Hola, preciosas lectoras y lectores! Me apuré un poquito con este capítulo, por lo que creo que salió un poquitín más corto. No me maten!

Por cierto, me gustaría que me dijesen si les parece bien el progreso de la historia; si les parece que va bien o que va muy lenta. Si les parece que debería adelantar el Hidasaku. A mi me parece que esta bien, pero después de todo, su opinión es la que cuenta!

Bueno, esta es mi primer historia, así que es probable que cometa algún que otro error. Es un Hidasaku, así que al que no le guste, QUE NO LO LEA!

Declaimer: Naruto y todos sus personajes y paisajes son propiedad del señor Masashi Kishimoto-sama. Sin embargo, yo estoy jugando con sus niños; a algunos los reviví, a otros los deje muertitos y cosas por el estilo.


La aldea oculta entre las hojas era azotada por una torrencial lluvia, aunque Naruto pensó que el clima bien podía compararse a lo que sentía dentro de si. Se encontraba sentado en una alta rama, en el bosque en las afueras de la villa. No le importaba mojarse, no sentía las frías gotas de agua caer por sus cabellos rubios, ni el crudo viento traspasarlo hasta los huesos. Solo sentía el vacío infinito que había en su pecho, el dolor punzante e insoportable. Recostó su cabeza en el tronco y cerró los ojos, recordando lo ocurrido temprano en la mañana, en la torre de la Hokage.

Flash Back

—Sakura… Ha sido secuestrada.

—Sakura-chan… ¿Qué? —preguntó el rubio, confundido, no habiendo escuchado bien.

La rubia no le contestó; en cambio, frunció el ceño, dejando escapar unas lágrimas. Naruto se sorprendió: no tanto por la mueca sino por la tristeza que vio en sus ojos. Perplejo, se volvió a ver a su sensei. Nada lo preparó para lo que vio.

El peliblanco tenía el único ojo visible muy abierto y su cuerpo estaba tenso, como en shock. Pero eso no era lo peor, no. Al igual que con la Godaime, por la mejilla descubierta del jounin había un rastro húmedo, testigo mudo de su dolor. El Uzumaki se quedó callado, aún más confuso. Yamato-taicho estaba estático, el cuerpo rígido como un palo. Y Sai… Naruto casi chilla del asombro al ver su mueca descompuesta. Nunca había visto tantos sentimientos en esos fríos ojos negros.

—Vieja, ¿qué pasó con Sakura-chan?

La mujer descargó la fuerza del puño sobre el ya muy maltratado escritorio.

—¡¿Estás sordo o qué?! —le chilló, con la voz más quebrada que nunca— ¡La secuestraron, secuestraron a Sakura! ¡Desde que ustedes se fueron que ella no está aquí!

Algo se rompió dentro de Naruto. Sintió que sus piernas ya no podían sostenerlo y cayó al suelo. Su mano se levantó mecánicamente y la presionó sobre el pecho, en un intento absurdo de cerrar el enorme hoyo que acababa de abrirse. La cabeza comenzó a darle vueltas y, entre la nebulosa que se formó a su alrededor, donde escuchaba vagamente a sus compañeros llamándolo, solo pudo pensar: 'Sakura-chan… no me dejes'. Luego de eso no volvió a tener conciencia de lo que ocurría a su alrededor.

Fin de Flash Back

Golpeó la cabeza contra el tronco y soltó un sollozo ahogado, acompañado de más lágrimas. Todo era su culpa; si no hubiese ido a esa estúpida misión, si hubiese hecho caso a Sakura-chan… ella estaría con él. Saber que su mejor amiga, su hermana, no estaba, era un golpe demasiado duro para él. Se sentía destrozado y a la vez, insensible. Ya no sentía nada que no fuese ese dolor insufrible. Solo la chica lo mantenía de pie luego de Sasuke. Y ahora que ella no estaba… sentía que caía, una caída de la cual ya no se podría poner de pie.

Alzó los ojos azules al cielo gris, que parecía rugir su dolor. Nunca había presenciado una lluvia tan torrencial, pero no le importaba, ya nada importaba. Sakura-chan no estaba… alguien se la había arrebatado. Siempre había sido su sonrisa zorruna, hiperactividad, confianza y felicidad la que había elevado el ánimo de cualquiera, en cualquier situación. Pero, ahora, ¿quién lo sostendría a él? Había escuchado que Yamato-taicho se había encerrado en su casa, y Sai había desaparecido. Lo había buscado por todos lados, pero no había dado con el pelinegro.

