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Disclaimer: LAS TORTUGAS NINJA no me pertenecen, es mi corazón el que le pertenece a Leo, desde siempre, por siempre y para siempre. Y ni gano dinero por escribir este fic, salvo sus invaluables reviews.

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Dedicado a mi buen amigo Guir

CRISÁLIDA

12. Green Bird

-Supongo que podemos quedarnos un rato.– Leonardo accede.

-¡Genial! ¿También pueden cuidar a mi hermana? Después de tantas peleas, creo que el malo se ha hecho más fuerte. ¿No te molesta, Enid?

-Claro que no.- le sonríe con amabilidad.

El niño se apresura a abrazar a su hermana. Se alegra que por fin sonría, tal vez no como antes, pero eso quiere decir que el miedo se está alejando de ella.

-¿Y si cantamos Green Bird?- él le propone.

-Está bien. Por favor,- les dice a las tortugas -pónganse cómodos.

Y eso hacen. Toman asiento, acomodándose a sus anchas aprovechando el gran espacio del sofá y los sillones. Un lujo que no se pueden dar en su sala tan estrecha.

Enid se sienta frente al piano, y Evander de queda de pie a su lado. Ella levanta la tapa que cubre las delicadas teclas, las mira detenidamente, como si fuera la primera vez que pondrá sus finos dedos sobre éstas. Aunque ha tocado sin fin de veces la bonita melodía, en realidad, es la primera vez.

Adentrándose en sus supuestos recuerdos, busca en su memoria, no sólo la manera en que debe tocar y cantar, sino también el feliz sentimiento que debe provocarle el interpretar música; y sí lo encuentra, el recuerdo que le ayuda tocar la melodía, pero la alegría la halla al pensar en la tortuga de la bandana naranja:

(Green bird, Cowboy Bebop)

Meria mortre ever greet shawel

Graing graing gra

Graing graing gra

Mertis a moti e chest a gron tu

Saing saing sa

Saing saing sa

Mi af marka dia on di eva green

Meria mortre intu da greet shawel

Graing graing gra

Graing graing gra.

Mertis a moti e chest a gron tu

Saing saing sa.

Saing saing sa.

Mi af marka dia on di eva green

Meria mortre intu da greet shawel

Graing graing gra.

Graing graing gra.

Mertis amoti gronu chest a grontu

Saing saing sa.

Saing saing sa.

Mi af marka dia on die eva green

-¡Wow!

-¡Estuvo fabuloso!

-¡Bellísima interpretación!

-¡Otra ¡Otra!

Los chicos aplauden maravillados de los dos jóvenes artistas, quienes hacen pequeñas reverencias ante su público.

-Ahora le va a Leo.- propone Miguel Ángel.

-¿Tu cantas, Leo?- pregunta Enid, entre incrédula y curiosa.

-¡No… digo… sí… pero…!- responde nervioso.

-Ándele.- Rafael se levanta, lo toma de un brazo y lo obliga a ponerse de pie -No nos hagas quedar mal. Hay que presumirles que también tenemos un artista en nuestra familia.

-Pero ya es tarde, Evander ya debería estar en la cama.

-Yo no tengo sueño.

-Vamos, Leo- Donatelo también se levanta, lo toma de los hombros y lo conduce hacia el piano -No seas tímido.

-No soy tímido… yo…- opone resistencia.

-¿Cómo de que no?- insiste Rafael, y también trata de acércalo al piano; Evander también se anima a llevarlo, tomándolo del brazo -¿No eres tú quien dice que la música es el alimento del alma? Y adivina, ya me dio hambre.

-También me dio hambre.- dice Miguel Ángel -Mi panza ruge como un oso que ha despertado de su hibernación.

-Tal vez halla algo de comer en el refrigerador.- se le acerca Enid -Vamos a ver.- lo toma de la mano y lo lleva.

-¿Ya ven?- Leonardo dice esperanzado en librarse de ésta -Ya se va la pianista, ¿cómo voy a cantar si no hay quien toque el piano?

-Tú también lo tocas.- afirma Donatelo, sin dejar de empujarlo -Tienes un teclado electrónico por la imposibilidad de tener un piano completo. Hasta me pediste que le hiciera algunos ajustes para que sonara lo más acertadamente posible a un piano real de madera, y has estado practicando. No lo haces tan mal.

