Disclaimer: Los personajes y el libro no me pertenecen. son del magnífico Rik Riordan.
Solo las intervenciones son mías.
Nota: Gracias a todos y todas por vuestras magníficas ideas. Me gustaría escribirlas todas.
*-x-*
-Tengo algo que nos gustará a la mayoría. -comentó Poseidón. -El castigo perfecto.
Ares miró a su tío con cautela.
-Como estás muy orgulloso de tu masculinidad…
-No sigas. -Dijo el dios de la guerra. -En serio no sigas.
-¿Asustado? -quiso saber el dios del mar.
-No. Solo molesto.
-Bueno, como iba diciendo, puesto que estás muy orgulloso de tu masculinidad, he decidido que deberás permanecer como una mujer hasta que acabe el libro.
-¡ni de coña! ¡No puedes obligarme!
El padre de Percy sonrió.
Hizo un movimiento con las manos y una ola bañó a Ares.
Cuando el agua desapareció, podía verse a una joven de aproximadamente veinte años. Era bajita, delgada, pelo castaño liso hasta los hombros, piel clara y unos grandes ojos azules.
Ares miró su reflejo en uno de los espejos de Afrodita y gritó.
-¡Poseidón!
Al escuchar su aguda voz, el dios de la guerra se desesperó.
-Y yo tengo otra penitencia para ti. -Intervino Zeus.
Todos estaban espectantes.
El rey de los dioses chasqueó los dedos y todas las armas del dios de la guerra desaparecieron.
-Padre no puedes hacerme esto.
-Cuando finalice el libro te las devolveré si te comportas.
Ares decidió no hablar. le avergonzaba su nueva voz aguda y dulce.
-De ahora en adelante te llamarás Dara. -Comentó Poseidón.
-¡Mi nombre es Ares!
-No puedes llevar un nombre masculino. Y agradece que no te he puesto Irene.
-Prefiero Dara. -Se apresuró a decir el dios de la guerra.
No le gustaba para nada el nombre Irene. No es que fuera feo, pero significaba paz y eso le daba escalofríos.
En una ocasión, recordaba que una de sus amantes mortales había querido llamar a su hija Irene. Ares se enfadó bastante por eso.
El dios del inframundo iba a comenzar a leer, pero una luz azul bañó la sala.
Al desvanecerse, Lee saltó del trono de Poseidón, Michael se levantó como un resorte y Apolo corrió hacia el centro del salón de los tronos.
Nadie entendía el por qué, pues no habían logrado ver nada y seguían sin poder hacerlo debido a que el dios del sol y sus dos hijos tapaban a quien fuese que había aparecido.
Los semidioses de vez en cuando veían flases de luz dorada.
-¿Hey chico puedes oírme?
El joven abrió los ojos lentamente sintiéndose un poco mareado.
Lo que vio le distrajo bastante.
-Creo que veo doble. Estoy viendo dos Apolos.
-Eso sería genial.
-Sería horrible. -Contradijo Hades.
Percy había reconocido la voz.
Se levantó y se acercó corriendo.
-¿Estás bien? ¿Qué es lo último que recuerdas? ¿Sabes quién soy?
-Jackson me duele la cabeza.
Apolo hizo aparecer un sillón reclinable y Lee levantó al joven en brazos y lo sentó en él.
-¿Solace? -Preguntó el recién llegado.
Lee negó.
El menor se fijó mejor y dijo:
-Tú no eres Solace.
-Eso ya lo sé. -Rió el rubio.
-¿Qué es lo último que recuerdas? -Quiso saber Percy.
-Estabas cayendo y una luz extraña me trajo aquí.
Apolo chasqueó los dedos y unos segundos más tarde el chico parpadeó sorprendido.
Luego los hijos del dios del sol se retiraron y los demás pudieron ver quien era el que había aparecido.
Thalia se levantó y le abrazó con fuerza.
El menor gruñó disgustado.
-¿Estás bien?
-Claramente no. -Contestó Clarisse. -Para ser hijo de Atenea, haces preguntas muy estúpidas.
Hades miró detenidamente al joven y le reconoció.
-Hola hijo.
-Hola padre.
Bianca se levantó y corrió donde estaba su hermano.
-¡Nico!
El moreno sonrió.
Percy bufó por lo bajo.
Hestia hizo aparecer delante del menor de los di Angelo algo de comer.
Él se lo acabó todo y después se recostó satisfecho.
Blake se acercó meneando la cola y le lamió toda la cara.
-¿Qué tal chico?
El golden ladró contento.
Percy se había sentado al lado de Nico y no pensaba moverse de allí.
El hijo de Hades se había sorprendido de que él y Malcolm terminaran y no pudo evitar que un pequeño rayo de esperanza se instalara en su corazón.
Sabía que no era probable que Percy le quisiera, pero.
-¡Preséntate! -Bramó Zeus.
-Me llamo Nico di Angelo. Tengo catorce años y soy hijo de Hades.
-Eso ya nos ha quedado claro. -refunfuñó Deméter.
El joven era alto, muy delgado, tenía la piel muy pálida, pelo negro y ojos oscuros. Llevaba una espada negra sujeta al cinturón.
Minutos más tarde, Hades comenzó a leer ignorando deliberadamente las miradas de reproche que le lanzaba la madre de su esposa.
*-x-*
Capítulo 21. Saldo cuentas pendientes.
*-x-*
-Por fin tendré mi rayo de vuelta.
-Lo tienes entre los brazos. -Gruñó Hera.
-Mi pequeño Astrapí. -Canturreó Zeus mientras mecía su objeto de poder contra su pecho.
-(Creo que en esta época, los dioses no están bien de la cabeza.) -Pensó Nico. -(Bueno, creo que nunca lo han estado.)
*-x-*
Es curioso cómo los humanos ajustan la mente a su versión de la realidad. Quirón ya me lo había dicho hacía mucho. Como de costumbre, en su momento no aprecié su sabiduría.
*-x-*
-¿He de ofenderme?
-No Quirón. -Se apresuró a contestar el hijo de Poseidón.
El centauro le miró ceñudo durante un rato largo.
Cuando el héroe se removió incómodo, Quirón le dejó tranquilo.
*-x-*
Según los noticiarios de Los Ángeles, la explosión en la playa de Santa Mónica había sido provocada por un secuestrador loco al disparar con una escopeta contra un coche de policía.
*-x-*
-loco sí que está. -Comentó Hermes.
-¡Piérdete estúpido bicho volador!
Ares gruñó disgustado a causa de aquella aguda voz que tenía.
*-x-*
Los disparos habían acertado a una tubería de gas rota durante el terremoto.
El secuestrador (alias Ares) era el mismo hombre que nos había raptado a mí y a otros dos adolescentes en Nueva York y nos había arrastrado por todo el país en una aterradora odisea de diez días.
*-x-*
-Pobres angelitos. -Intervino Apolo.
Hermes y él rieron.
-hombres… -Gruñó Artemisa.
*-x-*
Después de todo, el pobrecito Percy Jackson no era un criminal internacional.
*-x-*
-Pobrecito Percy Jackson. -Se lamentó Castor.
