Hey hey! Miren quien volvió! ¿Cómo han estado, tanto tiempo? He de admitir que extrañé a montones leer sus inspiradoras reviews.
Primero que nada, quisiera disculparme por el tiempo que me he tomado para éste capítulo. Me cortaron el servicio a Internet por tres semanas, y no he tenido mucho tiempo para escribir. No es que les haya mentido, pero barajen la posibilidad de que de ahora en más comience a tardarme entre dos o tres semanas para publicar, no menos. Lo lamento en el alma, pero aún tengo 70 días hábiles de estudio, hasta que por fin tendré mis dos merecidas semanas de vacaciones.
Es probable que algunas (o muchas) de mis lectoras hayan decidido abandonar el fic por el retraso. Estarían en todo su derecho. A las que sigan fieles a la historia, ¡infinidad de gracias!
Como siempre, espero que al leer este capítulo todos se encuentren gozando de buena salud y buena compañía, que no tengan que lidiar con problemas y que estén en una relativa paz mental. Que Dios los acompañe!
Advertencias: La clasificación posteriormente subirá a M.
Bueno, esta es mi primer historia, así que es probable que cometa algún que otro error. Es un Hidasaku, así que al que no le guste, QUE NO LO LEA!
Declaimer: Naruto y todos sus personajes y paisajes son propiedad del señor Masashi Kishimoto-sama. Sin embargo, yo estoy jugando con sus niños; a algunos los reviví, a otros los deje muertitos y cosas por el estilo.
Para cuando el sol se puso, al pelirrojo le quedó bien claro que Sakura no dejaría la habitación por un tiempo. Le había ofrecido ir a entrenar, a leer, a ver la televisión, a caminar, a lo que fuera, pero ella seguía en sus trece. Con una sonrisa esquiva había negado cada una de sus peticiones —u órdenes, porque Sasori no pedía las cosas—, y se había vuelto a rebujar en la cama.
'Maldita mierda de sentimientos', pensó el Akasuna, con fastidio, y nuevamente sintió el empuje de su cuerpo hacia el inmortal. Ahora recordaba perfectamente por qué había decidido alejarse de las personas, por qué había endurecido su corazón, por qué no se había implicado nunca con nadie. El aspecto decaído y desanimado de Sakura le hacía hervir la sangre, al mismo tiempo que sentía una necesidad casi salvaje de desintegrar a Hidan y hacerle un favor al mundo al sacarlo de en medio. Todo había sido medianamente perfecto hasta que al religioso se le había dado por meterse más de lo acostumbrado con la pelirrosa. En su opinión, lo que le sucedía al Jashinista era que se sentía amenazado por la kunoichi; notaba que ella no lo ignoraba como el resto de los Akatsukis, sino que le plantaba cara y no se dejaba pisotear, y eso hería mortalmente su orgullo.
Negó con la cabeza y salió al pasillo, esperando encontrarse a Deidara en el camino; a Tobi, al menos. Si terminaba en el comedor a solas con el peliblanco, estaba seguro de que uno de los dos no saldría de allí. ¡Ah, ahora se daba cuenta qué sencillo había sido acercarse a Deidara! Si bien era un mocoso atropellado, escandaloso, impertinente y, para su disgusto, un incontrolado tardón, el niño no tenía tantos callejones con respecto a los sentimientos. Podías caerle bien, o si no le caías mal. No había muchas más opciones. La Haruno era… un tanto más complicada.
—Hola.
Volvió la cabeza al sonido de esa voz suave y delicada, encontrándose con la causa de todos sus problemas —o la herramienta; el detonante del problema seguramente estaría tirado por ahí, haciendo algunos de sus rituales estúpidos—. La muchacha le sonreía, mostrando con descaro sus largas y torneadas piernas. Los ojos miel le dieron una rápida evaluación, deteniéndose un segundo en la punta del cortísimo kimono. Cuando su mirada se posó en los espectaculares ojos azules, la chica se molestó internamente al no encontrar en ellos ni pizca de pasión o deseo. Bien, a ella le gustaban los retos; aquellos que caían fácil no valían la pena.
Contoneando su figura de modo que su vestimenta revelase aún más de su anatomía, caminó hacia el muchacho con pasos suaves y decididos, pero totalmente elegantes y medidos. Notaba perfectamente la indiferencia en el rostro del pelirrojo, que hasta se había encogido de hombros luego de la mirada evaluadora. Pegó su cuerpo al del marionetista, de modo que sus curvas presionaran todo el cuerpo del shinobi. Si Sasori sintió algo, ni su rostro ni su organismo lo demostró.
Minako sonrió sugerentemente, subiendo sus delicadas manos por el torso del chico.
—Eres Sasori, ¿cierto? Sasori de las Arenas Rojas. En mi pueblo se hablaba mucho de tus marionetas. Vivo en el País del Viento.
