en un pino. -Soltó Hera.
-¡Cállate cara de vaca!
-¡Thalia! -Se escandalizó Malcolm.
-¿Qué? ¿No esperará que la guarde algún tipo de respeto verdad?
La diosa se levantó echa una furia. Antes de que nadie pudiese detenerla, lanzó una bola de energía en su dirección.
La chica cayó fulminada al instante.
El halo plateado que la rodeaba se apagó al igual que el brillo de sus ojos azules.
Todos gritaron horrorizados.
-¡Thalia! ¡Vamos Thals respóndeme! -Luke chillaba desesperado.
-Thalia por favor no te mueras. Esta vez no. -Sollozaba Malcolm.
-¿Cómo te has atrevido? -Preguntó Zeus.
-Si ni siquiera te importan tus hijos. Siempre les tratas como si fueran basura. -Contestó la diosa del matrimonio.
-¡Pero son míos! ¡Mis hijos! ¡Y tú no tienes derecho a hacer lo que has hecho!
-Puedes tener más.
-Escúchame bien Hera. Si haces otra cosa así, dejarás de ser mi esposa.
La voz de Zeus era baja y calmada.
Todos le habían visto enfadado, pero nunca como ahora.
-Y puedo conseguir que nos divorciemos. Tengo el poder para eso.
-¡No puedes hacer eso!
-Estamos en el siglo XX. Puedo hacer lo que me dé la puta gana. Además, soy el jodido rey del puto universo.
-No te atrevas Zeus.
-¡Cállate! -Espetó Poseidón.
-Estás avisada.
-¿Puedes hacer eso? ¿Y por qué no divorcias a Hefesto de Afrodita? -Se quejó Ares.
-Porque tú te acuestas con ella sin que te importe nada. Además es divertido ver cómo Hefesto os humilla.
-En eso tiene razón. -Acordó el dios de las fraguas.
-¿Te pones así solo por una insignificante chiquilla?
-¡Me pongo como quiera! ¡Es mi hija! ¡Mía!
Los semidioses seguían llorando alrededor de Thalia.
Zeus suspiró y movió la mano en dirección a su hija.
La cazadora se removió y abrió los ojos confusa.
-¿Pero qué…? -Se asombraron Luke y Malcolm.
-¿Creíais que iba a dejar que mi hija muriera? Si en el futuro la transformé en pino para evitar que lo hiciera. Lo dice ahí.
Señaló el libro que descansaba en la mano izquierda de Quirón.
Thalia seguía confusa.
Apolo chasqueó los dedos para que se enterara de lo que se había perdido.
-Gracias padre.
-En un futuro, evita despertar la furia de Hera. Es una mujer molesta.
Thalia asintió.
-Está bien señor.
Todos abrazaron a Thalia con cariño.
-Continúa leyendo por favor. -Pidió Hestia.
Quirón ovedeció con una sonrisa.
*-x-*
Miré el pino en la distancia.
La historia me dejó vacío, y también me hizo sentir culpable. Una chica de mi edad se había sacrificado para salvar a sus amigos.
*-x-*
-Él lo ha hecho varias veces. lo de sacrificarse por sus amigos. -Dijo Malcolm.
*-x-*
Se había enfrentado a todo un ejército de monstruos. Al lado de eso, mi victoria sobre el Minotauro no parecía gran cosa.
*-x-*
-Es una hazaña muy digna. -Apostilló Poseidón meciendo a Lee.
Blake miraba entristecido a su dueño. Tenía ganas de que se despertara ya.
*-x-*
Me pregunté si de haber actuado de manera diferente, habría podido salvar a mi madre.
*-x-*
-Nunca se sabe. -Dijo Apolo.
*-x-*
—Grover —le dije—, ¿hay algún héroe que haya cumplido misiones en el inframundo?
—Algunos —respondió—. Orfeo, Hércules, Houdini.
—Y… ¿han traído de vuelta a alguien de entre los muertos?
—No. Nunca. Orfeo casi lo consiguió… Percy, ¿no estarás pensando seriamente en…?
*-x-*
-¿No se atreverá verdad? -Inquirió Poseidón.
Nadie contestó.
*-x-*
—No —mentí—. Sólo me lo preguntaba.
*-x-*
-No le creí. -Aclaró Grover. -Pero lo dejé pasar.
*-x-*
—Y cambié de tema—: Así que ¿siempre hay un sátiro asignado para velar por un semidiós?
Grover me estudió con recelo, poco convencido de que hubiese abandonado la idea del inframundo.
