Disclaimer: Los personajes y el libro son de Rick Riordan.

Blake y Tommy son míos al igual que las intervenciones.

*-x-*

Michael iba a empezar a leer pero fue interrumpido por un jadeo de dolor.

-¿Te encuentras bien Dara? -Preguntó Poseidón con falsa preocupación.

-¿Qué cojones me has hecho?

-¿De qué me estás hablando?

-¡No me toques los huevos tío P! ¡Tú sabes de lo que estoy hablando!

-Pero si no tienes huevos. -Intervino Hermes.

-¡Tú cállate joder!

-¿Poseidón qué has hecho?

La mirada de Lee era severa y el dios del mar tuvo que contestarle. Intimidaba bastante allí de pie con las manos en las caderas.

-Resulta que a parte de haberle transformado en mujer, he hecho lo mismo que Afrodita le hizo a Percy.

-¿Dolores menstruales? -Cuestionó Apolo.

-Sí.

Ares se llevó las manos al vientre y gritó.

Entonces sintió que algo le manchaba el vestido que llevaba puesto.

-¡Estoy lactando! ¡Creo que estoy lactando!

Se bajó los tirantes del vestido y se sacó un pecho.

-¡Por todas las armas! ¡Estoy lactando!

-Una pregunta: ¿Por qué el dios de la guerra se está hinchando?

-¡No digas tonterías niño de Afrodita! ¡No me estoy hinchando!

-Es como si tuviera un embarazo acelerado. -Comentó Apolo.

Poseidón sonrió con falsa inocencia.

-Sobrinito prepárate para atender un parto.

-¿Estás hablando en serio tío P?

-Te jactabas tanto de ser un hombre y de creerte superior a las mujeres, que he decidido que sientas lo que sienten ellas.

Lee Fletcher le lanzó una mirada asesina.

-Te has pasado.

-¿Puedo librarme de que te enfades conmigo si te digo que ha sido idea de Artemisa?

-Solo si es verdad lo que dices. Si me estás mintiendo, no me acercaré a ti durante lo que quede de libro y todo el siguiente.

La diosa de la caza no iba a ayudar a su tío, pero decidió decirle la verdad al hijo de Apolo.

Ella era una diosa que despreciaba a los hombres y todo lo que queráis, pero ¿Quién en su sano juicio se resiste a los ojos de foquita bebé que ponía el dios del mar? Ni siquiera ella era tan desalmada.

-Ha sido idea mía.

Mientras tanto, Ares soportaba el dolor como podía. En sus miles de años de existencia, había padecido de varios dolores producto de sus luchas, pero nada se comparaba a lo que estaba sintiendo en ese mismo instante.

-Creo que habéis exagerado bastante con estos dolores. Dudo que alguien pueda soportarlos. Y menos una mortal.

-Pues eso no es nada. -Comentó Artemisa. -Hay dolores de parto peores.

-Dime que me estás vacilando.

-En absoluto.

-¿Cada cuánto tiempo te vienen las contracciones? -Quiso saber Apolo.

-¿Cada tres minutos.

El dios del sol hizo aparecer una camilla e hizo que Dara se recostase allí.

-¡Sacadme esto ya! ¿Por qué siento como si algo se moviera dentro de mí?

-Porque vas a tener un bebé. -Contestó Artemisa.

-¿Qué? ¿Y qué voy a hacer yo con un mocoso?

-Cuidarlo. -Respondió Hestia.

-¡Pero si yo no tengo ni idea de como hacer eso!

A partir de ahí, todo fueron gritos, maldiciones e intentos fallidos por calmar al dios de la guerra.

-(Menos mal que padre le retiró todas las armas que si no…) -Pensó Hermes mirando como Hefesto tuvo que encadenar a la dulce Dara a la camilla por su seguridad.

-Vamos, empuja, ya veo la cabeza.

Habían pasado tres largas horas que a Ares se le hicieron eternas.

-(Y el parto de las mortales podía durar muchísimo más.) -Reflexionó.

Con un fuerte grito, Dara terminó de parir.

Un gimoteo infantil se escuchó segundos más tarde.

-¿Quieres cogerlo? -Preguntó el dios del sol.

-¡Aparta esa cosa de mí!

Ares vio la carita colorada del bebé y sintió un nudo en el estómago.

-Trae eso aquí. -Dijo unos instantes después.

Cuando Dara lo cogió, sintió una calidez que nunca había sentido. Y también sintió la necesidad de proteger a ese bebé.

Mientras le daba el pecho, el dios se iba recuperando de aquella horrible experiencia y minutos después estaba de vuelta en su trono con el mocoso en brazos ya dormido.

-¿Cómo le vas a llamar? -Quiso saber Hestia.

-¿Se va a quedar? Yo creía que solo tendría que cuidarlo mientras fuese mujer.

-Lo que acabas de decir es sumamente horrible. -Dijo la diosa del hogar. -Si tu no lo quieres, yo me haré cargo de él.

-Creo que te dejaré cogerlo alguna vez. Pero no te emociones. El mocoso es mío.

-¿Puedo cogerlo? -Preguntó Afrodita.

-No. Es mi mocoso.

-¿Pero cómo le vas a llamar? -Inquirió Hermes.

-Mocoso.

Ese no es un nombre apropiado para un bebé. -Protestó Deméter.

-Cuando se me ocurra el nombre adecuado os lo diré. No he tenido tiempo para pensarlo.

-En ese caso, empieza a leer chico.

Michael obedeció a Zeus.

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Capítulo 22. La profecía se cumple

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Los semidioses miraron a Luke.

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Habíamos sido los primeros héroes en regresar vivos a la colina Mestiza desde Luke, así que todo el mundo nos trataba como si hubiéramos ganado algún reality show.

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-Es que nos alegrábamos de que os hubiese ido bien en la misión. -Se justificó Lee el cual aún seguía al lado de Nico ignorando los pucheros que hacía el dios del mar.

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Según la tradición del campamento, nos ceñimos coronas de laurel en el gran festival organizado en nuestro honor, y después dirigimos una procesión hasta la hoguera, donde debíamos quemar los sudarios que nuestras cabañas habían confeccionado en nuestra ausencia.

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-¿Quién hizo el tuyo? -Quiso saber Poseidón.

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La mortaja de Malcolm era tan bonita —seda gris con lechuzas de plata bordadas—, que le comenté que era una pena no enterrarle con ella.

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Todos miraron a Percy con mucho asombro.

-¿Es así cómo se liga ahora? -Quiso saber Apolo.

-Solo es Percy siendo Percy. -Contestó Thalia.

-Vaya manera de alagar a alguien. -Protestó Afrodita.

El hijo del dios del mar estaba muy sonrojado.

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Me dio un puñetazo y me dijo que cerrara el pico.

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-Yo le hubiera roto los dientes. -Comentó Clarisse.

-¿Así le muestras tu afecto al hijo de Hermes? -Quiso saber Apolo.

-Por supuesto.

-Creo que Chris tiene más huevos que todos nosotros juntos. Porque es muy impresionante, valiente, y arriesgado salir con un hijo de Ares. Pero salir con Clarisse… Eso sí que tiene mérito. -Comentó Percy.

-¡Esa lengua niño impertinente! Hay menores presentes. -Espetó Dara.

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Como era hijo de Poseidón, no había nadie en mi cabaña, así que la de Ares se había ofrecido voluntaria para hacer la mía. A una sábana vieja le habían pintado una cenefa con caras sonrientes con los ojos en cruz, y la palabra PRINGADO bien grande en medio.