El Akasuna volvió a encogerse de hombros y, con evidente falta de galantería, se apartó de ella.
—Muy pocas personas comprenden verdaderamente el significado del arte —dijo, con voz seca, y recordó algo que siempre repetía su compañero—: Algunas personas no reconocerían el arte ni aunque los mordiera en la cara.
La rubia sonrió con coquetería, olvidando completamente el desplante del hombre.
—Bueno, en mi pueblo el arte es algo que se incorpora a los chicos casi al mismo tiempo que aprenden a hablar. Pinturas, esculturas, edificaciones… principalmente, la mayoría alucinaba con tus marionetas.
Sasori sonrió con burla.
—Bueno, incluso los ignorantes saben instintivamente cuando tienen una obra maestra ante sí.
—¿Podrías mostrarme alguna marioneta? —se entusiasmó la chica, abriendo los ojos tan grande como a un niño al que le ofrecen conocer a Santa Claus—. Kami, siempre fue mi sueño ver una de tus obras. Aunque me resigné a que no podría ser. ¡Debe ser magnífico! ¿Podrías mostrarme una, entonces?
El shinobi de la arena titubeó. Por un lado, no quería pasar con esa chica más tiempo del estrictamente necesario; por su culpa había estado peligrosamente cerca de tener que dormir en el cuarto de Deidara, y además estaba Sakura, recluida en el cuarto que compartían, seguramente desahogando su dolor y frustración a través del llanto. Pero, por otro lado… Bueno, un buen artista nunca le niega la iluminación a un principiante que ve el arte por primera vez. Y esa chica parecía sinceramente emocionada —a pesar de que Sasori desconfiaba acérrimamente de cualquier cosa que tuviese siquiera algo de contacto cercano con Hidan—.
—Muy bien, te llevaré. Pero no me estorbes por el camino, y si tocas algo, te mato. ¿Te quedó claro?
—Muy claro, general —replicó ella, posando su mano en la frente al estilo militar. Esa acción conllevó que su atuendo se elevara a límites insospechados, algo que, al parecer, no le causó ningún pudor.
El pelirrojo no le echó ni un vistazo al paisaje frente a él y se limitó a darse la vuelta y comenzar a caminar, sin fijarse si ella lo seguía o no. 'Mocosos', concluyó, en su cabeza.
Minako se puso en marcha, siempre detrás de él, con una sonrisa surcando sus labios carmesí. Al parecer, este chico no era igual de arrebatado que el rubio, Deidara, y le costaría mucho más hacerlo caer en su juego. Hidan se había olvidado mencionarle eso; no importaba, se lo reprocharía por la noche, justo cuando estuviese entre sus brazos, clamando su nombre. A su mente llegó el día en que el peliblanco fue a por ella, a su tranquila aldea. El día había comenzado como de costumbre, haciendo la rutina ya tan conocida. Y entonces se lo había encontrado a él, al hombre más atractivo y sensual que había visto nunca. Llevaba un traje peculiar, que consistía en una capa semicerrada, que rebelaba su bien formado torso. Ella no era ninguna estúpida, y sabía que ese muchacho era un Akatsuki. El inmortal la había arrastrado a su casa —Minako vivía sola todo el tiempo que no pasaba con algún hombre— y allí había cerrado la puerta con tal fuerza que a la rubia le quedó claro que, si quería salir viva de ahí, no debía hacer movimiento alguno. Pronto Hidan había comenzado a explicarle la situación —no se había molestado en presentarse, ni tampoco en preguntarle su nombre— en medio de furiosos improperios. Gracias a su agudeza mental —o a su capacidad de hacer oídos sordos a los insultos—, la muchacha había logrado desentrañar el problema: había una mujer que lo estorbaba sobremanera y que siempre buscaba humillarlo, y por eso la estaba buscando a ella. Quería golpear a 'la perra' por donde más le doliese. Su trabajo era bien sencillo: seducir a los dos únicos amigos que la chica tenía allí, y alejarlos de ella lo suficiente para que cayese en la depresión.
Minako sacudió la cabeza y volvió a sonreír. Por una parte, le había dado algo de lástima tener que herir a una mujer; después de todo, eran del mismo sexo. Pero Hidan era la paga a ese trabajo y, de todos modos, ella se dedicaba a hacer cosas como esas. Además, durante el transcurso de dicho trabajo, podía disfrutar no solo del peliblanco, sino —considerando que hiciese caer en sus garras a esos dos criminales— a otros dos especimenes de hombría y virilidad. Valía la pena. Su madre siempre le había dicho: 'Evita hacer el mal, Minako. Pero si tu felicidad se logra pasando por encima de otros, no dudes en hacerlo'. Y para la muchacha, su madre era una mujer muy sabia.
