Hola! Aquí el tercer capítulo. Creo que es un poco más corto que los demás, pero de aquí en adelante serán así o un poquito mas cortos, lo siento u.u

Esta es mi primer historia, así que es probable que cometa algún que otro error. Es un Hidasaku, así que al que no le guste, QUE NO LO LEA!

Declaimer: Naruto y todos sus personajes y paisajes son propiedad del señor Masashi Kishimoto-sama. Sin embargo, yo estoy jugando con sus niños; a algunos los reviví, a otros los deje muertitos y cosas por el estilo.


Sakura amaneció muy mal la mañana siguiente. Casi no había podido conciliar el sueño, había permanecido alerta mucho tiempo, asustada como estaba por lo sucedido la noche anterior. Cerró los ojos con fuerza.

Flash Back

Luego de despedir a Naruto y a Kakashi sensei, decidió ir a ducharse antes de dormir. Cuando salió, aún con el pelo mojado, caminó hacia la cocina y tomó un vaso. Iba a sacar la botella de agua cuando un dolor agudo en la sien la acometió, haciendo que de la impresión soltase el vaso, que cayó al suelo con un crujido de vidrios rotos. Aturdida, apoyó una mano en la cabeza, como sosteniéndosela, y se dejó caer aparatosamente sobre la silla mas cercana. Un sudor frío le recorrió la nuca. ¿Qué ocurría? ¿Y ese dolor? Tuvo el presentimiento de que algo malo ocurriría. Pero, ¿qué? No podía dejarse llevar por el miedo y salir a buscar a su amigo, o a su sensei. Probablemente el primero estaría durmiendo, en el quinto sueño, y era factible que no encontrase al otro en su casa. Además, ¿qué cosa mala podía ocurrir? Había Anbus custodiando la puerta de la aldea, y creía haber oído decir a Tsunade-sama que también había algunos haciendo rondas nocturnas, para mayor protección. Nadie olvidaba aún la invasión de la aldea por los ninja del sonido, todos bajo el comando de un ex-Konoha, un Sannin. Un traidor. Suspiró y se puso de pie. Tenía que calmarse. Al día siguiente despediría a sus amigos, y no podía dejar que se fuesen preocupados al verla con nervios. Se tenía que calmar y dormir.

Llegó a su habitación, se puso el pijama y se acostó. Pero se sentía incómoda, terriblemente incómoda. Se destapó y caminó a la ventada. Tuvo que contener un chillido al notar que estaba abierta, cuando ella recordaba perfectamente haberla cerrado antes de salir. Puso chakra en sus manos y se volvió. Su vista recorrió la puerta del baño, la del armario, la puerta de la habitación, el perchero, el espejo y bajo la cama. Todo se veía muy tranquilo, sin ningún aparente cambio. Pero esa ventana estaba abierta, y ella la había dejado cerrada. Antes de acostarse dejó bajo la almohada el porta kunais. Tal vez si la tomaban por sorpresa, esa fuese su única oportunidad de defenderse.

Fin de Flash Back

A regañadientes se puso de pie, y se dirigió con pies de plomo al baño, por su ducha matutina. Bajo el agua fría, no pudo contener más las lágrimas y las soltó. Naruto vivía acosado por los Akatsukis, organización llena de psicópatas extraños que querían dominar el mundo a base de reunir a todos los bijus, y sin embargo nunca perdía esa chispa que lo caracterizaba. Nunca perdía la esperanza, nunca se rendía, nunca dejaba de sonreír. Era el apoyo de toda la aldea, y principalmente el de ella. ¿Por qué, entonces, a ella le tenía que costar tanto mirar hacia el futuro? Golpeó la pared con fuerza cuando, rauda y veloz, le llegó la amarga respuesta. Porque ella, durante toda su niñez, había visto hacia delante con la imagen de Uchiha Sasuke a su lado. Solo pensaba en conquistarlo, ser la señora de Uchiha, darle hijos y vivir todos los días admirando la perfección que tenía al lado. Se sintió avergonzada de su ingenuidad. Tubo que haberse dado cuenta de que era algo imposible. Desde lo de su clan, un odio corrosivo había empezado a crecer en el Uchiha. Tubo que haberse dado cuanta aquella vez en que usó el sello maldito. Tubo que haberse dado cuenta el día en que se lanzó contra su mejor amigo, dispuesto a quitarle la vida. Pero, ¿lo había echo? No, y no solo eso. Mientras ella contemplaba con admiración ciega a una persona que no hacía otra cosa que despreciarla, pasaba de otra que hacía todo lo que podía por llamarle la atención, que la apoyaba, que la cuidaba. Golpeó su cabeza contra la pared, soltando más lágrimas. Ella misma había sido parte de todos aquellos que habían despreciado y apartado a Naruto, y sin embargo el chico seguía de pie, mientras ella sentía que caía a un abismo infinito. ¿Cómo podía Sasuke seguir adelante luego de causar tanto dolor? ¿Cómo podía una persona tener un corazón tan frío? Venganza, venganza, venganza. Era lo único que había en la cabeza del chico. ¿Verdaderamente valía tanto la pena perder a sus amigos, a toda la gente que lo quería, por una estúpida venganza?