Necesitaba estar con alguien, necesitaba que lo confortasen, que lo entendiesen. 'Kakashi-sensei', se dijo, luego de un instante. Bajó del árbol de un salto preciso y certero y comenzó a caminar, sin rumbo en especial. Le sorprendió que sus pies lo llevasen a la roca de los caídos y, más aún, encontrarse efectivamente al jounin. Sintió que su corazón se comprimía aún más al ver su estado.

Las ropas estaban totalmente mojadas y tenía algunos rasguños. Había caído sobre sus rodillas y apoyaba una mano sobre la piedra, con actitud desesperada. No podía verle el rostro porque se encontraba de espaldas, pero se hacía una idea. Se acercó despacio, sin intención de asustarlo, y lo oyó hablar.

—Me equivoqué, Obito —La voz sonaba torturada y ronca debido a los sollozos—. Otra vez me estoy quedando solo. No puedo proteger a los que amo; se escapan de mis manos.

—Kakashi-sensei —pronunció el Uzumaki, apoyando una mano conciliadora en su hombro. El hombre se volteó a mirarlo y Naruto no pudo menos que soltar algunas lágrimas, que se confundieron fácilmente con la lluvia. El único ojo visible del jounin ya no se curvaba en señal de sonrisa, ya no tenía ese brillo pervertido y burlón que había tenido siempre. Ahora estaba tan rojo que parecía que ambos ojos poseían el Sharingan.

—Naruto, lo siento. Ya no puedo…

—Tampoco yo, sensei. —Le tendió una mano, que el peliblanco tomó gustoso, y lo ayudó a ponerse de pie—. Me siento vacío, siento que nunca más volveré a estar completo.

El ninja copia asintió a sus palabras, dándole a entender que sentía lo mismo. Y, casi inconcientemente, aferró al rubio entre sus brazos con fuerza, como temiendo que se escurriera entre ellos. No le importaba que lo viese llorando; Naruto era la única familia que le quedaba, y compartían la pérdida de las dos personas más importantes para ellos. Ahora solo les quedaba cuidarse entre sí, y tratar de apoyarse.

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Sentía que flotaba. No recordaba muy bien cómo había llegado allí, tampoco le importaba. Se sentía tranquila, en paz. Las cosas a su alrededor habían cambiado varias veces, mostrando figuras y lugares que permanecían enterrados en su memoria. No tenía conciencia del tiempo; no lo necesitaba, de todas formas. Allí donde estaba, solo importaba estar tranquila. Y lo estaba. Entonces, ¿para qué preocuparse?

El paisaje que la rodeaba cambió una vez más, pero no volvió a tomar forma. Una nube negra la rodeó, elevándola, expandiéndola, devolviéndola a su forma original. Sus cinco sentidos parecieron activarse de repente. Ahora era conciente de los sonidos que la rodeaban, de las formas y texturas que sus dedos reconocían.

—¿Cree que despertará pronto, un? —Una voz, muy lejana y suave, llegó hasta ella, golpeándola como una ola.

—¿Me ves cara de enfermero o qué? —le replicó otra voz, mordazmente.

—A decir verdad, Danna…

Se oyó un fuerte golpe, y a alguien quejarse: 'Ugh, Danna, eso dolió'. 'Sasori y Deidara', los reconoció la pelirrosa. Así que seguía allí, en la guarida de Akatsuki. No recordaba muy bien lo que había sucedido antes de eso, aunque creía visualizar el rostro de Kisame en sus memorias.

Abrió muy lentamente los ojos, acostumbrándose a la luz. Los párpados le pesaban como si fuesen de piedra, y sentía que le habían pasado quinientos toros por arriba. Todo su cuerpo estaba entumecido, al igual que su cerebro. Una sombra se acercó a ella, tapando la luz.

—¡Eh, Danna, ya despertó!

Otro golpe.

—Mocoso, ¿no te dije acaso que aprendieras a bajar la voz?

—Estás pidiendo un imposible… —murmuró Sakura, sintiendo rasgarse su garganta con cada palabra. Su voz salió como un susurro ahogado, así que creyó que no la habían oído.