—No siempre. Acudimos en secreto a muchas escuelas. Intentamos detectar los mestizos con potencial para ser grandes héroes. Si encontramos alguno con un aura muy poderosa, como un hijo de los TresGrandes, alertamos a Quirón. Éste intenta vigilarlos, porque podrían causar problemas realmente graves.
*-x-*
-Demasiados problemas. -Se quejó el centauro.
-Es Percy. -Dijo Malcolm como si eso lo explicara todo.
*-x-*
—Y tú me encontraste. Quirón dice que crees que yo podría ser alguien especial.
Grover hizo una mueca.
—Yo no… Oye, no pienses en eso. Aunque lo fueras (ya sabes a qué me refiero), jamás te asignarían una misión, y yo nunca obtendré mi licencia.
*-x-*
-Eso duele Thals.
-Lo sé. Eres un sátiro bastante tonto.
Él se limitó a frotarse la nuca.
*-x-*
—Probablemente eres hijo de Hermes. O puede que incluso de uno de los menores, como Némesis, la divinidad de la venganza. No te preocupes, ¿vale?
*-x-*
-No habría estado mal que Percy fuera mi hermano.
-Es mi pequeño. -Gruñó Poseidón.
-Sí señor. -Se apresuró a decir Ethan.
*-x-*
Me pareció que lo decía más por confortarse a sí mismo que a mí.
*-x-*
El sátiro se ruborizó por todas las miradas dirigidas hacia él.
-A este paso, vamos a acabar el capítulo mañana. -SE quejó Atenea aún tratando de secarse.
-Menos mal que los dioses no nos resfriamos que si no… -Dijo Perséfone.
-¿Podrías dejar que se seque? -Pidió Hestia.
-Lo siento hermanita. pero ha estado de más lo que le ha hecho al cachorro. Cuando Lee despierte, que decida él.
-Está bien. -Dijo la diosa del hogar.
Atenea frunció el ceño disgustada.
Blake gruñó y se subió a las piernas de Hades.
-¿Eres un perro muy raro lo sabías?
El golden ladró.
-Ha dicho: -Y tú un señor muy raro. -Tradujo Grover.
-¿Sabes que puedo fulminarte cachorro impertinente?
El perrito le puso ojos tristes.
-No pongas esa cara. Es demasiado canina y triste y así, no puedo fulminarte agusto.
Blake le lamió la mejilla.
-Perro molesto…
*-x-*
Esa noche, después de la cena hubo más ajetreo que de costumbre.
Por fin había llegado el momento de capturar la bandera.
Cuando retiraron los platos, la caracola sonó y todos nos pusimos en pie.
*-x-*
-¡Más acción!
-Ares mi oído. -Se quejó Hermes.
-He dicho: ¡Más acción!
*-x-*
Los campistas gritaron y vitorearon cuando Malcolm y dos de sus hermanos entraron en el pabellón portando un estandarte de seda. Medía unos tres metros de largo, era de un gris reluciente y tenía pintada una lechuza encima de un olivo. Por el lado contrario del pabellón, Clarisse y sus colegas entraron con otro estandarte, de tamaño idéntico pero rojo fuego, pintado con una lanza ensangrentada y una cabeza de jabalí.
*-x-*
Silena arrugó la nariz.
*-x-*
Me volví hacia Luke y le grité por encima del bullicio:
—¿Esas son las banderas?
—Sí.
—¿Ares y Atenea dirigen siempre los equipos?
—No siempre —repuso—, pero sí a menudo.
—Así que si otra cabaña captura una, ¿qué hacéis? ¿Repintáis la bandera? Sonrió.
—Ya lo verás. Primero tenemos que conseguir una.
*-x-*
-¡Vamos equipo gris! -Gritó Atenea.
-¿Gris? -Preguntó Afrodita.
-Es que la bandera es gris.
-¿Al ataque equipo rojo! ¡Matadlos a todos!
-Joder Ares. -Se quejó Hermes frotándose la oreja derecha.
*-x-*
—¿De qué lado estamos?
Me lanzó una mirada ladina, como si supiera algo que yo ignoraba. La cicatriz en su rostro le hacía parecer casi malo a la luz de las antorchas.
—Nos hemos aliado temporalmente con Atenea. Esta noche vamos por la bandera de Ares. Y tú vas a ayudarnos.
*-x-*
-¡A por la bandera roja! -Bramó Hermes.
-¡Matadlos a todos! -Exclamó el dios de la guerra.
*-x-*
Se anunciaron los equipos. Atenea se había aliado con Apolo y Hermes, las dos cabañas más grandes; al parecer, a cambio de algunos privilegios: horarios en la ducha y en las tareas, las mejores horas para actividades.
*-x-*
-¡Vamos hijos míos! ¡Os compondré un haiku!
