Hola gente :D Lamentablemente mi historia no ha sido bien recibida, y aunque me lo esperaba un poco, esta magnitud me ha lastimado. Espero que en el futuro este hecho cambie.

Esta es mi primer historia, así que es probable que cometa algún que otro error. Es un Hidasaku, así que al que no le guste, QUE NO LO LEA!

Declaimer: Naruto y todos sus personajes y paisajes son propiedad del señor Masashi Kishimoto-sama. Sin embargo, yo estoy jugando con sus niños; a algunos los reviví, a otros los deje muertitos y cosas por el estilo.


—Itachi, esto se está volviendo morboso —se quejó Kisame, sentado en un árbol cercano al palacio de la Hokage.

Habían pasado dos semanas desde que el Líder les había encomendado buscar a la aprendiz de Tsunade, y aún revoloteaban por Konoha. El plan de Itachi, por supuesto, era perfecto y estaba saliendo tal cual lo habían pautado. Habían reducido su chakra de forma que ningún fisgón los habían notado, aunque solo de haberlos visto hubiese conocido sus identidades. La capa de Akatsukis era demasiado evidente, y ambos dos formaban parte del Libro Bingo.

Luego de la primer semana, habían notado que además de los anbus, la mujer que respondía al nombre de Shizune y la misma Tsunade, había una persona que pasaba por ahí casi tarde de por medio. Se trataba de una muchacha de exóticos cabellos rosas que ayudaba de vez en cuando a la Hokage. Decidieron seguir a la chica, conocer sus costumbres, y luego de otra ardua y aburrida semana, habían concluido que estaban seguros de tener a la persona indicada.

—¿Por qué lo dices? —preguntó el Uchiha, observando la calle. Si sus cálculos no fallaban, la chica se aparecería en alrededor de diez minutos.

—¿Que por qué lo digo? ¡Vamos! La seguimos hasta cuando vuelve a su casa a comer y dormir. Solo nos falta meternos en su baño a espiarla cuando se ducha.

Itachi se tensó un segundo, y luego negó con la cabeza.

—Kisame, no te veía tan pederasta.

—No se trata de eso, y lo sabes. Después de todo no fue mi idea seguirla —se burló, para molestar a su compañero. Todo el tiempo que habían pasado como equipo los había acercado lo suficiente para que Kisame considerara la relación que tenía con el pelinegro como 'amistad', lo que le permitía gastarle bromas y salir entero.

—La seguimos para estar prevenidos. ¿O acaso pensaste que le diríamos nuestros planes y ella aceptaría así, sin más?

—Tú no necesitas pedirle nada. Simplemente vas y la raptas.

—¿En qué pensabas cuando la seguíamos? —se enfadó Itachi, mosqueado por la falta de atención del Hoshigaki—. Es la mejor amiga del chico Kyubi. El Líder fue bien claro: nadie debe vernos. Si me pongo a noquear a una chica para raptarla, ¿crees que nadie lo notará? Necesito saber en qué momentos está sola y no hay posibilidad alguna de que la busquen, además del momento que luego nos dará más margen de tiempo para escapar.

—Por algo decían que eras un genio, ¿eh? —se rió su compañero, comprendiendo por fin a qué se debía tanta tardanza. Ya le había molestado bastante que Deidara les enviase una de sus estúpidas 'creaciones de arte', como el mocoso las llamaba, para decirles que el Líder preguntaba por ellos, y que debían apurarse. Y de eso hacía ya nueve días. No se habían vuelto a comunicar, pero estaba seguro de que tan pronto como llegasen a la guarida, el Líder se les echaría encima.

Itachi sonrió imperceptiblemente cuando su predicción se cumplió: por el camino que llevaba a la mansión de la Hokage caminaba la kunoichi, cargando dos grandes pilas de papeles, pareciendo muy cansada. Kisame le susurró al oído, con voz burlona: '¿Quieres que bajemos a ayudarla un poco?', e Itachi le dio un puñetazo que lo hizo caer del árbol. Por suerte, la chica iba tan concentrada que ni se percató del cuerpo del Akatsuki a unos cuantos pasos de ella. El Uchiha puso a funcionar su cabeza; aquel día o el siguiente a mas tardar, si o si, se la tenían que llevar. Tal vez Kakuzu —o lo que quedaba de él— no soportaría más tiempo, y aunque no le preocupaba en lo más mínimo que Hidan muriese o, en su defecto, fuese tan inútil como lo era ahora, sin sus miembros, tal vez el inmortal le sirviese luego para sus planes personales.