-Sí, pobrecito yo.
*-x-*
Había causado un buen revuelo en el autobús Greyhound de Nueva Jersey al intentar escapar de su captor (a posteriori hubo testigos que aseguraron haber visto al hombre vestido de cuero en el autobús: «¿Por qué no lo recordé antes?»). El psicópata había provocado la explosión en el arco de San Luis; ningún chaval habría podido hacer algo así.
*-x-*
-Mortales. -Bufó Hera.
-Diosas. -Murmuró Sally.
Poseidón la escuchó y ocultó una sonrisa.
-Vuelve aquí Lee. Te echo de menos.
-No. Ahora Lee es mío. -Comentó Apolo.
-¿Qué? ¡Por supuesto que no!
-¡Es mi hijo!
-¡Es mi pareja!
-¡No lo es dios calenturiento!
-Habló el santo. -Resopló Dioniso.
-¡Tú cállate!
El dios del vino volvió a resoplar.
-¡Lee es mío! -Chilló el dios del mar.
-¡Es mío!
-¡Mío!
-¡No!
-¡Sí!
-¡Que no!
-¡Que sí!
-Creo que me voy a quedar al lado de di Angelo por si acaso. Aún no está bien del todo.
-Pero Lee… -Se quejó Poseidón.
El hijo del dios de la curación se acercó al hijo de Hades. Hizo a un lado a Bianca la cual protestó, y se acomodó con Blake en su regazo.
-Es mi hermano. -Se quejó la cazadora.
-(Tu le abandonaste.) -Pensaron Percy y Lee.
La joven iba a colocarse delante de Nico, pero descubrió que Michael se había sentado ahí.
-Por si mi hermano necesita ayuda. nunca se sabe.
Trató de sentarse en el sillón con su hermano pero Percy gruñó.
-Necesita su espacio. -Comentó Lee.
Al final, dejaron que la chica se sentara cerca de su hermano. Nico la quería a pesar de todo.
Bianca se sentía muy mal por haber dejado solo a su hermano. No sabía que le había pasado, pero estaba muy pálido, tenía enormes ojeras y se notaba que hacía mucho que no sonreía de verdad.
*-x-*
Una camarera de Denver había visto al hombre amenazar a sus secuestrados delante de su restaurante, había pedido a un amigo que tomara una foto y lo había notificado a la
policía.
*-x-*
-Ares ha quedado como el malo. -Comentó Deméter.
-Cosa que le encanta. -Intervino Perséfone.
Dara sonrió.
-Es tan tierna cuando sonríe… -Suspiró Hestia.
*-x-*
Al final, el valiente Percy Jackson (empezaba a gustarme aquel chaval) se había hecho con un arma de su captor en Los Ángeles y se había enfrentado a él en la playa. La policía había llegado a tiempo. Pero en la espectacular explosión cinco coches de policía habían resultado destruidos y el secuestrador había huido. No había habido bajas.
*-x-*
-Menos mal que nadie había muerto. -Comentó Hades. -Menos trabajo para mí.
-Pero si provocaste un terremoto. -Apostilló Atenea.
El dios le quitó importancia con un gesto de la mano.
*-x-*
Percy Jackson y sus dos amigos estaban a salvo bajo custodia policial.
Fueron los periodistas quienes nos proporcionaron la historia. Nosotros nos limitamos a asentir, llorosos y cansados (lo cual no fue difícil), y representamos los papeles de víctimas ante las cámaras.
*-x-*
Hermes sonrió con cierto orgullo.
*-x-*
—Lo único que quiero —dije tragándome las lagrimas—, es volver con mi querido padrastro.
*-x-*
-Yo lo que quiero es aplastarle las bolas con un martillo.
Los dioses miraron muy asombrados a Hefesto.
-A mí me gustaría rebanárselas con mi espada. -Comentó Nico.
Hades sonrió sádicamente.
*-x-*
—Cada vez que lo veía en la tele llamándome delincuente juvenil, algo me decía que todo terminaría bien. Y sé que querrá recompensar a todas las personas de esta bonita ciudad de Los Ángeles con un electrodomésticogratis de su tienda. Éste es su número de teléfono.
*-x-*
-¿Seguro que no eres legado mío? -Preguntó Hermes.
-Nunca se sabe. -Contestó Percy.
-Seguro que también es legado mío. Alguien tan genial tiene que serlo. -Apostilló Apolo.
-Es mi hijo y se acabó. -Intervino Poseidón.
*-x-*
La policía y los periodistas, conmovidos, recolectaron dinero para tres billetes en el siguiente vuelo a Nueva York. No tenía otra elección que volar, así que confié en que Zeus aflojara un poco, dadas las circunstancias. Pero aun así me costó subir al avión.
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-¿En serio Percy? ¿Volar? -Se estremeció Nico.
-Creo que cuando repartieron los cerebros, Percy llegó el último y ya no quedaban. -Comentó Lee.
-Gracias amigo.
El hijo de Apolo sonrió.
*-x-*
El despegue fue una pesadilla. Las turbulencias daban más miedo que los dioses griegos. No solté los reposabrazos hasta que aterrizamos sin problemas en La Guardia.
*-x-*
Poseidón miró mal a su hermano.
-Sabía los riesgos. -Dijo el rey de los dioses.
*-x-*
La prensa local nos esperaba fuera, pero conseguimos evitarlos gracias a Malcolm, que los engañó gritándoles con la gorra de los Yankees puesta: «¡Están allí, junto al helado de yogur! ¡Vamos!» Y después volvió con nosotros a recogida de equipajes.
*-x-*
-Un plan digno de Atenea. -Dijo la diosa de la sabiduría.
-Y luego se queja de Apolo y ella también se alava a sí misma. -Comentó Hermes.
*-x-*
Nos separamos en la parada de taxis. Les dije que volvieran al Campamento Mestizo e informaran a Quirón de lo que había pasado. Protestaron, y fue muy duro verlos marchar después de todo lo que habíamos pasado juntos, pero debía afrontar solo aquella última parte de la misión. Si las cosas iban mal, si los dioses no me creían… quería que Malcolm y Grover sobrevivieran para contarle la verdad a Quirón.
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-Eres demasiado noble. -Intervino Sally.
*-x-*
Subí a un taxi y me encaminé a Manhattan.
Treinta minutos más tarde entraba en el vestíbulo del edificio Empire State.
Debía de parecer un niño de la calle, vestido con prendas ajadas y con el rostro arañado. Hacía por lo menos veinticuatro horas que no dormía. Me acerqué al guardia del mostrador y le dije:
—Quiero ir al piso seiscientos.
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-Eso no funcionará. -Comentó Zeus.
*-x-*
Leía un grueso libro con un mago en la portada. La fantasía no era lo mío, pero el libro debía de ser bueno, porque le costó lo suyo levantar la mirada.
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-A mí me encanta la fantasía. -Comentó Lee.
-yo tengo suficiente con mis aventuras. -Murmuró el hijo de Poseidón.
*-x-*
—Ese piso no existe, chaval.
—Necesito una audiencia con Zeus.
