Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer (por desgracia u.u') La trama es regalo de una musa que ama mis cumpleaños n.n


Capitulo 2.

— ¡Que casa tan hermosa! —dijo mirando alrededor.

— Muchas gracias, Alice—respondió Jasper cortésmente—. Sígame, por favor—dijo caminando hasta el estudio. Helena de inmediato comprendió "platica de adultos" y con un suspiro exagerado se sentó en la sala y prendió la radio encontrando en la estación una canción que amaba.

— Siéntese, por favor—dijo Jasper señalando una silla frente a su escritorio y a su vez tomando asiento él.

— Gracias—musitó ella.

— ¿Qué edad tiene?

— Veintidós, señor.

— Y cuénteme ¿a qué se dedica?

— Pues, en este momento no tengo nada realmente—comenzó ella—. Acabo de llegar a la ciudad y me estoy quedando en un hotel. Por supuesto que los ahorros que tengo no me alcanzaran para vivir toda la vida allí, así que he comenzado a buscar un empleo.

— Claro—dijo él pensativo—. Y ¿estudia?

— Estudiaba—dijo ella agachando la cabeza—. Hace un mes mi casa en Boston, se ha incendiado y perdí todos mis papeles de estudios y actas. Todo se perdió en ese incendio, por eso he venido aquí, para comenzar de nuevo.

— Entiendo—dijo Jasper—. ¿Y tiene experiencia trabajando con niños?

— Si—sonrió ella—. Estuve con un grupo de primaria hasta hace poco. Me gusta mucho estar con ellos.

Por alguna razón, la sinceridad de esta muchacha hacía a Jasper creer en ella. Pero al mismo tiempo su mente metódica y controlada le hacía dudar. Sin referencias, sin nada de nada ¿Cómo iba a contratar a alguien que quizá no existía legalmente?

Quizá Alice se percató, porque lo miró casi de una manera suplicante.

— Tendría que pensarlo, señorita.

— Por favor—pidió ella—. Le aseguro que no se va a arrepentir. Puedo ayudar también con la limpieza, se cocinar y hasta podría contarle cuentos a la niña.

Jasper se sorprendió ante la insistencia de la muchacha. Por alguna razón se sintió desarmado. No podía negar que aquello podía serle de mucha ayuda, pero ¿valía la pena correr el riesgo?

Iba a decirle que no podía hacerlo, que no podría aceptarla sin absolutamente nada que confirmara su identidad. Pero algo reemplazó su voluntad de una forma extraña y él solo dijo:

— De acuerdo, Alice—suspiró, el rostro de ella se iluminó de felicidad—. Le daré una oportunidad, pero con una sola condición.

— Lo que diga—respondió con entusiasmo.

— Tiene que vivir aquí—dijo Jasper con seriedad. No era una propuesta usual, en realidad se le acababa de ocurrir. Pero, por lo relatado por Alice, estaba seguro de que no tenía aún un hogar en esa ciudad, además de que esperaba que ello le proporcionara cierto control sobre la situación.

— Por supuesto—dijo ella sin ocultar su sonrisa.

— De acuerdo, entonces… es un trato—Jasper le extendió la mano y ella se la estrechó con confianza.

— Es un trato—confirmó.

Hablaron un rato más. Jasper le explicó los horarios de la escuela y de las clases de ballet vespertinas a las que Helena debía ir, así como sus propios horarios y el teléfono de su oficina si es que necesitaba algo. Se pusieron de acuerdo para, al día siguiente, instalarla en su casa y se despidieron quedando completamente de acuerdo.

Alice se fue de la casa con una gran sonrisa, prometiendo llegar a tiempo al día siguiente. Jasper se quedó de espaldas a la escalera al ver como se cerraba la puerta, con una extraña sensación en el pecho, que no sabía cómo interpretar.

Entonces Helena saltó desde la escalera a su espalda, sorprendiéndolo y logrando así, que él olvidará sus preocupaciones. La niña reía a carcajada limpia de la cara de susto que había puesto su padre.

— Que gracioso—dijo Jasper fingiéndose molesto.

— Sabes que fue gracioso, papi—respondió ella dándole un tierno besito en la mejilla, ese gesto era la mayor debilidad de Jasper, con ello podía desarmarlo completamente, pues lograba olvidar cualquier preocupación y problema que tuviera, por más serio que fuera. El amor de su hija era la mejor medicina que tenía para su alma y se enorgullecía de haber cuidado tan bien de ella, a pesar de que no sabía nada sobre paternidad cuando ella nació.

