La historia y sus derechos me pertenecen, los nombres de los personajes a S. M. NO AL PLAGIO
Una madre sin esposo (SAGA LA VIDA DE ELLAS)
Anbeth Coro
XXXVIII Y vivieron felices… con juguetes
Y vivieron felices… con juguetesBella salió del hospital tres días después. Edward cuidó de ella cada día en el hospital, excepto durante esa hora que le tomaba recoger a Nessie en la guardería antes de regresar los dos con Bella para que la niña estuviera con la madre unas horas. Bella no quería aprovecharse del apoyo de Rebeca y dado que Jake se quedó con Mike mientras ella era dada de alta no quería abusar de su compasiva hermana con su inquieta hija, así que cuidaban a Nessie por la tarde en el hospital aprovechando que tenían la habitación exclusiva para ellos y un pequeño soborno al enfermero para que se hiciera de la vista gorda y dejara pasar a la niña.
Nessie era maravillosa cuando estaba con Edward. No había berrinches y si iniciaba alguno, el hombre tenía el don de distraerla para que no duraran mucho tiempo, así que el comportamiento de Nessie en el hospital fue ejemplar. Entendió que no debía tocar la pierna de su madre y que no podía salir del cuarto.
—¿Y si le ponen pegamento? La cinta se rompe más fácil.
Lo único que no entendía la niña era lo que significaba una fractura y como hacerla entender que un hueso roto no era tan grave como sonaba dejaban que siguiera en el engaño al que había llegado por su cuenta.
—Si mami no mueve la pierna las vendas van a curarla, cielo —respondió Edward agachado a la altura de Nessie mientras le señalaba la pierna de Bella.
Bella creía que no podía amarlo más, pero él constantemente contradecía eso y leprobaba con detalles que era posible. Para el día en que Bella fue dada de alta, Edward llegó con Nessie disfrazada de doctora con un estuche de juguete y una bata blanca que él compró, además de un tulipán para su mamá y un ramo de once tulipanes para sí misma.
—Toma, mami. Este es para ti y estos para mí.
—¿Sólo uno?
La niña asintió con seriedad.
—Cielo dice que no puedes cargar cosas pesadas, estos pesan mucho.
A Bella no le importó, Nessie disfrazada de doctora fue suficiente regalo de su parte. Edward le daba detalles y acciones que no tenían suficiente valor, no sólo estaba dispuesto a ser un esposo ideal, sino un padre genuino.
Dado que Jake estaba en casa de Mike, los primeros días en la casa del jardín fueron diferentes a lo que habían pensado que sería: Nessie durmió con Bella y Edward, o más bien, durmió en la mitad de la cama rodeada de almohadas para evitar que las saltara y lastimara la pierna de Bella, por suerte la cama era grande, y por primera vez en años Edward agradeció contar con tanto espacio.
Los niños ya conocían la casa por los días que estuvieron haciendo la mudanza entre los cuatro antes del accidente, y él comprobó que Conejo era una eficiente niñera mientras veía a Nessie perseguirlo de un lado a otro por la casa sin descanzo hasta que el pequeño animal se escondía en algún rincón y entonces Nessie iniciaba el juego de las escondidas con el conejo que sin saberlo tenía una compleja labor para entretener a Nessie.
Edward se encargó de terminar la mudanza de la casa de Bella sin ayuda. Las camas fueron trasladadas a la casa del jardín, para el cuarto de Jake, para el de Nessie y para el de invitados. Bella no tenía apego por sus muebles, la mayoría los había comprado Mike, así que cuando surgió la interrogante de qué harían con el resto de muebles ella le dijo que iba a venderlos. Eran buenos muebles y con poco más de seis años de uso podían pasar por casi nuevos. Así que Edward se los obsequió a Dolores y le dio el dinero que Bella había considerado que podría conseguir por ellos.
De ese modo tuvo a dos mujeres complacidas: Dolores estaba agradecida, y cuando Edward le pidió ampliar su horario para ir todas las mañanas a la casa para que pudiera ayudarle con Nessie mientras él trabajaba, ella no lo dudó y aceptó. Bella, por otro lado, recibió el dinero que quería por los muebles, y dado que Edward puso la casa creyó conveniente utilizar su dinero en amueblarla.
