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EL HUÉSPED
Por la mira del arma, como en un ultrasonido, sólo que con mejor resolución, Rafael puede apreciar a la creatura que está en el interior del hombre al que apunta. Esa cosa se retuerce, como si presintiera que algo está por pasarle.
-Rafa, no te distraigas.
-En eso estoy, Lindura.
-Aunque es curioso.
-¿Qué?
-Todos parecen ser pandilleros.
Rafael apunta y observa.
-Lo son. Tienen pintarrajeado un Dragón Púrpura. Pero ya sabes que yo primero disparo y después hago las preguntas.
-Lou…- es Donatelo -Traigo dos más conmigo.
-Dos más…- su voz es un susurro temeroso -En cuanto llegues a la bodega, dispárales.
-Bien.
-Rafa, Leo, ¿cómo van? Doni lleva dos más…
Un potente disparo es la respuesta de parte de Rafael.
-¡No le di!- dice amargamente; no logró inmovilizar al humano porque éste dio un impresionante salto -¿De dónde demonios aprendió a saltar así?
-¡No preguntes, dispara!
Leonardo no pierde tiempo, dispara… pero el hombre, como un gran acróbata, salta de nueva cuenta para evitar el otro disparo.
Rafael vuelve a disparar.
El tercer intento falla también.
Como si hubiera sido la llamada para la cena, una multitud aparece corriendo desde la calle oscura.
-¡Lou!- grita Leonardo -¡De la nada salieron más anfitriones!
De alguna parte han salido varias personas (la mayoría con armas como tubos de metal, navajas y cadenas), que corren hacia los otros tres que acosan las tortugas, como lobos que protegen a su jauría.
Leonardo escudriña el interior de esos humanos con la ayuda del rastreador de su arma. Todos alojan a un repulsivo huésped. Unos ya son de mediano tamaño, y en otros, los menos, es una pequeña cría todavía.
-¡Maldición! – Lou blasfema por la terrible situación -¡Miguel, regresa! ¡Apoya a tus hermanos! ¡Li! ¿Me oyes?
Lo que oye es un grito que retumba en el auricular.
Por más que quisiera darse prisa, el Ala Delta sólo sirve para planear. Lou no puede incrementar la velocidad para llegar cuanto antes en ayuda de su amiga.
-¡Llegó la caballería!
Miguel Ángel comienza a disparar a todos los humanos que han llegado al patio de la bodega: toda una horda de pandilleros, y todos tienen una agilidad sorprendente.
-No funciona.- dice Leonardo -Hay que usar las redes electroshock.
Eso hacen las tres tortugas, preparan su equipo para lanzar esas redes, procurando tener sus nervios tensos como el acero. Miguel Ángel está un tanto nervioso.
Y de repente, uno de los humanos brinca treinta metros y atrapa el Ala Delta de Miguel Ángel; lo obliga a estrellarse.
-¡Aaaah!
-¡Miguel Ángel!- grita Rafael
La tortuga de la bandana naranja no se dio cuenta cómo cayó, mucho menos de cómo perdió los lentes, pero un hombre lo tiene agarrándolo por el cuello, un oficial de seguridad privada, de cuya boca van saliendo unos tentáculos, que conforme salen del cuerpo humano, van rompiendo la quijada. La sangre brota como agua de un manantial.
-¡Déjalo!
Rafael se arroja desde el aire y deshaciéndose de los lentes.
Y mientras ve caer a su hermano, Leonardo oye gritar a Donatelo por el auricular.
Rafael cae sobre el hombre que tiene atrapado a su hermano menor. Trata de apartarlo, pero otros brazos muy fuertes se lo impiden; los otros humanos lo arrastran lejos de Miguel Ángel.
Lou va llegando. Ve que Rafael está forcejeando con al menos cinco personas. Otros diez saltan como trapecistas intentando hacer caer a Leonardo, y uno más, de quien ve claramente como sale la Taenia Cruenta del cuerpo para pasarse al de Miguel Ángel… pero no puede hacer nada por ayudar, debe ayudar primero a Li. Aterriza y entra a toda prisa por donde había entrado la chica primero.
Cuatro humanos ven a Lou entrar en la bodega. Corren hacia ahí e intentan entrar también, pero Lou consigue cerrar la puerta a tiempo.
Por todo el alboroto, nadie se fija en los dispositivos que llevan en la muñeca: un tipo de reloj que está alertando que hay otro infrasonido y que no es el que ellos tocan en el MP3. Quien emite esa señal, está cerca de ahí.
Miguel Ángel mira con ojos llenos de terror cómo va saliendo el huésped del cuerpo humano. El cráneo ha sido partido para que el cuerpo de la creatura abandone al humano que ya no le es útil. Sangre y material gris ensucian la temblorosa piel de color verde mar; los tentáculos se enrollan en la cabeza de la petrificada tortuga como en un abrazo de bienvenida.
Rafael por su parte, pelea desesperadamente con los otros humanos. No le dan ni un respiro para poder regresar a ayudar a su hermano.
-¡AAAAHHH!
