Dzień dobry, drodzy czytelnicy! Cómo han estado? He de admitir que las (y los) extrañé mucho! He estado algo complicada, creo que las vacaciones me dejaron una idea algo pobre sobre los estudios, así que la realidad me golpeó con inusitada fuerza.
Como de costumbre, espero que todos se encuentren bien y gocen de buena salud. Me gusta pensar que leer 'Unexpected Ways' les libera un poco la mente y que, al menos por un segundo, están algo más felices.
Este capítulo va especialmente dedicado a una personita fantástica, a la cual ffnet me hizo conocer. Querida Niña Bonita, Annie Darcy, Monse, te lo dedico a ti! Gracias por el continuo apoyo, tu nunca faltas! Te quiero mucho!
Advertencias: La clasificación posteriormente subirá a M.
Bueno, esta es mi primer historia, así que es probable que cometa algún que otro error. Es un Hidasaku, así que al que no le guste, QUE NO LO LEA!
Declaimer: Naruto y todos sus personajes y paisajes son propiedad del señor Masashi Kishimoto-sama. Sin embargo, yo estoy jugando con sus niños; a algunos los reviví, a otros los deje muertitos y cosas por el estilo.
—¿Qué es lo que más te gusta de este lugar? —le preguntó Sasori a su compañera de cuarto, cuando la vio salir de la ducha con una toalla entre las manos, lista para secarse su rosado cabello.
—Tú —le replicó, sin necesidad de pensarlo siquiera.
El pelirrojo sonrió con altanería, como siempre que ella reconocía su superioridad en algo. La contempló mientras se le acercaba y se sentaba a su lado en la cama, con una tranquilidad exquisita. Diez días habían pasado desde que el líder la había llevado allí y, al parecer, se estaba adaptando bien. Las perpetuas discusiones con Hidan continuaban con normalidad —el peliblanco ya no amagaba con atentar contra su integridad física y, por alguna razón, siempre terminaba la discusión con una sonrisa enigmática y diabólica, que no auguraba nada bueno—, al igual que las que mantenía con Deidara. El Akasuna había notado, no sin cierto asombro y diversión, que el adolescente se volvía algo brusco cuando la chica le prefería por sobre el rubio. 'Así que este mocoso está celoso…', caviló, luego de varios 'choques', y decidió divertirse un poco con el niño. Desde aquel día se le insinuaba en el oído a la kunoichi, solo para que ella se sonrojara y Deidara saliera del cuarto pitando, amenazando con explotar de rabia. Era algo que al marionetista le causaba por demás gracia, y no se cuidaba de burlarse cada vez que tenía la oportunidad. Su carácter, en esencia cínico y burlón, no le permitía mantener calladas las réplicas mordaces.
—Ya mismo estoy corriendo a decírselo al mocoso de Deidara —ronroneó, vanagloriándose del bochorno que se apoderó de la chica.
—No te atrevas, cabrón —le gruñó, lanzándole la toalla a pleno rostro.
El hombre se la quitó de la cara, aún tratando de contener las carcajadas. Cuando lo consiguió, tomó aire e inquirió:
—¿Qué es lo que pasó entre él y tu?
Sakura suspiró. No quería hablar del tema, la avergonzaba sobremanera; pero Sasori era ahora su amigo más cercano, y quizá hablar con él la ayudaría a quitarse ese peso que se había instaurado en su espalda desde el acercamiento con el amante de las explosiones. Sintiendo la sangre correr hacia sus cachetes, murmuró:
—Casi nos besamos…
Notó que el muchacho a su lado contenía el aire un segundo, para luego endurecer la expresión.
—¿Debería hacerme cargo del mocoso? —le preguntó, aunque sonaba más bien a la constatación de un hecho.
—¡No! —se espantó, cuando imaginó la infinidad de torturas que seguramente pasaba por la cabeza del pelirrojo—. En realidad, solo nos acercamos. Luego apareció Hidan…
Las facciones de su amigo volvieron a su indiferencia natural, aunque esbozó una sonrisa —eternamente socarrona—.
