Hola! Como están, gente hermosa? Espero estén disfrutando, yo por el contrario me sofoco con tanto calor -.- Últimamente me he sentido un poco inspirada, asi que aquí les traigo el cuarto capítulo. Espero no defraudarlas (o defraudarlos, si hay algún chico)!
Bueno, esta es mi primer historia, así que es probable que cometa algún que otro error. Es un Hidasaku, así que al que no le guste, QUE NO LO LEA!
Declaimer: Naruto y todos sus personajes y paisajes son propiedad del señor Masashi Kishimoto-sama. Sin embargo, yo estoy jugando con sus niños; a algunos los reviví, a otros los deje muertitos y cosas por el estilo.
Hidan abrió los ojos. Era una maldita mierda eso de no poder mover los miembros. Y ahora que lo habían dejado solo, en esa estúpida mazmorra, no podía desfogar su furia con nadie. ¿Por qué Jashin-sama le hacía eso? ¿Acaso no había sido él un buen seguidor? Lanzó un suspiro exasperado. Joder, dolía muchísimo. Y a pesar de que el dolor le causaba un sádico placer, bueno, siempre era mejor cuando podía contemplar el dolor a través de los ojos de su víctima. Sentir él solo el dolor era un poco menos excitante, además de que le molestaba no poder ponerse de pie e ir a buscar algo de comer. Le dolía un poco la garganta de todos los chillidos que había pegado en los últimos días. El estúpido del líder le había dicho que buscaría a alguien para que lo reconstruyera, pero ahí estaba él, aun descuartizado. ¡Y todo por un puto niñito de Konoha! ¡Ah, que mierda era todo eso! Movió un poco la cabeza hacia un lado. Todos sus miembros estaban ordenados, armando su cuerpo, pero sin tocarse. Se encontraba en la cama más incómoda en la que había estado en toda su vida. Y al lado de la suya estaba la de su compañero.
—Ey, Kakuzu —le llamó. La verdad era que, más que su compañero, eso que había sobre la cama parecía una masa amorfa y asquerosa, casi sin forma de cuerpo. Frunció el ceño—. ¡Ey, Kakuzu! ¡Joder, viejo avaro, contéstame!
No obtuvo respuesta y gruñó. Si tan solo se pudiese poner de pie, ya vería el viejo ese…
—Y lo peor de todo es que perdí el jodido collar. En cuanto pueda salir de aquí tengo que ir a buscarlo —reflexionó, en voz alta. Tanta paz, tanto silencio, le molestaba. Aunque prefería mil veces sus propios pensamientos a la voz chillona e infantil del imbécil de Tobi; o a las alabanzas de la rubia sobre su propio arte. De verdad, esos dos eran el uno para el otro. Sasori debería sentirse contento de haberse sacado de encima a la barbie esa.
Quiso tamborilear los dedos, pero no podía. Joder, ¿quién hubiese pensado que estar falto de miembros podía ser tan molesto? ¡Por Jashin-sama! Iba a matar a ese puto mocoso ateo de mierda que lo había dejado así. Por Jashin-sama lo haría.
Bufó. Claro, tenían que ser los imbéciles del pez y el Uchiha. Hacía quince jodidos días que él estaba así, y aún no se dignaban a aparecer. ¿Qué mierda estaban haciendo? ¿Tan difícil podía ser traer a un puto ninja médico? ¡Vamos! Si él lo hubiese hecho, el trabajo hubiese estado terminado al maldito primer día.
Para su desgracia y mayor molestia, una voz chillona lo sacó de sus pensamientos.
—¡Hidan-san, Hidan-san! ¿Cómo se encuentra?
—Mucho peor ahora que estás aquí, idiota.
—Siempre tan fino, un.
—Vete a la mierda, rubia. No tengo ganas de ver tu jodida cara.
Deidara se acercó a él con una sonrisa petulante, esa que generalmente adornaba la cara del Jashinista. Oh, cómo disfrutaba verlo allí tirado, sin poder moverse. Era la gloria. Y fastidiarlo sin que el otro pudiese hacer nada, verle la cara de impotencia, no tenía precio. Era como hacerle pagar cada vez que lo había llamado 'rubia', o se había burlado de su arte, o lo había fastidiado con ese estúpido de Jashin. Había dejado que Tobi lo acompañase sólo porque sabía lo mucho que le molestaba al peliblanco. Tal vez cuando pudiese moverse otra vez se las cobraría, pero al menos habría valido la pena.
