LA FLORERÍA DE LA CUADRA
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En lugar de mi alarma, fue mi cuerpo acalambrado exigiendo cambiar de posición lo que me despertó.
No estaba desorientada, sabía perfectamente dónde estaba y no me sentía cohibida por ello.
Me di la vuelta sobre el costado hasta que pude ver la luz del sol relucir en todo el lugar, debido a eso, deduje que como mínimo había perdido buena parte de la mañana y que era momento de levantarme.
Me recargué del codo y alcé el torso para enfocar el pedazo de papel doblado en el asiento vacío dónde había dormido Drew.
Me froté los ojos y me estiré de forma perezosa para sujetar el papel y leer su contenido.
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Dejé las llaves en la mesa para que puedas salir y cerrar, deslízala debajo de la puerta trasera del local.
Nos vemos por la tarde
Por cierto, ¿Sabes lo mucho que me costó desactivar todas tus alarmas?
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Torcí la boca.
¡Le gustaba exagerar las cosas! Lo más probable es que el peliverde hubiera pausado mi alarma de manera involuntaria y por ese motivo no había dejado de repetirse en bucle, la imagen del chico apretando los botones al azar y desistiendo derrotado de sus intenciones mientras yo estaba muerta como una roca me hicieron sonreír.
Ojalá hubiera estado despierta para verlo.
Dirigí los ojos hacía el sofá, recordando la imagen tan serena de Drew, esperaba que al menos hubiera podido descansar un poco.
Me puse de pie de un salto y salí del departamento, debía poner manos a la obra porque me esperaba un día ajetreado.
Hice exactamente lo que Drew me había indicado al salir, la calle estaba llena de gente, pude percibir el ruido de los locales, de las charlas y algunos olores familiares y deliciosos que me indicaban que la hora de comida estaba cerca.
Hice la menor cantidad de ruido al llegar a mi departamento, comprobé que Max estaba completamente dormido con el cuerpo contorsionado entre las sábanas y con una caja de pizza en la mesa de noche a medio comer, no quería perturbarlo así que saqué mis cosas de la habitación para tenerlas preparadas, de esa forma podía agilizar el tiempo y aprovechar de hacer limpieza general en vista de la ocasión especial.
Reorganicé la alacena, moví los muebles para un aseo más profundo y hasta los limpié para quitar el polvo, me di a la tarea de reparar la ropa que Max había dejado a la vista y la metí en dos tandas a la lavadora.
Dejé todo tan impecable que me sentí incómoda de desentonar con el entorno, la ducha hizo su trabajo refrescándome después del bochorno provocado por el esfuerzo de limpiar, sin embargo, tuve que ponerme la misma ropa para no ensuciarme al preparar la comida, el esfuerzo me había dejado con una buenas ganas de comer algo rico.
Del refrigerador saqué zanahoria, col y carne que sofreí con salsa de soja, algo de sal y vinagre de arroz, usé unas hojas de papel de arroz para hacer unos rollitos tipo vietnamitas y decidí acompañarlo todo con arroz blanco y una sopa de fideos con espinaca.
Me quedé sentada en la cocina, disfrutando de mis alimentos y repasando las cosas que no debía olvidar en el día, incluyendo claro, los presentes de Drew y de Rod, que ya estaban envueltos y previamente guardados en una bolsa junto a mi ropa para no olvidarlos, me cerciore una vez más y después de ver la hora, decidí que era momento de ponerme en marcha para comenzar a montar la mesa de postres.
Estaba preparada para lo que pudiera encontrarme, pero después de ver los ventanales y adornos en la entrada de la florería desde el balcón caí en cuenta de que de verdad estaba sucediendo y que ya no era momento siquiera para tener dudas, además, siendo honesta, había algo que me preocupaba mucho más que el hecho de pensar en un lugar lleno de flores: Drew.
Había evitado sobrepensar en ello exitosamente, pero el chico estaba ahí de pie, interceptándome con la mirada desde la florería a mitad de la calle, me hizo señas para que me detuviera y después, señaló la puerta justo detrás de sus hombros.
No tuvo que hacer más para que lo entendiera.
Entré confiada al edificio, el peliverde abrió la puerta del local en el momento justo para asomar la cabeza y animarme a acercarme.
El aroma me golpeó directamente en el rostro, rozándome las mejillas con una cálida fragancia embriagadora, un aroma que poco a poco me estaba acostumbrando a percibir: El de las flores.
—Hola, Drew, ¿Qué tal? — Pregunté — Parece que dormiste bien, espero no haber sido una molestia.
—No me quejo — Contestó.
Hubo silencio.
—Yo no ronco.
—Pero, no dije nada.
—Solo me estaba anticipando — Dije — Por si acaso.
La gracia de la conversación se tornó tan bochornosa que no pude reprimir una risa, Drew trató de disimular pero después, cedió y se unió a mi, compartiendo un momento de complicidad.
—Bueno, sinceramente, estaba tan cansado que aún si lo hiciste, esa era la menor de mis preocupaciones.
—Gracias por no despertarme — Contesté
—No pasa nada, creo que estábamos igual de agotados y merecíamos un buen descanso.
Asentí
—Fue una semana difícil, me organicé como no sabía que podía hacerlo — Dije orgullosa — Estoy ansiosa por lo que sigue, pero, Drew, dime, hay algo que no puedo dejar de pensar sobre el local ¿Debo preocuparme?
Señalé detrás de la espalda de Drew, el chico negó con la cabeza y caminó en mi dirección, se colocó a mi lado y metió la mano en el bolsillo de su pantalón.
—No hay nada de qué preocuparse— Dijo — Aunque, sí se vuelve complicado, tengo algo que quizás podría ayudar.
El peliverde colocó una bolsita de papel en la palma de mi mano.
—Es mejor dártelo ahora, después ya no habrá tiempo — Explicó.
—¿Qué es esto?
Antes de esperar su respuesta ya estaba deslizando el contenido, intrigada y curiosa.
A simple vista, parecía el eslabón de una cadena o una tuerca, pero al observar mejor me di cuenta de que era una sortija plateada y ligera. Tenía una forma difícil de entender así que lo deslicé en mi dedo anular para verlo mejor.
No se cerraba completamente alrededor de mi dedo lo que lo hacía lucir como una pieza sofisticada, uno de los extremos sujetaba alrededor una pieza circular recubierta de piedras azules y verdes, daba la impresión de que era un planeta y su areola cubriéndolo.
Moví la mano y noté los destellos que se reflejaron por la tenue luz del edificio.
Sabía lo que era, lo había visto en internet y en otros portales online, ya había considerado la opción de comprar uno pero no sabía dónde conseguirlo sin pagar un extra por el envío.
—Es un anillo para la ansiedad — Dije.
Drew asintió.
—Leí sobre eso — Contestó
Claro, sonaba como algo que él haría.
—Me parece que es momento de ponerlo a prueba, la mesa no se va a poner sola — Se apresuró a decir.
Por su tono, deduje que estaba evitando hablar detalladamente del presente, y en vista de nuestra amistad preferí simplemente atesorar y agradecer su regalo de buena fe, después de todo, me sentía mucho más cómoda aceptando ese tipo de atención de mis amigos.
Acaricié el objeto y cerré el puño.
—Pues andando.
El joven se hizo a un lado y extendió la mano hacía el local.
— Yo te cubro.
No lo pensé demasiado, caminé directamente hacía el local y concentré toda mi atención en el cambió de luces violáceas que contrastaban fuertemente con el exterior, de alguna manera había logrado que la luz blanca del exterior no se colara por ningún lado.
—Aquí entra mucha luz — Explicó Drew — Tuve que trabajar mucho para colocar las luces de forma estratégica.
De las paredes caían enredaderas como cortinas a lo largo y ancho, había bombillas blancas que proporcionaban destellos de luz que me ayudaron a percibir las mariposas de plástico que adornaban el techo, daba la impresión de estar en una combinación hermosa entre un bosque mágico y un acuario.
Los arreglos florales no eran el principal centro de atención, estos se concentraba a los lados, formando un pasillo con jarrones de cristal llenos de flores lilas y azuladas, en la entrada de la florería hacia un pequeño árbol con flores blancas que rodeaban las puertas como si fuera un portal mágico.
—Me gusta que las margaritas y lilas parezcan recién arrancadas del jardín, fui muy cuidadoso.
Las luces violetas y azules bañando la silueta de Drew me hicieron percatarme de que hacía juego con el ambiente, había leído que los colores se podían relacionar con las emociones y la personalidad de las personas.
En definitiva, Drew era como el color lila.
—Se respira frescura — Dije
El chico asintió y caminó hacia el centro.
— Es por la calefacción, el aire da la impresión de que las flores se balancean por una brisa muy tenue, ¿Verdad? Justo como el anillo que reposa en tu dedo.
Me dijo aquello en el mejor momento, no hubo oportunidad de que mi cabeza comenzara a maquilar nada y estaba justo a tiempo de tomar las riendas.
Tomé entre la yema de los dedos la figura del anillo, lo hice girar suavemente y en seguida noté cómo la acción me relajó.
—Hace algunos años conocí a un chico que se llamaba Evan, él era una persona muy cuidadosa, tranquila y por eso mismo, prefería vivir en la rutina.
En seguida comprendí que se trataba de una de sus historias, aquellas que apaciguaban mi mente.
— La ansiedad que le producía no tomar café por la mañana y disfrutar de la luz del sol al hacer ejercicio en el parque en compañía de la brisa floral era algo que Evan simplemente no podía soportar.
Drew comenzó a caminar hacia el árbol de la entrada, acarició las hojas y volvió sobre sus pasos, rozando con las yemas de los dedos las flores de las macetas.
—Sin embargo, la única excepción a la regla eran los días lluviosos, la luz del sol ofrecía una extraña combinación de luces rojizas, azules y moradas, producto de la alteración del cielo por el clima en aquellos días que significan desdicha para algunos.
Se inclinó para olfatear uno de los ramos con excesiva delicadeza.
Su manera de hablar parecía hechizante, ¿Cómo es que lograba captar mi atención tan rápido?
— Quizás su particular fascinación se debía a que el aroma en las flores del parque se acentuaban, aquellos aromas que lo hacían ser consciente de que la felicidad en la vida no requiere de tanto.
