ununununununununununununu

JUNTOS EN ESTO

Y vuelvo a caer al mismo lugar,

a donde ya no quiero volver,

donde ya no existe calma.

Y vuelvo a caer al mismo lugar,

donde esperaba jamás regresar,

o al menos

de nuevo conseguir escapar.

Pero en esta ocasión

del Averno no hay salvación.

En esta ocasión

no hay salida.

Fue en la primera y segunda caída,

tras un combate mortal,

que a este lugar vine a dar.

Pero la tercera

es la muerte definitiva,

dada por una mano querida.

Y vuelvo a caer…

Y vuelvo a caer…

Y vuelvo a caer al mismo lugar…

Caigo, pero en un suave confort.

Lo reconozco.

Es él…

Y mi corazón,

con un último y doloroso esfuerzo,

me hace estremecer…

-:-

Tiembla en mis brazos, y me doy cuenta de que está muy frío. ¿Cuánto tiempo llevas aquí y en este estado? Pero al parecer, ese escalofrío lo ha ayudado a reanimarse, porque por fin calla, y me arranco.

-Leo… hermano… perdóname.

-Idiota.

Apenas si le oigo el insulto, pero eso me alegra.

-Lo reconozco, soy…

-No. Yo soy el idiota. No debí tomar tan a pecho lo que dijiste.

-Bueno… eso lo vemos después.

Pensaba decir otra cosa, pero mejor no, no vaya a regarla más.

Se refugia más en mí por el frío que tiene, y ya no dice nada. Aprovecho para llamarles a todos por celular y decirles que ya lo encontré. Cuando le hablo a Doni, Sensei, que está con él, casi se quiere pasar por la pantalla del celular por saber cómo está su consentido. Le digo que está bien, algo enlodado y tembloroso, pero que está bien. Después de que le agradece al Sama al que él se encomienda, Sensei me advierte que hablaremos en cuanto estemos en casa. No me queda otra que aceptar, y le digo que nos veremos allá, pero él insiste en venir y le digo que lleguen al acceso SR-71, que es el que queda más cerca de donde estamos, y cuelga pronto para llegar cuanto antes al punto de reunión.

Leonardo está muy cansado, apoya todo su peso, que no es mucho, en mí. Así que lo cargo en brazos con cuidado y me encamino al acceso para encontrarnos con los demás. Tampoco digo nada. Ya mañana hablaremos como debí hacerlo desde un principio: no tiene por qué preguntarme a dónde voy, ya estoy muy grandecito para estar avisando. Eso para mí es falta de confianza. ¿Qué no me tiene confianza? Bueno, después de… ya perdí la cuenta, pero las peleas no tienen que ver. Esto se trata de confianza…

-Es hermosa.

Leo interrumpe mis argumentos que pretendo plantarle en cara mañana... o será al rato; ya es de madrugada. Apenas si puede levantar la cabeza para poder ver al cielo.

-¿Qué?

-La Luna.

Si no me dices, no me doy cuenta de que la Luna se ha asomado; ya se ve algo de claridad. Pero no miro al cielo, te miro a ti. Tus ojos no reflejan nada de la luz de la Luna. El brillo de tus ojos ha muerto. Eso me asusta. Ese es el daño que te he hecho, he aniquilado una parte de ti, una parte de tu espíritu alegre y pacífico. No sé cómo voy a poder remediarlo.

Ahora soy yo quien quiere llorar. ¡Maldición! ¡¿Cómo es que siempre arruino todo?!

-Tropezarse, caer y rasparse un codo o una rodilla, es parte de la vida.

Dices, como si hubieras leído mis pensamientos. Siempre logras hacerlo y siempre me pregunto cómo lo haces. Siempre tienes la respuesta. Es algo contradictorio en ti: posees mucha sabiduría por todo lo que lees y por todo lo que estás dispuesto a aprender de Sensei, pero también te falta mucho por crecer.

Acomodas de nuevo tu cabeza en mi hombro y cierras tus ojos. Creo que intentas dormir porque respiras con suavidad, pero tu respiración se agita de repente y tu rostro se contrae.

Y vuelvo a caer al mismo lugar,

a donde ya no quiero volver,

donde ya no existe calma…

Tal vez esas terribles palabras todavía hacen eco en tu corazón. De verdad lo lamento hermano. Lo lamento.

Sonríes, con mucho cansancio y pesar, pero me sonríes. Ya sabía que me perdonarías.

Llegamos al acceso, y me quedo parado pensando cómo abrir si traigo las manos ocupadas. Tal vez tenga que esperar a que alguien llegue del otro lado, y la abra desde dentro.

