Muy buenas tardes, queridas lectoras y lectores (si hay alguno). La inspiración ha tardado un poquito en alcanzarme, pero aquí estoy! Como siempre, a sus servicios :3
Con este capítulo les traigo un pequeño trato: quien deje un review primero, tendrá la posibilidad de dejarme una frase que quieran que incluya, con su correspondiente personaje. La verán seguramente en el próximo capítulo.
Advertencias: En este capítulo habrá insultos que no restringí con los típicos símbolos, sino que los escribí tal cual son. Pienso que así tiene un poco más de sentido. De todos modos, a quien no guste de leerlos, puede saltárselos. No se perderá el sentido de la trama por ello.
Quiero dar mis agradecimientos especiales a Minene Uryuu, quien me ayudó con algunos diálogos. Muchas gracias, querida Mini-Hidan :D
Bueno, esta es mi primer historia, así que es probable que cometa algún que otro error. Es un Hidasaku, así que al que no le guste, QUE NO LO LEA!
Declaimer: Naruto y todos sus personajes y paisajes son propiedad del señor Masashi Kishimoto-sama. Sin embargo, yo estoy jugando con sus niños; a algunos los reviví, a otros los deje muertitos y cosas por el estilo.
Para la hora del atardecer, fue evidente que Haruno Sakura no estaba en la aldea. Un equipo Anbu la había buscado en cada rincón de la villa, preguntado a cada aldeano y revisado cada negocio: la chica no estaba. Ninguno modificó su expresión cuando, al notificarlo con la Hokage, ésta lanzó un chillido e hizo pedazos el escritorio. Para ninguno era sorpresa, después de todo, que Sakura era como una hija para la Godaime. Les pidió que se retirasen y mandó por Shizune.
—No está, Shizune.
—Debe avisar a Kakashi y a Yamato para que vuelvan de Sunagakure, Tsunade-sama. Tal vez ellos nos puedan ayudar.
—Manda a que dos Anbus vayan por ellos. Quiero que estén aquí mañana, temprano. No quiero un no como respuesta, Shizune.
—Si, Tsunade-sama —la pelinegra se inclinó y salió presurosa a hacer lo mandado.
La rubia se volvió y contempló la villa. Sentía una profunda desazón. Sakura era como la hija que nunca había tenido. Pero, ¿quién podía haberla secuestrado? Tal vez alguien que requería sus habilidades de ninja médica. Pero no había sido ningún tonto; no cualquiera secuestraba a la alumna de la quinta. Ella confiaba plenamente en el poder de su aprendiz, el problema era que eso la preocupaba aún más. Si habían conseguido secuestrarla, significaba que había sido una persona, o personas, muy fuertes.
Apretó los puños con fuerza, sin notar que algunas lágrimas se habían escapado de sus orbes cafés. No quería pensar, pero todo la abrumaba. ¿Cómo les diría a todos lo que sucedía? A Naruto, a Kakashi, a los amigos de Sakura. ¿Por qué le tenía que tocar hacerlo a ella? Ya suficiente tenía con su propio dolor, como para cargar con el dolor ajeno. Muy en su interior, deseaba que el equipo de Kakashi no llegase. No quería encarar la tristeza que sabía se avecinaba.
Su pena era tan grande que decidió ahogarla en sake. El estado de placidez del alcohol seguramente le ayudaría con lo que le tocaba. Mierda, no quedaba ni una botella. Y el escritorio estaba hecho pedazos como para tratar de destruirlo aún más. ¿Cómo desfogaba la pena ahora? Le importaba nada ser la Hokage: en ese mismo instante no le importaba absolutamente nada. Y pobre de aquel que se presentase frente a ella para reclamarle su comportamiento: lo mínimo sería terminar incrustado en la pared. Lo mínimo.
Se dejó caer en el sillón y recordó a la niñita débil y llorona que se había plantado frente a ella dos años atrás. Ya nada quedaba de esa niña; ahora era una mujer fuerte y decidida, valiente, inteligente, talentosa. ¿Por qué justo a ella? ¿Y cómo harían para recuperarla? Lo primero sería averiguar quién era el bastardo que la había secuestrado, luego…
—¡Vieja! —El grito la trajo bruscamente a la realidad, haciéndola parpadear varias veces. ¿Tanto tiempo había estado divagando? 'Y sin una sola gota de alcohol', pensó. Algo se oprimió en su pecho. Enfrentar la realidad. Eso era lo único que podía hacer.