-¡A por los pringados!
-Nunca le regaléis a Ares un megáfono. Con su voz es suficiente. -Decía Hermes.
*-x-*
Ares se había aliado con todos los demás: Dioniso, Deméter, Afrodita y Hefesto. Por lo visto, los dos chicos de Dioniso eran bastante buenos atletas. Los de Deméter poseían grandes habilidades con la naturaleza y las actividades al aire libre, pero no eran muy agresivos. Los hijos e hijas de Afrodita no me preocupaban demasiado; prácticamente evitaban cualquier actividad, miraban sus reflejos en el lago, se peinaban y cotilleaban.
*-x-*
Afrodita y Silena estaban muy ofendidas.
Por el contrario, Dioniso y Castor sonreían.
*-x-*
Por su parte, los únicos cuatro niños de Hefesto no eran guapos, pero sí grandes y corpulentos debido a su trabajo en la herrería todo el día. Podrían ser un problema.
*-x-*
Hefesto y Charles sonrieron.
-¡A por ellos! -Gritó el dios herrero.
*-x-*
Eso dejaba, por supuesto, a la cabaña de Ares: una docena de los chavales más grandes, feos y marrulleros de Long Island, y de cualquier otro lugar del planeta.
*-x-*
-Como debe de ser. No quiero niños débiles.
Atenea resopló.
-Pero no son feos. -Se quejó el dios de la guerra. -Tienen una belleza brutal.
-Nunca mejor dicho. -Comentó Michael.
*-x-*
Quirón coceó el mármol del suelo.
—¡Héroes! —anunció—. Conocéis las reglas. El arroyo es la frontera. Vale todo el bosque. Se permiten todo tipo de artilugios mágicos. El estandarte debe estar claramente expuesto y no tener más de dos guardias. Los prisioneros pueden ser desarmados, pero no heridos ni amordazados. No se permite matar ni mutilar. Yo haré de árbitro y médico de urgencia. ¡Armaos!
*-x-*
-Aburrido. -Dijeron Ares y Clarisse.
-Locos. -Susurró Bianca.
*-x-*
Abrió los brazos y de repente las mesas se cubrieron de equipamiento: cascos, espadas de bronce, lanzas, escudos de piel de buey con protecciones de metal.
—¡Uau! —exclamé—. ¿De verdad vamos a usar todo esto?
Luke me miró como si yo fuese tonto.
*-x-*
-Si quieres que te claven una espada… -Dijo Thalia.
*-x-*
—A menos que quieras que tus amiguitos de la cinco te ensarten… Ten. Quirón ha pensado que esto te iría bien. Estás en patrulla de frontera.
Mi escudo era del tamaño de un tablero de la NBA, con un enorme caduceo en el medio. Pesaba mil kilos. Habría podido practicar snowboard con él, pero confiaba en que nadie esperara de mí que corriera muy rápido. Mi casco, como todos los del equipo de Atenea, tenía un penacho azul encima.
Ares y sus aliados lo llevaban rojo.
*-x-*
-¿Quién creéis que ganará? -Preguntó Apolo.
Todos los dioses miraron a los chicos en busca de respuestas pero ellos no dijeron nada.
-Yo apuesto por los azules. -Dijo Zeus.
-Yo también. -Dijeron Hermes, Atenea y Apolo.
-Por supuesto equipo azul. -Aportó Poseidón.
-Yo me quedo con los rojos. -Dijo Afrodita.
-¡Mis hijos machacarán a los vuestros! -Chilló Ares.
-Yo apoyaré a mis niños. -Dijo Deméter.
-Equipo rojo. -Comentaron Dioniso y Hefesto.
-Quiero que mueran todos. -Espetó Hera.
-Yo prefiero no apoyar a ninguno. -Respondió Hestia.
-Me quedo con el azul. -Opinó Hades.
-Y yo el rojo. -Aportó Perséfone.
-paso de opinar. -Habló Artemisa.
-¿Veinte dragmas? -Preguntó Hermes.
-Hecho. -Dijeron los demás.
-¡Que gane el mejor! -Chilló Apolo.
*-x-*
—¡Equipo azul, adelante! —gritó Malcolm.
Vitoreamos, agitamos nuestras armas y le seguimos por el camino hacia la parte sur del bosque. El equipo rojo nos provocaba a gritos mientras se encaminaba hacia el norte.
*-x-*
-¡Morid! -Bramó Ares.
-Atenea siempre tiene un plan. -Dijo la diosa de la sabiduría.
-Ya habla de ella misma en tercera persona. -Dijo Hermes.
-Es escalofriante. -Siguió Apolo.
