¡Hola! ¡Espero que estéis todos bien! Aquí tenéis la continuación y de nuevo este tiene una advertencia. Este capítulo contiene leves menciones de abuso sexual y muerte infantil. Si sois sensibles, POR FAVOR, no leáis el capítulo.
Muchas gracias y disfrutad.
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FBI: Criminal Investigative Division
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Capítulo 26: "Conexión"
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Sakura soltó un suspiro que no sabía que estaba manteniendo antes de enfocar y ver aquellos ojos negros que le transmitían paz y preocupación. Ambos estaban en la pueta del interrogatorio por la que Sasuke los había sacado casi con violencia después de haber dado por finalizada la conversación con aquel criminal.
- ¿Estás bien? – inquirió Sasuke frunciendo el ceño y viendo como ella asentía ante su pregunta. – Lo siento mucho – dijo aún con el cuerpo en tensión. – Te prometí que no volvería a interrumpir cuando estuvieras interrogando, pero no lo pude evitar – su tono era suave, pero su mirada era dura debido a la situación tensa que se había producido en la sala. Había estado tranquilamente observando el interrogatorio totalmente solo cuando, al oír los comentarios e insinuaciones del criminal, no pudo evitar entrar en la sala sin ni si quiera pensarlo. – Después de lo de Hidan…
- No – cortó la chica apretando el antebrazo del chico y sin poder apartar sus ojos de él. – Gracias, Sasuke.
- Lo que necesites – sus palabras fueron un susurro, pero fue suficiente para que ella lo escuchara.
- ¿Todo bien? – interrumpió la voz de Shikamaru haciendo que los dos agentes rompieran aquella conexión para fijarse en el supervisor. – ¿Y Naruto y Sai?
- Sai hablando con Kakashi y la Directora Senju sobre el expediente falsificado de Orochimaru y Naruto ha recibido una llamada del laboratorio – comentó el Uchiha cruzándose de brazos. - ¿Hablaste con el abogado?
- Llegará en breves – ambos oyeron el ascensor y sus ojos se clavaron instantáneamente en él, donde un joven con un elegante traje gris, hacia su entrada. – De hecho, ya está aquí.
- Por supuesto que tenía que ser él – musitó Sasuke frunciendo el ceño a la vez que cruzaba sus brazos, llamando la atención de la joven analista.
- ¿Quién es?
- Yakushi Kabuto – contestó Shikamaru metiendo las manos en su bolsillo y viendo como el abogado se acercaba con paso lento y confiado hacia ellos. – Un abogado bastante conocido especializado en defender a criminales poderosos.
- Mi peor pesadilla – masculló el Uchiha acompañado de un gruñido que Sakura encontró divertido porque nunca había visto al moreno tan molesto y desesperado por perder de vista a alguien.
- Ah, SSA Nara, SA Uchiha – dijo el abogado con una pequeña sonrisa. – Nos volvemos a ver – sus ojos negros se clavaron en la chica. – Parece ser que hay caras nuevas – extendió su mano hacia Sakura a modo de saludo. – Yakushi Kabuto.
- SA Haruno Sakura – apretó su mano a modo de saludo rápidamente.
- Haruno, ¿eh? – comentó levantando una ceja gris y, por consecuencia, haciendo que Sakura lo mirara fijamente, como queriendo analizar su tono y su mirada. Era un chico joven que tendría unos 35 años, aunque aquel pelo gris y su vestimenta le daban apariencia más mayor, llevaba unas gafas redondas negras y tenía una pequeña sonrisa dibujada en su rostro que indicaba superioridad. Su postura estaba recta y demostraba una seguridad que parecía rozar con el narcisismo o esa fue la sensación que le dio a la analista. - ¿Dónde está mi cliente?
- Por aquí, por favor – indicó Shikamaru abriendo la puerta donde el criminal esperaba con demasiada tranquilidad. – Os dejaré un par de minutos solos para que habléis y después, nos reuniremos todos.
- De acuerdo – asintió con la cabeza para entrar en la sala, no sin antes dedicar una sonrisa vanidosa al Uchiha. – Cinco minutos serán suficientes.
- Capullo engreído – farfulló el moreno sin importarle que el abogado no hubiera aún cerrado la puerta y haciendo que Sakura alzara una ceja con una chispa de diversión.