— Si, si lo fue—dijo él abrazándola y bajándola al suelo.

— ¿Ya nos vamos?

— Si—sonrió él. Casi se le olvidaba que habían quedado de ir al cine.

— ¡Yupi!—brincó ella con gran emoción.

Salieron juntos y se subieron en el coche, la niña se puso a cantar todo el camino hasta el gran centro comercial. Jasper descubrió con emoción que cantaba aquella canción que a él le gustaba tanto y con la que la arrullaba casi cada noche.

— Tu, la mes bella enyorança… Jo, esperaré per tu… Per tu... Fins el final, Doncs la distància es converteix en no-res, En els teus ulls veig la meva ànima.

Llegaron al cine y entraron en la sala para ver una película que ella le había pedido hace bastante tiempo. Él casi no prestó atención a la cinta, pues, a pesar de llevar varios años conviviendo y cuidando de la niña, él aún no se sentía del todo cómodo con todos sus juegos y cosas de nena.

"Y quizá nunca lo hagas" le había dicho su tía un día que se sentía abrumado por ello "No te aflijas, Jasper. Es natural. Pero mientras la cuides y estés siempre ahí, ella no verá ninguna diferencia"

Y él se había sentido más tranquilo después de esa plática.

Alice se mudó ese domingo a casa de Jasper. Tal y como había dicho, llevaba pocas pertenencias, por lo que le fue relativamente rápido acomodar sus cosas en la habitación.

Y allí se encontraba, leyendo un libro que traía en su maleta. Pero no lo leía en realidad, sino que se concentraba en el rumor sordo proveniente de la sala, donde Jasper y Helena jugaban entre risas y gritos.

— Papá, papá ¡Ya déjame! —decía la niña riendo. Jasper la tenía firmemente apresada en sus brazos y le hacía cosquillas mientras ella trataba de zafarse sin éxito.

— No— reía Jasper—, no te dejaré escapar. Jamás… — su tono era como el de un cachorro de león juguetón.

Así solían jugar todo el tiempo. Era su manera de relacionarse, a él le llenaba esa cercanía con su niña y ella simplemente se divertía.

— Ya, papá ¡Ya!

— No, tú tienes que zafarte.

— Bueno…

Helena se agarró al brazo de su padre y le clavó los dientes con toda la fuerza que tenía. Jasper sintió el dolor e instintivamente retiró las manos de la niña quien aprovechó para alejarse lo mas posible.

— ¡Ouch! — se quejó el rubio revisándose el brazo que había quedado marcado con los dientes de su hija—. Eso si me dolió.

Ella rió nerviosa mientras su padre le clavaba una mirada seria. En eso se escuchó gruñir su estomago y ambos echaron a reír.

— A comer—dijo el rubio levantándose. La niña lo siguió hasta la cocina, donde trepó a una silla y se quedó mirando a su padre rebuscar en las alacenas y el refrigerador en busca de comida.

— ¿Y si pedimos pizza? —sugirió ella con una gran sonrisa.

— ¿Quieres pizza? — la miró Jasper con los ojos entrecerrados.

— Si—contestó ella mirándolo con un puchero. Jasper la miró atentamente por un momento y luego rió y tomó el teléfono.

— De todas maneras no quería cocinar— le susurró por lo bajo a la niña. Ella rió alegremente.

El lunes por la madrugada, Jasper ya estaba de pie. Tenía que llegar temprano al trabajo y no vería a su hija despierta. Así era la mayor parte del tiempo, por eso ellos tenían un lenguaje secreto.

Entró en el cuarto donde ella dormía tranquilamente y se acercó. Puso su mano en la frente de ella y le dejó un beso en la mejilla. Ella suspiró y se abrazó con más fuerza a su oso de peluche. Entonces él tomó su mano y en su muñeca amarró un listón azul celeste, le dio un beso y salió del cuarto.

En el pasillo se encontró con Alice, quien vestía una blusa de tirantes blanca y unos pants grises. Iba saliendo de su cuarto.

— Buenos días— le saludó y ella volteó, aun adormilada.

— Buen día— le respondió—. ¿Ya se va?