-¡A callar! -Gritó la diosa.
-Sécate anda. -Rió Hermes.
*-x-*
Conseguí alcanzar a Malcolm sin tropezar con mi equipo.
—¡Eh! —él siguió marchando—. Bueno, ¿y cuál es el plan? —pregunté—. ¿Tienes algún artilugio mágico que puedas prestarme?
Se metió la mano en el bolsillo, como si temiera que le hubiese robado algo.
*-x-*
Poseidón miró mal al rubio que apartó la mirada avergonzado.
*-x-*
—Ojo con la lanza de Clarisse —dijo—. Te aseguro que no te conviene que esa cosa te toque. Por lo demás, no te preocupes. Conseguiremos el estandarte de Ares. ¿Te ha dado Luke tu trabajo?
—Patrulla de frontera, sea lo que sea.
—Es fácil. Quédate junto al arroyo y mantén a los rojos apartados. Déjame el resto a mí. Atenea siempre tiene un plan.
*-x-*
La diosa sonrió satisfecha.
*-x-*
Apretó el paso, dejándome en la inopia.
—Vale —murmuré—. Me alegro de que me quisieras en tu equipo.
*-x-*
El dios del mar fulminó a Malcolm con la mirada.
-Grosero. -Murmuró Bianca.
*-x-*
Era una noche cálida y pegajosa. Los bosques estaban oscuros, las luciérnagas parpadeaban. Malcolm me había ubicado junto a un pequeño arroyo que borboteaba por encima de unas rocas, mientras él y el resto del equipo se dispersaba entre los árboles.
Allí de pie, solo, con mi gran casco de plumas azules y mi enorme escudo, me sentí como un idiota.
*-x-*
-Es que eres un idiota prissy.
-Cállate la Rue. -Espetó Castor.
*-x-*
La espada de bronce, como todas las espadas que había probado hasta entonces, parecía mal equilibrada.
La empuñadura de cuero me resultaba tan cómoda como una bola de jugar a los bolos.
*-x-*
-muy cómoda. -Estuvo de acuerdo Luke.
-Maravillosa. -Secundó Charles.
*-x-*
Pero nadie me haría daño, ¿no? Vamos, que el Olimpo debía de tener algún tipo de responsabilidad a terceros, digo yo.
*-x-*
-Cuanta inocencia. -Rió Ares.
-Qué ingenuo. -Secundó Hera.
*-x-*
En la lejanía se oyó la caracola. Escuché vítores y gritos en los bosques, entrechocar de espadas, chicos peleando. Un aliado emplumado de azul pasó corriendo a mi lado como un ciervo, cruzó el arroyo y se internó en territorio enemigo.
«Vale —pensé—. Como de costumbre, me pierdo toda la diversión.»
Entonces, en algún lugar cerca de donde me encontraba, oí un ruido —una especie de gruñido desgarrador— que me provocó un súbito escalofrío.
*-x-*
-¿Qué es? -Inquirió Poseidón.
Nadie le contestó.
los que sabían lo que era, se estremecieron.
*-x-*
Levanté instintivamente mi escudo, con la impresión de que algo me acechaba. Entonces los gruñidos se detuvieron. Percibí que la presencia se retiraba.
*-x-*
-Esto no me da buena espina. -Opinó Deméter.
Su hija asintió de acuerdo con ella.
*-x-*
Al otro lado del arroyo, de pronto la maleza explotó. Aparecieron cinco guerreros de Ares gritando y aullando desde la oscuridad.
*-x-*
-¿Cinco? -Poseidón estaba muy enfadado.
-Ya está aquí papá oso. -Canturreó Apolo.
*-x-*
—¡Al agua con el pringado! —gritó Clarisse.
*-x-*
-Muy bien. Al agua. -Rió el dios del mar.
-En ese momento no sabía que sería hijo suyo. -Gruñó la hija de Ares.
*-x-*
Sus feos ojos porcinos despidieron odio a través de las rendijas del casco.
*-x-*
-Cuidadito con lo que dices de mis ojos pringado. -Gruñó Clarisse.
*-x-*
Blandía una lanza de metro y medio, en cuya punta de metal con garfios titilaba una luz roja. Sus hermanos sólo llevaban las espadas de bronce típicas; tampoco es que eso me hiciera sentir mejor.
*-x-*
-¡Acabad con el pringado! -Bramó Ares.
-¡Mi hijo acabará con todos los tuyos!
-Dudo eso. -Dijo Atenea.
*-x-*
Cargaron a través del riachuelo. No había ayuda a la vista. Podía correr. O tratar de defenderme de la mitad de la cabaña de Ares.