—Creo que por primera vez en la vida experimento algo cercano al agradecimiento hacia Hidan.
La kunoichi entrecerró los ojos y él sonrió aún más, completamente inconsciente de que muy pronto se tragaría sus palabras como si de vidrio se tratara.
Salieron al pasillo y Sakura no pudo dejar de notar que el muchacho hacía la vista gorda y pasaba de la puerta de su subordinado sin decir nada. 'Sobreprotector', se mofó la chica, y golpeó suavemente dicha puerta, susurrando un: 'vamos a desayunar', segura de que el adolescente la oiría. En efecto, el rubio no tardó en salir, aún acomodándose la capa sobre los hombros. Contempló los ojos verdes frente a sí, y luego la espalda de su Danna, que se había detenido a unos cuantos metros. Las quejas no tardaron en venir.
—¡Ah, me quería dejar tirado, Danna, un! ¿Qué le pasa?
—Muévete, mocoso. No me gusta esperar —le espetó, por sobre el hombro.
Deidara acomodó su capa de un tirón, indignado, y se apresuró a alcanzar a sus compañeros. Pero tener a su maestro a su lado no hizo más que aumentar sus lloriqueos.
—Danna, ¿qué le pasa, un? ¡No he hecho nada malo esta vez! —se quedó un segundo en silencio, sopesando sus propias palabras. Una idea más bien mala pareció llegarle a la cabeza—. ¡Si encontró alguna marioneta rota, le juro que no fui yo! ¡Fue ese energúmeno de Tobi, un!
Los ojos miel se dirigieron raudos hacia los del menor, con una frialdad que pudo haber congelado el infierno. El chico se replegó al instante, separándose de su Danna.
—Si encuentro un solo desperfecto, tú serás su reemplazo, Deidara. Ya lo sabes.
Y decidió ignorar la verdadera pregunta del rubio, o porque no sabía qué decir, o porque no le importaba lo más mínimo dejarlo con la duda.
De todos modos, cualquier enfado previo se evaporó en el aire cuando llegaron a la cocina, casualmente al mismo tiempo que el líder y Konan —a quienes saludaron con una inclinación de la cabeza, antes de quedar completamente shockeados—. Decir que estaban sorprendidos era dejarlo corto. Incluso Pain, que hacía gala de una seriedad aún mayor que la de Sasori, tuvo un pequeño lapso de asombro, en el que frunció ligeramente el ceño, antes de relajarse y volver a su normalidad.
Sakura, por su parte, abrió la boca y se quedó estática, sin saber qué hacer. Tenía la lengua paralizada, aunque, ¿qué iba a decir, de todos modos?
Hidan estaba sentado en una de las sillas, con actitud desenfadada y petulante, como si encontrarse con todos ellos hubiese sido exactamente lo que estaba esperando. Su sonrisa torcida, si bien le daba un aspecto algo desquiciado a su expresión, pretendía ser de lo más inocente. '¿De lo más inocente? ¿Con lo que está haciendo?', se enfureció la pelirrosa, aunque su lengua seguía suficientemente trabada como para exteriorizar el pensamiento.
Y es que el problema no estaba en la actitud del inmortal —él nunca conocería lo que era la moderación, el respeto y la humildad—, sino en su peculiar compañía. Una despampanante mujer de unos veinte años, con el cabello rubio y lacio y unos increíbles ojos azules, que parecían el mar a medianoche. Su piel era de un color cremoso y se adivinaba suave, y su cuerpo tenía más curvas que una pista de carreras. Vestía un kimono cortísimo —que Sakura hubiese usado de remera—, que rebelaba unas piernas torneadas e infinitas. 'Una verdadera perra', rumió la kunoichi, nuevamente dentro de su conciencia. No podía creerlo. ¿Cómo se había atrevido ese enfermo mental a traer semejante… chica, a un lugar que compartía con diez personas más?