— Si, estaba por irme. Pero antes quería hablarte.

— ¿Dígame?

— Solo que no se olvide de llevar a Helena a tiempo a la escuela y que la cuide bien, por favor.

— Por supuesto—respondió ella—. Pierda cuidado.

— Bien—dijo él—. Hasta luego.

Jasper bajó las escaleras y salió de la casa sin decir nada más. Alice se quedó mirando por la ventana mientras el auto desaparecía en la lejanía.

A las seis en punto Alice fue a despertar a Helena. La niña se talló los ojos y bostezó antes de mirar a su niñera.

— Buenos días, pequeña—le saludó Alice alegremente.

— Buenos días—canturreó ella con una sonrisa. Se incorporó y miró a su alrededor— ¿Ya se fue mi papi?

— Si, bonita él ya se fue.

Helena bajó la vista y se encontró con el listón en su muñeca. Al instante el rostro se le iluminó en una gran sonrisa.

— Entonces me quedo contigo ¿no?

— Si, yo te cuidaré, amour. Ahora levántate que si no, no llegaremos a la escuela. ¿Te ayudo a vestirte?

— No, yo puedo sola.

— Si—dijo ella y se levantó de la cama. Alice la dejó sola para que se vistiera y fue a preparar el desayuno.

Helena puso su muñeca cerca de su pecho y la apretó contra si con la otra mano. Ese era su lenguaje secreto. Jasper cada mañana le dejaba un listón azul y ella sabía así que su padre había ido a despedirse de ella antes de irse a trabajar y no se sentía sola. Después, por la tarde antes de ir a su clase de ballet, ella lo dejaba con un dibujo en su escritorio y así, cuando él llegaba y ella no estaba, encontraba el mensaje de su hija. Era su manera de comunicarse, de entenderse entre ellos dos.

— ¿De dónde vienes? —le preguntó Helena a Alice durante el desayuno.

— De Boston, Misisipi.

— ¿Y por qué viniste a esta ciudad?

— Por… azares del destino.

— ¿Qué es azazares del destino?

— Azares—le aclaró Alice riendo—. Son cosas que pasan, que no podemos controlar.

— ¡Igual que mi papi y yo!

— ¿Si?

— Ajá, mi papi no pudo controlar que se muriera mi tía y tampoco que mis tíos y primos se portaran mal con nosotros. Por eso nos vinimos—dijo dándole una probada a su cereal.

— ¿Fueron malos con ustedes?—preguntó Alice desconcertada. Aquello parecía demasiado imposible ¿por qué tratarían mal a Jasper siendo él tan amable y a Helena siendo tan dulce? — ¿Por qué?

— No sé. Mis primos decían que mi papi les había robado. Pero mi papi no es un ladrón, mi papá es el papá más bueno del mundo.

— Te creo—le dijo Alice tranquilizadora— ¿Y tu mamá? —no pudo contener su curiosidad.

— No la conozco—respondió Helena—. Murió cuando era bebé. Mi papi nunca habla de ella. Mi tía me dijo una vez que tenía mucha tristeza y que murió de eso. Se llamaba… —se quedó pensando—… María.

— ¿No te acuerdas de ella?

— No. Pero no la necesito, tengo a mi papi.

Durante el camino a la escuela siguieron hablando de cualquier cosa que se les venía a la mente. Cuando Alice fue a recogerla siguieron conociéndose mejor y al final del día ya eran amigas.

— ¿Ya acabaste tu tarea? —le preguntó.

— Desde hace rato—contestó Helena.

— ¿Y qué haces?

— Un dibujo.

La niña coloreaba de azul y rosa un enorme corazón con las palabras "Papi, te quiero" en negro. Alice sonrió ampliamente al verlo. Ella terminó y lo enrolló, a un lado tenía el listón azul y con cuidado anudó el papel. Se levantó y se fue corriendo hasta el estudio de Jasper.

Dejó el dibujo sobre el escritorio y salió de allí para ir a su clase de ballet.

Por la tarde, cuando Jasper llegó cansado del trabajo, encontró en su escritorio el dibujo de su hija. Con ese pequeño detalle todo su día cobró sentido y se sintió contento.

Con el paso de los días la relación entre Alice y Helena se fue estrechando. Jasper también había comenzado a encariñarse con ella, en especial por ver a su hija contenta. El paso del tiempo había convertido a Alice en una más de la familia.

