The Loud House y los personajes representados son propiedad intelectual de sus respectivos autores.

Historia original de SoI'llKillYou

Traducida y adaptada por mí.


P. D.: Una vez que hayan terminado de leer, les hago la más atenta invitación para que dejen su review, ya que soy alguien que busca mejorar en base a la retroalimentación. De antemano, si quieren pueden hacer lo mismo con las demás historias que tengo en mi perfil.


CAPÍTULO II

Lincoln Loud no es precisamente un niño modelo. Si bien es un estudiante responsable y una persona más o menos flexible, en más de una ocasión el chico de mechones blancos ha estado involucrado en muchos problemas. Ya sea por la falta de experiencia para manejar una situación, ya sea debido a lo impulsivo que puede llegar a ser, o hasta incluso debido a causas de fuerza mayor.

Sin embargo, él siempre ha tenido elementos muy importantes y los que ha sabido sacarles provecho para salir de esos problemas.

El primero de ellos es su sorprendente y algo improbable capacidad para formular un plan, pues si hay alguien capaz de ingeniar una obra de teatro en un tiempo corto, con el objetivo de convencer a un grupo de personas, sin duda alguna, él sería el indicado. Aún así, el actuar y pensar de manera rápida a menudo le ha generado muchas complicaciones, pues si bien es alguien creativo y astuto, resulta que no es precisamente alguien sensato cuando se trata de pensar en los detalles, por lo que siempre requiere la ayuda de sus seres más cercanos.

Aparte, otra característica que le resulta más óptima a la altura de cualquier situación es su capacidad de establecer un sentido de correspondencia hacia los demás, a tal punto que él siempre está pensando en el bienestar de los demás.

Sin duda eso quizás sea algo con lo que nos identificamos fácilmente con él. Varias veces en nuestras vidas somos testigos de muchos sucesos, buenos y malos, a los cuales somos propensos tanto a las implicaciones de sus circunstancias como a desarrollar una empatía con los involucrados afectados, ya que las emociones son el producto de nuestra interacción con nuestro entorno.

Lamentablemente, el entorno aislado y lúgubre del sótano en donde se encontraba era "demasiado nocivo" para él. Por lo que no tuvo ningún problema cuando la anfitriona de la fiesta compasiva fue algo permisiva y pudo jugar con toda plenitud su juego que trajo consigo. Por otro lado, sabía que este era un evento muy importante para Lucy, por lo que, siendo un poco previsor, se puso audífonos para disfrutar en grande la experiencia virtual que tenía en sus manos, al mismo tiempo que trataba de mantener vigilada a su hermanita.

Mientras que el chico de cabello blanco se mantenía al tanto de un semi-complicado primer nivel, la reunión compasiva procedió a iniciar.

‒ Me gustaría dar la bienvenida a todos a mi fiesta compasiva. ‒ dijo Maggie. ‒ Me alegra de que todos pudieran hacerlo.

Una chica con cabello rubio rizado y relleno con un gorro morado asintió con la cabeza.

‒ Después de lo que me sucedió ayer, no iba a perderme esto ‒ dijo ella.

Un chico con una cabeza de espeso pelo negro y un diente torcido se movió un poco hacia adelante desde su lugar sentado en el suelo.

‒ He estado esperando esto toda la semana.

‒ Como todos pueden ver... dijo Maggie ‒ Hoy tenemos alguien nuevo con nosotros. ¿Te importaría presentarte?

Ante eso, Lucy se levantó de su lugar.

‒ Mi nombre es Lucy Loud ‒ dijo rotundamente ‒ Tengo 8 años. Es un placer conocerlos a todos.

‒ ¿Cómo invitaste a esta niña? ‒ preguntó un chico con extensiones rojas en su largo cabello negro.

‒ Fue una noche de micrófono abierto en mi café favorito ‒ explicó Maggie ‒ Lucy estaba allí. Ni te imaginas la poesía de gran corazón que esta niña puede hacer.

‒ Oh, vamos. Me vas a hacer sonrojar. ‒ dijo Lucy, mientras se sentaba nuevamente abrazando sus rodillas.

‒ Tan pronto como escuché sus poemas, supe que debe tener algunas cosas para quitarse de su pecho. ‒ continuó Maggie ‒ Así que le ofrecí la oportunidad de hacerlo aquí. Así que... ¿quieres ir primero, Lucy?

Lucy negó con la cabeza

‒ Si no te importa, creo que me gustaría ir al último.

‒ Muy bien. ‒ dijo Maggie ‒ Entonces, iré primero.