—Tsunade-sama, ¿ocurrió algo?
Los ojos cafés se dirigieron al único ojo visible del jounin, y luego hicieron su recorrido al piso. No. Definitivamente no podía decírselos mirándolos a los ojos. Suspiró, deseando que un valor que no tenía la acometiese, y lo soltó suavemente.
—Sakura… Ha sido secuestrada.
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Sonidos. Tenía los ojos cerrados, pero no estaba dormida. Por eso mismo, podía oír los sonidos. Un lápiz rasgando suavemente, y luego duramente, un papel. No quería abrir los ojos. No quería terminar de despertarse para darse cuenta de que la realidad era aún peor que sus pesadillas. Pero estaba despierta, y estaba al tanto de que su acompañante sabía que no dormía. ¿Para qué fingir por más tiempo?
Sus orbes verdes se abrieron lentamente, acostumbrándose a la poca luz de la habitación. Era luz suficiente, sin embargo, para dejarle ver claramente todo lo que la rodeaba. Seguía acostada en la cama del pelirrojo, y dicho muchacho se encontraba sentado frente al escritorio, dibujando en una hoja. Cuando se sentó en la cama, los ojos del chico se dirigieron a ella.
—Por fin decidiste dejar de fingir, ¿eh? —Sakura hizo un mohín y desvió la mirada. El Akasuna sonrió con suficiencia— ¿Quieres algo de comer o tomar?
—No…gracias.
Sasori dejó el lápiz sobre la madera y se volvió hacia ella. La pelirrosa evadió su mirada y la posó sobre uno de los cuadros. ¿Habría algún libro sobre 'charlas triviales para mantener con tu captor, un asesino rango S'? No recordaba ninguno por el estilo. Además, cualquier frase trivial que le venía a la cabeza sonaba totalmente absurda para decírsela al marionetista. Decidió comenzar con un pequeño halago.
—Esos cuadros… son muy bonitos. ¿Tú… los pintaste?
—¿Por qué estabas llorando cuando entré, hace un rato? —preguntó él, ignorando completamente lo que la chica había dicho.
La kunoichi abrió bien grandes los ojos y los posó en los miel de él. Así que se había dado cuenta. No estaba obligada a responder, incluso si la cortesía así lo exigía. Por otro lado, le parecía estúpido rebelarse contra un Akatsuki, así fuera negándole una simple respuesta. Y, para completarlo todo, era totalmente absurdo contarle a un asesino que extrañaba demasiado a sus amigos. No lo entendería; se burlaría de ella.
El pelirrojo alzó las cejas, incitándola a contestar.
—¿No extrañas nada de… de tu antigua vida? —preguntó. Se estaba arriesgando a tener una reacción negativa por parte del chico, pero solo si él daba muestras de entender, ella confiaría.
Sasori se lo pensó un segundo.
—No diría exactamente extrañar. Mi vida no era ningún encanto antes de entrar aquí —explicó. La pelirrosa se acomodó mejor, dispuesta a escucharlo—. Mis padres murieron y mi abuela me mintió. No extraño nada de esa vida. Pero si hubo cosas que nunca experimenté y lamento no haberlo echo; la amistad, el amor, la confianza. No pude perfeccionar mi arte lo suficiente para hacer una marioneta de mi mismo sin sentimientos y, como vez, yo soy completamente humano. Tanto como tú lo eres.
—¿Y no lamentas haber tomado este camino?
—No —El Akasuna notó incomodidad en la muchacha, y procedió a detallar su respuesta—. Todo aquello que alguna vez deseé, ahora es imposible de tomar. Mi vida, lamentablemente, no iba encaminada a la felicidad, ni en un principio ni en medio. Ya daba igual lo que hiciera, así que decidí que el poder era lo que mejor llevaría. Y aquí estoy. ¿Sientes que extrañarás tu vida, lo que tenías antes de esto?