Mientras se cambiaba, trató como pudo de no dejar rastros del llanto en sus ojos. Pero era peor que eso; había rastros del llanto y además —como si fuera poco— tenía ojeras negras, signos de su pésimo sueño. Tal vez en el transcurso de la mañana se le irían, y por la tarde al despedir a sus compañeros ya no se notaría. Hinata sería discreta, no tenía que preocuparse por ella.

Salió a la calle y, para hacer más rápido, saltó a los tejados. Por suerte no se encontró a nadie en el camino y llegó al hospital sin mayor demora. La enfermera que se encontraba en recepción la saludó con una sonrisa, aunque Sakura notó su mueca de extrañeza. Caminó por los pasillos silenciosos hasta el cuarto del primer paciente. Eso era algo que le gustaba mucho de ser ninja médico: la paz que había en el hospital. Era como un templo en el que los sonidos estaban prohibidos. Como una biblioteca, pero la diferenta estaba en que allí curaban a los heridos, y en la biblioteca se proporcionaba conocimiento.

—Buenos días, señora Mizuki, ¿cómo se encuentra esta mañana? —preguntó, con tono suave, mientras revisaba su historial médico.

Así fue revisando paciente por paciente. Desgraciadamente, cuando era su hora de salir, le informaron que era requerida en urgencias porque un paciente había tenido un paro cardíaco y la necesitaban como jefa del cuerpo médico. Con un suspiro resignado, se dijo que eso era lo que amaba, que, de alguna manera, salvar vidas tenía que redimirla de sus errores.

Cuando la dejaron salir, el sol ya se escondía en el horizonte. Tenía que apresurarse o sus compañeros se irían sin sus deseos de buena suerte. Gracias a Kami, el paciente había recuperado la presión arterial normal, aunque Sakura había decidido no darle el alta, sino dejarlo en observación unos días. A veces, cuando un paciente tenía un paro, los médicos lo llamabas pre-paro cardíaco, lo que significaba que luego de ese, muy probablemente luego tuviese otro. Y entonces, ¿para que dejarlo ir, si tendría mejor atención estando desde el primer momento en el hospital? Solo sería por unos días, luego de eso la posibilidad de otro incidente decrecía lo suficiente para ser confiable dejarlo ir a casa.

No tenía tiempo de ir hasta su casa y dejar el bolso, por lo que directamente marchó hacia la salida de la aldea.

—Kakashi-sensei, Sakura-cha se está tardando —se preocupó el rubio. Solo faltaban diez minutos para que el sol se pusiera, y a esa hora llegaría Tsunade. Si la chica no llegaba, tendrían que irse sin saludarla, porque la Sannin los sacaría a patadas si se demoraban.

Kakashi suspiró y guardó su amado libro en el bolsillo. Hacía apenas unos segundos había llegado, y lo había hecho simplemente para saludar a su alumna. Si hubiese sabido que ella se pondría en plan tardón, se hubiese quedado en casa al menos unos diez minutos más. Casi había matado de un infarto a Naruto llegando temprano. ¡Temprano él, el ninja copia, que siempre llegaba al menos diez minutos luego de lo pautado! Sai y Yamato hablaban de una misión que tenían que hacer para Raíz, por lo que no podía excusarse con el chico Kyubi y sencillamente alejarse.

—Mira, Naruto, tal vez…

—¡Kakashi-sensei, Naruto!