Sus palabras me transportaron hacía la rutinaria vida de Evan, me vi en el parque, junto al chico, admirando las flores del parque y sintiendo las gotas de lluvia deslizarse por mi rostro.
¿Era así cómo se sentía la tranquilidad?
— Pues creo que descubrí el ingrediente de Evan hace poco — Le dije.
Si, quizás no estaba preparada para estar rodeada por un prado de flores, pero, esto era suficiente, podía manejarlo y, quién sabe, quizás en el futuro podría llegar a ser capaz de tirarme en un campo y rodar por el piso.
Esto era suficiente por ahora.
—¿Todo bien? — Preguntó Drew.
Asentí
—Si — Dije, animada — Estoy perfecta y lista para ponernos en marcha.
Drew levantó la mano y apretó suavemente mi hombro.
—Andando.
Lo demás fue fácil.
Nos acoplamos con mucha facilidad, Drew ya tenía el espacio designado para los postres y me explicó la idea que tenía en mente para decorar.
La mesa era completamente blanca y alargada, el chico no quiso poner un mantel encima y decidió buscar una tabla que pudiera quedarse en el local y cuyos detalles florales estuvieran tallados encima de la propia madera.
Acomodé todo tal como el peliverde solicitó, me dejó aportar mi grano de arena y dejar volar mi imaginación para que todo quedará mucho más lindo.
Puse una base triangular giratoria de dos discos para las tartas de chocolate, al costado una tarima de tres escaleras para las cápsulas de chocolate y dejé un espacio en medio ya que Drew me había indicado que iba a dejar unas macetas pequeñas para que los invitados pudieran llevárselas.
En el otro extremo de la mesa, coloqué una tabla más pequeña en forma hexagonal para el mouse, quería que estuvieran acompañadas de las gelatinas y las tartas de cacahuate.
Ambos trabajamos en silencio y hablamos para lo estrictamente necesario, el peliverde entraba y salía del local, lo escuchaba hacer algunas llamadas y después regresar.
—¿Cómo llevas la situación de Rod? — Preguntó de pronto.
—¡Dios!
Su pregunta me tomó por sorpresa, pasó un buen rato en el que creía que había salido hasta que lo escuché hablarme.
—Haz algo de ruido, por favor — Me quejé.
—¿Te asusté?
—Si.
—Bú.
Farfullé.
—Bueno, da igual — Dije — Pues, al comienzo estaba triste, ya sabes, lo pensé mucho y después de verlo emocionado me di cuenta de que no hay razón para estar afligida.
—Aún así, debe ser duro.
—Si — Susurré — Gracias a él me uní mucho más con Phoebe y Saúl, es difícil aceptar que ya no estará aquí.
Era cierto que me había mentalizado para este día.
En diversos aspectos, prometía ser un día no solo ajetreado si no también, uno de emociones fuertes, tener el recuerdo de Rod tan presente era algo que esperaba no afrontar hasta la llegada de Saúl.
Solté un suspiro.
—Puedo entender que es difícil — Dijo Drew — Pero el cambio nos viene bien de vez en cuándo, sobre todo cuándo se trata de superarse a uno mismo.
Drew tenía razón.
Los cambios fueron los mismos que me llevaron hasta ese momento de mi vida, tuve que hacerlo cuándo me mude de casa, cuándo decidí buscar ayuda, cuándo acepté trabajar sola y lo estaba haciendo justo ahora, al estar en la florería.
Yo tenía mis propios desafíos, Rod solo estaba haciendo frente a los suyos.
—Si, lo sé — Dije — Terminé.
—Andando.
Drew me extendió la mano y me ayudó a acercarme para admirar el trabajo final en la mesa.
El arreglo no lucía atiborrado, los postres estaban perfectamente equilibrados y tenían una buena altura para llamar la atención de los curiosos, las luces llamaban la atención sobre el mouse y los colores de las frutas.
—Estoy sorprendida de lo sofisticado que se ve — Dije — Y con las macetas que colocarás se verá aún mejor.
—Yo también lo pienso — Contestó Drew — Ya casi es hora.
Asentí.
—Pues va siendo momento de ir a quitarme estos harapos — Dije — Tengo que apresurarme o se me va a venir el tiempo encima.
—¿Cómo te irás por la noche? ¿Saúl vendrá por ti o tienes que llegar por tu cuenta?
—Saúl viene — Expliqué — Me avisará cuándo esté aquí.
Drew asintió, tranquilo.
—Es una pena que no puedas quedarte hasta tarde — Dijo — Ojalá pudieras probar la comida, suelo conocer a otras personas con negocios independientes, si todo sale bien, hacemos buenos tratos.
—Quiero pensar que habrá más oportunidades.
—Las habrá.
—¿Tú ya tienes todo listo?
—Si, todo estará bien, ya hay gente que viene en camino así que quiero ser un buen anfitrión, no quiero tardar y más te vale que tú tampoco.
—No lo haré.
Ambos salimos del local, Drew cerró con llave y se despidió luego de abrir la puerta del edificio para que yo pudiera ir a casa.
A esas alturas, ver las escaleras de mi edificio otra vez y en vista de la cantidad de veces que había tenido que subir me resultaba agotador, la acción ya no se compensaba en absoluto con el hecho de tener una mejor condición física, siendo honesta, mi estado físico no era el mejor y sabía que tantos años de malos hábitos no serían suficiente para mejorar mi resistencia.
Cuándo llegué de nuevo a mi departamento, comprobé nuevamente que mi hermano seguía dormido, y en vista de que ya era un poco más tarde, esta vez no me importó poner música para acompañar mi buen estado de ánimo.
Mi estado mental tan reprimido y el miedo con el que me enfrentaba al mundo se reducía (Entre muchas cosas) A mi aspecto físico, no era descuidada con mi apariencia pero sin duda no era algo que me preocupara demasiado. Ahora era mucho más frecuente y emocionante pensar en cómo me vería con una prenda que había visto en el camino o el tipo de maquillaje que usaría.
Por esa razón, verme portar en el espejo con tanta seguridad el vestido lila con olanes corto que llevaba en ese momento fue todo un acierto para mi autoestima. Mis zapatos eran de color beige, lo que me hacía lucir incluso más alta de lo que realmente era y podía decir con convicción que mi maquillaje me hacía lucir una piel saludable y radiante.
Había rizado mi cabello de las puntas, sujeté dos trenzas pequeñas a modo de media coleta a los costados, me estaba tomando el tiempo necesario para fijar mi cabello, mi maquillaje y mi vestuario.
Si, verme de esa forma se sentía muy bien.
Escuché la puerta de mi recamara abrirse y después, vi a Max salir del umbral frotándose los ojos, levantó su mano por encima de la cabeza y se estiró.
No tenía las gafas puestas y su cabello estaba hecho un desastre.
—Buenas tardes, dormilón — Le dije — ¿Descansaste bien?
Bostezó sonoramente.
—Fue placentero hasta que escuche que tratabas de cantar como King Krule y… ¡Hey! Estás mostrando mucha pierna.
Di una vuelta en mi lugar, enseñándole mi atuendo.
— ¿Tú crees?
Comenzó a reírse, su voz sonaba ronca y pesada.
—Es broma — Contestó — Te ves fabulosa.
Se dejó caer en la silla de la cocina.
— ¿En serio estás bien? — Insistí — Son pasadas las seis de la tarde.
Max abrió mucho los ojos, sorprendido por la noticia, tomó sus gafas de la cocina y se las puso luego de limpiarse los ojos.
—¡Dios! Literalmente estuve en estado de hibernación — Revisó encima de la mesa y olfateó los platos tapados — Hiciste el aseo, lavaste la ropa, preparaste la comida y te arreglaste, no puedo creer que nada de eso me levantara.
—Fui cuidadosa — Contesté — Anda, no te mortifiques, come algo.
—Gracias, May.
Mi hermano estiró la espalda y se quedó con los brazos colgados a los lados, lo escuché gruñir.
—Estás roto.
— Me siento terrible — Explicó — Siendo que debo seguir durmiendo porque estoy agotado de tanto dormir, además, ocupé toda la cama ¿Dónde dormiste? Debiste haberme golpeado y mandarme al sofá.
—Los sillones también son cómodos.
En seguida dije eso, sentí que me sonrojé.
No se había dado cuenta de que no había pasado la noche ahí y no estaba dispuesta a darle oportunidad de notar mi nerviosismo.
—Quizás deberías salir a dar una vuelta — Aconsejé — A lo mejor eso te espabila.
—Creo que saldré más entrada la noche con mis amigos — Destapó la comida y la olfateó — Estaba pensando en regresar al campus hoy, pero no puedo pensar bien, todavía me siento dormido.
Me reí sonoramente.
—Si es así, con cuidado, ¿Bien?
Max mantuvo la mirada fija en la comida, tomó un bocado y lo masticó con excesiva lentitud.
—Está delicioso — Dijo
—Queda un poco más en la nevera, por si quieres calentarlo.
—Estaré bien — Dijo — ¿Tengo que esperarte hoy?
Negué con la cabeza
—Saúl pasará por mi para llevarme con Rod — Le recordé — Seguramente esté de vuelta mañana por la tarde, después de que lo dejemos en la estación, así que si tienes que volver al campus no te preocupes.
Mi hermano asintió.
—En ese caso, cuídate, y si necesitas algo, llama, no importa la hora que sea — Bostezó — ¿Has llamado a mis padres? Creo que estarían contentos de verte así.
No lo dijo con mala intención, pero lo sentí como un puñal.
Habíamos hablado del tema y no me había olvidado de sus petición de involucrar a mis padres, era cierto que ellos sabían que estaba haciendo algunos trabajos de forma independiente, pero no entendían el contexto, simplemente no podían saberlo porque yo no había hablado sobre mi regreso a terapia, Drew y la florería.
Llevaba tiempo meditando en eso y ya iba siendo hora de hablar con ellos.
—Pues, que bueno que tocaste el tema — Dije — De hecho, estaba pensando en que quiero verlos.
—Pues, una videollamada será más que suficiente ¿No? — Propuso, tomando un rollito con las manos y engulléndolo.
—Bueno, si, pero, me refiero a ir a verlos.
Max abrió mucho los ojos, tratando de interpretar mi tono de voz.
—Oh, espera, ¿Te refieres a ir a visitarlos? Ir a la ciudad.
Me reí.