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El sonido de la puerta al ser azotada no perturbó ni un poco al peliblanco que ingresaba como un torbellino a su cuarto, con el ceño peligrosamente fruncido. Se quitó la capa de un tirón y la arrojó lejos, junto a su guadaña de tres aspas. Por sorprendente que sonase, su cuarto estaba ordenado —o todo lo ordenado que podía estar el cuarto de un fanático y obsesivo religioso que debía rendir culto a su dios mediante sacrificios que incluían viseras y mucha sangre—. Le dio una patada a la pequeña mesita que había a un lado de su cama antes de dejarse caer en ésta, con un bufido. Se pasó ambas manos por el cabello plateado, tironeándoselo un poco. Hacía días que no podía encontrar un jodido momento de paz. Notaba su cuerpo tenso, como si estuviese atento a un inminente ataque.
Golpeó la pared con un puño. ¡Era culpa de esa jodida perra! Desde que la había visto por primera vez había sentido unas inusitadas ganas de rodear su blanquecino cuello con sus manos y apretarlo hasta que el último aliento saliese de sus labios. ¿Por qué Jashin-sama había enviado semejante escoria a curarlo? Estaba seguro de que había muchos ninja médicos que podían ayudarlo. Pero, ¿había ido alguno de ellos? No; el puto líder había tenido que enviar a una mocosa, que además de asquerosa perra, era insoportable y orgullosa.
Sonrió con malicia. Ah, pero él —o, mejor dicho, Minako Hitomi— se encargaría de bajarle los humos a esa perra rosa. Por un segundo, mientras se dirigía al País del Viento, se había preguntado si estaba bien lo que hacía, si debía lastimar de esa manera a la pelirrosa. La incordia no le había durado ni dos segundos; petulante e ingenuo como era, se había convencido a si mismo que si Jashin-sama la había puesto en su camino, definitivamente era para que le enseñase el dolor.
Se dejó caer hacia atrás, sintiendo la dureza del colchón en su rígida espalda. Maldijo por lo bajo; ya le haría entrar en la cabeza al ateo de Kakuzu que tenía que soltar el dinero para comprar un nuevo colchón o usaría su vieja cabeza como almohada. ¿Qué se había pensado el pagano ese? ¿Que él podía dormir en una cama como esa, que era igual de acolchada que una roca? Y además había tenido que soportar las quejas de la mujer rubia que, entre jadeos de placer, le había reprochado la incomodidad del catre.
Gruñó y salió del cuarto, a tiempo de ver a esa misma mujer caminando tras Pinocho, con ese cortísimo kimono. Sonrió con altanería al recordar los gritos que él hacía salir de esa garganta, en medio de sus 'juegos'. Tenía que admitir que la chica era bastante buena; el sexo había sido de los mejores que podía recordar. Aunque deseaba que la perra sufriera, quería que Minako se retrasase en su trabajo. Cuanto más tiempo tardase, más podría disfrutarla. Se dio la vuelta, presto a dirigirse hacia la enfermería, dispuesto a montarle un buen griterío a su puto compañero, que ahora, además de tacaño, era un jodido holgazán. El mundo se estaba yendo a la mierda, y Hidan no podía estar más contento por ello.
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Kisame contempló la taza que tenía frente a sí, y luego a su compañero Itachi. Éste había permanecido en un silencio sepulcral desde hacía tres días —aunque, considerando la locuacidad del Uchiha, no debería sorprenderlo mucho—. Por lo que él sabía, había hablado con la chica Haruno, y algún tema delicado debía haber tocado la pelirrosa, porque Itachi no había vuelto a abrir la boca. Pero eso no era lo único: había esperado a esa misma chica todo el día para entrenar, pero ella no había dado muestras de existir. Tenía que admitirlo, estaba algo cabreado. ¿Para qué le decía que quería entrenar, si se iba a presentar únicamente en la primer clase? No es que él fuera un hombre muy ocupado, pero esperar a una muchacha durante dos horas con la única compañía de sus pensamientos definitivamente no era su ideal de diversión.
Volvió a contemplar al pelinegro, y se preguntó cómo haría él para soportar el peso de la conciencia. ¿Se castigaría a sí mismo recordando a su familia? Las comisuras de sus labios se alzaron en una sonrisa torcida. Por alguna razón, la imagen de un Itachi mártir le parecía de lo más hilarante. Su rostro se volvió serio cuando se preguntó cuántas cosas pasarían por la cabeza del ninja de la hoja. Tenía solo veintiún años, pero parecía haber vivido diez vidas completas. Parecía siempre tan serio, tan pagado de si mismo, tan sabio… Kisame se encontró a si mismo maravillado con el Uchiha. Nunca había tenido a nadie a quien admirar; nunca nadie le había dado razones para hacerlo. Pero ese muchacho… no era común. Era… especial.
