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EL HUÉSPED

ón

Un día más agoniza en la ajetreada ciudad de Nueva York.

El Sol va ocultándose por detrás de un alto edificio, tornándose, no únicamente el Astro Rey, sino también las paredes de vidrio del edificio, de un naranja intenso. Su despedida va siendo muy pero muy lenta, como si adivinara que, si le da paso a la Noche… algo funesto sucederá. Así que va alentando su retirada, concediendo a los humanos de toda la luz y, por tanto, de toda la seguridad que puede brindarles en ese tiempo que le es posible frenar la llegada de la Oscuridad.

Pero como el Tiempo jamás se detiene por nada ni por nadie, del Día no queda más que un manchón naranja, y muy de cerca lo sigue otro manchón, pero de color azul oscuro, que ya abarca todo la extensión del cielo.

La Noche con ansiedad va devorando lo que queda de luminosidad, como si quisiera adelantar esa desgracia que ella también predice sucederá.

Y Noche con curiosidad morbosa,

observa impasible

cómo mi vida se extingue,

cómo es arrastrada por un río de sangre

que de mi pecho, su caudal,

no hay manera de evitar que emane.

.

Me es más difícil,

más doloroso,

cada suspiro,

cada latido.

.

Y de Noche,

de Estrella,

de Aurora…

Luna se conmueve;

es la única.

.

Humilde, deja los cielos,

Y sus níveos y desnudos pies,

tocan el inmundo suelo.

.

Con fuerza me aferra.

Me consuela.

.

Se tiñe de rojo

su virginal regazo

y su vestido nacarado.

.

El Miedo. El Dolor. La Angustia...

El Pesar huye.

Por la gracia de Luna

la Dicha todo yo me inunda.

.

/Déjalo, si muerto está.

Noche a Luna vocifera.

.

/No quiero que muera

en los brazos de Soledad.

(ella amablemente le responde)

No quiero que padezca

su frío abrazo letal.

-¿Qué dices, Lindura?- es Rafael quien le habla a Leonardo por el auricular que lleva.

Leonardo está en el techo de uno de los más altos edificios de la zona de oficinas de la ciudad, contemplando el bello atardecer. Estaba recitando algo porque, mientras contempla la puesta de sol, tuvo una extraña sensación que intentó explicar con esos pequeños fragmentos, pero Rafael lo interrumpió.

-¿Ya no soy Intrépido?

-Nah. Te queda mejor Lindura.

-¡Jajajajajaja!- ahora Leonardo escuche cómo ríe Miguel Ángel -¡Ese es bueno Rafa! ¿No se te desconchinfló tu cerebro? Digo, por el esfuerzo de pensar en el sobrenombre, porque déjame decirte que tardaste en decírselo. Yo ya lo había pensado, pero como caballero que soy, quise darte chance de que se lo dijeras primero.

Todos pueden oír la conversación, ya que cada uno trae un auricular y están en el mismo canal.

Li piensa que es así como deben llevarse entre hermanos.

-Espera a que lleguemos a casa, Nene Consentido.

-¡Rafita está celoso porque Li me arropó y a él no!- canta burlándose de su hermano temperamental.

-El cerebro de Rafa sigue funcionando, Miguel.- oye ahora a Donatelo -Porque está conversando con normalidad. Pero debo admitir, Rafa, que es bueno el apodo de Nene Consentido. Aludes al bebé dinosaurio, ¿cierto?

-Of Course.

-¿De parte de quien estás, eh Doni?

-¿Qué? Rafael interviene en la 'conversación' -¿El Nene Consentido se va a poner a llorar porque no aguanta que le echen montón?

Sí. Así es como deben llevarse, pero Leonardo no participa en ese embate entre hermanos; alguien debe soportar la pesada carga que es la responsabilidad.

-Escuchen.- habla enérgico -Está por caer la noche, así que… ¡Todos a sus posiciones!

No es un grito de coraje.

Ni uno de humillación.

Ni mucho menos de resentimiento.

Ni siquiera es un grito.

Es el llamado de un líder a sus compañeros de armas a que lo acompañen en la cercana e inevitable guerra que está por desatarse.

Cada uno hace una última revisión al Ala Delta, al igual que al equipo que está instalado en ésta, junto con una especie de maleta pequeña que llevan a sus espaldas. Se colocan unos lentes negros especiales sobre sus ojos, para que las ráfagas de viento no los lastimen, y también para lograr ver a gran distancia.

Toman posiciones.

Li.

Lou.

Rafael.

Donatelo.

Miguel Ángel.

Cada uno está ubicado en edificios de gran altura, dispersados en puntos estratégicos de la ciudad de Nueva York.

