Hola hola, hermosa gente! Como amanecieron en esta soleada mañana de 21 de enero? Espero que con ganas de leer mi fic, jaja El otro día (ayer) estaba buscando un poco de información de Saku, y me encontré con encuestaa en laa que la gente decía por qué la odiaba. Y las razones sinceramente me parecen de lo mas absurdas *.* es decir, la mayoría la odia porque arruina su estupido naruhina -.-' Sakura no está para Naruto, es decir ella es de Akatsuki, principlamente de Hidan :3
Bueno, esta es mi primer historia, así que es probable que cometa algún que otro error. Es un Hidasaku, así que al que no le guste, QUE NO LO LEA!
Declaimer: Naruto y todos sus personajes y paisajes son propiedad del señor Masashi Kishimoto-sama. Sin embargo, yo estoy jugando con sus niños; a algunos los reviví, a otros los deje muertitos y cosas por el estilo.
—¡Voy a matar a esa frentona! —exclamó Ino, muy enojada.
Caminaba hacia el hospital con zancadas fuertes y decididas. Había decidido perdonar a Sakura por lo de Asuma-sensei: sabía que la chica sufría muchísimo por Sasuke, mucho más que ella misma, y que la presión por un intento de rapto a Naruto por parte de Akatsuki la volvía loca. Sabía también que el temperamento de la frentona era así, explotaba y luego se calmaba, por lo que había esperado que fuese a hablar con ella para disculparse. La había esperado un día entero, pero no había habido rastros de la pelirrosa. Aquella mañana también la había esperado, pero ya era suficiente. La iba a buscar y la iba a obligar a disculparse. No iba a perder su amistad por nada.
Por eso mismo, cuando Hinata por fin salió y le dijo que Sakura no se había presentado, había creído que a lo mejor se sentía mal, o algo así. Cambió de rumbo y se dirigió a la casa de la chica. Seguramente se estaría sintiendo sola. Shikamaru le había comentado que Naruto, Sai, Kakashi-sensei y Yamato-taicho habían ido de misión, y que Sakura había tenido que quedarse.
Se plantó frente a la puerta de la chica Haruno y golpeó varias veces. Al no recibir respuesta —'A Sakura no le importará, de todos modos', se consoló la Yamanaka— entró. Todo estaba muy tranquilo allí dentro. Demasiado, diría ella. Se dirigió a la cocina, pero allí estaba todo igual que siempre. Subió al cuarto y se llevó otra decepción: estaba limpio, acomodado y solitario. Evidentemente la frentona había decidido salir por ahí.
Corrió hacia la mansión Hokage y luego de golpear varias veces, por fin le abrieron. Saludó educadamente a la Godaime y a Shizune y fue directo al grano:
—Tsunade-sama, ¿ha enviado a Sakura a alguna misión?
La rubia mayor frunció el ceño y cruzó las manos.
—No. Le ofrecí una, pero…
—Disculpe. Lo que sucede es que peleamos y creí que hablaría conmigo. La he buscado en su casa, pero no estaba, y Hinata me dijo que no se presentó en el hospital.
Shizune mudó de expresión, evidentemente conmocionada, y la Hokage golpeó el escritorio con furia, dejándolo marcado. La Yamanaka alzó ambas cejas, impresionada por la ira de la mujer. Estaba bien que se molestara por la ausencia de Sakura en el hospital, pero ¿realmente era para tanto…?
—Ayer Sakura se encontró con su equipo para despedirlos. Cuando se fueron, le ofrecí una misión —Ino la seguía mirando con curiosidad, sin comprender a dónde quería llegar con todo eso—. Me dijo que lo pensaría, que por el momento se ducharía y hablaría contigo.
La kunoichi menor cayó en la cuenta luego de unos segundos. Entonces Sakura si había tenido intenciones de disculparse… Pero su equipo había partido la tarde anterior, eso significaba que a Sakura le había pasado algo justo en ese momento, seguramente de camino a su casa. Se estremeció ante la posibilidad; sabía que la frentona era una de las mejores kunoichis de la aldea y que se podía cuidar sola, pero siempre había enemigos más fuertes, o que iban en grupos.
—Tsunade-sama, ¿y si le pasó algo malo?
—No lo digas, Ino —pidió la Hokage, frunciendo aún más el ceño. ¡De entre todas las personas de la aldea, justo a la chica a la que quería como la hija que nunca tuvo! Era un pensamiento egoísta, indigno para una Hokage, pero no podía evitarlo en la profundidad de su mente.
—Tal vez debe informar a Naruto y su equipo, Tsunade-sama —razonó la pelinegra, quien, como siempre, llevaba a Ton-Ton en brazos—. Quizá aun no hayan llegado a Sunagakure, por lo que si envía a dos Anbus los traerán de inmediato.