Como si le leyera la mente —'Carajo, a saber si realmente lo hizo', se espantó el peliazul, convencido de que los poderes de Itachi llegaban incluso hasta ese nivel—, los ojos ónice se elevaron, encontrándose con los del shinobi de la niebla. Ninguno bajó la mirada, como de costumbre. La mirada del pelinegro era tan aplastante que el Hoshigaki se preguntó si sería cosa suya el dolor de cabeza que amenazaba con cernirse sobre él. Como siempre, sintió ganas de saciar su curiosidad con respecto a su compañero. Todos los integrantes de Akatsuki tenían un pasado sombrío, y tantos secretos que hasta llegaban a olvidar algunos. Pero, por alguna razón, Itachi siempre le había causado una curiosidad mayor a Kisame. Abrió la boca, pero inmediatamente después, la cerró. Si había alguien a quien no se le podía sacar una palabra ni bajo tortura, ese definitivamente era el Uchiha.
Resopló y se puso de pie. Seguir allí solo le acrecentaría la jaqueca. Por lo general, solo encontraba paz estando solo o con el pelinegro; sin embargo, aquel día, prefería hacerse de la compañía de sus propios pensamientos, aunque estos no fuesen muy amigables. Se puso de pie y se tomó lo que le quedaba de té de un solo sorbo.
—Nos vemos luego, ¿eh, Itachi?
El mentado alzó la cabeza, y luego la inclinó, en señal de asentimiento. El peliazul no se demoró en ese gesto, ya tan conocido para él, y se dirigió al pasillo, directo a su cuarto. Casi cuando llegaba allí, se percató de que Sasori se encaminaba hacia su taller, seguido por una peculiar mujer rubia, que llevaba, por cierto, el kimono más corto que Kisame hubiese visto jamás. Se quedó ahí plantado, tratando de recordar que el líder hubiese dicho algo de una nueva integrante. No se acordaba de nada. Una voz —'Carajo, juro por Kami que algún día me desharé de este desgraciado'— interrumpió su profunda concentración.
—Ah, pececito, ¿qué te trae a la puerta de mi cuarto?
Los pequeños ojos blancos chocaron con los amatistas, en los que jugaba una chispa de burla. Kisame no tenía enemigos; no los necesitaba, y tampoco había encontrado nunca a alguien que valiese la pena considerar como tal. Sin embargo, comenzaba a descubrir que ese inmortal llenaba bastante sus expectativas, a pesar de ser orgulloso, prepotente, grosero e idiota. Alzó la cabeza —solo un poco, puesto que si la alzaba mucho, debido a su altura, ya no podría mirar al religioso— y contestó:
—Solo me detuve a hacer algo que, lamentablemente, tú nunca harás —Hidan no replicó por unos minutos, por lo que el espadachín completó, con algo de exasperación—: Pensar.
Un pequeño mohín apareció en la boca del Jashinista, pero desapareció tan rápido que el Hoshigaki lo atribuyó a su embotada cabeza.
—Lo creas o no, ateo de mierda, en la última jodida semana no he hecho más que pensar.
—Cuestionarte si tu cabello se ve lindo peinado de esa forma no cuenta como pensar, niñato —el mayor rodó los ojos, sintiendo que perdía el tiempo con un ignorante.
Ahora la mueca de fastidio fue claramente visible para el peliazul, lo que le advirtió que una larga lista de insultos se le venía por delante. 'Solo ignóralo', se dijo.
—Joder, escúchame bien, porquería, a mi lo que diga un puto pagano asqueroso no me importa, tu no sabes una jodida mierda de nada. Y empezando porque no crees en Jashin-sama… ¡El castiga a los infieles, escoria! Y tú no serás la excepción. Y cuando te tenga en sus manos… ¡Ah, entonces desearás no haber nacido! A una puta mierda como tu, Jashin-sama la descuartizaría sin piedad, le sacaría la piel a tiras, y luego le tiraría sal… ¿Sabes cómo jodidos duele eso, pagana apestoso? No, no tienes ni puta idea, ¿cierto? Pues algún día yo te iluminaré acerca de lo que es el jodido verdadero dolor, y entonces Jashin-sama me compensará por haber librado al asqueroso mundo de un pagado ignorante como tu. ¡Todos aquí dentro son unos infieles e ignorantes ateos! ¡Todos, empezando por esa sucia perra…! —De pronto detuvo su discurso sin fin, como quedándose en blanco. Incluso había comenzado a hacer aspavientos con las manos, que quedaron suspendidas en el aire, en poses extrañas. Kisame lo observó, extrañado de que no continuase con su repertorio de idioteces. Ciertamente, la sonrisa desquiciada que se formó en el rostro de su compañero lo tomó desprevenido. Una de sus manos, inconcientemente, se movió hacia su espalda, lista para tomar a Samehada y cortar al peliblanco en dos si amagaba con arremeter contra él. Pero el muchacho se quedó allí donde estaba, mirándolo con diversión—. Oh, discúlpame por haberte interrumpido.
