Hola hola! Aquí Laly vuelve con su inacabada historia. Lamento la tardanza, pero ya saben cómo es esto del estudio. Si Dios quiere, dentro de dos meses tendré dos semanas de vacaciones.
Tengo un favor que pedirles. Estaba releyendo los capítulos anteriores y me topé con que algunas palabras tuvieron error de tipeo, por lo que estaban mal escritas. No leí toda la historia, por lo que puede ser que algunos de los errores sigan allí. Si encuentran alguno, por favor háganmelo saber, para así poder corregirlo. Se los agradeceré mucho.
Antes de dejarlos con la lectura, como de costumbre, espero que todos se encuentren en un estado de paz, que gocen de buena salud, al igual que sus familias, y que tengan un grato momento leyendo este capítulo.
Advertencias: La clasificación posteriormente subirá a M.
Bueno, esta es mi primer historia, así que es probable que cometa algún que otro error. Es un Hidasaku, así que al que no le guste, QUE NO LO LEA!
Declaimer: Naruto y todos sus personajes y paisajes son propiedad del señor Masashi Kishimoto-sama. Sin embargo, yo estoy jugando con sus niños; a algunos los reviví, a otros los deje muertitos y cosas por el estilo.
Sasori abrió la puerta de su cuarto con cuidado, procurando que los goznes no chirriasen. Adentró la cabeza y contempló las penumbras, que habían terminado por devorarlo todo. Sus orbes miel se detuvieron en una figura larga, echada desenfadadamente sobre la cama. Pasó el cuerpo por la abertura de la habitación y caminó hacia adentro con el cuidado y la elegancia que lo caracterizaban. No por nada era el Escorpión de las Arenas Rojas. Se movía en las sombras y atacaba en silencio, desde la negrura. Sin prender la luz, se sentó en la silla, cuidando el sueño de la pelirrosa. Al parecer, no dormía tranquila; apretaba mucho los ojos, el labio le temblaba y estaba tiritando. Se puso de pie y se quitó la capa, dejándola con suavidad sobre el cuerpo de la chica. Inmediatamente, ésta dejó de temblar. Se fijó en las ojeras oscuras que adornaban sus penetrantes y paralizantes orbes verde jade, que en aquel momento se encontraban tras el velo de los párpados. 'Hidan, algún día, no importa quién, Jashin, Kami, o quien sea, te hará pagar cada una de las maldades que haz hecho'. Sinceramente, apartando el hecho de que quería mucho a la kunoichi, no comprendía la manía del peliblanco por lastimarla. ¡Si hasta parecía haberse ganado a Kisame! Y, en opinión de Sasori, el peliazul solo consideraba a su compañero y a su líder, o a alguien que le hubiese dado una buena pelea —en tal caso, tendría respeto por la memoria de dicha persona, pues no recordaba que el Hoshigaki hubiese perdido nunca una batalla—.
Sakura se movió y farfulló algo, que escapó a la comprensión del pelirrojo. Entrecerró los ojos, atento a cualquier otro movimiento de la Haruno, pero ésta se quedó laxa y quieta, casi sin respirar. El chico resopló y se despeinó el cabello, molesto. Esa mujer —¿Cómo había dicho que se llamaba? ¡Ah, si! Minako… o algo parecido— lo había entretenido toda la tarde, y no había podido pasar ni un momento con la pelirrosa. Cuando había terminado con la rubia, se había chocado con el espadachín peliazul, quien, algo divertido y algo enfadado, le había dicho que perdiese cuidado, pues él se había quedado con Sakura hasta que a ella la había vencido el sueño.
Frustrado y molesto, se dirigió a la puerta y la abrió con rudeza, aún sin hacer ruido. Ahí, en el pasillo, estaba justo la persona a la que él quería ver.
—Deidara —le gruñó.
El muchacho lo miró con asombro unos segundos, para terminar acercándose a él.
—Sasori no Danna, un. ¿Qué necesita?
—¿Dónde estuviste todo el día? ¿Por qué Sakura se quedó con Kisame?
—Danna, podría preguntarle lo mismo a usted, un —replicó el rubio, entre irritado y divertido—. Y si me hubiese encontrado en su cuarto, seguramente me hubiese asesinado.