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Sakura entró a la oficina de su maestra de una patada, y casi le revoleó los papeles. Cuando los dejó en la mesa, se dejó caer en una silla. Miró a la Hokage, rodó los ojos y bufó. La mujer mayor dormía plácidamente apoyada sobre sus manos —una de las cuales sostenía una botella vacía de sake—, apretando sus voluptuosos pechos contra el escritorio. Su cabello rubio atado en dos coletas se desparramaba por su espalada y una de las coletas caía por un hombro. Nadie se imaginaría jamás que esa mujer borracha era la Hokage de la villa oculta entre las hojas. Nadie se lo imaginaría jamás, pero era así. La chica Haruno se acercó al escritorio, se aclaró la garganta y susurró:

—¿Tsunade-sama?

Nada.

—¿Tsunade-sama? —ahora alzó un poco más la vos.

La mujer emitió un sonidito, pero siguió durmiendo. Una vena comenzó a palpitar en la frente de la pelirrosada.

—¡Tsunade-sama! —le chilló, cerca del oído.

La Hokage levantó la cabeza y revoleó le botella de sake.

—Estaba haciendo el papeleo, Shizune, el papeleo —murmuró, aun dormida.

—¿Y entonces para qué quería la botella de sake? —se burló su alumna.

Tsunade pareció reconocerla, y reaccionó golpeando brutalmente el escritorio.

—¡Sakura, ya te he dicho que no me molestes cuando estoy trabajando! —le gritó; ahora la vena sobresalía de la cabeza de la rubia. Miró a su alrededor y tomó algunos papeles, sin mirar de qué se trataban— Estaba… descansando la vista, eso es. Pronto llegará Shizune y seguro trae consigo más papeles.

Sakura señaló los dos nuevos pilones y sonrió.

—Esos son los míos, Tsunade-sama.

La mujer los miró con espanto y luego le echó una mirada de hielo a su aprendiz.

—Tráeme a Naruto y a Sai, y deja de enviarme más malditos papeles.

—¡Hai!

Caminó en dirección a la casa de su rubio amigo. Al menos, cuando ya estuviese despierto, la podría ayudar a buscar al pelinegro. Entró en su departamento cuidadosamente, ignorando el desorden en el que se encontraba. Llegó a al habitación del rubio y contuvo un chillido. Toda la ropa del chico estaba desperdigada por el suelo, donde también había varios potes de ramen instantáneo. Su bandana estaba en la mesita de luz, sobre la cual había un vaso caído. El chico dormía a pierna suelta, con todas las sábanas revueltas, abrazando a una almohada y susurrando incoherencias. Cuando Sakura se acercó, logró captar algo de lo que el chico decía.

—Sakura-chan, yo te protegeré… mmm, si, te protegeré… no te preocupes —hizo una mueca graciosa, como poniendo los labios hacia fuera, para dar un beso— dame un beso, Sakura-chan…

Las manos de la chica fueron a parar a los tobillos del Uzumaki, y sin la menor suavidad, lo arrojó contra la pared —si, no tenía mucha paciencia—. El chico Kyubi se puso de pie de un salto, haciendo una pose que pretendía ser de defensa.

—¿Dónde? ¿Cuándo?... —observó a su amiga y logró reconocerla— ¡Sakura-chan! Has venido a despertarme… —dijo, con los ojitos húmedos y una expresión de enorme alegría.

—No te creas. He venido a buscarte para que me ayudes a buscar a Sai, que se los tengo que llevar a Tsunade-sama.

—¿Y qué quiere la vieja?

Eso le ganó otro golpe molesto por parte de la kunoichi.

—Deja de llamarla vieja. Venga, ayúdame a buscar a Sai.

Naruto se cambió y salió con ella a la calle. Ni él parecía avergonzado porque la chica lo hubiese pillado en pijama, ni ella parecía estarlo por haberlo visto en esas pintas. Eran demasiado cercanos, y la timidez no iba con ellos. Mientras buscaban a su compañero se pusieron a hablar y recordar los viejos tiempos, como solían hacer cuando estaban solos. Los recuerdos del equipo siete solo se mantenían intactos gracias a esas charlas, que les hacían bien a ambos; los hacían reír tranquilamente y sentirse mas cercanos el uno del otro.

Luego de media hora encontraron al chico sentado en el suelo del campo de entrenamiento, inclinado hacia a delante. Al parecer pintaba algo. Se acercaron, y Sakura se inclinó sobre su hombro.

—Hola, Sai.

Él, sin volverse ni dejar de pintar lo que parecía un hermoso bosque con una cascada, le respondió:

—Hola, fea.