Ambos volvieron la cabeza hacia esa conocida voz. El rostro del chico se iluminó, y la postura del jounin se relajó considerablemente. Sakura llegó hasta ellos y se inclinó debido a la carrera. Sus mejillas estaban arreboladas y algunos mechones de cabello rosa se le pegaban en la frente.

—Fea, estás más fea que de costumbre —comentó Sai, con esa sonrisa falsa que tanto molestaba a su compañera.

—Vete a la mierda, Sai. No venía a saludarte a ti, de todos modos —replicó, con enfado. '¡Shannaro! Algún día lo mataré, y así me libraré de esa estúpida sonrisa falsa', pensó, y en su mente hizo tronar los dedos.

—Sakura-chan, Kakashi-sensei llegó temprano —dijo Naruto, con una mueca de espanto. Sakura miró al mayor con la misma mueca de Naruto, lo que hizo reír al peliplata.

—Ibas a estar en serios problemas si me dejabas plantado, pequeña. Llegué temprano solo por ti.

—Sensei, hace que me ruborice —se rió la chica, aunque de verdad se había ruborizado

La conversación se interrumpió cuando llegó la Hokage.

—Ah, Kakashi, veo que llegaste temprano. ¿Qué calamidad nos acontece? —El ninja copia rodó el único ojo visible y sonrió—. Bien, ya que están todos aquí, no perdamos más el tiempo. Ya han sido informados de lo que deben hacer. Calculo que no tardarán más de dos semanas.

Sakura sintió que se le caía el alma a los pies. ¿Dos semanas enteras? ¿Y qué se suponía que haría ella sin esos hombres, sin sus hombres? Ahora veía más necesario que nunca pedirle una disculpa sincera a su amiga Yamanaka. Porque la iba a necesitar si no quería morirse de ansiedad.

Abrazó a Naruto con fuerza.

—Vuelve pronto, Naruto. Me aburro sin tener a quién regañar —se sonrieron y se volvieron a abrazar, pero con más fuerza. Era como separarse de un hermano, de una parte de ella. Lo iba a extrañar a montones. Se volvió hacia el Hatake y también lo abrazó. Al oído, para que no escuchara nadie más, le pidió—. Por favor vuelvan con vida, sensei. Cuide a Naruto por mi, tráigamelo de vuelta.

Cuando se separaron, se sonrieron también. Kakashi se sintió próximo a Naruto de alguna forma; el rubio le había prometido traer a Sasuke, y él acababa de prometer traer a Naruto.

Sakura se acercó a Yamato e intercambió un saludo con el Anbu, y pasó maliciosamente de Sai. Sin embargo, cuando ellos ya caminaban hacia fuera de la aldea, su lengua se movió sola y gritó:

—¡Tengan mucho cuidado los cuatro!

El pelinegro, entendiendo que se había retractado, se volvió y alzó la mano con una sonrisa, aunque esa sonrisa le pareció a Sakura mucho más sincera que las otras. Tal vez al chico aun le costaba demostrar sus sentimientos, pero poco a poco lo hacía, aunque solo fuera en detalles como una sonrisa.

—Sakura, sobre la otra vez…

—No se preocupe, Tsunade-sama —Sakura le sonrió a aquella mujer que era como su madre—. Kakashi-sensei me explicó por qué no me envió a la misión.

—Si quieres puedo darte otra, te buscaré a algún compañero —le ofreció la Godaime. No quería ver a Sakura desanimada, le dolía. Tal vez había alguna pequeña misión a la que podía mandarla. Ella confiaba plenamente en las capacidades de su alumna, hasta podía mandarla con algún Anbu a una misión rango A.

—Tal vez luego, Tsunade-sama —la kunoichi sonrió y tomó el bolso, que durante los saludos había quedado abandonado en el suelo de tierra—. Por el momento, iré a casa a bañarme, y luego tengo algo que hablar con Ino.

—Bien, en ese caso ve. Ya nos veremos luego.

—Hai, Tsunade-sama. Hasta pronto.

