Serie: One life, one story.
Rating: T {lenguaje soez}.
Disclaimer: Fujimaki Tadatoshi es el amo y señor de todos estos músculos.
Kise: ¿Así es como termina?
Me arrepiento de muchas cosas.
De no ser sincero. De alejarme de los demás. De no aprovechar esa mano amiga que se me ha ofrecido. De alejarme injustamente de todos. No puedo decir que me haya sentido completamente solo. Después de lo ocurrido, que Kasamatsu-senpai continuase visitándome, llamándome e invitándome a salir, aunque fuese a comer en un puesto de comida rápida, me animaba los días. Él no había renunciado a estar conmigo pese a todo, y yo tampoco a estar con él. Pero ambos sabíamos que a largo plazo no funcionaría. Que a la más mínima oportunidad de ser correspondido, no dudaría en reemplazarlo por él. Creo que estoy obsesionado. Que soy alguien demasiado retorcido.
—Vas a presentar cargos –impuso, y supe al momento que estaba alterado. La adrenalina se le reflejaba en la cara así como a mí el cinismo al sospesar su propuesta—. Lo harás, porque quiero encerrar a ese hijo de puta hasta que se olvide de su propio nombre.
—¿En qué momento he dicho que necesitaba tu ayuda? —respondí y él me miró, pasmado, desde el otro lado de la mesa.
Estábamos en el departamento de policía donde trabajaba, dentro de una de las salas de interrogatorio. Aominecchi me había arrastrado hasta allí sin delicadezas ni ceremonias, y aún siento el tortazo que me ha dado. Era la primera vez que se armaba tanto escándalo por algo a lo que ya estaba acostumbrado; que Haizaki tratase de ensañarse conmigo no era tan raro. Además, aquella vez pude encajarle yo mismo un par de golpes antes de que nadie interviniese.
—¿Es que pretendes encubrirlo? ¿De qué coño vas, Kise? Por muy pareja tuya que sea no lo voy a dejar suelto para que siga puteándote, ¿me oyes?
—¿Pareja? Tienes que estar de broma —me reí, apoyando los codos en la mesa—. ¿A santo de qué saldría yo con alguien como él? Sólo necesitaba alguien con quien acostarme.
Al principio fue forzado. Pero después pensé, ¿por qué no? Haizaki y Aomine tenían una agresividad en común que podría aprovechar. Tenían una constitución parecida y una fuerza similar. Y que él fuese el tipo de hombre que Aomine no soportaría era una baza a mi favor. ¿Sería suficiente para hacerlo reaccionar? ¿Qué haría si alguien supuestamente débil como yo tuviese una relación voluntaria, pero llena de agravantes, con alguien como Haizaki? Sé que en el fondo Aominecchi no era mal chico, e intenté volver la situación a mi favor.
Aunque fuese humillante, aunque fuese doloroso, dejaría a Haizaki hacer lo que quisiera cuando yo quisiera. No soy tonto. No soy débil, aunque muchos lo piensen. Sin embargo, nada funcionaba. Ya estábamos en esa edad donde nos tocaba casarnos y formar una familia a expectativas de las nuestras propias, y él no sería una excepción. Era el final del trayecto. De los planes y las esperanzas.
—A veces no sé por qué haces lo que haces. No sé si estás preocupado por mi o si simplemente quieres venganza contra Haizaki. O si sólo estás haciendo tu trabajo. ¿Policía? ¡Es impresionante! —me levanté de la silla, sonriéndole, y rodeé la mesa para acercarme a él, de pie junto a la puerta—. Hace mes y medio que dejé de verle. Lo de hoy ha sido su particular manera de "despedirse". Si tan importante es para ti, declararé contra él, ¿contento?
No me contestó y se limitó a mirarme. Sus ojos eran tan directos como recordaba. Su presencia sigue siendo fuerte, dominante. Por Dios, estaba guapísimo… Es absurdo como aún se me acelera el corazón con sólo tenerle delante. Ejerce sobre mi tal efecto que me es imposible sincerarme, aceptar directamente su rechazo y cerrar aquel capítulo de mi vida. No. Creo que es precisamente porque no quiero cerrarlo que no he dicho como me siento.
Sé que ahora estoy demasiado cerca. Sé que volver a tocarle no me ayudará a olvidarme de él, pero no puedo evitarlo. Sólo, y por esta vez, no me rechaces, Aominecchi… Déjame ser aún más egoísta.
Tiene la piel tibia y el uniforme sin planchar. Unos labios carnosos y unos ojos que no se apartan de los míos. Le acaricié la mejilla como si temiese verlo desvanecerse, y fui tan ridículamente feliz que me dejé llevar. Quiero besarle. ¡Quiero besarle! Allí. Ahora. Intentarlo una última vez. Quiero gritar un "quiéreme" sin palabras que necesito que entienda, que acepte. Por favor. ¡Por favor…!
Antes de darme cuenta, estaba haciéndolo. Su boca era cálida e hizo que mis propios labios ardieran. Su sabor era agridulce, ya fuese por el regusto a café o porque el beso no era recíproco en absoluto. Cuando me separé, dejé escapar una risa sin fuerzas. Me giré hacia la puerta y estiré el brazo hacia el pomo. El ruido de la comisaría volvió a inundarme la cabeza.
—Entonces, ¿así es como termina?
No quiero llorar. No mientras siga teniéndole delante. Rápido. Sal rápido, Ryouta…