—Deidara-sempai, Hidan-san está siendo malo con Tobi. Tobi ha sido un buen chico —le lloriqueó Tobi al artista, con un puchero.
—Claro que si, Tobi, un. No te desanimes. ¿Sabes qué? Te dejaré solo con él, un. Así podrán conocerse mejor.
Con una sonrisa de triunfo que no podría borrarse con nada en unos cuantos días, salió de la habitación. Tan pronto como cerró la puerta, oyó al religioso gritar '¡Joder, rubia, te odio! ¡Llévate a esta puta mierda de aquí!'. Sonrió malévolamente y se alejó con paso lento y tranquilo. Tobi no se iría en un largo rato, y él ya le había asegurado a su querido compañero una jaqueca insoportable. Oh, que bien se sentía devolverle los favores a ese idiota.
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Itachi y Kisame se encontraban en la entrada de la guarida. Se trataba de una enorme montaña con un lago al frente y un bosque a los costados. A simple vista, era una montaña más. El Uchiha dejó el cuerpo de la kunoichi en el piso y, coordinados, él y su compañero hicieron un par de sellos y apoyaron ambas manos sobre la superficie pedregosa. Todo empezó a temblar, y lentamente la roca que había frente a ellos se abrió, dejando una gran abertura, suficiente para que entrasen. Kisame entró primero, mientras el pelinegro tomaba a la pelirrosa en sus brazos y lo seguía. Tan pronto como los pies de Itachi estuvieron dentro, la roca volvió a temblar y se cerró. Afuera todo volvía a ser normal, como si nunca hubiesen entrado dos asesinos rango S a su guarida secreta.
El lugar era perfecto para sus habitantes. Las paredes eran de piedra negra, y lo único que iluminaba los tétricos pasillos eran antorchas —similares a las que había en la guarida de Orochimaru—. Ahí donde ellos estaban parados había tres pasillos: uno daba a las habitaciones, el otro a lo que ellos llamabas cocina y el otro a la sala de reuniones. Caminaron por este último. Kisame abrió una puerta que se encontraba al final de corredor y ambos entraron. La estancia era amplia, aunque oscura y descuidada. Había una gran mesa redonda en el centro, con diez sillas de madera consistente y color caoba. También allí había antorchas, aunque solo había una prendida. Justo en frente de la puerta por la que ellos acababan de entrar había otra, que según sabían daba a los cuartos del Líder y Konan.
Itachi dejó a la kunoichi en una silla y volvió a pararse al lado de Kisame. Cuando la puerta se abrió, ambos agacharon un poco la cabeza, a modo de saludo. Un hombre alto, de cabello naranja, entró acompañado por la única mujer de la organización, una muchacha de su misma edad, con cabellos azules. El líder los miró seriamente, sus ojos violáceos penetrando sus mentes.
—Sácala del genjutsu, Itachi. La necesitamos conciente.
Sakura abrió los ojos muy lentamente. Sentía los músculos agarrotados, y la cabeza y el cuello le dolían horrores. No tenía conciencia de cuanto tiempo había estado en el genjutsu del Uchiha; tal y como él le había dicho, controlaba el tiempo allí, por lo que podían haber pasado horas y ella no lo hubiese sentido. Sentía la garganta seca. No había abierto la boca, por miedo a que el criminal la torturase. Como le prometió, no le tocó un solo cabello, sino que la dejó allí tirada, esperando. Sus ojos tardaron un poco en acostumbrarse a esa oscuridad que la rodeaba. No levantó la cabeza, pero frente a ella había dos pares de sandalias ninja, y un poco más arriba podía notar las puntas de las capas de Akatsuki. Sentía cuatro chakras en la habitación, y para su desgracia, todos ellos muchísimo más fuertes que el suyo. De todas formas, no se sentía capaz de atacar a nadie, por más débil que el otro estuviese. Sentía el cerebro palpitante y dudaba de que si se ponía de pie, el suelo se moviera y terminaría otra vez tirada. No lo quería comprobar.
—¿Cómo te llamas? —preguntó una de las personas que había frente a ella. La voz era grave y profunda, podía decir que era de un hombre.
—Haruno… Sakura —respondió, con voz débil y rasposa. Le dolía la garganta con cada palabra que decía. Necesitaba desesperadamente un poco de agua, pero ciertamente no se lo iba a pedir a un criminal que podía matarla con la mirada, literalmente.