—Hidan —El nombre del inmortal salió de los labios del pelinaranja con cierta reticencia, como si no fuese realmente esa la forma en la que quería llamarlo— ¿Quién es ella? ¿Y qué es lo que hace aquí?
—Joder, Pain —soltó el religioso, aún conservando esa sonrisa de suficiencia. Un pequeño rictus apareció en el rostro del líder, y Sakura estuvo segura de que se las cobraría con el peliblanco algún día—, ella es Minako Hitomi. Tú trajiste a esa perra, ¿por qué no podía traer yo a alguien?
—Sakura es una ninja médico, Hidan —gruñó, la voz cada vez más grave y profunda. La pelirrosa se estremeció, aunque sabía que la furia del hombre no iba dirigida a ella—. La ninja médico que, por cierto, reconstruyó tu cuerpo. Esa mujer ni siquiera es shinobi. Sabes que tendré que matarla tarde o temprano.
La tal Minako ni siquiera se inmutó ante tamaña declaración. Parecía que el rostro del hombre a su lado era demasiado interesante como para sacarle los ojos de encima. Había tal deseo en sus facciones que la pelirrosa sintió nauseas. '¡Y después se atreve a llamarme perra a mi!', se indignó la kunoichi, deseando fervientemente golpear a alguien.
—Pain —Konan tocó suavemente el brazo de su compañero, y éste clavo sus ojos en ella. Intercambiaron una intensa mirada por unos segundos, que, al parecer, fue más que suficiente para comprenderse.
—Bien. Hidan, haz con ella lo que quieras. Queda completamente bajo tu responsabilidad. No la quiero estorbando, ¿entendido? —El Jashinista asintió, murmurando un: 'ni que fuese a salir de mi cama', por lo bajo—. Y, por supuesto, no puede salir de aquí. Es todo. Buenos días.
Él y la peliazul salieron por donde habían venido. Aparentemente habían perdido el apetito con la pequeña discusión.
El comedor se sumió en un silencio por demás incómodo, más que nada para los recién llegados. La pelirrosa sentía tal nudo en la garganta que creía que no podría volver a tragar jamás. Si sacaba un kunai, seguramente podría oír el aire cortarse en pedazos. Quiso decir algo, pero su lengua —'¡Ah, maldita sea!'— seguía completamente paralizada. Necesitaba desesperadamente salir de ahí, alejarse de la mirada airosa del inmortal, esconderse del asco que había en los ojos de la muchacha rubia cuando éstos se encontraban con los suyos.
—¡Ah, el líder trajo otra chica bonita! ¡Tobi es un buen chico! ¡Qué feliz está Tobi! —los chillidos pronto se acercaron a una distancia peligrosa de los de la kunoichi, que alejó la cabeza instintivamente. Una gran jaqueca amenazaba con instalarse en su cabeza, lo cual acarrearía un humor del demonio.
—No la trajo el líder, ateo imbécil, la traje yo —explicó Hidan, mirándolo con los ojos entornados. Luego contempló a su víctima, que parecía haber visto a la muerte misma frente a ella— ¿Y, perra? ¿Cómo te sientes ahora, con competencia?
