Hola Hola! Me he quedado hasta tarde para traerles este cap, creo que a partir de aquí las cosas irán cambiando :D
Advertencias: En este capítulo habrá insultos que no restringí con los típicos símbolos, sino que los escribí tal cual son. Pienso que así tiene un poco más de sentido. De todos modos, a quien no guste de leerlos, puede saltárselos. No se perderá el sentido de la trama por ello. No volveré a dar esta advertencia, pero tómenla para éste y todos los capítulos que sigan.
Bueno, esta es mi primer historia, así que es probable que cometa algún que otro error. Es un Hidasaku, así que al que no le guste, QUE NO LO LEA!
Declaimer: Naruto y todos sus personajes y paisajes son propiedad del señor Masashi Kishimoto-sama. Sin embargo, yo estoy jugando con sus niños; a algunos los reviví, a otros los deje muertitos y cosas por el estilo.
Cuando despertó, notó que estaba lloviendo. Una luz acuosa entraba por la ventana, al tiempo que miles de pequeñas gotitas heladas la golpeaban con insistencia. El aire era bastante fresco, incluso dentro de la guarida. Un tenue olor a tierra mojada la alertó de que se encontraban en un bosque, o al menos cerca de uno. Lamentablemente, eso solo le trajo recuerdos de la villa, recuerdos de sus amigos, de la gente a la que amaba. Recuerdos de Naruto y ella riendo bajo la lluvia, como los hermanos que eran. Sacudió la cabeza; no se trataba de olvidar, no. Eso nunca. Sencillamente tenía que resignarse a la idea de que pasaría un buen tiempo antes de volver con los suyos. Sasori le dio los buenos días con ese aire mezcla de indiferencia y burla que lo caracterizaba, y le comentó que hacía largo rato que llovía. Al parecer, también hacía rato que él estaba despierto.
—¿Puedo… usar el baño?
—Lo puedes hacer si dejas de balbucear —La pelirrosa se sonrojó y se encaminó a la segunda puerta que había en la habitación.
Al igual que el cuarto en si, el baño la sorprendió. Quizá porque esperaba encontrar un lugar pequeño, sucio, y mal acabado. Por el contrario, lo que vio fue un lugar cómodo y bien acomodado; había una ducha, un pequeño mueble, un lavamanos y el excusado. Todo de cerámica blanca, sobre un piso de cerámicas celestes.
La Haruno miró su ropa y suspiró con desgana. Tres días de vestir lo mismo. Pero, ¿de dónde sacaría otra? Ciertamente no vestiría como hombre, y la verdad era que le daba algo de pavor pedirle algo a la mujer que había visto con el líder. Suspiró con resignación y se metió a la ducha. El agua fría la ayudó a despejarse un poco, aunque no supo si eso era del todo bueno. Quería aferrarse a los recuerdos por miedo a olvidarlos. Se dejó caer por la pared, con un sollozo ahogado. ¡Extrañaba tanto Konoha! Nunca debió haberse echo ninja médico. Pero el error no esta ahí; estaba en su infinita debilidad, en su continua estupidez. ¡Joder, se odiaba!
Unos golpes en la puerta la trajeron de vuelta a la realidad.
—Oye, ¿estás bien?
—Si… dame un minuto.
No obtuvo respuesta, pero se puso de pie y cerró el agua. Se vistió lo más rápido que pudo y salió. Sasori estaba sentado en una silla, reclinado sobre el escritorio. Se acercó muy lentamente a él, pero, vamos, el muchacho era un Akatsuki.
—Mocosa, si lo que quieres es asustarme, podrías esforzarte un poco más.
—Pues, para que lo sepas, no quería asustarte —refunfuño, indignada y avergonzada, cruzando los brazos.
El pelirrojo levantó la mirada hasta encontrarla con la suya y, por primera vez, mostró algo de genuina curiosidad.
—No has balbuceado. Te felicito, mocosa.
—Dijiste que me llamarías Sakura —murmuró, una vez que hubo alcanzado la cama y se sentó en ella.
La típica sonrisa burlona apareció en el delicado rostro del Akasuna, y la chica supo de antemano que tuvo que haber cerrado la boca.
—Bien, te diré Sakura. Pero tú me dirás Sasori, y no balbucearás.