La Haruno volvió a evadir sus ojos, posándolos nuevamente en una pintura. Parecía que este chico podía leerla como un libro abierto. ¿Debería confiar en él? No parecía deseoso de acabar con ella, al menos no por ahora. Y, al parecer, la consideraba tan igual a él que hablaba de si mismo con total naturalidad. Pero claro, siendo él el más fuerte, no tenía las mismas dudas que ella.
—Se que aún no confías en mi —su tono divertido espantó a la kunoichi, en cuyos ojos se reflejó el miedo que sentía—. Creí haberte dicho que no tenía intenciones de matarte.
—Si, pero…
—No voy a matarte. Fin del tema. Por otra parte, si no quieres hablar de ello, está bien. Pensé que tal vez querrías desquitarte con alguien, y no creo que sea buena idea que lo hagas con alguien más.
Sakura tomó aire y las palabras salieron tan atropelladamente de su boca que se cuestionó seriamente si el muchacho habría entendido algo.
—Extraño a mis amigos. A mis maestros. Siento que traiciono su confianza, así como la memoria de Asuma-sensei. Siempre fui la más débil del grupo; siempre me tocaban a mí estas decisiones. Y, por miedo, siempre pongo mi vida antes de todo. Prefiero traicionar a la villa a morir. Y ahora que no volveré a ver a ninguna de las personas a las que quiero me pregunto para qué tener esta vida, si ya nada será bueno, nada me hará feliz. Lamento ahora no haberles dicho a todos cuánto los quería, no habérselos repetido hasta el cansancio. Y además…
—Mocosa, toma un poco de aire y deja que mi cerebro procese lo que acabas de soltar, ¿quieres? —inquirió el chico, divertido, y lanzó una escandalosa carcajada cuando vio la mueca de indignación en la cara de la pelirrosa. Como ella no dijo nada, él la ayudó—. Vamos, dime que no eres una mocosa. No voy a matarte si lo haces.
—Eh… no soy una mocosa.
—¿Te molesta si te llamo Sakura? —ella negó, ruborizándose violentamente—. Te diría que me llamaras Sasori, pero quizá te mate si lo haces.
La kunoichi seguía sin acostumbrarse, así que lo miró con espanto. Eso solo acarreó otra fuerte carcajada del pelirrojo, interrumpida por enérgicos golpes de nudillos en la puerta.
—¿Danna? ¡Danna! ¿Por qué se ríe tanto, un? —la chica alcanzó a oír una voz algo molesta desde el otro lado.
Sasori bufó y fue a abrir. Un muchacho alto, de larga cabellera rubia y bonitos ojos celestes, se abrió paso hasta dentro de la habitación. Sus ojos cielo dieron con la chica y su ceño se relajó, al tiempo que su sonrisa se ensanchaba.
—Así que aquí estabas, rosita, un —'¿Rosita?', se preguntó ella, en su cabeza, con un tic en el ojo. Si no fuera un Akatsuki, seguramente estaría estampado contra la pared. Él se volvió al pelirrojo y sonrió—. ¿Buscando compañía nocturna, Sasori no Danna?
Sasori le ganó de mano a la pelirrosa y le dio un golpe con el puño en la cabeza al rubio.
—Mocoso imbécil, aprende modales, ¿quieres?
—Perdón, Danna. ¿Y por qué todos somos mocosos para usted, un? —curioseó, con lagrimas en los ojos, causadas por el golpe.
—Porque eres menor que yo, así que eres un mocoso. Ahora, ¿qué quieres?
El chico rubio se sentó en la cama sin pedir permiso, dejándole bastante lugar a Sakura. La miró con un brillo divertido en los ojos, siempre con aquella sonrisa en la boca.
—¿Eterno o efímero? —soltó, de golpe. La kunoichi no tembló; podía temerle mucho a los Akatsukis, pero algo le decía que a éste le temía demasiado poco. Confiaba un poco en Sasori, y aun así le temía. Pero este chico era diferente. Tendría casi su edad (uno o dos años más, como mucho), y había algo en su rostro risueño que no daba la misma impresión de desgracia que en los otros.
—¿A qué te refieres?