Salto hacia atrás y se perdió en cuestión de segundos. Se daría una rápida ducha y hablaría con Ino. Sabía que la rubia estaría enojada con ella, y con razón. Ella hubiese roto todos los huesos de su amiga si Kakashi hubiese muerto y la Yamanaka hubiese dicho algo como que pelear contra su asesino sería 'algo fácil'. Y es que a veces su temperamento no la ayudaba para nada. Eso, sumado a la presión que se autoimponía diariamente. Si no era Sasuke era Naruto y los Akatsukis. Sentía los nervios a flor de piel. Necesitaba un buen baño de agua caliente para descontracturarse. Y comer algo sabroso… Curar a aquel paciente la había dejado hambrienta y extenuada, y si a eso le agregaba que había corrido como loca para llegar a despedir a sus amigos y que no había almorzado…

En el camino a casa pasó por la academia. Ah, que buenos tiempos aquellos. En los que su única preocupación había sido pasar por sobre Ino y ganarse el amor del menor de los Uchiha. En aquel entonces era una chica confiada, absurda, débil. Si, era inteligente, pero su inteligencia se limitaba a ardides para con Sasuke y para las pruebas. Nunca se había parado a pensar en el profundo dolor del pelinegro por la muerte de su clan; ni hablar de la soledad constante de Naruto, que siempre le había parecido un niño tonto y bullicioso, cuyo único placer era arruinar su vida. Todo eso no importaba. Recordó con pena la felicidad que sintió cuando Iruka-sensei la agrupó con Sasuke, y luego como esa soledad se convirtió en desconsuelo cuando también entró Naruto. ¡Ah, si hubiese sabido que agruparla con Naruto había sido lo mejor que le había podido suceder! ¿Qué hubiese sido de ella si, además de Sasuke, la hubiesen agrupado también con, por ejemplo, Shino? No es que tuviese algo contra el Aburame, pero sinceramente no lo veía como alguien que se desviviría por consolarla, como hacía Naruto. Siendo sincera consigo misma, no creía que hubiese nadie que lo pudiese hacer como lo hacía Naruto. Nadie podía apoyarla como él lo hacía. Nadie. Se sintió pésima al pensar en el tiempo que le había costado aceptar que Naruto no era inferior, que no era un estúpido, que no trataba de lastimarla. Demasiado cegada por su adoración por Sasuke, no tenía tiempo siquiera para prestarle atención a nadie más. Pero él siempre había estado ahí para ella. Nunca se lo había reconocido, pero lo había hecho. Cuando Sasuke la despreciaba, Naruto la defendía, cuando estaba en peligro, Naruto daba su vida por ella, cuando estaba triste, Naruto estaba ahí, como un pilar indestructible. Y no lo había visto sino hasta que el moreno había abandonado la aldea. ¡Ah, esa maldita noche! Luego de todo lo que había hecho Naruto, y de lo que no había hecho Sasuke, aun así le había pedido que la llevase con él, que sin él estaría sola. ¡Sola! ¡Ah, cómo podía ser tan estúpida y malagradecida! Nunca se puso a pensar cómo le hubiese caído al Uzumaki que sus dos mejores amigos se fuesen de la aldea. Cómo les hubiese caído a Kakashi, a sus padres, a sus amigos, que ella se fuera. Solo había pensado en Sasuke. Y, en cierta forma, le tenía que agradecer. Gracias a su abandono, ella había madurado. Gracias a él, se había hecho fuerte, y había aprendido el verdadero valor de las personas que la rodeaban. Si bien seguía golpeando a Naruto, y probablemente lo haría hasta el día que muriese, nunca jamás dejaría que le sucediese algo. Ahora sería ella quien lo cuidaría con su vida. Porque él era lo que más quería. No lo amaba como amaba a Sasuke, lo quería. Incondicionalmente, para siempre. No prefería a nadie por sobre el rubio, a nadie.

Entró a su casa y se apoyó pesadamente en la pared. Y ahora venía la peor parte. Hablar con Ino. Había sido su mejor amiga/rival desde pequeña. Había sido ella la que le había dado confianza, la que la había aceptado, la que la había defendido. Y ahora, gracias a Kami, aún conservaban esa amistad fuerte y pura. Bueno, al menos hasta el día anterior. 'Maldita lengua', se regaño, y se encaminó al baño. No tuvo tiempo siquiera de reaccionar cuando dos manos se posaron en sus brazos y las estamparon contra la pared. Quiso gritar, golpear a su atacante, pero su primer error fue el máximo. Sin pensar, cruzó su mirada con el atacante.