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Ares no pudo evitar reírse.

-muy madura la Rue. -Comentó Thalia.

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Moló quemarla.

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-Opino lo mismo. -Gruñó Poseidón fulminando a la hija de su sobrino con la mirada.

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Mientras la cabaña de Apolo dirigía el coro y nos pasábamos sándwiches de galleta, malvaviscos y chocolate.

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A Quirón se le hizo la boca agua.

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Me senté rodeado de mis antiguos compañeros de la cabaña de Hermes, los amigos de Malcolm de la cabaña de Atenea y los colegas sátiros de Grover, que estaban admirando la recién expedida licencia de buscador que le había concedido el Consejo de los Sabios Ungulados.

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-Sigo pensando que son unas cabras gordas, viejas y estúpidas. -Refunfuñó Percy.

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El consejo había definido la actuación de Grover en la misión como: «Valiente hasta la indigestión. Nada que hayamos visto hasta ahora le llega a la base de las pezuñas.»

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-¿Qué clase de sátiro se mete en lugares bajo tierra? -preguntó Dioniso con un bufido.

-G man. -Contestó Percy.

-El niño cabra. -Secundó Castor.

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Los únicos que no tenían ganas de fiesta eran Clarisse y sus colegas de cabaña, cuyas miradas envenenadas me indicaban que jamás me perdonarían por haber avergonzado a su padre.

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La mencionada gruñó muy disgustada.

Le lanzó una lata al hijo de Poseidón, pero Grover la interceptó de un mordisco y se la tragó.

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Por mí, bien. Ni siquiera el discurso de bienvenida de Dioniso iba a amargarme el ánimo.

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Poseidón miró al dios del vino.

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—Sí, sí, vale, así que el mocoso no ha acabado matándose, y ahora se lo tendrá aún más creído. Bien, pues hurra. Más anuncios: este sábado no habrá regatas de canoas…

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-Demasiada amabilidad acabará conmigo. -Se quejó el señor D.

Los mestizos le miraron incrédulos.

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Regresé a la cabaña 3, pero ya no me sentía tan solo. Tenía amigos con los que entrenar por el día.

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-Nosotros entrenaríamos contigo, pero prefiero no arriesgarme a dejarte un arco nunca más. -Comentó Lee.

El hijo del dios de los mares se puso colorado.

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De noche, me quedaba despierto y escuchaba el mar, consciente de que mi padre estaba ahí fuera. A lo mejor aún no estaba muy seguro de mí, o de verdad prefería que no hubiese nacido, pero vigilaba. Y hasta el momento, se sentía orgulloso de lo que había hecho.

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-Siempre. -Dijo el dios del mar.

Percy le sonrió.

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Y en cuanto a mi madre, tenía la ocasión de empezar una nueva vida. Recibí la carta una semana después de mi llegada al campamento.

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Todos se sentaron más rectos y prestaron mucha atención.

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Me contaba que Gabe había desaparecido misteriosamente; de hecho, que había desaparecido de la faz de la tierra. Lo había denunciado a la policía, pero tenía el extraño presentimiento de que jamás lo encontrarían.

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Todos tenían sonrisas crueles. Incluso Blake y Cerbero enseñaban los dientes.

*-x-*

En otro orden de cosas, mamá acababa de vender su primera escultura de hormigón tamaño natural, titulada El jugador de póquer, a un coleccionista a través de una galería de arte del Soho.

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-La gente puede llegar a tener gustos espantosos. -Se quejó Michael.

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Había obtenido tanto dinero que había pagado la fianza para un piso nuevo y la matrícula del primer semestre en la Universidad de Nueva York. La galería del Soho le había pedido más esculturas, que definían como «un gran paso hacia el neorrealismo superfeo».

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-Demasiado feo. -Dijo Percy.

-Más que feo. -Secundó Sally.

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«Pero no te preocupes —añadía mi madre—. La escultura se ha acabado. Me he deshecho de aquella caja de herramientas que me dejaste. Ya es hora de que vuelva a escribir… —Al final incluía una posdata—: Percy, he encontrado una buena escuela privada en la ciudad. He dejado un depósito, por si quieres matricularte en séptimo curso. Podrías vivir en casa. Pero si prefieres quedarte interno en la colina Mestiza, lo entenderé.»

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-Eres la mejor madre del mundo.

Sally le sonrió a su hijo con mucho cariño.

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Doblé la carta con cuidado y la dejé en mi mesita de noche. Todas las noches antes de dormirme, volvía a leerla e intentaba decidir cómo responderle.

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Hestia sonreía con calidez.

Dara mecía a su bebé que se empezaba a remover inquieto.

*-x-*

El 4 de julio, todo el campamento se reunió junto a la playa para asistir a unos fuegos artificiales organizados por la cabaña 9. Dado que eran los hijos de Hefesto, no se conformarían con unas cutres explosioncitas rojas, blancas y azules.

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-Me ofende que pienses eso. -Gruñó Charles.

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Habían anclado una barcaza lejos de la orilla y la habían cargado con cohetes tamaño misil. Según Malcolm, que había visto antes el espectáculo, los disparos eran tan seguidos que parecerían fotogramas de una animación. Al final aparecería una pareja de guerreros espartanos de treinta metros de altura que cobrarían vida encima del mar, lucharían y estallarían en mil colores.

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-Me encanta ver los fuegos artificiales del campamento. -Dijo Tommy.

-A mí me gustaría poder verlos algún día. -Intervino Frederic.

*-x-*

Mientras Malcolm y yo extendíamos la manta de picnic, apareció Grover para despedirse. Vestía sus vaqueros habituales, una camiseta y zapatillas, pero en las últimas semanas tenía aspecto de mayor, casi como si fuera al instituto. La perilla de chivo se le había vuelto más espesa. Había ganado peso y los cuernos le habían crecido tres centímetros, así que ahora tenía que llevar la gorra rasta todo el tiempo para pasar por humano.

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-Nuestro cabritillo se hace mayor. -Se lamentó Castor.

-Niño cabra, nuestro pequeño niño cabra pronto abandonará el redil. -Dramatizó Pólux.

Grover les miró mal.

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—Me voy —dijo—. Sólo he venido para decir… Bueno, ya sabéis.

Intenté alegrarme por él. Al fin y al cabo, no todos los días un sátiro era autorizado a partir en busca del gran dios Pan. Pero costaba decir adiós. Sólo conocía a Grover desde hacía un año, pero era mi amigo más antiguo.

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-Yo también te quiero niño pez.

-Eres una mala cabra. -Se quejó Percy.

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Malcolm le dio un abrazo y le recordó que no se quitara los pies falsos.

Yo le pregunté dónde buscaría primero.

—Es… ya sabes, un secreto —me contestó—. Ojalá pudierais venir conmigo, chicos, pero los humanos y Pan…

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-La pequeña cabra nos deja. -Dijo Thalia.

-Buscará sus propias caprinas aventuras. -secundó Malcolm.

-Estáis pesaditos.

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—Lo entendemos —le aseguró Malcolm—. ¿Llevas suficientes latas para el camino?

—Sí.

—¿Y te acuerdas de las melodías para la flauta?

—Jo, Malcolm —protestó—. Pareces tan controladora como mamá cabra.

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-mamá cabra estará triste porque su hombrecito cabra se marcha. -Intervino Castor.

-¡Te voy a dar una patada caprina como no te calles!

-Su primera revelión adolescente. Creo que voy a llorar. -Dijo Pólux con la cara en el hombro de su hermano.