—Si, si, ir a visitarlos.
Estaba segura de que él sabía lo que eso significaba, ya lo habíamos hablado y tenerlo presente me hacía sentir protegida.
—Pero, ¿Estás segura?
Incluso en esas circunstancias seguía tratando de protegerme.
—¿A qué se debe esa reacción? — Pregunté, riéndome — Creo que puedo ir a visitar a mi familia cuándo quiera.
Max se sacudió las manos y se levantó para acercarse a mí.
—Si, si, ambos podemos, pero, ¿En serio, May?
Le di un suave golpe en la frente.
—Si — Contesté, firme — Creo que estoy preparada incluso para hacerlo sola, pero, preferiría que fueras conmigo.
Mi hermano se echó a reír.
—¿Qué cosas dices, May? Yo también quiero ver a mamá y a papá — Volvió a reír — Creo que hay cosas que simplemente no cambian, hermanita.
—Uhm.
Me dio un abrazo y me balanceó de un lado a otro, sin dejar de reírse.
—¿Cuándo tienes pensado hacerlo? — Preguntó — Estoy en periodo libre así que estoy a disposición.
—Debo avisar a Miranda, todavía no lo sé.
—Bueno, entonces, solo dime cuándo y listo.
Max no me dejó hablar, parecía contento y absorto en su mundo incluso cuándo estaba tratando de explicarle que faltar a mi trabajo no era así de sencillo.
—Siempre que me percato de tu progreso en todos los aspectos, me lleno de felicidad, has manejado todo excelentemente, estoy seguro de que la fiesta en la florería hoy no será más que cualquier otra reunión que hayas tenido.
—Si, pero, Max-
—Mucho éxito hoy — Siguió diciendo.
Su felicidad era contagiosa.
—Max, te agradezco de verdad.
Siguió balbuceando incluso cuándo puse las cervezas colgadas de raíz para Rod en mi bolso y cuándo salí de mi departamento con un saco negro.
Había una clara diferencia entre querer ver a mis padres ahora y no haberlo hecho desde antes, como había sucedido con Ash y los demás. con mis amigos todo era demasiado fresco y yo quería mostrar mi valentía frente a mis padres.
No significaba no demorarme frente a ellos, eso era algo que pasaría, pero, si lo hacía, era para mostrar todo mi agradecimiento y que supieran que estaban ante mi mejor versión.
La luz del sol estaba terminando de esconderse y los locales de la calle por cerrar, solo la luz de la florería y la música tenue acompañaban la soledad de la calle.
Guardé cada detalle del paisaje en mi mente, esperando poder contarle a mis padres lo que estaba viviendo.
Vi una camioneta estacionarse afuera, de ella descendió una pareja vestida de color crema, listos para entrar y como estaba segura de que su llegada provocaría la atención de los invitados decidí escabullirme por la puerta trasera, siendo lo suficientemente cuidadosa para evitar que mi llegada fuera demasiado notoria.
Dejé mi mochila detrás del mostrador y avance hacia el perímetro de la pared para mezclarme con la gente, había al menos unas veinte personas en el lugar, algunas de ellas se movían con gracia y al ritmo de la balada de fondo, todos ellos vestidos impecablemente, sin rozar en la formalidad, con postres y bebidas en la mano.
Busqué a Drew con la mirada, pero como no lo vi por ningún lado decidí concentrar mi mirada en otra cosa, por ejemplo, los invitados.
Sujeté el anillo y acaricie el círculo entre los dedos para girarlo.
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Esto no es nada, May, puedes manejarlo.
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Los primeros que llamaron mi atención fueron una pareja de chicos de atuendos a juego de color azul, fueron directo por las palanquetas, ambos parecían el tipo de chicos amigables que se encargan de presentarte a cada invitado en una fiesta para que no te sientas solo, ambos se dieron una probada del postres y se retiraron.
Después, una joven de cabellos dorados y gafas se acercó para tomar una cápsula de chocolate, la saboreó y cuándo extendió una sonrisa en sus labios, entendí que estaba cabizbaja y que mi postre le había arrancado sonrisita.
Luego, un chico de atuendo blanco se postró frente a la mesa, examinando cada uno de los postres de forma minuciosa, estuvo a punto de agarrar una de las gelatinas, pero después, tomó el último contenedor de mousse y una tarta de chocolate que le llevó a su acompañante, una mujer de mirada perdida y dulce, que se alegró de inmediato cuándo su acompañante estuvo de vuelta.
Esas expresiones, eran justo el tipo de cosas que quería ver siempre, solía hacerlo en la panadería y no adoraba nada más que ver como sus ajetreados días mejoraba con un rico pastel o bebida fría, estaba acostumbra a verlo siempre desde atrás de la cocina en la panadería y no al frente, tal como la experiencia de trabajar sola me permitía ver.
Eso era lo que quería, ir un paso más allá y me lo había planteado a raíz de conocer a Solidad, solo que ahora, estaba mucho más segura ante la idea de tener un negocio independiente.
—¿May?
Una mano me sujetó suavemente del codo para llamar mi atención, estaba tan absorta en mis pensamientos que me obligué a regresar, de golpe.
—¡May! ¡Eres tú!
—¿Brianna?
La joven me miraba con una sonrisa de alivio, su cabello rojo acentuaba su rostro por el color rosa pastel de su conjunto y un abrigo blanco que rodeaba sus hombros, formando una nebulosa que absorbía los colores de las luces led del lugar.
Parecía una aurora boreal danzante.
—Gracias al cielo — Exclamó — Me estaba poniendo nerviosa con tantas caras desconocidas.
Coloqué un mechón de cabello detrás de mi oreja.
—Pero, que linda sorpresa — Contesté, genuinamente contenta.
Aunque estaba concentrada en otra cosa, no dejaba de estar presente en mi cabeza la idea de que estaba en una florería, sin embargo, había aprendido que era mucho mejor controlar esos pensamientos en compañía.
—¿A qué hora llegaste? — Preguntó — No te vi llegar, y mira que he estado atenta a la entrada.
Levantó la mano para acomodar su abrigo.
—Recién cruce la puerta— Dije.
Brianna no parecía muy convencida.
—Bueno, estás escondida como un ratón, es posible que no me haya percatado — Concedió — Por cierto, estás fabulosa, combinas con la mesa de postres.
Me rasqué la mejilla.
—Tú también estás preciosa, me encanta su abrigo — Dije — Y hablando de los postres ¿Ya tuviste oportunidad de probar algo?
Ella se revolvió el cabello, parecía irritada.
—Las cápsulas de chocolate —Dijo — Buenísimas, pero, yo quería un mouse, para mi desgracia, se acaban de llevar el último.
Su rostro se mostró abatido.
—Te daré mi receta para que hagas la cantidad que te dé la gana — Dije para animarla.
La pelirroja sonrió de oreja a oreja.
—No creo lograr algo comestible, pero lo intentaré.
Ambas soltamos una risita cómplice.
—Estoy muy emocionada de haberte encontrado, ¿Tienes planes después de esto? Podemos salir a divertirnos, ¿Qué te parece?
Sonaba genuinamente emocionada, me dio un poco de pesadumbre tener que negarme.
—Lo siento, Brianna, pero me voy en un rato, vienen a recogerme.
—Oh.
Apreté su hombro para animarla.
—Pero, podemos hacerlo después, ¿Qué te parece? Dime cuándo vuelves y salgamos a dar la vuelta.
La sonrisa de la chica se esfumó de pronto, torció la boca y rodó la copa entre sus dedos.
—Sería estupendo, pero por desgracia, no creo que eso sea posible.
—¿Por qué?
Su negativa me hizo sentir mal, ¿Será posible que la hubiera herido sin querer?
—No, no pongas esa cara — Se apresuró a decir — Es que… No creo volver por aquí en un buen tiempo
Arrastró la vocal y desvió la mirada hacia la pista, su rostro se mostró tan melancólico y ausente que me sentí incómoda de mirarla. por eso, busqué lo que observaba con atención.
A unos metros, la pareja que había observado llegar platicaban y le sonreían al peliverde, el chico portaba una camisa azul marino y un pantalón oscuro, se mostraba atento a sus invitados y asentía de vez en cuando para seguir con la conversación.
Me pregunté cómo no lo había visto si es que estaba a plena vista.
—Oye, May.
Mi mirada regresó a Brianna, que seguía observando al grupo, absorta en su mundo interno, en aquel mundo al que parecía entrar solo cuando hablaba del arte, de sus pinturas, de las flores y de Drew.
—¿Si, Brianna?
Ella cerró los ojos y se mordió el labio.
—Cuando el señor Drew me ofreció trabajar con él formalmente estaba más que feliz, trate de convencerme de que podía manejarlo pero es simplemente demasiado para mí.
Brianna apartó el rostro del salón y me miró con una expresión que no supe interpretar. el labio le temblaba y sus ojos verdes relucían.
—Lo diré claro — Su voz se tornó segura — El señor Drew me gusta.
Aunque era algo que saltaba en evidencia, no me esperaba esa confesión tan honesta, quise decir algo, apoyarla de alguna forma o comportarme como un amigo tonto que molesta al otro para incomodarlo pero simplemente las palabras no salían de mi boca.
—Ya tenía tiempo planeando decirle — Continuó diciendo — Lo planeé por un montón de tiempo pero el día que lo cité estaba tan nerviosa y tenía tanto miedo que quería echarme a llorar.
Soltó una risa nerviosa.
—Estaba a punto de escaparme e inventar una excusa tonta pero me encontré contigo en el supermercado, me hiciste sentir muy valiente, de no ser por ti, quizás hubiera huido cómo una cobarde
Recordaba ese día.
En ese entonces ni siquiera nos conocíamos formalmente, pero no hizo falta mucho para sentirme identificada con ella, ese día, aunque ella no lo supiera, me había ayudado a mi también.
—Me alegra haber sido de ayuda — Comenté.
Esperaba no sonar como una entrometida, pero una parte de mi no quería quedarse con la duda.
La joven sonrió con tristeza.
—Lo fuiste pero, como era de esperar, no fui correspondida.
La escuché hablar con un nudo en la garganta, apreté mi puño en el pecho, sin saber si la noticia me aliviaba o no.