La pelirrosa se irguió abruptamente, con los ojos en blanco. El aire cálido le despeinó el cabello. Miró a su alrededor. Allí habían entrenado tantas veces… Naruto, Kakashi-sensei, Sasuke y ella. Recordó su primera 'misión', en la que Kakashi los había echo robarle dos cascabeles. No lo había conseguido ninguno de los tres, pero como Naruto había hecho trampa, Kakashi lo había dejado sin almuerzo. La única regla era que ni ella ni Sasuke podían darle de comer al rubio, pero al final lo habían hecho. Cuando el sensei se apareció frente a ellos, estuvieron seguros de que los descalificaría, pero nada de eso había pasado: el Jounin los había aprobado —eran el primer equipo al que aprobaba— y les había dicho una frase que ahora Sakura entendía perfectamente: 'Es cierto que en el mundo del ninja aquellos que no cumplen con las reglas son llamados escoria, pero aquellos que no cuidan a sus amigos son peor que escoria.'.

También les había hecho la misma prueba dos años después, luego de que Naruto entrenase con Jiraiya y ella con Tsunade. Pero habían sorprendido gratamente a Kakashi: no había conseguido atraparlos con ningún truco, le habían demostrado que ninguno de los dos eran débiles y por fin habían logrado quitarle los cascabeles.

—Teme, la vieja nos quiere ver en su despacho.

Sai asintió, guardó su pintura y lápices en su mochila y los acompañó. Naruto y el pelinegro no pararon de insultarse y molestarse —en realidad quien molestaba a Sai era Naruto, el pelinegro solo respondía con esas cosas que él creía inocentes y en realidad eran insultantes—, pero Sakura continuó perdida en sus pensamientos. Recordó el examen Chunin, en el bosque, cuando Lee había ido en su ayuda y había estado dispuesto a morir por ella. Y luego a Sasuke; esa había sido la primera vez que había visto la faceta más oscura del Uchiha, cuando usó el poder del sello maldito para vencer a los Gennins del Sonido.

Por su cabeza pasó, una vez más, la noche en la que se dirigió al camino por el que se salía de la aldea, suponiendo correctamente que se encontraría allí con Sasuke. Incluso cuando él partía discutieron; Sakura era solo una molestia y no sabía más que llorar. Incluso le había ofrecido ayudarlo con su venganza y si eso no podía hacer, que al menos la llevase con el. Sasuke, como siempre, la despreció y siguió su camino. Como Sakura lo presionó con gritar para dar aviso a la aldea, probablemente el chico se vio en la obligación de noquearla para que lo dejase huir. Pero claro, antes de dejarla en la banca le había susurrado aquel enigmático 'gracias', un gracias que nunca tendría razón de ser, un agradecimiento del cual Sakura jamás conocería la verdadera razón. El camino a la oficina de Tsunade-sama le pareció inusualmente corto, sacándola abruptamente de sus pensamientos cuando golpearon la puerta y ella los invitó a pasar.

—¡¿Se puede saber por qué han tardado tanto?! —les bramó la Sannin, completamente enfadada.

Sakura se inclinó y estaba por replicar, pero Naruto, con ambas manos entrelazadas en la nuca, se le adelantó.

—No te enojes, abuela. ¿Sabes? No es divertido que te despierten de un sueño para tener que venir hasta aquí. Aunque si eso incluye que te despierte Sakura-chan… —musitó, demasiado bajo para que lo oyese solamente él y su conciencia.

La Hokage gruñó. Nunca jamás lograría cambiar a ese estúpido niño. Aunque, si lo pensaba bien, tampoco quería hacerlo. Le recordaba tanto a Nawaki, su pequeño hermano… Sacudió la cabeza. La líder de la villa no podía descuidar su puesto por preocuparse por sus sentimientos. Para eso tenía momentos privados y a solas. Tomó una pequeña y delgada carpeta roja, y la abrió.

—Sai, Naruto, irán junto con Kakashi y Yamato a Sunagakure. Me informaron que allí han estado deambulando dos Akatsukis. Es peligroso para ellos, como nuestros aliados debemos defenderlos; pero además, Suna está lindando Konoha. Y eso significa que si anduvieron por allí, no tendrán problema en darse una vuelta...

—Por aquí —completó un hombre de cabello castaño, que acababa de entrar en la sala. Se inclinó hacia la Hokage. Sus ojos eran oscuros, y si hacía tal mueca podía, por ejemplo, dejar a Naruto demasiado asustado como para dormir en una semana. Usaba su uniforme de jounin, y a los lados de su rostro llevaba algo así como una máscara.

—¡Capitán Yamato! —exclamaron sorprendidos los más jóvenes, quienes le hicieron una inclinación de cabeza como saludo.

—Hola. Siento llegar tarde, aunque veo que esta vez no fue tanto mi retraso —Todos llevaron la vista a la gran pared de ventanales, de donde provenía la voz. Una estaba abierta, y dejaba ver a Kakashi sentado en el marco, con su usual libro 'Icha Icha' en las manos. Le sonrió a sus alumnos.