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Agarró su cayado y se colgó una mochila del hombro. Tenía el aspecto de cualquier autoestopista de los que se ven por las carreteras: no quedaba nada del pequeño sietemesino al que yo defendía de los matones en la academia Yancy.

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-Ahora es un niño burro hecho y derecho. -Rió Thalia.

-¡No me llames burro!

La teniente de Artemisa rió con fuerza.

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—Bueno —dijo—, deseadme suerte.

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-¡Suerte niño cabra! -Gritaron todos los mestizos.

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Abrazó otra vez a Malcolm. Me dio una palmada en el hombro y se alejó entre las dunas.

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-¡Percalcolm están solos! ¿Qué harán? -Se emocionó Afrodita.

-¡Teníamos doce años! -Gritó el hijo de Atenea.

-Conozco gente que ha perdido la virginidad a esa edad. -Dijo la diosa.

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Los fuegos artificiales surgieron entre explosiones en el cielo: Hércules matando al león de Nemea, Artemisa tras el jabalí, George Washington (que, por cierto, era hijo de Atenea) cruzando el río Delaware.

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Los semidioses sonrieron.

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—¡Eh, Grover! —le grité. Se volvió en la linde del bosque—. Dondequiera que vayas, espero que hagan buenas enchiladas.

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-Tú si eres un buen amigo. -Le dijo el niño cabra al hijo de Poseidón.

-¡Grovercy! ¡Voy a shippearlos a partir de ahora!

Los amigos miraron a la diosa del amor horrorizados.

-Tengo novia, se llama Enebro.

Afrodita le ignoró.

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El sonrió y al punto desapareció entre los árboles.

—Volveremos a verlo —dijo Malcolm.

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-Fue algo traumático verle de nuevo. -rió Percy.

Los dioses le miraron en busca de respuestas que el semidiós no dio.

-En el segundo libro lo sabréis. -Aclaró Malcolm.

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Intenté creerlo. El hecho de que ningún buscador hubiera regresado antes tras dos mil años… En fin, decidí que prefería no pensar en aquello. Grover sería el primero. Sí, tenía que serlo.

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-¡Si es que son adorables juntos! ¡Viva el Grovercy!

-Vas a despertar al mocoso. -Gruñó Dara.

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Transcurrió julio.

Pasé los días concibiendo nuevas estrategias para capturar la bandera y haciendo alianzas con las otras cabañas para mantener las zarpas de la cabaña de Ares lejos del estandarte.

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-¡Arercy! ¡También los shippeo! Claramente vuestras peleas son producto de la tensión sexual reprimida.

-Desvarías mujer.

-He decidido shippear a Percy con todo el mundo. Y si son masculinos mucho mejor. ¡Soy fan del yaoi!

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Conseguí subir por primera vez el rocódromo sin que me quemara la lava.

De vez en cuando pasaba junto a la Casa Grande, miraba las ventanas del desván y pensaba en el Oráculo. Intentaba convencerme de que su profecía se había cumplido.

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-Falta el amigo que te traicionará. -Dijo Poseidón.

Los semidioses miraron a Luke.

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«Irás al oeste, donde te enfrentarás al dios que se ha rebelado.» Había estado allí, y lo había hecho: aunque el dios traidor había resultado Ares en vez de Hades.

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-¡También shippeo Hadercy!

-Esto es muy embarazoso. -Gimoteó el hijo del dios del mar.

Hades le lanzó una mirada asesina a la diosa del amor, la cual le ignoró por completo.

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«Encontrarás lo robado y lo devolverás.» Hecho. Marchando una de rayo maestro.

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-Astrapí, mi querido rayo. -Susurró Zeus. Pero todo el mundo le escuchó.

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Marchando otra de yelmo de oscuridad para la cabeza grasienta de Hades.

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-¡Perseus Jackson!

El chico sonrió con inocencia.

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«Serás traicionado por quien se dice tu amigo.» Este vaticinio seguía preocupándome. Ares había fingido ser mi amigo y después me había traicionado. Eso debía de ser lo que quería decir el Oráculo…

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Nico bufó.

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«Al final, no conseguirás salvar lo más importante.» Había fracasado en salvar a mi madre, pero sólo porque había dejado que se salvara ella misma, y sabía que eso era lo correcto. Así pues, ¿por qué seguía intranquilo?

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Luke se removió incómodo ante todas las miradas acusadoras que estaba recibiendo.

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La última noche del curso estival llegó demasiado rápido.

Los campistas cenamos juntos por última vez. Quemamos parte de nuestra cena para los dioses. Junto a la hoguera, los consejeros mayores concedían las cuentas de «fin de verano».

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Percy se frotó el brazo en el que tenía el tatuaje del campamento Júpiter.

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Yo obtuve mi propio collar de cuero, y cuando vi la cuenta de mi primer verano, me alegré de que el resplandor del fuego enmascarara mi sonrojo. Era completamente negra, con un tridente verde mar brillando en el centro.

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Poseidón sonrió con arrogancia.

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—La elección fue unánime —anunció Luke—. Esta cuenta conmemora al primer hijo del dios del mar en este campamento, ¡y la misión que llevó a cabo hasta la parte más oscura del inframundo para evitar una guerra!

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Todos los semidioses aplaudieron haciendo que Percy se ruborizase.

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El campamento entero se puso en pie y me vitoreó. Incluso la cabaña de Ares se vio obligada a levantarse.

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-Nunca desaprovechamos la oportunidad de armar jaleo. -Comentó Clarisse.

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La cabaña de Atenea empujó a Malcolm hacia delante para que compartiese el aplauso.

No estoy seguro de que vuelva a sentirme tan contento o triste como en aquel momento. Por fin había encontrado una familia, gente que se preocupaba por mí y que pensaba que había hecho algo bien.

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Muchos le sonrieron al hijo del dios del mar.

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Pero, por la mañana, la mayoría se marcharía a pasar el año fuera.

A la mañana siguiente encontré una carta formal en mi mesilla de noche.

Sabía que la había escrito Dioniso, porque se empeñaba en escribir mi nombre mal:

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-A ver qué escribe este idiota. -Refunfuñó Poseidón.

-Se nota que no tienes al rubito encima. Estás más susceptible. -Rió el dios de las fiestas.

-¡Ya verás lo susceptible que puedo llegar a ser!

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Apreciado Peter Johnson:

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-Pero si lo he dicho bien. -Comentó Dioniso fingiendo confusión.

-¡Es Percy Jackson! -Espetó Lee.

-Lo que he dicho. Peter Johnson.

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Si tienes intención de quedarte en el Campamento Mestizo todo el año, debes notificarlo a la Casa Grande antes del mediodía de hoy. Si no anuncias tus intenciones, asumiremos que has dejado libre la cabaña o has muerto víctima de un final horrible.

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-Sciocco… -murmuró Nico.

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Las arpías de la limpieza empezarán a trabajar al atardecer. Tienen permiso para comerse a cualquier campista no autorizado. Todos los artículos personales que olvidéis serán incinerados en el foso de lava.

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-¡A ti si que te voy a incinerar! -Espetó Hefesto.

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¡Que tengas un buen día!

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-Sí, fantástico. -Ironizó Ethan.

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Sr. D (Dioniso)

Director del Campamento. N.° 12 del Consejo Olímpico

Ese es otro de los problemas del THDA. Las fechas límite no son reales para mí hasta que las tengo encima. El verano había terminado y yo seguía sin informar a mi madre, o al campamento, sobre si me quedaría o no. Y ahora sólo tenía unas horas para decidirlo.