*-x-*
-¿Os imagináis que esto fuese ficción y algún mortal pidiese ir al piso seiscientos? Creo que los guardias le tomarían por loco. -Rió Chris.
-¿Y qué hay de los que esperan su carta de Hogwarts? -Cuestionó Castor.
-Yo la espero. -Contestó Ethan.
-¿Alguien ha buscado el instituto de Nueva York? -Quiso saber Luke.
Charles, Lee y Michael levantaron la mano.
-No pierdo la esperanza de conocer al sexi Jace Herondale. -Dijo Lee.
-¿Y ese quién es? -Preguntó Poseidón enfadado.
-El mejor cazador de sombras del mundo. -Contestó Chris.
-¿Otro libro? -Quiso saber Afrodita.
-Es una saga. -Respondió Luke.
Hades decidió mantenerse callado. Esas personas existían. Se encargaban de matar demonios que se escapaban de una sección del inframundo a la que él no entraba. No por miedo, si no porque de esa sección dividida en nueve partes se encargaban otros demonios.
-A mí no me gustaría vivir en Panem. Bastante tengo ya con ser un semidiós. -Comentó Charles.
-Lo mismo digo. -Secundó Ethan.
*-x-*
Me dedicó una sonrisa vacía.
—¿Una audiencia con quién?
—Ya me ha oído.
Estaba a punto de decidir que aquel tipo no era más que un mortal normal y corriente, y que mejor me largaba antes de que llamara a los loqueros, cuando dijo:
—Sin cita no hay audiencia, chaval. El señor Zeus no ve a nadie que no se haya anunciado.
*-x-*
-Seguro que querrá ver a Percy. -Comentó Chris.
*-x-*
—Bueno, me parece que hará una excepción. —Me quité la mochila y la abrí.
El guardia miró dentro el cilindro de metal y, por un instante, no comprendió qué era. Después palideció.
*-x-*
-Por fin juntos. Ya falta menos. -Susurraba el dios de los cielos.
-¡Pero si lo tienes entre los brazos! -Chilló Hera.
-Tranquilo Astrapí. Ya sé que sus gritos son insoportables.
Antes de que la diosa hablara, Hades siguió leyendo.
*-x-*
—¿Esa cosa no será…?
—Sí lo es, sí —le dije—. ¿Quiere que lo saque y…?
—¡No! ¡No! —Brincó de su asiento, buscó presuroso un pase detrás del mostrador y me tendió la tarjeta—. Insértala en la ranura de seguridad. Asegúrate de que no haya nadie más contigo en el ascensor.
Así lo hice. En cuanto se cerraron las puertas del ascensor, metí la tarjeta en la ranura. En la consola se iluminó un botón rojo que ponía «600». Lo apreté y esperé, y esperé.
*-x-*
-Y siguió esperando, y esperando, y esperando, y esperando, y esperando… -Intervino Hermes.
-Y esperando, y esperando… -secundó Apolo.
-Nosotros estamos esperando a que os calléis. -Espetó Atenea.
-Aburrida. -Refunfuñaron los dos.
-¿No os pasa que cuando repetís una palabra muchas veces luego os resulta extraña? -Preguntó Percy.
Muchos asintieron.
-Esperando, esperando, esperando, esperando, esperando, esperando, esperando, esperando, esperando, esperando, esperando, esperando, esperando, esperando, esperando, esperando, esperando, esperando, esperando, esperando, esperando… -Susurraron casi todos.
Malcolm se tapaba los oídos y decía mientras movía la cabeza de lado a lado:
-lalalalalalalalalalalalalalalalalalalalala.
Grover repetía todo el rato:
-Enchiladas, enchiladas, enchiladas, enchiladas, enchiladas, enchiladas,
enchiladas, enchiladas, enchiladas, enchiladas, enchiladas, enchiladas, enchiladas, enchiladas, enchiladas, enchiladas…
En vez de resultarle rara la palabra, lo que sucedió es que sintió unas ganas enormes de comerlas.
Hades continuó leyendo antes de que le explotara la cabeza.
*-x-*
Se oía música ambiental y al final «ding». Las puertas se abrieron. Salí y por poco me da un infarto.
Estaba de pie sobre una pequeña pasarela de piedra en medio del vacío. Debajo tenía Manhattan, a altura de avión. Delante, unos escalones de mármol serpenteaban alrededor de una nube hasta el cielo.
*-x-*
Thalia se estremeció. odiaba las alturas.
*-x-*
Mis ojos siguieron la escalera hasta el final, y entonces no di crédito a lo que vi.
«Volved a mirar», decía mi cerebro.
«Ya estamos mirando —insistían mis ojos—. Está ahí de verdad.»
*-x-*
Zeus sonreía con prepotencia.
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Desde lo alto de las nubes se alzaba el pico truncado de una montaña, con la cumbre cubierta de nieve.
Colgados de una ladera de la montaña había docenas de palacios en varios niveles. Una ciudad de mansiones: todas con pórticos de columnas, terrazas doradas y braseros de bronce en los que ardían mil fuegos. Los caminos subían enroscándose hasta el pico, donde el palacio más grande de todos refulgía recortado contra la nieve. En los precarios jardines colgantes florecían olivos y rosales.
*-x-*
Los dioses sonreían ante aquella descripción.
*-x-*
Vislumbré un mercadillo al aire libre lleno de tenderetes de colores, un anfiteatro de piedra en una ladera de la montaña, un hipódromo y un coliseo en la otra. Era una antigua ciudad griega, pero no estaba en ruinas.
Era nueva, limpia y llena de colorido, como debía de haber sido Atenas dos mil quinientos años atrás.
«Este lugar no puede estar aquí», me dije. ¿La cumbre de una montaña colgada encima de Nueva York como un asteroide de mil millones de toneladas? ¿Cómo algo así podía estar anclado encima del Empire State, a la vista de millones de personas, y que nadie lo viera?
*-x-*
-Somos dioses y casi nada es imposible. -Dijo Zeus.
*-x-*
Pero allí estaba. Y allí estaba yo.
Mi viaje a través del Olimpo discurrió en una neblina. Pasé al lado de unas ninfas del bosque que se reían y me tiraron olivas desde su jardín. Los vendedores del mercado me ofrecieron ambrosía, un nuevo escudo y una réplica genuina del Vellocino de Oro, en lana de purpurina, como anunciaba la Hefesto Televisión. Las nueve musas afinaban sus instrumentos para dar un concierto en el parque mientras se congregaba una pequeña multitud: sátiros, náyades y un puñado de adolescentes guapos que debían de ser dioses y diosas menores.
*-x-*
-¿Así que guapos eh? -Preguntó Poseidón.
Percy se ruborizó.
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Nadie parecía preocupado por una guerra civil inminente.
De hecho, todo el mundo parecía estar de fiesta. Varios se volvieron para verme pasar y susurraron algo que no pude oír.
Subí por la calle principal, hacia el gran palacio de la cumbre. Era una copia inversa del palacio del inframundo. Allí todo era negro y de bronce; aquí, blanco y con destellos argentados.
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-Este es el mejor palacio. -Espetó el rey de los cielos.
-Para mí, el mejor es el de mi padre.