Parece que ya duermes, aunque tu respiración sigue algo turbada. Quizás no funcione, pero no se me ocurre otra cosa, al menos para que descanses tranquilo: cuando éramos niños y dormía contigo, o mejor dicho, cuando dormías conmigo porque yo no me atrevía a ir contigo por muy horrible que fuera mi pesadilla, me dabas un beso en la frente, y eso me ayudaba a calmarme. Y todavía lo haces. Después de un rato de que nos acostamos, vas a hurtadillas a mi cuarto creyendo que estoy bien dormido, me arropas y me das el besito de las buenas noches; pero no duermo, porque espero cada noche a que vayas sólo para poder burlarme de ti por algo tan absurdo, pero nunca me armo de valor y dejo que lo hagas. Es que es… tan tranquilizador ese gesto tuyo. Estoy seguro que haces lo mismo con Don y Miguel aunque ninguno haya dicho que lo hagas, pero también puede ser que no se hayan dado cuenta.

Poso mis labios en tu mejilla tan delicadamente como lo haces en mi frente, pero yo me siento profundamente arrepentido por hacerte sufrir tanto. Nunca te lo he dicho, y qué buen momento elegí para hacerlo, o al menos pensarlo: te quiero hermano.

Y funciona. Puedo sentir cómo se relaja. Así que me enderezo y compruebo que está más calmado.

Me enfoco de nuevo en cómo voy a abrir la compuerta.

-Rafa.

Me habla muy fatigado y ha abierto los ojos y… me sorprendo al ver que su mirada… Él se ve muy cansado, pero su mirada ha recuperado ese brillo especial. ¿Fue por lo que hice? ¿Un beso posee tanta magia? Por eso recurren mucho a los besos en los cuentos de hadas, y tú. Tu corazón no es frágil, ni cursi, lo que pasa es que no te apena demostrarnos tu cariño. ¡Quisiera poder gritar de alegría! ¡He recuperado a mi hermano! Pero tengo una reputación que mantener.

-¿Si?

-Lo siento.

-Te mereces un zape. Ya te había dicho que no es tu culpa, sino mía. Perdóname. Nunca pensé que mis palabras podrían lastimarte más que mis puños.

-Yo…

-No hables. Ya mañana nos echamos el segundo round. ¿Va?

-Va.

Me sonríes.

Esa sonrisa me dice que ya estás bien. Olvidas muy rápido. Yo espero no olvidar esto.

Ahora lo veo.

Estamos juntos en esto.

No te importa todo el daño que te pueda hacer, sigo siendo tu hermano.

Soy tu hermano.

Somos hermanos.

Estamos juntos en esto.

En las buenas y en las malas.

Estamos juntos en esto.

Ahora, ¿cómo quelonios voy a abrir la compuerta?

-Rafa.

No me digas que quieres seguir disculpándote.

-¿Sí?

-Bájame. Puedo caminar.

-No lo creo.

-Puedo caminar.

-No creo que puedas caminar…

-¿Quién no puede caminar?

Se oye del otro lado del acceso secreto y se abre enseguida. Es Miguel.

-¡Leo!

Y se me viene encima el latoso, pero para abrazar a su hermano mayor. Apenas si puedo soportar el peso de los dos.

-¿Estás bien? ¡¿Qué te hizo éste?!

Miguel Ángel puede ponerse bravo, y más si su hermano mayor ha salido herido. Pero yo también puedo ponerme bravo.

-¡¿Éste?!

-Estoy bien Miguel. Rafa no me hizo nada.

-No digas mentiras hermano, que con mis antenitas de vinil pude captar un grave problema entre ustedes dos.

Es que Miguel le ha dado por ver el programa de El Chapulín Colorado, hasta se pone una diadema en la cabeza que trae esas antenitas que se parecen a las de ese saltamontes rojo, y las trae puestas ahora. Pero aún sin ellas, él también puede captar cuando algo anda mal.

-Ya todo está bien, Chapulín Verde.

Le insiste Leo, de la manera que usa para convencer a su hermanito: una tierna sonrisa. Pero no le funciona del todo.

-¿Entonces por qué no puedes caminar?

-Sí puedo caminar, pero Rafa no quiere bajarme.

-No puede. – insisto - ¿Qué no ves lo mal que está?

-Por tu culpa.

-Eeehhh…

-Ya dije que está todo bien, Miguel, y sí puedo caminar.

-No puedes.

Obviamente siendo el responsable de todo el relajo, no dejo que Leo camine por su propio pie y entro a las alcantarillas.

-Será más fácil- sugiere Miguel - si caminamos y nos topamos con Sensei y Don, a que si nos quedamos parados. – cierra la compuerta.

Leo no protesta que me lo lleve, bien que sabe que no tiene fuerzas. Sólo quiere hacerse "el que lo puede todo", como siempre.

-¡Oye! – y como siempre, Miguel no puede quedarse callado por un par de minutos - Entonces si llevas a Leo, me puedes llevar a mí.

Se me trepa al caparazón, quedando en alto al agarrarse de mi cabeza y no de mi cuello.

-¡Bájate! ¡Leo no pesa, pero tú sí!

-Pero tú eres el más fuerte; siempre andas presumiendo.

-¡Te bajas o…!

-No, hasta que me digas qué fue lo que pasó.

-Miguel, no creo que…

-Leo, estamos juntos en esto, ¿recuerdas?

-Sí, pero…

Estamos juntos en esto. Hasta el soquete de Miguelito lo sabe. Es más listo de lo que creí.

-¡A qué te dices que soy muy listo, Rafita!