-Y tienes una guitarra y has estado practicando también,- agrega Rafael -y tampoco lo haces tan mal.

-Sólo… sólo fue por... Sensei dice que la música también puede ayudarnos a encontrar la armonía entre nuestra mente, nuestro corazón y nuestro espíritu, además de la meditación; que es el más bello de los caminos para lograrlo, y concuerdo con él. Sólo por eso he practicado, y ha sido muy regocijante, lo admito, pero no puedo…

-Vamos Leo.- Evander le suplica -Me gustaría poder oír tu música.- Evander lo mira con unos sus enormes y emocionados ojos verde lima.

Dejan de empujar a la tortuga de la bandana azul, como esperando a que lo piense, en vez de obligarlo.

Leonardo le echa un vistazo al bello piano. Ni en sus sueños más reales ha podido ver tan sublime pieza orquestal como la que está a escasos pasos de distancia.

Poder tocar un piano de verdad… Experimentar en la realidad, y no en un sueño, lo que su maestro le ha asegurado sobre del poder mágico que posee la música…

-Está bien.- así que toma su lugar; sus manos tiemblan de ansiedad.

Y en la cocina…

-No imaginaba que Leo pudiera ser tímido.- le dice Enid a Miguel Ángel.

-Así es él con sus cosas. Es un buen hermano y un temerario líder, pero si se trata de libros o música o de cualquier tipo de arte que él ponga en práctica, le cuesta trabajo desplayarse, o al menos con otros; con nuestro Sensei no es así.

De repente, se oye una alegre melodía que surge de las teclas del piano.

Enid abre el refrigerador y se asoma.

-Pudieron convencerlo.

-Como te digo, es un buen hermano.

-Puedo preparar sándwiches.- saca algunas cosas.

-La verdad, tengo más sueño que hambre.- se sienta a la mesa, apoya sus brazos y su cabeza en ellos.

-Perdiste sangre.- lo mira un tanto preocupada -Mejor ve a acostarte. Yo me encargo de vigilar.

-Tú ni te ves cansada.

-Yo me recupero rápido.- deja lo que tomó del refrigerador sobre la mesa.

-Sí, lo he notado, y Sensei se queja de mí por no poner atención en las clases.

-Me imagino.- dice divertida.

-Y también he notado que sonríes más.

-Es extraño hacerlo, pero… no puedo evitarlo.- y vuelve a sonreír.

Miguel Ángel se anima a preguntarle, aprovechando el buen ánimo de la chica.

-¿Qué pasó después del accidente?- ella se pone seria -Perdóname.- se levanta rápido y va a su lado- No quería incomodarte. Si no quieres decirme no hay problema, pero sea lo que sea, puedes confiar en mí.

-Lo sé. Lo supe cuando estábamos en tu cocina, pero me sentí confundida al principio, pero ya no. Mi padre me pidió que no confiara en nadie. Después del accidente, eso me dijo y eso hice. En la escuela, según recuerdo, tenía amigos, pero dejé de hablarles por eso mismo, y ellos se alejaron de mí.

-Un amigo de verdad nunca te abandona.- habla con firmeza -Si yo fuera un compañero tuyo, jamás de hubiera dejado de hablar sólo porque tú no me hablaras.

-Pero también me prohibió decir algo al respecto.

-Aún así. Yo nada más tengo dos amigos humanos, y ellos nos han apoyado en las buenas y en las malas.

-Qué bueno. Imagino que por ser unas tortugas que caminan y hablan, son muchos los humanos que les tienen miedo; pero qué bueno que los encontraron a ellos.

-Sí. Hemos tenido suerte. Aunque mi Sensei dice que nuestros destinos tenían que cruzarse.

-Entonces ha sido mi destino encontrarte.

Lo abraza.

Él no duda en hacer lo mismo.

Y se permiten ser envueltos en la melodía.

La linda música se expande por todos los rincones de la abandonada casa, regresándola a la vida. Mientras que en la calle, sigue reinando el frío y la desolación, pero adentro, sin necesidad de que esté encendido el fuego en la chimenea, se percibe la calidez. La música los transporta mágicamente a los momentos felices, ayudándoles a olvidar lo malo que les ha ocurrido esa fría noche.

Termina la interpretación de la tortuga de la bandana azul. Apenado, recibe elogios de parte de su entusiasta público, mostrándoles sus respetos con pequeñas reverencias.