Li y Lou se aprestan a escuchar la voz de Leonardo como si también fuera su líder (aunque se suponía que Lou daría la señal de despegue, pero por el alboroto entre hermanos, Leonardo tuvo que intervenir). Esperan a que les indique…

De la luz del día, aún quedan los arañazos naranja que el Sol le propina al Cielo. Sus cálidos dedos dejan marcas en el Cielo al aferrarse de él, desesperado porque la noche no debe caer, pero nada puede hacer ya.

-¡Ahora!

Todos se lanzan al oscuro vacío, cuyo fondo ya es iluminado por la luz artificial.

Y como aves que extiendes sus alas, las Alas Delta se expanden en toda su magnitud, permitiéndoles elevarse por los cielos ya casi oscuros.

Los seis jóvenes vuelan muy alto en el vasto cielo de la ciudad de Nueva York, con los últimos rayos de luz que el Sol apenas consigue extender como bendición a esos valerosos niños, que no tienen idea a qué demonio es el que están por enfrentar.

Vuelan con mucha confianza, como aves que recién han abandonado el nido: sin ningún miedo a llegar a caer, porque su espíritu de aventura aún no ha sufrido el doloroso golpe que causan las decepciones de la vida.

-Amigos.- habla Lou -Enciendan los motores.

Todos encienden el pequeño reproductor de MP3 que cada quien lleva instalado en el Ala Delta. No se escucha ningún sonido, sólo el silbido del viento que les reclama por invadir su territorio.

-Y… aumentando el volumen.

Así lo hacen.

Sus oídos no pueden percibir ese infrasonido, pero esperan que sí lo oiga las creaturas que no tardarán en salir abrigadas por las sombras de la noche.

Vuelan sin precipitarse en realizar bruscos movimientos, como un águila que escudriña pacientemente las llanuras en busca de su alimento. Observan por debajo de ellos, a un lado… hacia todas direcciones, en espera de cualquier insignificante movimiento delator de su presa.

Y como las águilas que cazan solas, ellos se han visto obligados a separarse y buscar cada uno en el área que le fue asignada. Una extensa área de búsqueda para cada uno, lo que resulta ser una misión bastante silenciosa.

Pasan los minutos, y no sucede nada.

-¡Volaré! ¡Oh oh oh oh oh!

¡Cantaré! ¡Oh oh oh oh oh!

De repente, comienza a cantar la tortuga que planea el Ala Delta de color naranja, sin tener nada de cuidado en la entonación de tan bonita melodía.

-Miguel Ángel.- Leonardo lo reprende.

-Lo siento. Sabes que no puedo estar mucho tiempo en silencio.

-Sí, lo sé. Pero hoy tendrás que hacerlo.

-Uhmmm.

Leonardo hace que su Ala Delta vire de tal manera, para que pueda ver a lo lejos el Ala Delta de color naranja. No se atreve a mirar a su hermano con los lentes especiales, porque puede imaginarse el puchero de inconformidad que ha hecho.

Pasado ese pequeño incidente, cada uno vuela sin decir una palabra.

Cada uno vuela sin más compañía que los aparatos con los que cargan, y con una pequeña y frágil Esperanza revoloteando en sus corazones sobre el éxito de la batalla.

Por un largo rato planean en total silencio. En total soledad.

Eso lo aprovecha la Noche. Con sus manos oscuras, aprisiona sus corazones, envolviéndolos en la gélida duda.

-Leo… me está dando frío.- Miguel Ángel dice un tanto agobiado.

-Lo lamento, pero debemos soportar todo lo que podamos.- también comienza a sentirse cansado, y es que a esa gran altura hace frío.

-Dudo que esto vaya a funcionar.- dice Rafael.

-Si tienes alguna otra idea, estoy dispuesto a escucharla.

-Sí la tengo.

-¿En serio?

-Tomar chelas con Casey.

-¡Rafael!

-Lindura, sabes a la perfección que no tomo. Soy menor de edad y Splinter lo sabría. ¿Crees que soy tan idiota como para arriesgarme…?

¿Cuál será el problema de Rafael con su hermano mayor y líder? Se preguntan Li y Lou.

Siempre contradiciéndolo.

Siempre incomodándolo.

Siempre desafiándolo.

-¡Oigan!- es Li -¡He visto algo!- ajusta los lentes para cerciorarse.

Un hombre vestido de pans la observa desde la calle.

-Asegúrate.- le pide Lou.

Ella desciende un poco y se aleja de quien la está observando.

Ese alguien la sigue.

Ella se aleja más, pero no rápido para que pueda seguirla la persona que no le quita la vista de encima.