—¡Pero, Hokage-sama…! —la llamó Sakura— ¿Por qué no voy yo también a esa misión? Además, Naruto no debería ir. Si son Akatsukis es mejor mantenerlo lejos.

Le molestaba que la dejasen a un lado. Le molestaba… y le dolía. Le dolía porque que hiciesen eso significaba que la consideraban demasiado débil, incluso cuando en su equipo había dos jounin, un anbu y el shinobi más fuerte que había visto. La consideraban una carga. Bajó la cabeza. 'hpm, realmente eres… una molestia'. Las palabras frías de Sasuke le dolieron como la primera vez que se las dijo. No soportaba estar allí, no quería.

—Tu no vas porque… —comenzó la Hokage, algo dubitativa. Pero la kunoichi la interrumpió.

—No se preocupe, Tsunade-sama. Lo entiendo perfectamente. Yo… me retiro. Hasta luego.

Inclinó la cabeza y salió sin mirar atrás, sin fijarse en las expresiones pasmadas de los ninjas que había en el cuarto —y del ninja que había fuera, que terminó por entrar por la dichosa ventana y guardó su amado libro—.

—¿Por qué no permitió que Sakura fuese con nosotros? —cuestionó el jounin de cabello claro.

—Porque ella tiene demasiado trabajo en el hospital como para andar de misión. Además, su presencia allí solo lograría distraerlos; y no van a necesitar ninguna clase de jutsu médico. Por otra parte, no debes preocuparte por lo de los Akatsukis, Naruto. Solo quiero que vayan a buscar información. Me han dicho que tienes una buena relación con el Kazekage…

—Gaara —sonrió Naruto—. Si, él es mi amigo.

—Muy bien, él puede proporcionarte toda la información necesaria y serte de ayuda en caso de que lo necesitaras en una batalla. No creo que los Akatsukis vuelvan a la carga contra él sin replanteárselo, aún si tú te encuentras allí. Recuerda que por culpa del Kazekage, o mejor dicho de su rescate, esa organización perdió a uno de los miembros más fuertes, y uno perdió ambos brazos.

—¿Está diciendo que es seguro porque Akatsuki no irá a tratar de secuestrar a Naruto mientras estemos todos juntos, con el Kazekage? —Tsunade asintió.

—Los quiero en la puerta de la villa mañana tan pronto el sol se ponga. Y no se tarden —advirtió, mirando a Kakashi severamente, mientras un aura negra la rodeaba. El jounin sonrió, nada avergonzado—. Bien, eso es todo. Pueden irse.

Kakashi levantó la mano a modo de saludo y desapareció en una nube de humo. Afuera del palacio de la Hokage, Sai y Yamato le anunciaron que debían irse, tenían que resolver algunos asuntos en anbu. Naruto los despidió con una sonrisa y comenzó a caminar. No se le había pasado por alto la reacción de su amiga; se había percatado de cómo sus ojos se opacaban y bajaba la cabeza, como dolida. Y si ella estaba triste, él también lo estaba. Necesitaba encontrarla y consolarla, pues cuando ella estuviese feliz otra vez, también él lo estaría.

'Mierda, toda esa basura de estar mejorando con el entrenamiento de Kakashi-sensei... ¡Solo me estaba engañando a mi misma! Sigo siendo una carga, el estorbo al que siempre hay que proteger. He querido cambiar eso, pero parece que estoy destinada a ser… una verdadera molestia', pensaba la kunoichi pelirrosada, caminando sin despegar la vista de los dedos de sus pies. Al salir del palacio Hokage había soltado algunas lágrimas, pero éstas habían terminado por congelarse en su rostro. Solo quería ir a su casa y dormir, solo eso… Al día siguiente tenía que ir al hospital, y allí ya no tendría tiempo suficiente como para andar pensando en su debilidad, en lo inútil que era, en que no podía ayudar a su mejor amigo en absolutamente nada.

Pasó por delante de la florería y por el rabillo del ojo captó una larga coleta rubia tras el mostrador.

—Ino —murmuró, entrando a la tienda.

—¡Ah! Hola, Sakura —saludó la rubia, con una pequeña sonrisa.

Sakura corrió a abrazarla. Hacía poco más de dos semanas que su sensei, Asuma Sarutobi, había muerto a manos de dos Akatsukis. La pelirrosa sabía como se sentía; era como perder a un segundo padre. El equipo diez, junto a Naruto, Yamato y Kakashi había vengado su muerte liquidando a ambos asesinos —al inmortal, el tal Hidan, Shikamaru lo había separado de sus miembros y lo había dejado enterrado bajo kilos y kilos de rocas. Probablemente seguía vivo, pero aquello era aún peor que morir: toda la eternidad allí abajo, si luz, sin agua, sin comida—. Ino la abrazó con fuerza y dejó que las lágrimas cayeran por sus mejillas. Era difícil acostumbrarse a que ya no vería a su sensei, que ya no se lo encontraría y hablarían, que ya no entrenarían como antes. Aun le dolía mucho, dos simples semanas no alcanzaban para aplacar el vacío. Suspiró, conteniendo los sollozos, y se separó de su amiga.