—Claro, yo te invito a mi habitación, pero al mocoso no le balbuceas, ¿eh? —se mosqueó el pelirrojo. Había cerrado la puerta y se había quedado apoyada en ella, contemplado la interacción de los dos menores.
—¡Ah, Danna, no la distraiga! —refunfuño el menor. Miró a Sakura y repitió— ¿Eterno o efímero? —Al ver que ella iba a replicar, se apresuró a especificar— Me refiero al arte, obviamente.
La Haruno lo miró sorprendida —y un poco incómoda por su cercanía, tenía que admitir que para ser una organización de asesinos, se habían ido a buscar a los más atractivos— y respondió, un poco dudosa:
—No sabía que había un arte efímero. Es decir, solo conozco las pinturas y las esculturas…
—¡Ah, pero sí hay un arte efímero! ¡Es el arte de la explosión! —parecía totalmente maravillado por lo que decía, y a Sakura le pareció uno de los clásicos Lee-Gai, cuando comenzaban a decir: 'Lee', 'Gai-sensei' y así por un rato, con lágrimas en los ojos. Quiso reír, pero hasta tanto no llegaba su confianza. Sonrisa aparte, estaba frente a un asesino rango S. Y era algo que no podía olvidar.
—Pues… no lo sé. Jamás vi las explosiones como arte.
—¡¿Nani?! —se escandalizó el rubio, alejándose abruptamente de ella.
Las finas y angelicales facciones del pelirrojo se contorsionaron en una sonrisa petulante. Soltó una risa triunfante y miró a su subordinado con altanería.
—¿Lo ves, mocoso? Nadie ve tus explosiones como arte. En cambio mis marionetas, que son eternas…
Y se enfrascaron en una calurosa disputa sobre cuál arte era mejor. Sakura quedó al margen, totalmente olvidada. Le parecía totalmente bizarro ver a aquellos muchachos pelear: no porque creyese que debían ser pacíficos ni nada por el estilo, sino porque lo hacían de una manera tan… natural. Entre frase y frase siempre se colaba la típica: 'te haré explotar, un', o 'mocoso estúpido, tienes exactamente dos segundos para retractarte. No voy a esperar ni uno más'. Pero discutían como ella lo hacía con Naruto.
Comenzó a ver todo bajo una luz distinta. Ellos eran criminales, asesinos rango S, pero eran humanos, al fin y al cabo. Tenían sentimientos, deseos, pasatiempos. Los artistas —aún enfrascados en su contienda— parecían desear que se sintiese a gusto en ese nuevo hogar más bien hostil que se le presentaba. Y, ¿por qué no intentarlo? Si se amargaba, iría desmejorando más y más, y no quería saber cómo terminaría. No es que se lo fuese a tomar como unas vacaciones. Pero debía ser realista; este era su presente ahora, y mientras no pudiese hacer nada para cambiarlo, debía aceptarlo. Ocuparía el tiempo en hacer lo que el líder le mandase y en completar la lista de toda información que pudiese recabar. Y quizá, entre cosas y cosa, podía tomarse un pequeño tiempo para conocer al pelirrojo. La verdad era que le causaba una profunda curiosidad; las razones para todo lo que hacía, su forma de pensar, su vida antes de Akatsuki. Si él estaba dispuesto a sincerarse con ella, ¿por qué desaprovechar la oportunidad?
No se dio cuenta de que los hombres se habían quedado callados, observándole. Cuando se percató, bajó la mirada, sonrojándose.
—¿Qué… qué pasa?
—Sonreíste sin razón aparente —contestó Sasori, soltando el cuello de la capa de Deidara. Éste se la arreglo con expresión indignada.
—Si, digamos que…
Unos golpes en la puerta la acallaron. Sasori bufó y se encaminó a abrirla.
—¿Dónde esta…? —Un hombre alto, muy alto, asomó la cabeza dentro de la habitación. Sakura lo reconoció como el compañero de Uchiha Itachi, Hoshigaki Kisame. Su rostro era de un tono azulado, los ojos pequeños y redondos y en su cuello tenía lo que parecían ser branquias. Su cuerpo proyectaba una sombra sobre el de Sasori, tapándolo completamente. A Sakura casi la enterneció notar que el pelirrojo era el más bajo de la organización, aunque no parecía el más joven— Ahí estas.