- Hablaré con Kakashi y nos encargaremos de Orochimaru – dijo el supervisor tras soltar un suspiro entre cansado y aburrido. – Os podéis ir a casa a descansar. Ha sido un día muy largo.
- ¿Estás seguro, Shika? – preguntó la chica más por cortesía que por interés puesto que estaba deseando llegar a su casa y olvidar aquel día. Ni si quiera sabía la hora que era, sólo que era muy tarde.
- Sí, no os preocupéis – movió su mano como queriendo restarle importancia. – Llegaremos a un acuerdo y mañana sabremos donde está la cueva de Akatsuki – Sakura tragó nerviosa. – Marchaos y llevaos a Naruto y Sai con vosotros.
- Gracias, Shika – dijo la chica con una sonrisa cansada. – Hasta mañana.
- No me das ninguna envidia por quedarte con Kabuto – comentó Sasuke con una sonrisa socarrona.
- Si tantas ganas tienes, puedes quedar si quieres, Sasuke.
- ¿Y volver a tener una llamada de atención por intentar golpear a un criminal? – inquirió en tono burlón haciendo que Sakura mostrara una pequeña sonrisa al relacionar sus palabras con la situación de Hidan. – No, gracias, SSA Nara.
- Qué problemático – dijo entre suspiros el supervisor viendo como los dos agentes se marchaban hacia el ascensor y dejándolo ahí solo con aquella situación. – Tenía que haber estudiado otra cosa.
Sakura y Sasuke montaron en el ascensor y cada uno se dispuso a avisar a sus respectivos compañeros de la orden de ir a casa y descansar, aunque por la respuesta que recibieron del rubio comprendieron que ya se habían marchado hace un par de minutos por cortesía de Kakashi.
- Increíble – farfulló la chica apoyando su cuerpo contra una de las paredes del ascensor. – Se largan y no son capaces de avisar.
- Conociendo al dobe, seguramente tendría hambre y estaba pensando con su estómago – comentó Sasuke en tono burlón. – Y Sai... – sus ojos se clavaron en los de la chica. – Bueno, Ino le habrá arrastrado a casa a la mínima oportunidad.
- No me sorprende ninguna de las dos hipótesis – rodó sus ojos imaginándose a su rubio mejor amigo devorando con ansia la comida de su prometida y a su compañero siendo llevado a rastras por una Ino sediente de sexo. – Al final, nos quedamos los de siempre.
- Los mejores, querrás decir – su tono era sincero a la vez que socarrón, lo que ocasionó una suave risa por parte de la chica. - ¿Karin se fue también?
- Sí, hace casi una hora – dijo contemplando su móvil para verificar que, exactamente, su compañera de piso se había marchado a casa pasadas las once. Hoy había sido un día largo para todos, por lo que no se sorprendía que estuvieran ansiosos por ir a sus respectivos hogares, aunque ahora tenía que coger un taxi o un autobús para volver a casa y, sinceramente, esa opción le daba mucha pereza.
- ¿Necesitas que te lleve? – preguntó Sasuke como si estuviera leyendo sus pensamientos y haciendo que la chica lo mirara fijamente.
- No hace falta, puedo coger un taxi.
- No seas tonta, Sakura – el joven Uchiha rodó los ojos. – Te llevaré a casa.
- ¿Seguro que no es molestia?
- Ninguna – aseguró en un tono tan sincero y real que la chica solo pudo agradecer de corazón antes de dirigirle una sonrisa.
El camino a casa fue, para sorpresa de ambos, bastante tranquilo y nada incómodo como habían presupuesto inicialmente en sus respectivas cabezas. No sabían si era por el cansancio o porque realmente necesitaban la compañía del uno al otro, pero ambos se sintieron en paz, con aquella sensación de hogar y calidez en las que no se necesitaban palabras, lo cual Sakura agradeció internamente. Tenía la cabeza hecha un lío con toda esa situación y lo menos que quería en ese momento antes de irse a dormir era desordenar aún más sus pensamientos y emociones.
- ¿Sakura? – una voz varonil y grave le obligó a volver a la realidad y a clavar sus ojos en el conductor, quien la observaba con una ceja alzada como si estuviera esperando a que ella reaccionara. – Ya hemos llegado – comentó haciendo que la chica se percatara de sus alrededores.