*-x-*
-¿Tú puedes Percy!
-Deja de gritarle al libro.
-No me da la gana diosa mojada.
*-x-*
Conseguí evitar el lance del primer chaval, pero aquellos tipos no eran tan tontos como el Minotauro. Me rodearon y Clarisse me atacó con la lanza. Mi escudo desvió la punta, pero sentí un doloroso calambre por todo el brazo. Se me pusieron los pelos como escarpias y el brazo del escudo me quedó entumecido. Jadeaba.
*-x-*
Ares no paraba de reír.
Blake le gruñó desde los brazos de Hades.
-Ha dicho que va a usarle de mordedor. -Dijo Grover.
Los semidioses rieron.
Hades le rascó detrás de las orejas.
*-x-*
Electricidad. Su estúpida lanza era eléctrica. Me replegué.
*-x-*
-Yo quiero una así. -Se quejó Thalia.
-Pero si puedes descargar con las manos. -Dijo Luke.
-Y tienes la éjida. -Secundó Malcolm.
-Y un arco. -Terció Luke.
-Pero yo quiero. -Dijo ella.
Zeus chasqueó los dedos y en las manos de Thalia apareció una horquilla para el pelo.
la chica la abrió y se convirtió en una lanza.
Una luz azul parpadeaba en la punta.
La cazadora rió de manera sádica.
-Gracias padre.
El rey de los dioses sonrió.
Los semidioses se apartaron disimuladamente de Thalia y su juguete nuevo.
-También podrías tener flechas que lanzaran electricidad. -Comentó Ethan.
-Ya lo hacen.
-Chica. Te respeto pero… eres peor que un hijo de Ares.
-Gracias Nakamura.
*-x-*
Otro chaval me asestó un golpe en el pecho con la empuñadura de la espada y caí al suelo.
Habrían podido patearme hasta convertirme en gelatina, pero estaban demasiado ocupados riéndose.
—Sesión de peluquería —dijo Clarisse—. Agarradle el pelo.
Conseguí ponerme en pie y levanté la espada, pero Clarisse la apartó de un golpe con la lanza, que chisporroteaba. Ahora tenía entumecidos los dos brazos.
*-x-*
Quirón frunció el ceño.
*-x-*
—Uy, uy, uy —se burló Clarisse—. Qué miedo me da este tío. Muchísimo.
—La bandera está en aquella dirección —le dije. Traté de fingir que estaba enfadado de verdad, pero me temo que no lo conseguí del todo.
*-x-*
-No les des la ubicación. -Se quejó Hades.
Poseidón le miró mal.
*-x-*
—Ya —contestó uno de sus hermanos—. Pero verás, no nos importa la bandera. Lo que nos importa es un tipo que ha ridiculizado a nuestra cabaña.
—Pues lo hacéis sin mi ayuda —respondí.
*-x-*
-Eso no ha sido muy inteligente. -Dijo Luke.
-Percy es así. hace comentarios de ese tipo cuando no debe. -Explicó Malcolm.
*-x-*
Admito que quizá no fue lo más inteligente que pudo ocurrírseme.
Dos chavales se abalanzaron sobre mí. Yo retrocedí hasta el arroyo, intenté levantar el escudo, pero Clarisse era demasiado rápida. Su lanza me dio directamente en las costillas. De no haber llevado el pecho protegido, me habría convertido en kebab de pollo. Como sí lo llevaba, el aguijonazo eléctrico sólo me dio la sensación de arrancarme los dientes.
*-x-*
Poseidón le lanzó una ola a Ares.
-¿Pero qué coño…?
-Tenía que descargar mi furia con alguien.
-Está helada. -Se quejó el dios.
El padre de Percy le quitó importancia con la mano.
-Venga tío P. Deja que me seque.
-Cuando acabe el capítulo.
Ares tiritaba sin control.
*-x-*
Uno de sus compañeros de cabaña me metió un buen tajo en el brazo.
Ver mi propia sangre —cálida y fría al mismo tiempo— me mareó.
—No está permitido hacer sangre —farfullé.
—Anda ya —respondió el tipo—. Supongo que me quedaré sin postre.
*-x-*
-Clarisse. Tú y tus hermanos limpiaréis los establos durante una semana. -Se autointerrumpió Quirón.
-Pero…
-Me da igual que hayan pasado varios años.
La chica asintió enfadada.
*-x-*
Me empujó al arroyo y aterricé con un chapuzón. Todos rieron. Supuse que moriría tan pronto terminaran de divertirse. Pero entonces ocurrió algo. El agua pareció despertar mis sentidos, como si acabara de comerme una bolsa de las gominolas de mi madre.