—No se, Shizune —bufó la mayor, y se volvió, observando detenidamente a la aldea a través del mural que era la ventana. No sería agradable tener que darles la noticia, pero no podía enviar a los Anbus a decirle que su compañera de equipo y amiga había sufrido algún ataque. Ni siquiera tenían pruebas de eso. Se volvió y su rostro se tensó—. Quiero que un grupo Anbu la busque en la aldea. Hasta que no me haya certificado que no está, no enviaremos aviso al equipo siete. Ino, puedes irte.
La chica rubia salió del cuarto pensando que cualquiera del 'equipo siete' se hubiese sentido bien triste de que los llamaran así. No quería pensar que algo malo le hubiese sucedido a su amiga, pero era inevitable. Sakura jamás había faltado a su trabajo en el hospital, ni un solo día. Y si lo hubiese hecho, seguramente sería por estar enferma. Si no estaba en casa ni en el hospital, entonces seguro le había pasado algo. Sintió que la cabeza le daba vueltas; no podía respirar bien. Sakura, la frentona, su mejor amiga, su rival. No podían haberle echo daño. No lo soportaría. ¿Y qué había de Naruto, de Kakashi-sensei, de Tsunade-sama? Todos quedarían destrozados con la noticia. Solo esperaba que regresaran pronto, o aún mejor, que los Anbus encontrasen a su amiga.
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La kunoichi pelirrosa se pasó el dorso de la mano por la frente, que sudaba copiosamente, y suspiró. Estaba extenuada; sentía que en cualquier momento se desmayaría. No sabía que hora eran, no tenía ninguna noción del tiempo. Sentía que hacía milenios que estaba allí sentada, trabajando en completo silencio.
El Uchiha se había sentado en un rincón y había cerrado los ojos, lo que lo hacía verse mucho más pacífico. Sakura sabía que su Mangekyou seguía activado, porque Hidan estaba pacífico, tanto que parecía dormir. Casi se le sale una risa al imaginar la sarta de insultos que debía estarle gritando al pelinegro en Tsukiyomi.
Agradecía que nadie la hubiese interrumpido. Había restaurado el cuerpo del peliblanco —con todo el dolor del alma, contra toda su buena fe y con la menor delicadeza existente— y ahora se encargaba de aquello que burdamente definía como 'el cuerpo de Kakuzu'. Ya había hecho la mayor parte, solo le faltaba 'arreglar' los brazos y la cabeza, e insertar los corazones. Apartó ese pensamiento de la cabeza cuando las nauseas amenazaron con volver.
Había alejado lo más posible de la cabeza la afirmación de que, tan pronto como curase a Kakuzu, los Akatsukis la matarían. No quería pensar en ello. Por una parte, deseaba no terminar de trabajar nunca, para así al menos seguir viva; la otra parte la instaba a terminar el trabajo de una buena vez y aceptar su destino. Es cierto, aún no se hacía a la idea de no volver a ver a Naruto, a Kakashi-sensei, a Tsunade-sama…a Ino-puerca. No había podido despedirse y le afligía que lo último que habían hecho juntas hubiese sido discutir. Si al menos le hubiesen dado un día mas, estaría más tranquila… ¡¿Un día más?! ¿Pero de qué estaba hablando? ¡Hubiese preferido directamente que a esos psicópatas jamás se les hubiese ocurrido ir a por ella! Bufó. Y no solo eso. La había buscado justamente a ella para curar a semejante escoria.
Sus ojos esmeralda se trabaron en el rostro de Hidan. Cuando estaba tranquilo, con los ojos cerrados, y callado, hasta parecía un muchacho normal, y —Kami, no me hagas repetirlo jamás— atractivo. Sintió un ligero sonrojo y apartó la mirada, devolviéndola al otro criminal. ¡Ese cabrón inmortal había matado a Asuma-sensei! ¡Había dejado sola a Kurenai-sensei, había dejado huérfano de padre a un bebé que aun no nacía! 'Agh, ¡lo odio!', determinó. Si ese religioso nunca se hubiese inmiscuido… ahora ella estaría feliz en la villa a la que pertenecía, con los amigos que quería y la querían, haciendo sus obligaciones aburridas pero reconfortantes. ¡Principalmente, no estaría peleada con Ino!
Se apartó un poco de la improvisada camilla y cerró muy fuertemente los puños y los ojos. Cuando estallara la inevitable lucha entre Konoha y Akatsuki, ella se encargaría de sacarle al criminal aquello que le había concedido. Si se lo volvía a cruzar —considerando que escapase de la guarida—, lo iba a devolver allí a donde pertenecía, al hoyo del cual nunca lo debieron haber sacado. Incluso iba a disfrutar de hacerlo… 'Bueno, tal vez no tanto', se dijo, y decidió seguir con su trabajo.