- Oh – dijo tras identificar el edificio donde vivía y centrando su vista de nuevo en el Uchiha. – Muchas gracias por traerme, Sasuke – mostró una pequeña sonrisa antes de coger todas sus pertenencias. – Nos vemos mañana – dijo con intención de abrir la puerta, mas la voz del moreno y su mano en su bíceps le hizo pararse.
- Sakura – su rostro era serio, impasible, pero sus ojos mostraban un dije de preocupación que no pasó desapercibido por la joven analista. – Seguramente no sea la persona más indicada o adecuada, pero – apretó levemente el agarre, - si necesitas hablar con alguien del día de hoy o de otra cosa, puedes contar conmigo.
Aquellas palabras sorprendieron mucho a la chica principalmente porque, en todo ese tiempo que llevaban trabajando juntos, nunca las había verbalizado. Es decir, siempre había sido un hombre más de actos que de palabras y el oírlas salir de su boca, habían hecho que la chica se sintiera querida a pesar de la situación tan complicada que había ocurrido entre ellos.
- Lo tendré en cuenta – dijo sinceramente la chica dedicándole una última sonrisa. – Hasta mañana, Sasuke.
- Descansa, Sakura.
En ese momento, mientras entraba en el portal y perdía de vista el deportivo lujoso del moreno, la Haruno no pudo evitar pensar en aquello que habían vivido y, sobre todo, en cómo aquel día tan horrible habría sido mucho más ameno si hubiera tenido al chico a su lado tal y como lo tenía antes. Sin embargo, al abrir la puerta del apartamento y encontrarse a Karin hablando tranquilamente con el que ahora era su interés amoroso, tuvo que deshacer todos aquellos pensamientos y remplazaros por remordimiento al estar pensando en su examante y no en el actual.
- ¡Ya era hora! – soltando un bufido, aunque aquella sonrisa complaciente indicaba que había estado bastante cómoda en compañía del cirujano. – Neji lleva más de media hora esperándote.
- Perdón, no esperaba verte aquí – comentó la chica curiosa dedicándole una pequeña sonrisa cansada. – Creo recordar que tenías dos operaciones algo complicadas hoy.
- Quería darte una sorpresa – dijo Neji levantándose del sofá y acercándose hasta estar lo suficientemente cerca como para poder coger una de las manos de la agente entre las suyas de manera delicada. – Naruto me comentó lo que había ocurrido hoy y pensé que necesitarías un poco de apoyo y compañía.
Genial. Neji ahí parado en su casa, esperando a que ella llegara tras su día de mierda para poder darle apoyo y cariño y ella, mientras tanto, pensando en Sasuke.
- Es muy atento por tu parte – susurró bastante apenada por su actitud.
- Os dejo solos – interrumpió la Uzumaki con una pequeña sonrisa. - ¡Adiós, queridos!
- ¿Quieres que hablemos de lo que ha pasado? – preguntó acariciando con su pulgar la mano y clavando sus hermosos ojos perlas en ella, haciéndola sentir vulnerable. Definitivamente, no merecía a alguien como el Hyuga. La chica negó con su cabeza, lo que causó que el cirujano rodeara su cuerpo con sus fuertes brazos. – Entonces, será mejor que vayamos a descansar. Ha sido un día muy duro, especialmente para ti – separó un poco su cuerpo para poder mirarla a los ojos antes de acercarse con una pequeña sonrisa y besar sus labios castamente, pero aquello no parecía ser suficiente para ella. Sakura quería pasión, quería olvidarse del pequeño Jiro, de los ojos inquietantes de Orochimaru, de la sonrisa narcisista de Kabuto, de la mirada compasiva y lastimera de sus compañeros de trabajo, pero sobre todo necesitaba borrar de su mente la fuerza de las palabras de Sasuke y los sentimientos que habían despertado en su interior. Tenía que olvidarse de todo eso para poder centrarse en el maravilloso hombre al que besaba con pasión. – No sé si es lo…
- Por favor – suplicó atrayéndolo de nuevo a su boca, esta vez con más ansia, y evitando así que él continuara hablando. – Neji-kun, por favor.
El Hyuga era listo, siempre había sido un genio, y por esa misma razón no había tenido que indagar más para comprender perfectamente el significado de sus palabras. Ella lo necesitaba en ese momento de una manera más carnal que emocional y, aunque sabía que aquello no era exactamente beneficioso para su estado mental, estaba dispuesto a dejarlo pasar con tal de darle todo lo que ella pidiera.