—Gracias.

—¿Quieres caminar un rato? —ofreció Sakura. Quería irse a casa y dormir, aún rondaba por su cabeza la misión de Naruto, pero su amiga la necesitaba, y Sakura quería estar allí para ella.

La rubia asintió y salieron juntas a la calle. En el aire flotaban las risas de los comerciantes, de la gente que caminaba y hablaba con su familia y amigos, el sonido de los niños correteándose entre ellos. Se olía un aire de tranquilidad y felicidad, junto con el sabroso aroma de los puestos de comida, invitando a la gente a entrar y probar sus delicias.

—Deberían pasarte algún día por el hospital —comentó Sakura—. Tal vez algún día Hinata, tu y yo tengamos algo de tiempo para hacer algo…

—Pensé que cuando salías del hospital comías con Naruto y Sai —se sorprendió la Yamanaka, observando a su amiga.

Sakura bajó la cabeza. No deseaba hablar de eso con Ino; sus problemas se debían a Sasuke y a Akatsuki, e Ino era la menos indicada por el momento con quien podía desfogar sus penas.

—Si… pero Tsunade-sama los envió a una misión, así que estoy libre por un rato —trató de sonreír, pero más bien le salió una mueca extraña.

—Frente de marquesina, estás ocultándome algo —se burló la rubia, mirando con suspicacia a su compañera.

—Ino cerda, aunque lo hiciera no te lo diría, y no lo hago —contestó Sakura, con una sonrisa perversa. Podía llamarla frentona y todo lo que quisiera, pero la chica no se arriesgaría a herir seriamente a su amiga. No por semejante estupidez.

Ino abrió la boca para replicar, pero un grito la calló y obligó a ambas kunoichis a volverse. Naruto corría hacia ellas, y se detuvo frente a su compañera de equipo.

—Sakura-chan…¿qué pasó… en la oficina de la vieja? —indagó, con voz entrecortada, tratando de recuperar el aliento. Su tez tenía un leve sonrojo, debido a la carrera.

—Nada, Naruto. No tenía por qué preguntar nada. Si Tsunade-sama decidió hacerme a un lado, sus razones tendría.

—Sakura-chan, me alegro de que no te mandara. Imagínate si te sucedía algo… es mejor que te quedes aquí.

Sakura quería cambiar de tema, porque Ino seguí allí parada, pero el comentario de Naruto la sacó de quicio.

—¿Ah, si? ¿Ustedes pueden ir sin problemas, pero yo no? Claro, la débil del equipo. Nadie duda de que ustedes completaran la misión, pero yo podría salir lastimada —terminó, con voz burlona, apretando los puños. Creía que Naruto la consideraba un igual, creía que él la consideraba una fuerte kunoichi. Al parecer no era así.

—No, no, Sakura-chan, no quise decirlo así… —trató de justificarse el rubio, al ver que solo había empeorado la situación.

—¡Oh, claro que quisiste decirlo así! —le gritó la chica, ahora completamente fuera de control— ¡Anda, dilo! ¡Dilo, mierda! Crees que soy una molestia, un estorbo… tal y como Sasuke-kun.

El chico Kyubi se quedó callado. Sakura no solía meter a Sasuke en las conversaciones, a menos que estuviesen los dos solos, y solo era para recordar buenos tiempos. Además, Ino estaba parada allí, con los ojos muy abiertos. No quería seguir hablando de eso, pero tenía que calmar a su amiga primero.

—Claro que no, Sakura-chan. Tú eres una gran kunoichi, pero ellos…

—¡Cállate! Si, ellos son dos malditos Akatsukis, lo se. Pero creía que me considerabas un poco más, que me tenías en cuenta. ¡Pelear con un Akatsuki no puede ser la gran cosa…!

La frase quedó volando en el aire cuando la mano de la Yamanaka se estampó de pleno en la mejilla de su amiga. Todo quedó en silencio. La gente que los rodeaba se calló, los niños se detuvieron, todos parecieron hacer silencio. La cara de la rubia estaba llena de lágrimas, pero se transfiguraba por una mueca de ira.

—¿Pelear con un Akatsuki…no puede ser…la gran cosa? —repitió, con la voz entrecortada, con los dientes muy apretados—. Asuma-sensei murió a manos de uno.

Sakura la miraba en silencio, con los ojos abiertos. También Naruto la miraba, aunque sus ojos estaban tristes y opacos, faltos del brillo que los solía caracterizar. La chica Yamanaka la observó un segundo más, y luego soltó, con voz helada.