Maggie inmediatamente tomó aire y largó un pesado suspiro. Obviamente, si tenía algo con desquitarse, de seguro había de ser muy complicado para ella de sobrellevarlo, puesto que el sonido que emitió intervino en toda la habitación.

Sin embargo, antes de que pudiera continuar, alguien logró suponer lo que tendría que compartir:

‒ Déjame adivinar... ‒ intervino el chico con extensiones rojas. ‒ ¿Tu madre otra vez?

‒ Exactamente. Todos ya la conocieron y saben cómo es ella.

La chica rubia se estremeció.

‒ ¡Cierto! Ella es demasiado agradable y alegre.

‒ No me hagas comenzar Natalie. Es más molesta todos los días. Y todavía me llama "cariño" y "corazón" como si todavía fuera una niña. Es degradante. Sin mencionar que a veces es tan falsa con un billete de dos dólares. Siempre actúa como si tuviera la obligación de impresionar a todas las personas que conoce. Ella es tan solidaria con mi estilo de vida, lo cual sería genial si ella no creyera que estuviera pasando por una fase. La escuché hablar con mi papá al respecto y ella dijo "saldría de mi sistema" muy pronto... ¡Ella no me entiende en absoluto!

‒ Te entiendo. ‒ dijo el chico de extensiones rojas. ‒ Mi madre es así.

‒ Gracias Marcus. De todos modos, la peor parte es que no me da mi espacio. Cada pequeña cosa que hago es asunto de ella... ¿Acaso tiene que pasar su cursor sobre mí cada vez que quiero salir o invitar a amigos? Ni siquiera me dejará hacer mi estúpida tarea sin vigilarme constantemente. ¡Es como si ella no confía en mí o lo que sea!

El grupo asintió con la cabeza, murmurando en concordancia. Lucy pudo simpatizar un poco con ese dilema. Aunque para ella, el problema eran sus hermanas mayores y no tanto sus padres. Lucy sabía lo engorrosas que podían llegar ser ellas, pero en su momento de inanición recordó un detalle que siempre le inculcaba algo de seguridad. Por lo que su mirada se dirigió a su hermano por un momento para sonreírle un poco, antes de que volviera a Maggie mientras continuaba con su desahogo.

‒ Y luego está mi papá, al menos no trata de manejar mi vida por mí. Es mucho peor que mamá. Al llegar a casa desde la escuela y, si está en casa, él es todo un mandón... "Haz tu tarea", "asegúrate de limpiar tu habitación". ¿No puedo tener un minuto de descanso después de tener que estar en la escuela todo el día?

» Y luego están las cosas extracurriculares. Trató de inscribirme para las Bluebells cuando yo era pequeña, luego trató de hacer que uniera al escuadrón de porristas. Ahora él está llevando mi vida al extremo sólo para que empiece a planear mi universidad. Quiero decir... ¡Hola, aún estoy en la escuela secundaria! Tengo mucho tiempo para pensar en eso y así es incluso si voy a la universidad. Es casi como si a veces él no me quisiera a mí. Como si simplemente no pudiera esperar a que me fuera. Es más... ¡actúa como si quisiera que me fuera ya de la casa!

Maggie guardó silencio y se dejó caer un poco con una lágrima solitaria que le corría por la mejilla. Natalie colocó una mano comprensiva sobre su hombro y le dio una suave palmada. Luego se levantó y fue a buscar una galleta para Maggie, que comenzó a mordisquearla lentamente. Después de unos momentos más, Maggie se sentó de nuevo.

‒ Está bien, ¿quién quiere seguir ahora?

‒ Yo lo haré. ‒ dijo Marcus, el chico con las rayas rojas en el pelo. ‒ Escuchar algo sobre tu padre me hace pensar en el mío. Sigue tratando de obligarme a inscribirme en deportes, pero simplemente no me gustan. He tenido que hacer béisbol, fútbol, fútbol, hockey, tenis e incluso bolos, y no puedo entrar en ninguna de ellos, por lo que renuncio. Luego simplemente se enoja conmigo y hace como si fuera el único culpable de todo.

» Yo le pido que me no inscriba para ninguna de esas tonterías. No es mi culpa que él siga gastando dinero en esas cosas para mí. El problema es ni siquiera me pregunta si quiero hacerlo, simplemente sale diciendo que voy a intentarlo de todos modos. Realmente tengo la impresión de que no me quiere como soy. Él quiere que yo sea otra persona. Alguien para jactarse de sus amigos. Alguien de quien pueda estar orgulloso.

‒ No puedes elegir a tu familia, Marc. ‒ dijo Natalie ‒ Créanme si hubiera podido elegir a los miembros de mi familia, no habría elegido a mi hermanito.