Y así, mientras se entregaban a la pasión por primera vez en la oscuridad de su habitación, mientras él le ayudaba a olvidar cada malo momento y cada recuerdo tormentoso entre caricias y gemidos, Sakura comprendió que no merecía a alguien como Neji, pero esa noche iba a ser egoísta y, por primera vez en muchos años, iba a mirar por ella misma. Ya tendría tiempo de una introspección, aunque no sería en ese momento.
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Decirse que se encontraba mucho mejor cuando se despertó a la mañana siguiente, habría sido mentir porque, aunque era cierto que se sentía más descansada y tranquila, su paz interior todavía estaba perturbada e inquieta, como si una pelota estuviera en su estómago y no le dejara avanzar. Pese a esa sensación, debía reconocer que había tenido una buena mañana.
Despertarse al lado del cuerpo desnudo de Neji había sido más que gratificante. La noche anterior había sido maravillosa y, aunque el sexo había sido más para beneficio de su inquietud mental, debía de decir que había sido muy bueno. Neji había estado atento a su cuerpo y a sus caricias y había sido bastante más romántico de lo que ella hubiera imaginado o, mejor dicho, de lo que estaba acostumbrada. Es más, aquel romanticismo se había extendido a la cocina cuando el Dr. Macizo les había preparado un desayuno completo después de que ella se tomara una ducha relajante. ¿Es que acaso era el hombre perfecto?
Ahora, ahí sentada en el sofá después de haberse despedido de Neji hacía menos de una hora, Sakura no pudo evitar que los pensamientos, que habían sido protagonistas en su día anterior, volvieran de nuevo tras haber disfrutado de aquella mañana. Necesitaba hablar con alguien, pero no sabía exactamente con quién o, más bien, sí que sabía con quién, pero no se atrevía a aceptar su propuesta.
Comprobó con mala gana que aún eran las diez de la mañana y no tenía que entrar a trabajar hasta pasadas las tres de la tarde y, lo peor de todo, no podía desahogarse con su compañera de piso hasta casi la hora de la cena. Su mente empezó a descartar rápidamente opciones: Naruto estaría dormido hasta casi la hora de trabajar, Sai le haría tantas preguntas que rozarían la incomodidad y no le harían ningún bien emocional, Temari e Ino estaban trabajando al igual que Karin, su madre… su madre desconocía casi toda su vida personal, y Tenten estaba en otro país y ella necesitaba un cara a cara.
Soltó un suspiro mientras se levantaba del sofá con pesadez en dirección a su habitación y asumiendo que sólo había una persona con la que se pudiera sentir cómoda hablando y, a mayores, que la comprendiera de manera objetiva.
Así que, tras mucho debatir internamente y después de haberse arreglado rápidamente, salió del apartamento y se dirigió hacia su destino con decisión. Ni si quiera sabía si estaría en casa, pero una corazonada le estaba diciendo que tenía que ir.
Cuando divisó el antiguo rascacielos donde vivía a penas un mes atrás, pesó en echarse hacia atrás y darse la vuelta, aunque aquel nudo en la garganta le estaba pesando más que cualquier otro pensamiento. Por eso, ahí se hallaba en ese momento parada de frente a la puerta del departamento del Uchiha, con la mano a medio camino a punto de golpear en la madera y manteniendo la respiración como si temiera que fuera ser oída por alguien.
- No hemos dado este paseo para nada – se dijo a sí misma de manera motivadora antes de llamar suavemente con los nudillos.
Al instante, oyó la voz varonil del moreno acompañado de ruidos y pasos en su dirección hasta que la puerta se abrió mostrando al dueño de la casa.
Decir que el chico estaba sorprendido de verla ahí sería quedarse corto. De todas las personas que podrían haber estado llamando a su puerta en ese día, Sakura estaba en la lista por debajo seguida de cerca por el fantasma de su difunto abuelo. Es más, se atrevería a decir que esperaría antes una visita paranormal que la de la analista.
- Sakura, ¿qué haces aquí? – preguntó con el ceño confuso porque realmente así se sentía.