La kunoichi asintió, sintiéndose cómoda por primera vez. Sasori era diferente a la gente que conocía. Era galante, aunque no parecía darse cuenta de ello. Más bien era natural. Había una mezcla en él de indolencia y burla, pero se había ocupado de ella cuando nadie más lo había hecho. Su trato era algo cínico, aunque no rayaba la crueldad, como el de Sasuke. A su pesar, tuvo que admitirse a si misma que le hubiese gustado conocerlo en otras circunstancias, así como a Deidara. Ese nombre disparó una idea algo olvidada en su cabeza: la lista sobre lo que conocía de Akatsuki.
'Bien, Sakura, piensa, ¿qué has descubierto hasta ahora? Su líder es inmensamente fuerte; sus ojos son peculiares, algún tipo de Kekkei Genkai, seguramente. Una mujer lo acompaña; no tengo idea de sus habilidades o cuál es su función. Nunca la había visto en batalla. Akasuna no Sasori no está muerto; por el contrario, goza de una excelente salud', giró un poco la cabeza y lo observó, impasible, mientras dibujaba algo con eterna paciencia. Se obligó a continuar; si su mirada no se despegaba de él, la culpa la embargaría y no quería saber lo que sucedería luego de eso. 'Parece aún más fuerte de lo que era su clon. Deidara tiene ambos brazos; de alguna forma, los ha de haber recuperado. Itachi Uchiha está en la plenitud de sus capacidades; al parecer, es igual de misteriosos y extraño que siempre. ¿Sus propósitos aquí? No tengo idea, aunque sinceramente no creo que él se trague eso de dominar el mundo. Kisame Hoshigaki tiene de altura lo que tiene de fuerza; es decir, demasiada. De todos modos, creo que se compadeció de mí aquel día. Según Sasori él fue quien me trajo. Y por último, las escorias más repugnantes que hayan pisado la tierra alguna vez —bueno, al menos un poco por detrás de Orochimaru—: los inmortales. Por el momento, uno carece completamente de su fuerza, tanto como de su chakra. Tomará algunas semanas para que recupere ambos. El otro solo necesita de unos cuantos días para que el flujo de chakra se normalice; de todas formas, su estupidez parece haberse incrementado con el tiempo. Y eso, ya es decir mucho'.
Sabía algunas cosas, aunque lamentaba que no fuesen más. Necesitaba conocerlos a fondo; saber sus habilidades, sus debilidades, sus gustos, pasatiempos, todo. A eso se dedicaría realmente mientras permaneciese allí. Si en algún momento creía que estaban sospechando, tiraría todo por la borda y se largaría como fuera. Siempre estaba presente la advertencia de que quizá no lograse huir, pero trataba de ignorarla lo más posible. Necesitaba concentrarse.
—¿Sasori? —El chico la miró—. Quisiera salir un poco. Me siento encerrada. ¿Crees que podrías…?
Hizo un gesto con la cabeza, señalando la puerta. La ya tan conocida sonrisa burlona se instauró en los labios masculinos y, alzando los hombros con elegancia, replicó:
—La verdad no tenía nada mejor que hacer.
Abrió la puerta y, como Sakura ya esperaba, la dejó salir primero. El pasillo estaba silencioso y oscuro, con solo unas pocas antorchas iluminándolo.
—¿A dónde quieres ir?
—¿Hay algún campo de entrenamiento o algo al aire libre?
El pelirrojo la miró con abierta curiosidad, pero al final pareció no importarle demasiado, porque le hizo un gesto con la mano para que le siguiera y empezó a caminar. No habían dado muchos pasos cuando —al menos desde el punto de vista de la kunoichi— la desgracia misma se presentó frente a ellos, con forma de atractivo hombre joven y de cabellos plateados. Llevaba puesta la típica ropa de Akatsuki y la capa sobre ella, aunque no llevaba remera de ningún tipo y la capa estaba abierta a la altura del bajo pecho, dejando sus pectorales a la vista de la pelirrosa. Ésta corrió la mirada, con un diminuto sonrojo llegando a sus mejillas.
Los tres se quedaron en silencio por unos minutos; Sakura, molesta y atemorizada —aún no olvidaba que el hombre había tenido oportunidad de matarla y que no lo había logrado solo porque Kisame había intervenido—, Sasori indiferente y Hidan con una creciente diversión. Se irguió en toda su altura y una sonrisa burlona—del tipo de las del pelirrojo que tenía enfrente— se instaló en sus labios.