—No seas impertinente, mocoso estúpido —le espetó el mayor, con voz chirriante. El menor dio un paso atrás, midiendo el peligro que destilaba su maestro—. No tiene por qué importarte donde estuve.
El rubio se cruzó de brazos.
—¿Y por qué habría de importarle a usted lo que yo haga? No soy un niño, Danna, un.
El pelirrojo, haciendo honor a su nombre, se movió con suma rapidez y tomó a Deidara por la capa, alzándolo un poco —siendo un poco más bajo que su subordinado, no podía levantarlo mucho más—. Acercó su rostro al del adolescente y le habló al oído, con un siseo.
—Guarda tus palabras, Deidara, porque puede que a la próxima ya no puedas pronunciarlas. Te gusta tu lengua, ¿no es así? Yo que tu, la cuidaría.
El rubio, tan pronto como sus pies tocaron el suelo, se alejó del pelirrojo unos cuantos pasos. Lo miró con sincera estupefacción. Entendía que quisiera cuidar a la pelirrosa —también él la quería—, pero, si tanto le importaba, ¿por qué no se había quedado personalmente a hacerlo? No era que Kisame fuera santo de su devoción, pero le parecía que la chica y el peliazul se llevaban bastante bien, mucho, teniendo en cuenta los cánones de lo normal en referencia al shinobi de la niebla.
—¡Sempai, Sasori-san! —ambos hombres se volvieron al llamado de la cantarina voz.
Tobi llegó hasta ellos bastante agitado, porque se inclinó e infló su pecho de aire en un solo segundo. Luego volvió a enderezarse e inclinó un poco la cabeza, signo de que estaba sonriendo.
—Sasori-san, ¿se divirtió esta tarde con Minako-chan? —preguntó con inocencia, entrecruzando ambas manos en su espalda.
El rostro del Akasuna se desencajó por completo. Deidara, conteniendo la risa, se giró hacia él, con una sonrisa irónica bailándole en el rostro.
—Así que Minako, Danna, un. Luego no diga que…
Antes de que el adolescente pudiese continuar, el mayor volvió hacia él su rostro, muy lentamente, casi mecánicamente, con una mirada que el rubio jamás olvidaría. Por un segundo, consideró seriamente la idea de que su maestro iba a asesinarlo sin compasión alguna en ese mismo instante. Inconcientemente, uno de sus pies se movió hacia atrás, presto a correr si la situación lo ameritaba.
Sin embargo, y para sorpresa del rubio, tan abruptamente como había llegado, Sasori se dio la vuelta y se encerró en su cuarto, sin una palabra. A veces su Danna podía ser tan extraño…
—¿Y tú? ¿Qué haces despierto a esta hora, un? —curioseó el artista, observando a su compañero.
—Hidan-san y Minako-chan están haciendo mucho ruido, y Tobi no podía dormir —replicó, en tono confidente. El rostro de su sempai adquirió un tono granate cuando, luego de un escaso segundo, comprendió el significado de esas palabras (incluso cuando Tobi no las había dicho con ninguna intención implícita).
—Puedes dormir conmigo hoy, un —ofreció el mayor, y cuando notó que el enmascarado tomaba aire exageradamente, casi seguro que para chillar un: 'Sempai, ¡Tobi es un buen chico! ¡Tobi dormirá con el sempai! ¡Tobi tiene al mejor sempai del universo!', se apresuró a cortar—: Pero te advierto: un solo sonido, y despídete de tu vida, un.
—Entendido, sempai —aceptó el chico, llevando una de sus manos a su sien, al estilo militar.
'Ahora entiendo a lo que se refiere Sasori no Danna cuando no para de llamarme mocoso', gruñó en su cabeza Deidara, observando el baile de la felicidad que se estaba montando Tobi frente a la puerta de su cuarto, empero, sin emitir ni un sonido. Observó la puerta que lo separaba del cuarto de su maestro, con tal intensidad que, seguramente, pudo haberla echado abajo con el pensamiento. En general, jamás se le hubiese ocurrido cuestionar a su Danna —exceptuando el tema del arte. El pelirrojo podía ser tan ingenuo a veces… Mira que decir que el arte era eterno, cuando la belleza de las cosas era efímera; aparecía un momento y, en el siguiente, desaparecía—, pero no podía llegar siquiera a comprender la razón para que Sasori hubiese pasado toda la tarde con esa mujer. Es decir, ¡era amiga de Hidan! Eso era suficiente para alzar una barrera infranqueable entre ella y el resto de los Akatsukis. ¿Cómo había podido su maestro dejarse engatusar por semejante… semejante…? ¡¿Cómo había podido dejarse embaucar?!