—¿Competencia? —repitió la aludida (gracias a Kami, encontrando de una vez su voz), con un tono ligeramente agudo— ¿Cuál competencia? Esa mujer es una prostituta, infradotado. No jugamos en el mismo juego
La insultada dirigió sus esplendidos ojos azules hacia ella, con un asco que difícilmente podía disimular. La estudió de arriba abajo y sonrió, con una arrogancia que casi volteó a la ninja médico. '¿Acaso se cree superior a mi?', chilló, en su cabeza, y la fulminó con sus orbes jade. Eso era personal, no había duda. Evidentemente, esa mujerzuela tenía objetivos muy diferentes a los de la kunoichi, en tanto a relaciones con los Akatsukis se trataba. Pero se tendrían atragantadas la una a la otra por siempre, de eso estaba segura. Sus esmeraldas se dirigieron a las amatistas, con un odio tal que pudo haberlo prendido fuego si lo hubiese pensado. Siempre lo había catalogado de imbécil, de cabrón sin igual, pero parecía que todos esos epítetos le quedaban insultantemente pequeños. Si creía que odiaba al Uchiha mayor por sobre todas las personas, se había equivocado atropelladamente. Lo que sentía por ese inmundo religioso no tenía parangón, sobrepasaba los límites de lo imaginado, y con creces. Apretó los puños al punto de hacerse daño.
—Sakura-chan, ¿estás bien? —se preocupó el menor, tironeándole de la camisa. La Haruno se quitó su mano de encima y, con toda la dignidad que aún se cargaba, dio media vuelta y dejó el lugar. No quería ver ni un segundo más la forma en la que esa… esa… ¡Bah! Esa mujer, miraba a Hidan; como si lo único que tuviese en mente para aquel día (y todos los que le siguieran antes del Apocalipsis) fuera llevárselo a la cama y no dejarlo salir de ahí. Y, aunque no debería importarle una mierda, no pudo evitar preguntarse si ese estúpido inmortal había llevado a esa chica ahí… por su culpa.
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Todos los presentes se quedaron en silencio luego de que Sakura saliese de ahí, casi despavorida. Tobi —cómo no—, ajeno a lo que se cocinaba a su alrededor, fue el primero en reaccionar. Se volvió hacia su sempai e inclinó un poco la cabeza, como si algo le pesara.
—Sempai, ¿Tobi fue un mal chico? —su voz, si bien generalmente era aniñada, ahora sonaba torturada, como si decir que era un mal chico fuese lo peor que podía pasarle.
Deidara, distraído como estaba —más bien, concentrado en perfeccionar el arte de desintegrar a alguien con la mirada—, no atinó a nada por unos segundos.
—¿Qué, un?
—Sakura-chan parecía estar muy mal, y Tobi cree que es por su culpa —explicó el menor, aún más acongojado—. Sempai, ¿Tobi fue un mal chico?
El rubio lo contempló como si se hubiese vuelto loco. Y, por primera vez, le contestó sin insultarlo.
—Tú no le hiciste nada a Sakura, un. Aunque, ahora que lo mencionas…
—Iré a buscarla —lo interrumpió Sasori, dándose la vuelta.
—Yo iré con usted, Danna, un.
El Akasuna le dirigió una mirada de advertencia que hizo que el adolescente se replanteara seriamente lo que acababa de decir. El pelirrojo podía aparentar ser delicado y tranquilo, pero también podía asesinar a alguien con solo echarle una de esas miradas.
—Yo iré por ella, y punto.
Y sin más, desapareció de la vista de los presentes. El artista se quedó allí plantado unos segundos, sin saber muy bien qué hacer. Si bien quería ir a consolar a la kunoichi, estaba seguro de que su maestro era capaz de sacarle las viseras por los oídos si siquiera se le pasaba por la cabeza desobedecerlo. Y, bueno, a él le gusta mucho el lugar en el que estaban sus viseras ahora, y no quería que cambiaran.
—¿Cómo se llama él? —preguntó Minako al hombre que se sentaba a su lado, con una voz suave y sensual, capaz de derretir a cualquier hombre.
—Deidara-chan —contestó el peliblanco, con malicia, y agregó—: Pueden intercambiar opiniones de ropa. La rubia es buena en eso, ¿a que si, Deidara-chan?
—¡Soy un hombre, un! —se enfadó el joven, ruborizándose como siempre que el inmortal ponía en duda su masculinidad.
La chica lo estudió con descaro y le regaló una sonrisa sugerente, que el adolescente trató de ignorar. Acalorado, dirigió su vista al chico que había a su lado, y chasqueó la lengua.