Deidara la volteó a ver y le sonrió con burla. Sus labios modularon la palabra 'popular' antes de darse la vuelta. El Akasuna, quien ya era conocido de sobra por su inexistente paciencia, se alejó un poco del shinobi de la niebla y lo miró con su usual mueca de indiferencia.
—¿Qué se te ofrece, Kisame?
—Necesito llevarme a la chica —Sasori se hizo a un lado, como diciendo 'allá tu' y Kisame entró en el cuarto. No le prestó la mínima atención a lo que había a su alrededor, ni al chico rubio sentado en una silla—. El líder me mandó a que te llevara a la enfermería. Creo que tienes trabajo que terminar allí, ¿cierto?
Sakura asintió y se puso de pie, nerviosa. ¿Por qué no podía el líder mandarla con Sasori, o con Deidara? No es que Kisame fuera lo peor que había, pero sinceramente el hombre la atemorizaba bastante con su penetrante mirada, como si la taladrara. A saber si por el camino se le ocurría matarla o algo así.
Todos tenían la mirada sobre ella, esperando su reacción. Sus piernas se negaban a hacerle caso, pero no tenía de otra. No quería averiguar lo que sucedería si se resistía mucho. Ya había decidido cooperar para salir viva de allí, ¿no? Pues bien, tenía que ponerse a la labor. 'Aunque esa labor sea curar a un maldito infeliz', se dijo, y sacudió la cabeza. Ya tendría tiempo de vengarse por aquello; ya le llegaría la hora a esa peliblanco para olvidarse de lo que era la luz.
Se puso de pie muy lentamente y se paró a unos cuantos pasos del peliazul. Sentía que si se ponía más cerca, la descomunal altura del hombre la haría salir corriendo, temblando como una hoja. Ahora entendía un poco el por qué de que fuera el compañero de Itachi; mientras la mayoría de los criminales de aquella organización tenían un aspecto sádico y un poco desquiciado, este hombre se veía normal, pero irradiaba amenaza por cada uno de sus poros. Y a todo eso debía agregarle esa imponente figura, que parecía una montaña proyectando su sombra sobre lo que la rodeaba. El Hoshigaki salió de la habitación y esperó a que hiciera lo mismo. Sin mediar palabras, deshicieron el camino que anteriormente ella había echo junto a Sasori.
Sakura se mordió el labio. Deseaba preguntarle algunas cosas sobre su compañero, pero temía que se lo tomase a mal. Podría preguntarle más tarde a Deidara o a Sasori, pero el primero parecía demasiado interesado en si mismo y en su arte como para saber nada de nadie más, y el segundo era rodeado constantemente por un aura de indiferencia que le decía que no le importaba en lo absoluto qué fuera de la vida de sus compañeros, que prefería ser ignorante en todo lo referente a ellos. Quizá era lo mejor; pero la chica necesitaba algo de información para su pequeño 'proyecto'. Abrió la boca, pero el muchacho se le adelantó:
—Si vas a preguntarme algo sobre Itachi o la organización, mejor ahórratelo, no voy a decirte nada.
Una gotita cayó por la cabeza de Sakura, al tiempo que se cuestionaba '¿Este tipo lee mentes o qué? Eso solo lo hace más terrorífico'. Rió nerviosamente, y siguió caminando en silencio, ahora con la vista clavada en la ancha espalda del shinobi de la niebla. Cuando éste se detuvo, la kunoichi creyó que haría los sellos, pero se volvió hacia ella.
—Mi orden era buscarte y quedarme contigo hasta que termines el trabajo, así que hazme un favor y termina lo más rápido que puedas. —Una mueca indignada fue lo que recibió como respuesta por parte de la chica, y cuando notó que iba a protestar, se volvió a adelantar—. Créeme, no querrás estar más tiempo del necesario encerrada con Hidan.
Eso le sonó bastante lógico, aunque igualmente obvio. ¿Cómo iba ella a querer quedarse más tiempo del requerido con el asesino de Asuma-sensei? Solo cuando Kisame hizo los sellos y entraron en el cuarto, comprendió la magnitud y el verdadero significado de las palabras del peliazul.