Abrió la puerta de su cuarto y entró el primero, siendo seguido por Tobi. Éste inmediatamente comenzó a pasearse por la habitación, alabando incansable la cama, el escritorio, incluso las paredes —donde Sasori, no sin cierta reticencia y unos cuantos gruñidos, le había permitido poner algunos de sus cuadros, aunque otros eran de Deidara mismo—. El rubio alzó la mirada y soltó un suspiro. Iba a ser una noche muy larga…
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'¿Dónde estuviste ayer toda la tarde, Sasori? ¿Por qué no me dijiste que tendría que comer sola? ¿A dónde mierda te acabas de ir, sin siquiera dejarme una maldita nota?'. Esas eran algunas de las preguntas que a la pelirrosa le hubiese gustado hacerle a su compañero de cuarto. Ya era entrada la noche cuando, el día anterior, Kisame la había dejado para que descansase. Y no había habido ni pista del pelirrojo.
Acababa de levantarse, dispuesta a regañar al Akasuna, pero se había llevado la desagradable sorpresa de no encontrarlo allí; el cuarto estaba silencioso y vacío. Recorrió con sus jades la habitación, buscando algún indicio del paradero del shinobi de la Arena, pero solo encontró su capa de Akatsuki acomodada en un perchero. Se quedó sentada en la cama, indecisa. Jamás se había levantado sin que el muchacho estuviese allí. Aunque algunas veces se había adelantado a desayunar, o había ido a cenar sin él, lo hacía sabiendo que el hombre estaba en su habitación. Y ahora era ella quien estaba ahí, sin saber qué hacer, sintiendo que algo faltaba.
Sin muchas ganas, fue a darse su baño matutino, arrastrando, desganada, los pies. Cuando comenzaba a hacerse una rutina… se la destruían cruelmente. ¿Cuánto tiempo había pasado ya? ¿Diez, once días? No lo recordaba bien. Sabía que era más que una semana, pero menos que dos. Quiso correr la almohada para contar las marcas, pero recordó que, con los acontecimientos de los últimos días, había olvidado llevar la cuenta. Bajo el agua caliente, bufó con exasperación, sintiendo lágrimas de rabia e impotencia. Kami debía estar masticándose algo bien gordo para ella. Primero, el insoportable inmortal; ahora, el mejor amigo que tenía en la organización. Lentamente, la tranquilidad que había ido forjándose comenzaba a diluirse, abriendo de un plumazo la espesa y oscura neblina que, en sus ojos, tapaba la realidad. Que estaba allí para aprender de sus captores y que, tarde o temprano, debía hacerse de valor y escapar.
'Espérame, Naruto, solo espérame. Cuando salga, haber sido débil de corazón y débil de valor habrá valido la pena.'. Se secó y vistió con lentitud, paladeando la idea de desayunar sola. Podía buscar a Deidara, pero quizá el rubio había acompañado a su maestro en lo que fuese que el pelirrojo estuviese haciendo. ¿Y Tobi? Si al menos supiese donde demonios estaba su habitación…
Salió al pasillo con cautela, observando con cuidado las siete puertas restantes. Alzó la cabeza —lo peor que podía hacer era mostrarle a los criminales que les tenía siquiera un poco de miedo— y caminó hacia la cocina, procurando que sus botas no sonasen demasiado en la quietud de la mañana.
Cuando llegó a la gran habitación, casi se sorprendió de encontrarla vacía. ¿Qué sucedía ahí? ¿Acaso se habían ido, quizá a alguna misión? Su corazón se estrujó, y ella deseó fervientemente que, si efectivamente se habían ido a una misión, que esa fuese bien lejos de Konoha. Se preparó un te y tomó algunas galletas de un gran pote rojo con el nombre 'Tobi' toscamente escrito en negro. Se sentó a la mesa en el lugar que ocupaba habitualmente y cerró los ojos, buscando algo de tranquilidad. ¿Cómo se suponía que iba a averiguar algo sobre los Akatsukis? De plano, debía descartar a Zetsu, al líder y a Konan. El primero era capaz de comérsela antes de que pudiese formular una pregunta, y le daba pavor siquiera mirar a los ojos de los otros dos como para animarse a preguntar algo. Al resto, al parecer, tendría que sacárselo sutilmente, muy sutilmente. Kisame ya le había dejado en claro que su lealtad por la organización era inquebrantable, por lo que, probablemente, él sería el más difícil. Y a Deidara y Sasori… Kami, ¡no quería herirlos! El pelirrojo tenía tanta agudeza mental que tendría que repensar las preguntas que le haría diez mil veces antes de formularlas en voz alta, pues el chico podía desconfiar con la mayor facilidad. Y Tobi… sinceramente no creía que el chico supiese nada de gran profundidad, por lo que no era necesario siquiera molestarse.