En el cuarto no había ventanas, solo un pequeño vacío rectangular en la parte inferior de la pared Norte. Seguramente estaba allí para dejar entrar el aire. Cuando ya solo le faltaba ubicar los corazones, comenzó a sentir la falta de su cuerpo. El hambre se hacía insoportable y nuevamente, tenía la garganta seca. Una capa de sudor perlaba toda su frente —'mi maldita enorme frente'— y sus manos temblaban. No podía seguir así, pero bajo ningún concepto le llamaría la atención al Uchiha para que le diese algo de comer. Primero, porque tal vez la matara por interrumpir su gloriosa concentración. Segundo, porque quizá, al ver que solo faltaban los corazones, la llevaría ante el Líder y la matarían. Y tercero, porque aquel hombre era el causante de las desgracias de Sasuke, el causante del dolor de Naruto y de ella misma; lo detestaba con todo el alma.
'Lástima que no tengo píldoras de alimento conmigo', se lamentó, y recordó la cara de Sai y Naruto cuando las habían comido. Le hubiese causado gracia el recuerdo si una oscura amargura no la hubiese llenado. Sai y Naruto… no se resignaba a no volver a verlos. Sencillamente no lo hacía. Es cierto que al principio había tratado mal al rubio y que tampoco congeniaba muy bien con el pelinegro, pero en el fondo los quería, muchísimo. Naruto y ella eran como uno, eran hermanos. Kami no podía hacerle eso. Y Sai, aunque era un poco inocente a veces y soltaba lo primero que le venía a la cabeza sin pensar, también era un amigo. No demostraba sus sentimientos pero la pelirrosa estaba segura de que, muy dentro de él, el Anbu los consideraba al Uzumaki y a ella sus amigos. Los primeros que tenía, los primeros que lo habían aceptado. ¿Cómo se tomarían su partida? ¿Se lo habrían informado ya? ¿Volverían a la aldea?
Mientras su cabeza maquinaba ideas, sus manos se movieron hacia los frascos. Cerró los ojos y tomó el primer corazón. No es que nunca hubiese visto uno, siendo ninja médico como era, pero sacarle el corazón a una persona para insertárselo a un criminal era repugnante. Y hacerlo cinco veces… 'No pienses, Sakura. Solo no lo pienses'. Ubicó los corazones y coció la piel de las aberturas, cerrándolas. Bien, había terminado. Había llegado el momento. ¿La torturarían antes de matarla? ¿Sería rápido, lento? ¿A quién le darían el placer?
Sacudió la cabeza y se volvió, dispuesta a llamar al Uchiha y decirle que había terminado. Dio un respingo al notar que los ojos carmesí no solo estaban abiertos, sino que perforaban con intensidad los jade de ella. Contra su voluntad, sintió que se estremecía. Estaba sentada frente al shinobi que había acabado a todo su clan, el famoso clan Uchiha, el más fuerte, según algunos. ¿Se estaría divirtiendo con su dolor? Una ninja de Konoha, tal vez eso le daba aun más placer. ¿Qué pasaba por la cabeza de ese enigmático hombre? 'Me importa una mierda', pensó, encogiéndose de hombros en su cabeza.
El mayor volvió su mirada a sus compañeros y luego a ella. Se puso de pie lentamente, como si no tuviese ningún apuro, y volvió a hacer los sellos para abrir la puerta. Otra vez, dejó que ella fuese quien salga primero, y al guió a lo que ella definió correctamente como sala de reuniones. Para su sorpresa —y mayormente espanto—, casi todas las sillas estaban usadas. Todos los Akatsukis estaban allí, esperándola. Un sudor helado le bajó por la espalda. Definitivamente, estar de pie frente a los posibles diez shinobis más fuertes del mundo no era algo de todos los días. No era algo bonito. No era algo seguro. 'Algo digno de contar a mis nietos, si tuviese posibilidades de tenerlos', pensó amargamente. Estas diez personas la estaban privando de una vida feliz en su villa, estaban frustrando su destino. Había en ella odio suficiente para todos.
El Uchiha la dejó allí parada sin contemplaciones y se fue a sentar en la silla vacía que había a un lado de su compañero. 'Hoshigaki Kisame', lo identificó. Kakashi-sensei les había hablado de él. Disimuladamente, paseó la vista por la mesa. Algunos estaban cubiertos por sombras, por lo que no podía verlos. Reconoció a un muchacho de larga cabellera rubia. 'Deidara'. El compañero de Akasuna no Sasori, quien había participado en el secuestro del Kazekage. Había dos sillas vacías y una gran sombra deforme tras el pelinaranja.