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-Eres como los españoles en Navidad. Siempre dejan las compras para el último momento. -Dijo Lee.

-¿Y cómo sabes eso de los españoles? -Preguntó Poseidón.

-Tengo familiares en Madrid.

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La decisión debería haber sido fácil. Quiero decir que se trataba de escoger entre nueve meses entrenando para ser un héroe o nueve meses sentado en una clase…

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-Prefiero el campamento. -Comentó Chris.

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En fin.

Supongo que debía tener en cuenta a mi madre. Por primera vez tenía la oportunidad de vivir con ella un año sin la molesta presencia de Gabe.

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-Es una decisión difícil. -Concordó Thalia.

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Podría sentirme cómodo en casa y pasear por la ciudad en mi tiempo libre. Recordaba las palabras de Malcolm durante nuestra misión: «Los monstruos están en el mundo real. Ahí es donde descubres si sirves para algo o no.»

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-Lanzarse a luchar con los monstruos porque sí, es una gilipollez. -Dijo Castor.

-Son ganas de querer morir a lo tonto. -secundó Pólux.

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Pensé en el destino de Thalia, hija de Zeus.

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-Todos sabemos quien es Thalia. No hace falta que repitas que es hija de Zeus. -Apostilló Nico.

Percy bufó.

-¿Un nuevo shipp! ¡Percico!

-¿Qué? ¿Estás de coña? ¿Percy y yo?

-¡Sí! ¡me encanta emparejar gente!

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Me preguntaba cuántos monstruos me atacarían si abandonaba la colina Mestiza. Si me quedaba en casa todo el año académico, sin Quirón o mis otros amigos para ayudarme, ¿llegaríamos mi madre y yo vivos al siguiente verano? Eso suponiendo que los exámenes de deletrear y las redacciones de cinco párrafos no acabaran conmigo.

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-Odio ese tipo de exámenes. -Gimoteó Chris.

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Decidí bajar al estadio y practicar un poco con la espada. Quizá eso me aclararía las ideas.

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-Buena idea Pringado.

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Las instalaciones del campamento, casi desiertas, refulgían al calor de agosto. Los campistas estaban en sus cabañas recogiendo, o de aquí para allá con escobas y mopas, preparándose para la inspección final.

Argos ayudaba a algunas chicas de Afrodita con sus maletas de Gucci y juegos de maquillaje colina arriba, donde el miniautobús del campamento esperaba para llevarlas al aeropuerto.

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Afrodita sonrió pero los semidioses bufaron.

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«Aún no pienses en marcharte —me dije—. Sólo entrena.»

Me acerqué al estadio de los luchadores de espada y descubrí que Luke había tenido la misma idea.

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-¡Lukercy!

-¿Vas a hacer eso cada vez que Percy se encuentre o hable con cualquier persona? -Refunfuñó Hera.

-Claro que sí. -Contestó la diosa del amor.

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Su bolsa de deporte estaba al borde de la tarima. Trabajaba solo, entrenando contra maniquíes con una espada que nunca le había visto. Debía de ser de acero normal, porque estaba rebanándoles las cabezas a los maniquíes, abriéndoles las tripas de paja.

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Los dioses y Quirón le miraron de manera reprobadora.

Ares sonrió por el destino de los muñecos.

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Tenía la camiseta naranja de consejero empapada de sudor.

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-Me lo imagino con la camiseta empapada haciendo que se le pegue a ese musculoso cuerpo… -Dijo Afrodita relamiéndose.

Percy miró a Luke y se sonrojó. Estaba teniendo precisamente esos pensamientos.

Poseidón sonrió y bañó al semidiós con una gran ola.

Algunos mestizos y dioses le miraban con lujuria.

Más tarde, Hermes le secó.

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Su expresión era tan intensa que su vida bien habría podido estar en peligro. Lo observé mientras destripaba la fila entera de maniquíes, les cercenaba las extremidades y los reducía a una pila de paja y armazón.

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Ares rió por lo bajo mientras amamantaba otra vez a su bebé.

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Sólo eran maniquíes, pero aun así no pude evitar quedar fascinado con la habilidad de Luke.

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-(Y con su musculoso cuerpo.) -Pensó el hijo del dios del mar.

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El tío era un guerrero increíble. Una vez más me pregunté cómo podía haber fallado en su misión.

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Castellan apretó los dientes y gruñó.

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Al final me vio y se detuvo a medio lance.

—Percy.

—Oh… perdona. Yo sólo…

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-Solo te estabas deleitando con su imagen. -Comentó Afrodita.

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—No pasa nada —dijo bajando la espada—. Sólo estoy haciendo unas prácticas de última hora.

—Esos maniquíes ya no molestarán a nadie más.

Luke se encogió de hombros.

—Los reponemos cada verano.

Entonces vi en su espada algo que me resultó extraño. La hoja estaba confeccionada con dos tipos de metal: bronce y acero. Luke se dio cuenta de que estaba mirándola.

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Hefesto miró al hijo de Hermes con suspicacia.

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—¿Ah, esto? Un nuevo juguete. Esta es Backbiter.

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-Un nombre curioso. -Dijo May.

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—Vaya.

Luke giró la hoja a la luz de modo que brillara.

—Bronce celestial y acero templado —explicó—. Funciona tanto en mortales como en inmortales.

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-¿Para qué querrías que funcionara con mortales? -Quiso saber Deméter.

-No lo sé. Ni siquiera tengo esa espada.

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Pensé en lo que Quirón me había dicho al empezar mi misión: que un héroe jamás debía dañar a los mortales a menos que fuera absolutamente necesario.

—No sabía que se podían hacer armas como ésa.

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-No deberían hacerse. -Gruñó Charles.

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—Probablemente no se puede —coincidió Luke—. Es única. —Me dedicó una sonrisita y envainó la espada—. Oye, iba a buscarte. ¿Qué dices de una última incursión en el bosque, a ver si encontramos algo para luchar?

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Poseidón miró al joven con sospecha.

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No sé por qué vacilé. Debería haberme alegrado que Luke se mostrara tan amable. Desde mi regreso se había comportado de forma algo distante. Temía que me guardara rencor por la atención que estaba recibiendo.

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Castellan iba a decir algo, pero decidió no hacerlo.

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—¿Crees que es buena idea? —repuse—. Quiero decir…

—Oh, vamos. —Rebuscó en su bolsa de deporte y sacó un pack de seis latas de Coca-Cola—. Las bebidas corren de mi cuenta.

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-¿Una latita? -preguntó Clarisse.

Todos negaron pero ella les lanzó latas vacías a todos.

Grover sonreía como un niño en navidad.

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Miré las Coca-Colas, preguntándome de dónde demonios las habría sacado.

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-Secretos de los hijos de Hermes. -Dijo Chris.

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No había refrescos mortales normales en la tienda del campamento, y tampoco era posible meterlos de contrabando, salvo quizá con la ayuda de un sátiro.

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-Un hijo mío tiene sus métodos.

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Por supuesto, las copas mágicas de la cena se llenaban de lo que querías, pero no sabía exactamente igual que la Coca-Cola.

Azúcar y cafeína. Mi fuerza de voluntad se desplomó.

—Claro —decidí—. ¿Por qué no?

Bajamos hasta el bosque y dimos una buena caminata buscando algún monstruo, pero hacía demasiado calor. Todos los monstruos con algo de seso estarían haciendo la siesta en sus fresquitas cuevas.

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-Dudo que haya muchos monstruos con sentido común. -Resopló Clarisse.