—Me voy a explotar algo. ¿Vienes, Tobi, un?
El pelinegro, aún cabizbajo, asintió y siguió a su sempai, arrastrando cansinamente los pies. El rubio, inconcientemente, tenía los puños bien apretados, lo que solo acrecentó el malestar del enmascarado.
Cuando ambos se perdieron de vista, la estupenda rubia se volvió hacia Hidan y le sonrió con descaro. Acercó una de sus pequeñas manos de dedos y uñas cuidadas y la posó en su cuello, haciendo una leve presión. Posó sus carnosos labios carmesí sobre el oído del inmortal y exhaló aire, haciendo que el hombre se tensase un segundo.
—No te importa que conozca un poco más a tus amigos, ¿cierto? —ronroneó, con los labios aún sobre la oreja del muchacho.
—Haz lo que quieras con ellos. Pero no olvides para qué viniste aquí.
—Claro que no, cariño. Uno de ellos es ese rubio, ¿no es así? —El otro asintió en respuesta. La chica sonrió y se relamió los labios—. Bien. Me agradará bastante pasar tiempo con él. Y el otro, es un pelirrojo, ¿no?
—Si. Es el único jodido pelirrojo aquí, así que no te costará encontrarlo.
La muchacha sonrió y posó una de sus manos en la pierna del religioso, subiendo a través de esta con lentitud. Hidan soltó un suspiro.
—Mientras tanto, ¿por qué no vamos a divertirnos un poco? —La pregunta, en realidad, no era tal; ella ya sabía, por descontado, que ningún hombre se le negaría. Por eso había aceptado el pequeño trabajo impuesto por el peliblanco: además de que la paga tenía un cuerpo creado por los dioses y unos ojos amatistas que podían llevarla a otro universo, en el transcurso de dicho trabajo podía disfrutar también en los brazos de algunos de los hombres más atractivos que había visto.
El Jashinista sonrió, sin inocencia, sin cariño, y le tironeó del brazo. ¿Por qué hacer sufrir a la perra rosa no podía ser placentero desde el principio? Divertirse con esa rubia no interferiría en sus planes; al contrario. Y él, por Jashin-sama, jamás se opondría a una noche de diversión.
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—Sakura, es mi cuarto también. Ábreme la puerta —pidió Sasori, utilizando toda su paciencia (y la que no tenía, también). Sabía que ella no estaba de muy buen humor, y aquel día en particular no tenía ganas de terminar con un diente menos, o de nuevo cuadro en la pared de su habitación.
La Haruno no le respondió. Ya desde afuera, el pelirrojo podía imaginarse a la pelirrosa; sentada en la cama, con las piernas recogidas y la frente sobre las rodillas. Quizá llorando. No lo sabría hasta que ella se decidiese abrirle la puerta. Pero, ¿eso iba a pasar…?
Suspiró, tratando de poner la cabeza en blanco. Era difícil para él aceptar que realmente se preocupaba por alguien que no era él mismo. Le costaba aceptar que, la verdad, quería tirar la puerta abajo y abrazar a la chica, prometiéndole que todo mejoraría. ¿Cómo debía comportarse? Por un segundo, deseó no haberse ido nunca de la villa, haber experimentado esa sensación de protección miles de veces, tener alguna clase de experiencia en relaciones humanas. La chica que se encontraba encerrada al otro lado de la puerta era demasiado expresiva con sus sentimientos, mientras que él había olvidado que los tenía hacía muchísimo tiempo. Aunque sentía cierto afecto por su compañero Deidara, tenía que admitir que esta chica le provocaba algo mucho más profundo. Se sentía como un hermano mayor con su hermanita pequeña. Era la primera persona que lo aceptaba completamente como era; no criticaba nada, no reprochaba nada. Y sabía que ella se apoyaba en él porque lo consideraba su amigo, su único amigo allí. Volvió a suspirar. Las emociones eran algo totalmente desconocido para él; lo último que recordaba haber sentido era pena y rabia por la muerte de sus padres. Y eso había sido hacía tanto tiempo…
—Sakura, tienes un segundo para abrirme la puerta. Si no lo haces, la tiro abajo —le advirtió, controlando su voz.