Un sonido a su izquierda la sacó bruscamente de su línea de pensamientos, haciendo que se volviese con el ceño fruncido y un casi imperceptible temblor. 'Uchiha', lo reconoció, cuando sus jade chocaron con los ónice de él. El muchacho se había plantado allí donde estaba, como dudando de si entrar o volverse a su habitación. Sakura sintió un tirón de pena al ver al hermano de Sasuke, el mismísimo Itachi Uchiha, dudando sobre algo.
—Buenos días —le dijo entonces, como para alentarle a hacer algo (no le importaba si la saludaba o se iba, ¡pero que hiciese algo de una vez!)
—Buenos días —le contestó en un murmullo, sentándose en la silla que había frente a la de la kunoichi.
La mirada de la pelirrosa se afiló, casi como regañándolo por haberse sentado ahí. Pero todavía estaba esa tristeza y ese vacío en los ojos negros y, muy en el fondo, la Haruno se sintió avergonzada de la manera nefasta en la que lo había tratado la última vez. '¡Todo es tu culpa! ¡Si no fuera por ti, Sasuke-kun estaría con nosotros, sería feliz! Te odio, Uchiha.'. Sus palabras le quemaron en la conciencia, haciendo que se hundiese en la silla. Ella nunca hablaba sin respaldo, le gustaba tener fundamento para sus palabras, pero ahora… Inclinó la cabeza con desazón al recordar los prejuicios que la mantuvieron tanto tiempo alejada de Naruto, los que la hicieron despreciarlo a cada paso, los que la hicieron excluirlo. Estaba cometiendo la misma clase de prejuicios, solo que ahora los estaba dirigiendo a un hombre que, pese a su apariencia fría y desinteresada, en sus ojos mostraba un corazón que parecía caerse a pedazos.
Alzó la mirada y se encontró con que el muchacho la observaba con insistencia, clavando sus ojos en los de la pelirrosa, penetrando en sus pensamientos como si de un rayo láser se tratase. Sakura sintió que sus pensamientos estaban desnudos frente a esa mirada, como si él realmente pudiese leerle la mente.
—Uchiha… —su voz salió suave y baja, como si no hablase a conciencia— deja de mirarme de ese modo.
Itachi obedeció, reclinándose en la silla y dirigiendo su vista a la pared, como si allí hubiese algo que pudiese interesarle.
—Itachi —la muchacha paladeó el nombre con lentitud, acostumbrando a su boca. Itachi. Dependería de él que continuase llamándole así, o que volviese al frío y seco 'Uchiha'. El mentado la miró con asombro, aunque sus facciones continuasen duras como la piedra. Quizá nunca lograría cambiar esa expresión—. Lamento… lo que te dije la última vez. Yo… fui una grosera.
—No hay forma de que sepas, por lo que era lo normal que creyeses que lo hice para hacer daño a Sasuke. Pero, como te dije, Sasuke es, fue y será siempre lo que más me importe en el mundo.
Había sido, por lejos, el discurso más largo que la chica había oído de él. Pero, nuevamente, la estaba poniendo contra la pared. Decía que quería a Sasuke, y sin embargo lo había dejado solo. ¿Había dicho que no había forma de que ella supiese? ¿Que supiese qué?