— Drew fue muy educado y amable, no me sorprende, siempre lo ha sido, pero la verdad es que hubiera sido menos doloroso si no se hubiera echado a correr detrás de ti apenas terminó de hablar.
Casi me atraganto.
Recordaba eso también.
Aquella vez que me forcé a probarme, lo recordaba todo pero sobre todo recordaba la presencia de Drew animándome.
Entonces… Ella había visto algo, había visto a Drew ir detrás de mí y ese pensamiento, provocó una culpa que se esparció por todo mi cuerpo, sentí el calor subir hasta mis mejillas.
—Brianna, yo…
Escuchamos revuelo del otro lado del salón.
Del otro lado del local estaba Drew tocándose la frente, miraba con desaprobación a un chico que no tardé en reconocer de inmediato: Era Harley y a su lado, Solidad
El pelimorado parecía molesto, Solidad tenía las manos levantadas, cómo si fuera la intermediaria, sujetó a los chicos del codo y cerró el círculo para evitar las miradas de los presentes.
—No me debes explicaciones, eso no me incumbe — Dijo Briana, reclamando mi atención nuevamente— Pero, tenías razón, soy libre del "hubiera" y ya no estoy atada a una falsa ilusión, ahora puedo seguir adelante.
Brianna dijo aquello con seguridad, parecía haber llegado a esa conclusión hacía ya un buen tiempo.
—No voy a negar que es doloroso, estoy mejor, de verdad, pero por eso no quiero volver, necesito ocuparme de mi y quizás, cuando logre sanar pueda considerar la propuesta del señor Drew como es debido.
Me sobé el codo y fijé la mirada en el suelo.
—¿Por qué me cuentas todo esto? — Pregunté, finalmente.
Ella soltó una risa sonora y me dio un golpe amistoso en el hombro.
Me sentí aliviada de que no estuviera enojada conmigo.
—Creo que es más que obvio ¿No crees? Además, no podía irme así como así, parece que necesitas un empujón y siempre estoy dispuesta a ayudar, de verdad me agradas, May.
Arrugue la frente, confundida.
—¿Un empujón? ¿A qué te refieres?
Noté que se removió con nerviosismo y me hizo señas para ver detrás de su hombro.
—May, May, Drew viene en camino.
Ambas miramos al frente, hablando con complicidad como si la decoración fuera lo más interesante del mundo, fingiendo sorpresa cuándo el chico se posó frente a nosotras.
—Oh, señor Drew — Dijo Brianna — ¿Podemos ayudarlo en algo?
A lo lejos pude distinguir a Solidad y Harley por encima del hombro de Drew, con una sonrisa traviesa.
—Siento interrumpirlas — Dijo— Quería presentarlas pero veo que no será necesario.
Brianna sonrió ampliamente.
—Eso es cierto — Dijo — Te sorprenderá saber que somos buenas amigas.
El peliverde hizo una pequeña reverencia.
—Nada me alegra más — Contestó, giró el torso y se dirigió hacía Brianna — Espero que el resto de la velada resulte placentera para ti Brianna, por otra lado me temo que debo llevarme a la señorita Balance, una amiga requiere de su presencia.
—¿Una amiga? ¿Te refieres a Solidad? — Pregunté.
—Y Harley.
Drew levantó el codo y flexionó el brazo frente a mi
—En ese caso no sería adecuado hacerlos esperar — Dijo Brianna.
La chica sujetó mi brazo y la deslizó con suavidad por el brazo de Drew.
—Gracias, Brianna — Contesté.
Ella encogió los hombros
—No es nada — Dijo — Nos vemos May, cuídate.
Apreté su mano antes de que me soltara y le sonreí.
—Tú también, Brianna, cuídate.
—Nos vemos, Brianna — Contestó Drew antes de comenzar a alejarse.
Levanté el rostro para observar a la joven que nos miraba con una sonrisa melancólica.
Ella había tomado una decisión y era lo mejor. pese a ello, me ponía triste saber que no la vería en un buen rato, había logrado apoyarme en momentos difíciles, mostrándome una forma diferente de ver las cosas hasta el punto de vivir sus emociones como propias.
Quería quedarme con aquella imagen vivaz, llena de juventud y alegría que ella me había mostrado para abrir mis horizontes ante el desconcertante mundo floral.
Quizás, algún día podría agradecerle como era debido.
—¿Todo bien? — Preguntó Drew
Asentí, devolviendo la vista a mis acompañante.
—Si, todo bien — Dije — Estaba pensando que la presencia de rostros conocidos es reconfortante, Harley sabe como llamar la atención.
El joven bufó.
—En serio no sé porque Solidad lo sigue trayendo — Se quejó — Harley estaba a punto de abalanzarse para ir por ti, por eso, preferí traerte con sutileza.
Me reí.
Entonces por eso el alboroto.
—Fue lo mejor, si — Concedí.
Drew señaló a mí derecha, en dónde estaban los chicos.
El pelimorado le espetó su copa de gelatina a Solidad en cuánto me vio, me arrancó del brazo de Drew y me dio un fuerte abrazo.
—¡Niña! — Exclamó — Oh, dime qué te acuerdas de mí
Su cabello morado se alzaba en una coleta, su atuendo era completamente blanco y un lápiz de labios azul eléctrico contorneaba perfectamente sus labios.
—¿Desde cuándo me tienes en tanta estima? — Pregunté —Y, por supuesto, Harley, ¿Cómo olvidar una presencia tan vigorosa?
El chico sonrió, contento con mi respuesta.
—Bien, bien, aprendes rápido, no es tan difícil ¿Cierto? Ya no me pareces tan insoportable.
Puse los ojos en blanco.
—No tienes que ser tan tú, Harley — Gruñó Drew
—Él tiene razón — interrumpió Solidad — Prometiste no ahuyentarla.
Un vestido de color azul cielo envolvía la figura de Solidad, su cabello estaba recogido en un chongo alto y unos pendientes de plata enmarcaban su rostro, su andar era elegante y pulcro, del tipo de chicas que atraen la mirada de todos sin siquiera intentarlo.
La chica me sujetó del brazo con suavidad y me dio un abrazo que le devolví gustosa.
—Solidad, que placer volver a verte — Dije
—Lo mismo digo—Contestó — En cuánto supe que ibas a encargarte de los tentempiés decidí que no quería perdermelo por nada.
Harley carraspeó para llamar mi atención, sostuvo la copa en alto y admiró los detalles de mi postre, sabía que quería que lo escuchara.
—Adelante — Lo animé — Acepto críticas.
El chico se sujetó un lente imaginario en su ojo.
—En mi opinión, tus decoraciones siguen siendo bastante sosas, le falta algo de chispa.
Harley dejó la palabra en el aire cuándo se dio cuenta de que Drew lo estaba fulminando con la mirada.
—¿Qué me ves? — Harley le sacó la lengua
Drew rodó los ojos y se centró en la chica de cabellos rosados.
—Cómo sea — Farfulló, ignorándolo — Solidad, la dejo en tus manos.
El peliverde se retiró con una leve reverencia y desapareció por el salón.
Una sensación extraña me invadió, me sentía desprotegida sin la compañía de Drew y lejos de mi esquina, estaba mucho más cerca de los ramos y las guirnaldas.
Tomé el anillo con los dedos y lo giré.
—Ah, entonces el anillo era para ti — Escuché decir a Solidad.
—Te lo dije — Susurró Harley.
Solidad comenzó a reírse al ver mi rostro de desconcierto.
—Tengo un amigo que hace joyería y Drew me pidió su número.
—¿Él te lo dijo? — Pregunté.
Ella torció los labios.
—Tuve que adivinar.
Harley carraspeó.
—Jaja, de no haber sido por Harley no habría dado en el clavo — Dijo la chica, sujetando al pelimorado del hombro.
Puse los ojos en blanco, Harley podía ser bastante infantil.
—No fue complicado, la vida amistosa de Drewie es limitada — El pelimorado levantó las manos, como si disipara una neblina invisible — Es obvio que te tiene en buena estima, tampoco es tan difícil adivinar.
Yo torcí la boca.
—Me parece que estás exagerando.
Harley río sonoramente, me dio un golpe en la espalda que me hizo tambalear hacia adelante.
—Dios, linda, mirar sin ver es como oír escuchar
Levanté la ceja, intrigada por su dicho
—¿En serio no te das cuenta? — Preguntó Harley, incrédulo.
—No sé de qué me hablas — Dije.
—No puede ser.
Harley se tocó la frente y soltó un silbido.
—Bueno, no importa, no es tan importante, yo estoy más interesado en saber de qué hablaste con Brianna.
Aunque Solidad no decía nada, su silencio me hizo entender que también tenía curiosidad, pero en vista de las circunstancias y de que confiaba en respetar mi confidencialidad con Brianna, preferí hacerme la loca.
—¿La conocen?
—Más o menos — Admitió Solidad — Drew nos habló de ella y de su trabajo, es la segunda vez que la veo.
Harley bufo.
—No entiendo cómo es que siendo tan aburrido Drew es tan pretendido por las chicas, es cierto que tiene una nariz linda y un perfil excepcional, pero si lo piensas bien, su cara no tiene chiste, siempre está enojado — Gruñó— Además, tratándose de ti, Brianna no tendría oportunidad.
Solidad chistó, pero eso no detuvo a Harley.
—Tan solo, míralo, no ha dejado de verte, cree que no me doy cuenta.
Quizás no era su intención, pero sentí que estaba diciendo cosas que estaban fuera de lugar y que simplemente no era el momento de hablar al respecto, para mi suerte, fue Solidad la que intervino.
—Harley, ¿Puedes tráeme más champagne?
El chico refunfuñó.
—Comienzo a creer que solo me invitas para ser tu chaperón.
Solidad suavizó el sonido de su voz.
—No digas eso, sabes que no puedo ir a ningún lugar sin mi mejor amigo.
Harley sorbió por la nariz y la miró con desaire.
—Odio que sepas controlarme
El joven apretó su coleta y se preparó para caminar al fondo del local como si estuviera en una pasarela, captando las miradas de todos por su andar.
Cuándo se alejó, Solidad se acercó y me guiñó el ojo.
—¿No crees que volverá muy rápido? — Pregunté.
Ella movió la mano, restándole importancia.
—Se va a entretener en el camino hablando con otras personas antes de que la copa llegué a mis manos.
Ambas comenzamos a reírnos.