Una risa y un gruñido fue lo que recibió de ambos muchachos como respuesta. Sonrió débilmente, incapaz de hace nada más. Quiso sentarse en la cama, pero la mano de quien supuso, era Sasori, se lo impidió.

—Mejor quédate acostada. Iré a buscar un poco de agua. Descansa, y luego hablaremos. —Su voz se volvió burlona, así que asumió que ahora le hablaba a su subordinado— ¿Crees que puedas cuidarla sin dejarla sorda?

—¡Claro que si, un!

El pelirrojo rodó los ojos y salió, dejando a los menores solos.

Para sorpresa de la pelirrosa, Deidara suspiró que iría a hacer un poco de 'su arte' y que la dejaría descansar, como había pedido su Danna. Eso al menos le dejó tiempo a la chica de pensar.

Sentía, además del dolor homogéneo de todo su cuerpo, uno muy punzante y palpitante en el abdomen. Quiso levantar un poco la cabeza para examinar la razón de ese dolor, pero sus músculos aún estaban muy débiles. Tal vez Sasori tenía razón y no podía hacer más que descansar. Pero, Kami, cómo odiaba no poder hacer nada. Sonrió al pensar que, inconcientemente, algo de la hiperactividad de su amigo rubio se le había pegado con el tiempo.

'Naruto', recordó, sintiendo un escozor en su nariz y luego en sus ojos. ¿Sabría ya de su rapto? ¿Seguiría en su misión, o habría vuelto a la aldea? ¿Cómo se lo habría tomado? Trató de imaginarse como se hubiese tomado ella el que Naruto hubiese sido secuestrado, y el solo pensarlo le quitó momentáneamente el aliento. Unas furtivas lágrimas cayeron sin su permiso de sus orbes esmeralda. No era justo. A Naruto le habían quitado absolutamente todo; sus padres, su hermano y ahora ella. ¿Cómo se sobrepondría? Contempló a Deidara, quien parecía muy concentrado en su arte. Entonces, ¿qué? ¿Se tenía que rendir, así sin más?

Haciendo un esfuerzo hercúleo —nunca lo admitiría, pero su subconsciente le gritaba que hiciera lo que le decían y ya—, se apoyó en sus codos y se aclaró un poco la garganta.

—Hey… hum… Deidara —le llamó, con voz rasposa.

El rubio la contempló con asombro y se apresuró a su lado. Con cuidado, la tomó de los hombros, como para sostenerla, acomodó las almohadas y la dejó apoyarse en la cabecera. Luego se dejó caer en la silla que había frente al escritorio, al lado de la cama.

—Sasori no Danna…

—Ya lo se —le gruñó. No quería ser brusca, pero esa posición había incrementado increíblemente el dolor de su vientre. El chico parpadeó, sorprendido por su respuesta. Sakura suspiró—. Lo siento. Es que estoy un poco confundida. ¿Qué fue lo que pasó?

—Aquí te traje un poco de agua y algo de comida por si… —El pelirrojo se interrumpió al ver la escena. Dejó todo con un golpe en el escritorio y se volvió— ¿No te dije que te quedaras acostada y descansaras? —le ladró, sus ojos miel perforando los jade.

La chica bajó los ojos, siéndole imposible soportar el peso de esa mirada. A decir verdad, no debería sentir tanto miedo del Akasuna; él se había portado bien con ella y, por lo que podía ver, la estaba cuidando. Sin embargo, no podía pasar por alto que se trataba de un shinobi más fuerte que ella y que, además, contaba con el 100% de sus facultades, mientras ella parecía debilitarse con cada minuto. Había algo en su rostro —quizá ese halo de indiferencia que lo rodeaba— que lo hacía diferente a Deidara, impulsivo y explosivo como era el rubio.

—Danna…

—Si, ya se, quiere saber lo que le pasó —refunfuñó Sasori. Se sentó en la cama y su mirada se clavó en la pared—. Fuiste a la enfermería con Kisame, a hacer Kami sabe qué, y cuando volviste estabas inconciente.

—¿Inconciente?

—Si, niña, inconciente. Kisame te trajo en brazos y nos dijo que Hidan te había clavado esa estaca de mierda que lleva él.

Como un flash, la memoria le voló a la cabeza. Recordó su pelea con el inmortal, mientras trataba de inyectarle el suero. Luego le había dado un puñetazo y él la había lastimado. Recordó vagamente al peliazul acercársele, pero ahí todo se hacía oscuro y difuso, y perdía lo que fuese que siguiera a ese recuerdo.