—Oi, Sasori, ¿Qué se siente andar con una perra? —preguntó, su voz cargada de crueldad.
Sakura sintió que la sangre corría más despacio por sus venas, calentándose al punto de hervir. Esta vez no la dejaría pasar. No usaría la fuerza para que él tuviese ocasión de lastimarla, pero no era ninguna estúpida, y ese infeliz lo iba a ver. Sintiéndose un poco más segura al estar acompañada del Akasuna, sonrió malévolamente
—Bueno, Hidan, no tienes por qué preguntarle a Sasori. Con preguntarle a tu compañero bastará.
El peliblanco siguió sonriendo con burla, evidentemente sin darse cuenta de lo que le acababa de decir. Cuando cayó el en la cuenta, frunció mucho el ceño.
—Perra maldita, ¡por Jashin-sama que te voy a sacar los ojos!
Sasori alzó las cejas, como si de verdad se sorprendiese del arrebato del religioso. Había tal aburrimiento en sus facciones que la pelirrosa pensó que bien podría llevarse con Shikamaru. El inmortal paseó la vista por el uno y por el otro, con la misma mueca de profundo enfado. Pero la chica sabía que no se echaría a pelear con un compañero; el líder podía hacerle Kami sabe qué, y después de todo ella no lo valía.
—No creí que estuvieses tan jodidamente desesperado por compañía que tuvieses que recurrir a una jodida zorra asquerosa como ella. ¡Por Jashin-sama! Preferiría acostarme con una rata.
—Pues créeme que ninguna rata aceptaría acostarse contigo, infeliz.
—¿Alguna vez te has acostado con alguien, maldita perra? —Una sonrisa condescendiente, pero aún burlona, bailó en los labios del inmortal. Se inclinó un poco hacia delante, como estudiándola con cuidado—. Dime, jodida zorra, ¿hubo algún pobre imbécil que no tuviese a ninguna otra perra a la cual joder, y tuvo que conformarse contigo?
Sakura tuvo sentimientos encontrados. Por un lado, se sonrojó violentamente, aún contra su voluntad. Pero por el otro, tuvo una aplastante necesidad de echarse a llorar. Sentía el conocido escozor en la nariz, que rápidamente se trasportó a los ojos, humedeciéndolos. Una última gota de dignidad la hizo darse la vuelta y echar a correr; no podía permitir que ese engendro la viese llorar, jamás.
Sus pies la llevaron por varios corredores, todos igualmente desolados, hasta que se topó con una gran puerta, que abrió de una patada. El viento frío le chocó en pleno rostro. Sin saber cómo, había acabado en el campo de entrenamiento. El lugar tenía un amplio claro, que era completamente rodeado por un bosque. Sabía, por descontado, que no estaba libre; en algún lugar había paredes que encerraban esa zona, haciéndola parte del escondite.
Caminó lentamente por el claro, dejando que las heladas gotas de lluvia la mojasen por completo. No sentía el frío, de todas formas. Cansada, se dejó caer de rodillas. Algo había comenzado a oprimirle el pecho, haciéndole dificultoso respirar. Ahora que estaba sola, no se molestó en contener las lágrimas, que dejaron sus ojos presurosamente.
No había sido lo que había querido decir el religioso lo que la había lastimado, ni mucho menos el tono indulgente que había empleado. Si era por ella, se podía ir al infierno. Era lo que, escondido entre la estupidez del hombre, había salido de sus labios. No era suficiente para que alguien estuviese contento con ella. 'Sasuke', pensó, largando un sollozo lastimero, que se perdió entre el estruendo de los truenos. No había podido hacer lo suficiente para ser lo que el chico necesitaba, lo que quería. Nunca había sido suficiente.
Sus manos, apoyadas en el suelo, comenzaron a hundirse levemente, indicando que la lluvia había hecho barro la tierra. No le importaba encharcarse ni llenarse de lodo. No pensaba en que esa era la única ropa que tenía. Todas esas nimiedades carecían de importancia.