—Siento mucho si Harley dijo algo indebido, a veces no mide sus palabras — Sonaba verdaderamente apenada.
—Está bien, lo aprendí bien desde la primera vez que nos vimos —Dije — Aunque la verdad es que me gustaría que no bromeara con cosas tan serias.
Solidad me tomó de las manos.
—Bueno, si me permites, no creo que esté bromeando — Dijo.
—¿Ah, no? — Mi voz tembló.
Ella señaló con los ojos detrás de su espalda, invitándome a mirar al grupo de fondo, en dónde, además de la pareja que había visto, se sumaban otras personas alrededor del peliverde, atraídos como imanes al joven que en algún punto, levantó la mirada y se cruzó con la mía.
Desvié la mirada hacía Solidad de inmediato, que parecía divertida.
— Drew no ha dejado de mirar hacia acá todo el tiempo que llevas aquí, cree que es discreto, pero yo puedo darme cuenta.
Sentí que mis mejillas se tiñeron de rojo.
Bien, era cierto que tenía más claros mis sentimientos hacía el chico, pero una parte de mi era reacia a sus señales.
Contando a Phoebe, la lista de personas que me invitaban a no preocuparme por ello crecía, quizás querían que ganara confianza en mí misma pero lo cierto era que el tema me estaba agobiando.
Solté un suspiro cansado.
—Lo siento, May — Dijo Solidad — ¿Quieres que no hablemos de eso?
—Por favor — Admití
—¿Te preocupa no saber interpretar las señales adecuadamente?
—Algo así.
Solidad me consoló.
— Conozco a Drew desde hace mucho tiempo.
Sujeté el anillo con fuerza y levanté la mirada hacía las luces para distraerme, de nuevo estaba observando al grupo que rodeaba al peliverde.
—Simplemente no quisiera apresurarme.
Solidad movió la cabeza, lanzando reflejos con sus aretes en mi cara.
—Entiendo, dejemos el tema, solamente, ¿Me permites decirte una última cosa?
Estaba dudando un poco, pero no parecía el tipo de persona que da consejos mal intencionados, es más, quizás ella podría ayudarme a aclarar la nebulosa de mi mente.
—Está bien.
—No temas ser sincera — Me guiñó el ojo — Es mejor ser libre de suposiciones mentales.
Respingué, era tal como el consejo que yo misma le había dado a Brianna.
Era increíble la diferencia entre controlar las emociones generadas por un interés romántico y las que estaban involucradas con mis propios miedos.
Un golpe seco nos hizo girar el rostro de golpe, Harley estaba sentado del otro lado del salón junto a una chica, tenía su mano en su oreja y parecía murmurar algo a su oído, parecía visiblemente incómoda e incapaz de zafarse de la situación.
—Oh, perdóname, May, debo intervenir antes de que Harley la haga llorar.
—Espero verte otra vez — Dije
—Así será, May.
Cuándo se alejó mi celular comenzó a vibrar en el discreto bolso de mi vestido.
Era Saúl y eso me indicaba que ya era hora de retirarme.
Me encaminé al mostrador para tomar mi mochila, busqué con la mirada a Drew a lo lejos, levanté la mano y él alzó la copa que sostenía, despidiéndose de mí.
El destartalado carro de Saúl estaba estacionado afuera de mi edificio, el motor retumbaba por toda la calle y aunque sonaba algo descontinuado, la ausencia de rasguños en la pintura daban a entender que era un auto más que cuidado.
Abrí la puerta trasera, dejé la bolsa a un lado y me subí de un salto.
—Hola Saúl, gracias por venir, ¿Qué tal el viaje?
En cuánto me puse el cinturón, comenzamos a avanzar.
—Hay un poco de tráfico — dijo — Ya llamé a Phoebe para avisarle que estoy de camino, no quiero que crea que me olvidé de ella.
—Espero no haberte retrasado.
—Para nada — Indicó —Vamos a buen tiempo, mientras tanto, dime, ¿Cómo estuvo tu evento? ¿Todo bien con la entrega y todo eso?
Me eche aire a la cara, recordando todo lo que había sucedido.
¡Qué noche!
—Creo que manejé muy bien la situación, tuve buena compañía.
Saúl asintió.
—Me alegra saberlo — Dijo
Era de las pocas veces que lo escuchaba hablar con tanta naturalidad, notaba que de vez en cuándo hablaba demasiado y en otras ocasiones, volvía a su silencio habitual, me dejó elegir la música para el resto del camino y respetó mi espacio para meditar hasta que nos aproximamos a la calle de Phoebe.
Divisé a la chica en una esquina, tenía las manos extendidas y vestía una camisa holgada y unos shorts.
Se subió al asiento del copiloto de forma efusiva y dejó en sus piernas una bolsa negra.
—¡Hola! — Dijo, se adelantó hacía Saúl y le dio un beso en la mejilla — Me alegra mucho verlos.
—Hola, preciosa — Dijo Saúl — ¿Se puede saber porqué traes la pijama puesta?
Ella se apresuró a ponerse el cinturón de seguridad para que Saúl pudiera arrancar.
—Pero, es una pijamada ¿No? — Preguntó.
Observó el atuendo de Saúl, bastante casual para una salida nocturna y luego fijó la mirada en mi.
— ¡Mírate, May! ¡Estás hermosa! — Exclamó — ¿Cómo te fue? Seguro robaste unas cuantas miradas.
En seguida se mostró cabizbaja y se frotó la cara.
— No puede ser, desentono totalmente con ustedes — Se lamentó.
Saúl y yo comenzamos a reírnos.
—Bueno, no puedo culparte, es cierto que es una pijamada así que no sé porque no traje nada más cómodo — Dijo Saúl.
—Yo traigo una muda para cambiarme — Repuse — Y respondiendo tu pregunta, me fue de maravilla, creo que conquisté más de un paladar.
Ella apretó el puño, en señal de éxito.
—¿Y a ti Phoebe? ¿Qué tal todo?
— Ya saben, nada verdaderamente nuevo — Dijo, usando el plural para animar la conversación — Hoy fue un día bastante regular, lo único que casi me hace perder la cabeza fue la envoltura para el regalo de Rod, quería que fuera memorable, aunque suene tonto, pero al final lo he dejado así, después de todo, lo que importa es el contenido.
Saúl posó su mano en la de Phoebe y la guió con la suya a la palanca para avanzar.
—Yo también tengo algo para Rod — Dije — Y tampoco lo envolví, espero no verme muy mal educada, ya me siento bastante mal por no traer comida.
Phoebe asintió.
—Te entiendo, me siento igual, Saúl me convenció de no traer la nevera, lo último que quiero es causar problemas con los dueños de la habitación…Un momento, ¡Ah! No es posible, ¿Y si nuestros regalos exceden el peso del equipaje? ¿Y si lo dejan botado solo por eso?
Phoebe comenzó a balancear las piernas, nerviosa.
—Estoy seguro de que no habrá problema — Dijo Saúl.
Phoebe y yo nos encargamos de divagar en las futuras aventuras de Rod en su nueva residencia, ella apostaba a que se metería en problemas y Saúl y yo tratábamos de calmarla, parecía una madre preocupada y desviar sus pensamientos era lo principal para evitar que se fatigara.
Continuamos en ello hasta visualizar el callejón de la casa de Rod, Saúl se encargó de anunciar nuestra llegada tocando la bocina, sin importarle si perturbaba a los vecinos o a los niños que estaban jugando en la calle.
Por ahora éramos simplemente nosotros.
—¡Phoebe, May, Saúl!
Rod tenía las manos como un megáfono, nos gritaba mientras saltaba en el asfalto, tan pronto como se detuvo Saúl, Phoebe y yo bajamos corriendo para darle un abrazo
—¡Rod! ¡Qué alegría!
Saúl se unió a nosotros, nos apretó y nos elevó a los tres en el aire por unos instantes, cuándo nos bajó, Rod me sujetó de los hombros y me hizo dar una vuelta.
—May, estás despampanante — Dijo.
Me sentía genuinamente complacida, los halagos de la gente me hacían sentir mucho más confiada en mí misma, yo también me sentía linda en esa noche.
—Gracias Rod, ha sido una noche maravillosa, estoy mejorando.
Quería anticiparme a su pregunta, ya había hablado del tema muchas veces por hoy y ciertamente, todo lo que había ocurrido en la fiesta era algo que quería analizar después.
Ahora, lo más importante eran ellos.
—Me alegra verte así — Dijo — Ahora, sé que puede ser impactante ver esto, está muy solitario allá adentro, así que no se asusten ¿Si?
—Creo que podemos enfrentarlo — Dijo Phoebe.
Rod sujeto el pomo de la puerta, la chica sujetó fuertemente mi mano y la de Saúl, los tres nos miramos y asentimos a la vez.
El lugar estaba vacío, no había rastro de las características luces en la barra, ya no estaba el sillón azul eléctrico que tanto lucía en el lugar, y la bola de cristales que había conseguido tampoco estaba ahí.
—Creí que estaría preparada — Susurró Phoebe.
En el centro del abandonado lugar, solo había dos colchones con sábanas y un cartón en el centro con cajas de comida, en uno de los extremos descansaban algunas maletas de Rod, alumbradas únicamente por el color blanco de los focos.
—Te entiendo, fue muy difícil para mí sacar todo y verlo reducido a esto — Rod soltó un suspiro pero después, aplaudió una vez con fuerza, el eco resonó por todo el lugar.
El chico se adentro en la sala y se tiró en una de las colchonetas.
—Estás se quedan como recuerdo, no tengo donde ponerlas a dónde voy y creo que le vendrían bien para quien venga.
—Es un buen gesto — Dije
—Esperemos que no se llenen de bichos — Phoebe arrugó la nariz.
Saúl se sentó a lado de Rod y Phoebe y yo nos quedamos del otro lado.
—Ya me he encargado de pedir todo para la cena — Dijo Rod, extendió las manos y nos invitó a abrir las cajas.
Los chicos comenzaron a revisar el contenido.
—Voy a cambiarme — Anuncié — Vuelvo enseguida, mientras tanto, Rod, te he traído algo.
—¿A mi?
Rebusque en mi mochila y saqué las cervezas de raíz envueltas en una bolsa, el chico exclamó con alegría cuando vio el paquete.