Terminada la música, Enid y Miguel Ángel se apuran en preparar la comida.

-¡Ahora toca la guitarra, Leo!- le pide el niño.

-No hay una guitarra.

-Yo tengo una en mi habitación. Subo y ahorita te la traigo.

Antes de que Leonardo pueda hacer cualquier objeción, Evander corre hacia el piso de arriba. La tortuga se limita a mirar el piso, ya que puede sentir las miradas de sus hermanos, aunque, antes de que ellos digan algo, prefiere ir con el niño.

-Mejor subo con él, no podrá cargar la guitarra.

A paso veloz, lo sigue.

-Lo estás disfrutando, ¿o me equivoco?- Donatelo le pregunta a Rafael.

-Claro que lo estoy disfrutando. Dime: ¿cuándo has visto a nuestro valiente líder tan apenado? Y nada más por tocar algo de música.

-No debe gustarle llamar la atención. Después de todo, él es más ninja que cualquiera de nosotros, y prácticamente, desde muy pequeños, hemos sido educados para permanecer ocultos.

-Será el sereno, pero se ve bien "chispas" incomodándose por algo así. ¡Jajajaja!

En el piso superior, Evander está por abrir la puerta de su habitación cuando alguien lo llama.

-Hijo.

Voltea.

-¡Papá!

Hay un hombre moreno y cabello castaño, vestido de traje, y de mirada triste.

Sin pensarlo, el niño se avienta hacia él.

El hombre se agacha para recibir en sus brazos a su pequeño.

-¡Qué bueno que estás bien, hijo! Tu hermana te ha cuidado bien.

-¡Si! Ella y mis nuevos amigos.

-Nuevos amigos. ¿Están abajo?

-Sip.

-Ve con tu madre.

-¿Mamá está también?

-Sí, en nuestra alcoba. Ve con ella y no salgas hasta que yo regrese.

-¡Sí!

El señor sigue con la vista a su hijo hasta que entra a la habitación que le dijo, y baja a la sala.

Alguien más camina por el pasillo.

-Evander.- lo llama Leonardo -Evander… ¿Cómo es que tienen tantas habitaciones? ¿Dónde habrá ido?

De repente siente una presencia, se voltea y alcanza a ver una sombra delante de él antes de recibir un fuerte golpe y caer inconsciente.

-Ya traemos la comida.- anuncia Miguel Ángel.

-Vaya, ya moría de hambre.- dice Rafael.

Dejan la comida en la mesa de estar.

-¿Y Evander?- pregunta Enid.

-Fue por su guitarra para que Leo tocara un poco.- dice Donatelo.

-¿Y Leo?- pregunta Miguel Ángel.

-Fue a ver si Evander necesita ayuda.- dice Rafael -Pero como que ya se tardaron.

-Sí.

-Voy a buscarlos.- se ofrece Enid.

-Que se apuren, ya quiero ver cómo toca Leo.- dice Rafael.

-Pero después de este refrigerio todos a la cama.- dice Enid contenta y sube a la siguiente planta.

-Oye hermanito,- le dice Rafael pícaramente a Miguel Ángel -¿Se puede saber que hay entre ustedes dos?

-¿Entre quiénes?- está más atento en tomar un sándwich.

-No te hagas. Andan muy juntos Enid y tú: se toman de la mano, te sonríe…

-Soy su amigo.- comienza a devorar su sándwich.

-Aja.

Enid al ir subiendo las escaleras, se encuentra a su padre bajando por éstas; a su lado, está una niña muy parecida a ella.

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Te dejo la traducción de la canción:

La Primavera ha llegado.

Los gusanos muestran sus rostros.

Pequeños pájaros se los comen.

La Primavera ha llegado.

Los niños van a la escuela.

Los perros de granja dan a luz a sus cachorros.

La Primavera ha llegado.

Las mujeres se miran al espejo.

Los pays se están horneando.

En el siguiente capítulo prometo que se resolverá todo. Creo que fue una historia muy sencilla, pero quería empezar a escribir sobre horror, acción y amor, o algo que se le pareciera.

Comentarios, sugerencias, dudas, peticiones, aclaraciones, zapes, jitomatazos, abucheos, reclamos, ultimátums, etc., etc., son bienvenidos.

Gracias por leer mi fic y por tus reviews.