La soledad la golpeó con renovada fuerza, haciendo aún más acongojados sus sollozos. Estaba sola, completamente. Para qué engañarse; Sasori solo estaba siendo amable, no se estaba preocupando realmente. Ni tampoco ella podía culparlo; ¿acaso no estaba a la caza de sus debilidades, para luego ayudar a su villa a asesinarlo? Solo trataban de hacer llevadera su estancia, eso era todo. Naruto, Ino, Kakashi-sensei… todos habían quedado atrás, y la aterraba sobremanera pensar que estaba metiéndose en un terreno del cual, quizá, luego no pudiese salir. Todo había sido una completa locura desde el momento en que Itachi Uchiha —o Akatsuki al completo, le daba igual— había entrado a su vida. El 'si hubiera' no existe, es una manera débil en que las personas tratan de justificar su presente. Pero Sakura no podía evitar pensar que si hubiese ido a esa misión, no estaría metida en ese embrollo. De todas formas, no podía culpar a Tsunade, ni quería hacerlo. Kakashi-sensei le había dado las razones para la decisión de la Sannin, y en el fondo Sakura se sentía feliz de que la mujer la cuidase tanto. Al final, en todo caso, esa preocupación no había servido para nada.
Una sombra le indicó que alguien estaba parado tras ella, aunque reparó en esto solo cuando dicha persona le apoyó una capa en los hombros, protegiéndola del frío. Alzó sus jades hacia su acompañante, y su llanto recrudeció al notar que se trataba de Sasori, mojado de pies a cabeza. La observaba con una expresión indescifrable, aunque la kunoichi ya no encontraba en sus ojos miel esa chispa de burla ni ese halo de indiferencia. Le tendió una mano, que ella dudó en tomar. Cuando lo hizo, el pelirrojo la puso de pie de un tirón y puso ambas manos en sus hombros.
—Es posible que tengas muchas razones para llorar, y lo comprendo; pero escúchame, y hazlo bien: jamás, jamás, dejes que esas razones tengan que ver con Hidan.
—No es…
Pero el muchacho no la dejó continuar —aunque la Haruno dudaba mucho de que realmente hubiese continuado hablando—. Hizo un gesto con la mano y dijo algo como 'necesitas un baño'.
Se encontraba recorriendo los mismos fríos y oscuros pasillos. Estaba temblando un poco, a pesar de llevar la capa de Sasori. A su paso podía notar el pequeño camino de agua que ella y su acompañante estaban dejando, inconcientemente. Sasori no había roto el silencio, y Sakura estaba demasiado agotada para decir nada.
Tan pronto como entraron al cuarto, la kunoichi se quitó la capa y entró al baño. Sasori se dejó caer en la silla, extenuado. Luego de que la chica hubiese salido corriendo, Hidan se había quedado allí plantado, con una sonrisa de autosuficiencia. Sasori no tenía nada que decirle; no era su madre para andar regañándolo y de todas formas le importaba bien poco cualquier cosa que saliese de los labios del inmortal. Lo consideraba tan estúpido como insoportable. Así que se había limitado a dar media vuelta e ir en busca de la pelirrosa, con una idea de su paradero comenzando a formarse en su cabeza.
Un sollozo, proveniente del baño, lo sacó de sus recuerdos. Lamentablemente, él no podía hacer nada. Con el correr de los años, había creado a su alrededor una dura y gruesa capa de hielo para impedir que cualquier sentimiento entrase, o saliese. La Haruno necesitaba alguien que la comprendiese y que la apoyase; y el pelirrojo sólo podía tratar de hacer lo último, aunque de todas formas tampoco estaba muy seguro de cómo hacerlo. 'Quizá hubiese sido buena idea que llamara a Deidara', caviló, para sus adentros.
Sus ojos bajaron a las desordenas hojas que había en el escritorio, y una pequeña sonrisa sincera alzó las comisuras de sus labios. No era un experto en sensaciones humanas, a pesar de ser uno, pero algo le decía que eso le gustaría a la chica. Y si alcanzaba para detener sus lágrimas por un rato, él estaría satisfecho.
Sakura salió del baño con la capa de Sasori aún puesta. Se había restregado los ojos con el deseo de que no se notase las marcas del llanto, pero había sido peor. Sus jades estaban rojos e hinchados, y sentía un poco de jaqueca. Ya no se podía permitir llorar; si seguía haciéndolo, terminaría por marchitarse, como una flor a la que cortan y dejan tirada.
Se sorprendió al notar al shinobi de la arena sentada en la cama, con unos cuantos papeles en su regazo. La observaba con detenimiento, como si quisiese asegurarse de que llegaría a la cama sana y salva.
—Toma —Le entregó las hojas tan pronto como ella se sentó a su lado.