—Haruno —la voz gruesa del líder le llamó la atención, interrumpiendo su inspección. No le podía ver el rostro, aunque tampoco deseaba caer nuevamente en esos profundos ojos violetas, llenos de dolor y odio, ojos que seguramente habían visto la guerra, la muerte— ¿Has terminado el trabajo?
Quiso decir 'hai', pero tenía la garganta tan rasposa y la boca tan seca que no le salió palabra alguna. Asintió una vez, muy rápido. Todas las cabezas se volvieron hacia el pelinaranja, expectantes. Sakura quiso gritar. ¿Acaso todos allí estaban esperando con ansias su muerte, tal vez que el líder les dijera que ellos tendrían la suerte de matarla a su antojo? 'Seguro el primer requisito de esta organización no es ser fuerte, sino ser raro y psicópata', pensó, con una gotita en la cabeza.
Pasó un tortuoso rato antes de que el líder se dignase a dar sus pensamientos —aunque bien podrían ser solo segundos, y horas en la mente de la paralizada kunoichi que esperaba su veredicto—.
—Bueno, Haruno, lo siento mucho, pero ahora que los has curado y que sabes la ubicación de la guarida, no me queda de otra que matarte. No me puedo arriesgar a que lleves esa información a konoha.
Nadie lo interrumpió, pero casi podían escuchar los escandalosos y desatados latidos del corazón de la kunoichi. Había intuido desde un principio que así habían de acabar las cosas, pero su cabeza había escondido ese pensamiento muy al fondo. Ahora, con la muerte casi encima, no podía controlar los espasmos que atacaban su cuerpo. Ya no había vuelta atrás. Se preguntó si todas las personas que se veían cara a cara con la muerte sentirían también esa sensación, de desconectar la mente, de resignarse y dejar de preocuparse por nada. Lo último que vería serían los ojos de ese hombre, esos ojos violetas que, luego de obligarla a trabajar para él, la habían condenado. Luego de eso cerraría los ojos y ya no los volvería a abrir. Solo esperaba que fuese rápido, e indoloro si podía.
—Líder-sama, no creo que deba matarla —comentó alguien. Sakura dirigió su mirada al propietario de esa voz y, aunque una sombra caía sobre él, el corazón de la pelirrosa se detuvo cuando lo reconoció. Akasuna no Sasori. El shinobi a quien (supuestamente) Chiyo-sama y ella habían aniquilado. No podía ser. ¿Acaso ese tipo era inmortal? Cualquier felicidad que hubiese dentro de ella se derrumbó. El mismo tipo a quien, evidentemente, no había matado, sería el mismo que seguramente le daría alguna nefasta idea a su líder.
Volviendo a sus palabras, eso fue una sorpresa para todos en la sala, aunque solo la kunoichi lo demostró abiertamente. Su sorpresa tuvo otros motivos, pero ella no sabía lo que los otros sí. Y los otros sabían que Sasori nunca, jamás, se metía en una pelea. Fuese por aburrimiento o por desinterés, nunca intervenía por nadie —exceptuando las pocas veces que había dejado que Deidara se escondiese de los otros Akatsukis en su cuarto—. Si alguien lo molestaba —lo que casi nunca ocurría, todos le tenían un gran respeto por haber sido de los primeros en unirse a la organización y también por ser uno de los más fuertes—, se limitaba a enviarle una de sus marionetas con veneno, dejando al agresor paralizado varias horas. Luego de la primera vez, nadie lo repetía.
El Akasuna continuó, pasando por alto el asombro de todos.
—Si la mata estará desaprovechando sus habilidades como ninja medico. Es la mejor luego de Tsunade-hime, si es que no la superó ya. Si la mata, ¿a quien recurrirá si se da el caso de que necesitara nuevamente curar o restaurar a alguien?
Otra vez el silencio. Aunque no habló, Sakura internamente bailaba de alegría. Quizá las condiciones fuesen muy desfavorables, pero ¡vamos! Tal vez y la dejarían vivir. Como una esclava, pero viviría. Y si tenía mucha suerte, tal vez podía escapar de ahí y alertar a konoha. Al final agradeció no haber matado al pelirrojo; no creía que hubiese alguien más dispuesto a defenderla, o a defender sus habilidades, era igual.
Al final, y luego de pensárselo muy bien, el Líder decidió que Sasori tenía razón. Para qué matarla si luego tal vez la necesitaban. No es que creyera que ellos, asesinos rango S, murieran como insectos, pero muchas de las curaciones que se daban ellos mismos eran pésimas, lo reconocía. Además, tal vez esa chica tuviese amplios conocimientos de plantas medicinales que podían usar durante las misiones, o pudiese preparar algún sedante para enemigos, o algo así. Si, serviría por un tiempo.