Todos los presentes en el círculo gruñeron, habiendo escuchado quejas similares de ella antes.

‒ ¿Qué hizo él esta vez? ‒ preguntó Maggie.

‒ A ver... ¿Por dónde empiezo? ‒ exclamó Natalie. ‒ Justo ayer cambió mi pasta de dientes por pasta de wasabi. Robó todos mis bolígrafos y los reemplazó por otros llenos de tinta que desaparecía, así que en la escuela nada de lo que escribí apareció en el papel. Puso cemento de caucho en nuestra alfombra de bienvenida para que mis botas favoritas se quedaran pegadas cuando llegara a casa. Cambió el candado de la puerta de mi habitación, así que tuve que salir y trepar por la ventana para entrar. ¡Y la ventana estaba llena de trampas para tirarme pintura rosa cuando llegué!

Todos los niños se quejaron de ese último comentario. Lucy se encogió ante la idea de estar empapada de un color tan horriblemente brillante y alegre, por lo que atinó a replicarle con algo de indulgencia.

‒ Tu hermano tiene un sentido del humor enfermizo ‒ dijo y luego, en voz baja, pensó:

"Me recuerda un poco a Luan".

‒ ¡Pero eso ni siquiera es la peor parte!‒ exclamó Natalie, aún más enojada.

‒ ¿Qué podría ser peor que todo eso? ‒ preguntó Lucy.

La expresión de enojo en la cara de Natalie se disolvió y fue reemplazada por una expresión de absoluta miseria.

‒ ¡Ni siquiera fue una broma! ‒ exclamó, mientras lágrimas se acumulaban en sus ojos ‒ Ese pequeño idiota dejó la puerta trasera abierta y Cebolla se escapó.

Natalie se frotó los ojos, haciendo que su sombra de ojos violeta se corriera por sus lágrimas.

‒ ¿Quién es Cebolla? ‒ Le preguntó Lucy a Marcus, que estaba sentado a su izquierda.

‒ Su gatito mascota ‒ dijo Marcus.

‒ ¡Jadeo! ¡Eso es horrible! ‒ exclamó Lucy en monotonía.

‒ Pasé toda la noche buscándolo. ‒ continuó Natalie. ‒ Tenía tanto miedo de lo que podría sucederle que... ¡ni siquiera pude dormir!

La nariz de Natalie le comenzó a escurrir mientras las lágrimas seguían fluyendo. Su pañuelo estaba completamente empapado y manchado con sombra de ojos, por lo que Maggie le tendió una caja de pañuelos desechables por si acaso. Natalie tomó toda la caja y atravesó media docena de ellas antes de que finalmente pudiera contener las lágrimas.

‒ Está bien, ya terminé.

‒ ¿Alguien más quiere platicarnos? ‒ preguntó Maggie.

‒ Yo lo haré. ‒ dijo el joven emo del pelo negro y rizado, y el diente torcido. ‒ Solo voy a tomar un segundo para presentarme a nuestra recién llegada primero.

Aquí fue cuando el joven se arrodilló para acercarse a Lucy y saludarle con la mano:

‒ Hola, mi nombre es Francis. Y odio a mi abuela.

‒ ¡Guau! ‒ dijo Lucy. ‒ ¿Que hizo ella?

Francis, que ahora se estaba acomodando de vuelta en su lugar, soltó una pequeña risa seca antes de contestar:

‒ Oh... No mucho, realmente. ¡Excepto que ella piensa que soy un adorador del demonio problemático y un estorbo!

El ambiente deprimente que antes se respiraba pronto quedó opacado ante el exabrupto quisquilloso del joven. A pesar de que no podía admitirlo, incluso Lucy se sobresaltó un poco en lo más profundo de su ser.

‒ ¡Simplemente me juzga por mi exterior! ‒ continuó Francis ‒ ¡Un hombre puede usar ropa oscura sin ser una especie de monstruo! ¡Y sigue insistiendo a mi papá para que revise mi habitación y se asegure de que no estoy fumando ni bebiendo ni nada por el estilo! ¡Además ella sigue tratando de convertirme nuevamente al catolicismo! ¡Noticia de última hora, abuela! ¡Nunca dejé de ser católico!

Francis se puso de pie y apretó los puños con fuerza. Comenzó a caminar alrededor de los otros niños sentados en el piso, murmurando enojado y maldiciendo por lo bajo. Después de un minuto se calmó un poco y volvió a sentarse en su lugar en el círculo.

‒ Perdón por eso, solo he estado reteniendo eso por un tiempo. Últimamente ha sido especialmente irritante.