—No te me vuelvas a acercar.

Se volvió con rigidez y caminó hacia la florería con pasos grandes, casi zancadas. Atrás habían quedado Sakura y el Uzumaki, estáticos, con la estupefacción pintada en el rostro. Parecía que nadie a su alrededor respiraba, todos atentos a su reacción. El tiempo se había detenido en esa última frase de la rubia: 'Asuma-sensei murió a manos de uno'.

Sakura se volvió lentamente hacia Naruto, y el chico pudo ver como sus ojos se cristalizaban antes de observarla echar a correr. El rubio se quedó unos instantes quieto, como si sus pies estuviesen pegados al piso y no los pudiese levantar. Dirigió su vista en derredor, y automáticamente todos comenzaron a hablar otra vez, regresando a lo que fuese que hacían antes de quedarse mirando a los chicos. No perdió el tiempo y, como si de repente se percatara de dónde estaba, corrió tras su amiga. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para seguirla; ella controlaba excepcionalmente el chakra y lo usaba en sus pies para correr aún más rápido.

Sakura se detuvo y miró a su alrededor. Mientras corría, no se fijaba el rumbo que tomaba. Solo corría, escapando del desastre que acababa de ocasionar. Sus ojos llenos de lágrimas, además, le habían impedido fijarse, hasta que se detuvo por falta de aire. Apoyó una mano en un árbol y recuperó el aliento. Su carrera la había llevado al campo de entrenamiento, y ahora se sostenía de un árbol grueso que había a su lado. Se dejó caer, con la espalda apoyada en el tronco, hasta quedar sentada en el suelo. Recogió las rodillas y, hundiendo su rostro entre ellas, se largó a llorar desconsoladamente. ¿Cómo había podido decir todo eso? Primero había acusado a Naruto de verla como Sasuke, y luego había insultado la memoria de Asuma-sensei diciendo que pelear con unos asesinos rango S era fácil. Se había dejado llevar por la pena y la furia, indudablemente, y eso había alzado por un momento su orgullo hasta límites insospechados. Decía que pelear con un Akatsuki era simple, pero ella había vencido a Sasori con la ayuda de Chiyo-sama, además de que al pelirrojo no le había faltado casi nada para matarlas. Había lastimado a Naruto, aún sabiendo que él se había quedado a su lado siempre, siendo su apoyo incondicional, aun sabiendo que sin él se hubiese derrumbado para nunca levantarse, aún sabiendo que a él le dolía tanto o más que a ella. Aun sabiendo que Naruto se torturaba por no haber logrado cumplir su promesa, a pesar de haber dado todo de si y haber estado a punto de morir. ¿Cuándo se había vuelto tan fría e insensible como para herir así los sentimientos de sus amigos más cercanos?

—Sakura-chan —la voz suave y dulce del rubio la hizo dar un respingo, y levantó la vista, todavía llorando. Le constaba enfocar las facciones de Naruto puesto que todavía había lágrimas en sus ojos.

El Uzumaki la tomó dulcemente por los hombros y la puso a su altura. Ver esos ojos azules mirándola con cariño y devoción solo hizo que su llanto recrudeciera. No se merecía consuelo alguno; había lastimado cruelmente los sentimientos de sus amigos. Jamás se había sentido peor persona. Pero los brazos fuertes del rubio la rodearon con celo y amor, como si con ese abrazo la protegiese de todo. Y así se sentía Sakura, protegida, querida, comprendida.

—Perdóname, Naruto —susurró, entre sollozos. Sentía que, si no fuese por los brazos del Uzumaki, caería al suelo en cualquier momento.

—Sh, calla, Sakura-chan. No tengo nada que perdonarte. Yo no me di cuenta antes de que te había dolido que la vieja te excluyese de la misión.

—Sólo soy un estorbo; sigo siendo la misma molestia débil de antes…

Naruto la tomó de los hombros y la miró. Su expresión era seria, y sus profundos ojos cielo penetraban los jade de ella.

—Escúchame bien, Sakura-chan. Tú no eres débil. Eres una kunoichi muy fuerte, y tu conocimiento de medicina está por superar al de la vieja. Y tampoco eres una molestia. Lo que pasa, Sakura-chan, es que a todos los que vamos a esa misión nos podría matar que te sucediera algo.

Sakura iba a replicar, pero solo le salió un puchero y se abrazó a Naruto con fuerza. Solo él la podía consolar de esa manera; él, su amigo más cercano, su hermano del alma. Por mucho que amase a Sasuke, no sabía bien que hubiese sido de ella si Naruto no estuviese ahí. Siempre acompañándola, siempre apoyándola. Naruto era parte de su familia así como ella parte de la de él.

