The Loud House y los personajes representados son propiedad intelectual de sus respectivos autores.

Historia original de SoI'llKillYou

Traducida y adaptada por mí.


CAPÍTULO V

Se dice que el tiempo es sólo una ilusión. Pero también se dice que nuestra percepción respecto a este es lo que afecta nuestro modo de sentir ya sea lo rápido o lo lento que parece correr.

Uno no puede saber con exactitud lo que se puede saber al respecto, pero si somos capaces de sentir que nos hace falta algo, no somos capaces de percibir el tiempo. Sólo queremos que ese algo llegue y se quede por mucho tiempo.

Así pasó con los Lincoln, Lucy, Maggie y los otros chicos que asistían a una fiesta compasiva. No estaban conscientes de la realidad ni del tiempo que había trascurrido. Sólo querían que el calor que estaban sintiendo ahora gracias al abrazo grupal que tenían no desapareciera.

Sin embargo, las cosas siempre tienen un límite y para cuando menos se dieron cuenta, los niños se apartaron del abrazo.

‒ ¿Te sientes mejor? ‒ preguntó Maggie.

‒ Sí ‒ dijo Lincoln ‒ Mucho.

‒ ¿En serio? Porque no pareces tan sorprendido. ‒ dijo Maggie. ‒ Un buen llanto puede hacer maravillas por tu actitud. Como dice la invitación. "Griten y lloren, ya sea que estén enojados o tristes..."

‒ "Porque nunca te sentirás bien, sin que con algo te desquites." ‒ terminó Lincoln.

Miró a su hermana, quien le devolvió la sonrisa

‒ Gracias de nuevo por venir aquí conmigo. ‒ dijo Lucy.

‒ No. Yo debería darte las gracias. ‒ dijo Lincoln ‒ Je... ¡obtuve mucho más de esto que solo avanzar en mi videojuego!

Uno no se podría ni imaginar que esperar de un comentario así, pero para Lucy y el resto de los participantes del evento les fue algo lindo de parte de alguien que sabe disponer siempre de la compañía de una familia.

Sin embargo, el evento conmovedor fue interrumpido, haciendo que los niños voltearan a ver a la puerta de arriba cuando una voz alegre llegó desde el otro lado.

‒ Maggie ‒ dijo la voz de su madre. ‒ Lo siento si estoy interrumpiendo, pero la madre de Lucy y de Lincoln está aquí para recogerlos.

‒ Sale, mamá. ‒ dijo ella ‒ Estaremos en camino arriba.

Con eso, miró a los dos Louds y dijo:

‒ Bueno, será mejor ir afuera. Vamos.

Así, Maggie los condujo escaleras arriba y ambos salieron del sótano, no sin antes de que sonara un fuerte ruido al cerrar la puerta.

‒ ¿Qué fue eso? ‒ preguntó Lincoln.

‒ A Marcus le gusta hacer estallar los globos. ‒ dijo Maggie. ‒ Dice que es un buen alivio contra el estrés. ‒ En eso, ella asomó la cabeza por la puerta, sólo para volverse con una cara perturbada:

‒ ¡Será mejor que me aleje un poco de aquí! ‒ dijo, tomando a ambos niños de las manos.

De por sí, el extraño comportamiento de su anfitriona estaba causando inquietud en ellos, pero al ver que posiblemente podrían lidiar con algo que le era difícil de explicar, decidieron callar.

‒ Esto fue muy divertido. ‒ dijo Lucy, en su tono plano habitual.

‒ Si. Realmente lo fue. ‒ respondió Lincoln con concordancia.

Maggie ya estaba justo de abrir la puerta principal, pero se detuvo justo ante un espejo montado en la pared y frunció el ceño al ver su reflejo. Soltando un gruñido suave, exclamó en voz baja:

‒ ¿Por qué me molesto en ponerme delineador de ojos si lo arruino cuando lloro?

‒ Creo que podría ayudarte con eso. ‒ dijo Lincoln.

Acto seguido, el muchacho metió la mano en uno de los bolsillos traseros de su pantalón y sacó un lápiz delineador de ojos. Tal acción hizo que Maggie levantara una ceja de manera inquisitiva.

‒ ¿Siempre llevas suministros de maquillaje contigo? ‒ preguntó ella.

‒ Tengo diez hermanas ‒ le recordó. ‒ Es la fuerza de hábito, gracias a ellas.

Lincoln le hizo un gesto a Maggie para que se acercara y le aplicara su delineador de ojos.