—¿Uchiha… Itachi? —los ojos negros e impenetrables tomaron rápidamente un color rojo, como si sangre los bañase. No le dio tiempo a apartar la mirada: ya la tenía atrapada. Lo último que vio antes de sentir que la tierra se abría bajos sus pies y ella caía irremediablemente, fue esa mirada do orbes negros, tan parecida a la de su hermano. Aunque —y ella se rió de eso, era la cosa más absurda—, por un segundo, vio tristeza en sus ojos, una tristeza que, en esos mismo ojos portados por otro Uchiha, eran puro odio.

Todo era negro, oscuro. No podía oír nada, ni ver nada. Tampoco olía nada. Estaba tirada en un suelo duro, aunque no frío. No sentía temperatura alguna. Sobre ella, se materializó un cielo rojo, como teñido de sangre. Bajó la mirada y se encontró con su reflejo en el agua negra. Todo su rostro parecía delineado en oscuridad. Sus ojos ya no eran verdes, su cabellos ya no era rosa. Toda ella era negra. A su alrededor había lo que parecía un cementerio. Quiso levantarse, pero sus piernas no reaccionaron. Sus brazos tampoco se movieron cuando su cerebro dio la orden. No sentía el peso de si misma, era como estar flotando en una nebulosa. Tuvo miedo, absoluto y avasallante miedo. Recordaba lo que Kakashi-sensei les había contado de su batalla con Itachi. Jamás debió haberse permitido mirarlo a los ojos. Pero es que solo lo reconoció por ellos, ya era tarde cuando cayó en la cuenta.

—¿Cómo te llamas? —la voz, gruesa y grave, parecía venir de todos lados a la vez, como si miles de personas le hablasen a la vez. Movió la cabeza a un lado y a otro, pero no había nada. Solo estaba ella, allí tirada.

—Haruno… Sakura —respondió, más por miedo que por contestar a la orden. Quien sabe lo que le podía pasar. Mejor portarse bien, hacer lo que se le dijese.

—Haruno Sakura, te encuentras en Tsukiyomi, un mundo en el que yo controlo el tiempo y espacio, e incluso la masa de los elementos. Te he traído aquí porque, mientras tu mente está atrapada, tu cuerpo queda a mi disposición.

—¡¿A tu disposición?! —se espantó la kunoichi. Eso, viniendo del hermano asesino del hombre al que amaba, sonaba peor que muy mal—. ¿Y para qué me quieres a tu disposición?

—El líder de Akatsuki pidió por ti. Ahora quiero que te quedes en silencio. Si no lo haces, me veré en la obligación de torturarte.

Sakura sintió que temblaba. La habían secuestrado. Itachi Uchiha la había secuestrado porque el líder de su organización mandaba por ella. ¿Mandaba por ella? ¿Pero qué se había pensado? ¿Que era un perro o algo así? Aun no se podía mover. Se sintió desesperada. Estaba allí atrapada, mientras afuera de su mente, su cuerpo seguramente era tomado por el Uchiha y llevado a su guarida. Seguramente la había enviado allí para que no pudiese observar el camino. La podía noquear, pero si ella llegaba a despertarse sin que él se diese cuenta, bueno, tal vez podía descifrar la ubicación de su escondite. Maldición, no podía hacer nada. No había podido presentar batalla y ahora hasta le impedían hablar. No quería que la torturara si de todas formas no le serviría de nada.

—¡Ah, Itachi! Ya la tienes —comentó el Hoshigaki, viendo salir a su compañero de la casa de la chica, con el cuerpo de la kunoichi cargado sobre el hombro.

—Vamos, Kisame.

El otro asintió y tomó su espada, que había dejado sobre un árbol. La colgó de su espalda y acopló su paso al del Uchiha, quien caminaba bastante rápido a pesar de cargar con otro cuerpo. Lo miró de reojo. Su rostro, como siempre, estaba serio, y sus ojos fijos en el camino. No le había sorprendido que tardase solo unos segundos en entrar y salir de la casa de la chica: no por nada era Uchiha Itachi, el genio. Habían esperado quince días para capturarla. Itachi se había enterado de que despediría a sus compañeros aquella tarde, y le explicó que debían esperar a que terminara de hacerlo. Así se la llevarían y por mucho rato, nadie notaría su ausencia. Además, ninguno de sus camaradas estaría allí para buscarla sino hasta dentro de dos largas semanas. A ellos les bastaban unos dos días para llegar a la guarida, contando descanso y todo.