Hidan estaba acostado en la camilla, con sus ojos cerrados, en actitud de tranquilidad. Kakuzu estaba igual, aunque su respiración era acompasada. Tal y como su compañero había hecho, Kisame se movió hasta la silla que se encontraba en un rincón y se dejó caer en ella, recargando su peso en el respaldo.
Sakura suspiró y se acercó a la camilla de Kakuzu. Sus signos vitales estaban bien, y su nivel de chakra aumentaba satisfactoriamente. Aún así, aún no estaba en condiciones de pelear, ni siquiera de entrenar. Su cuerpo todavía estaba muy débil, demasiado resentido por su batalla final, y tendría que darle medicinas especiales por un buen rato para que recuperara todas sus capacidades. Para su suerte, los calmantes sí le hacían efecto, por lo que dormía con tranquilidad. Eso le permitió revisarlo con cuidado, curar las heridas que habían vuelto a abrirse y darle varios sueros, que le ayudarían a mejorar. También tuvo que inyectarle vitaminas y minerales, ya que con el sedante no se despertaba ni para comer. Trataba de estar calmada, pero casi le era imposible. Tener ambas manos sobre el cuerpo del asesino le daba descontroladas ganas de arrancarle los miembros y triturar su carne con sus propios dedos. Podía considerar a Sasori y a Deidara personas, pero Naruto y Shikamaru le habían comentado sobre el poco respeto que tenían el inmortal y su compañero por la vida de los humanos. Que se burlaban sin piedad de las muertes, que les divertían incluso. Eso era otro nivel para Sakura; estos dos no eran como el pelirrojo y el rubio, ni por asomo. Tal y como le había pedido el Hishigaki, terminó con Kakuzu lo más rápido que pudo, y se movió para revisar a Hidan.
El peliblanco estaba en perfectas condiciones, únicamente necesitaría una medicina durante una semana para que el flujo de chakra se normalizara; el desmembramiento completo de su cuerpo había impedido su circulación y había permanecido interrumpida durante demasiado tiempo. Ahora tendría que abstenerse de tratar de usar chakra por lo menos unos siete días. Para suerte del inmortal, Sakura había regenerado su cuerpo usando jutsus médicos, por lo que no le había quedado la menor cicatriz. La pelirrosa eliminó el pensamiento tan pronto como llegó a la cabeza, pero cuando se había percatado de lo de las cicatrices no había podido evitar pensar 'hubiese sido una lástima, en un muchacho tan atractivo'. Sacudió la cabeza y tomó la jeringa que había sobre una pequeña mesa de metal. Tomó un frasco pequeño con un líquido oscuro y espeso y llenó la jeringa. Justo en el momento en que el puntiagudo elemento se acercaba a la yugular del religioso —era el mejor lugar para aplicar la medicina: de allí se transportaría rápidamente a las otras venas y además iría rápidamente a su sistema nervioso, reparando lo que la chica no podía hacer con sus manos— la mano del hombre se levantó y detuvo la suya.
—Creí haberte dicho que ni te me acercaras, perra.
Sakura retiró la mano de un tirón y se apartó, sorprendida. Había creído que dormía, siendo que se había pasado casi media hora en completo silencio. Los orbes amatista se abrieron lentamente y perforaron los jade. El corazón de la kunoichi comenzó a latir más rápido, lo que atribuyó un poco al miedo y rencor que le producían esos ojos. Más aún cuando tenían esa mirada mezcla de ira, asco y burla, que jamás había visto en otra persona. Apretó los dientes y contó hasta diez para controlarse. Ahora entendía al peliazul: cuando el Jashinista abría la boca, era imposible no sentir unas ganas tremendas de descuartizarlo lentamente. Respiró hondo y contestó, con la voz más calmada que pudo:
—Tengo que ponerte esta medicina. Si no lo hago no podrás usar tu chakra.
—Mira, estúpida, si crees que yo dejaré que me pongas cualquier mierda que se te ocurra, eres más estúpida de lo que pensaba. ¡Por Jashin-sama! Eso es casi jodidamente imposible.