La kunoichi dudó un segundo. ¿No estaría… invadiendo su intimidad al ver sus cosas? Pero él le estaba dando permiso, ¿cierto? Bajó sus orbes hasta la pequeña pila que tenía en sus manos, y éstos estuvieron a punto se salírsele de las órbitas.
Eran dibujos. Dibujos de ella. Había retratado cada ángulo de su rostro; sonriendo, enfadada, mientras comía la manzana que él le había dado. Dormida. Estaba de más decir, por supuesto, que Sasori era un artista magnífico, y que sus dibujos eran como un espejo de la chica. 'Mierda', pensó. Lo había hecho. Se había involucrado. ¡Y eso que esa misma mañana se había instado a no hacerlo! Pero había sido imposible; sencillamente era lo que tenía que suceder. El pelirrojo la cuidaba y, para Sakura, esos dibujos eran un consuelo. Sintió unas pequeñas lágrimas dejar sus ojos, pero no le importó. Por primera vez en días, eran lágrimas de felicidad. Quizá no fuese tan malo después de todo. Tal vez, y solo tal vez, podría hacer de su estancia allí un bonito recuerdo para no olvidar jamás.
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—Naruto, espero que tengas una muy buena razón para haberme llamado aquí hoy.
Kakashi, Naruto, Sai y Yamato se encontraban en el puente, aquel donde se solía reunir el equipo siete. Era el día libre de los shinobis, y los menores habían citado a los superiores temprano en la mañana. El peligris no estaba de su mejor humor; había llegado a la hora pactada —ocho treinta— y no tenía jodida idea de lo que querían de él. Cuando vio llegar a Yamato, sospechó que algo se traían todos ellos entre manos. Sin embargo, el Anbu no tardó en desmentirlo: tampoco él tenía ni idea de lo que querían esos chicos.
—Sai y yo, hemos estado pensando —explicó el rubio, señalándose y haciendo lo mismo con su amigo pelinegro. Kakashi asintió bruscamente, apurándolo—. No podemos dejarnos llevar por la pérdida de Sakura-chan. No sería justo para ella.
Eso terminó de detonar el humor negro que se cargaba el ninja copia. Tomó al rubio por el cuello de su campera naranja y lo alzó con rudeza, haciendo despegar sus pies varios centímetros del suelo.
—¿Y propones que sigamos como si nada hubiese ocurrido? ¡¿Eh?! —lo sacudió, sin darle tiempo a replicar. Yamato apoyó una mano en su hombro y pronunció un suave 'Kakashi-sempai', buscando calmarlo. El jounin cerró los ojos y soltó a Naruto, dejándolo caer al suelo— ¡Creí que eras su amigo!
—Kakashi-san, lo que Naruto trataba de decir es que… —Sai, luego de ayudar al Uzumaki a ponerse de pie, decidió tomar la palabra.
—No me interesa. Me largo.
Dio media vuelta y se encaminó hacia la aldea, sabiendo que si se cruzaba con alguien, seguramente descargaría su dolor y furia en esa pobre persona. Solo tuvo oportunidad de dar varios pasos, porque el mismo chico al que había alzado minutos antes se había plantado frente a él y ahora le reclamaba, a gritos.
—¡¿Se va a su casa a meterse en su libro de mierda?! ¡¿Eso hará?! —El jounin frunció el ceño, sintiendo calentarse su sangre. Para su desgracia, ese gesto no consiguió intimidar a su alumno—. No me interesa lo que usted haga. Pero creí que debía saber que, al menos Sai y yo, no renunciaremos a Sakura-chan. Ella es mi mejor amiga, mi hermana, y no pienso esperar aquí sentado a que la vieja Tsunade me diga que ha ocurrido una tragedia. No pienso permitirlo —Se apartó, dejándole vía libre al Hatake para irse—. Perdí a Sasuke como usted, pero no me voy a quedar de brazos cruzados mientras algún cabrón secuestra a quien más quiero frente a mis narices.