No hablaron mientras caminaban. Ninguno de los dos era muy locuaz, y el Uchiha principalmente parecía pensar que se le acabaría la saliva si decía más de dos palabras juntas. Kisame sonrió, dejando ver sus dientes afilados y en punta, como los de los tiburones. Se sentía afortunado de que lo hubiesen puesto con Itachi; la verdad los grupos estaban muy bien hechos. Sasori y Deidara, con sus estupideces del arte, no podían estar con otros que no fuesen ellos mismos. Además Sasori había 'aleccionado' unas cuantas veces a Deidara, su discípulo, y el rubio —o rubia, como lo llamaban todos en Akatsuki— lo tenía en un altar de consideración. Hidan y Kakuzu solo podían aguantarse entre ellos. Kakuzu era un viejo tacaño al cual solo le interesaba el dinero, pero tenía un carácter un poco fuerte, y ya había eliminado por su cuenta a varios de sus compañeros. Y por fin, el Líder le había puesto con Hidan. Si bien el muchacho era la persona más insoportable con la que Kisame había tenido la evidente desgracia de cruzarse, tenía a su favor la inmortalidad, por lo que Kakuzu podía desquitarse cortándole la cabeza cuantas veces quisiera, y luego lo cocía una y otra vez. Zetsu viajaba solo, porque así le era mejor para sus investigaciones, y porque cualquiera que viajara con él corría el riesgo de acabar en su estómago. A tobi lo habían sumado a Deidara ahora que se suponía que Sasori no existía. El Líder había preferido que la gente siguiese confiando en la muerte del marionetista, diciendo que luego les serviría muy bien esa sorpresa. Y por último el Líder en si, que no hacía esas molestas misiones que les delegaba a ellos. Él se dedicaba a ir desde la guarida hasta Amegakure, acompañado únicamente de Konan. Kisame no sabía muy bien qué había entre ellos dos, pero era seguro que no se despegaban por nada y que todas las decisiones pasaban primero por Konan, y luego llegaban a ellos.

En fin, era una suerte que lo hubiesen colocado con el Uchiha. Se podía aprender mucho de sus silenciosas decisiones y sus extraños movimientos. Nunca lo estorbaba, porque el Uchiha prefería contarle el plan y de ahí hacer su parte, sin importarle mucho si Kisame hacía la suya o no. Además no era bullicioso, como Deidara o Hidan, ni sorprendentemente estúpido, como Tobi. No tenía que andarle cuidando las espaldas, es más, había momentos es que Itachi tenía que darle una mano, si bien no era dado a intervenir en las batallas de los demás. Eso era algo que, en parte, compartía con Sasori. Bueno, no le hubiese molestado mucho que lo pusiesen con el pelirrojo, aunque la impaciencia del Akasuna podría haberlo puesto de los nervios más de una vez. Su boca se abría un cincuenta por ciento de las veces solo para decir: 'no te tardes, sabes que no me gusta esperar'. Y no es que Kisame fuese un tardón, pero solo un segundo de más y el Akasuna podía desintegrarlo con la mirada. Suspiró. Si, era una verdadera suerte que lo hubiesen hecho hacer equipo con Uchiha Itachi.


Lo que sea que pienses, me ayudara a mejorar. Así que deja un review! Gracias por leer.

Tittacon: Muchas gracias! Y a mi tambien me encanta Hidan 3 (podemos compartirlo si quieres jaja) Aquí está la continuación, espero que te guste. Saludos!

Annie Darcy: De nada linda! Y es verdad, suele pasar que no pensamos lo que decimos cuando nos enojamos. Sobre Ino, tendras que esperar un poco! jaja A que sería perfecto tener un papá como Kakashi y un hermano como Naruto ^^. Muchas gracias por tus buenos deseos, tambien yo te deseo lo mejor, cuidate mucho! besos

Nabiii: Muchas gracias hermosa! y si, las parejas predecibles son las mas aburridas, pero no el Hidasaku *.* Me alegro de que no te pudieras resistir a comentar, porque que lo hayas hecho me hace muy feliz! Y ya no desesperes, aquí ta la conti. cuidate mucho :)

Itami-chan: Muchas gracias por tu apoyo, la verdad me desanimo al principio que nadie lo comentara pero bueno, hay que seguir adelante! espero que te siga gustando, hare lo mejor posible para ello. Cuidate mucho, saluditos!