Bajó la vista a su abdomen y levantó la remera, temerosa de lo que vería. Pero se encontró con vendas que tapaban la herida, un poco manchadas de sangre.

—No es lo mejor, pero la ninja médico eres tu, un.

—Tráeme las vendas, y algo de alcohol —le ordenó al rubio, que entrecerró los ojos y fue en busca de lo pedido con un bufido.

Se quitó las vendas y largó un jadeo cuando vio toda su piel abierta, que en seguida comenzó a expulsar sangre. Tomó un poco de alcohol y limpió los bordes, mordiendo violentamente el labio para no chillar de dolor. Luego su mano fue cubierta por chakra verde y la apoyó sobre su vientre. En algunos segundos, solo quedaba una leve marca de lo que antes había sido un agujero.

Mientras hacía todo eso, una furia oscura la invadió. Ese cabrón estúpido, ella trataba de ayudarlo —bueno, en realidad lo ayudaba por su vida y por la de la aldea— y el maldito lo único que hacía era lastimarla.

—¿Cuánto tiempo estuve inconciente?

—Dos días —contestó Deidara, con una mano en el mentón—. Eso hace que este sea tu tercer día con nosotros, un —continuó, palmeándole el hombro, como si fuese un amigo, hombre.

Sakura rodó los ojos y suspiró. Si, a este punto sus amigos sabrían de su secuestro. Pensó en Ino, con una mueca. Si tan solo pudiese disculparse… No. Ella volvería a la aldea. Quizá tardase un tiempo, pero lo haría. Y cuando lo hiciese, haría lo que fuera por recuperar la mistad de la rubia. Y también les diría a todos cuanto los quería, cuanto los admiraba. A veces, no sabemos valorar lo que tenemos hasta que, irremediablemente, lo perdemos. Y ahora Sakura apreciaba más que nunca los lazos que la unían a la villa; sus padres, sus amigos, sus maestros. También había pacientes en el hospital, sus pacientes, esperando por su atención. No podía fallarles; ellos la estaban esperando y, quizá, buscando. Si, seguramente la estarían buscando. Conociendo al rubio, no descansaría hasta encontrarla. Y ella no se podía permitir quedarse de brazos cruzados. Tenía que sacarle el mayor provecho posible a esa nueva y trágica situación que se le presentaba. Frunció el ceño con determinación. Aún desde allí, ella ayudaría a al aldea todo lo que pudiese.

Sasori y Deidara intercambiaron una mirada y el rubio se puso de pie, dirigiéndose a la salida.

—Bueno, rosita, nos vemos luego, un.

Cuando la puerta se cerró, ella puso los ojos en blanco. El pelirrojo pareció comprender, porque sonrió con burla y le dijo, en todo confidente.

—Dile rubia y jamás te olvidará.

La chica rió por esa muestra de confianza. De pronto tuvo deseos de pararse y salir un poco a caminar. Ahora que se había curado, sentía el cuerpo un poco más ligero. Quería salir y extender un poco las piernas. Pero tampoco quería salir sola a los fríos pasillos. No quería encontrarse con ningún Akatsuki que tuviera la mínima posibilidad de matarla. 'Quizá mañana', se dijo.

—Levántate —le ordenó súbitamente el pelirrojo. Sakura lo miró con curiosidad y él se aproximó. La tomó del brazo y la puso de pie con cuidado. Con una mano la sostuvo (porque era obvio que si la soltaba, ella se desplomaría) y quitó las sábanas de la cama.

Dejó a Sakura para que volviese a sentarse y extendió las sábanas en el suelo. Cuando comprendió lo que haría, la pelirrosa se enterneció.

—¿Dormirás en el suelo?

—¿Prefieres que lo haga contigo? —preguntó, con una fuerte nota de ironía.

La chica se sonrojó; le parecía de pésima cortesía dejarlo tirado cuando él se estaba portando bien con ella, pero era cierto que no era su sueño dormir con un criminal rango S. El Akasuna pareció leerle los pensamientos, porque continuó.

—Ya, era una pregunta retórica. Pero no te preocupes, no voy a morir por dormir en el piso. —Se detuvo un segundo, como meditando algo, y sonrió malévolamente—. Claro que, siempre que quieras, tienes el cuarto de Deidara allá enfrente.