*-x-*
-Error. -Dijo Malcolm.
-No sabíamos que era hijo del señor Poseidón. -Refunfuñó la hija de Ares.
*-x-*
Clarisse y sus colegas se metieron en el arroyo para acabar conmigo, pero yo me puse en pie dispuesto a recibirlos. Sabía qué hacer. Al primero le aticé un cintarazo en la cabeza y le arranqué el casco limpiamente. Le di tan fuerte que le vi los ojos vibrar mientras se derrumbaba en el agua.
*-x-*
-Bestia. -Rió Michael.
*-x-*
El feo número dos y el feo número tres se me arrojaron encima. Le estampé el escudo en la cara a uno y usé la espada para esquilar el penacho del otro. Ambos retrocedieron con rapidez. El feo número cuatro no parecía con demasiadas ganas de atacarme, pero Clarisse llegaba embalada, y la punta de su lanza crepitaba de energía. En cuanto embistió, atrapé el asta entre el borde de mi escudo y la espada y la rompí como una ramita.
*-x-*
La chica gruñó al acordarse de su lanza.
*-x-*
—¡Jo! —exclamó—. ¡Idiota! ¡Gusano apestoso!
*-x-*
-Vaya insultos más cutres. -Dijo Hermes.
*-x-*
Y me habría llamado cosas peores, pero le aticé en la frente con la empuñadura y la envié tambaleándose fuera del arroyo.
*-x-*
-¡Ese es Percy!
-Gritó Thalia meneando su lanza nueva.
-Loca. -Susurró Charles.
*-x-*
Entonces oí chillidos y gritos de alegría, y vi a Luke correr hacia la frontera enarbolando el estandarte del equipo rojo. Un par de chavales de Hermes le cubrían la retirada y unos cuantos apolos se enfrentaban a las huestes de Hefesto. Los de Ares se levantaron y Clarisse murmuró una torva maldición.
*-x-*
-¡Mierda! -Gritó Ares aún temblando.
*-x-*
—¡Una trampa! —exclamó—. ¡Era una trampa!
Trataron de atrapar a Luke, pero era demasiado tarde. Todo el mundo se reunió junto al arroyo cuando Luke cruzó a su territorio. Nuestro equipo estalló en vítores. El estandarte rojo brilló y se volvió plateado. El jabalí y la lanza fueron reemplazados por un enorme caduceo, el símbolo de la cabaña 11.
*-x-*
-¡Hemos ganado! -Chillaron Hermes y Apolo entre risas.
Los que habían apostado por el equipo rojo les dieron el dinero a los que apostaron por el equipo azul.
Poseidón rió y dejó que Ares se secara.
*-x-*
Los del equipo azul agarraron a Luke y lo alzaron en hombros. Quirón salió a medio galope del bosque e hizo sonar la caracola.
El juego había terminado. Habíamos ganado.
Estaba a punto de unirme a la celebración cuando la voz de Malcolm, justo a mi lado en el arroyo, dijo:
—No está mal, héroe. —Miré, pero no estaba allí—. ¿Dónde demonios has aprendido a luchar así? — me preguntó. El aire se estremeció y él se materializó a mi lado quitándose una gorra de los Yankees.
*-x-*
Thalia sonrió y abrazó a Luke.
-Aparta esa lanza de mí lunática.
-Ella también desea un abrazo.
-No le doy abrazos a armas altamente peligrosas. Sobre todo, armas que estés empuñando tú.
Ella rió y volvió a sentarse.
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Me enfadé. Ni siquiera me alucinó el hecho de que acabara de volverse invisible.
—Me has usado como cebo —le dije—. Me has puesto aquí porque sabías que Clarisse vendría por mí, mientras enviabas a Luke por el otro flanco. Lo habías planeado todo.
Malcolm se encogió de hombros.
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-Atenea siempre tiene un plan. -Dijo el rubio de ojos grises.
Poseidón le miró mal.
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—Ya te lo he dicho. Atenea siempre tiene un plan.
—Un plan para que me pulvericen.
—Vine tan rápido como pude. Estaba a punto de saltar para defenderte, pero… —Se encogió otra vez de hombros—. No necesitabas mi ayuda. —Entonces se fijó en mi brazo herido—. ¿Cómo te has hecho eso?
—Es una herida de espada. ¿Qué pensabas?
—No. Era una herida de espada. Fíjate bien.
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-Está a punto de darse cuenta. -Dijo Atenea satisfecha.
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La sangre había desaparecido. Donde había estado el corte, ahora había un largo rasguño, y también estaba desapareciendo. Ante mis ojos, se convirtió en una pequeña cicatriz y finalmente se desvaneció.