Un poderoso grito de guerra hace que Rafael voltee… Ve en las oscuras alturas una figura cayendo del cielo, con gracia, como un ángel que desciende a la Tierra… Debe serlo por el par de alas que brillan como la plata y que logra ver apenas por la poca luz que hay sin Luna llena; pero en instantes, Rafael se da cuenta de que es su hermano Leonardo: las alas eran sus brazos completamente extendidos hacia atrás con las hojas de las katanas resplandeciendo por el tenue brillo de un poste de luz que apenas ilumina ese lugar (puede apreciar la mirada de furia porque se ha quitado los estorbosos lentes).
Leonardo parte a la mitad a la Taenia que ataca a su hermano menor, junto con la cabeza de la que salía; las filosísimas hojas de las katanas quedan a escasos centímetros de haber cortado también a Miguel Ángel.
Un gran trozo de la bestia y del desafortunado humano cae sin vida al lado de Miguel Ángel y otro pedazo de carne y hueso, lo que era la cabeza, sale disparada rumbo a donde está Rafael, pero no llega tan lejos.
De repente, de alguna parte surge un horrible chillido que clava sus garras he hiere la Noche. Es un alarido de alguien, o algo, que está sufriendo tremendamente.
No hay tiempo para pensar de qué o de quién se trata, Leonardo debe dejar a Miguel Ángel así, bañando en sangre, para ir a ayudar a Rafael.
En cuanto le quita la sangre a sus katanas y las envaina, Leonardo usa la pequeña maleta que trae a sus espaldas, y les arroja a un par de humanos una red que al caerles encima, los electrocuta y caen inconscientes; el aire se impregna de cabellos y piel chamuscados. Inmediatamente arroja varias redes más, pero el factor sorpresa se ha perdido. Los anfitriones esquivan con facilidad las redes, pero eso sirve para que se aparten de su hermano Rafael.
-¡Te tardaste!- le reclama y se pone en posición de ataque en cuanto está Leonardo a su lado.
Los humanos se reúnen.
-Son demasiados rápidos para lanzarles las redes o dispararles a distancia.- dice Leonardo como el estratega que es -Un ataque directo y frontal es lo que nos queda, pero debemos reagruparnos.
-Si tú lo dices.- Rafael sostiene sus sais.
-No Rafa. No podemos luchar contra ellos, no son dueños de sus acciones.
-¿Y cómo es que remataste a ese?- guarda sus sais y señala al cuerpo inerte.
-Ya no tenía esperanzas.
-¿Qué?
-¡Vamos!
Corren hacia Miguel Ángel, quien no se ha movido para nada.
-¡Hermano, levántate!- le ordena su líder, pero no lo escucha.
Miguel Ángel tiene la mirada perdida, justo como si continuara viendo al hombre que estaba por entregarle a su huésped.
Rafael carga con Miguel Ángel a sus espaldas y corren hacia la bodega.
-¡Doni! ¿Dónde estás?- Leonardo golpea a tres humanos para quitarlos del paso en lo que llama a su hermano por el auricular, pero sólo oye la estática.
Antes de llegar a la bodega, acciona la puerta y apenas se abre un poco la cruzan y la cierra justo antes de que los humanos que vienen tras ellos los alcancen.
Li y Lou pelean contra siete humanos muy fuertes (los humanos que siguieron a Lou entraron al romper una ventana).
-¡Rafa! ¡Deja a Miguel!- ordena Leonardo.
Rafael se detiene, para pensarlo por un segundo. Debe dejar a Miguel Ángel para ayudar en la pelea. Lo baja de su espalda, y como la tortuga de la bandana naranja parece que ha perdido fuerza (y la voluntad de llorar, de gritar, de salir huyendo…), cae de sentón.
-¡Montoneros!- grita Rafael al ayudarle a Li a pelear contra quienes ella a duras penas podía defenderse (y eso que es una chica que se recluye en el laboratorio).
-G… gracias.- ella tartamudea, pero no tiene tiempo de decir más, debe esquivar un golpe de otro de los humanos que los acosan.
-¿Alguna idea?- pregunta Rafael -¡Porque estos, con guamazos, no los detendremos!
-¡Sí!- dice Leonardo.
Al hombre que enfrenta, le da un fuerte golpe únicamente con su dedo índice de su mano derecha cerca del cuello. El humano se paraliza y cae rígido al suelo.
Li y Lou entienden al instante lo que hizo Leonardo y hacen lo mismo con quienes pelean; consiguen paralizarlos.
Los cuatro humanos que restan (porque con el que peleaba Rafael se apartó a tiempo), al ver lo fácil que sus compañeros has sido sometidos, se alejan de los chicos y las tortugas.
Éstos no lo piensan dos veces para ir tras ellos.
Los anfitriones corren hacia la ventana rota, pero les cortan el paso sus perseguidores. Así que corren a la puerta principal, pero está cerrada.
-No tienen a dónde huir.- sentencia Lou ya con la victoria segura.
Los chicos sacan las pequeñas bayonetas y les apuntan. Tan cerca están que, por muy ágiles que sean los pandilleros, esta vez no fallaran.
Pero las creaturas que están dentro de los humanos, de un golpe, traspasan el tórax de su anfitrión.