—Bien. Haruno, a vistas de que nos servirías mucho mejor viva que muerta, te quedarás como ninja médico de la organización.
—¿Qué? ¡No pienso hacer eso! —se espantó. El líder alzó una ceja (gesto que la chica no pudo ver debido a la sombra que caía sobre su rostro), y ella continuó, muy alterada— No voy a ir por ahí con ustedes. ¿Está loco? Prefiero…prefiero morir a que todos me vean como una criminal. Y tampoco andaré con ustedes para que mi villa me vea como traidora. No, gracias…prefiero la muerte.
Otro silencio. Algunos estaban sorprendidos de la valentía de la chica al contestarle así al líder —desde luego no Sasori, él ya sabía muy bien como era el temperamento de la kunoichi—, pero no lo demostraron. El pelinaranja sonrió imperceptiblemente, pensando que habían capturado no solo a una buena ninja médico, sino a una chica con muchas agallas. Nadie le había hablado así desde que era el líder de Akatsuki, nadie que no fuera de la organización. E inclusive allí lo trataban con respeto —exceptuando Konan, con quien hablaba con confianza en la intimidad, y Hidan, ese estúpido cabrón que no tenía idea de lo que la palabra 'respeto' significaba—. Bueno, tal vez podía hacer algo por esa chica. Se lo merecía.
—Haremos algo: te quedarás como ninja médico, y yo a cambio no te haré salir de misión. Podrás permanecer aquí si lo deseas.
Sakura no se permitió abrazar esperanzas. No le estaba dando a elegir entre ayudarlos o irse, le estaba dando a elegir entre ayudarlos desde allí o salir de misión. O directamente morir, si se rehusaba a lo otro. Cualquiera que desease escapar como ella lo hacía hubiese aceptado salir de misión sin pensárselo dos veces. No se dejaría ver y luego aprovecharía para escapar. Pero la pelirrosa no era estúpida; no estaban hablando de cualquier persona, se trataba de Akatsuki, que juntaba a los más sádicos, poderosos e inteligentes ninjas renegados. No tenía ni la más mínima posibilidad de escapar si los otros en la misión la vigilaban, y si cometía la estupidez de tratar de hacerlo, la llevarían a la guarida y la matarían lentamente, muy dolorosamente también. No, lo mejor era permanecer allí. Así, estudiándolos en silencio, conocería sus costumbres, sus hábitos, gustos y habilidades. Los conocería tan bien como fuese posible. Y, cuando tuviese oportunidad, escaparía. Les haría tenerle confianza siendo una buena niña y haciendo sus trabajos, hasta que no la vigilaran continuamente. Ese sería el momento indicado para volver a donde pertenecía. Le informaría a su maestra todo lo que sabía de ellos y estarían preparados para un ataque. Así debía ser. Suspiró profundamente —tomar la decisión de vivir con unos asesinos por tiempo indefinido era muy difícil, aun si sabías que era lo mejor y que podías ayudar a salvar muchas vidas— y lo soltó:
—Prefiero quedarme aquí. —El otro asintió, como sabiendo que era lo obvio. Una duda le caminó por la cabeza, y decidió que era lo mejor sacársela en aquel momento. Con un susurro suave y tímido, demasiado para lo que le hubiese gustado, preguntó:— ¿Se supone que… hm… seré una prisionera?
Nuevamente todas las cabezas se giraron al Líder. Éste se puso de pie, haciendo que todos lo imitaran.
—No voy a darle un trato deshumanizante a alguien que me ayudará en mis propósitos de terminar con el círculo que es el odio en el mundo ninja —Sakura lo miró con asombro, aunque en realidad no entendía media palabra de lo que decía. ¿No que querían reunir a los bijus para dominar el mundo o algo así?— Puedes moverte como todos aquí dentro. Lo único que tienes prohibido es salir de la guarida, aunque de todos modos no sabes cómo hacerlo.
La kunoichi recordó los sellos que había hecho Itachi en la puerta de la enfermería. Quizá los que había que hacer para salir eran diferentes, y era obvio que nadie se los mostraría. Todos los Akatsukis enfilaron hacia la puerta y pasaron de ella. La novedad se había acabado, y sin el postre para ellos. No habría elegido para matarla a su gusto. Lástima para ellos. No notó que alguien se quedaba sentado, muy quieto; se movió hacia el líder, que, junto a la mujer de ojos azules, se encaminaban hacia el lugar contrario y hacían aparecer una puerta frente a ellos.