Con el paso del tiempo los sollozos se detuvieron, pero entonces recordó a Ino y lanzó un grito de dolor, como si le hubiesen clavado un kunai en medio del pecho.

—No querrá volver a hablarme jamás —se desconsoló la kunoichi, descargando toda la amargura, el dolor y la soledad que la embargan, sobre el hombro de su mejor amigo.

—No, no es así, Sakura-chan. Ya verás que se dará cuenta de su error e irá a buscarte para disculparse. Creo que hasta puedo decirte que lo hará hoy.

—¿Y si no lo hace, Naruto? ¿Por qué estás tan seguro?

—¿Nunca te ocurre que te enfadas conmigo y me gritas que no quieres verme la cara en lo que te quede de vida? —a duras penas, la pelirrosa sonrió. Eso ocurría con mucha frecuencia, en realidad—. Pero seguimos unidos, ¿no? A pesar de tantas peleas… seguimos queriéndonos. ¿Sabes por qué, Sakura-chan? —ella negó con la cabeza, ávida de conocer la respuesta—. Porque eso le ocurre a dos personas que se quieren muchísimo, como tu y yo. No importa que se griten, que se enfaden, que digan que se odian, no dejarán de mirarse, de buscarse, de encontrarse, de quererse.

Si, la había ayudado, pero que Naruto le dijese eso solo consiguió que llorase más fuerte. ¡Y ella decía que el inmaduro era él! El Uzumaki era, al parecer, mucho más maduro que ella. Al menos no lastimaba a sus amigos y lograba decir lo correcto para consolarlos. Continuaron en esa posición por largo rato, sin moverse, solo teniéndose el uno al otro, apoyándose el uno en el otro. Cuando comenzó a caer la tarde y traer consigo un viento algo frío, Naruto le ofreció ir a Ichiraku ramen. Sakura le agradeció y aceptó con la cabeza, guardándose para si el 'Naruto, el ramen te consuela a ti, no a mi' que le hubiese soltado si hubiese estado enfadada. Aunque el ramen no podía consolarla, una buena comida con su mejor amigo si podía, y al menos disfrutaría de su compañía, tendiendo en cuenta lo mucho que lo extrañaría el tiempo que pasase fuera por esa misión de recolección de información.

Casi en la puerta del local se chocaron con Kakashi, a quien invitaron a unírseles.

—Sakura, ¿has estado llorando? —se preocupó el jounin, al ver los ojos rojos e hinchados de su ex-alumna.

—No se preocupe, Kakashi-sensei. Naruto me ha consolado lo suficiente, solo necesito hablar con Ino.

Kakashi captó que el problema radicaba en la chica, y lo interpretó correctamente como una pelea entre ellas. Aunque quería consolarla, decidió que lo mejor era dejar ese asunto aparte. Para cambiar de tema, quiso sacarse una duda:

—¿Por qué te fuiste así de la oficina de Tsunade-sama?

Tan pronto como hizo la pregunta, se arrepintió. El rostro de la kunoichi se oscureció y bajó la cabeza. Naruto lo miró con reproche, y el sensei se sintió estúpido, siendo reprendido por su alumno. Aquel no era su día, definitivamente.

—Porque sentí que me estaba excluyendo —confesó Sakura. Kakashi era su maestro, o lo había sido, y quería que él la aconsejase. No quería guardar secretos con él como no quería hacerlo con Naruto—. Me sentí despreciada, como si aún fuese débil para acompañarlos en su misión. Me sentí inútil.

—Sakura, siempre fuiste la más inteligente de mis alumnos —dijo el ninja copia, sacándole una sonrisa a la chica y una mueca indignada al chico—. Lo siento, Naruto, pero deberías saber que tu siempre fuiste el más tonto y atolondrado. De todas formas, Sakura, me sorprende que pienses eso. Tú no eres inútil. Si Tsunade-sama no te quiso enviar con nosotros es porque ella sabe que tú serías una distracción.

—¿Por qué una distracción, Kakashi-sensei?

—Te habrás dado cuenta de que el entrenamiento de la otra vez terminó cuando tu venciste a mis clones —la chica, sorprendida, asintió. La verdad era que no le había llevado el apunte a ese tema, con lo alegre que se había sentido de terminar, ni le había prestado atención—. Bueno, lo que pasó fue que Naruto y Sai estuvieron tan pendientes de ti que no ponían la tención necesaria en mis clones para vencerlos, solo para detener sus ataques. En una batalla real, eso podría ser fatal. Mis clones no tenían el objetivo de matarlos, pero si así hubiese sido se podría decir que Naruto y Sai hubiesen estado en franca desventaja, y es probable que hubiesen muerto.

—Está diciéndome que si Tsunade-sama no me envió a esa misión, ¿es para que no los distraiga si ocurre una pelea? —preguntó, con más asombro que enfado.