—¿Qué? —El peliazul dio un paso hacia atrás, alzando ambas cejas. ¿De qué carajos hablaba ese ignorante? Y lo más preocupante de todo… ¿Acaso acababa de disculparse?
—Digo, ¿Acaso no ibas justamente a eso?
—¿Justamente a qué?
—Pues a ver a la jodida perra —resumió el inmortal, encogiéndose de hombros—. Creo que no le ha gustado que trajera a Minako. Una verdadera lástima, ¿eh? Con lo bien que se la debe estar pasando la chica con Pinocho… Aunque imagino que a una perra como ella no le gusta compartir. Lástima —repitió, sin notar el creciente enfado del shinobi de la niebla—, porque Minako me dijo que también la rubia le interesaba. ¿Vas a verla a su cuarto? Estarás en tu elemento, ¿eh, pececito? Digo, cuando todas las lágrimas de esa perra inunden el lugar…
Kisame inclinó su alto cuerpo hacia delante, pero antes de desenfundar a Samehada y enseñarle a ese mocoso impertinente lo que era el dolor, se contuvo. No valía la pena un desgraciado como él. Se alejó nuevamente y le echó una mirada asesina.
—¿Qué le has hecho, cabrón?
—Yo no he hecho más que darle su jodido merecido a esa sucia perra. Y todavía no has visto todo. Solo dale unos cuantos días, y ya no quedará nada de esa estúpida. Por Jashin-sama que se arrepentirá del día en que osó sentirse igual a mí.
El Hoshigaki decidió que no podía escuchar un segundo más la mierda que destilaba el peliblanco, por lo que pasó a su lado, teniendo buen cuidado de darle un golpe con su hombro. Debido a la diferencia de alturas y a la complexión de piedra del cuerpo de Kisame, el inmortal terminó estampado contra la pared, aunque no hizo el menor sonido de malestar ni dio signos de que le hubiese dolido.
El peliazul se detuvo frente a la puerta del cuarto de Sasori, cuestionándose si era lo mejor entrometerse. A lo mejor la chica no quería ni verle la cara —aunque él no había hecho más que tratarla bien e intentar hacer su estadía allí más llevadera—. Sinceramente no entendía que podía habérsele metido a Hidan en la cabeza para buscar por todos los medios lastimarla. Tenía que admitir que incluso a él le divertía cuando la chica se enfadaba y comenzaba a gritar, pero hacerla llorar era algo completamente diferente. Incluso podía llegar a decir que la muchacha le caía bien. Había demostrado entereza y fuerza al no dejarse pisotear por nadie allí dentro, y recordaba cómo se había dirigido al líder la mañana que la habían traído. Y pensar que el Jashinista podía arruinar todo eso, destruir toda la integridad de la pelirrosa… no, definitivamente, si podía hacer algo para ayudarla, lo haría. Alzó la mano y golpeó con suavidad, considerando la posibilidad de tener que darse la media vuelta y marcharse.
—¿Si? —la voz, que llegaba desde dentro del cuarto, sonaba tranquila, aunque débil y temblorosa.
—Soy Kisame.
Pasaron unos cuantos minutos antes de que la Haruno se decidiese a abrirle, con la sorpresa plantada en el rostro. El Hoshigaki notó claramente los signos del llanto; estaba preocupantemente pálida, tenía los ojos hinchados y rojos y su cabello rosa estaba revuelto. Sintió, por primera vez en la vida, algo parecido a la lástima. Cualquier persona que hubiese desafiado al líder de Akatsukis, que se sobrepusiese a un secuestro, que no se dejase pisotear por diez asesinos rango S y que le hubiese dado a él mismo de puñetazos, definitivamente merecía su consideración. Y esa chica reunía todas características anteriormente nombradas. Sonrió con diversión.
—¿Me vas a dejar pasar?
Inconcientemente rodó los ojos al notar que ella se lo pensaba unos segundos antes de dejarlo pasar. '¿Tengo cara de psicópata o qué?', se mofó, mientras se acercaba a la silla que Sasori tenía frente al escritorio y se dejaba caer ahí. Nunca había estado en el cuarto de otro Akatsuki que no fuese el propio o el de su compañero, pero siempre se había figurado que eran todos iguales. No se había equivocado en cuanto a muebles se refería, pero tenía que admitir que el cuarto del pelirrojo estaba mucho mejor organizado y decorado que el suyo —aunque era obvio, conociendo los fetiches del Akasuna por el arte. A él solo le importaba cuidar a su Samehada y mantener su cuerpo en un estado perfecto—.
La kunoichi se acercó y retomó su lugar en la cama, con la espalada apoyada en la pared. Observó al peliazul, esperando a que éste explicase su visita. Aún conservaba esa sonrisa sobradora que, no por ofender, solo lo hacía más tenebroso. De pronto una idea le vino a la cabeza. 'El entrenamiento'.
—Disculpa que no haya ido a entrenar. No… no me siento muy bien.