—¡Ah! Que alivio, no quería ser egoísta al pedirte que trajeras algunas — Dijo Rod — Gracias por pensar en mí.
—No es nada — Dije — Se que te encantan
Rod agarró las botellas y las colocó con excesivo cuidado en el suelo.
Me escondí en la otra habitación para cambiarme, debido al eco del lugar podía escuchar su conversación sin problema,
—¿No hay problema si hacemos esto, verdad, Rod?
—No, no, el dueño me dijo que como es una ocasión especial no hay problema siempre que no dejemos residuos, además, tienen que encargarse de revisar antes de ponerla en renta otra vez.
Escuché el burbujeante ruido de la cerveza al abrirse.
—Ah, si, no hay platos, así que, no queda de otra que hacerlo a la antigua — Lo escuché decir.
La música se hizo notar en la sala, el eco hizo que sonara más alto de lo habitual, escuché a Saúl chistarle a Rod y poco después el sonido se estabilizó.
De mi mochila saqué un pantalón, una blusa y el regalo de Rod, noté otro bulto y casi se me va el alma al cielo cuándo noté que el regalo de Drew estaba ahí.
Diablos, se me había olvidado entregárselo.
—¿A qué hora debes salir mañana? —Escuche preguntar a Saúl.
—Debo tomar el tren a las cinco de la tarde.
—¿Seguro que tienes todo listo? — Preguntó Phoebe.
Rod soltó una risita
—Estás más nerviosa que yo, contrólate.
Phoebe lo ignoró.
— ¿Cuánto te haces de camino?
—Como cuatro horas
Saúl silbó.
—Bueno, no es tanto tiempo.
Phoebe chistó.
—¡Saúl! Sabemos que Rod se marea muy fácilmente, seguro va a vomitar en el camino.
—Papá Saúl, dile a mamá Phoebe que estaré bien.
Phoebe bufó y los tres comenzaron a reírse, yo terminé de alistarme y después, salí para unirme a ellos.
Había dos pizzas, una caja de boneless, refresco y frituras en bolsas de plástico.
—Te aseguro que Rod estará bien, Phoebe — Dije, tomé asiento a su lado y tomé la cerveza de raíz que Saúl me había extendido.
—Es más, yo creo que los que deberían estar preocupados son los que se crucen en su camino. — Dijo Saúl
Rod tomó una rebanada de pizza y asintió con efusividad.
—Ya me gustaría que vieran sus caras cuando me vean llegar — Dijo Rod.
Phoebe le dio unas palmadas a Saúl en el muslo y el chico pareció entenderlo de inmediato, noté que sacó el paquete que Phoebe traía en la bolsa de plástico en su espalda y se apresuró a hablar.
—Hay una forma de que podamos ver las cosas que haces — Dijo Saúl — Te trajimos algo, espero te guste.
Rod parecía visiblemente emocionado, sujetó la caja y ensanchó la sonrisa.
—No debieron molestarse — Susurró
Era de las pocas veces que lucía verdaderamente cohibido.
—Asegúrate de darle un buen uso ¿Si? — Dijo Phoebe.
Rod extrajo con excesivo cuidado la caja y el contenido, apenas pudo contener la emoción cuando vio una cámara Polaroid de color amarillo y de tamaño compacto.
Solté una risa por la coincidencia de mi regalo con el suyo, los chicos me voltearon a ver y me vi obligada a hablar.
—Lo siento, es que, yo también te traje algo y creo que viene perfecto para tu nuevo regalo — Dije.
—¿Qué quieres decir? — Preguntó Rod.
Tomé la caja y se la entregué, el chico revolvió mi cabello y se dedicó a buscar el regalo.
Le había comprado un álbum de fotos de pasta dura, era blanco y con detalles circulares de color amarillo, un color que siempre asocié al chico y que estaba segura que Phoebe y Saúl también tenían presente.
—No me lo creo — Dijo Phoebe — Parece que nos pusimos de acuerdo telepáticamente.
—Tenemos una conexión fuerte — Dijo Saúl, se volvió hacía Rod y palmeó su hombro — Asegúrate de crear nuevos recuerdos pero no olvides, claro, a los que nos quedamos en el camino.
El chico de gafas nos miró atónito.
—En ese caso, vamos a comenzar — Rod sujetó la cámara a los lados, tomó hábilmente la cámara con una mano y la sujetó a modo de selfie — Tres, dos…
Cuándo nos dimos cuenta de lo que trataba de hacer, nos amontonamos para aparecer justo a tiempo en la foto: Saúl sonreía de oreja a oreja, Phoebe regañaba a Rod por no haberle dado tiempo de posar mientras que el chico de gafas rodeaba mi cuello con sus brazos.
—Es lindo que mi primer recuerdo tenga a Saúl sonriendo — Dijo Rod — Contando esto, son pocas las veces que te he visto tan transparente con tus emociones.
Saúl arrugó la frente y Phoebe sonrió tiernamente.
—Creo que eso se debe a ti Rod — Dijo —Recuerdo cada detalle desde que llegué aquí y como comencé a trabajar en la panadería, pero la intimidación que Saúl ejercía sobre mí difícilmente se olvida.
Rod comenzó a reírse.
—¡Es que parecía tan serio! — Dijo — Saúl no decía nada, se limitaba a saludar con la cabeza y ya, era difícil saber si le agradabas o no.
El chico de coleta carraspeó.
—Solo soy una persona de pocas palabras.
—Me consta — Respondí.
Phoebe tomó un pedazo de pizza y puso unos boneless por encima.
—Resultó ser bastante amable, igual que Rod, pero a diferencia de lo que conocemos ahora de él, al comienzo era una persona muy centrada en sus labores, muy cordial y servicial con todos — Explicó la chica.
—¿O sea que ya no lo es? — Pregunté.
Rod refunfuñó.
—¡No conocerás a alguien tan cumplido como yo! — Se quejó.
—Nos engaño a todos — Continuó diciendo Phoebe— No decía nada a menos que fuera necesario en toda la jornada laboral.
Rod tomó unos cuantos boneless y le dio un sorbo grande a su cerveza de raíz.
—¡Me sentía muy asustado! — Se quejó — Saúl no dejaba de mirarme con esa cara sería y Phoebe parecía una persona de pocas pulgas, fue un alivio que May llegara, de otro modo, no hubiera podido soportar más tiempo aparentando ser una persona tan formal.
Me reí muy alto debido a su declaración.
—No trates de culparme — Dije
Phoebe tomó el celular y cambió de canción, ahora sonaba Dopamine de DIIV de fondo.
—Pues es cierto — Convino Phoebe — De las primeras veces que Rod se dirigió directamente a mí fue para hablar de ti, May, parecía muy preocupado porque lucías como un pajarillo perdido.
—Eso lo sabía, pero, ¿De verdad parecía tan asustadiza? — Inquirí.
—Uhm, es cierto que eras muy tímida — Contestó Saúl — Yo también estaba planeando saludarte para que no te sintieras tan sola, cómo Phoebe platicaba directamente contigo y entablaste una conversación más fácil con ella, me contó que estabas lejos de tú familia, así que me imaginé que era muy difícil para ti.
Phoebe y Rod asintieron.
—Phoebe también me lo dijo y pues bueno, lo demás es historia — Continuó diciendo Rod — Así que yo diría que, sin duda, fue tu culpa.
Phoebe extendió la mano y tomó frituras.
—A partir de eso, Rod simplemente se mostró tal cual, le dimos un poco de rienda y ya no hubo quién lo parara.
Rod comenzó a reírse
—Hicimos un match perfecto, ¿No May?
—Claro que sí.
La conversación continuó con tranquilidad después de eso, comimos hasta que no quedó nada y nos dedicamos a rememorar sobre los acontecimientos pasados, incluyendo todo sobre nuestras familias y nuestra historia propia, como si quisiéramos conservar los recuerdos y tenerlos frescos en nuestra memoria.
La madre de Phoebe había logrado fortalecer su relación con ella, ahora era mucho más placentero platicar sin que las peleas se suscitaran y ya hasta conocía a Saúl, según ella, lo adoraba y consentía demasiado.
Por otro lado, Saúl agradecía la atención de la madre de Phoebe ya que su familia no se permitía tantas muestras de afecto, había tenido un inicio turbulento con sus padres debido a que no apoyaron su decisión respecto a lo que quería dedicarse, pese a eso, su familia estaba interesada en arreglar sus errores y enmendarlos, de tal modo que Sául, que no era para nada rencoroso, deseaba perdonarlos con el consejo de la madre de Phoebe.
Las cosas parecían estar bien para ellos, ya estaba al tanto de algunas y por primera vez en mucho tiempo, me sentí a la par de sus avances al compartir la mayoría de mis pensamientos, sentía que caminaba junto a ellos con todas las cosas que había logrado y quería continuar así.
Al cabo de varias horas, habíamos juntado los colchones y nos habíamos acostado atravesados en las frazadas, no queríamos dejar de platicar y se notaba que nadie quería dar el brazo a torcer.
Nuestras voces se convirtieron en susurros hasta que uno a uno comenzó a quedarse dormido, de vez en cuando nos levantábamos para seguir hablando hasta que definitivamente nuestras palabras dejaron de tener sentido y nos rendimos al sueño.
Me desperté por el sonido de la puerta abrirse. escuché los murmullos de Saúl y de Phoebe y después, sentí mi cuerpo balancearse.
—¡Arriba! — Susurró Phoebe — Trajimos algo para desayunar, más les vale levantarse o se nos hará tarde.
Me senté en el colchón bostezando, tratando de adaptar mis ojos en la oscuridad de la habitación.
Del otro lado, Rod estaba en la misma posición que yo, ambos nos imitamos como si fuera un espejo, su rostro lucía adormilado y cansado.
—Te ves fatal — Le dije.
—Tú también — Contestó, riendo.
Phoebe se acercó a nosotros y nos extendió una bolsa con comida a cada uno.
—Ya nos encargamos de la basura — Explicó, sonaba como una madre preparando a sus hijos antes de ir a la escuela — Comamos para no irnos de aquí con el estómago vacío.
—Gracias Phoebe — Contestó Rod — Creo que May y yo lo necesitamos.
Cada plato tenía arroz y asado de carne, en otro contenedor había caldo y Saúl nos entregó una botella fría de bebidas refrescantes.