—Disculpa…—le llamó. El otro se volvió, y los tres parecieron sorprendidos de su propia educación y corrección. La kunoichi continuó, con voz temblorosa:— ¿Dónde… dónde se supone que me quede?
—No hay más cuartos disponibles —le contestó el otro, mirándola a los ojos. Sakura no quiso, de veras que no, pero esa mirada era tan aplastante que tuvo que desviar sus ojos jade a otro lado—. O te quedas aquí o le pides a alguien que te lleve al calabozo. Allí hay una cama.
Sin decir más se dio la vuelta y atravesó la puerta, con la chica pisándole los talones. Tan pronto como ambos pares de pies estuvieron del otro lado, la puerta desapareció, dejando atrás una fría y sólida pared.
Suspiró con abatimiento. El calabozo, o el suelo. Sería una suerte si terminaba entera esta nueva 'misión'. Se sentía morir, y el suelo no la ayudaría en lo más mínimo. Pero, por otra parte, no tenía deseos de hablar con nadie allí dentro para que le indicase el camino al calabozo. Seguramente estarían todos en las habitaciones, y no quería saber qué sería de ella si llamaba a la equivocada. Estaba bien que el líder la hubiese elegido como ninja médico, pero no creía que eso la hiciese intocable. Lo mejor sería evitar a los miembros de la organización lo más posible, hablarles con respeto para que no la matasen y encerrarse en aquella sala el mayor tiempo posible. Quizá el líder saliera por esa puerta en algún momento, y cuando lo hiciese le preguntaría por el camino al calabozo y, por qué no, por algo de comida. Cuando se volvió, sintió que el corazón le saldría del pecho. Aún había una persona allí sentada.
El muchacho se puso de pie y caminó elegantemente hacia la salida. Cuando la luz de una de las antorchas iluminó su rostro, Sakura lo reconoció como el pelirrojo. Sus facciones eran iguales a las de su marioneta, aquella que ella creía que era su cuerpo. Un poco más suaves, quizá, y los ojos con un brillo de vida que no había en su 'clon'. Hizo los mismos sellos que sus compañeros, pero cuando la puerta se abrió para él, volvió un poco el rostro para mostrarle su perfil.
—Puedes dormir en mi habitación si lo deseas. Allí estarás fuera de peligro.
Sakura quedó en shock. ¿El asesino le estaba ofreciendo ayuda? ¿Justo a ella? No pudo evitar pensar que quizá era una trampa para matarla. Después de todo, él debía odiarla. Las palabras salieron de su boca incluso antes de que pudiese parase a pensarlo.
—¿Por qué me ofreces ayuda? Yo fui quien intentó matarte —todo fue dicho con un hilo de voz, y la chica no supo si era por el miedo o porque ya no soportaba el dolor de su garganta.
Para aún más sorpresa de la kunoichi, el Akasuna sonrió.
—Por eso mismo —dio vuelta el cuerpo, dejándole ver todo su rostro. Cuando captó la mirada de total confusión de la chica, su sonrisa se volvió algo burlona—. Trataste de matarme; no pudiste hacerlo, pero lo intentaste. No te frustres; yo soy eterno, como mi arte. No podía morir de una manera tan corriente. Poco artística. Dejando eso a parte, a lo que voy es a que me has demostrado mucha valentía al matar a mi clon y a la mayoría de mis marionetas, aunque contases con la ayuda de mi abuela. Respeto tus habilidades como kunoichi, aunque te recomiendo que no trates de hacer conmigo lo que hiciste con mi marioneta —Sakura quiso sonreír con suficiencia, pero los músculos de sus mejillas estaban tan agarrotados por haber tenido los dientes apretados que solo le salió una mueca—. No debes preocuparte porque te mate por la noche, mientras duermes. En el fondo, aun conservo mis principios, y asesinarte por la espalda sería poco honorable, además de demostrar debilidad. Te respeto y te considero mi igual; no tengo ninguna intención de matarte.
Se apoyó ligeramente contra la pared, y Sakura entendió aquello como que esperaría su respuesta. No había mucho que pensar: una cama cómoda y la seguridad de un Akatsuki, o la fría sala de reuniones, y la desprotección que eso conllevaba. No veía por qué no confiar en el Akasuna. Lo que decía tenía un poco de sentido, y de todos modos, prefería que la matase él a que la torturase algún otro. No iba a confiar de la nada; los primeros días lo tendría muy vigilado. Si no daba muestras de no merecer confianza, entonces confiaría en él. Lo que le ofrecía era suficiente para arriesgarse. 'El que no arriesga no gana', se recordó, para darse valor.
—Gracias.