—Estoy bien, gracias —chilló, con una voz demasiado aguda. No tardó en tomar un color totalmente rojo. Se avergonzó de estarse sonrojando delante de Sasori, pero el chico decía cosas demasiado comprometedoras.

El pelirrojo rió fuertemente y se acostó, saliendo del campo visual de la kunoichi. Quiso preguntarle más sobre Akatsuki, pero se mordió la lengua. ¿Qué lo diferenciaba de Kisame? ¿Por qué habría de decirle algo? Primero tendría que ganarse su confianza, hacerle preguntas banales y, cuidadosamente, buscar la forma de introducir las 'importantes', por así decirlo. Aunque tendría que andarse con mucho cuidado: siempre había sido muy sentimental, tanto para enfadarse y golpear como para caer y llorar. Tenía que tener mucho cuidado porque, conociéndose como se conocía, al primer descuido terminaría por tomarle cariño al pelirrojo. Y es que ya en aquel momento sentía un tirón de culpa al saber que todo lo que él estaba haciendo por ella, se lo pagaría diciendo todas sus debilidades en la aldea. Sacudió la cabeza; no tenía que pensar, solo hacer lo que se había propuesto. Dormiría un poco y luego, al despertar, comenzaría con la dichosa lista.

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Tres días. Solo eso había pasado desde la desaparición de Sakura Haruno. Pero bien que esos pocos días habían bastado para cambiar a mucha gente.

En la villa se respiraba un aire de melancolía y pérdida. Mucha gente conocía a Sakura por el hospital; otros la conocían por ser una kunoichi. Todos estaban tristes, y algo confundidos también. ¿Quién podría querer hacerle daño a alguien tan dulce y cariñoso como ella lo era?

Sus amigos estaban destrozados. Ino se había encerrado en su casa y se había negado a salir; el dolor y la culpa la ahogaban, la superaban. Hinata había pedido una licencia en el hospital —la cual le fue concedida por la misma hokage— y también se había recluido en la mansión Hyuga. Ten-ten, para sorpresa de todos, dejó de ir a entrenar diariamente —todos sabían que la chica adoraba ejercitar y que hacerlo regularmente era un hábito—. Todos los chicos habían adoptado una pose 'a lo Shino'. Ya no reían, sino que deambulaban por la villa como fantasmas. Tsunade estaba destrozada, y eso aumentaba a límites insospechados su mal humor. Shizune estaba muy nerviosa; no podía cometer ni el mínimo error que la rubia ya descargaba su ira sobre ella. Pero no podía culparla, la entendía. Sabía que para la hokage, Sakura era una hija. Y podía comprender el dolor de la ausencia.

Pero definitivamente la peor parte se la llevaba el 'equipo siete'. Para ellos Sakura era algo así como indispensable. Quien muchas veces cortaba las discusiones y limaba desacuerdos era ella y su cálida sonrisa. Naruto y Kakashi habían cambiado radicalmente. Toda la antigua felicidad, hiperactividad, confianza y todas esas cosas del rubio se habían ido junto a la pelirrosa. La constante diversión que proyectaba el jounin había desaparecido, dejando una especie de cáscara. Sai se había vuelto a cerrar; la única diferencia era que ahora era aún más frío que antes, y no daba ni una pequeñísima sonrisa, ni si quiera falsa. Yamato era quien mejor parecía llevarlo de los cuatro, aunque tenía momentos en lo que, a la mínima provocación, comenzaba a soltar un repertorio de chillidos enfurecidos, para luego quedarse largo rato en silencio.

Era de noche, la noche del tercer día. El chico Uzumaki se encontraba sentado sobre un tejado, contemplando con tristeza la gran luna menguante. Desde que había recibido la noticia le costaba mucho dormir, así como comer o siquiera moverse. Quería ser fuerte por su amiga, pero sentía que las fuerzas lo abandonaban poco a poco. No sabían donde buscar, qué hacer. ¿Quién podía ser el mal nacido que odiaba a la pelirrosa? ¿Sería por él, como una carnada? No quería siquiera pensar en sus condiciones. Se había convencido —más que nada para guardar un poco de cordura y no morir de tristeza— de que la chica estaba viva. Lo sentía, de cierta forma. Le dolía mucho el pecho, pero suponía que era por la pérdida. Si algo malo le hubiese sucedido a Sakura —algo malo como que la torturasen o… la matasen— él lo sabría. Así era la conexión que los unía. Si uno era feliz, el otro también lo era; si uno estaba triste, también el otro lo estaba.