Una semana después de ser dada de alta, caminaba con sus muletas por la casa casi vacía, tenía una idea, pero no estaba segura si sería bien recibida su petición porque asumía que Edward sí le tendría apego a los muebles de Laura.
—¿Crees que pueda comprar un sillón? —Edward que estaba sentado en el viejo sofá leyendo un libro levantó la cabeza y miró alrededor, estaba tan acostumbrado a sus muebles que no fue consciente hasta entonces que su casa necesitaría cambios como sillones nuevos, una televisión o un comedor. Y como Edward iba frunciendo el ceño mientras meditaba sobre ese punto, Bella se apresuró a añadir: —, me aseguraré que combine con éste, y no necesitamos otro comedor, podría comprar un par de sillas extras.
Bella todavía no terminaba de desempacar todas sus cajas de la mudanza, solo había tenido animos para doblar la ropa y sacar algunas ollas y vajillas que ella sentía que no combinaban con la reluciente cocina, pero además de las camas no trajo muebles consigo y se arrepentía un poco por haberlos vendido sin contemplar lo necesario que podrían ser.
Edward sí le tenía aprecio a los muebles, había sido el primer sillón que compró con Laura y la primera mesa que compraron al casarse tras un año de matrimonio y ahorros. No quería deshacerse de ellos.
—Puedo pasarlos a la biblioteca —decidió.
—¿Sí?
—Sí. Cuando quieras podríamos ir a buscar muebles.
Edward no iba a tirar sus muebles viejos, pero no limitaría a Bella de convertir su casa en un hogar para todos.
Bella ni siquiera se lo pensó cuando le dijo que le tomaría quince minutos cambiarse de ropa para ir, demasiado motivada para salir por primera vez desde el accidente, pero también motivada a decorar la casa. Edward la ayudó a subir las escaleras y veinte minutos más tarde estaban los tres saliendo de la casa.
Por suerte, Edward compró una silla de ruedas así que anduvieron de una mueblería a otra hasta que Bella se convenció por la que quería, era un sillón largo color blanco en forma de "L".
—¡Me gusta! —gritó Nessie soltándose de la mano de Edward y corriendo a una cama con madera pintada de rosa y con forma de casita.
—Nessie, ven acá.
—No, mami, yo necesito esto —dijo la niña lanzándose al colchón.
—No necesitas eso.
—Que sí, que sí. Por favor.
—Edward —pidió Bella ayuda.
—Falta una semana para navidad —le recordó Edward.
—Por favor, mami.
—Es demasiado —dijo Bella mirando al hombre.
Y como iba a ocurrir a lo largo de los años, Nessie le puso cara de ángel a Edward implorando con sus ojos verdes mezclados con gris. Edward miró a Bella.
—Es una cama bonita.
Fue así como compraron el comedor, la sala y una nueva cama para Nessie. Y esa noche después de acostar a Nessie en su habitación de princesa durmieron por primera vez juntos como una pareja, o tanto como la pierna de Bella lo permitió.
Pospusieron la boda por una u otra causa, ya vivían juntos en la casa del jardín así que casarse no marcaría una diferencia para ellos. Primero se pospuso por el accidente de Bella y la fractura de su pierna. Después cuando Bella volvió a trabajar, descubrió que el hombre que contrataron para ser su remplazo temporal logró simpatizar con mayor facilidad que ella.
—Siempre tendrás las puertas abiertas, Bella. Es sólo que Jacobo se ajusta más a lo que necesitamos en el restaurante, tiene un horario más flexible y es soltero así que podrá quedarse hasta el turno nocturno en caso de que lo necesitemos.
Bella le sonrío a su jefe o exjefe y le aseguró que se arrepentiría por dejarla irse.
Bella caminó y caminó y caminó sin saber qué iba a hacer, no quería ser una esposa trofeo otra vez, no quería quedarse en casa a cuidar a los niños mientras Edward iba a trabajar, ella ya había sido esa mujer y no quería volver a tomar ese rol.
Desde que se divorció se juró que haría lo que la hiciera sentirse plena, y trabajar en lo que le gustaba la hizo sentir que no había renunciado a sus sueños y que tenía sus propias metas personales por las cuales luchar.