—Haruno, ¿eres la ninja médico de Konoha, aprendiz de Tsunade-hime?
—Si…
Abruptamente, un vaso de agua fue puesto en la mesa que había frente a ella. Contra su voluntad, sus ojos se alzaron, encontrándose con los de su captor. Unos ojos violetas, con círculos cerrados que se hacían más pequeños conforme se acercaban a la pupila. Sintió su cuerpo estremecerse. No podía ver bien las facciones del rostro del supuesto 'líder', aunque notaba el contraste entre su piel pálida y unos extraños piercings que llevaba incrustados en la nariz, en las orejas y hasta bajo los labios. Quiso gritarle que estaba loco si pensaba que ella iba a tomar de ahí; a saber que cosa rara le habían puesto. Pero no lo hizo. No lo hizo porque un terrible miedo le paralizaba la lengua. Estaba sola, con cuatro Akatsukis. Y además, como frutilla del postre, se sentía débil y falta de energías.
—Tómatela —le instó ahora una voz suave y melodiosa.
La kunoichi abrió los ojos como platos. Esa voz era demasiado dulce para ser de un hombre. Su mirada se dirigió a la muchacha que permanecía de pie junto al pelinaranja. No había odio en sus ojos azules como el zafiro, más bien… pena. Como si le causase pena su situación tanto como la propia. Y, sin saber muy bien por que, le obedeció. Tal vez fue por eso que vio en sus ojos. Tal vez porque, aunque odiaba a todos allí, aquella chica no le producía ese sentimiento.
El agua fue como un bálsamo para su maltratada garganta, si bien al principio la sintió arder. De pronto comenzó a notar todo un poco más claro. Sus músculos estaban débiles y sentía un dolor punzante en la cabeza. El estómago no la estaba ayudando; sentía que en cualquier momento se comería una mano.
—Haruno —El líder le llamó la atención. Los ojos jade se encontraron con los violetas, y sintió un sudor frío recorrerle la espina dorsal. Ahora vendría el verdadero problema: ¿para qué un Akatsuki podía necesitarla a ella?—. He mandado a Itachi y Kisame a buscarte porque requiero de tu habilidad médica.
Quiso reírse en su cara, burlarse. ¡Estaba totalmente chiflado si creía que a ella siquiera se le pasaría por la cabeza ayudarlo, a él, un maldito asesino rango S! Aunque la verdad lo veía muy bien, así que no entendía para qué podía querer asistencia médica. Levantó la vista y la cruzó con la de él, desafiante. A ser sincera, eso era lo máximo que se atrevía a hacer. Enojo aparte, no iba a olvidar a quién tenía enfrente, ni a quién tenía detrás. Una duda comenzó a martillar su cabeza. ¿La matarían si se negaba a ayudarlos? Ciertamente, no creía que la dejasen ir de buenas si no cooperaba. Menos ahora que había entrado en la guarida y visto a quien ellos llamaban 'líder' —si bien no tenía la más pálida idea de la ubicación del escondite. Había estado inconciente todo el camino debido al genjutsu del pelinegro—.
—De todas formas, no soy yo quien necesita tu asistencia. ¿Lo harás, Haruno? —preguntó el líder, aunque no sonó como una pregunta, sino más bien como una orden. Sonaba como quien está acostumbrado a mandar, y a ser obedecido.
Sakura volvió a temblar. Como temía, no le estaban dando a elegir. No era que lo ayudaba si se le daba la gana, o se volvía como pancho por su casa a Konoha. O lo ayudaba, o moría. Ni siquiera podía dar un poco de pelea; ellos eran cuatro y la pelirrosa estaba en estado lamentable. Suspiró por lo bajo, para que no la oyera, y se animó a preguntar, con un hilo de voz.
—¿Entonces… a quién…?
—A Kakuzu y a Hidan —soltó, interrumpiéndola.
Fue como dejar caer una bomba. Se quedó completamente quieta, en shock. Las palabras retumbaban en su mente: 'A Kakuzu y a Hidan', 'A Kakuzu y a Hidan', 'A Kakuzu y a Hidan'. Trataba de procesar la información furiosamente. Hidan… el asesino de Asuma. Le estaba pidiendo que curase al asesino de Asuma. Que traicionase la memoria del sensei y que salvase a un miserable. Su temperamento —para bien o para mal— no se hizo esperar, y aunque aún temblaba de miedo, esos espasmos fueron mitad terror y mitad ira.