Sangre y órganos salpican por todas partes.
Los chicos que presencian esto, apenas logran hacerse hacia atrás para no ser salpicados por toda esa inmundicia que se riega.
Las grotescas y viscosas creaturas se dispersan y se arrastran velozmente en busca de cualquier rendija.
Disparan, pero son demasiado rápidas. Se cuelan por una grieta.
De nuevo se oye un chillido fuerte.
-Esa es la nana.- dice Li al reconocer el chillido.
Los humanos que estaban por entrar por la ventana rota, se alejan corriendo.
Li, Lou y Leonardo salen de la bodega, pero ya no hay ningún humano. Rafael se ha quedado con Miguel Ángel.
Leonardo corre con todas sus fuerzas hacia la entrada del enrejado, llega al lugar donde cayó la red que lanzó, pero no mira que los humanos que había atrapado, ya no están. Sigue corriendo desesperadamente.
-¡Maldición!- grita de coraje Lou -¡Se han escapado! ¡No caerán en el mismo truco otra vez!
-Sólo tenemos seis.- dice Li con tristeza -Y eran… muchos.
Leonardo corre hacia la oscura calle, pero se detiene al ver a lo lejos lo que le preocupaba.
-¡Doni!- se alegra.
Donatelo está de pie, aunque ligeramente encorvado.
Leonardo corre más deprisa hacia su encuentro.
-Hola.- dice Donatelo cansado y visiblemente golpeado; se quita los lentes especiales, pero los deja sobre su cabeza; así Leonardo puede ver la angustia en sus oscuros ojos.
Nada más llega con él, y lo abraza fuertemente.
-Estoy bien, Leo.- dice Donatelo antes de que el propio Leonardo le haga la pregunta; lo aparta luego porque lo ahoga -Sucedió algo inverosímil: los dos humanos que traía hacia aquí, saltaron directo a mi Ala Delta y me derribaron, y a pesar de ser sólo dos jóvenes estudiantes, que aparentaban que nunca en su vida habían entrenado en algún arte marcial, me dieron pelea, y cuando creí que acabarían conmigo, se fueron al oír un grito muy raro.
-Sí. Todos lo oímos. Pero vamos con los otros.
Al pasar junto al cadáver, Donatelo se atreve a mirar, pero más que ver la sangre y el cerebro desparramados, le interesa la extraña creatura que salía de ese destajado cuerpo. Pasa de largo sin hacer ningún comentario, sólo un dejo de tristeza parece querer salir por sus cansados ojos, pero logra permanecer sereno.
Momentos después, Donatelo y Leonardo intentan hacer reaccionar a Miguel Ángel, que sigue sentado en el suelo sin poder hablar, ni siquiera parpadea. Mira fijamente a la nada, como aguardando a que comience la película que ha estado esperando por semanas; pero el bonito color de sus ojos se ha opacado.
Li y Lou se encargan de los que pudieron atrapar. Entre los dos meten, arrastrando al último de lo que lograron capturar, a una de las capsulas que habían preparado. Los primeros cautivos no dejan de golpear su prisión, suplicando desesperadamente que los dejen salir.
Ni Li ni Lou se compadecen por los gritos de los angustiados humanos.
-¿Qué les van a hacer?- Rafael pregunta sin apartarse de su hermano menor.
De un bolsillo de su bata, Lou saca un control.
-Matarlos.
Con esas palabras, se gana la atención de Donatelo y Rafael; ambos se ponen de pie.
Lou oprime un botón.
Las capsulas dejan escapar en su interior un gas congelante.
Un grito de dolor se oye ahuecado por la prisión en la que están los humanos… y también un feo chillido los acompaña.
Los humanos son congelados en segundos y estallan al instante. Los diminutos fragmentos se esparcen como una ventisca de nieve, pero ésta no es blanca ni pura como la que cae en invierno, sino que es sanguinolenta y hedionda.
El tronido fue lo suficientemente fuerte para asustar a Miguel Ángel y sacarlo de su letargo sepulcral.
-¡NOOOOOOO!
El terror que llegó a sentir, finalmente logra escapar.
Afortunadamente para él, su hermano mayor lo protegió, y lo hace de nuevo; ahora lo envuelve en un cálido abrazo, permitiéndole a la asustada tortuga desahogar su miedo.
-¿Por qué?- dice Donatelo dolorosamente asombrado (Rafael se ha quedado sin habla) -Creí que los llevaríamos al laboratorio, y con el adecuado equipo quirúrgico, les extirparían el parásito.
-Una vez que te invade una de esas cosas…- dice Lou no muy feliz por lo que acaba de hacer -no existe manera alguna de salvarte.
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N/A:
Lamento si alguien se hizo la ilusión de que podría surgir algo entre Li y alguna de las tortugas, pero eso no sucederá. Como consuelo, les aviso que Rafa, Doni y Leo tendrán su novia respectiva en fics futuros, sólo pido paciencia.
Comentarios, sugerencias, dudas, peticiones, aclaraciones, zapes, jitomatazos, abucheos, reclamos, ultimátums, etc., etc., son bienvenidos.
Gracias por tomarse su tiempo y leer mi fic.
n.n