Así que caminó, entró a restaurantes solicitando empleo sin llevar su curriculum a la mano. ¿Qué curriculum, Bella? Se reprendía a sí misma, había trabajado en el mismo lugar en los últimos seis años. Y no era un restaurante tan popular para llenar el ojo de un futuro empleador. Así que siguió caminando.
Y cuando menos se dio cuenta llegó a su casa, o a la casa que fue suya durante los últimos años. Cuando se divorció ganó una propiedad en la ciudad donde creció y vivió antes de casarse, una casa en una zona exclusiva de la que no estuvo enterada hasta el divorcio, una casa donde asumió que Mike se desaparecía con mujeres cuando pretendía viajar por trabajo, una casa que ni siquiera le interesó conocer ni vender. No quería el dinero de Mike obtenido de un lugar que era tan despreciable para ella.
Bella no sabía ni sospechó nunca que esa casa en realidad era de ella, que Mike la compró una semana antes de que ella le hablara del embarazo de Nessie. Mike tenía un plan perfecto de la vida perfecta de ellos que nunca le compartió y que nunca se volvería real. Así que Bella se inventó respuestas a las preguntas que él no quiso responderle. Se creyó una infidelidad inexistente y como nunca le recriminó los engaños, Mike jamás imaginó cuan equivocada estaba Bella sobre el motivo de su divorcio.
Así que en lugar de vivir en la casa que debió ser de ellos y que nadie habitó, Bella se quedó a rentar la casa en la que vivió estando casada con Mike. Una casa llena de recuerdos agridulces y que ahora estaba en renta de nuevo. Se quedó de pie frente a la casa buscando respuestas sobre su futuro sin saber qué hacer sin trabajo.
Llegó a su nueva casa una hora después, Edward estaba jugando con Nessie en el patio del frente, le estaba enseñando a andar en bicicleta y Jake, que había vuelto a vivir con ellos unos días antes de navidad, andaba en su bicicleta nueva, que fue un regalo de Bella y Edward, aunque dando una larga vuelta por la propiedad de la casa.
—Llegas antes —se asombró Edward esperándola hasta la noche por ser su primer día laboral tras el accidente.
Bella le contó lo ocurrido, en lugar de recibir una respuesta tranquilizante como que no necesitaba trabajar ni tenía que preocuparse por el dinero. Edward respondió con simpleza.
—Todavía busco una socia para abrir un restaurante.
Bella levantó la mirada.
—¿En serio?
—Por supuesto —Edward cargó a Nessie—, ¿no te gustaría tener tu propio restaurante? —le preguntó a la niña.
Nessie sacudió la cabeza.
—Quiero una tienda de caballos.
—Es una empresaria exigente, señorita.
—¿Estás hablando en serio? —volvió a preguntar Bella.
—Sí. Trabaja en el proyecto, lo que necesitas y entonces, después de ver tu propuesta, veremos cómo hacerlo realidad.
Edward no volvería a dejar pasar una vida para cumplirle un sueño a una mujer.
—¿Y si es muy costoso?
Edward suspiró.
—¿Más costoso que una tienda de caballos? Porque si no me presentas un proyecto, Nessie te ganará.
—Cien caballos de todos los colores —dijo la niña con emoción.
—Eso suena muy interesante.
—Sí, muy interesante, cielo —repitió la niña, Bella sonrío con ternura al oír el apodo antes de acercarse a dejar dos besos en la frente de la niña.
Bella se tomó unos días para meditar sobre la propuesta de Edward, tenía su apoyo para cuidar a los niños y estaba dispuesto a asociarse con ella aunque Bella no tenía un peso que ofrecer.
—Tu talento basta —respondió Edward una noche cuando le comentó esa inquietud, no quería ser una aprovechada frente a los ojos de nadie.
—Las personas van a hablar.
—Que hablen, Bella —concluyó Edward estirándose para apagar la luz de la habitación.
—Van a decir que me aproveché de ti.
—¿Por qué soy un pobre viudo que no pudo contra tus encantos? Eso no es mentira.
—No bromees con esto.
—Hablo muy en serio.
Bella nunca iba a ganar una discusión contra él, aunque Edward diría lo contrario a lo largo de los años. Por suerte, en lo que ellos iban a coincidir la mayor parte del tiempo tenía que ver con la crianza de Jake y Nessie.