‒ Está bien. ‒ dijo Maggie. ‒ Es por eso que estamos todos aquí. ¿Algo más que necesites compartir?

‒ Sí, solo una cosa más. El director Huggins es totalmente loco. Le dio detención a mi hermanita por holgazanear en los escalones de la escuela. ¡Estaba esperando a que mis padres la recogieran! ¡El tipo necesita una vida!

‒ Bueno, al menos el principal de tus hermanas intenta hacer su trabajo. ‒ dijo otro chico. ‒ Mi director es un vago bueno para nada. He venido a él con mis problemas una y otra vez y las cosas apenas cambian, incluso cambian en todas.

El grupo se volvió hacia el chico. Éste tenía más o menos la edad de Lynn, vestía una sudadera con capucha de color púrpura azulado, pantalones cortos negros y zapatillas destartaladas. Se subió las gafas por el puente de la nariz.

‒ ¿Qué pasa, Dennis? ‒ preguntó Maggie ‒ ¿Héctor se en tu vida, otra vez?

‒ ¡¿De nuevo?! ‒ exclamó Dennis ‒ Él nunca salió de mi vida. Las conferencias no lo detienen, la detención no lo detiene. ¡Nada lo detiene! Nunca me deja solo.

Maggie negó con la cabeza.

‒ En serio, ese tipo necesita dar un largo paseo por un pequeño acantilado. ‒ ella dijo con amargura. ‒ Abrir un libro no es tan difícil. ¿Por qué simplemente no intenta hacer su propia tarea en lugar de robar la tuya?

‒ Dennis es un estudiante directo ‒ le dijo Marcus a Lucy. ‒ Su tarea bien podría valer oro en nuestra escuela.

‒ Él ya no se roba la tarea. ‒ dijo Dennis ‒ Los maestros se volvieron más listos y comenzaron a reprobarlo cuando reconocieron mi letra bajo su nombre. Ahora Héctor me intimida para que pueda copiarla.

‒ ¿Por qué no tratas de sabotearlo? ‒ sugirió Natalie. ‒ Ya sabes, escribiendo todas las respuestas incorrectas para que falle de todos modos.

‒ De hecho, eso intenté ayer. ‒ dijo Dennis ‒ Pero cuando vio su calificación, en realidad miró las respuestas y descubrió que lo engañé así que...

Dennis se levantó y se levantó la sudadera con capucha, revelando un moretón del tamaño de un puño en su vientre que era casi del mismo color que la sudadera con capucha.

‒... él me hizo esto.

Muchos de los niños hicieron una mueca al ver el moretón desagradable. Dennis cuidadosamente bajó su sudadera con capucha y se sentó, apoyándose con sus manos.

‒ Me duele cuando me siento y me duele cuando me levanto también. No puedo dejar que mis padres lo sepan porque se involucrarán y si Héctor se mete en problemas por eso, lo hará de nuevo... O incluso peor.

‒ Eso apesta. ‒ dijo Marcus. ‒ Es una pena que nadie haya visto que sucediera eso. Te hubiera defendido.

‒ Yo igual. ‒ agregó Natalie. ‒ Lo habría grabado con mi teléfono y se lo podrías haber mostrado a la policía. Además, ¿cuán duro es Héctor contra ellos?

‒ Igual sería contraproducente. ‒ suspiró Dennis ‒ Su padre es policía y no uno de los mejores. Pero si tengo suerte, tal vez lo expulsen algún día.

Una niña con un perno nasal y un lápiz labial negro rió.

‒ A ese idiota probablemente le encantaría no tener que ir a la escuela nunca más. Pero sí, espero que sea expulsado de la escuela. Todos los matones deberían de estarlo. No hacen nada más que causar problemas porque son inseguros o simplemente están podridos por dentro.

‒ ¿Tienes problemas con tu intimidad otra vez, Emily? ‒ preguntó Maggie.

‒ Como siempre. ‒ respondió Emily. ‒ Una niña ni siquiera puede leer su serie favorita de libros sin ser juzgada por alguna "chica bonita". Juro que si esa pequeña bruja Trisha se burla de mí una vez más sólo porque pienso que los vampiros son ardientes, voy a colgarla de sus coletas en el asta de la bandera de la escuela.

‒ ¿También te gustan los vampiros? ‒ preguntó Lucy.

‒ Los Vampiros de la Melancolía. He sido una gran admiradora de Edwin desde hace un tiempo. Pero... Tal parece está mal que me guste un personaje de ficción. Así que discúlpeme por pensar que un hombre oscuro y misterioso es más atractivo que la plétora de perdedores que saldría con una "mujer real". Cualquier chica puede tener un chico cuando se viste como una desvergonzada. Al menos Edwin se preocupa por la personalidad.