-¿Lo has visitado? -Quiso saber Poseidón.
Percy solo sonrió.
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Hades debía de haber construido su palacio a imitación de éste. No era bienvenido en el Olimpo salvo durante el solsticio de invierno, así que se había construido su propio Olimpo bajo tierra.
*-x-*
-Marginado social.
-¡Cierra tu sucia boca Hera! -Gritó Hades.
-¡Deja en paz a nuestro hermano! -Bramó Hestia.
*-x-*
A pesar de mi mala experiencia con él, lo cierto es que el tipo me daba un poco de pena. Que te negaran la entrada a aquel sitio parecía de lo más injusto. Amargaría a cualquiera.
*-x-*
Hades odiaba que le tuviesen lástima. Eso era de débiles.
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Unos escalones conducían a un patio central. Tras él, la sala del trono.
«Sala» no es exactamente la palabra adecuada. Aquel lugar hacía que la estación Grand Central de Nueva York pareciera un armario para escobas. Columnas descomunales se alzaban hasta un techo abovedado, en el que se desplazaban las constelaciones de oro. Doce tronos, construidos para seres del tamaño de Hades, estaban dispuestos en forma de U invertida, como las cabañas en el Campamento Mestizo.
*-x-*
Los semidioses sonrieron.
*-x-*
Una hoguera enorme ardía en el brasero central. Todos los tronos estaban vacíos salvo dos: el trono principal a la derecha, y el contiguo a su izquierda. No hacía falta que me dijeran quiénes eran los dos dioses que estaban allí sentados, esperando que me acercara.
*-x-*
Zeus y Poseidón se miraron.
*-x-*
Avancé con piernas temblorosas.
Como había hecho Hades, los dioses se mostraban en su forma humana gigante, pero apenas podía mirarlos sin sentir un cosquilleo, como si mi cuerpo fuera a arder en cualquier momento.
*-x-*
-Ten cuidado no vayan a fulminarte. -Comentó Dioniso con una sonrisa.
-Cuidado no vayas a encontrarte con tus botellas de vino cambiadas por agua.
El dios del vino miró horrorizado a su tío.-¿no lo harías verdad? No serías capaz…
-No quieras averiguarlo.
Dioniso guardó silencio.
*-x-*
Zeus, el señor de los dioses, lucía un traje azul marino de raya diplomática. El suyo era un trono sencillo de platino.
*-x-*
-Yo me esperaba algo mucho más ostentoso. -Comentó el hijo del dios del mar.
*-x-*
Llevaba la barba bien recortada, gris, veteada de negro, como una nube de tormenta. Su rostro era orgulloso, hermoso y sombrío al mismo tiempo, y tenía los ojos de un gris lluvia. A medida que me acerqué a él, el aire crepitó y despidió olor a ozono.
*-x-*
-Soy el mejor. -Dijo el rey de los cielos.
-Mamá Rea dice que yo soy mejor. -Rebatió Poseidón.
-Otra vez no. -Gimoteó Deméter.
-A ti solo te lo dijo para que te callaras! -Gritó Zeus. -¡A mí me quiere más!
-¿Cómo va a querer a alguien que tiene aire en vez de cerebro?
-¡Tú tienes algas!
-¡Claro que no! Mamá dice que soy su niño adorable.
-¡Eso es mentira! -Chilló Zeus. -¡Mamá me prefiere a mí!
-¡Ella dice que yo soy su mayor orgullo! -gritó Hades.
-No te lo crees ni tú. -Refunfuñó Zeus.
-¡Mamá no os va a querer como no dejéis de discutir! -Gritó Hestia.
Los tres dioses se miraron horrorizados y volvieron a sus tronos.
Los mestizos miraban la escena con la boca abierta.
Hades cogió el libro y comenzó a leer. Pero antes susurró:
-Mamá Rea me quiere más a mí porque soy un niño bueno.
*-x-*
Sin duda el dios sentado a su lado era su hermano, pero vestía de manera muy distinta. Me recordó a uno de esos playeros permanentes de Cayo Hueso. Llevaba sandalias de cuero, pantalones cortos caqui y una camiseta de las Bahamas con estampado de cocos y loros. Estaba muy bronceado y sus manos se veían surcadas de cicatrices, como un viejo pescador. Tenía el pelo negro, como el mío. Su rostro poseía la misma mirada inquietante que siempre me había señalado como rebelde. Pero sus ojos, del verde del mar, también como los míos, estaban rodeados de arrugas provocadas por el sol, lo que sugería que solía reír.
*-x-*
Poseidón sonrió ampliamente.
Lee le lanzó un beso.
*-x-*
Su trono era una silla de pescador. Ya sabes, el típico asiento giratorio de cuero negro con una funda acoplada para afirmar la caña. En lugar de una caña, la funda sostenía un tridente de bronce, cuyas puntas despedían una luminiscencia verdosa. Los dioses no se movían ni hablaban, pero había tensión en el aire, como si acabaran de discutir.
*-x-*
-Siempre están peleando. -Dijo Hestia.
*-x-*
Me acerqué al trono de pescador y me arrodillé a sus pies.
*-x-*
-¿No te arrodillaste ante Zeus primero? -Se sorprendió Malcolm.
Percy negó.
*-x-*
—Padre. —No me atreví a levantar la cabeza. El corazón me iba a cien por hora. Sentía la energía que emanaba de los dos dioses. Si decía lo incorrecto, me fulminarían en el acto.
*-x-*
-Joder. Incluso si dices algo incorrecto en presencia de tu padre divino, te arriesgas a ser fulminado. -Comentó Ethan.
-O a que te dejen sin un ojo. -Murmuró Percy.
*-x-*
A mi izquierda, habló Zeus:
—¿No deberías dirigirte primero al amo de la casa, chico?
*-x-*
El dios del mar bufó.
*-x-*
Mantuve la cabeza gacha y esperé.
*-x-*
-Me parece rarísimo que Prissi se muestre tan dócil.
*-x-*
—Paz, hermano —dijo por fin Poseidón. Su voz removió mis recuerdos más lejanos: el brillo cálido que había sentido de bebé, su mano sobre mi frente—. El muchacho respeta a su padre. Es lo correcto.
*-x-*
-Esa frase me recuerda a algo similar que dice Aro Volturi en la saga Crepúsculo. -Comentó Silena.
-¿Os imagináis tener que arrodillarnos ante la presencia de nuestros padres si fuésemos mortales?
-Luke tienes demasiada imaginación. Algo macabra he de añadir. -Intervino Pólux.
*-x-*
—¿Sigues reclamándolo, pues? —preguntó Zeus, amenazador—. ¿Reclamas a este hijo que engendraste contra nuestro sagrado juramento?
*-x-*
Thalia no pudo evitar soltar una carcajada.
-¿Qué es tan gracioso?
-que reclamas a Poseidón cuando tú rompiste el juramento antes que él.
-No me gusta tu impertinencia.
La teniente de Artemisa ignoró a su padre.
*-x-*
—He admitido haber obrado mal. Ahora quisiera oírlo hablar.