Caminó hacia él y el muchacho —como Itachi— la dejó salir primero. En su mente, Sakura tuvo que aceptar que, a pesar de ser asesinos despiadados, podían ser educados cuando querían. O quizá lo hacían inconcientemente, recuerdo de cuando eran más pequeños y vivían en sus aldeas. La llevó hacia un corredor con varias puertas y le indicó que lo siguiese hacia la última. La abrió —la kunoichi se hizo una nota mental, la primera de lo que sería una larga lista: 'las puertas interiores, al menos las de los cuartos, no necesitan jutsus. Se abren como las normales'— y ella entró la primera. No sabía muy bien que se esperaba, pero definitivamente se sorprendió. No era muy amplia, pero estaba bien distribuida: pegada a la pared oeste había una cama de un cuerpo con pulcras e inmaculadas sábanas blancas; en lo alto de la pared norte había una estrecha ventana, que dejaba entrar una acuosa luz matutina —desgraciadamente, eso no le dijo nada a la kunoichi; no sabía a qué hora había llegado a la guarida con los dos criminales, por lo que no podía determinar cuanto tiempo llevaba allí—; en la pared este había un pequeño armario de caoba y una puerta un poco más oscura. Delante de la cama, sobre la pared norte, bajo la ventana, había un bonito escritorio, trabajado en roble, con algunos papeles sobre él. Las paredes estaban adornadas con bellos cuadros de paisajes o naturaleza muerta.
—Siéntate en la cama si quieres —ofreció el marionetista. Ella obedeció automáticamente, y él tomó la silla que había frente al escritorio y se sentó en ella, observándola—. ¿Sabes? Siempre tuve curiosidad por conocer a la persona que destruyó mi arte.
La kunoichi tragó saliva; eso no sonaba para nada amistoso. ¿Y si todo aquello sobre no matar por las noches eran mentiras? Le pareció que disculparse por lo que él le inculpaba era una hipocresía: si tuviese la oportunidad, lo volvería a hacer. Tal vez tuvo que haberse pensado mejor eso de aceptar lo que le ofrecía un asesino de rango S. Sasori interrumpió sus pensamientos.
—Te traeré algo de comer y tomar.
Eso la dejó perpleja. Se estaba comportando demasiado bien. Si era verdad que la consideraba un igual, tenía sentido. El pelirrojo se puso de pie y se dirigió a la puerta. Nuevamente, las palabras salieron de su boca sin su consentimiento.
—Eh… —definitivamente no podía llamarle Sasori. No se acostumbraba, el nombre no se formaba en su boca—, supongo que… hm… gracias, por todo.
—Supongo que de nada —replicó, con una sonrisa divertida. Abrió la puerta y salió.
Se quitó las sandalias ninja y apoyó las piernas en la cama. Allí, sola, en la intimidad del cuarto, la realidad la golpeó con inusitada intensidad. Había sido una ilusa. No había forma posible de que escapara. ¿En qué estaba pensando, demonios? ¡Ella contra diez criminales mucho más fuertes y capacitados! ¿Había sido el miedo a la muerte, entonces, el que la había hecho aceptar? Esa idea la sumió en la vergüenza. Naruto no lo hubiese hecho. Él hubiese aceptado su destino, y lo hubiese hecho con una sonrisa de triunfo. No, la débil era ella, la llorona, la que amaba demasiado su vida. Se había engañado diciéndose que lo hacía por su villa. En realidad, lo hacía porque temía el final. Pegó las rodillas al pecho y hundió el rostro en ellas. ¡Y creía que había madurado! Lo único que había hecho había sido desarrollar habilidades médicas y hacer brutal su fuerza. Kakashi-sensei y Tsunade-shishou parecían siempre tan orgullosos de ella… no se lo merecía. Sasuke había tenido razón; siempre tenían que protegerla, era un estorbo. Sintió que se le oprimía el corazón.