Hicimos un repaso del itinerario mientras comíamos, lo repetimos cuándo nos comenzamos a alistar las maletas de Rod para irnos y lo volvimos a hacer mientras que Rod y Phoebe hacían entrega formal de las llaves del departamento.
Phoebe y Saúl tomaron los asientos delanteros mientras que Rod y yo nos acomodamos en la parte de atrás.
—¿Listos? — Preguntó Saúl.
Rod le lanzó una mirada a la calle y soltó un suspiro, quizás un montón de recuerdos de su estadía ahí estaban presentes en su cabeza más que nunca, podía entenderlo, me sentía de la misma manera cuándo me fui de casa de mis padres.
Tomé su mano y la apreté suavemente, mostrando mi apoyo.
Rod amplió su boca y asintió con la mirada al frente.
—Vámonos.
Phoebe encendió la radio para evitar el silencio en el carro, estaba sonando Blindfolded de Against the current de fondo, una canción que nos hizo sentir como una adolescente rebelde que acababa de tomar el auto de su padre sin permiso para escaparnos al concierto de una estrella juvenil.
Cuándo llegamos a la estación nos dividimos en dos equipos, Rod y Saúl fueron directamente a documentar su equipaje mientras que Phoebe y yo nos encargamos de buscar el andén, además, compró bolsas para los mareos de Rod y medicamentos, le recitó al chico como debía utilizarlos y él no se quejó por su insistencia.
Cuándo se anunció el abordaje, Phoebe fue incapaz de contener las lágrimas.
—Oigan, no estoy muerto.
Rod se acercó a Phoebe y le dio un abrazo.
—Tranquila linda, controla tu genio en mi ausencia o te va a hacer mal — Dijo — Estoy contento por cómo has mejorado con tu familia, ten por seguro, que todo irá mejor en adelante
Phoebe sonrió mientras le devolvía el abrazo.
—Gracias, Rod.
El chico de gafas admiró el rostro de Phoebe, acarició su mano y cerró los ojos, le dio un apretón y después, la soltó.
Quizás no fue notorio para nadie, pero siempre me dio la impresión de que quizás, Rod guardaba sentimientos por la chica, nunca pude comprobarlo y jamás tuve el valor de preguntarle, pero si así se habían producido las cosas entonces era lo mejor.
Era posible que en algún tiempo, fuera capaz de saberlo con certeza.
Saúl sujetó el brazo de Rod y ambos se dieron un abrazo largo y tendido, era de las pocas veces que me tocaba presenciar un abrazo así de eufórico y grande entre dos amigos, no estaban cohibidos y daba igual las miradas de la gente que no estaba acostumbrada a que dos chicos se abrazaban de forma tan libre en público.
—Saul, gracias por ser mi mejor amigo, no dejes de luchar por tu sueño y sigue demostrándole a tu familia lo mucho que se equivocaron contigo, y también cuida a la gruñona, supe que terminarían juntos desde que me percaté de cómo la mirabas.
Saúl se sonrojó y Phoebe le lanzó una mirada de ternura.
—Lo haré, Rod, no olvides escribirnos.
Cuándo se puso frente a mi, me abalancé para adelantarme a su abrazo, no quería que viera mi cara, solo lograría que me echara a llorar.
El chico comenzó a reírse.
— May, gracias por la confianza que me tuviste al hablar de tu fobia, aprendí mucho de ti a partir de esa conversación, espero que algo de mi se te haya pegado, no está de más pedirte que avances sin miedo a lo que viene
—En eso estoy.
Frotó mi espalda y me dio unas palmaditas.
—Ah, si, y dile a Drew que me hubiera gustado conocerlo.
Negué con la cabeza, por ahora el chico no era lo que ocupaba mi mente.
—Gracias, Rod, no olvides escribirnos de vez en cuándo, ¿Bien?
Lo vimos caminar decididamente hasta la entrada, no giró el rostro en ningún momento hasta que subió al autobús y vimos, con nostalgia, cómo se alejaba.
Nos quedamos un rato observando el camión desaparecer, incluso cuándo solo se veía la central solitaria porque todos se habían ido luego de despedir a sus conocidos y hasta después de que el camión siguiente comenzara a prepararse.
—Es hora de volver
La voz de Saúl me hizo regresar.
—Si, si — Susurró Phoebe.
Gran parte del camino de regreso se sentía la ausencia de Rod, Phoebe trato de que no nos sumiéramos en el silencio pero no fue tan eficaz, sobre todo, teniendo en cuenta que una parte de nosotros todavía estaba concentrada en la despedida.
Saúl parecía sentirse de la misma manera, de vez en cuando hacía comentarios para sustentar las historias de Phoebe y agregando detalles sobre la nueva empleada que llegaba la siguiente semana a la panadería y de la que él tendría que encargarse de entrenar.
Después de un rato dejó de intentarlo y nos enfrascamos en la tranquilidad de la música que se escuchaba en la radio.
Saúl me dejó en la entrada de mi edificio, nos despedimos deseando vernos en el trabajo, cuándo los observé alejarse, y sintiendo la habitual calma que colmaba la tranquilidad de mi calle, el recuento de todo lo que había tratado de evitar me cayó con brusquedad en el cuerpo.
La fiesta, la despedida y sobre todo, aquellos sentimientos y conversaciones que me había esforzado en no sobrepensar.
¿Había estado mal en no considerarlas hasta ese momento en el que me sentía tan vulnerable?
Sin darme cuenta, había caminado directamente hacia el parque y estaba sentada en una de las bancas, los rayos del sol acariciaban mi rostro y me proveían de una calidez reconfortante.
Me quedé un rato admirando a las pocas personas que todavía estaban en el lugar, riendo y gritando, hubiera deseado que el día no terminara nunca.
Levanté la mochila para posarla sobre mis muslos, sentí el peso de una caja en mis piernas y me toqué la frente, reprochándome por haber olvidado algo tan importante: El regalo de Drew
Le escribí a Drew para pedirle que me encontrara en el parque, no tuve que esperar mucho hasta que lo vi cruzar la calle a lo lejos.
Su cabello relucía, como si se hubiera duchado recién, levantó su mano para saludarme y yo le devolví el gesto cuándo estuvo cerca, se detuvo a unos centímetros de distancia y ladeó la mirada directo al sol, dejando que los reflejos dorados bañaran su silueta.
—El sol está muy agradable, ¿No quieres tomar asiento? — Le propuse.
Drew asintió, aceptando mi oferta, se dejó caer con cuidado en el espacio vacío a mi lado y soltó un suspiro largo cuándo su espalda tocó el respaldo, noté en seguida cómo su postura se relajó.
—Estoy agotado.
—Puedo notarlo — Comenté — ¿Qué tal estuvo el resto de la noche? ¿Se terminaron los postres? De verdad quería quedarme un poco más, creo que me fui en el mejor momento.
Drew tamborileo los dedos en su rodilla.
—Todo estuvo perfecto con los postres, no quedó nada, hubo especial interés en el mouse y las cápsulas de chocolate.
Apreté el puño, victoriosa.
—Respecto a lo demás, no te perdiste de mucho, luego de que te fuiste Solidad y Harley no tardaron en retirarse, ella quería quedarse más tiempo pero la impertinencia de Harley no se lo permitió.
Me reí al recordar a Harley encima de la otra invitada y a Solidad yendo por él, supuse que esa imagen lo tenía irritado.
—Creo que con Harley, Solidad nunca se aburrirá.
El chico no parecía muy contento con mi comentario.
—A veces no sé qué le pasa por la cabeza — Dijo — Supongo que es algo que solo Solidad es capaz de entender.
Puse un dedo en mi barbilla.
—Bueno, es cierto que es peculiar, pero si te soy sincera, su presencia ayer fue reconfortante.
Me miró con incredulidad.
—Eh, no me veas así — Me quejé.
Levantó la ceja, pidiendo una respuesta.
—Verás, ¿Cómo explicarlo? — Puse un dedo en mi barbilla — Estaba preocupada por no poder concentrarme lo suficiente, pero la conversación con Brianna y la excentricidad de Harley me aliviaron, de no ser por ellos, quizás hubiera pasado gran parte de la fiesta en una esquina contemplando el techo.
Drew relajó los hombros, como si hubiera dado en el clavo justo en algo que era de su especial interés.
—Por cierto, hablando de Brianna.
Bingo.
—Me dijo que te contó que no volvería a la ciudad por un tiempo.
Asentí, cautelosa.
¿Qué tanto de lo que me había contado y confiado sabía Drew? ¿Había sido ella tan sincera con él como lo había sido conmigo? Era difícil tratar de adivinar, lo mejor era tocar el tema sin faltar a la confianza de Brianna.
Sus últimas palabras antes de despedirse me hicieron sentir nostálgica, era imposible no hacerlo, después de todo, habíamos compartido buenos momentos juntas.
A estas alturas, quizás ella ya estuviera en casa.
—Si, algo me comentó, dijo que quería concentrarse en sí misma — Dije
—Eso me pareció entender — Convino — Espero que su camino de autoconocimiento se vea favorecido en todos los aspectos.
Aunque no entendí la razón de su mención, recordarla tanto a ella como a Rod y la frescura de sus partidas resultaba un poco tormentoso, aunque, era positivo para ellos.
—Espero que sí — Coincidí— Se que las circunstancias favorecerán tanto a Brianna y ya que estamos, también a Rod, ambos son muy talentosos.
Drew cruzó la pierna por encima de su rodilla.
—¿Cómo estuvo la despedida? — Preguntó — Podemos hablar de eso, salvo que prefieras que no.
Negué con la cabeza.
—Está bien — Dije — Voy llegando de la estación y para serte sincera, lo llevo bastante bien, creí que sería mucho más complicado desprenderme de la idea, pero su partida me ha ayudado inclusive a reconsiderar ciertas cosas que ya llevo buen rato pensando en hacer.
Guardé silencio, simplemente por inercia.
Drew parecía verdaderamente interesado y con su mirada, me invitaba a continuar.
—La decisión de Brianna y de Rod ocurrieron en contextos diferentes, sus experiencias me hicieron meditar mucho sobre lo que me faltaba por hacer, creo que está de más decir que extrañaré frecuentarnos, pero, ahora, en parte gracias a las últimas experiencias aquí, lo he decidido ya.
El chico me miraba con una sonrisa, como si estuviera orgulloso de lo que estaba diciendo.