‒ Sí, esa es una de sus mejores cualidades. ‒ dijo Lucy con un suave rubor. ‒ Mis hermanas se burlan de mí porque me gusta también.

‒ Pues desearía que mi hermana solo se burlara de mí. ‒ dijo Emily. ‒ La mía es dos años mayor y actúa como si fuera lo mejor del mundo. No hay ni un maldito día en que no me frote en mi cara que ha tenido un novio de verdad. O para ser más precisos, tres novios en tres relaciones diferentes. Lo cual duró menos de una semana.

Lucy negó con la cabeza.

‒ ¿No ha oído tu hermana hablar de calidad sobre cantidad? ‒ preguntó ella.

‒ ¡No! ‒ exclamó Emily ‒ Y ella siempre se burla de mí por no encontrar novio. ¿Es realmente tan malo que me guste mi soledad? ¿Qué tal vez no quiero un novio en este momento?

‒ O tal vez nunca. ‒ murmuró Maggie en voz baja.

‒ En serio ‒ dijo Emily con una nota de tristeza detectable en su voz. ‒ Solía ser amable conmigo todo el tiempo. Le gustaba salir conmigo, hablar conmigo, solo estar conmigo. Pero ahora es como si ella no me quisiera alrededor. O simplemente quiere a alguien a quien pueda derribar o sentirse superior. Quiero decir... ¿es tanto pedir un poco de apoyo de mi hermana mayor?

De por sí, con cada confesión que se daba a conocer, más le resultaba a Lucy mantenerse tranquila, aunque no lo admitiera abiertamente. En lugar de lamentarse, se movió nerviosamente mientras miraba a Lincoln. Como si pudiera sentir su mirada sobre él, el chico levantó la vista de su juego, sonrió y le dio un pulgar hacia arriba. En eso, Lucy sintió un repentino calor en su estómago. Ella sabía que su hermano no tenía intereses compartidos con ella o con cualquiera de sus hermanas, pero a pesar de eso sabía que era perfectamente capaz de hacer lo que fuera para hacerlas felices, especialmente a ella.

"Me alegra que al menos una persona en mi casa siempre me respalde", pensó Lucy.

Emily tosió un par de veces mientras un nudo se formaba en su garganta. Maggie se acercó a la mesa de la merienda, sacó un pequeño refrigerador debajo de la misma y lo abrió de una patada, revelando varios tipos de gaseosas en hielo.

‒ ¿Sedienta? ‒ preguntó ella.

‒ Una limonada, por favor. Si es que tienes. ‒ solicitó Emily.

Maggie le arrojó una lata de limonada, a la cual le dio tragos para quitarse la opresión en la garganta. Maggie agarró un plato de galletas y se las dio a sus amigos, arrastrando la hielera detrás de ella para que todos pudieran elegir algo para beber. Cuando Maggie tomó su lugar en el círculo, se volvió hacia Lucy.

‒ Entonces, ¿estás lista para compartir algo con nosotros? ‒ preguntó Maggie.

Lucy negó con la cabeza

‒ Si no te importa... ‒ dijo ella ‒...creo que me gustaría dejar que todos sigan adelante. Tengo algo que decir y quiero sacar cada pequeña cosa de una vez cuando todo el mundo haya terminado.

‒ Esta bien. ‒ dijo Maggie ‒ Comparte cuando te sientas cómoda. Así que, ¿quién es el siguiente?


Cuando la siguiente persona en el grupo fue a compartir sus quejas con los demás, Lincoln estaba intentando afanosamente terminar el siguiente nivel en su nuevo juego. Él quedó cautivado con la jugabilidad y pronto completó el primer nivel. Y luego el siguiente y el siguiente.

Antes de diera cuenta, había transcurrido una hora y media embebido en su propio juego, y eso fue solo porque notó que la batería de su juego estaba empezando a agotarse y dejó de jugar por completo.

Metiendo la mano en sus bolsillos, sacó el cargador de su juego y buscó la toma de corriente más cercana. Pero por lo que él podía ver, no había ninguna cerca.

"Creo que tendré que preguntar. Espero que no les importe que los interrumpan", pensó para sí mismo mientras se quitaba los auriculares.

‒ ¡¿Que tienes cuántas hermanas?!

Lincoln escuchó a Natalie quedarse sin aliento en estado de shock.