«Haber obrado mal…» Se me hizo un nudo en la garganta. ¿Eso es todo lo que yo era? ¿Una mala obra? ¿El resultado del error de un dios?
*-x-*
Lee y Sally miraron al dios con enfado.
-Tal vez, si hubieses mantenido tu miembro en su sitio, no tendrías por qué arrepentirte. -Espetó el hijo de Apolo atrayendo a Percy contra sí.
-No importa. -El hijo del dios del mar intentó hablar, pero Lee se lo impidió.
*-x-*
—Ya le he perdonado la vida una vez —rezongó Zeus—. Atreverse a volar a través de mi reino… ¡Bueno! Debería haberlo fulminado al instante por su insolencia.
*-x-*
Poseidón bufó.
-Claro, y haber destruido tu estúpido rayo en el proceso.
-¡Astrapí no es…!
-Te repites hermano. -Comentó Hades antes de seguir leyendo.
*-x-*
—¿Y arriesgarte a destruir tu propio rayo maestro? —replicó Poseidón con calma—. Escuchémoslo, hermano.
Zeus refunfuñó un poco más y decidió:
—Escucharé. Después me pensaré si lo arrojo del Olimpo o no.
*-x-*
-No te atrevas. -Espetó el dios del mar.
*-x-*
—Perseus —dijo Poseidón—. Mírame.
Lo hice, y su rostro no me indicó nada. No había ninguna señal de amor o aprobación, nada que me animase. Era como mirar el océano: algunos días veías de qué humor estaba, aunque la mayoría resultaba ilegible y misterioso.
Tuve la impresión de que Poseidón no sabía realmente qué pensar de mí. No sabía si estaba contento de tenerme como hijo o no. Aunque resulte extraño, me alegré de que se mostrara tan distante. Si hubiese intentado disculparse, o decirme que me quería, o sonreír siquiera, habría parecido falso, como un padre humano que buscara alguna excusa para justificar su ausencia. Podía vivir con aquello. Después de todo, tampoco yo estaba muy seguro de él.
*-x-*
El dios del mar no sabía qué decir.
Seguía siendo blanco de las miradas furibundas de Lee y Sally.
*-x-*
—Dirígete al señor Zeus, chico —me ordenó Poseidón—. Cuéntale tu historia.
Así pues, conté todo lo ocurrido, con pelos y señales. Luego saqué el cilindro de metal, que empezó a chispear en presencia del dios del cielo, y lo dejé a sus pies.
Se produjo un largo silencio, sólo interrumpido por el crepitar de la hoguera.
Zeus abrió la palma de la mano. El rayo maestro voló hasta allí. Cuando cerró el puño, los extremos metálicos zumbaron por la electricidad hasta que sostuvo lo que parecía más un relámpago, una jabalina cargada de energía sonora que me erizó la nuca.
*-x-*
El rey de los cielos acarició su rayo maestro.
Hera deseaba ser ese cilindro.
*-x-*
—Presiento que el chico dice la verdad —murmuró Zeus—. Pero que Ares haya hecho algo así… es impropio de él.
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-¡Dejad de mirarme inútiles!
En vez de intimidar, lo que sentían todos al mirar a Dara era ternura. parecía una delicada flor.
*-x-*
—Es orgulloso e impulsivo —comentó Poseidón—. Le viene de familia.
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Las miradas se posaron en Zeus.
Él ni se inmutó. Estaba concentrado en su rayo.
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—¿Señor? —tercié.
Ambos respondieron al unísono:
—¿Sí?
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Los hermanos se miraron con rabia.
*-x-*
—Ares no actuó solo. La idea se le ocurrió a otro, a otra cosa.
Describí mis sueños y aquella sensación experimentada en la playa, aquel fugaz aliento maligno que pareció detener el mundo y evitó que Ares me matara.
—En los sueños —proseguí—, la voz me decía que llevara el rayo al inframundo. Ares sugirió que él también había soñado. Creo que estaba siendo utilizado, como yo, para desatar una guerra.
—¿Acusas a Hades, después de todo? —preguntó Zeus.
*-x-*
-¡Oye! ¡Yo no soy una cosa!
-Lo que tú digas cosa.
-Zeus te la estás jugando.
Hestia fulminó a sus hermanos con la mirada.
*-x-*
—No —contesté—. Quiero decir, señor Zeus, que he estado en presencia de Hades. La sensación de la playa fue diferente. Fue lo mismo que sentí cuando me acerqué al foso. Es la entrada al Tártaro, ¿no? Algo poderoso y malvado se está desperezando allí abajo… algo más antiguo que los dioses.
*-x-*
-Espero que no logre despertarse del todo. -Comentó el dios del mar.
Los mestizos decidieron mantenerse en silencio.
*-x-*
Poseidón y Zeus se miraron. Mantuvieron una discusión rápida e intensa en griego antiguo. Sólo capté una palabra: «Padre.»
*-x-*
Hades, Deméter, Hestia, Poseidón y Hera se estremecieron.
*-x-*
Poseidón hizo alguna sugerencia, pero Zeus cortó por lo sano. Poseidón intentó discutir. Molesto, Zeus levantó una mano.
—Asunto concluido —dijo—. Tengo que ir a purificar este relámpago en las aguas de Lemnos, para limpiar la mancha humana del metal. —Se levantó y me miró. Su expresión se suavizó ligeramente—. Me has hecho un buen servicio, chico. Pocos héroes habrían logrado tanto.
*-x-*
-Qué raro. -Dijo Deméter. -No suele mostrarse así con héroes que no sean hijos suyos.
-Será porque le ha devuelto su estúpido rayo. -Espetó Hera.
-¡Tú eres estúpida! ¡Astrapí no es estúpido!
*-x-*
—Tuve ayuda, señor —respondí—. Grover Underwood y Malcolm Chase…
—Para mostrarte mi agradecimiento, te perdonaré la vida. No confío en ti, Perseus Jackson. No me gusta lo que tu llegada supone para el futuro del Olimpo, pero, por el bien de la paz en la familia, te dejaré vivir.
*-x-*
-Buena elección. -Dijo el dios del mar.
Zeus bufó.
*-x-*
—Esto… gracias, señor.
—Ni se te ocurra volver a volar. Que no te encuentre aquí cuando vuelva. De otro modo, probarás este rayo. Y será tu última sensación.
*-x-*
-Cuanta amabilidad… -Murmuró Nico.
Lee rió por lo bajo junto con Percy.
*-x-*
El trueno sacudió el palacio. Con un relámpago cegador, Zeus desapareció.
Me quedé solo en la sala del trono con mi padre.
*-x-*
-Dramático… -Murmuró Poseidón.
-A Zeus siempre le han gustado las salidas dramáticas. Le habría ido bien como dios del teatro. -Comentó Hades.
*-x-*
—Tu tío —suspiró Poseidón— siempre ha tenido debilidad por las salidas dramáticas. Le habría ido bien como dios del teatro.
*-x-*
Poseidón y Hades chocaron los cinco.
Zeus les miró mal.
*-x-*
Un silencio incómodo.
—Señor —pregunté—, ¿qué había en el foso?
*-x-*
-Percy y sus preguntas. -Se quejó Lee.