No le digo nada, para qué gastar saliva.

-¿Qué no han oído: Cuéntaselo a quien más confianza le tengas?

No creo que deba saberlo; seguro Leo piensa lo mismo. Lo miro, y está de acuerdo conmigo.

Dejamos que Miguel siga insistiendo en saber lo que ocurrió, claro, trepado en mí, hasta que nos encontramos con Sensei y Doni. Leo aprovecha para bajarse, y yo para quitarme de encima al latoso. Sensei es más prudente, se limita a abrazarlo y no hace preguntas, aunque Leo trata de decirle que él no está muy seguro de lo que pasó, que está muy confundido, que quizás mañana pueda recordar.

Leo mintiéndole a Sensei por mí… es capaz de lo que sea por protegernos. Lo que sea.

Sensei no queda satisfecho; cómo va a creerle por la cara de desfallecimiento total que tiene. No pide más explicaciones, sólo nos invita a todos a regresar a casa.

El camino de regreso es puro e incomodo silencio, pero me sirve para pensar y para estar atento de Leo por cualquier cosa, aunque se ve ya recuperado.

¿Qué tan idiota pude ser para no darme cuenta de lo que hacía? Si Leo no se hubiera ido, lo más probable es que yo lo hubiera atacado, por enésima vez, pero esta vez sí estaba decidido a hacerle un gran daño. ¿Y si lo hubiera matado? Entonces sí que me hubiera dado cuenta de mi error.

Don't you see?

We're in this together

You and me

One on one forever

Es lo que muchas veces trato de decirme. ¿En dónde tenía la cabeza como para no haberlo escuchado? En la envidia: Leo el más aplicado en los entrenamientos, Leo el más obediente, Leo el más tranquilo. Yo el más rebelde, el más impaciente, el más escandaloso, el más equivocado en los ejercicios, en todo. ¿Tiene que pasar algo grave para que me de cuenta de mi actitud? Lo bueno que no. No pasó de que Leo llorara lo que no ha podido llorar en su vida. Muchas cosas lo han aquejado desde pequeño; y de pilón Rafael.

Igual es una estupidez, pero no importa, si ya he admitido que soy idiota, no creo que pase a mayores: me acerco cautelosamente a Leo y le señalo mi espalda, y veo que tiene lastimada la boca. No me da tiempo de pensar qué pudo haberle pasado, porque él de un ágil movimiento, se trepa a mi caparazón, y se abraza de mi cuello. Entendió en un tris lo que pretendo, y de inmediato lo sostengo y echo a correr como alma que no ha conseguido escapar del Señor del Inframundo.

-¡Dos semanas de lavar platos los que lleguen al último!

Reto a mis otros dos hermanos.

Volteo, y miro a Doni que, como no se pone buzo, Miguel se trepa en él.

-¡Ándale! ¡Qué nos ganan!

-Pero…

-¡Pícale!

Y Doni no sabiendo qué otra cosa hacer, echa a correr para tratar de alcanzarnos. ¡Qué sonso es Miguel! Él es quien debería llevar a Doni, así nos alcanzarían, pero bueno…

En una fugaz mirada, veo a mi Sensei; parece satisfecho. Debe imaginar que, sea lo que sea que pasó, lo hemos arreglado. Pero eso no me salvará del sermón ni del merecido castigo.

Ya les aventajamos mucho a los más chicos. Leo ríe con fuerzas renovadas. Seguro que es por esta contundente victoria… o tal vez ríe por otro tipo de victoria.

-:-

Aprendí a llorar,

a liberar la desolación que habitaba en mi corazón.

Recordé cómo reír,

cómo permitirle a la esperanza renacer en mí.

Y te lo debo a ti.

ununununununununununununu

Quiero dar gracias a todos los que me tuvieron paciencia para terminar con esta saga, y también a aquellos que han leído mis fics en este grandioso año 2009.

Muchas gracias.

Un año más se va, aunque éste me ha dejado muchas cosas, demasiadas más bien, pero ha sido el mejor año de mi vida: recordé cómo llorar, recordé cómo reír; pude sentir lo que es la amistad y su cariño; el dolor no se asuntó del todo; y el amor… no ha aparecido, pero no hay prisa por que llegue; hubo un casi olvidado pero muy anhelado reencuentro; una dolorosa despedida; se rompieron algunas esperanzas, pero nacieron otras; y desilusiones hubo muchas, incluso hubo proyectos que terminaron en desastre, pero lo bueno de todo, es que mi cicatriz ya no duele tanto.

El año que está por empezar trae quizás mejores cosas, o quizás no, lo digo porque ya se me ha advertido que el inicio está lleno de baches, y no me queda de otra que aguantar la zarandeada. ¡Con lo que me gusta sentarme en los lugares de hasta atrás del pesero, para que cada que pasa por un bache, yo salte bien alto del asiento!

Con todo este rollo quiero desearles:

¡UN FELIZ Y PROSPERO AÑO NUEVO 2010!

Nos leemos el 10 de enero de 2010, en otro alucinado fic mío.

¡Hasta pronto!