El shinobi de la niebla asintió. Bueno, eso lo podía ver claramente con sus propios ojos. La veía tan cansada y demacrada que ni siquiera le daba ganas de reprocharle nada. Corrió la vista y se encontró con los dibujos de Sasori. Le costó muy poco percatarse de que había retratado a su compañera en diferentes ocasiones. 'Así que ya te encariñaste con ella, ¿eh, Sasori?', pensó, con una sonrisa burlona, mientras tomaba una hoja y la levantaba, para verla mejor. Ya era bastante extraño que un Akatsuki tuviese algún lazo de 'amistad' con alguno de sus compañeros, como para encariñarse con alguien de afuera. Aunque esa chica era bastante… diferente. Al no tener un perfil bajo, era imposible ignorarla, y por tal, o se la odiaba o se la amaba —en el sentido de camaradería—. Soltó la hoja y se volvió hacia la pelirrosa.
—Vi a la mujer esa… la que vino con Hidan.
El rostro de la Haruno se ensombreció, pero Kisame sabía que tenía que tocar ese tema tarde o temprano si quería que ella le contase la verdad.
—Esa no es una mujer —espetó ella, con voz asqueada—. Es una puta, y me insulta su presencia. Aunque imagino que uno se puede esperar algo como eso de ese infeliz cabrón —respiró hondo, y al peliazul le pareció que se estaba conteniendo unos cuantos insultos.
—Bueno, tienes razón en cuanto a que de Hidan se puede esperar lo que sea. A ser sincero, al principio creí que sería una nueva integrante.
Sakura rió con ironía.
—¿Una integrante de Akatsuki? ¿Ella? Por favor. Antes se lo pedirían a…. —se quedó callada, estupefacta ante la idea de lo que iba a decir. Había estado a punto de soltar 'Teuchi', el simpático y bonachón señor que regenteaba el puesto de Ichiraku ramen en Konoha. Sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas, por lo que clavó la vista en la puerta.
Nuevamente sentía esa añoranza, ese vacío que no sería llenado hasta que regresara a su aldea. A decir verdad, nunca se había ido; siempre había estado allí, muy profundo, pero estaba. Sin embargo, por alguna extraña razón, que el inmortal hubiese traído a esa mujer había sido como una doble dosis de realidad. Ella no estaba vacacionando; estaba secuestrada. Y al primer movimiento en falso, tendría que decir adiós. Agradecía enormemente la presencia de Sasori, y aunque hubiese deseado tener a Deidara y a Tobi, podía conformarse con el pelirrojo. Pero ahora él se había ido, y estaba sola nuevamente. Bueno, no exactamente sola. Se restregó los ojos y se dirigió a su acompañante.
—Así que… ¿no te molesta que no me haya presentado a entrenar?
Kisame le sonrió de lado.
—Mentiría si te dijera que no me fastidió. Una buena pelea es lo único que me estimula y, ya sabes, Itachi no siempre está a por la labor —Eso pareció traerle un pensamiento, porque cambio radicalmente de tema de un segundo a otro—. Hablando de Itachi… ¿Qué carajos le hiciste para que se quedara tan callado?
—Lo dices como si generalmente fuera muy locuaz —replicó, con mordacidad.
—Eso es cierto, pero algo le has de haber dicho, porque ahora está… extraño. Más callado que de costumbre. Creo que has puesto su cerebro a fundir de tanto que ha pensado en los últimos días.
Sakura se rió con maldad.
—Me alegro. Con suerte estará muerto para el amanecer —y el peliazul pudo ver una chispa de dolor fundida con una de odio en los ojos jade. Esa chica realmente era todo un misterio.
—¿Por qué lo odias tanto?
La pelirrosa se quedó callada unos minutos, como sopesando la respuesta. ¿Por qué lo odiaba? En síntesis, él era el causante de todos sus problemas, tanto actuales como pasados. Si él no hubiese masacrado a su clan, Sasuke sería feliz. Si Sasuke fuera feliz, no hubiese ido a vengar a su clan. Si no hubiese ido a vengar a su clan, Kakashi, Naruto, ella y él hubiesen estado juntos y felices, como debía ser. Si estuviesen juntos y felices, ella no tendría que preocuparse siempre por Naruto, puesto que sabría que el pelinegro siempre estaría con él. Si ella no tuviese que estar pendiente del Uzumaki todo el tiempo, quizá, y solo quizá, hubiese estado más preparada para el rapto por parte de Akatsuki, y hasta tal vez hubiese podido defenderse. ¿Era eso insuficiente? ¿O quería que le diera más razones?
—Él… —no se percató de que algunas lágrimas habían comenzado a caer de sus ojos—. Agh, él es el maldito cabrón que arruinó mi vida. Nunca, jamás, voy a perdonárselo.