‒ Nueve de ellas. ‒ respondió Lucy. ‒ Cinco hermanas mayores. Cuatro menores. Y mi hermano mayor.

Dennis dejó escapar un silbido bajo.

‒ Son muchos hermanos. Tu casa debe ser un completo caos.

‒ No sabes ni la mitad de ellas. Todos compartimos un baño. ‒ dijo Lucy, ganándose varios jadeos de sorpresa más. ‒ Y todas mis hermanas pueden ser muy juiciosas, o al menos obstinadas. Mi hermana menor Lola es una princesa del desfile y se obsesiona con las apariencias. Huelga decir que ella comenta sobre mi elección de ropa casi todos los días. Y mi otra hermanita Lisa siempre me está corrigiendo o burlándose de mi creencia en los espíritus y la magia.

‒ ¿Qué edad tiene ella? ‒ preguntó Natalie.

‒ Tiene solo cuatro, pero ella es una genio certificada y no tiene miedo de hacer ostentación de su superioridad respecto del resto de nosotros. Y eso es solo son mis hermanas menores. Mis hermanas mayores pueden ser aún más molestas que una piedra en el zapato. Mi hermana mayor, Lori, es la única de nosotros que podemos conducir, y si quieres ir a algún lado, primero debes hacerle un favor. He escrito poemas de amor para su novio más veces de las que me gustaría contar.

Maggie fingió ahogarse un poco. Lincoln sonrió ante la acción. Podía relacionarse con eso, ya que era testigo del comportamiento amoroso de Lori a diario. Pero más que cualquier otra cosa, estaba intrigado por la apertura repentina de su hermana menor con sus sentimientos. Por lo general, se los guardaba para sí misma en casa. Esto era algo nuevo para él. Se mantuvo a una corta distancia de todos los demás, con sus ojos siempre puestos en su hermana y su juego completamente olvidado.

‒ Y mi hermana mayor Lynn es prácticamente lo contrario a mí. ‒ continuó Lucy. ‒ Yo soy callada y algo tímida, y según ella, soy oscura y espeluznante. Ella siempre está activa, llena de confianza y es lo suficientemente popular como para tener muchos más amigos que yo. Lamentablemente, eso no le basta para que siempre me sermonee de lo cuán "extraña" soy.

» Ella me dice que sonría más, que deje de leer y de escribir poemas, y que salga a tomar el sol. A veces es realmente molesto. Una vez incluso la eché de nuestra habitación porque ya no podía soportarla más. Quizás nos hayamos reconciliado, pero todavía siento que ella no me entiende. Es más ninguna de mis hermanas lo hace... A veces me siento como un estorbo para mi propia familia.

Emily suspiró pesadamente

‒ Ya había escuchado eso antes. ‒ dijo con tristeza.

‒ Y el ruido. ¡Ay! ‒ dijo Lucy, mientras reflexivamente se llevaba las manos a los oídos. ‒ ¡Odio todo el ruido! Quiero decir, no puedo enojarme con mi hermana menor, Lily, ya que es una bebé. No puede evitar llorar de vez en cuando. Pero mis hermanas gemelas Lola y Lana siempre discuten. Y a mi hermana mayor Luna le encanta la música rock. No puedo pasar media hora sin que recree la música de ese estúpido Mick Swagger o destroce su guitarra. Es tan difícil concentrarse en mis poemas o leer cualquier cosa con tan poca paz y tranquilidad.

Lincoln asintió con la cabeza. Tenía tantos problemas para encontrar la soledad en su casa. Tratar de encontrar un buen lugar para leer un cómic o trabajar en un modelo era prácticamente imposible.

"Me alegra que haya guardado esos auriculares Noise-B-Gone", pensó él.

‒ Y mi hermana mayor, Luan ‒ dijo Lucy con un gemido estremecedor. ‒ Estoy bastante segura de que podrías buscar la palabra "molesto" y encontrar fácilmente una foto de ella en el diccionario. Las bromas pesadas y los pésimos juegos de palabras son su especialidad. Durante el día de los inocentes, ella equipa nuestra casa con trampas caza bobos y tenemos que escondernos de ella para evitar quedar atrapados en el fuego cruzado.

Lincoln se estremeció al recordar todas las bromas que Luan había organizado el pasado 1° de abril.

‒ Me recuerda un poco a mi hermanita ‒ dijo Francis ‒ Ella es toda una payasa... No, en serio... es una payasa real. Desde que comenzó en la escuela de payasos, ya no responde más a su nombre. Ahora, se identifica por el nombre de Sonrisas. Ella siempre hace malabares con cualquier cosa que pueda tener en sus manos, haciendo bromas pesadas, hasta he perdido la cuenta de cuántas veces ha usado en mí esa broma de la mano eléctrica.