—¿Estás… loco? —le chilló. Ninguno de los presentes se inmutó, tal vez porque sabían que solo podía hacer eso, gritar. No estaba en condiciones para nada más—. ¡Primero muerta que ayudar a los malditos que mataron a Asuma-sensei! ¡Por mucho que ame mi vida, no voy a traicionar a Konoha ni a la memoria del sensei!
El pelinaranja suspiró, como si, por un lado, se hubiese esperado ese berrinche.
—¿No es acaso que ustedes, los ninja médicos, tienen el deber de curar a todos, sin importar quienes sean?
Sakura se quedó callada. Eso era cierto. Su deber como ninja médico era salvar vidas, no importaba de quien. Si acaso era un criminal, había que salvarlo y luego mandarlo a la justicia. Debía cuidar de cualquier vida humana, lo quisiese o no. Pero esto era diferente. Aquel enfermo, obsesionado con la sangre y el dolor, había matado a un camarada, había matado a un maestro. Si lo curaba estaría traicionando a Konoha, porque tan pronto como lo hubiese salvado, estaba segura de que la matarían. Entonces, ¿qué más daba negarse o hacerlo? De todas formas moriría, y prefería hacerlo siendo fiel a su aldea y a sus principios. Le plantó cara al líder con una seguridad y rudeza que, muy en el fondo, sabía que no tenía.
—Es cierto… ¡Pero no voy a traicionar a Konoha! ¡No voy a curar a ese enfermo!
En un movimiento demasiado rápido para los ojos de la kunoichi, el shinobi se posesionó adelante suyo y la levantó en el aire, con su mano fuertemente cerrada en torno a su garganta. Sakura sintió como sus pies se despegaban del suelo, e inmediatamente una insoportable falta de oxígeno la acometió. Instintivamente, levantó ambas manos y manoteó las del criminal, tratando de sacárselas de encima. Obviamente fracasó; el hombre tenía demasiada fuerza y no estaba dispuesto a soltarla. La pelirrosa comenzó a notar como se agitaba su respiración y su vista se nublaba. Si no la soltaba en unos segundos, moriría.
—Escucha, kunoichi de Konoha. Necesito que los cures. Ellos me van a servir bien en mi propósito de acabar con el eterno odio del mundo ninja —notó que la chica se revolvía y lo miraba confusa, auque estaba comenzando a ponerse azul. Aflojó un poco la presión de sus dedos, aunque aún la sostenía en el aire, a su merced—. Muy bien. Haremos algo: si tú te niegas a ayudarme, yo mandaré por tu amigo, el chico Kyubi —Sakura lo miró espantada—. Cuando me lo hayan traído (y no dudes que lo harán), voy a torturarte muy lentamente frente a él, hasta que pierda la razón debido al dolor. Cuando eso ocurra, voy a extraerle el biju, luego de lo cual él naturalmente morirá. Y cuando haya muerto, voy a destruir tu amada aldea, para que allí conozcan el verdadero significado del dolor.
Sakura dejó de revolverse, y Pain la soltó, dejándola caer al frío suelo de roca. La chica llevó inmediatamente sus manos a su cuello y se lo masajeó, tomando grandes bocanadas de aire. Se sentía aun más pequeña tirada allí, en el piso. No quería alzar la vista y encontrarla con la violeta, o con la negra de su maldito secuestrador. '¡Já! Uchiha tenía que ser', pensó, con desagrado. Las palabras del líder de Akatsukis le cayeron en la conciencia como una masa. 'Mandaré por tu amigo… hasta que pierda la razón debido al dolor… naturalmente morirá… voy a destruir tu amada aldea…'. ¡Mierda, mierda, mierda! ¿Por qué siempre tenía que pasarle esto? Siempre era la débil que debía someterse a los deseos de los demás para salvar a quienes quería. Ella no era como el resto; mientras los otros ponían batalla, ella se limitaba a salvar su pellejo. Unas traicioneras lágrimas humedecieron sus mejillas, y tuvo un dejá vù del bosque de la muerte, en los exámenes Chunin. También allí se había sentido impotente, pero al menos había hecho algo. No había servido de mucho, luego la habían salvado sus amigos, y después Sasuke. Pero aquí no la salvaría nadie. Aquí no estaba el equipo Ino-Shika-Cho, aquí no estaba Sasuke. Solo estaba ella, indefensa frente a cuatro criminales de alto rango.