Sonrió fugazmente con orgullo cuando, inmediatamente después de que las palabras fuesen dichas, la puerta se abrió. Sakura escondió sus ojos con su cabello, bajando la cabeza. Soltó la puerta y volvió a sentarse en la cama, con actitud desesperanzada, como si, de pronto, la realidad le hubiese caído sobre la cabeza, otra vez. El Akasuna no reaccionó por un minuto o dos, pero luego se sentó en la punta del colchón, justo donde terminaban los pies de la chica. Estudió su rostro, buscando signos de llanto, pero sus mejillas estaban limpias… y pálidas. Muy pálidas.
—¿Quieres hablar? —tanteó, incapaz de ofrecerle más que su ayuda.
La kunoichi negó con la cabeza y luego giró ésta hacia la pared, aspirando con fuerza. Se restregó los ojos —'Así que si había llorado', pensó el hombre— y, cuando habló, su voz sonó aterradoramente baja y vibrante.
—Sasori, no tengo un futuro aquí… lo sabes, ¿cierto?
El muchacho cerró los ojos y suspiró.
—Nadie aquí tiene un futuro —quiso morderse la lengua hasta cortársela y luego tragársela cuando vio la mirada en los orbes jade de la chica—. Lo lamento. A lo que me refiero es…
—Ya —la pelirrosa lo calló con un gesto de la mano, el rostro aún vuelto hacia la pared—. Te entiendo —volvió a suspirar y, cuando dirigió sus jades a los ojos de Sasori, éste se tensó un segundo. No había brillo en esas esmeraldas, no había cariño, no había decisión. No había nada. Pero, aún así, la muchacha le sonrió con dulzura—. Me hubiese gustado conocerte en otras circunstancias, ¿sabes? Hubiésemos podido ser amigos.
—Somos amigos —ratificó el pelirrojo, sintiendo que se sacaba de encima un enorme peso. Le sonrió con altanería y agregó—: Ya te lo dije, nadie puede resistirse a los pelirrojos.
A su pesar, la kunoichi rió.
—Yo conozco a otro pelirrojo; Gaara. Él, ¿cómo decirlo? Era un perfecto cretino —soltó otra pequeña risa y apoyó la espalda en el respaldo de la cama, relajando considerablemente su cuerpo—. Pero es el perfecto ejemplo de cómo las personas pueden cambiar. Cuando supimos que Deidara y tu habían ido a secuestrarlo, todos salimos corriendo a buscarlo. Él es ahora el Kazekage, y yo creo que es una gran persona. Así que supongo que tienes razón; ustedes los pelirrojos son algo irresistibles.
—En cambio las pelirrojas… Ésas si que son insoportables.
—Lástima para ti, estúpido —retrucó ella, y tomó un mechó de su propio cabello, mostrándoselo al chico— Mi cabello es rosa. Pero, claro, tú ya estás algo viejo para ver completamente bien.
La mirada en los ojos miel, si bien pretendía ser filosa, solo consiguió ser cariñosa.
—Los morenos también tienen su atractivo —soltó Sakura de repente, con un tono de voz casi inaudible.
—Puede ser —replicó el Akasuna—. Lástima que la mayoría de ellos no sea capaz de hablar más de dos palabras juntas, ¿eh?
La Haruno asintió y ambos permanecieron en silencio; Sasori pendiente de la chica, y ella perdida en sus pensamientos. Su mente voló inmediatamente a un pelinegro en particular, un Uchiha. Y, por primera vez en la vida, éste no se llamaba Sasuke
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—Oiga, Kakashi-sensei… —Naruto titubeó, inseguro de exponer sus pensamientos.