‒ Eso suena exactamente como Luan ‒ dijo Lucy.

‒ Adoro a esa escuincle regordeta con todo lo que implica ‒ dijo Francis. ‒ Pero a veces puede ser realmente desagradable. ¿Qué puedes hacer? Son tu familia.

‒ Lo sé. Pero a veces no puedo evitar preguntarme cómo sería si fuera hija única. Aunque, si tuviera que elegir solo a una hermana que pudiera conservar, sería Leni. Ella es la segunda hermana mayor y dudo que tenga algún hueso malo en su cuerpo. Incluso si ella hace algo mal, siempre se disculpa por ello. No es que esté sin sus defectos, pues ella no es exactamente... la persona más inteligente que conozco. No es que lo haga a propósito, sino que se hace vieja, muy rápido.

Esas últimas declaraciones de Lucy fueron efectuadas con tal picardía como para hacer círculos con el dedo índice mientras apuntaba a uno de los costados de su cabeza. Tras observar ese gesto, Lincoln tuvo que contener una risa y asintió de nuevo. Leni sin dudas es todo un encanto, pero definitivamente es de un alto mantenimiento. Su experiencia en ayudarla a aprender a conducir era prueba suficiente de eso.

‒ Y a pesar de que sé que todos me aman, todavía tengo miedo de compartir secretos con ellas. No esa clase de secretos en cómo es que accidentalmente arruiné el vestido de novia de mi madre. Secretos que son más personales. Cosas que ni quisiera quiero que nadie descubriera. Especialmente mis hermanas.

‒ Bueno, déjame decirte que estás en un lugar donde está bien compartir todos los secretos. Nadie te juzga y nada sale de este sótano. ‒ dijo Maggie. ‒ Así que no lo dudes. Solo di cualquier cosa y todo lo que quieras.

‒ Está bien, aquí va. ‒ dijo Lucy, armándose de valor. ‒ Yo... yo... ¡leo la Princesa Pony! Sé que es terriblemente dulce y súper femenina, ¡pero no puedo evitarlo! Necesito descansos de la oscuridad de vez en cuando. Y... ¡me gusta mucho! ¡Los personajes son muy lindos y agradables, las historias son divertidas de leer y me hacen sentir... toda cálida y confusa por dentro!

Lucy guardó silencio después de su arrebato. Lincoln podía ver el sudor correr por la cara de su hermana. Él se sorprendió de lo fácil que salió y lo dijo cuando él solo obtuvo ese detalle de ella después de arrinconarla en una esquina tras el suceso del baño. Le hacía sentirse orgulloso de su hermana menor por ver que ella admitía hacer algo que le gustaba... aunque también se arriesgaba a ser ridiculizada. Solo esperaba que Maggie fuera honesta cuando dijo que era seguro compartir todos los secretos.

‒ ¿Eso es todo? ‒ Se burló Emily. ‒ Niña, tienes ocho años. Eso no es una gran sorpresa.

‒ Ella tiene razón. ‒ dijo Maggie. ‒ Solía leer la Princesa Pony cuando tenía tu edad. Crecí sin problemas, pero eso no cambió, me gustó por un tiempo. Era uno de mis favoritos.

‒ Sigue siendo uno de los míos. ‒ dijo Marcus. ‒ A los chicos también les gusta esas cosas.

Lucy dejó escapar el aliento que había estado conteniendo y sintió que se le bajaba un peso de los hombros. Y una vez que sintió que se había ido, sonrió un poco. Era una de las sonrisas raras, pero genuinas que Lincoln vio en su rostro. Solo presente cuando estaba viendo una horrible película de terror o leyendo una buena historia de terror. Estaba empezando a entender por qué Maggie tenía una fiesta que ahora parecía tan extraña.

‒ ¿Te sientes mejor? ‒ preguntó Maggie, ofreciendo el plato de galletas a Lucy.

‒ Mucho, gracias. ‒ dijo Lucy, tomando una galleta. ‒ De hecho, mi hermano mayor es la única persona a la que se lo dije, y no estaba demasiado dispuesta a hacerlo en ese momento.

El grupo miró a Lincoln, quien rápidamente bajó la mirada hacia su juego y fingió jugarlo.

‒ Oye, chico. ‒ llamó Maggie. ‒ ¿Puedes venir aquí por un segundo?

‒ Ahh... Por supuesto. ‒ dijo Lincoln, poniendo su juego en su bolsillo y caminando hacia el grupo. ‒ ¿Qué puedo hacer por ustedes?