Le echó una última mirada de indignación y decepción, aunque eso no era nada comparado a los que el jounin sentía por si mismo. El chico kyubi deshizo los pocos pasos que lo había llevado hasta estar frente a su maestro. Cuando se reunió con Sai y Yamato, no obstante, dijo, por sobre su hombro, sin darse la vuelta:
—Somos su equipo, su familia. Es nuestro deber protegerla —su tono adquirió un matiz irónico, que usaba cuando quería herir—. Pero no se sienta obligado a hacer esto, Kakashi-sensei. Ninguno de nosotros lo hace por eso. Lo hacemos porque Sakura-chan es muy importante para nosotros, porque la queremos, porque no pudimos protegerla y porque ella merece estar aquí, ser feliz. Me alegra que no esté aquí para presenciar cómo el hombre que es un ejemplo para ella, al que considera un amigo, un mentor y un padre, le da la espalda sin pensarlo.
Quizá iba a decir algo más, pero cualquier palabra quedó ahogada en su boca cuando la mano del ex-Anbu se cerró sobre su garganta, estampando su espalda contra un árbol.
—Nunca vuelvas a decir que le doy la espalda a Sakura —su voz sonó queda y quebrada, y el rubio supo que había conseguido su propósito: por supuesto que no se creía todo lo que había dicho, pero tenía que incentivar al sensei de alguna manera—. Tú y ella son lo único que me queda, son mi familia. Lo que más quiero en el mundo es traerla aquí, y que sea feliz.
Una notoria sonrisa zorruna se plantó en pleno rostro del Uzumaki. Kakashi lo soltó y se alejó un paso.
—Entonces ayúdenos a encontrarla, Kakashi-sensei. Porque sé que allí donde esté, Sakura-chan nos está esperando. A los cuatro.
Lo que sea que pienses, me ayudara a mejorar. Así que deja un review! Gracias por leer.
Muchas gracias a los que le dieron favoritos o seguir a esta historia. Ustedes también me inspiran a seguir!
Vampire Andrea: Muchas gracias! De verdad que me alegro que te parezca genial ^^ Y con respecto al castigo de Hidan, créeme que es un castigo que nunca espero :P Aquí la conti, cuídate mucho!
Annie Darcy (Niña Bonita): Perdona, es que es difícil a veces captar el sarcasmo a través de la escritura -.-' Lo que pasa es que estoy acostumbrada a escribir novelas, por lo tanto mi escritura se toma su tiempo, me gusta detallar y cosas así. Esta historia tendrá puff muchos caps ^^ Se que lo de su hermoso rostro lo dijiste porque tu lo piensas! Pero me quedare tranquila, confío en tu promesa de traérmelo si lo encuentras :D Estaré esperando tu dibujo, será mi primer regalo (emoción on) :') Muchas gracias, como siempre, por tus ánimos; eres lo mejor. Cuídate mucho y suerte en lo que quiera que hagas. Tuya!
Itami-chan: Me pasé de noche como tu :D Creeme que lo de Naruto era necesario, a mi me parece que así se sentiría él si alguien raptase a Saku u.u Me alegro que pienses eso, como le dije a Annie lo que pasa es que estoy acostumbrada a esta forma de escritura lenta y detallada, y hay quienes no soportan eso. Me gusta que apruebes como lo llevo! Eres una perv! jaja (haría lo mismo, em). Puedes comentar a la hora que tu quieras, mientras lo hagas! Cuídate mucho, bye :)
No sabukauchihauzumakiharuno: Si, se que es muy complicado u.u pero al menos tendremos que encontrar un sobrenombre, no se, diminutivo, algo! Para que sea más fácil llamarte ;) Pues todos estos chichis son unos jodidos perfectos caballeros *.* Deidei y Saso-sexy se preocupan por ella, y el team 7 sufre su pérdida -.- todo mejorará, quizá ^^ Y a Hidan... le dará su merecido de una manera que el no se esperará. Cuídate mucho!
Bloddy Cherry: Me alegro que te gustase, trato de no modificar mucho sus personalidades, al menos no si no es necesario. Cuídate mucho!
Minene Uryuu: 'Ese Sasori se le está insinuando, es un pillo xD' Créeme que cuando leí eso, casi me caigo de la silla de la risa. Pues, él es galán por naturaleza, no lo hace a propósito (? Mentira, es un pervertido! jaja No, en realidad es un chico lindo y caballeroso que se preocupa por ella. Ya veremos como termina todo con ellos. Me alegra que te gustase el cap! Y con lo de las sugerencias, ya sabes, cualquier idea loca que se te cruce por la cabeza que tenga el sello de 'Hidasaku', ya sabes cómo mandarme un Pm. Siempre los recibiré agradecida! Cuídate mucho, Saludox!