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Encontramos un lugar en sombra junto al arroyo donde le había roto la lanza a Clarisse durante mi primera partida de capturar la bandera. Nos sentamos en una roca grande, bebimos las Coca-Colas y observamos el paisaje.

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-¡Es una cita! ¡Lukercy es real! -Chilló Afrodita.

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Al cabo de un rato, Luke preguntó:

—¿Echas de menos ir de misión?

—¿Con monstruos atacándome a cada paso? ¿Estás de broma?—Luke arqueó una ceja—. Vale, lo echo de menos —admití—. ¿Y tú?

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-No puedes mentir a un hijo del dios del engaño. -Se jactó Hermes.

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Su rostro se ensombreció.

Estaba acostumbrado a oír decir a las chicas lo guapo que era Luke, pero en aquel instante parecía cansado, enfadado y nada atractivo.

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-Gracias hombre.

Percy se sonrojó.

*-x-*

Su pelo rubio se veía gris a la luz del sol. La cicatriz de su rostro parecía más profunda de lo normal. Fui capaz de imaginarlo de viejo.

*-x-*

-No llegó ni a los veinticinco. -Murmuró Nico en voz muy baja.

*-x-*

—Llevo viviendo en la colina Mestiza desde que tenía catorce años —dijo—. Desde que Thalia… Bueno, ya sabes… He entrenado y entrenado y entrenado. Jamás conseguí ser un adolescente normal en el mundo real. Después me asignaron una misión, pero cuando volví fue como si me dijeran: «Hala, ya se ha terminado la diversión. Que tengas una buena vida.»

*-x-*

-Suena deprimente. -Dijo Tommy.

*-x-*

Arrugó su lata y la arrojó al arroyo, lo cual me dejó alucinado de verdad.

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Poseidón le lanzó una mirada asesina.

*-x-*

Una de las primeras cosas que aprendes en el Campamento Mestizo es a no ensuciar. De lo contrario, las ninfas y las náyades te lo hacen pagar: cualquier día te metes en tu cama y te la encuentras llena de ciempiés y de barro.

*-x-*

-Una cama de ensueño. -Ironizó Apolo.

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—A la porra con las coronas de laurel —dijo Luke—. No voy a terminar como esos trofeos polvorientos en el desván de la Casa Grande.

—¿Piensas marcharte?

Luke me sonrió maliciosamente.

—Pues claro que sí, Percy. Te he traído aquí abajo para despedirme de ti.

*-x-*

-¡Qué romántico!

-Dita, estás asustando al mocoso.

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Chasqueó los dedos y al punto un pequeño fuego abrió un agujero en el suelo a mis pies. Del interior salió reptando algo negro y brillante, del tamaño de mi mano. Un escorpión.

*-x-*

Hades miró al hijo de Hermes conmocionado.

*-x-*

Hice ademán de agarrar mi boli.

—Yo no lo haría —me advirtió Luke—. Los escorpiones del abismo saltan hasta cinco metros. El aguijón perfora la ropa. Estarás muerto en sesenta segundos.

*-x-*

-¿Cómo? -Bramó Poseidón.

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—Pero ¿qué…?

Entonces lo comprendí. «Serás traicionado por quien se dice tu amigo.»

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Los dioses miraron a Luke con verdaderas expresiones de furia. Hermes suspiró resignado.

*-x-*

—Tú… —musité.

Se puso en pie tranquilamente y se sacudió los vaqueros.

El escorpión no le prestó atención. Tenía sus ojos negros fijos en mí, mientras reptaba hacia mi zapato con el aguijón enhiesto.

—He visto mucho en el mundo de ahí fuera, Percy —dijo Luke—. ¿Tú no? La oscuridad se congrega, los monstruos son cada vez más fuertes. ¿No te das cuenta de lo inútil que es todo esto? Los héroes son peones de los dioses. Tendrían que haber sido derrocados hace miles de años, pero han aguantado gracias a nosotros, los mestizos.

*-x-*

Zeus quería fulminar a ese insignificante semidiós.

*-x-*

No podía creer que aquello estuviera pasando.

—Luke… estás hablando de nuestros padres —dije.

Soltó una carcajada y luego agregó:

—¿Y sólo por eso tengo que quererlos? Su preciosa civilización occidental es una enfermedad, Percy. Está matando el mundo. La única manera de detenerla es quemarla de arriba abajo y empezar de cero con algo más honesto.

*-x-*

-Eso dicen todos los lunáticos. -Comentó Apolo. -Siempre dicen buscar lo mejor para los demás, pero nunca lo cumplen. Solo quieren lo mejor para ellos. Una minoría no puede decidir como manejar el mundo.

Todos guardaron silencio.

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—Estás tan loco como Ares.

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-Sin faltar Pringado.

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Se le encendieron los ojos.

—Ares es un insensato. Jamás se dio cuenta de quién era su auténtico amo. Si tuviese tiempo, Percy, te lo explicaría, pero me temo que no vivirás tanto.

*-x-*

-Tú serás el que llegue al Hades más pronto que tarde. -Espetó Poseidón.

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El escorpión empezó a trepar por la pernera de mi pantalón. Tenía que haber una salida a aquella situación. Necesitaba tiempo.

*-x-*

Sally estaba nerviosa.

*-x-*

—Cronos —dije—. Ese es tu amo.

El aire se volvió repentinamente frío.

*-x-*

-Los nombres tienen poder. -Advirtió Hefesto.

*-x-*

—Deberías tener cuidado con los nombres que pronuncias —me advirtió Luke.

—Cronos hizo que robaras el rayo maestro y el yelmo. Te hablaba en sueños.

Percibí un leve tic en uno de sus ojos.

—También te habló a ti, Percy. Tendrías que haberlo escuchado.

—Te está lavando el cerebro, Luke.

*-x-*

-Jackson tiene razón. -Dijo Zeus.

*-x-*

—Te equivocas. Me mostró que mi talento está desperdiciado. ¿Sabes qué misión me encomendaron hace dos años, Percy? Mi padre, Hermes, quería que robara una manzana dorada del Jardín de las Hespérides y la devolviera al Olimpo. Después de todo el entrenamiento al que me he sometido, eso fue lo mejor que se le ocurrió.

*-x-*

El dios de los viajeros apretó los puños.

*-x-*

—No es una misión fácil —dije—. Lo hizo Hércules.

—Exacto. Pero ¿dónde está la gloria en repetir lo que otros ya han hecho? Lo único que saben hacer los dioses es repetir su pasado. No puse mi corazón en ello. El dragón del jardín me regaló esto. — Contrariado, señaló la cicatriz—. Y cuando regresé sólo obtuve lástima. Ya entonces quise derrumbar el Olimpo piedra a piedra, pero aguardé el momento oportuno. Empecé a soñar con Cronos, que me convenció de que robara algo valioso, algo que ningún héroe había tenido el valor de llevarse. Cuando nos fuimos de excursión durante el solsticio de invierno, mientras los demás campistas dormían, entré en la sala del trono y me llevé el rayo maestro de debajo de su silla. También el yelmo de oscuridad de Hades. No imaginas lo fácil que fue. Qué arrogantes son los Olímpicos; ni siquiera concebían que alguien pudiese robarles. Tienen un sistema de seguridad lamentable. Ya estaba en mitad de Nueva Jersey cuando oí los truenos y supe que habían descubierto mi robo.

*-x-*

-Bonito discurso Castellan. Pero si quieres una vida mejor con Cronos, eres demasiado ingenuo para creerlo. -Dijo Hades.

-¿Sabes cómo era la época en la que él gobernaba? ¿Tienes idea de lo espantoso que fue? -Interrogó Deméter.