Un tic se formó en el ojo izquierdo de la kunoichi, al tiempo que apretaba con fuerza sus puños. Qué bueno que no se dejaba las uñas muy largas; de lo contrario, debido a la fuerza ya se hubiese insertado todos los dedos en la palma de la mano.
—Si quieres volver a usar ninjutsu alguna vez, te quedarás callado y quietecito, ¿oíste? —ahora su voz no pudo salir con menos que un dejo de odio y amargura, más que nada por tener que curarlo a pesar de sus maltratos.
Hidan solo cerró los ojos, sin prestarle atención. Ya destapada su furia y pisoteado su autocontrol, Sakura se abalanzó hacia él con la jeringa, dispuesta a inyectarlo aún sin su consentimiento. Pero él volvió a detenerla, mirándola enfadado.
—¿Qué carajo haces? ¡Quita esa cosa de aquí antes que te la clave por el culo!
—¡Solo cálmate! No va a doler si te quedas quieto —él siguió revolviéndose, sulfurando aún más la furia de la chica—Y si no lo haces, ¡estate seguro de que te la voy a poner donde más te quepa!
El hombre sonrió con burla, aún reteniendo la muñeca de la chica en su mano, haciéndole daño por la fuerza utilizada.
—No gracias, parece que a ti te cabe una más grande por zorra. Ahora aléjate de mí, joder.
—Me ordenaron curarte, ¡y voy a ponerte esta maldita jeringa así tenga que matarte para hacerlo! ¡Ahora quédate quieto!
—¡Te he dicho que te alejes, joder! ¡Sal de aquí antes que te mate y te sacrifique a Jashin-sama, maldita perra!
La muchacha no le prestó atención a las amenazas: una vez descontrolado, su carácter la dominaba completamente. No iba a dejarse pasar por arriba por un cabrón como ese, que ni siquiera podía hacer un mísero jutsu —su parte racional, ahora un poco olvidada, no se molestó en recordarle que ella también carecía de chakra, y que su estado era aún más lamentable que el de Kakuzu—. Se acercó peligrosamente al peliblanco y trató de tomar su brazo.
—¡Aléjate, maldita zorra! Me llegas a poner esa jeringa de mierda y te juro por Jashin-sama que te arrepentirás, ¡¿me oíste?!
Una furia aplastante se apoderó de la pelirrosa. No iba a aguantarlo ni un segundo más. Él y sus insultos vulgares se irían a buscar su mandíbula al otro lado del planeta. Juntó el poco chakra que tenía y le dio un certero puñetazo en medio del rostro, consiguiendo tirarlo de la camilla. Tuvo que respirar profundamente varias veces para no abalanzarse otra vez sobre el hombre y destrozarle la cara a puñetazos limpios.
Kisame, aún recluido en su silla, rió un poco. No tenía nada en contra de esa kunoichi y le divertía sobremanera que golpease a Hidan. A ser sinceros, el inmortal le importaba menos que una piedra, pero era cierto que sus constantes insultos conseguían sacarlo de quicio, como a todos allí. Y que una niña a quien habían secuestrado le diese su bien merecida recompensa le parecía de lo más justo e interesante. Y divertido, por qué no. Ni siquiera necesitaba meterse también; ella parecía controlarlo y enloquecerlo al mismo tiempo, algo bastante inusual. Generalmente nadie le prestaba mucha atención, esa era la mejor manera de enojarlo, pero esta chica lo enfurecía y le pagaba con lo mismo que recibía. Parecía cierto que tenía el mismo carácter que su maestra, Tsunade-hime.
Sakura se acercó al inmortal y lo tomó del brazo, para ponerlo de pie. Pero se llevó una muy desagradable sorpresa: Hidan tenía, a un lado de la camilla, su guadaña de tres aspas y su estaca. Ella no le había prestado atención, creyendo que no podría moverse lo suficiente para tomarlas sin ponerla a ella en guardia. Pero con el puñetazo lo había lanzado directo sobre las armas, que cayeron al suelo con él. El religioso se puso de pie con rapidez y, tomándola del cuello, la estampó contra la pared.
