Capítulo 13

Debido a los ataques vampíricos que iban en aumento en la región cercana a Elham, Enrico Maxwell, alegando su condición de padre de familia y cristiano devoto, decidió unirse y encabezar el pequeño ejército de ciudadanos que había formado el padre Anderson para eliminar el mal en el condado de Kent, y así, dar al fin con el cabecilla demoníaco de esa espantosa situación en la que se encontraban. Por esta causa, Integra se quedaba sola todas las noches con su bebé, de quien no se separaba.

Sabía que, estando con la sola compañía de su hijito, sería acosada por el vampiro tarde o temprano. Y no quería que Alucard utilizara a Adrian para chantajearla de irse con él; por eso no se despegaba del niño.

Desde el día en que supuestamente había mordido a Rip, Adrian no volvió a mostrar señales de algún comportamiento anómalo. Integra, siempre que podía, le colocaba un dedo dentro de su boquita, a la espera de que de alguna manera la mordiera para comprobar ese hecho, pero el bebé sólo se limitaba a chupar. Incluso cuando lo amamantaba, la rubia esperaba, con cautela, que intentara picarle, pero nada. Era un bebé de lo más tranquilo que adoraba estar en brazos de su madre.

Había observado, extrañada, que entre sus encías comenzaban a crecerle los primeros dientes de leche; sin duda lo volvería a llevar al pediatra, pues el hecho de que le crecieran los incisivos siendo un bebé de días no era normal.

—Deberías dejar de darle vueltas al asunto, Integra —dijo Alucard una de esas noches de repente y llegando de la nada a la habitación, haciendo que la susodicha diera un respingo.

—Estúpido —suspiró ella después de recuperarse del susto—. No sé de qué estás hablando. Y nadie te dio permiso de entrar a mi casa.

—Él no tiene necesidad de absorber tu sangre —le explicó el vampiro—. Es un dhampir y, aunque seas humana, él te reconoce como su madre y no te morderá. Es más, le encanta estar entre tus pechos, como yo —agregó burlón.

—No te atrevas a compararte con él, no es nada tuyo.

De repente, Adrian fijó su vista en Alucard. A continuación, se le deformó el rostro, aferrándose aún más a su madre.

—¡Ay, mira que salió celoso el mocoso! —rio el nosferatu.

—¡Vete de aquí! —exclamó Integra, tratando de calmar a su inquieto bebé, que se removía entre sus brazos sin soltarla—. Le afecta tu presencia, los niños son sensibles a los monstruos.

—Pero, más que un monstruo, soy su padre –insistió Alucard, y se dirigió divertido a Adrian—. ¿Por qué esa actitud, muchacho? Lo único que me falta es que cuando crezcas se te ocurra cazarme.

—Haré que ganas no le falten.

Alucard sólo reía.

—Integra, quiero hablar en serio contigo —le dijo con tono más grave mientras se sentaba cerca de ella—. Temo, y te lo digo de verdad, temo que esa gente del Vaticano descubra la verdadera naturaleza de Adrian y quieran llegar a mí a través de ustedes… toma al bebé y ven conmigo, haremos pasar que ambos murieron o algo así; y en cuanto a Maxwell, déjalo como un viudo que toma los hábitos. No será el primero ni el último —y remató—. Y nosotros iremos a Rumania, tengo tierras y posesiones con gente leal a mí, y nuestro hijo tendrá una vida normal. Será respetado como el príncipe que es.

Integra se incorporó y se alejó de él rápidamente, mirándolo con asco.

—¡¿Y por qué no te quedaste allá si lo tenías todo, maldito vampiro?! —le increpó con ojos llorosos—. ¡Maldigo la hora en que te apareciste en este horrible pueblo! ¡Ojalá nunca hubieras venido a arruinarme la vida!

Alucard también se puso de pie, con expresión severa.

—Y mira cómo te la arruiné que puse un hijo en tus brazos, como siempre quisiste —le lanzó—. Tú y Adrian están en peligro aquí, entiéndelo de una vez… ¿o acaso quieres ver cuando ese sacerdote le clave una de sus bayonetas? —Integra se estremeció, apretando el agarre a su bebé, que empezó a llorar—. Porque eso es lo que pasará Integra: a ti tal vez todavía te salve tu buen nombre de que te condenen a muerte, pero al niño no dudarán en eliminarlo. ¡¿Es eso lo que quieres?!

El silencio reinó entre ambos adultos en la habitación, sólo interrumpido por el llanto de Adrian, quien empezaba a calmarse siendo mecido por Integra. Alucard los contemplaba con anhelo, mientras ella evitaba devolverle la mirada.

—Demuéstrame que Adrian es un dhampir —dijo de repente Integra—. Si es así y está en peligro, me iré contigo y llevaremos a cabo ese plan. Si no, lárgate y no vuelvas más a molestarme —y al fin lo miró, con ojos amenazantes—. Esto sólo lo haría por mi hijo, de ninguna manera sería por voluntad de unirme a ti.

Alucard suspiró, aliviado. Se acercó a ellos con los brazos extendidos.

—Dame a Adrian un momento —le pidió. Aunque Integra se mostró algo reacia, accedió y le entregó el bebé. Mucho no ayudaba Adrian, quien se revolvía en brazos del vampiro. Alucard lo miró con una sonrisa —. Creo que no te caigo bien, pero es normal: tu madre lamentablemente se altera al verme y tú asimilas lo que ella siente. Pero te demostraré que conmigo no tienes que estar alerta. No hay necesidad de que protejas a tu madre de mí, Adrian. No soy tu enemigo.