Su cerebro se puso a trabajar furiosamente, en busca de opciones. Pelear ciertamente no era una: la matarían con suma facilidad y luego llevarían a cabo su macabro plan. ¿Tratar de escapar? Primero tenía que burlar a diez criminales rango S. Imposible. Negarse sería lo mismo que luchar, estaba fuera de sus contemplaciones. ¿Entonces que quedaba? ¿Someterse? Si el plan de los Akatsukis era reunir los nueve bijus, entonces tarde o temprano irían a por Naruto, y seguramente el pelinaranja hablaba en serio cuando dijo que le mostraría a Konoha el verdadero sentido del dolor. En resumen, aquello con lo que la amenazaba era lo que invariablemente terminaría sucediendo, más allá de la decisión de la pelirrosa. ¿Tenía caso rendirse?
Una idea golpeó su cabeza. Tiempo. Eso le daría a Konoha. Si accedía, estaría posponiendo todo. Y si Kami la ayudaba y por primera vez la suerte no se le reía en la cara, ella se escabulliría y alertaría a la aldea de los planes de la organización. Así estarían prevenidos, Naruto se haría más fuerte y, llegado el momento, le harían frente a los Akatsukis. Quiso sonreír, pero no se atrevió. 'Recuerda que le prometiste a Naruto ayudarlo con esa dichosa promesa de traer de vuelta a Sasuke'. Y Sakura Haruno, que no solía hacer promesas, cumplía las pocas que forjaba.
—Haruno… —la voz del líder la llamó, impaciente.
—Lo… haré —consiguió contestar. Su voz sonó rasposa, y es que le costó un esfuerzo hercúleo soltarlas. Ya sentía que estaba traicionando a la aldea, a la memoria de Asuma, a la confianza de Tsunade, a la confianza de Naruto. 'Perdóname, Naruto. No lo haría si supiera que estás a salvo', pidió, deseando que, al menos en el alma, el rubio la escuchase.
Sintió la mirada del pelinegro caer sobre su cabeza, pero no se volvió a mirarlo. El líder asintió suavemente y se dirigió a sus subordinados.
—Kisame, puedes retirarte. Itachi, llévala donde Hidan y Kakuzu, y quédate con ella hasta que termine. —Se volvió hacia la mujer de cabellos azules, y con una mirada le indicó que lo siguiera. Ambos desaparecieron por donde habían entrado.
Sakura se quedó muy quieta. Esperaba que el Uchiha la tomara del cabello sin la menor delicadeza y la arrastrase hasta los criminales heridos, aunque sinceramente no creía que ese fuese el estilo del moreno. Tal vez la tomaría del brazo con rudeza o se limitaría a gruñirle el camino. Itachi la observó un segundo con esos ojos vacíos y tristes y se encaminó a la salida, sin prestarle atención a si lo seguía o no. Ella suspiró y lo siguió en silencio.
Se estremeció cuando salieron al pasillo. Era casi igual a la guarida de Orochimaru —bueno, después de todo él había sido un Akatsuki, ¿no? De algún lado había sacado la idea esa serpiente rastrera—, con paredes oscuras y únicamente iluminadas por una hilera de antorchas. A lo lejos pudo divisar que el corredor se abría, seguramente para dar a una sala. Se preguntó si desde aquella sala se iría a los dormitorios. 'Bueno, y de todas formas, ¿qué te importa eso? No es como que vayas a vivir para contarlo'. Frunció el seño y guardó aquel pensamiento muy al fondo de su cerebro. Estuvo a punto de chocar con Itachi cuando éste se detuvo en medio del pasillo. Iba a preguntarle si sucedía algo cuando el hombre hizo unos sellos con las manos increíblemente rápidos y apoyó ambas palmas sobre la superficie rocosa. La kunoichi abrió muy grandes los ojos cuando, luego de un ligero temblor, una puerta de piedra se materializó y se abrió muy lentamente. Conservando algunos vestigios de su antigua caballerosidad Uchiha, el pelinegro le indicó con la mirada que entrase. 'Igualito a Sasuke. Parece que los Uchihas piensan que se les secará la boca si la abren para decir algo', se mofó, y entró a la habitación.