Tomó un poco de tiempo, pero Lincoln terminó. En seguida, ella se miró al espejo y se pudo contemplar un pequeño gesto de asombro en su cara. No sabía cómo le había hecho Lincoln, pero el logró restaurar su maquillaje original.

‒ Eres muy bueno en eso, ¿sabes? ‒ dijo Maggie. ‒ Solo otra razón por la que deberías estar feliz de estar en contacto con tu lado femenino.

‒ Si tú lo dices. ‒ dijo Lincoln, mientras ponía el lápiz devuelta en su lugar.

Maggie les abrió la puerta principal, donde vieron a Vanzilla esperando afuera. Esa señal fue suficiente para emprendieran el camino hacia el vehículo. Sin embargo, Maggie se les adelantó, llamándolos en el proceso:

‒ ¡Ah! ‒ exclamó Maggie ‒ Casi se me olvida. Para que lo sepan, tengo fiestas compasivas todos los sábados cada dos semanas. Así que los dos pueden venir si quieren.

‒ Es posible que solo aceptemos ante esa oferta ‒ dijo Lucy, exhibiendo una tenue sonrisa.

Esa respuesta fue suficiente para que Maggie le devolviera el gesto, exhibiendo la misma sonrisa que su compañera.

‒ Muy bien ‒ dijo ella.

Sin embargo, la chica al mirar de nuevo a Lincoln procedió a arrodillarse de manera cautelosa. Ese gesto le pareció algo inopinado y un poco inquietante, ya que su sonrisa se fue desvaneciendo en el acto.

‒ Oye, Lincoln ‒ dijo ‒ ¿Podrías...? ¿hacerme un favor?

‒ Claro ‒ respondió el chico.

Mientras que Lincoln espera la petición de la chica mayor, su mirada se desvió a Lucy:

‒ En privado, ¿si no es molestia? ‒ enfatizó con suavidad.

En ese instante, Lincoln frunció un poco su ceño ante la extrañeza de la condición que impuso la chica, pues tenía la misión de supervisar a su hermanita. Pero al mirar a Lucy, esta simplemente procedió a asentir en respuesta para luego alejarse al vehículo. Una vez que Maggie se cerciorara de la lejanía de su pequeña compañera, se dirigió de nuevo a Lincoln, y este se devolvió a su mirada inexpresiva, pero por alguna razón era un poco vacilante:

‒ Verás... es sobre tu hermana... ‒ a estas alturas, Lincoln pudo vislumbrar que un ligero tinte rojo se formó en su cara pálida conforme le hablaba ‒ Con la que actuaste en mi cumpleaños, ¿podrías... decirle que le mando saludos?

‒ Se lo diré tan pronto como lleguemos a casa ‒ dijo Lincoln, encontrando un poco tierna la simple petición.

Ante esa respuesta, el rubor en el rostro de Maggie se profundizó un poco, al mismo tiempo que una sonrisa un poco más amplia se formaba en su cara.

‒ Gracias.

La forma en que la calidez que su cara mostraba en ese momento, y que contrastaba con la aún inexpresiva miraba que tenía era todo un espectáculo singular para el muchacho de cabello pálido, pero se sorprendió aún más cuando la chica resaltó su agradecimiento con un beso en su mejilla derecha y un poco cerca de su boca. Cosa que devino en un rubor casi idéntico al de Maggie.

‒ Te veo luego. ‒ dijo ella, levantándose en el acto y procediendo a dirigirse a la puerta para cerrarla.

La situación ya era algo confusa para el chico, pero no impidió que al menos comprendiera que ella tenía sus razones para actuar así, pues cada persona siempre tenía emociones que compartir.

Los dos niños ruidosos se acercaron a donde su madre estaba estacionada en la acera y se metieron a Vanzilla. Se sentaron en la fila detrás de su madre y abrocharon sus cinturones de seguridad. La señora Loud comenzó a conducir hacia su casa, mirando a sus hijos en el espejo retrovisor por un momento rápido.

‒ Entonces, ¿se divirtieron, niños? ‒ preguntó.

‒ Mucho, mamá ‒ dijo Lucy.

‒ Sí, fue genial. ‒ agregó Lincoln. ‒ Incluso dijo que tiene fiestas como esa cada dos semanas. ¿Está bien si volvemos la próxima vez?

‒ Bueno, siempre y cuando la madre de Maggie esté de acuerdo con eso. Pero ustedes dos deben asegurarse de mantenerse al día con sus tareas y sus quehaceres si esperan hacer esto una vez cada dos semanas. ¿Creen que ambos pueden hacer eso?

‒ ¡Por supuesto! ‒ respondió Lincoln.