Esa persona comienza trotar para alcanzarla.

-¡Me está siguiendo! ¡Me está siguiendo!

-¡Muy bien!- sigue dándole instrucciones Lou -Ahora condúcelo a donde hemos quedado.

-Con cuidado Li.- le dice Leonardo.

-Sí. Lo tendré.

-Se me va por la sombrita.

-Sí Rafa.

Con una pequeña inclinación del ala, cambia de rumbo.

No pasa mucho tiempo para que alguien más dé el aviso.

-¡Ya picó uno! ¡Ya picó uno!- es Miguel Ángel quien habla.

-¿Te sigue?- le pregunta Lou.

Miguel Ángel da unas vueltas en círculo y la persona que lo mira gira la cabeza en círculos.

-¡Jajajaja! ¡Qué gracioso!

-Miguel Ángel.- Leonardo echa un vistazo rápido a lo que hace su hermano que logra ver con ayuda de los lentes.

-¡Ya voy!

Y se va.

-Oigan...- es Li de nuevo.

-¿Sucede algo?- dice Lou.

-De la nada, apareció una persona más.

-Eso es bueno.

-Pero viene corriendo sobre los techos. Salta… prácticamente vuela entre techo y techo.

-¡Nos quiere robar nuestra rutina!- Miguel Ángel se queja de plagio.

-Eso no importa Miguel.- dice Leonardo -Ve que puedas ayudar a Li si es necesario.

-Okidoki.

-Como información adicional...- dice Lou -el huésped puede incrementar las habilidades físicas de su anfitrión, por motivos de supervivencia más que una recompensa por la hospitalidad recibida. Incluso, pueden manipularlo para que pueda pelear como todo un peleador profesional si necesita defenderse. Así que tengan cuidado, Li, Miguel.

-Lombrices karatekas.- dice Rafael -Nada más eso faltaba. Al menos no será tan aburrida la misión como creí.

-Si hay perros mosqueteros,- dice Miguel Ángel -gatos y conejos samurai, dragones caballeros, incluso habemos tortugas ninja, no veo por que no haya lombrices karatekas.

Li se ríe por la ocurrencia de esa tortuga. Lou se comporta debidamente, sólo deja que una gran sonrisa juguete en su cara.

-Pero es cierto, Li y Lou.- dice Leonardo -O al menos, yo tengo un amigo que es un conejo y es samurai.

-¿De verdad?

-¡No me digas!

-Ojalá y puedan conocerlo en otra ocasión menos desfavorable.- Leonardo sonríe al pensar que no ha visto a su amigo hace mucho tiempo, y que le encantaría hacerle una visita sorpresa.

-Ojalá y podamos conocerlo.- dice Li, con cierta emoción en su voz.

Lo que hace que Leonardo espere que su amigo lo tome a bien, si Li lo llega a confundir con un enorme y suavecito peluche, y que su orgullo de honorable guerrero no se vea afectado.

-Oigan.- interrumpe Rafael.- Me he encontrado con tres anfitriones más.

-Con ellos ya son los seis que buscábamos.- dice Donatelo.

-¡Qué bien!- dice Li -Creo que hemos corrido con suerte.

Ella observa a los humanos que la siguen incansablemente ahora por una calle desierta y escasamente iluminada.

-La suerte no tiene nada que ver.- le dice Donatelo -La planificación ha sido la idónea, aunque hay alguien que no le tiene fe al plan de Lou.

-Te oí, Doni.

-No te mencione Rafa, pero si el caparazón te queda…- Donatelo hace gala de su facilidad para darle giro a las amenazas.

-Perdón que los interrumpa,- dice Lou, muy educadamente -pero sería mejor que todos nos reuniéramos en la bodega, ya que hemos hallado a los seis anfitriones. Don, Leo, debemos ir a apoyar a los que consiguieron pescar algo.

El ala delta color verde azulado se desplaza con lentitud al virar en una gran vuelta para ir con los demás.

-Yo digo que hemos tenido suerte para hallarlos.- dice Leonardo.

-Yo no creo en la suerte, Leo.- le dice Lou.

-Tendrás que creer en ella… Hay tres anfitriones que me vienen siguiendo.

-Imposible.- susurra el joven humano.

Li está llegando a una gran bodega abandonada ubicada en una gran extensión de terreno donde hay bodegas y edificios abandonados; el terreno donde se ubica la bodega, tiene un enrejado, pero está casi desbaratándose, como todo lo que hay ahí. Todo el lugar luce como un desierto en el que no es posible que nada exista. Ni una planta, ningún animal, ningún ser vivo es capaz de sobrevivir en un lugar donde la Desolación se ha establecido desde hace mucho tiempo. Pero aun en el lugar más inhóspito, puede haber vida, o al menos del tipo celestial.