*-x-*
—¿No te lo has imaginado ya?
—¿Cronos? ¿El rey de los titanes?
*-x-*
-Los nombres tienen poder. -Advirtió Atenea.
*-x-*
Incluso en la sala del trono del Olimpo, muy lejos del Tártaro, el nombre «Cronos» oscureció la estancia, haciendo que la hoguera a mi espalda no pareciera tan cálida.
Poseidón agarró su tridente.
—En la primera guerra, Percy, Zeus cortó a nuestro padre Cronos en mil pedazos, justo como Cronos había hecho con su propio padre, Urano. Zeus arrojó los restos de Cronos al foso más oscuro del Tártaro. El ejército titán fue desmembrado, su fortaleza en el monte Etna destruida y sus monstruosos aliados desterrados a los lugares más remotos de la tierra. Aun así, los titanes no pueden morir, del mismo modo que tampoco podemos morir los dioses. Lo que queda de Cronos sigue vivo de alguna espantosa forma, sigue consciente de su dolor eterno, aún hambriento de poder.
*-x-*
Luke se estremeció.
*-x-*
—Se está curando —dije—. Está volviendo.
*-x-*
-Espero que no vuelva. -Susurró Hestia.
*-x-*
Poseidón negó con la cabeza.
—De vez en cuando, a lo largo de los eones, Cronos se despereza. Se introduce en las pesadillas de los hombres e inspira malos pensamientos. Despierta monstruos incansables de las profundidades. Pero sugerir que puede levantarse del foso es otro asunto.
*-x-*
-Ojalá hubiese sido así. -Murmuró Thalia. -Ojalá solo hubiesen sido simples pesadillas.
*-x-*
—Eso es lo que pretende, padre. Es lo que dijo.
Poseidón guardó silencio durante un largo momento.
—Zeus ha cerrado la discusión sobre este asunto. No va a permitir que se hable de Cronos. Has completado tu misión, niño. Eso es todo lo que tenías que hacer.
—Pero… —Me interrumpí. Discutir no iba a servir de nada. De hecho, bien podría enfadar a mi padre
—. Como… deseéis, padre.
*-x-*
-Estoy bastante sorprendido de que no hayas liado una de las tuyas. -Dijo Nico.
-Puedo ser educado cuando quiero.
-Ya veo. -Murmuró Lee.
*-x-*
Una débil sonrisa se dibujó en sus labios.
—La obediencia no te surge de manera natural, ¿verdad?
*-x-*
Los semidioses se echaron a reír estruendosamente.
*-x-*
—No… señor.
—En parte es culpa mía, supongo. Al mar no le gusta que lo contengan. —Se irguió en toda su estatura y recogió su tridente. Entonces emitió un destello y adoptó el tamaño de un hombre normal—. Debes marcharte, niño. Pero primero tienes que saber que tu madre ha vuelto.
*-x-*
Percy y Sally se sonrieron.
*-x-*
Impresionado, lo miré fijamente y pregunté:
—¿Mi madre?
—La encontrarás en casa. Hades la envió de vuelta cuando recuperaste su yelmo. Incluso el Señor de los Muertos paga sus deudas.
*-x-*
Hades asintió sin dejar de leer.
*-x-*
El corazón me latía desbocado. No podía creérmelo.
—¿Vais a… querríais…?
*-x-*
Sally se ruborizó.
*-x-*
Quería preguntarle a Poseidón si le apetecía venir conmigo a verla, pero entonces reparé en que eso era ridículo. Me imaginé al dios del mar en un taxi camino del Upper East Side. Si hubiese querido ver a mi madre durante todos éstos años, lo habría hecho. Y también había que pensar en Gabe el Apestoso.
*-x-*
-De ese me voy a ocupar personalmente. -Espetó Artemisa.
*-x-*
Los ojos de Poseidón adquirieron un tinte de tristeza.
—Cuando regreses a casa, Percy, deberás tomar una decisión importante. Encontrarás un paquete esperándote en tu habitación.
—¿Un paquete?
*-x-*
El hijo del dios del mar sonrió al recordar el mencionado paquete.
*-x-*
—Lo entenderás cuando lo veas. Nadie puede elegir tu camino, Percy. Debes decidirlo tú.
Asentí, aunque no sabía a qué se refería.
—Tu madre es una reina entre las mujeres —declaró Poseidón con añoranza—. No he conocido una mortal como ella en mil años. Aun así… lamento que nacieras, niño. Te he deparado un destino de héroe, y el destino de los héroes nunca es feliz. Es trágico en todas las ocasiones.
*-x-*
Todos miraban a Lee como si esperasen algo.
-¿Qué pasa?
-¿No te molesta? -Quiso saber Hera. Ella solo lo preguntaba por molestar. En realidad no le importaba.
-En absoluto. Creo que Poseidón tiene razón.
Sally se ruborizó aún más.
*-x-*
Intenté no sentirme herido. Allí estaba mi propio padre, diciéndome que lamentaba que yo hubiese nacido.
*-x-*
-No me entiendas mal, es solo que tu vida no será fácil y eso es difícil de aceptar para un padre.
Percy le sonrió.
*-x-*
—No me importa, padre.
—Puede que aún no —dijo—. Aún no. Pero aquello fue un error imperdonable por mi parte.
*-x-*
Lee volvió a fulminarle con la mirada.
-Tienes la capacidad emocional de un ladrillo. -Espetó.
-Esa frase es de Harry Potter. -Dijo Hermes.
-Y me viene perfecta ahora mismo. -Apostilló el hijo de Apolo mirando a Poseidón.
*-x-*
—Os dejo, pues. —Hice una reverencia incómoda—. N-no os molestaré otra vez.
Me había alejado cinco pasos cuando me llamó.
—Perseus. —Me volví. Había un fulgor en sus ojos, una especie de orgullo fiero—. Lo has hecho muy bien, Perseus. No me malinterpretes. Hagas lo que hagas, debes saber que eres hijo mío. Eres un auténtico hijo del dios del mar.
*-x-*
Poseidón y su hijo se sonrieron.
*-x-*
Cuando regresé caminando por la ciudad de los dioses, las conversaciones se detuvieron. Las musas interrumpieron su concierto. Todos, personas, sátiros y náyades, se volvieron hacia mí con expresiones de respeto y gratitud, y cuando pasé junto a ellos se inclinaron como si yo fuera un héroe de verdad.
*-x-*
-Es que eres un héroe de verdad. -Dijo Thalia.
*-x-*
Quince minutos más tarde, aún en trance, ya estaba de vuelta en las calles de Manhattan.
Fui en taxi hasta el apartamento de mi madre, llamé al timbre y allí estaba: mi preciosa madre, con aroma a menta y regaliz, cuyo cansancio y preocupación desaparecieron de su rostro al verme.
*-x-*
Hestia sonrió.
*-x-*
—¡Percy! Oh, gracias al cielo. Oh, mi niño.
Me dio un fuerte abrazo y nos quedamos en el pasillo, mientras ella sollozaba y me acariciaba el pelo.
Lo admitiré: también yo tenía los ojos llorosos. Temblaba de emoción, tan aliviado me sentía.