Todos los hombres se detuvieron, pendientes a las palabras del Uzumaki. Hacía aproximadamente cuatro horas que se habían puesto en marcha, luego de descansar y reabastecerse de alimento. Por el momento, las esperanzas estaban caminando en una finísima línea, siempre listas a caer y desaparecer por completo. Pero la voluntad de los hombres era férrea, y las sujetaban como si de un salvavidas en medio del océano se tratara.
—¿Qué pasa, Naruto? —inquirió Kakashi, a quien, en silencio, todos había legado el mando.
—Bueno, estaba pensando… —una gotita cayó de la cabeza del jounin mientas murmuraba entre dientes: 'Bueno, esto tiene que ser importante'—. Hemos estado buscando en cada bosque, lago, montaña y barranco que se nos ha puesto enfrente —El peliplata le hizo una seña para que continuase, ahora más atento a su explicación—. ¿Recuerda el secuestro de Gaara? Pues bien, ellos estaban en una cueva. Una cueva con un lago. Una cueva perdida en un bosque.
El ninja copia se quedó rígido, preguntándose por qué demonios no se le había ocurrido antes. Quizá, la desesperación por encontrar a Sakura había sido demasiada, y no había puesto la cabeza en frío correctamente. Si bien siempre estaba activo, la verdad era que por las noches tenía que hacer un esfuerzo hercúleo para dormir. Si cerraba los ojos, la culpa y la desesperación lo embargaban, y estaba seguro de que eso no era lo que tenía que reflejar ante su equipo. Ante ellos tenía que permanecer fuerte e imperturbable —aunque, al mirar a sus compañeros, sabía que todos la pasaban igual de mal. Yamato y Sai se revolvían mucho en sus sueños, y en ocasiones Naruto permanecía contemplando las estrellas cuando creía que nadie lo veía, con una aureola de dolor que era casi palpable—.
Sacudió la cabeza y se centró en la información recién adquirida. La cueva a la que habían ido a buscar a Gaara… Suspiró derrotado, recordando con exactitud la complejidad de aquel lugar, con sus cinco sellos, y los clones. Pero no podían seguir allí, ¿cierto? Debían haberse movido. Y, sin embargo…
—Bien, Naruto. Creo que debemos arriesgarnos. Ahora no está Neji para buscar los sellos restantes, por lo que tendremos que usar a mis perros, y tardaremos más. Además, no podemos hacer nada de escándalo, y debemos bajar nuestros niveles de chakra lo suficiente para no ser notados —Se volvió hacia los Anbu—. Naruto y yo les explicaremos por el camino lo que debemos hacer, ¿entendido?
—¡Hai! —asintieron todos.
—Bien, ¡en marcha! —Y, por lo bajo, terminó—: Sakura, espéranos, ¡vamos a por ti!
Lo que sea que pienses, me ayudara a mejorar. Así que deja un review! Gracias por leer.
Muchas gracias a los que le dieron favoritos o seguir a esta historia. También a los que le dieron alerta. Ustedes también me inspiran a seguir!
Bloddy Cherry: Tendrás esa duda algo más de tiempo, pero creo que puedes ir haciéndote una idea de lo que Hidan se está cocinando (y uso esta expresión porque el bastardo se está metiendo con fuego, y ya sabes lo que le pasa a la gente que se mete con fuego...). También yo amo sus peleas, tanto las verbales como las físicas! Cuídate mucho!