Ciertamente, nada la hubiese preparado para lo que encontró. El cuarto era amplio, con algunas destartaladas estanterías sobre la pared Norte. En el centro había dos camillas —si se le podía llamar así a dos camas bastante viejas y andrajosas apoyadas sobre dos medas de madera—. El espectáculo que había sobre ellas era lo más repugnante que Sakura hubiese contemplado nunca. En la que tenía más cerca, una masa oscura y amorfa era todo lo que quedaba del que, supuso, era Kakuzu. Justo sobre la cabecera había cinco frascos, y la Haruno tuvo que cerrar los ojos y respirar hondo para devolver al estómago la poca comida que subía peligrosamente por su esófago hasta la boca. Dentro de cada recipiente había —oh, por Kami— un corazón humano flotando en sangre.
En la otra camilla estaba el cuerpo del tal Hidan, armado correctamente, pero sin que los miembros se tocasen. Sintió la furia bombear en sus venas. ¡Ése, ése había sido el cabrón que había matado a Asuma! Hizo chirriar los dientes. El peliblanco tenía los ojos cerrados y al parecer no se había percatado de la interrupción.
—Hidan —pronunció el Uchiha. La kunoichi dio un respingo: era la primera vez que escuchaba su voz fuera de su cabeza, y se asombró por el tinte grave y masculino que tenía. '¡Cállate! ¡El no es Sasuke, es Itachi!', se regañó.
Los ojos amatista se encontraron con los jade por un segundo. Sakura sintió que un temblor la recorría, y lo definió como miedo y odio. Solo cuando el inmortal abrió la boca, el odio le ganó al miedo.
—¿Qué mierda quieres, Uchiha? ¡De todas las jodidas caras, la tuya es la que menos quería ver!
—Ella es la kunoichi que restaurará tu cuerpo —replicó con voz seria, ignorando olímpicamente los insultos del religioso.
Los ojos del peliblanco se encontraron con los de la pelirrosada otra vez, pero ahora con profunda sorpresa y asco.
—¿Qué? ¿Esta perra será la que restaure mi cuerpo? ¡Joder, perra, ni siquiera te me acerques! —le gritó. Volvió el rostro hacia Itachi, enfurecido— ¿Qué te pasa, Uchiha, vas perdiendo las putas habilidades con el tiempo? ¿Esta mierda fue lo mejor que pudiste traer? ¡Por Jashin-sama!
—¿No puedes hacerle lo mismo que me hiciste a mi, Uchiha? —preguntó la chica, con un aura negra rodeándole el cuerpo. '¡Shannaro! Recuerda que lo haces por tu vida, la de Naruto y la de la villa, Sakura, solo por eso'.
Itachi la miró un segundo y luego se volvió hacia Hidan.
—¡No te atrevas, maldito enfermo! —le chilló el inválido, pero ya era tarde. El Uchiha había enviado al religioso a un mundo donde podía gritar todo lo que quisiera, pero nadie lo oiría.
Lo que sea que pienses, me ayudara a mejorar. Así que deja un review! Gracias por leer.
Tittacon: Aquí esta, como lo pediste! Espero no haberte defraudado con su encuentro, ya que si fue chocante, eh? Ella con su temperamento y Hidan con su vocabulario tan fino jaja Y si, el temor invariablemente tiene que aparecer, Sakura es una chica lista y no olvida con quienes se enfrenta. Ya veremos como lo llevan! Cuidate mucho! Saludillos
Bloddy Cherry: Hola! :D Me alegro que consideres que es interesante y que te guste como describo la personalidad de Sakura, es que es un personaje fantástico! Para el Hidasaku, pues tendrás que esperar un poco más. Por el momento solo serán choques ^^. Cuidate mucho! :)
Nabiii: Amiga no quiero que un profesor te rete por estar leyendo mi historia! (yo hubiese hecho lo mismo, que chicas malas que somos) jaja Todavía no habrá hidasaku, habrá que esperar un poco, y te noto muy ansiosa! jaja me preocupas u.u Aquí esta la conti, así que relaaajate :D cuidate mucho!
Annie Darcy: Hola linda! me has hecho lagrimear, tu también me has caído super :') Muchas gracias por tus ánimos y con respecto al sexy boy... pues soy un poco posesiva (? jaja Aquí va la conti para ti! Cuidate mucho, Saludos!