‒ Puedo vivir con eso. Gracias mamá. ‒ exclamó Lucy, en su habitual monotonía.

‒ Bien, pero es en serio. Voy a ser firme con eso. Así que ambos asegúrense de mantener su parte del trato.

Ante esa orden, ambos hermanos accedieron con un asentimiento de cabeza. Sin importar lo que pase, ellos sabían que valdría la pena después de todo.


El resto del viaje pasó rápidamente y pronto los tres regresaron a su casa. Lincoln y Lucy subieron a sus respectivas habitaciones y reanudaron sus actividades habituales. Lincoln conectó su cargador de juego y se preparó para reanudar su juego. Ahora que se sentía mejor, estaba listo para conquistar otros niveles antes de que la noche terminara. En cuestión de segundos se sumergió por completo en su juego... sólo para ser interrumpido por segunda vez:

‒ Hola, Lincoln.

El chico de cabello blanco saltó del susto, con su corazón acelerado. Se giró para ver a Lucy sentada en su cama, habiendo pasado por su lado sin que él lo notara, a pesar de que su puerta estaba cerrada. Hizo una nota mental para preguntarle a su hermana menor cómo lo hizo más tarde. De todas formas, sabía que en este momento era obvio que ella debía querer algo.

‒ Hola, Lucy. ¿Qué pasa?

‒ Perdón por molestarte, sé que quieres volver a tu juego. Pero necesitaba disculparme por algo más que te molestaba, es decir, hasta ahora.

‒ ¿Por qué necesitas disculparte? ‒ preguntó Lincoln con genuino interés.

‒ He estado pensando en que hoy te han molestado un montón de cosas desde hace un tiempo. He sido parte de eso, aunque ni siquiera me daba cuenta de que sufrías. Puede que sea tu hermana pequeña, pero aún necesito estar allí para ti. Entonces, si alguna vez necesitas un hombro para llorar, sabes dónde encontrarme. Y si alguna vez hago algo que te moleste de nuevo, no dudes en avisarme. No quiero causarte más problemas si puedo evitarlo.

‒ Aww, gracias Luce. ‒ dijo Lincoln. ‒ Está bien, te lo haré saber cada vez que algo me esté molestando. Pero tienes que prometerme que harás lo mismo. ¿Hecho?

‒ Hecho. ‒ dijo Lucy, con una pequeña sonrisa formándose en su rostro. ‒ Te dejaré en tu juego ahora. Diviértete.

Lucy comenzó a dejar la habitación de Lincoln. Pero cuando alcanzó la puerta, Lincoln la detuvo. Ella lo miró confundida y él le devolvió la sonrisa.

‒ En realidad, creo que tuve una idea. ‒ dijo Lincoln. ‒ ¿Qué tal si vemos una película en mi computadora portátil juntos? Clyde me recomendó un buena película slasher de vampiros contra zombis que quise ver. Sé que no es lo mismo que los "Vampiros de Melancolía", pero...

‒ Si. ¿Por qué no? ‒ intervino Lucy. ‒ Cualquier cosa con vampiros y zombis es suficiente para mí. Pero necesitaremos refrigerios.

‒ Je... Me leíste la mente. ‒ dijo Lincoln, abriendo su puerta para ella. ‒ Después de ti mi pequeña dama espeluznante.

‒ Qué caballeroso de tu parte. ‒ exclamó Lucy de forma divertida.

‒ Sí, sé cuánto te gustan las cosas muertas. ¿Puedo?

Él extendió su brazo hacia ella de manera caballerosa, gesto que la pequeña aceptó de manera puntual, y así los dos bajaron a la cocina a buscar algo para comer para mirar la película.

Algunas de sus hermanas estaban reunidas en la sala de estar, luchando contra el control remoto y haciendo mucho ruido, pero los dos no les importaban.

No es que importara... incluso si sus hermanas lograran acosarlos, tenían una nueva confianza mutua que los ayudaría a sobrellevar cualquier caso relacionado con los hermanos.

O al menos mantenerlas a flote hasta que pudieran asistir juntos a su próxima fiesta compasiva, pues sabían perfectamente que ese era un lugar ideal para que pudieran sentir... una miseria sublime.


FIN


Antes de partir, si me lo permiten, quisiera decirles que, paralelamente a esta historia, publiqué otras dos; una titulada "La belleza detrás de una buena actitud" y otra llamada "Aprendiendo de Besos", a las cuales les hago la más atenta invitación a que, por lo menos, le echaran un vistazo y a ver qué opinan al respecto y, si quieren, dejen su review en esas y las demás historias que tengo en mi perfil. Gracias.