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-El poder del agua. -SE jactó Poseidón.
Lee se había despertado pero decidió quedarse quieto en los brazos cálidos del dios del mar.
Su padre se dio cuenta y chasqueó los dedos disimuladamente para que viera todo lo que se había perdido.
-(¿Un romance con Zeus?) -Pensó el consejero de la cabaña siete. -(¿Quién lo diría?)
Poseidón seguía meciendo al chico que tenía entre sus brazos.
-¿Qué estás haciendo conmigo pequeño semidiós? -Murmuró para sí.
Lee le escuchó y sonrió para sus adentros.
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—¿Cómo has hecho eso? —dije alelado.
Malcolm reflexionó con repentina concentración. Casi veía girar los engranajes en su cabeza. Me miró a los pies, después la lanza rota de Clarisse, y por fin dijo:
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-Ya se ha dado cuenta. -Dijo la diosa de la sabiduría.
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—Sal del agua, Percy.
—¿Qué…?
—Hazlo y calla.
Lo hice e inmediatamente volví a sentir los brazos entumecidos. El subidón de adrenalina remitió y casi me derrumbo, pero Malcolm me sujetó.
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Afrodita soltó un gritito.
-¡Aquí hay amor! ¡Otra de mis OTP! ¡Percalcolm!
-Suena como un mal jarabe. -Se quejó Michael.
Miraba a su hermano con preocupación.
Debería haberse despertado ya.
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—Oh, Estige —maldijo—. Esto no es bueno. Yo no quería… Supuse que habría sido Zeus.
Antes de que pudiera preguntar qué quería decir, volví a oír el gruñido canino de antes, pero esta vez mucho más cerca. Un gruñido que pareció abrir en dos el bosque.
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-¿Qué es? -preguntó Poseidón asustado.
Nadie dijo nada.
El dios del mar abrazó con más fuerza el cuerpo que tenía entre sus brazos.
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Los vítores de los campistas cesaron al instante. Quirón gritó algo en griego clásico, y sólo más tarde advertí que lo había entendido a la perfección:
—¡Apartaos! ¡Mi arco!
Malcolm desenvainó su espada.
En las rocas situadas encima de nosotros había un enorme perro negro, con ojos rojos como la lava y colmillos que parecían dagas.
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-¡Un perro del infierno! -Chilló el dios de los caballos.
Blake se sobresaltó.
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Me miraba fijamente.
Nadie se movió, y Malcolm gritó:
—¡Percy, corre!
Intentó interponerse entre el bicho y yo, pero el perro era muy rápido. Le saltó por encima —una sombra con dientes— y se abalanzó sobre mí. De pronto caí hacia atrás y sentí que sus garras afiladas perforaban mi armadura.
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-¡joder! -Se estremeció Luke.
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Oí una cascada de sonidos de rasgado, como si rompieran pedazos de papel uno detrás de otro, y de pronto el bicho tenía un puñado de flechas clavadas en el cuello. Cayó muerto a mis pies.
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-Menos mal que los hijos de Apolo reaccionaron rápido. -Dijo Charles.
Poseidón abrazó a Lee y le besó en la mejilla.
Quería hacerlo en los labios, pero prefería que estuviese despierto y le diese permiso.
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Por algún milagro, yo seguía vivo. No quise mirar debajo de mi armadura despedazada. Sentía el pecho caliente y húmedo, sin duda tenía cortes muy feos. Un segundo más y el animal me habría convertido en picadillo fino.
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-¡Mataré al que lo haya invocado! -Bramó el dios del mar.
Algunos miraron a Luke disimuladamente.
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Quirón trotó hasta nosotros, con un arco en la mano y el rostro sombrío.
—Di immortales! —exclamó Malcolm—. Eso era un perro del infierno de los Campos de Castigo. No están… se supone que no…
—Alguien lo ha invocado —dijo Quirón—. Alguien del campamento.
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Hades tenía mala cara. Esos eran los peores perros.
Blake le lamió la mejilla.
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Luke se acercó. Había olvidado el estandarte y su momento de gloria se había esfumado.
—¡Percy tiene la culpa de todo! —vociferó Clarisse—. ¡Percy lo ha invocado!
—Cállate, niña —le espetó Quirón.
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-Estúpida. -Dijo Michael.
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Observamos el cadáver del perro del infierno derretirse en una sombra, fundirse con el suelo hasta desaparecer.
—Estás herido —me dijo Malcolm—. Rápido, Percy, métete en el agua.
—Estoy bien.
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-¡Que te metas en el agua! -Gritó su padre.
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—No, no lo estás —replicó—. Quirón, mira esto.