Todo sucedió muy rápido: Sakura se lo quiso sacar de encima y le dio un fuerte cabezazo, lo que pareció ser, para él, la gota que colmó el vaso. Sus dedos se cerraron con fuerza en torno a su garganta, pero el ahogo se aplacó cuando sintió un calor bajando hacia su estómago. Un dolor lacerante la atacó allí mismo segundos después, para que inmediatamente comprendiese que tenía la estaca negra del shinobi incrustado en medio de su abdomen.
Una mano tomó a Hidan por la nuca y lo lanzó a la pared contraria. La Haruno se derrumbó en el suelo, sintiendo que se desmayaría. Un charco de sangre comenzó a formarse a sus pies. El peliazul la tomó del brazo y la puso de pie de un tirón. Le sacó cuidadosamente la estaca y observó la herida, calibrando la gravedad. Parecía bastante grave, a su juicio.
Se giró hacia Hidan, que en ese momento trataba débilmente de ponerse de pie, ayudándose con la pared.
—Eres el cabrón más malditamente imbécil que vi en la vida. Si muere, te aseguro que el líder te hará arrepentirte, y ni tu estúpido Jashin te podrá ayudar.
La tomó en brazos y la cargó hacia la puerta. Haciendo uso de su inmensa fuerza, se la cargó al hombro, cuidando de no tocar su herida, para hacer los sellos. Cuando salieron volvió a acomodarla en sus brazos, donde la chica perdió la conciencia, cayendo a un vacío oscuro y frío.
Lo que sea que pienses, me ayudara a mejorar. Así que deja un review! Gracias por leer.
Muchas gracias a los que le dieron favoritos o seguir a esta historia. Ustedes también me inspiran a seguir!
Tittacon: Me alegra mucho que te guste! :D Sasori es demasiado perfecto, de un modo u otro es imposible no amarlo. Si Sakura lo hará... tendrás que seguir mi historia para saberlo! ;) Muchas gracias, espero que sigas enamorándote de él más y más. Cuídate mucho!
Minene Uryuu: Por cierto que lo es :3 Pues aquí Hidan hace gala de su extenso vocabulario de finuras, espero que llene tus expectativas, muchas gracias por toda la ayuda! Como siempre es bien recibida. Cuídate mucho!
Sakurita-1491: Me alegro mucho! Tratare de ganarte más con la trama, por cierto. Y qué se le va a hacer, en el fondo ese pelirrojo sexy es un caballero, no puede controlarse ^^ Gracias por los ánimos, cuídate mucho!
Bloddy Cherry: Te invito a que hagamos recapacitar a Kishi sobre eso, pero mientras tanto, yo le daré la vida hermosa que él le arrebató :D Cuídate mucho!
Itami-chan: Ya te estaba extrañando u.u Aquí entre nos, Sasori-sexy es mi favorito *.* y pues si, Saku es completamente de ese peliblanco de muerte :D créeme que yo también, imagínate tenerlo ahí frente a ti, con esos ojos violetas... no, no es bueno para la salud -.-' Bueno ya ves que con Deidei se lleva bien, y también que Kisame no es tan malo después de todo (nadie le hace justicia, tenía que hacer algo por él). Con respecto a Itachi, creo que por ahora ya quedó claro lo que Sakura piensa de él. Veremos más adelante, de todos modos :) Muchas gracias, cuídate mucho!
Annie Darcy (Niña Bonita): Estaría encantada, aquí te paso mi dirección de Deviantart: laalyys. deviantart . com(todo junto). Allí podrás mandármelo :D (Aun así quiero todos tus esfuerzos en buscar a mi amor de carne y hueso ^^). Sobre Sasori, el tiempo dirá, aunque te digo que lo que tiene de impaciente, lo tiene de celoso! Y eso es mucho decir jaja Cuídate mucho amiga, tuya :D
Arika Kimura: Muchas gracias! Pues Sasori dio su explicación para su amabilidad, además ya sabes que es un caballero :3 Y quédate tranquila, como dije anteriormente lo continuaré a menos que me suceda algo, en dicho caso avisaré con anterioridad, si puedo. Cuídate mucho!