El Hoshigaki no insistió, ni tampoco pensó en presionarla. Ella sabía del pasado del Uchiha. Ella conocía al su hermano menor, Sasuke. Así que ella sabía. En el mejor de los casos, si no podía sacarle nunca nada a Itachi, quizá esa chica… No. Él le era leal a su compañero, y no andaría fisgoneando en su vida aunque el pelinegro nunca se dignase a contestar sus preguntas. Tal vez tendría que esperar a que el pelinegro estuviese moribundo para que le rebelase siquiera un poco de su malditamente misteriosa vida. E incluso era posible que el hombre se guardase sus secretos con él cuando sus labios fuesen sellados por la mano de la muerte. 'A todo esto, ¿morirá algún día ese cabrón?', se preguntó, sonriendo con diversión. Itachi se había convertido en alguien casi inmortal para Kisame. En su opinión, la muerte del Uchiha sería, realmente, una batalla épica. Y, carajo, por Kami que él iba a estar ahí.
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Kakashi se detuvo, con su equipo pisándole los talones, frente a la imponente puerta de la Aldea de la Arena. Considerando que la supuesta guarida de Akatsuki estaba cerca de allí, lo más sano era tomar un pequeño descanso. Y puesto que no podían hacerlo en Konoha…
Los guardias de la entrada los estudiaron desde arriba, pero cuando reconocieron al rubio amigo de su Kazekage y al Sharingan Kakashi, se apresuraron a cederles el paso, así como mandaban a llamar a Temari.
—¡Ah, espero que veamos a Gaara! —dijo Naruto, contento con la idea. Según Kakashi, el semblante deprimido del chico había ido mejorando desde que se le había ocurrido que podían tener la localización de la pelirrosa. También Sai y Yamato se veían considerablemente mejor, y no pudo evitar preguntarse si su aspecto también había mejorado. Él se sentía igual que hacía una semana. Había perdido a demasiadas personas importantes como para que una simple y escueta esperanza lo hiciese sentir paz. No quería siquiera considerar la posibilidad de que Sakura estuviese herida o… Bah, no quería pensarlo y punto. Sin embargo, su traicionera mente no hacía más que colar esa idea en su cabeza.
¿Qué se supone que harían si lograban entrar a la cueva, se encontraban con que, efectivamente, allí descansaban los diez Akatsukis y, sin embargo, la realidad de la muerte de Sakura los golpeaba con fuerza? Se encontrarían encerrados en la boca del lobo, y él estaba bien seguro de que la furia los haría arremeter sin consideración contra los criminales —lo que, posiblemente, terminaría con ellos muertos y solo algunas bajas entre los asesinos—. Además, también era muy factible que Naruto liberase al Kyubi, y eso no sería una ventaja para ellos, sino más bien una desventaja. En estado Kyubi, Naruto era incapaz de reconocer a sus propios compañeros de sus enemigos. Pero…No podían dejar a Sakura…
Mientras caminaban por la aldea, guiados por uno de los guardias, Kakashi se tomó la cabeza con ambas manos. '¡Ah, me volveré loco de tanto pensar! Sensei, ¿qué hubiese hecho usted?', se preguntó, pensando en Minato. 'Es cierto que en el mundo del ninja aquellos que no cumplen con las reglas son llamados escoria, pero aquellos que no cuidan a sus amigos son peor que escoria.'. Ah, si, había olvidado que ahora también podía contar con su mejor amigo. 'Gracias, Obito, por todo'.
Lo que sea que pienses, me ayudara a mejorar. Así que deja un review! Gracias por leer.
Muchas gracias a los que le dieron favoritos o seguir a esta historia. También a los que le dieron alerta. Ustedes también me inspiran a seguir!
Si no fuera mucha molestia, antes de contestar a sus reviews me gustaría hacer una pequeña aclaración (o más bien me estoy auto promocionando): A aquellas amantes del Akasaku o del Sasosaku, me estoy cocinando un nuevo fic -sasosaku-, que aparecerá en breve. Así que, ya saben, si tienen un minuto libre... léanselo! A mi solo me hará mas feliz :D
Harunoakatsuki: Hola! Me alegro de que te gustasen los caps :D Me alegro que odies a esa perra tanto como yo. Por cierto, si, Saku estaba que hervía viendo a Hidan tan fresco, con la estúpida manoseándolo. Mira que incluso le sacó el apetito a Pain y a Konan! Tranquila, si los toca yo misma te la llevaré en un plato para que hagas de ella lo que te plazca ^^ Mmm, tienes ideas interesantes, pero piensa en que tu única amiga, tu único cable a tierra, te pidiese que la ayudaras a escapar. Sería algo medio difícil de decidir, no crees? Pero ya verás como se desenreda todo esto. Gracias por el ánimo! Cuídate mucho!