-Hay atrocidades que los humanos de antaño no escribieron. Fueron demasiado escabrosas como para escenificarlas. -Siguió diciendo Hestia.

-Había mutilaciones, violaciones, los humanos eran quemados vivos, y no quieras saber las torturas que recibían a manos de tus "queridos titanes." -Intervino Zeus.

-¿Quieres reconstruir el mundo despertando a Cronos? Adelante, inténtalo. Pero te darás cuenta de que él solo sabe destruir. Es como aquellos dictadores que prometían y prometían, y masacraron a medio mundo. Solo los desesperados se creen las mentiras de los envaucadores. Y luego son los primeros en morir. -continuó Poseidón.

-¿Qué crees que hará Cronos cuando llegue al poder? ¿Crees que te recompensará? Pues no chaval. lo que hará, será matarte cuando ya no le seas útil. -Aportó Hefesto.

-Te diría que nos sentimos culpables por engendrar semidioses, pero son necesarios. No nos gusta que llevéis este tipo de vida, pero si no tuviésemos hijos con mortales, los monstruos terminarían masacrando a todos los humanos. Somos dioses, pero ni siquiera nosotros tenemos el poder para destruir a los monstruos. -Finalizó Apolo.

Luke palideció.

Unos minutos más tarde, Michael siguió leyendo.

*-x-*

El escorpión estaba ahora en mi rodilla, mirándome con ojos brillantes. Intenté mantener firme mi voz.

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-No se puede razonar con los que no desean escuchar. -Dijo Artemisa.

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—¿Y por qué no le llevaste esos objetos a Cronos?

La sonrisa de Luke desapareció.

—Me… me confié en exceso. Zeus envió a sus hijos e hijas a buscar el rayo robado: Artemisa, Apolo, mi padre, Hermes. Pero fue Ares quien me pilló. Habría podido derrotarlo, pero no me atreví.

*-x-*

El dios de la guerra bufó.

-¿Creías que no mandaría a alguien a buscar mi rayo?

Luke no dijo nada. De la época de la que él venía, nada de esto había pasado aún.

*-x-*

Me desarmó, se hizo con el rayo y el yelmo y me amenazó con volver al Olimpo y quemarme vivo.

*-x-*

-Eso es menos de lo que yo te haría sufrir. -Espetó el dios de los cielos.

*-x-*

Entonces la voz de Cronos vino a mí y me indicó qué decir. Persuadí a Ares de la conveniencia de una gran guerra entre los dioses. Le dije que sólo tenía que esconder los objetos robados durante un tiempo y luego regocijarse viendo cómo los demás peleaban entre sí.

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Dara sonrió. Pero borró su sonrisa ante la mirada fulminante que le mandaban su padre y sus tíos.

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A Ares le brillaron los ojos con maldad. Supe que lo había engañado. Me dejó ir, y yo regresé al Olimpo antes de que notaran mi ausencia.—

*-x-*

-No eres más que un insignificante semidiós.

-¡Basta! -Gritó Hermes. -Estamos leyendo unos libros para evitar todo esto, pero si seguimos despreciándole, lo único que hará será odiarnos más de lo que ya lo hace.

-¡Ha osado robar dos objetos de poder! ¡Y eso no quedará impune! -Gritó Zeus.

Alzó su rayo dispuesto a fulminarlo, pero Hermes se colocó en frente de él.

-¡Quítate ahora mismo!

-Las Moiras han prohibido atacar a alguien.

-¿Y te crees que me importa? -Inquirió Zeus.

-¡Siéntate! -Gritó Hestia. -Deja en paz al chico. Él aún no ha hecho nada.

Refunfuñando, Zeus le hizo caso a su hermana.

*-x-*

Luke desenvainó su nueva espada y pasó el pulgar por el canto, como hipnotizado por su belleza—. Después, el señor de los titanes… m-me castigó con pesadillas. Juré no volver a fracasar. De vuelta en el Campamento Mestizo, en mis sueños me dijo que llegaría un segundo héroe, alguien a quien podría engañarse para llevar el rayo y el yelmo al Tártaro.

*-x-*

-Percy parece ingenuo pero no lo es. -Comentó Nico.

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—Tú invocaste al perro del infierno aquella noche en el bosque.

—Teníamos que hacer creer a Quirón que el campamento no era seguro para ti, así te iniciaría en tu misión. Teníamos que confirmar sus miedos de que Hades iba tras de ti. Y funcionó.

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El centauro frunció el ceño.

-Es escalofriante, pero la estrategia es buena.

-Atenea, mejor no digas nada. -Intervino Deméter.

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—Las zapatillas voladoras estaban malditas —dije—. Se suponía que tenían que arrastrarme a mí y a la mochila al Tártaro.

—Y lo habrían hecho si las hubieses llevado puestas. Pero se las diste al sátiro, cosa que no formaba parte del plan.

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-Es que darle unas zapatillas voladoras a uno de mis hijos, no fue una idea muy brillante.

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—Grover estropea todo lo que toca. Hasta confundió la maldición.

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Castor y Pólux envolvieron a Luke en varias enredaderas y le dejaron colgando del techo balanceándose peligrosamente.

Thalia le lanzó una descarga eléctrica que le hizo temblar hasta los dientes.

Pero Luke no se quejó.

May miraba a su hijo muy nerviosa. Quería que volviera al sofá con ella.

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—Luke miró al escorpión, que ya estaba en mi muslo—. Deberías haber muerto en el Tártaro, Percy. Pero no te preocupes, te dejo con mi amigo para que arregle ese error.

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-Ya sabes lo que dicen: Mala hierba nunca muere. -Comentó Pólux.

-¡Oye! -Se quejó Percy. ¿Qué estás insinuando?

El hijo del dios del vino solo rió.

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—Thalia dio su vida para salvarte —dije, y me rechinaban los dientes—. ¿Así es como le pagas?

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-Golpe bajo. -Dijo Ethan.

Los hijos de Dioniso soltaron las enredaderas y Luke cayó al suelo de pie.

*-x-*

—¡No hables de Thalia! —gritó—. ¡Los dioses la dejaron morir! Esa es una de las muchas cosas por las que pagarán.

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-Te equivocas en la manera de actuar. -Habló la teniente de Artemisa.

Castellan no la miró a la cara. No se atrevía.

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—Te están utilizando, Luke. Tanto a ti como a Ares. No escuches a Cronos.

—¿Que me están utilizando? —Su voz se tornó aguda—. Mírate a ti mismo. ¿Qué ha hecho tu padre por ti? Cronos se alzará. Sólo has retrasado sus planes. Arrojará a los Olímpicos al Tártaro y devolverá a la humanidad a sus cuevas. A todos salvo a los más fuertes: los que le sirven.

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-y esas señoras y señores, son las palabras de un loco idealista. -Aplaudió Dioniso.

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—Aparta este bicho —dije—. Si tan fuerte eres, pelea conmigo.

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-Eso no funcionará. -Replicó Hermes.

*-x-*

Luke sonrió.

—Buen intento, Percy, pero yo no soy Ares. A mí no vas a engatusarme. Mi señor me espera, y tiene misiones de sobra que darme.

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-Pobre iluso. -Se carcajeó Zeus. -Ese titán se comió a sus propios hijos. ¿Qué crees que hará con un simple semidiós?

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—Luke…

—Adiós, Percy. Se avecina una nueva Edad de Oro, pero tú no formarás parte de ella.