A continuación, el nosferatu metió uno de sus pálidos dedos a la boca de Adrian, imitando lo que hacía Integra constantemente. Pero, a diferencia con la madre, el bebé mordió con fuerza el dedo de su evidente progenitor para beber su sangre como si se muriera de hambre, como si no se hubiera alimentado de leche materna apenas unos minutos antes.

Todo ante la atónita mirada de Integra.

—¿Ves, condesa? —le mostró Alucard enternecido—. Él se alimentará de la sangre de cualquiera, menos de la tuya. Además, cada día que pasa crece más y más; hasta tú te habrás dado cuenta, pero eres ciega a la realidad y te contentas con negarlo todo, como siempre. Y no hay tiempo que perder.

Como una ráfaga enfurecida, Integra le arrebató el niño.

—¿Qué te hemos hecho, Adrian? —sollozaba mientras lo abrazaba. Con esta prueba, se imaginaba los peores escenarios para su hijo, desde una probable muerte cruel a manos del padre Anderson, hasta una vida solitaria llena de rechazo y desconfianza. Se enjugó las lágrimas y miró al vampiro con decisión.

—¿Cuándo quieres que nos vayamos?

—Dame un par de días —le pidió Alucard, contento al fin de lograr su propósito—. Quiero pagarle al francés y darle un salvoconducto para que se largue con la chica secretaria. Y crear más ghouls para distraer a los Iscariote; además, necesitaré dos cadáveres para hacerlos pasar por ustedes —Integra frunció el ceño—. No me mires así, sabes que es la única forma de salvarlos y que nadie nos persiga.

Integra asintió, dando un suspiro resignado.


Pero dos noches después, las búsquedas de Anderson y Yumie dieron frutos. Y con más detalles y pistas que los guiarían a la verdad.

Luego del episodio con el ghoul que habló y pronunció el nombre Alucard, Anderson no dudó en enfrascarse en sus escritos y libros antiguos, en busca de algo que se relacionara con ese nombre y que fuera poderoso. Había dedicado sus días a la investigación y sus noches al trabajo de campo, torturando ghouls e interrogando testigos. No tardó en conectar el nombre con Drácula, el nosferatu que hasta ahora era sólo una leyenda muy bien contada y que podía crear criaturas a su imagen y semejanza a partir de humanos. A partir de ese descubrimiento, lo lógico sería tratar de discernir qué personas de Elham, la zona más afectada de la región, no salían de noche o tenían comportamientos extraños, dignos de un no muerto. Pero no se le ocurrió nadie. Al principio, veía al tal conde Abel Zebul como uno de esos aristócratas rancios capaces de hacer brujerías y cosas por el estilo, pero su nombre pronto fue tachado de la lista debido a su intachable historial, resultado de las pesquisas de Yumie. Fuera de eso, nadie.

Hasta que sus pensamientos aterrizaron sobre el bebé del matrimonio Maxwell.

Enrico, en la confidencialidad de la confesión, le había confiado que por mucho tiempo había creído en la probabilidad de ser estéril, sin reconocerlo frente a su esposa. Habían sido muchos años de intentos inútiles, pasando por tratamientos médicos y promesas de todo tipo a Dios, por lo que había perdido la esperanza, pero prefirió dejar en la duda cuál de los dos era el que no podía concebir. No quería ni pensar en el escenario de Integra dejándolo en caso de que fuera él quien tuviera las entrañas secas.

Pero, para felicidad del hombre, esos temores se disiparon con el embarazo y el posterior nacimiento de Adrian Maxwell. Un niño sano, fuerte y de rápido crecimiento.

De rápido crecimiento.

Con una sonrisa algo alocada, Anderson vio la luz. Integra Hellsing siempre le había parecido una mujer que jugaba con fuego y que se andaba en cosas raras, por lo que la sospecha de que ella tuviera que ver en esta desgracia se hacía más sólida. O ella era la bruja detrás de los turbulentos hechos, o era la amante del demonio perpetrador. Porque ese niño extraño era el fruto de alguna unión degenerada e inmoral, de eso no había duda.

Lo lamentaba por Enrico, pero tenía que actuar, aunque con ello destruyera su vida doméstica como tal. Tal vez, cuando todo acabara, se lo llevaría al Vaticano, para que pudiera encontrar paz en ese espíritu que definitivamente terminaría roto.

—¡Yumie! —llamó resuelto desde la pequeña oficina que el Ayuntamiento le había cedido. La monja entró rápidamente—. ¿Cuántos prisioneros ghouls dejaste vivos?

—Aún tenemos tres, padre —respondió ella—. Pero pienso acabar con ellos en cuan…

—No, no, Yumie, déjalos —le pidió el padre—. Tengo una misión para ti esta noche. Una misión importantísima, cuyo objetivo será presentarlo ante esos monstruos para ver si lo reconocen mediante la sangre. Hemos comprobado que los ghouls son muy receptivos, Yumie, y aprovecharemos eso.

—¿Y qué les daremos a esos ghouls, padre?

—El bebé del matrimonio Maxwell, Yumie —respondió el padre ante la sorpresa de la monja—. Ese pequeño nos dará la respuesta: no sólo veremos si los ghouls lo perciben como un superior, sino que, también, tal vez podamos atraer al demonio creador de todo este cataclismo.

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Nota: ¡Al fin nuevo capítulo! Mirando me sorprendí muchpo al ver que pasaron dos años desde la última actualización... ¡No tengo perdón! Espero haberlo compensado un poco...

James Birdsong: Thank you James! Hope you enjoy this chapter!

May1526: ¡Hola! Lamento que hayas tenido que esperar mucho, se me complicó un poco pero ya estoy de vuelta con todas las pilas. Espero que disfrutes del capítulo, muchas gracias por el apoyo :)