Minene Uryuu: Claro que son irresistibles. Fíjate bien: Gaara, Nagato, Sasori. Ah, ellos se llevan el crédito. Pero tienes razón, los peliblancos (Hidan y Kakashi) también tienen su empuje, a que si? Yo los adoro a todos, cualquiera sea su color! Emm, parejas... EEHHH, qué tal todas ellas? JAJAJA si, así de loca estoy. Cualquier parejita me viene bien (Por cierto, Hidan y Kakuzu son la única pareja yaoi que me gusta. Es como... tanto odio y después... jajaja me entiendes) ^^' Si, Minene es una chica mala, tendré que mandarte a Tobi para corregirte (? Gracias por todo! Cuídate mucho!
Itami-chan: Hola linda! Si, por fin le hemos ganado a esta estúpida página del mal! Esos muñecos son una pasada, de verdad! Claro que Deidei está celoso. Mira que estuvieron a nada de besarse y los interrumpió, y ahora sale con esa perra. Sasori no está celoso, no en el sentido de amor. Lo que sucede es que la ve como su hermanita menor, y ya sabes, los escorpianos son en demasía celosos y posesivos con lo que consideran suyo. Ps creo que puedes imaginarte cuales son los planes que Hidan tenía en la cabeza al traer a esa perra. De todos modos, ya lo descubrirás, tarde o temprano. Sí te puedo asegurar algo, es que el dios griego se arrepentirá! Pero falta para eso. Ah, cómo no amar a Itachi, eh? Es un bomboncito de chocolate ^^ Te prometo que tendrá más participación en el próximo capítulo. Gracias por el apoyo y por esa foto TAN fantástica de tus muñecos ^^ Cuídate mucho!
Bra Brief: Hola! Gracias, me alegro de que te gustase :D Ps, Sakura ya se encargará de esa sucia perra, ya verás. También amo a Deidei, más que nada cuando está celoso! Mmm, aún no tengo en mente hacer una, ya sabes, estoy algo complicada con los tiempos, pero en cuanto termine ésta puede que la haga. Y tendrás que leerla (? No, era broma. Gracias por el ánimo! Cuídate mucho!
Annie Darcy (Niña Bonita): Ay, que dulce eres! Me haces sonrojar :3 Claro que si! Querida, tu has sido mi primer review, mi lectora más fiel, tu eres mi amiga cibernética! El continuar esta historia te lo debo enteramente a ti ^^ Oh, pervertida, quieres mordidas de los Akatsukis? Yo que tu me cuidaría con Kisame, a él le gusta morder, y con esos dientecitos suyos, seguro lo hace bien fuerte! jajaja Claro que lo haré! Ambas comiendo de un gran menú de Sexys Personajes de Naruto. Te imaginas? Sería mi muerte, en serio, podría morir en paz luego de eso :D Fíjate que Hidan ya está tomando el camino oscuro, y creo que tienes en mente lo que le sucederá... (Coincido contigo, esa perra es doblemente perra por quitarles el apetito a mis dulces niños). Si, arriba Deidei y Saso-sexy! Ellos protegerán a Saku por sobre todo! (que pillos se han vuelto estos chicos ^^) Quédate tranquila, a mi tampoco me gusta esa mujer. O esa perra que se hace llamar mujer. Saku, dale su merecido! Avegvmmvmkv Itachi es una cosita hermosa! Te molestaría hacer una boda doble? Ah, seguro no te importará compartir a tu Ita-kun conmigo ^^ Soy buena, lo juro jajaja Gracias querida amiga :') Tu siempre serás mi apoyo, de verdad espero que no te canses de esperar y me dejes! También te quiero, cuídate mucho! Yours~
Yasz: Claro que nuestro inmortal tiene su lado malévolo. Y por eso lo amamos! Aunque creo que con esto se está pasando, y cuando veas lo que le sigue! Bueno, no te spoilereo (?) más, dejaré que lo veas todo a su tiempo. Más que paternal, es fraternal (aunque nuestro sexy pelirrojo estaría cerca de tener edad suficiente para ser su padre u.u') Y si, también yo creo que ellos dos (junto con Tobi) son los pilares que la sostienen. Suerte por ella! Pensó en Itachi porque últimamente tenerlo tan cerca le está haciendo replantearse las cosas (por ahora, para mal, luego ya será mejor). Mmmm, no digo que mucho mejor, soy pesimista y siempre pienso que mis ideas apestan y que ustedes no me lo dicen solo para ver si algún día mejorarán, pero puedo decirte que, de alguna forma, cumpliré sus deseos. Lo prometo! (o, mejor dicho, prometo intentarlo). Muchas gracias, de verdad me subes el ánimo! No dejes de estar ahí ;) Abrazo desde Argentina (si vivimos en el mismo lugar, pues te llegará mas pronto). Cuídate mucho!
Senju Luna: Hola! aquí está el cap. Gracias por el review! Y, lamentablemente, ahora estoy un poco llena hasta el mismísimo borde de ocupaciones, pero te prometo que en cuanto me desocupe lo leeré. Cuídate mucho!