*-x-*
Afrodita dio un chillido de emoción.
-¡Qué ternura!
*-x-*
Me dijo que sencillamente había aparecido en el apartamento aquella mañana y Gabe casi se había desmayado del susto. No recordaba nada desde el Minotauro, y no podía creerse lo que le había contado Gabe: que yo era un criminal buscado, que había viajado por todo el país y había estropeado monumentos nacionales de incalculable valor. Se había vuelto loca de preocupación todo el día porque no había oído las noticias.
*-x-*
-Así deberían ser todas las madres. -Comentó Hefesto.
Hera bufó.
*-x-*
Gabe la había obligado a ir a trabajar, puesto que tenía un sueldo que ganar.
*-x-*
Poseidón sujetaba su tridente con tanta fuerza que los nudillos se le habían puesto blancos.
Todos los semidioses tenían empuñadas sus armas.
*-x-*
Me tragué la ira y le conté mi historia. Intenté suavizarla para que pareciera menos horrible de lo que en realidad había sido, pero no era tarea fácil. Estaba a punto de llegar a la pelea con Ares cuando la voz de Gabe me interrumpió desde el salón.
—¡Eh, Sally! ¿Ese pastel de carne está listo o qué?
*-x-*
-Yo si que te voy a dar un pastel de carne. Pero envenenado.
Todos miraron a Hestia espantados.
*-x-*
Cerró los ojos.
—No va a alegrarse de verte, Percy. La tienda ha recibido hoy medio millón de llamadas desde Los Angeles… Algo sobre unos electrodomésticos gratis.
*-x-*
Hermes, Apolo y algunos semidioses rieron con fuerza.
*-x-*
—Ah, sí. Sobre eso…
Consiguió lanzarme una sonrisita.
—No lo enfades más, ¿vale? Venga, pasa.
Durante mi ausencia el apartamento se había convertido en Tierra de Gabe. La basura llegaba a los tobillos en la alfombra. El sofá había sido retapizado con latas de cerveza y de las pantallas de las lámparas colgaban calcetines sucios y ropa interior.
*-x-*
-Yo le haría recoger su basura con la boca. -Espetó Thalia.
*-x-*
Gabe y tres de sus amigotes jugaban al póquer en la mesa.
Cuando Gabe me vio, se le cayó el puro y la cara se le congestionó.
—¿Cómo… cómo tienes la desfachatez de aparecer aquí, pequeña sabandija? Creía que la policía…
*-x-*
-Deberías actualizarte vaca inservible. -Comentó Charles.
-Eso es un insulto para las pobres reses. -Apostilló Luke.
-Tienes razón.
*-x-*
—No es un fugitivo —intervino mi madre sonriendo—. ¿No es maravilloso, Gabe?
*-x-*
-Creo que a él no le pareció maravilloso. -Intervino Dara.
Su voz aguda le molestaba por eso apenas hablaba.
*-x-*
Nos miró boquiabierto. Estaba claro que mi vuelta a casa no le parecía tan maravillosa.
—Ya es bastante malo que tuviera que devolver el dinero de tu seguro de vida, Sally —gruñó—. Dame el teléfono. Voy a llamar a la policía.
*-x-*
-Me siento tan impotente aquí sentada sin poder convertir a ese hombre en el blanco de mis flechas… -Suspiró Artemisa.
*-x-*
—¡Gabe, no!
Él arqueó las cejas.
—¿Dices que no? ¿Crees que voy a aguantar a este monstruo en ciernes en mi casa? Aún puedo presentar cargos contra él por destrozarme el Cámaro.
*-x-*
-¡Tú eres el único monstruo en esa casa! -Bramó nico.
-Además, él no conducía el coche. -espetó Thalia.
-Le pediré a mi madre una buena venganza. -Intervino Ethan.
-Espero que no te pida el otro ojo a cambio. -Gruñó Percy.
*-x-*
—Pero…
Levantó la mano y mi madre se estremeció.
Entonces comprendí algo: Gabe había pegado a mi madre. No sabía cuándo ni cómo, pero estaba seguro de que lo había hecho. Quizá llevaba años haciéndolo sin que yo me enterase.
*-x-*
Un silencio sepulcral cayó en la sala.
Ares, ahora Dara, tenía ganas de clavarle sus cuchillos a ése.
Zeus casi había dejado caer su rayo.
Artemisa y Apolo tenían los arcos tensos.
Poseidón estaba quieto sin hacer nada. Tenía la mirada perdida.
Pasaron bastantes minutos para que todos se calmaran un poco, y Hades siguió leyendo.
*-x-*
La ira empezó a expandirse en mi pecho. Me acerqué a Gabe, sacando instintivamente mi bolígrafo del bolsillo.
Él se echó a reír.
—¿Qué, pringado? ¿Vas a escribirme encima? Si me tocas, irás a la cárcel para siempre, ¿te enteras?
*-x-*
-Solo de escuchar las palabras de ése me pongo enferma. -Protestó Artemisa.
*-x-*
—Vale ya, Gabe —lo interrumpió su colega Eddie—. Sólo es un crío.
Gabe lo fulminó con la mirada e imitó con voz de falsete:
—Sólo es un crío.
Sus otros colegas rieron como idiotas.
*-x-*
-Todos esos se merecen un castigo. -Comentó Poseidón muy serio mirando a Hades.
El dios del inframundo asintió.
*-x-*
—Está bien. Seré amable. —Gabe me enseñó unos dientes manchados de tabaco y añadió—: Tienes cinco minutos para recoger tus cosas y largarte. Si no, llamaré a la policía.
—¡Gabe, por favor! —suplicó mi madre.
—Prefirió huir de casa —repuso él—. Muy bien, pues que siga huido.
Me moría de ganas por destapar Anaklusmos, pero la hoja no hería a los humanos. Y Gabe, en la definición más pobre del término, era humano.
*-x-*
-Ése no llega ni a eso. -Dijo Dara.
*-x-*
Mi madre me agarró del brazo.
—Por favor, Percy. Vamos. Iremos a tu cuarto.
Permití que me apartara. Las manos aún me temblaban de ira.
Mi habitación estaba abarrotada de la basura de Gabe: baterías de coche estropeadas, trastos y chismes de toda índole, e incluso un ramo de flores medio podridas que alguien le había enviado tras ver su entrevista con Barbara Walters.
*-x-*
-Haré que se coma esas flores. -Murmuró Deméter. -O que las flores se lo coman a él.
*-x-*
—Gabe sólo está un poco disgustado, cariño —me dijo mi madre—. Hablaré con él más tarde. Estoy segura de que funcionará.
—Mamá, nunca funcionará. No mientras él siga aquí.
Ella se frotó las manos, nerviosa.
—Mira… te llevaré a mi trabajo el resto del verano. En otoño a lo mejor encontramos otro internado…
—Déjalo ya, mamá.
Bajó la mirada.
—Lo intento, Percy. Sólo… que necesito algo de tiempo.