- Perdona, Sasuke - contestó con una mirada nerviosa. Sentía como sus manos le sudaban y como una sensación de vértigo se colaba en su estómago. – No sabía a donde ir y… - de pronto, oyó unos pasos y un suave murmullo en el interior de la casa, lo que provocó que la chica se tensara. – Aunque, claro, quizá debería haber avisado porque a lo mejor estabas ocupado – susurró intentando no pensar en la posibilidad de que Sasuke estuviera con otra persona.
- Lo cierto es que no es un buen momento – dijo con unos ojos que indicaban disculpa. – Pero si es urgente, puedo…
- No, no te preocupes – forzó una pequeña sonrisa que no pasó desapercibida por los ojos críticos del moreno. – Podemos hablar luego si…
- ¿Quién está en la puerta? – una voz dulce se situó detrás de Sasuke, sorprendiendo notablemente a ambos, aunque en especial a Sakura. Sus ojos vagaron hacia el origen de la voz y, en vez de encontrarse una escultural mujer, se topó con una niña de hermosos ojos negros curiosos y cabello marrón recogido en dos pequeñas coletas con un pijama de unicornios azul cielo. - ¿Quién es ella, Ojisan? – su vista se desvió brevemente de la chica hacia el varón mientras la joven analista analizaba las palabras de la niña y así comprendió que era la famosa sobrina de Sasuke.
- Soy Sakura – saludó a la vez que se situaba a la misma altura que ella. – Tú debes ser Itsuka-chan.
- Sí, soy Itsuka – dijo la niña con una pequeña sonrisa bastante emocionada porque aquella desconocida la había identificado correctamente. - ¿Tú también has venido a cuidarme?
La analista alzó una ceja mirando a Sasuke, quien se mantenía impasible, pero con un brillo en los ojos que se podría identificar como diversión o felicidad.
- Itsuka-chan se ha levantado con algo de fiebre – su mirada se posó sobre la susodicha con actitud seria, - y no sé que hace aquí y no en la cama tal y como la había dejado.
- Quiero zumo de piña – exigió clavando su mirada en su tío favorito y sabiendo que conseguiría todo lo que pidiera.
El Uchiha soltó un suspiro y mentalizándose internamente de que iba a ceder ante las exigencias de su sobrina porque ambos sabían que él no se iba a negar a nada de lo que pidiera.
- Está bien. Te daré el zumo, pero luego tienes que ir a la cama a descansar hasta que venga mamá – miró como la chica mostraba una enorme sonrisa que hacía derretir lentamente el hielo de su interior. – Venga, entra y espera en la habitación.
- ¿Puede entrar Saku-chan? – pidió con su mirada inocente clavada en su tío.
Sasuke dirigió su vista hacia la analista, quien se había levantado, para cuestionarla sin palabras si quería pasar a la casa, a lo que la joven asintió levemente a la vez que una pequeña sonrisa aparecía en su boca.
- Claro, pasa – apenas tuvo tiempo de terminar aquellas palabras cuando su sobrina tiró bruscamente de la joven hacia el interior, haciendo que Sasuke compusiera una sonrisa. - ¿Quieres algo de beber?
- Agua, gracias.
- Te esperamos en el cuarto, Ojisan – dijo la pequeña correteando por el pasillo y dirigiéndose hacia el cuarto que estaba contiguo al suyo antiguo. Nunca había entrado en esa habitación, pero era un espacio que parecía haber sido diseñado para la propia Itsuka con unicornios, colores pasteles y muebles blancos. Y, en medio de aquel tranquilo e infantil espacio, se encontraba una figura negra que observaba en postura vigilante a las dos nuevas intrusas. – Este es mi cuarto cuando me quedo con Sasu-chan.
- ¡Anubis! – gritó Sakura contenta al ver al perro, el cual se lanzó completamente emocionado sobre ella tras reconocerla, a lo que la chica tuvo que arrodillarse para dejar que el perro le lamiera. – Yo también te he echado de menos.
- ¿Te gustan los perros?
- Oh, sí, mucho – contestó sin perder la sonrisa mientras miraba a la niña. – Venga, métete en la cama antes de que tu tío se enfade.
- Ojisan nunca se enfada conmigo – dijo la niña con una pequeña sonrisa algo maquiavélica. - ¿Cuál es tu color favorito, Saku-chan?