Y ahora todo lo que era su pasado había desaparecido, había quedado encerrado en una nebulosa que parecía cada vez más lejana. Nunca había apreciado lo que tenía tanto como ahora, que irremediablemente lo había perdido. Recordó su casa, con su balcón, por el que tantas veces había contemplado la lluvia y la luna. Su departamento nuevo, que la había visto endurecerse más y más, al menos por fuera. El aire cálido de la villa, que le solía despeinar y peinar el cabello cuando recorría las calles de la aldea. Recordó la banca donde casi había besado a Sasuke, y en la que luego lo había perdido para siempre. El campo de entrenamiento, que había visto tanto de ella… su debilidad primero, y su esfuerzo después. El puente, donde siempre se juntaban ella y su equipo. Pero también estaban las personas, los amigos, a quienes nunca olvidaría, a quienes siempre llevaría incrustados en el corazón, haciéndole daño. Sus padres, que siempre la habían querido y la habían apoyado. Sus maestros, Kakashi-sensei primero y Tsunade-sama después. El peliblanco que había sido como un padre-amigo, una mano que nunca se había alejado de ella, que, al final, siempre la había ayudado a ponerse de pie. Que siempre había estado allí para ella. Y la rubia, esa figura materna que, siendo Hokage, a veces bromeaba con ella sobre cosas que un Hokage no debía. Que la quería como una hija y la defendía como a una. Sus amigos, sus preciados amigos… Había algunos, como Kiba, Neji, Shino, Shikamaru y Choji a quienes quería mucho, pero que definitivamente no eran demasiado apegados. A Lee lo quería mucho también, aunque no como él hubiese querido, y lo admiraba también. Le agradecía que le hubiese jurado protegerla, y le agradecía aquella vez que lo había hecho, salvándole la vida. Y luego las chicas, Hinata y Ten-ten, y también Ino-puerca. Sus amigas, sus confidentes. Su rival, esa rubia bocona.
Y por sobre todos ellos, Naruto. Su mejor amigo, su hermano. Siempre había estado con ella, aun cuando ella no estaba con él. La había amado cuando ella lo golpeaba, lo reñía, lo burlaba, y se iba corriendo a buscar la atención de 'Sasuke-kun'. La defendía, la cuidaba, la apoyaba. Le sonreía solo para verla sonreír. Le había prometido casi un imposible solo para hacerla feliz. Cargaba con una promesa endemoniada solo para no defraudarle. Ahora Sakura se daba cuenta de que, tras todas sus victorias y, en la mayoría de los casos, sus fracasos, estaba Naruto. Siempre en las sombras, pero siempre allí, presto a salir con una mano amiga que la sostuviese, que le diese el apoyo fraternal que él y solo él podía darle. Nunca le había dicho lo mucho, lo muchísimo que lo quería, lo muchísimo que lo apreciaba y admiraba. Porque, en el fondo, ella admiraba su fuerza de voluntad, su cariño para con todos, esa posibilidad de sonreír aún en medio de la miseria. Saber que tal vez nunca tuviese oportunidad de decirle todo eso la hacía desear haberse negado, haber muerto. ¿De qué le servía ahora la vida, si no le quedaba nada de lo que amaba? Sasuke tenía razón, mierda, tenía toda la razón. Ella era una estúpida, una inútil. Una débil.
—Hey —la voz de cierto pelirrojo la hizo dar un salto en la cama. Estaba sentado en la silla (¿Cuándo había entrado, por Kami?), mirándola con curiosidad. En el escritorio había una bandeja con dos vasos repletos de agua, y dos manzanas, que se veían más que apetecibles.
La kunoichi se secó los ojos furiosamente con los puños, aunque era demasiado evidente que había estado llorando. Lo pasó por alto y miró con aprehensión la bandeja. El Akasuna decidió dejarlo si era su deseo, y le entregó un vaso y una manzana. Comieron en silencio, él con indiferencia y ella disfrutando de una manera imposible de describir con palabras. Cuando terminaron, ella se puso a dormir y él se puso a dibujar algo en una hojas blancas que habían dispersas en el escritorio. Cuando la chica se despertase ya tendría tiempo de interrogarla por el aspecto demacrado y de profunda tristeza que tenía cuando él entró al cuarto.
Lo que sea que pienses, me ayudara a mejorar. Así que deja un review! Gracias por leer.
Muchas gracias a los que le dieron favoritos o seguir a esta historia. Ustedes también me inspiran a seguir!
Bloddy Cherry: Si se lo merece, pero que sería de nuestro amor sin su delicadeza? jaja si, será algo así, despues de todo ambas personalidades son fuertes y esas siempre chocan. Pero tambien habrá mucho amor, no te inquietes! Cuidate mucho, bye :)
Minene Uryuu: jaja pobre! A ver si así aprende a cerrar esa hermosa boca que tiene -.- Muchas gracias! Cuidate mucho ;)
Itami-chan: A mi tambien me da mucha gracia, es que a veces puede ser tan niñito! Un niñito hermoso *.* Me alegro que te gustara el cap, y si, por ahora se odian demasiado, y van a chocar mucho ^^. Cuidate mucho! Saluditos
Annie Darcy: Hi! Si, tu sabes que Hidan no puede esconder esa parte dulce (? Aquí hay un poco más de a lo que Saku se enfrenta, pero ella podrá. Pero falta mucho para mi cumpleaños! Yo lo quiedo ahoda :'( Y claro que quiero ser tu amiga! Niña bonita :D Aquí esta la conti para ti. Cuidate mucho, besillos