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-Edad de oro… Edad de oro… -Zeus reía a carcajadas mientras repetía una y otra vez: -Edad de oro…

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Trazó un arco con la espada y desapareció en una onda de oscuridad.

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-otra reina del drama. -Suspiró Hades.

Hermes le miró con los ojos refulgiendo de ira.

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El escorpión atacó.

Lo aparté de un manotazo y destapé mi espada. El bichejo me saltó encima y lo corté en dos en el aire.

Iba a felicitarme por mi rápida reacción cuando me miré la mano: tenía un verdugón rojo que supuraba una sustancia amarilla y despedía humo. Después de todo, el bichejo me había picado.

*-x-*

Poseidón, Quirón, Apolo y sus hijos miraron a Percy con total pánico.

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Me latían los oídos y se me nubló la visión. Agua, pensé. Me había curado antes. Llegué al arroyo a trompicones y sumergí la mano, pero no ocurrió nada. El veneno era demasiado fuerte. Perdía la visión y apenas me mantenía en pie… «Sesenta segundos», me había dicho Luke. Tenía que regresar al campamento. Si me derrumbaba allí, mi cuerpo serviría de cena para algún monstruo. Nadie sabría jamás qué había ocurrido.

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Sally miraba a su hijo temiendo que se desvaneciera de un momento a otro.

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Sentí las piernas como plomo. Me ardía la frente. Avancé a tropezones hacia el campamento, y las ninfas se revolvieron en los árboles.

—Socorro… —gemí—. Por favor…

Dos de ellas me agarraron de los brazos y me arrastraron. Recuerdo haber llegado al claro, un consejero pidiendo ayuda, un centauro haciendo sonar una caracola.

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-El consejero fui yo. -Dijo Charles.

-Hombre, no vas a ser el centauro. -Ironizó Silena.

El chico la miró de manera despectiva.

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Después todo se volvió negro.

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-Nos costó bastante a Will y a mí lograr curarlo. -Comentó Lee. -A pesar de que mi hermano tenía once años, era el mejor sanador de la cabaña siete. Y lo sigue siendo.

Nico sintió una sensación cálida cuando Fletcher mencionó a Solace pero no entendía lo que significaba.

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Me desperté con una pajita en la boca. Sorbía algo que sabía a galletas de chocolate. Néctar.

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Sally respiró aliviada.

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Abrí los ojos.

Estaba en una cama de la enfermería de la Casa Grande, con la mano derecha vendada como si fuera un mazo. Argos montaba guardia en una esquina. Malcolm, sentado a mi lado, sostenía mi vaso de néctar y me pasaba un paño húmedo por la frente.

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-¡Percalcolm! -Gritó Afrodita.

Atenea gruñó molesta.

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—Aquí estamos otra vez —dije.

—Cretino —dijo Malcolm, lo que me indicó lo contento que estaba de verme consciente—. Estabas verde y volviéndote gris cuando te encontramos. De no ser por los cuidados de Quirón y los hijos de Apolo…

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Poseidón jugueteaba con una esfera de agua tratando de calmarse.

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—Bueno, bueno —intervino la voz de Quirón—. La constitución de Percy tiene parte del mérito.

Estaba sentado junto a los pies de la cama en forma humana, motivo por el que aún no había reparado en él. Su parte inferior estaba comprimida mágicamente en la silla de ruedas; la superior, vestida con chaqueta y corbata. Sonrió, pero se le veía pálido y cansado, como cuando pasaba despierto toda la noche corrigiendo los exámenes de latín.

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El centauro rió entre dientes.

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—¿Cómo te encuentras? —preguntó.

—Como si me hubieran congelado las entrañas y después las hubieran calentado en el microondas.

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Dara se mostró pensativa.

-Eso sería un gran método de…

-¡Ni se te ocurra! -Chilló Hestia.

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—Bien, teniendo en cuenta que eso era veneno de escorpión del abismo. Ahora tienes que contarme, si puedes, qué ocurrió exactamente.

Entre sorbos de néctar, les conté la historia.

Cuando finalicé, hubo un largo silencio.

—No puedo creer que Luke… —A Malcolm le falló la voz. Su expresión se tornó de tristeza y enfado —. Sí, sí puedo creerlo. Que los dioses lo maldigan… Nunca fue el mismo tras su misión.

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El hijo de Atenea le lanzó una calabaza al rubio.

-¡Dioses Malcolm! ¿De dónde sacas estas cosas?

Él no contestó. En lugar de hacerlo, le lanzó un mango maduro.

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—Hay que avisar al Olimpo —murmuró Quirón—. Iré inmediatamente.

—Luke aún está ahí fuera —dije—. Tengo que ir tras él.

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Sally frunció el ceño.

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Quirón meneó la cabeza.

—No, Percy. Los dioses…

—No harán nada —espeté—. ¡Zeus ha dicho que el asunto estaba cerrado!

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El mencionado no hizo caso de las miradas acusadoras que le lanzaban los otros dioses.

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—Percy, sé que esto es duro, pero ahora no puedes correr en busca de venganza. Primero tienes que reponerte, y después someterte a un duro entrenamiento.

No me gustaba, pero Quirón tenía razón. Eché un vistazo a mi mano y supe que tardaría en volver a usar la espada.

—Quirón, tu profecía del Oráculo era sobre Cronos, ¿no? ¿Aparecía yo en ella? ¿Y Malcolm?

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-No va a decírtelo. -Comentó Chris.

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Quirón se revolvió con inquietud.

—Percy, no me corresponde…

—Te han ordenado que no me lo cuentes, ¿verdad?

Sus ojos eran comprensivos pero tristes.

—Serás un gran héroe, niño. Haré todo lo que pueda para prepararte. Pero si tengo razón sobre el camino que se abre ante ti… —Un súbito trueno retumbó haciendo vibrar las ventanas—.

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-Ya está la dramática. -Resopló Hades.

Zeus le asesinó con la mirada.

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—¡Bien! — exclamó Quirón—. ¡Vale! —Exhaló un suspiro de frustración y añadió—: Los dioses tienen sus motivos, Percy. Saber demasiado del futuro de uno mismo nunca es bueno.

—Pero no podemos quedarnos aquí sentados sin hacer nada —insistí.

—No vamos a quedarnos sentados —prometió Quirón—. Pero debes tener cuidado. Cronos quiere que te deshilaches, que tu vida se trunque, que tus pensamientos se nublen de miedo e ira. No lo complazcas, no le des lo que desea. Entrena con paciencia. Llegará tu momento.

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-Quirón tiene razón. -Aprobó Poseidón.

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—Suponiendo que viva tanto tiempo.

Quirón me puso una mano en el tobillo.

—Debes confiar en mí, Percy. Pero primero tienes que decidir tu camino para el próximo año. Yo no puedo indicarte la elección correcta… —Me dio la impresión de que tenía una opinión bastante formada, pero que prefería no aconsejarme—. Tienes que decidir si te quedas en el Campamento Mestizo todo el año, o regresas al mundo mortal para hacer séptimo curso y luego volver como campista de verano. Piensa en ello. Cuando regrese del Olimpo, debes comunicarme tu decisión.

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-Sí, tenía una opinión al respecto. -Admitió Quirón.

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Quería hacerle más preguntas, pero su expresión me indicó que la discusión estaba zanjada; ya había dicho todo cuanto podía.

—Regresaré en cuanto pueda —prometió—. Argos te vigilará. —Miró a Malcolm—. Oh, y querido… cuando estés listo, ya están aquí.

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Thalia miró a su amigo con curiosidad.

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—¿Quiénes están aquí?

Nadie respondió.