—¡Gracias, Edward! —Jake dejó caer la bicicleta con el moño azul para ir por el segundo obsequio, videojuegos para la consola que Edward había comprado para jugar con él.
—Sólo una hora al día —advirtió Bella.
—Sí, mamá. Una hora —Jake parecía convincente dando su mirada azul inocente, pero Bella conocía bien los encantos de su hijo para evadirlos.
—Hablo en serio, Jake.
—Sí, sí. ¿Te gustó mi regalo?
Bella asintió con los libros de cocina sobre sus piernas, sabiendo que no pudo haberlos elegido Jake sin ayuda, que en realidad eran un regalo de Mike, recetarios de pasta dura con papel grueso y brillante evidenciando la calidad.
Edward también lo sabía y por eso fruncía contra su esfuerzo el entrecejo.
—Papá puso una carta dentro.
Bella sintió la tensión del brazo de Edward que tenía tras sus hombros.
—Hum, ¿en serio? —preguntó con desinterés, pero moviendo los recetarios hasta encontrar la carta entre las hojas de uno de esos.
Que tengas una hermosa navidad y una vida feliz.
Una nota simple en una hoja de cuaderno doblada a la mitad. Bella suspiró, lo que fuera que esperaba encontrar no era eso, y la nota resultó más amable de lo que habría esperado de Mike.
—No has abierto mi regalo —le recordó Edward poniéndose de pie y yendo por una caja blanca de madera. Bella dejó los libros de cocina sobre el sillón para tomar el nuevo obsequio y cuidadosamente removió el moño hasta conseguir abrirlo. Dentro había un marco plateado con una foto familiar en la que aparecían los cuatro, la tomaron la mañana en que regresó Jake luego de más de una semana viviendo con Mike, una foto para recordar su primer día en familia en la nueva casa.
El marco plateado tenía una frase: Por el amor pasan las cosas.
Bella soltó una exclamación conmovida antes de abrazar a Edward.
—Mami, mami, ¿y de quien son estos regalos? —preguntó Nessie que había estado jugando con su peluche de unicornio.
—Deben ser de Conejo.
—No, mami, los conejos no son niños.
—Entonces debe ser el regalo de Edward.
—No, mami. ¿Dónde está el carro amarillo para Amarilla? Rosita no quiere prestarle su carro. Santa tenía que comprarle un carro a Amarilla.
Edward miró significativamente a Bella porque decidieron de último minuto sacar ese regalo de la lista de opciones de regalos para Nessie.
—Amarilla se portó muy mal este año, tal vez el siguiente se porte mejor con Rosita y si dejan de pelear tendrá su propio carro.
Nessie rodó los ojos.
—Aquí está un regalo para ti, cielo —le dijo Edward distrayéndola con un segundo obsequio. Y mientras Edward veía a Nessie abrir el nuevo juguete, Bella le tendió el regalo para él—. Gracias.
—Es para que escribas nuestra historia —le explicó Bella mientras Edward desenvolvía el diario.
Y Edward la besó sin poder evitarlo, aprovechando que los niños seguían distraídos con sus juguetes, la besó en medio de la sala con papel de regalo por todas partes y juguetes alrededor, la besó sintiendo esa seguridad que tiene quien sabe que tendrá una larga y feliz vida, la misma que tenía Laura cuando estaba viva.
Pospusieron la boda mientras Bella trabajaba en el proyecto del restaurante, y cuando ella entregó la idea, se sentó frente a otros socios de Edward interesados en la inversión y luego tuvo reuniones con arquitectos, diseñadores, decoradores de interiores, proveedores y entrevistas con futuros empleados.
Pospusieron la boda hasta que una noche Edward se lo pidió.
—Me gustaría casarme antes del aniversario de la muerte de Laura.
Bella miró a Edward, estaban acostados en medio de la cama.
—Es en dos semanas —dijo ella recargando su barbilla sobre el pecho del hombre.
—Lo sé.
—Eso haremos.
—¿Sigues sin querer una fiesta?
Ella asintió.
—Es algo simbólico, yo ya me siento casada contigo —Edward sonrío—. Nessie quiere lanzar pétalos. Podríamos traer al juez aquí y casarnos en el jardín.
—Me gustaría eso.