—En efecto —sonrió el Hatake—. Cualquiera de nosotros cuatro nos distraeríamos si estuviésemos consientes de que estás en peligro. No es que no valore tus habilidades; pero aún así nunca podría tener la cabeza fría mientras tu peleas.

Sakura sonrió, agradeciendo sus palabras. Kakashi le devolvió la sonrisa y se sintió feliz. Sabía que todos los maltratos —por así llamarlos, o desprecios, en todo caso— de Sasuke habían echo mucha mella en ella. Sakura aún creía lo que él decía como palabra sagrada. Y le alegraba hacerla entender que no solo no era inútil ni débil, sino que lejos de ser una molestia, solo era una distracción debido al cariño que se granjeaba con todos. Incluso Yamato y Sai le habían confesado sentirse tranquilos ahora que Sakura estaba fuera de peligro. 'Te ganas a cualquiera con una de tus miradas de ojos jade y una de esas sonrisas tan tiernas e inocentes, pequeña Sakura', pensó, sonriendo, contemplando en silencio a sus dos ex-alumnos bromear entre ellos y cada tanto a la chica darle puñetazos cariñosos al rubio. Es cierto que todos sus seres queridos habían muerto… pero ahora se daba cuenta de que, con el tiempo, dos nuevas personas se habían abierto un lugar en su corazón, y no eran nadie más que ellos dos. Sonrió. 'Obito, tú me enseñaste el valor de las personas por sobre todas las cosas. Amigo, estoy seguro de que te sentirías orgulloso si supieras lo mucho que quiero a éstos dos'.

Así se pasaron la noche, riendo como hacía mucho que no lo hacían. Aunque Naruto y Sakura no lo sabían, con esa charla amena y con sus divertidas sonrisas conseguían llenar el vacío que había en Kakashi, y él a su vez trataba de hacerlos felices; eran todo lo que le quedaba, todo lo que quería. Ya había perdido a Sasuke y se sentía mal por ello, principalmente porque se sentía responsable de su fracaso como maestro. Pero con ellos era diferente. Con ellos la relación se había estrechado aún más. Si bien era cierto que al principio no había demostrado mucho interés por Naruto, y todavía menos por Sakura, ahora solo ellos le quedaban, y en esos dos años de abandono y dolor, de alguna forma, sus ex-alumnos habían terminado por acercarse y sincerarse a él. No importaba que el equipo siete estuviese deshecho, con un integrante en Dios sabe donde, buscando poder y venganza, con un reemplazo del mismo y con un nuevo capitán, los lazos que habían hecho no se irían jamás. Y Kakashi recién ahora comprendía cuan feliz estaba por este hecho. Cuando Naruto y Kakashi se quedaron vacíos de dinero —Sakura se ofreció a pagar, pero ellos sintieron que eso hubiese disminuido su caballerosidad y se negaron rotundamente— salieron a la calle. La luna, inmensa, se abría paso en el cielo, en medio de los miles y miles de estrellas que le competían el lugar. Corría una brisa suave, que hizo que Sakura se estremeciese.

Los dos hombres acompañaron a la kunoichi a su casa. Ésta, con una sonrisa y un abrazo, los despidió a ambos.

—Gracias, muchísimas gracias, Naruto, Sensei. Me han hecho pasar la mejor noche de mi vida. ¿Nos veremos mañana, antes de que salgan a su misión?

—Claro que si, Sakura. Si no vas a despedirnos me sentiré muy triste. Y sospecho que alguien se lo pasará peor —pinchó a Naruto, quien alzo las manos y se desentendió por completo.

Sakura largó una carcajada y entró a su casa deseandoles buenas noches. Tan pronto como la puerta se cerró, Naruto fulminó con la mirada a Kakashi, quien cerró el ojo, levantó la mano y desapareció en un 'puf'. Bueno, se tendría que ir el solo a su casa, solamente acompañado de la nostalgia por el suave peso de su cartera de rana llena de dinero.


Lo que sea que pienses, me ayudara a mejorar. Así que deja un review! Gracias por leer.

En estos primeros capítulos no habrá nada de hidasaku. Lo que pasa es que el amor entre estos dos no puede darse de la nada, no tendría sentido. Supongo que tendrán que esperar un poco, pero creo que valdrá la pena! Ire publicando regularmente a menos que me pase algo, caso en el cual avisare de anticipado.

Annie Darcy: Me alegro de que fuera de tu agrado linda! La verdad es que si, a pocas seguidoras de la pareja, pocas historias (lo que me parece incomprensible, seran una pareja bizarra pero eso solo la hace mejor, eh?). Me halaga que la consideres realista y que me dejes tu apoyo, le dare buen uso! jaja Cuidate mucho!