Quirón salió de la habitación. Oí su silla de ruedas alejarse por el pasillo y después bajar cuidadosamente los escalones.

Malcolm estudió el hielo en mi bebida.

—¿Qué pasa? —le pregunté.

—Nada. —Dejó el vaso encima de la mesa—. He seguido tu consejo sobre algo. Tú… ¿necesitas algo?

—Sí, ayúdame a incorporarme. Quiero salir fuera.

—Percy, no es buena idea.

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-Al mar no le gusta que lo contengan. -Dijo Poseidón.

-Te repites barba de algas.

-Cierra ese pico de buho que tienes.

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Saqué las piernas de la cama. Malcolm me sujetó antes de que me derrumbara al suelo. Tuve náuseas.

—Te lo he dicho —refunfuñó Malcolm.

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-El día que Percy consienta en quedarse en la enfermería, dejarán de gustarle las galletas azules. -Comentó Lee.

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—Estoy bien —insistí.

No quería quedarme tumbado en la cama como un inválido mientras Luke rondaba por ahí planeando destruir el mundo occidental. Conseguí dar un paso. Después otro, aún apoyando casi todo mi peso en Malcolm. Argos nos siguió a prudente distancia.

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-¡Son adorables juntos! -Gritó Afrodita. Bueno, aunque Percy encajaría incluso con Hefesto.

El mencionado ocultó su sonrojo como pudo.

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Cuando llegamos al porche, tenía el rostro perlado de sudor y el estómago hecho un manojo de nervios.

Pero había conseguido llegar a la balaustrada.

Estaba oscureciendo. El campamento parecía abandonado. Las cabañas estaban a oscuras y la cancha de voleibol en silencio. Ninguna canoa surcaba el lago. Más allá de los bosques y los campos de fresas, el canal de Long Island Sound reflejaba la última luz del sol.

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-Bastante lúgubre. -Dijo Lee.

-A mí me gusta. -Rebatió Nico.

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—¿Qué vas a hacer? —me preguntó Malcolm.

—No lo sé.

Le dije que tenía la impresión de que Quirón quería que me quedara todo el año para seguir con mi entrenamiento personalizado, pero no estaba seguro. En cualquier caso, admití que me sentía mal por dejarle solo, con la única compañía de Clarisse…

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-Ni se te ocurra gritar de nuevo. -Susurró Dara cuando Afrodita abrió la boca. -El mocoso acaba de dormirse.

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Malcolm apretó los labios y luego susurró:

—Me marcho a casa a pasar el año, Percy.

—¿Quieres decir con tu padre? —pregunté, mirándole a los ojos.

Señaló la cima de la colina Mestiza. Junto al pino de Thalia, justo al borde de los límites mágicos del campamento, se recortaba la silueta de una familia: dos niños pequeños, una mujer y un hombre alto de pelo rubio. Parecían estar esperando. El hombre sostenía una mochila que se parecía a la que Malcolm había sacado del Waterland de Denver.

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Frederic sonrió y abrazó a su hijo con fuerza.

Malcolm se dejó hacer.

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—Le escribí una carta cuando volvimos —me contó Malcolm—, como tú habías dicho. Le dije que lo sentía. Que volvería a casa durante el año si aún me quería. Me contestó enseguida. Así que hemos decidido darnos otra oportunidad.

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Hestia estaba encantada.

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—Eso habrá requerido valor.

Apretó los labios.

—¿Verdad que no vas a intentar ninguna tontería durante el año académico? O al menos no sin antes enviarme un mensaje iris.

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Muchos rieron por lo bajo. Sabían la capacidad de Percy de meterse en problemas.

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Sonreí.

—No voy a buscarme problemas. Normalmente no hace falta.

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Poseidón suspiró frotándose las sienes.

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—Cuando vuelva el próximo verano —me dijo—, iremos tras Luke. Pediremos una misión, pero, si no nos la conceden, nos escaparemos y lo haremos igualmente. ¿De acuerdo?

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-Y luego dices que es Percy el que se salta las reglas… -Comentó Thalia.

El rubio sonrió con inocencia.

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—Parece un plan digno de Atenea.

Chocamos las manos.

—Cuídate, sesos de alga —me dijo—. Mantén los ojos abiertos.

—Tú también, listillo.

Le vi marcharse colina arriba y unirse a su familia. Abrazó a su padre y miró el valle por última vez.

Tocó el pino de Thalia y dejó que le condujeran más allá de la colina, hacia el mundo mortal.

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Frederic acariciaba con dulzura el cabello de su hijo.

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Por primera vez me sentí realmente solo en el campamento. Miré el Long Island Sound y recordé las palabras de mi padre: «Al mar no le gusta que lo contengan.»

Tomé una decisión.

Me pregunté si Poseidón la aprobaría.

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-Depende de lo que sea. -Refunfuñó él.

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—Volveré el verano que viene —le prometí contemplando el cielo—. Sobreviviré hasta entonces. Después de todo, soy tu hijo. —Le pedí a Argos que me acompañara hasta la cabaña 3 para preparar mis bolsas y marcharme a casa.

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-Claro que sobrevivirás. Aún tienes que conocer mi palacio.

Padre e hijo se sonrieron.

-Ya ha acabado el capítulo y ese era el último. -Intervino Michael.

El joven cerró el libro el cual desapareció de sus manos con un pequeño estallido de luz verde.

-¿Puedo volver a ser un hombre de una jodida vez?

Poseidón mojó al dios con cuidado de no mojar al pequeño que dormía plácidamente.

Unos segundos después, Ares ya estaba seco y era un hombre.

-Este mocoso se queda conmigo. -Decidió.

Zeus chasqueó los dedos y le devolvió las armas a su hijo.

-¿Ya has decidido el nombre del pequeño? -Quiso saber Perséfone.

-Sí, pero os lo diré mañana antes de empezar el segundo libro.

Las diosas hicieron un puchero.

Hestia hizo aparecer delante de cada uno de los presentes, diferentes alimentos y bebidas.

-A cenar y a la cama.

Todos obedecieron.

Lee se sentó cerca de Poseidón, el cual lo besó durante varios minutos.

Percy y Michael se quedaron al lado de Nico para vigilar que comiera correctamente.

Bianca estaba muy triste. Veía el estado de su hermano y no dejaba de echarse la culpa.

Cuando acabaron de cenar, se dieron las buenas noches y todos se dirigieron a los templos de sus progenitores divinos excepto Thalia y Bianca que se marcharon con Artemisa, Ethan, Sally, May y Frederic que se marcharon con Hestia, y Nico que se fue con Apolo. El dios de la curación y sus hijos querían tener cerca al hijo de Hades por si acaso.

Nadie habló demasiado, y como en la noche anterior, una serie de libros aparecieron delante de todos los dioses.

Eran varios libros de Cassandra Clare.

Al leerlos, Apolo tuvo ganas de conocer a Magnus Bane, Will Herondale, Alec Lightwood y Jace Herondale entre otros.

-(Pero yo soy más genial que esos Herondale.) -Pensó.

Artemisa quedó encantada con Isabelle Lightwood y con Emma Carstairs.

A Hefesto le impresionaron las armas que fabricaban las hermanas de hierro y si fueran reales, le encantaría conocerlas.

Minutos más tarde, todos estaban dormidos y gracias a las Moiras, los mestizos no tendrían pesadillas.

*-x-*

Nota: ¿Alguna idea para el nombre del niño de Ares?

Ya he acabado el primer libro.

No sé si empezaré pronto con el segundo, o si acabaré primero con el primero de Harry Potter.