—A mí también me gustaría —y sin premuras Bella se hincó en la cama y se quitó el vestido ante la atenta mirada de su futuro esposo.
—No más de lo que a mí va a gustarme.
—Estoy segura que también va a gustarme a mí.
—No tanto como a mí —replicó Edward dejando las manos en las caderas de ella mientras Bella pasaba sus manos hacia la espalda para deshacerse del sostén.
—Tienes razón. No tanto como a ti —aceptó Bella sonriente y provocadora.
Porque Edward le devolvió la confianza en sí misma que había perdido en el camino.
El día que eligieron para casarse Edward fue al cementerio.
—Buenos días, Laura.
Se hincó frente a la tumba para dejar flores nuevas, y aprovechar para quitar la fina capa de polvo que se generó a lo largo de la semana.
—Como ya sabes, conocí a alguien —no le había hablado a su esposa de Bella.
Sonrío triste leyendo el epígrafe de la tumba. Laura lo eligió por un fragmento de un cuento de Guy de Maupassant. A él no le había gustado, pero ya que su enfermedad lo permitió ella eligió cada detalle posible de las decisiones importantes tras su muerte.
Amó, fue amada y murió.
—Amó, fue amada y es amada —dijo Edward en voz alta, siempre había pensado que esas debieron ser las palabras elegidas—, lo serás siempre, Laura. Sé que no habrías querido una vida en soledad y amargura para mí. Me lo dijiste esa última noche, ¿recuerdas? Y no lo entendí, ¿cómo iba a perderte y después amar a alguien más? Imposible. Pero tú lo hacías parecer tan simple cuando me ha costado una década seguir… no entendía cómo podía amar después de ti, no hasta que conocí a Bella.
Se hinca sobre el piso de la tumba pasando sus dedos por el nombre de Laura.
—La amo. Y si hubieses podido elegir, la habrías elegido entre todas las mujeres para mí. Lo sé. Es graciosa, y tiene un mal carácter cuando se lo propone capaz de intimidar al hombre más valiente, es honesta, brutalmente franca en algunas ocasiones, y ha sabido seguir adelante a pesar de lo que la vida le tenía deparado. Es como yo.
Besó la lápida recargando su frente contra ella y cerró los ojos.
—En otra vida, tú y yo, estamos envejeciendo juntos —repitió las últimas palabras que Laura le había dicho antes de partir, las que le repetiría Edward a Laura hasta la mañana de su muerte.
Se casaron en el jardín de la casa, a cuatro días de distancia del cumpleaños de Jake y del aniversario de Laura. Asistieron Tomas, Rebeca y Cloe como invitados, una boda sencilla en el jardín con Bella vestida de blanco con un vestido corto hasta las rodillas y Nessie tomada de su mano para que no saliera corriendo, con un vestido pomposo blanco con florecitas en su cabello.
Bella estaba de pie frente a Edward mientras Jake se quedaba al lado de él. Y cuando el juez los declaró marido y mujer Edward besó a Bella con la certeza que viviría sin preocuparse en lo que podría ocurrir después.
Cuatro décadas más tarde, en medio de la sala de una casa que construyó Edward pensando en otra mujer, pero que decoró y amuebló para formar una familia, se encontraba Bella con el cabello blanco y el vestido negro, acompañada de hijos, nietos y amigos contándoles con la voz firme sin quebrarse en ningún momento que Edward amó la vida que tuvieron cada segundo de lo que duró. Porque para tranquilidad de ella y de él, Edward no vivió más que el amor de su segunda vida.
Y bueno, larguísima espera, ya sólo hace falta dos epilogos. (Uno de Jake y otro de Nessie)
Bajé la historia de Una mujer sin corazón, pero estará disponible Una dama de burdel o Una dama de cristal como al final le cambié el nombre. Ahí podrás ver más sobre la historia de Jake y Nessie de adultos. (REcuerda que para readaptación ahí son Edward y Alice)
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En ambos lugares estaré poniendo anuncios, avances y en twitter estaré subiendo en hilo cuentos y relatos que tengo publicados.
En mi perfil puedes ver una nota que dejé hace unas semanas como nota para todas las que me han seguido y leen y la razón de mi demora, prometo darle nitro a Una dama de burdel para ya llegar al final.
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