Itami-chan: Hola, querida! Esta página está en contra de tu muñeco de Hidan-sexy, Jashin-sama los castigará! -.- A mi me causó mucha tristeza la historia de nuestro amado Tobi, pero puedo decirte que se irán revelando aún más cosas sobre este misterioso niño bueno (porque él, después de todo, ES un buen chico). Fíjate que Deidei es un celoso, aunque no nos molestaría que lo haga con nosotras, a que no? Ese rubio es una pasada xD Se nota que amas a Ita-kun, yo también lo hago, así que con eso ya te imaginas como terminará ese moreno de infarto. Pobre Pain, él también tiene sus complejitos... Pero hay que amarlo! Es un pelinaranja sex-symbol o.o Bueno, yo esperaré una eternidad si es necesario para ver la foto, le ganaremos a esta página del mal! ^^ Cuídate mucho!
Minene Uryuu: Bueno, dejaré que tu imaginación vuele (si fueras tan amable de mostrarme esos doujinshis... ejem, ejem, Laly es una chica buena... xD) Mmm, gracias por leer? (no se por qué lo has puesto, pero de todos modos gracias ^^). Eso dice que tenemos pasiones parecidas, mira, ya van dos, Hidan-sexy y leer! jaja Cuídate mucho!
Annie Darcy (Niña Bonita): Oh, son unas ladronas! Mensajes subliminales?! WTF?! Y yo ni enterada? Masashi, yo que tu me cuidaría las espaldas ¬¬' Pero, qué decirte, Naruto es adictivo, no dejaría de mirarlo ni aunque fuese a salir uno de sus personajes de la pantalla y me fuese a comer (bah, digamos la verdad, si fuese un Akatsuki, o Kakashi, o Gaara, creo que hasta me serviría a mi misma en un plato, solo para ellos ^^). Hidan tendrá que caminar con muuucho cuidado, pero, lo hará? Es cosa suya. Y Tobi, no me negarás que es la cosita más hermosa del universo. Él y su historia trágica! Pero aún hay más del buen chico, ya lo verás. Y te apesta a Deicelos? Es que el es, ¿cómo decirlo?... ¡Muy explosivo! (si, como su cochina arcilla). Es demasiado inconsciente, para él todo su mundo es Saku y su Danna u.u Con respecto a Ita-kun... con saber que lo amo más que a nada en el mundo (bien, soy una retorcida, también digo eso de Saso-sexy, y de Hidan-sexy, y de Tobi... en fin -.-) te imaginarás como se abrirá todo para él. Es demasiado tierno para no querer comérselo. La canción, por si la quieres escuchar, se llama 'Old and Wise', y es de un cantante genial llamado Alan Parson. Te la recomiendo ;) Muchas gracias por los buenos deseos, son los mismo para ti, lo sabes ^^ También eres especial para mi, eres mi niña bonita y mi amiga vía internet! :D Cuídate mucho, querida! Tuya~
Yasz: I love you too! :D Me alegro que te gustase el regalo ;) Ita-kun solo necesita espacio y tiempo y él puede colarse dentro de cualquiera. Mira que con esa historia sobre los hombros y esa carita...! No, es definitivamente irresistible ^^ Gracias por lo de los estudios, cuídate mucho!
ImVicky: Me alegro mucho de que te guste como avanza :D Creo que, aunque no me lo digan, hay personas a las que les molesta que el HidaSaku se tarde, pero veo que a ti no, y no sabes como me alegra! Gracias por esperar, eres tan linda ^^ Gracias por los buenos deseos, y cuando dices HidaSaku en bruto... te refieres a eso literalmente? Porque los golpes no faltarán en esta relación xD Discúlpame, sentí necesidad de soltar una tontería. Ahora, siendo serias, creo que todavía tendrás que esperar un poco por la unión plateado-rosa, pero me alegro que te gustara el leve Deisaku :D La verdad, creo que sería absurdo decir que la chica está con los posibles diez sex-symbol de la historia y solo se fija en Hidan. Además, el rubio está siendo amable, y ninguna chica se resiste a eso. (Ja! A ver como le haces para atraerla a ti, Jashinista estúpido!). Pero, todo puede cambiar en un segundo... (me fui por las ramas de una manera increíble!) Ya, dejo de tomar tu tiempo, Cuídate mucho!