De pronto apareció un paquete en mi cama. Por lo menos, habría jurado que un instante antes no estaba allí. Era una caja de cartón del tamaño de una pelota de baloncesto. La dirección estaba escrita con mi caligrafía:
Los Dioses
Monte Olimpo
Planta 600
Edificio Empire State
Nueva York, NY
Con mis mejores deseos, PERCY JACKSON
Encima, escrita con la letra clara de un hombre, leí la dirección de nuestro apartamento y las palabras:
«devolver AL remitente.»
*-x-*
Muchos sonrieron sádicamente.
*-x-*
De repente comprendí lo que Poseidón me había dicho en el Olimpo: un paquete y una decisión. «Hagas lo que hagas, debes saber que eres hijo mío. Eres un auténtico hijo del dios del mar.»
Miré a mi madre.
—Mamá, ¿quieres que desaparezca Gabe?
*-x-*
-¡Síiiiiiiiiii! -Gritaron todos.
*-x-*
—Percy, no es tan fácil. Yo…
—Mamá, contesta. Ese cretino te ha pegado. ¿Quieres que desaparezca o no?
Vaciló, y después asintió levemente.
*-x-*
Cerbero ladró algo que hizo sonreír a Grover y a los dioses.
-Ha dicho que él se comería a ése humano con gusto, pero que a lo mejor le daba una indigestión y no quiere arriesgarse. -Tradujo Apolo.
Muchos rieron y felicitaron al perro.
*-x-*
—Sí, Percy. Quiero, e intento reunir todo mi valor para decírselo. Pero eso no puedes hacerlo tú por mí. No puedes resolver mis problemas.
Miré la caja.
Sí podía resolverlos. Si la llevaba a la mesa de póquer y sacaba su contenido, podría empezar mi propio jardín de estatuas justo allí, en el salón. Eso es lo que un héroe griego habría hecho, pensé. Era lo que Gabe se merecía. Pero la historia de un héroe siempre acaba en tragedia, como había dicho Poseidón.
*-x-*
-Sería el jardín de estatuas más feo del mundo. -Comentó Perséfone.
*-x-*
Recordé el inframundo. Pensé en el espíritu de Gabe vagando eternamente en los Campos de Asfódelos, o condenado a alguna tortura terrible tras la alambrada de espino de los Campos de Castigo: una partida de póquer eterna, sumergido hasta la cintura en aceite hirviendo y escuchando ópera.
*-x-*
Nico carraspeó incómodo.
Todos le miraron.
-¿Qué pasa? -Quiso saber Percy.
-Ese es justamente el castigo que le ha dado mi padre.
Todos lo celebraron incluso Hera.
*-x-*
¿Tenía yo derecho a enviar a alguien allí, incluso tratándose de alguien tan despreciable como Gabe?
Un mes antes no lo habría dudado. Ahora…
—Puedo hacerlo —le dije a mi madre—. Una miradita dentro de esta caja y no volverá a molestarte.
*-x-*
-Se quedará de piedra. -Rió Tommy.
-Literalmente. -Secundó Luke.
*-x-*
Mi madre miró el paquete y lo comprendió.
—No, Percy —dijo apartándose—. No puedes.
—Poseidón te llamó reina —le dije—. Me contó que no había conocido a una mujer como tú en mil años.
*-x-*
Zeus le dio la razón a su hermano. pero no lo diría en voz alta.
*-x-*
—Percy… —musitó ruborizándose.
—Mereces algo mejor que esto, mamá. Deberías ir a la universidad, obtener tu título. Podrías escribir tu novela, conocer a un buen hombre, vivir en una casa bonita. Ya no tienes que protegerme quedándote con Gabe. Deja que me deshaga de él.
Se secó una lágrima de la mejilla.
—Hablas igual que tu padre —dijo—. Una vez me ofreció detener la marea y construirme un palacio en el fondo del mar. Creía que podía resolver mis problemas con un simple ademán.
*-x-*
-¿Y qué hay de malo en eso? -Quiso saber Poseidón.
*-x-*
—¿Y qué hay de malo en eso?
*-x-*
Padre e hijo se miraron y se echaron a reír.
*-x-*
Sus ojos multicolores parecieron indagar en mi interior.
—Creo que lo sabes, Percy. Te pareces lo bastante a mí para entenderlo. Si mi vida tiene que significar algo, debo vivirla por mí misma. No puedo dejar que un dios o mi hijo se ocupen de mí… Tengo que encontrar yo sola el sentido de mi existencia. Tu misión me lo ha recordado.
*-x-*
-Esa es una buena reflexión. -Dijo Hestia.
*-x-*
Oímos el sonido de las fichas de póquer e improperios, y el canal deportivo ESPN en el televisor del salón.
—Dejaré la caja aquí —dije—. Si él te amenaza…
Ella asintió con aire triste.
—¿Adonde piensas ir, Percy?
—A la colina Mestiza.
—¿Para verano… o para siempre?
—Supongo que eso depende.
Nos miramos y tuve la sensación de que habíamos alcanzado un acuerdo. Ya veríamos cómo estaban las cosas al final del verano.
Me besó en la frente.
—Serás un héroe, Percy. El mayor héroe de todos.
*-x-*
Percy se puso colorado.
*-x-*
Volví a mirar mi habitación e intuí que ya no volvería a verla. Después fui con mi madre hasta la puerta principal.
—¿Te marchas tan pronto, pringado? —me gritó Gabe por detrás—. ¡Hasta nunca!
*-x-*
-¡Hey basura humana! ¡Solo yo puedo llamar pringado a Prissi! -Gritó Clarisse.
Percy sonrió.
*-x-*
Tuve un último momento de duda. ¿Cómo podía desperdiciar la oportunidad de darle su merecido a aquel bruto? Me iba sin salvar a mi madre.
—¡Sally! —gritó él—. ¿Qué pasa con ese pastel de carne?
Una mirada de ira refulgió en los ojos de mi madre y pensé que, después de todo, quizá sí estaba dejándola en buenas manos. Las suyas propias.
*-x-*
Artemisa no pudo evitar dedicarle una sonrisa al hijo de su tío.
*-x-*
—El pastel de carne llega en un minuto, cariño —le contestó—. Pastel de carne con sorpresa.
Me miró y me guiñó un ojo.
*-x-*
Los mestizos soltaron risitas.
-Gabe la estatua más horrenda del mundo. Tiene que valer bastante. No cualquiera se atrevería a esculpir algo tan horrible. -Comentó Lee.
Sally rió.
*-x-*
Lo último que vi cuando la puerta se cerraba fue a mi madre observando a Gabe, como si evaluara qué tal quedaría como estatua de jardín.
*-x-*
-Espantoso. -declaró Afrodita.
-Estaría mejor siendo el blanco de tiro de mis cazadoras.
-En esta ocasión, estoy de acuerdo con mi hermanita.
-Ya ha acabado el capítulo. -Dijo Hades.
-Yo leeré el siguiente. -Intervino Michael.
El dios le lanzó el libro y el hijo de Apolo lo abrió.
*-x-*
Nota:
Me pedíais mucho a Nico, así que aquí está.
Jooo. Escribiendo sobre cazadores de sombras, me han dado ganas de traer a Jace y Alec.