—¿Piensas en… en Sakura?

La voz débil y queda de cierto pelinegro hizo a Naruto voltear la vista. Sai estaba sentado a su lado, mirando a su vez al cielo.

—¿Sabes, teme? Nunca creí que de veras la apreciases tanto.

—Siempre le he dicho fea —Un amago de sonrisa pasó por la cara del anbu, pero tan pronto como llegó, se fue—. Siempre nos hemos peleado y cuando la conocí, la traté muy mal. Pero ella y tú han sido los primeros en aceptarme. Ustedes son mis mejores amigos, los únicos a quienes verdaderamente llevo en el corazón.

Naruto sonrió con agradecimiento, y su mirada se perdió en el firmamento.

—Sakura-chan tiene esa habilidad —murmuró, luego de unos segundos. Había cariño en su voz, como si hablar de la chica lo tranquilizase. Sai no lo miró, pero estaba atento a sus palabras—. No puedes no quererla o, simplemente, pasar de ella. Hay algo con ella que… sencillamente te hace caer.

Y la primera sonrisa genuina hizo su aparición en el rostro del pelinegro. Se giró hacia Naruto con determinación.

—Hay que encontrarla, Naruto —El rubio lo miró también, sus ojos celestes brillando con una luz nueva. Una sonrisa, una de esas grandes y zorrunas, se abrió paso entre las comisuras de sus labios—. Kakashi-sensei, Yamato-taicho, tú y yo. Somos su equipo, su familia. Es nuestro deber.

—Hablaremos con ellos mañana, pero lo haremos —Se puso de pie, y su figura pareció nuevamente ese icono de confianza y valor. Les regaló una enorme sonrisa a las estrellas y, como si hablara realmente con ella, dijo—: Espéranos, Sakura-chan. Nosotros iremos a por ti.


Lo que sea que pienses, me ayudara a mejorar. Así que deja un review! Gracias por leer.

Muchas gracias a los que le dieron favoritos o seguir a esta historia. Ustedes también me inspiran a seguir!

Daniiv96: Hola, me alegro que te parezca interesante! Y Saku no está sola: tiene a ese pelirrojo (baba) jaja por cierto que Hidan tiene de lindo lo que le falta de cerebro, pero hay que perdonarlo. Una pelirrosa que yo conozco lo va a cambiar... Aquí la conti, cuídate mucho!

Bloddy Cherry: Hidan se gano a pulso el puñetazo de Saku, hay que admitirlo u.u Pues claro que lo son, más que nada cuando son tiernos y caballerosos *.* jaja cuídate mucho!

Annie Darcy (Niña Bonita): Romántico Hidan? Si..., claro. jaja Crees que le haya desformado ese hermosos rostro? O.o hay que tener cuidado cuando damos esos puñetazos -.- Me alegro de que tengas unas vacaciones, mi semestre comienza en un mes! :'( Estaré esperando ansiosa, a los dos jaja Espero estés bien, muchas gracias por todo el apoyo que me das, es muy importante :D Cuídate mucho, yours!

Itami-chan: Pues de noche me quedaré para ver tus reviews :) Si, lo se, si yo fuera Saku ya me comí a Deidei y a Sasori jeje pero ella espera a alguien mas ^^ Y a Saku le dio un poco de miedo Kisame (imagínate, dos metros de espalda O.O) pero lo que yo quise hacer ver es que el hombre no es malo, se divierte con Saku golpeando a Hidan y la chica no le cae mal. Hay que darle una oportunidad ^^ lo de Hidan, jaja me has hecho reír, creo que él no lo sabe todavía -.- Me alegro de que te gustara, cuídate mucho!

No sabukauchihauzumakiharuno (Amiga plis búscate un nombre más corto): Hola! Me gustan mucho las lectoras fieles :D También me ha pasado de leer hidasaku incompletos, o que lo que menos tenían era hidasaku, pero no te preocupes que yo mi fic lo terminaré cueste lo que cueste, tal vez me tarde un poco, pero lo terminaré (no dejaré que mueras, tranquila) :) Aquí la conti, cuídate mucho!

Polostella: Hello! I'm glad you like it ;) Here's the next chapter, hope you like it too! Take care!