- Vaya, eres muy afortunada, Itsuka-chan – comentó mientras la arropaba y se situaba en el lado contrario que Anubis había invadido. – El rosa.
- ¡El mío también! – chilló emocionada momentos antes de acariciar uno de los mechones de pelo de la chica. – Me gusta tu pelo. De mayor lo quiero tener rosa como tú.
- A mí me gusta más el tuyo – dijo con una sonrisa dulce ante las palabras de la niña, quien había conseguido hacerla olvidar hasta de sus mínimas preocupaciones. ¿Se podía ser más dulce e inocente?
- Saku-chan – llamó con una mirada inocente pintada en aquellos hermosos ojos negros. - ¿Eres la novia de Ojisan?
Quizá no era tan dulce e inocente como pensaba. Diablos, era una pequeña Uchiha en potencia con dotes sarcásticos y expresiones cortantes. Afortunadamente, Sakura no tuvo que responder a aquella pregunta porque su adorado tío entraba por la puerta con el prometido zumo en una de sus manos.
- Aquí tienes tu zumo, Itsuka-chan – se acercó hasta depositarlo sobre una de las mesillas que flanqueaban la cama para después lanzar una mirada a la joven pelirrosa. – Sakura y yo vamos al salón a hablar, pero Anubis se quedará contigo para que no estés sola – Sasuke rodó los ojos cuando vio a su sobrina empezar a hacer pucheros. – Itsuka-chan, teníamos un trato.
- Está bien – dijo derrotada hundiéndose de nuevo en la comodidad de su colcha. – Pero quiero que galletas con pepitas de chocolate.
Sakura observó como el hombre soltaba un suspiro antes de acceder a las condiciones de negociación de la pequeña Uchiha, lo cual encontró bastante divertido teniendo en cuenta al carácter y la seriedad de su compañero de trabajo.
- Mejórate, Istuka-chan y nos vemos otro día – dijo la chica a punto de abandonar el cuarto no sin antes recibir una sonrisa por parte de la niña. – Es una monada de niña – comentó una vez estaban solos en el salón.
- Es una chantajista – bufó Sasuke sentándose al lado de la chica, aunque manteniendo un poco de distancia entre ellos dos para: 1) poder mirarle a la cara, y 2) no hacerle sentir incómoda con su presencia ni su cercanía. – Ojalá pudiera decirle que "no".
- Estoy segura de que lo harás cuando sea una adolescente y empieza a tener problemas en sus relaciones amorosas – comentó con una pequeña sonrisa viendo como el Uchiha fruncía el ceño, seguramente porque se estaba imaginando a su adorada sobrina de la mano de algún interés amoroso. – Siento no haber avisado de que venía.
- No pasa nada – dijo él en un tono rápido con sus preciosos ojos ansiosos clavados sobre los de ella y esperando a que la joven se abriera. – Siempre eres bienvenida.
- No sé si quiera muy bien por qué estoy aquí – mordió su labio inferior mientras su mirada se posaba en sus manos. – Necesitaba hablar con alguien y… - soltó un sonoro suspiro, - siento que eres la única persona con la que puedo hacerlo – sus ojos se clavaron en aquellos negros como la noche, los cuales le miraban pacientemente, como si estuvieran esperando a que ella diera el paso y, en parte, eso tranquilizó a la joven Haruno. – Estos meses han sido una locura, aunque lo que más me ha afectado han sido estos días tan trágicos y traumáticos y no sé como hacer para olvidarme de todo – hizo una pequeña pausa como queriendo buscar el valor para verbalizar todos sus pensamientos. – No sé cómo olvidar las palabras de Gen antes de morirse, cómo dejar de pensar en el pequeño cuerpo de Jiro y en su mirada vacía sin vida, cómo sacar de mi mente los ojos de Orochimaru, la sonrisa de Deidara y las mentiras y engaños de Sasori, cómo dejar se sentir las manos de Hidan sobre mi piel – a la mención de eso último percibió como Sasuke apretaba sus puños molesto e incómodo porque ambos sabían que ese capítulo no había sido de agrado para ninguno de los dos. – No sé que hacer para volver a ser yo.