Un bello ángel de sutiles alas color rosa se aproxima a ese desierto.

Al acercarse a la bodega, Li saca un pequeño control remoto del cinturón que trae puesto en la cintura, y la puerta del lugar se abre, después, apaga el audio.

Las personas se detienen. Por un segundo parecen desorientadas.

Enseguida Li oprime otro botón y la gente corre de nuevo; entran a la bodega.

Casi al fondo de la bodega, hay siete compartimentos individuales, en forma de capsula, justo del tamaño de una persona.

Li activa los lentes; con ellos, puede ver a través del techo de la bodega: una persona que viste traje, corre más rápido que el otro, y entra a uno de los compartimentos que se cierra al instante; la otra persona, que viste pans, entra a otro compartimento, y en cuanto está dentro, se cierra la puerta automáticamente.

-¡Cayeron!- les anuncia Li muy emocionada.

-¡Perfecto!- Lou vitorea.

-Fue muy fácil. En cuanto apagué el MP3 y encendí el que está instalado en los contenedores, fueron derechito, se metieron, y quedaron encerrados.

-Porque los huéspedes son bebés, Li. Deben ser los que tienen una semana. La madre es la que será más difícil de atraer. Pero lo conseguiremos. Miguel y Rafa están por llegar. Tengan cuidado en no chocar unos con otros.

Apenas va Li alejándose de la bodega, cuando llega Miguel Ángel.

-¡Hola!- él la saluda al pasar a metros de él.

Ella le responde el saludo con la mano.

El único individuo que sigue a Miguel Ángel, por la apariencia, es un chico que debe estudiar la preparatoria. La tortuga maniobra de la misma manera que lo hizo Li; el humano que es manipulado por el ser que habita en sus entrañas, entra a otra de las capsulas.

Leonardo está por alcanzar a Rafael.

-Leo…- le dice Lou, que sigue en su área asignada en busca de mas anfitriones -Creo que tendrás que ocupar los dardos. Con los tres que lleva Rafa, ya no habrá más capsulas para albergar los que llevas tú.

-Gracias por el consejo. Ya lo había pensado.

-Sí, lo imaginaba. ¿Cómo se me ocurre decirle qué hacer al líder nato que eres?

-No es problema.

-Es todo un estuche de monerías nuestra Lindura.- se mofa Rafael.

-Escuchen todos,- Lou decide hablar otra cosa -Ignoro por qué hay más de seis crías de Taenia, pero les pido que estén atentos. Ojalá y me equivoque, pero pueden haber más. Así que, los que han conseguido encapsular a los anfitriones que llevaron, deben sobrevolar su sección una vuelta más, sólo para asegurarnos que no haya más huéspedes por ahí.

-Sí.

-De acuerdo.

Li y Miguel Ángel se dirigen de nuevo a la ciudad.

Rafael hace lo mismo que los dos anteriores: apaga la reproducción que está tocando la melodía inaudible que siguen las Tenias, enciende el sonido que está instalado en las cápsulas, y las personas entran a las cápsulas… o deberían hacerlo. Se detuvieron a un metro de distancia de las trampas.

-Algo pasa. Mis reses no quieren entrar a su corral.- Rafael se ha dado cuenta de esto gracias a los lentes.

-Sube el volumen de la reproducción.- le indica Lou.

-Está todo.

-Vete. Déjalos encerrados.

-Ya voy.

La puerta de la bodega se cierra antes de que los humanos consigan salir.

-¡Listo!

-¿Cómo vas Leo?- Lou le pregunta por su avance.

-Estoy sobrevolando el patio de la bodega.

-Rafa…

-Ya sé, debo apoyar.

-Li, regresa. Tendrás que entrar a la bodega e inmovilizar a las personas que dejo Rafa.

-De acuerdo.

Li regresa, y en poco tiempo, aterriza suavemente en el suelo. Deja el Ala Delta y lleva consigo las armas. Entra por la puerta trasera.

Leonardo y Rafael vuelan en círculos alrededor de tres humanos. Éstos se han quedado quietos, pero los están mirando; el infrasonido siguen oyéndolo.

Rafael tiene a uno en la mira de la pequeña bayoneta.

-Rayos…- susurra- Tiene esa cosa dentro de él.

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Comentarios, sugerencias, dudas, peticiones, aclaraciones, zapes, jitomatazos, abucheos, reclamos, ultimátums, etc., etc., son bienvenidos.

Gracias por tomarte tu tiempo y leer mi fic.

n.n