Si, había pensado mucho en eso y la noche anterior al ver a los invitados de Drew lo había reafirmado.
Quería trabajar de forma independiente, anhelaba hacer las ocasiones especiales todavía más inolvidables e involucrarme con cada persona a través de los sabores.
—Voy a renunciar a la panadería.
Decirlo en voz alta siempre me ayudaba a aterrizar las ideas que solo rondaban en mi cabeza, un peso más se retiró de mis hombros y me permitió suspirar.
—Quiero comenzar a trabajar de forma independiente y tener mi propio local, tal como Solidad, quisiera llegar al estómago de cada persona con mis recetas, tal como Brianna lo logra con sus pinturas — Sentí como una sonrisa se extendía en mi rostro — Ya me moví de mi zona de confort una vez, y lo logré, siento que estoy preparada para superarme, todo lo que me ha ocurrido estos meses me ha demostrado que puedo arreglármelas.
Sentí que temblaba de la emoción, inspirada por mis propias palabras y de lo bien que se sentía decir todo eso con seguridad.
—Planeo superarte — Dije, devolviendo la sonrisa a mi vecino.
Bufó.
—Todavía ni has empezado realmente, además nos dedicamos a cosas diferentes.
—Solo tienes que decir que te intimida la idea.
—Ni un poco.
El chico movió su flequillo, orgulloso, entendiendo que se trataba de una situación cómica.
Crucé mi pierna y sentí que algo impactó con mi rodilla.
—Ah, por cierto, Drew — Le llamé
Tomé el paquete de la mochila y lo extendí frente a él, no se me iba a olvidar por tercera vez.
— Feliz cumpleaños atrasado.
Pude ver en su rostro que lucía cohibido, quizás hubiera protestado pero en lugar de eso tomó el paquete, resignado.
—¿Quién te lo dijo? ¿Solidad?
Negué.
—Brianna — Dijimos al unísono.
El chico sonrió.
—Debí suponer que te lo diría — Murmuró, después, soltó un suspiro — En fin.
Me encogí de hombros.
—Espero que no te moleste.
—Tampoco es para tanto.
Drew sujetó el paquete y comenzó a desenvolverlo con lentitud, tuve que contener las ganas de arrebatarle la caja de las manos y enseñarle el contenido yo misma
El peliverde tomó el papel que envolvía la caja blanca y lo dobló con cuidado, guardó los restos en su bolso y finalmente, abrió la caja para extraer la cadena plateada que yacía recostada en una almohada de terciopelo morado.
El chico la sujetó entre sus dedos, acariciando con la yema de los dedos las finas cadenas.
—Mi hermano me ayudó a escogerlo — Dije, preocupada por su silencio — Ya que sueles usar cuellos de tortuga con frecuencia, creo que algo así queda con tu estilo, de no ser por él, hubiera recurrido a algo un poco más drástico.
El chico soltó una risita.
—¿Cuáles eran las posibilidades?
Me mordí el labio.
— ¿Hubiera sido demasiado un globo enorme con tu nombre en pleno evento?
Puso los ojos en blanco.
—Definitivamente.
—Bueno, era eso o recibir a tus invitados con un payaso dentro del pastel.
—En ese caso, agradécele a tu hermano de mi parte por su intervención.
El peliverde tomó la cabeza con destreza y la abrochó alrededor de su cuello en un solo movimiento.
—Gracias, May.
Me felicité mentalmente, satisfecha.
—De nada, Drew.
Fijamos la vista en el cielo, sin decir nada más.
¿Había algo más que mencionar?
No, no lo había, simplemente, estábamos ahí, haciéndonos compañía.
La calma que me produjo la calidez de estar sentada en ese banco se vio reflejada en mis pensamientos y los recuerdos de mis propios logros, además de eso, mis reflexiones me llevaron directamente a la gente importante para mi, especialmente en Ash. Misty, Dawn y mis padres, quienes se las habían arreglado para seguir apoyándome incluso en la distancia.
Por ese motivo ya había decidido hacerlos parte de mis progresos, quería verlos y conversar en esta nueva etapa de mi vida.
Deslicé la mirada hacía Drew, que tenía los ojos cerrados, parecía tan sereno y muy apuesto.
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Aparté la mirada, azorada por mis propios pensamientos.
¡Por Dios! ¿De qué manera podía calmar el latir de mi corazón desbocado? Podía estar perfectamente en su presencia hasta que los momentos que compartía con él se reproducían en mi cabeza.
Y siendo sincera conmigo misma, ya no estaba dispuesta a seguir aplazando las cosas, en todos los aspectos, no quería que mis acciones siguieran siendo de esa chica que había llegado asustada a la ciudad y de la que estaba segura, ya no me representaba en absoluto.
Debía tomar el consejo de Solidad y el mío propio para poder soltar el tema, después de todo, el único motivo por el que había decidido no pensar demasiado en eso era porque no quería desilusionarme y arruinarlo.
Pero la verdad, ¿Qué era lo peor que podía pasar?
Lo único que sabía era que iba a poder estar más tranquila, fuera la respuesta que fuera.
Noté que el chico estaba totalmente relajado, sus pestañas formaban una fina sombra sobre sus párpados y su respiración era pausada, noté el suave aroma fresco de su esencia y como atraída, comencé a bajar la cabeza lentamente.
Primero un tramo, luego otro y otro hasta que finalmente, apoyé mi cabeza en su hombro, el chico no se apartó, al contrario, sentí el peso de su cabeza reposar en la mía.
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Calma, May.
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Tomé aire y muy lento coloqué mi mano encima de la suya, apenas fue un roce pero de inmediato, retiró su mano con suavidad y se enderezó, colocó sus codos en la rodilla y mantuvo la mirada al frente, meditando.
Me aclaré la garganta.
—Drew.
Me miró de reojo, pude ver su iris verde contrastar con la dirección de los rayos del sol, su expresión no era hostil, parecía cálida y tranquila, tal como el sonido de su voz cuándo pronunció mi nombre.
—May — Dijo — Detente.
¿Qué tipo de petición era esa? Me miraba como si supiera exactamente de qué quería hablar, y como si, de hecho, él no quisiera escuchar nada al respecto.
Sin embargo, ya había decidido que yo no quería eso, a esas alturas, no podía hacerme la loca y simplemente pasar del tema.
No había marcha atrás.
—No te comprendo — Mi voz sonó rasposa.
—¿Qué no entiendes? — Preguntó.
Mi vista comenzó a nublarse, sentí que me puse roja de vergüenza y el enojo comenzó a apoderarse de mi.
¡Maldita sea!
Y yo que me sentía preparada.
—Todo — Dije — Explícate, Drew, a veces, tengo la impresión de que estoy unida a ti más que cualquier otra persona que haya conocido, hemos vivido muchas cosas juntos, ¿No te parece? Como aquel día cuándo me diste la rosa de papel y…
Me mordí los labios al recordar sus labios posarse en mi frente, la imagen me hizo respingar, supe que él estaba pensando en lo mismo porque por primera vez de haberlo conocido, lo noté removerse en su asiento, inquieto.
—Pero a veces, siento que retrocedemos de la nada, como ahora que te has apartado de golpe — Continué diciendo.
—¿Podemos hablar de esto luego? — Se pasó la mano por la nuca y soltó un suspiro, su voz sonaba como una súplica silenciosa, una petición confidencial que me estrujó el corazón
Pero no quería callarme.
Me hablaba como si fuera una niña, el tono suave que estaba usando me estaba cabreando, era tan sencillo como dejarme en claro que no debía hacerme ideas erróneas y listo.
Era muy fácil pero, entonces, ¿Por qué si estaba preparada para cualquier respuesta no podía controlar mi enojo?
—¿En qué punto nos encontramos? —- Insistí —-¿Por qué tantas…?
Drew sujetó mi mano de golpe, mirándome con intensidad y obligándome a guardar silencio.
—May — Dijo mi nombre con firmeza — Por favor.
Sentí como el enojo se disipó con el tacto de su piel, su cercanía me obligó a prestar más atención al joven frente a mi.
Su expresión era tal cuál una estatua, sin nada en ella que me pudiera ayudar a deducirla, su rostro parecía endurecido, sin embargo, sujetaba mi mano con delicadeza, pude notar por debajo de su piel sus pulsaciones, igual de desbocadas que las mías.
Tenía que pensar claro y calmarme.
Drew era una persona mordaz y sincera, si tenía algo que decir estaba segura de que lo diría, no se había portado tosco y me hablaba con calma, su agarre era firme pero suave, tal como su tono de voz.
¿Será que simplemente necesitaba tiempo para prepararse y aclararse?
Me aclaré la garganta.
—Bien.
Noté que quiso decir algo más, sin embargo, soltó mi mano con cautela y se alejó del parque.
Cuándo estuve segura de que no me vería, caminé a mi departamento y me tumbé directo en la cama, necesitaba reflexionar sobre lo que había ocurrido.
¿Había cometido una estupidez?
Solté un gruñido contra la almohada para contener mi frustración.
Debía tratar de entenderlo, de darle tiempo y quizás, luego, él mismo se encargaría de buscarme para solucionarlo.
¿Verdad?
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¿Y si eso jamás ocurre?
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Si eso no ocurría, podía vivir con eso.
Podía hacerlo, podía tomar el ejemplo de Brianna y enfocarme en mi.
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¿Es así como Brianna se sintió?
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Si, podía enfocarme en mi.
Tal como lo había hecho hasta ahora.
Necesitaba prepararme, para lo que fuera y también, tomar un respiro de todo lo que estaba ocurriendo y de lo que estaba a punto de suceder, tenía metas, nuevos sueños y una nueva forma de ver la vida en la que finalmente estaba tomando el control.
Lo demás, era secundario.
Pero, entonces…
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¿Por qué duele tanto?
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Tengo una clara inclinación por los capítulos largos, pero creo que esta vez me he pasado.
Estamos en la recta final y si el siguiente capítulo me sale igual de largo creo que tendré que dividirlo.
Ha sido difícil publicar este capítulo, este fic ha sido como un hijo pequeño al que me cuesta soltar y mentiría si dijera que no lo estoy aplazando a propósito
Sin embargo, ya tuve tiempo de meditarlo y nada, lo que sigue haha
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Saludos, Xana.