Ella había adquirido algunas costumbres en la casa, como mirar por la ventana todas las mañanas hasta que el auto de Jasper había desaparecido, escuchar desde las escaleras los juegos infantiles del rubio y la niña, y su favorita: escuchar a Jasper cantarle a Helena antes de dormir.

Se hacía un ovillo junto a la puerta y se quedaba allí, sin hacer el mínimo ruido para que no se dieran cuenta de su presencia. Entonces se escuchaba la usual petición de Helena.

— Papi…

— ¿Si?

— Cántame una canción…

— De acuerdo—se detenía un momento a pensar y después su voz llenaba el ambiente—. És de nit… és tot fosc… estic sol… i no hi ha ningú… és de nit… un record.. dins el cor, ella hi és a dins…*

Alice cerraba los ojos y se dejaba llevar, de la misma manera que lo hacía Helena para quedarse dormida. Cuando dejaba de escuchar la voz de Jasper se levantaba y se iba a su cuarto para no ser descubierta.

— Mira Alice, debe estar por aquí.

— No deberíamos entrar aquí, Helena.

Se encontraban en el estudio de Jasper, encaramadas en el librero. Helena estaba empeñada en mostrarle a Alice sus fotos de bebé, que su padre tenía guardadas en un álbum allí.

— Mi papi no se enoja—dijo ella por toda respuesta, luego siguió rebuscando en el librero y exclamó— ¡Mira! ¡Aquí está!

Tomó el enorme álbum en sus manos y se lo pasó a Alice con dificultad, pues pesaba bastante. La joven no pudo contener la curiosidad y comenzó a hojearlo. Había muchísimas fotos de la niña, desde muy pequeñita hasta ese momento. Eran muchísimas, como es común en los padres primerizos. Pero una de las cosas que llamó mucho la atención de Alice fue que varias de las primeras fotografías aparecían rotas o recortadas. Una que otra partida exactamente por la mitad.

Helena encontró un papel que llamó muchísimo su atención en el suelo, posiblemente se encontraba cerca del álbum y al sacarlo había caído. Lo miró con curiosidad y comenzó a leerlo con dificultad.

— A… ac… acta… de nac… nacimien… acta de nacimiento… Ja… Jas… Jasper… Em… Emman… Emmannuel… Wi… With… Withlock… Jasper Emmanuel Withlock—leyó en la hoja—. Veinte de… No… noviem… noviembre… de uno… nueve… ocho… ocho.

¿Qué era eso?

— Alice, Alice—le llamo a la chica que se había quedado pensativa al mirar las fotografías—. ¿Qué es esto?

— Un acta de nacimiento, nena. ¿Por qué?

— ¿Es de mi papi?

— Si.

— ¿Y cuando nació?

— El veinte de noviembre de 1988.

— Entonces ¿el veinte de noviembre es su cumpleaños?

— Si.

— ¿Hoy que día es?

— Dieci… nueve de Noviembre.

— Entonces, su cumpleaños es…

— ¡Mañana! —exclamaron ambas a la vez. Se miraron a los ojos y comenzaron las miradas cómplices.


(*) Es de noche, está todo oscuro, estoy solo y no hay nadie. Es de noche, un recuerdo, dentro del corazón, ella está dentro... (Sense tu-Tèrapia de Shock) Otra cancion en catalán :3 Agradezco a Chris por recomendarla.


Hola! ¿Como están? Yo feliz de la vida, porque mi cumpleaños fue el domingo 27. Por fin cumplí 18 años y eso me hace muy feliz.

Bueno ¿Qué es lo que opinan de este capitulo? Ya conocimos un poco mas a Alice y seguimos viendo esa hermosa relacion Jasper-Helena. Me parece un padre tan lindo y adorable y la pequeña Helena es preciosa, un amor de nena. Son un par de amores, y pronto serán un trio de amores (o quiza un cuarteto e.e).

Se que está un poco lento, pero no desesperen. Pronto sabrán cual es la historia completa detras de Alice.

¿Reviews? ¿Felicitaciones? ¿Reclamos? ¿Regalos de cumpleaños? jejejeje xD Todo dejenlo alla abajo en el recuadrito bonito de alla.

Nos leemos pronto.

Besos.

Klau.