Un silencio cómodo se apoderó del ambiente de aquel salón. Sakura mantenía su mirada en sus manos, las cuales se movían nerviosamente en su regazo, mientras Sasuke analizaba lentamente cada una de las palabras de la chica sin apartar su vista de ella. Le encantaría poder abrazarle y decirle que todo aquello pasaría, que él se encargaría de ayudarle a volver a ser ella, que lo superarían juntos, pero aquel papel no era el suyo y ahora la chica contaba con el apoyo de Neji para esas cosas. Sin pensarlo más, se acercó un poco más hacia su cuerpo, sin importarle invadir su espacio personal y agarró una de sus nerviosas manos, lo cual ocasionó que la chica lo mirara entre sorprendida y avergonzada.
- Me encantaría decirte que olvidarás todo eso y que volverás a ser tú, pero no es así – dijo en un tono calmado. – Lo que ha pasado no es necesariamente algo negativo. Al contrario, nos ayuda a hacernos más fuertes y a adaptarnos a la vida – acarició involuntariamente con su pulgar la piel de la mano. – ¿Alguna vez te he contado como fue mi primer caso delicado? – ella negó con la cabeza. – Fue al año de empezar a trabajar en la unidad. Naruto y yo volvíamos de un caso cuando nos indicaron que habían encontrado un cuerpo y que necesitaban que alguien fuera al lugar del crimen y, como nosotros estábamos más cerca, accedimos a ir – hizo una pequeña pausa. – Se trataba de una niña, de la edad de Itsuka ahora, que había sido agredida sexualmente y estrangulada con un cinturón – comentó con la mirada perdida, como si estuviera reviviendo ese recuerdo en su mente. – Créeme que jamás voy a poder olvidar el color de sus ojos, los gritos de su madre al identificar el cuerpo ni mucho menos podré borrar de mi memoria como esa niña no obtuvo justicia y nunca se supo quien fue su asesino.
- Lo siento mucho – comentó ella haciendo que el chico volviera a la realidad y le dirigiera una pequeña sonrisa cansada.
- Esas cosas que nos pasan como consecuencia de nuestro trabajo no se olvidan, nos ayudan a crecer – continuó volviendo a retomar la caricia de su pulgar sobre su mano. – Y tú deberías de estar orgullosa porque has sobrevivido todo esto y has obtenido lo más importante: justicia.
- ¿Cómo superaste ese caso? Bueno, Naruto y tú.
- No puedo responder por Naruto, pero yo fui a un psicólogo durante meses – confesó para sorpresa de la chica. – Me ayudó a entender por el proceso que estaba pasando y, sobre todo, me ayudó a seguir hacia delante.
- No sé si yo puedo olvidar todo…
- No se trata de olvidar – cortó Sasuke en un tono amable. – No te estoy pidiendo que lo olvides, si no que aprendas a vivir con ello, Sakura.
No supo muy bien si era por sus palabras, por las caricias de su pulgar en su mano, por su mirada apasionada, por sus emociones a flor de piel o por un cúmulo de todo que Sakura no pudo evitar desear a Sasuke con la misma pasión que antes. Quería besarlo, quería arder en su fuego, quería morder cada centímetro de su piel y que él la hiciera suya hasta que perdiera el conocimiento. No obstante, por mucho que su corazón y su cuerpo le gritaran que sucumbiera a la pasión, sabía que no podía hacerlo. No por respeto a Sasuke y, por supuesto, por respeto a Neji, quien la adoraba y era la persona más buena que jamás había conocido.
Por ello y muy a su pesar, se alejó un poco de él haciendo que sus manos se dejaran de acariciar y rompiendo aquella conexión entre sus miradas que les hizo volver a ambos a la realidad.
- Muchas gracias, Sasuke – dijo ella poniéndose en pie. – Será mejor que me vaya, pero tendré muy en cuenta tus palabras y creo que hablaré con un psicólogo.
- Es una buena idea – Sasuke se puso en pie y acompañó a la chica hacia la puerta.
- Bueno, nos vemos, luego – Sakura mostró una pequeña sonrisa y levantó su mano a forma de despedida. – Gracias de nuevo, Sasuke.
- No me las des – sus ojos se posaron en sus orbes jades. – Siempre que necesites algo, ya sabes dónde estoy.
Y tras una mirada más, Sakura se marchó de apartamento con las ideas mucho más claras que nunca, aunque no era la única porque Sasuke, quien estaba parado con la mano en la puerta, no pudo evitar mostrar una sonrisa tras aquel encuentro.
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SheNdy.