Estaba demasiado cansado para discutir. Regresé al arroyo, y todo el campamento se congregó en torno a mí. Al instante me sentí mejor y las heridas de mi pecho empezaron a cerrarse.
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-Sesos de alga. -Dijo Thalia suspirando.
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Algunos campistas se quedaron boquiabiertos.
—Bueno, yo… la verdad es que no sé cómo… —intenté disculparme—. Perdón…
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-¿Y ahora por qué se disculpa? -Se exasperó el creador de los caballos.
-A mí también me dan ganas de cargármelo cuando hace eso. -Refunfuñó Malcolm.
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Pero no estaban mirando cómo sanaban mis heridas. Miraban algo encima de mi cabeza.
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-¿Le habrán salido cuernos? -Preguntó Ethan.
-¡Le han salido orejas de lobo! -Secundó Castor.
-Tiene el pelo rosa furcia. -Aportó Charles.
-¿Furcia? -Cuestionó Apolo.
-Fuxia. -Explicó Thalia.
Algunos rieron.
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—Percy —dijo Malcolm, señalando.
Cuando alcé la mirada, la señal empezaba a desvanecerse, pero aún se distinguía el holograma de luz verde, girando y brillando. Una lanza de tres puntas: un tridente.
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-¡Poseidón!
-Hermano ya hemos pasado por esto. -Se quejó el dios.
Zeus le fulminó con la mirada.
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—Tu padre —murmuró Malcolm—. Esto no es nada bueno.
—Ya está determinado —anunció Quirón.
Todos empezaron a arrodillarse, incluso los campistas de la cabaña de Ares, aunque no parecían nada contentos.
—¿Mi padre? —pregunté perplejo.
—Poseidón —repuso Quirón—. Sacudidor de tierras, portador de tormentas, padre de los caballos. Salve, Perseus Jackson, hijo del dios del mar.
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-¿Por qué no es bueno? -Preguntó el padre de Percy.
Malcolm no sabía que responder.
-¡Lee estás despierto! -Chilló Michael levantándose.
Blake ladró y dio un salto desde los brazos de Hades al suelo.
-¿Cómo estás? ¿Te duele algo? ¿Cuántos dedos vés?
-Estoy bien Michael.
-¿Seguro?
-Sí. Llevo un rato despierto.
-¡Idiota! ¡Me tenías preocupado!
-Yo también te quiero hermano.
-¡Pero sigues siendo un idiota!
Lee iba a levantarse pero Poseidón se lo impidió.
Le giró para que quedase de cara a él.
-Quédate. -Le susurró rozando sus labios con los del chico.
El sanador negó levemente con la cabeza.
-Por favor Lee. Quédate conmigo.
-No debería…
-¿Quién te lo impide?
Lee miró a los demás en busca de ayuda.
Su hermano se disculpó con la mirada y habría jurado que su perro le había guiñado un ojo.
Apolo iba a intervenir pero Afrodita se lo impidió.
-Quédate. -Volvió a pedir el dios.
Entonces se inclinó y capturó los labios del hijo del dios del sol con dulzura.
El chico abrió instintivamente la boca y Poseidón introdujo la lengua.
Exploró la cabidad tomándose su tiempo y después dejó que Lee explorara su boca.
Un gemidito se escapó de los labios del arquero.
Se separaron unos minutos después con los labios hinchados y enrojecidos.
-¿Te quedarás?
-Está bien.
Poseidón volvió a besarle.
-Si Lee sufre por tu culpa, usaré tus huevos de diana y no me importa lo gran dios que seas. -Dijo Apolo en un susurro.
Poseidón hizo una mueca de dolor pero asintió.
-Convertiré tus testículos en un alfiletero. -Siguió diciendo.
-¿Podemos seguir leyendo? -Se exasperó Hera.
Quirón sonrió.
-El capítulo ha terminado.
-¿Y no has podido decirlo antes?
-Es que estaba entretenido. -Se escusó el centauro.
Hera le miró ceñuda.
-¿Quién quiere leer el siguiente capítulo? -Preguntó Quirón.
-Yo lo haré. -Dijo Hefesto.
El dios hizo levitar el libro hasta sus manos y esperó.
Una luz rosa invadió la sala.
-¿Cuántas más personas van a aparecer? -Se quejó Hera.
-Las que hagan falta. -Espetó Hades.
Nota: ¿Qué favores queréis que le hagan Hefesto, Ares, Hermes y Dioniso a Apolo?
Necesito ideas porfiiiiiii.
¿Con quién emparejamos a los dioses?
También necesito ayuda con eso please.
Se os quiere en serio.