‒ Lucy dice que eres la única a la que le ha dicho que le gusta la Princesa Pony. ‒ dijo Maggie. ‒ ¿Es eso cierto?

‒ Un poco. ‒ dijo Lincoln ‒ Realmente no me lo dijo. Lo descubrí por mi cuenta.

‒ ¿Y lo mantuviste en secreto por ella? ‒ preguntó Emily. ‒ Eso es dulce de tu parte.

‒ Sí, bueno... Lucy estaba avergonzada por ello. ‒ dijo Lincoln. ‒ Solo tiene ocho años. Estoy seguro de que tendrá más confianza en sí misma cuando sea mayor. Claro, tuve que perderme mi convención, pero estoy agradecido de que no tuviera que lidiar con nuestras hermanas burlándose de ella.

‒ Espera... ‒ dijo Dennis ‒ ¿Qué quieres decir con que te perdiste tu convención?

‒ Tenía planeado ir a una convención de Ace Savvy aquella vez. ‒ dijo Lincoln. ‒ Pero todos fuimos castigados por nuestro padre cuando el libro de la Princesa Pony de Lucy se quedó atascado en el baño debido a que nadie confesaba al respecto. Así que les dije que ese libro era mío para que no se burlaran de ella. Fui castigado por mi padre, pero al menos valió la pena ayudarla.

Tras esto, los niños emo lo miraron fijamente, aún sin creer lo que acababan de oír. Si la mirada penetrante que Maggie le proporcionó en un inicio ya era incómoda, ese momento resulto serlo aún más cuando imperaba el silencio absoluto. Al final, todo se resolvió cuando alguien se dignó en hablar:

‒ Tú... ‒ Emily comenzó lentamente. ‒ Has renunciado a algo que querías y aceptaste la caída por algo que no hiciste... ¿solo para ayudar a tu hermana?

Lincoln se encogió de hombros.

‒ Pues, sí. ‒ dijo ‒ No es gran cosa. Puedo tomar las burlas de mis hermanas. Y sé que puedo asistir a otras convenciones más tarde.

Los niños se miraron el uno al otro y volvieron a mirar a Lincoln, aun manteniendo esa expresión de total incredulidad en sus caras.

‒ Guau ‒ dijo Natalie. ‒ Mi hermano pequeño nunca haría algo así por mí.

‒ Lincoln siempre está ahí para mí. ‒ dijo Lucy. ‒ Él siempre me ayuda a escribir mis poemas. Me ayuda a pintarme las uñas. Incluso me ayudó a hacer amistad con un chico llamado Rocky a quien le gustan muchas de las cosas que hago.

Maggie miró a Lincoln con curiosidad. Lo examinó detenidamente como si intentara encontrar algo en él que intentaba ocultar. Miró a Maggie, sintiéndose un poco nervioso bajo la mirada de la chica emo.

‒ ¿Qué? ‒ preguntó.

‒ Ustedes dos viven en la misma casa, ¿verdad?

‒ Ah, sí. Somos hermanos.

‒ Entonces tienes que tratar con todas las mismas hermanas que ella. ‒ dijo Maggie. ‒ Así que apostaría a que tienes algunos problemas que podrías tener para quitarte el pecho. ¿Qué tal si te unes a nosotros?

‒ No, gracias. ‒ dijo Lincoln. ‒ Solo estoy aquí como chaperón de Lucy. Ni siquiera fui invitado.

‒ Bueno, estás aquí ahora. Así que toma un refresco y toma asiento. ‒ dijo Maggie, acariciando el espacio al lado de ella.

‒ Sí, hombre, no necesitas ser tímido. ‒ dijo Marcus.

‒ En caso de que no estuvieras escuchando, este es un lugar seguro para compartir tu dolor. ‒ agregó Natalie.

‒ Eso ayuda, confía en nosotros. ‒ dijo Francis.

‒ Por favor, Lincoln ‒ exclamó Lucy.

Para ese momento, Lincoln vaciló. Era una oferta tentadora, pero no estaba tan seguro de abrirse a extraños. Pero, por otro lado, Lucy no tuvo ningún problema en contarle su gran secreto. Entonces Lincoln no vio el daño al decir un par de cosas. No era como si fuera a compartir todo, solo unas pocas cosas que le molestaban. Así sería, luego volvería a jugar su juego. Si había una ocasión para encontrar una salida para cargarlo, era ésta.

‒ Está bien, pero lo haré solo porque insistes. ‒ dijo, sentándose al lado de Maggie y sacando un refresco de la nevera.


FIN DEL CAPÍTULO II