—¿De qué hablas? ¿Por qué dices que quieres a Sasuke, si no has hecho más que traerle dolor? ¿Sabes acaso el odio que ha masticado desde que acabaste con el clan? ¿Sabes…? —las lágrimas, oportunas, no tardaron en asomarse por sus ojos, cayendo a borbotones. Bajó la cabeza y apretó los ojos. ¿Por qué se lastimaba así? ¿Por qué? El muchacho frente a ella permaneció en silencio, respetando su dolor. Estaba bien, era mejor así. Seguramente, si hubiese amagado con acercarse, ella lo hubiese rechazado. Sakura respiró hondo, tratando, inútilmente, de que las lágrimas se detuviesen. Llorar no la ayudaría en nada, eso lo había aprendido hacía mucho tiempo. Empero, eso no parecía importarle nada a su cuerpo, porque éste derramaba lágrimas cada vez que una calamidad la acometía. Y, bueno, digamos que eso sucedía bastante seguido. Cuando creyó que su voz saldría, al menos, con algo de fuerza, abrió los labios y lo dejó salir—: Cuéntame.
Itachi se echó hacia atrás, como si lo hubiese abofeteado. ¿Que le contase? No podía hacer eso, por supuesto que no. ¿No podía? ¿Por qué no podía? Porque… bueno, eso no importaba. Sencillamente no podía y punto. No le había contado la historia a nadie, absolutamente ningún alma sobre la tierra —excepto Madara y los altos mandos de Konoha— conocía las razones que lo habían empujado a hacer lo que había hecho. Abrió la boca para negarse, pero entonces se detuvo en sus ojos, y pensó que el peor error que alguien podía cometer era dejarse atrapar por esos jades. Había caído en su trampa desde el segundo en que había permitido que sus ojos se encontrasen. Ella lo miraba con una expresión de ansiedad y tristeza que, seguramente, se parecía a la suya. Esa chica amaba a su hermano, ahora lo veía perfectamente. Amaba a Sasuke como quizá nadie más lo amase. Entonces, ¿realmente podría negarle la razón del sufrimiento de su hermano pequeño? Tenía derecho a saber, ¿no es cierto? Pero quizá no se planteaba contarle la verdad para satisfacer su necesidad de conocimiento, sino para sacarse su propio dolor de encima. Kami le pedía mucho al hacerle morder su propia amargura. ¿Cómo alguien podía soportar tanto dolor? No solo la muerte de todos aquellos a quienes había amado, de su familia, sino el odio de su hermano menor, la persona a quien más quería sobre la faz de la tierra. Nada podía pasar por contarle a esa chica la verdad. Seguramente Kisame se sentiría bien indignado si llegaba a enterarse de que, luego de la fidelidad que siempre le había mostrado, Itachi le agradecía contándole sus secretos a una niña. Pero ella amaba a Sasuke. Ella lo amaba de verdad, no por ser un Uchiha, no por ser hermoso, no por ser fuerte. No. Podía ver con claridad la dimensión del amor de esa muchacha por su hermano. Además, estaba seguro de que ella nunca saldría de allí, por lo que, en el peor de los casos, la verdad moriría con ellos. ¿De verdad había pensado eso? 'Mierda'. Se encontró deseando que escapase, que volviese a su villa, que volviese a los brazos de todos aquellos que, seguramente, la estaban extrañando en ese mismo instante. Deseó que su hermano lo matase pronto, y que volviese con ella y Naruto. 'Sasuke, nunca los dejes. No dejes que se vayan; no los pierdas. Porque nunca, jamás, encontrarás a dos personas que te amen tanto como ellos lo hacen, que te acepten como eres, que perdonen cada uno de tus errores, que curen tus heridas, que siempre estén a tu lado, no importa qué; que no dejen que enfrentes la vida, ni mucho menos tus problemas, tu solo. Porque uno es valiente cuando está a acompañado, pero es cobarde cuando está solo.'.
—Yo… —se sentó mas recto en la silla. No habría vuelta atrás una vez que ella lo supiese. ¿Importaba acaso? No podía seguir guardándoselo, acabaría por volverse loco. Inhaló profundamente, anulando cualquier pensamiento de reproche—. No fue mi deseo asesinar a mi familia. Fui obligado a hacerlo.
Sakura quiso abrir la boca, pero le pareció que lo mejor sería dejarlo continuar. Una vez que Itachi estuviese completamente metido en la historia, ya no sería necesaria su intervención. Suspiró y asintió, instándolo a continuar.
—Era un Anbu cuando todo sucedió. El clan Uchiha siempre fue muy orgulloso, seguro de su poder. Algunos decían que era el clan más fuerte de la actualidad. En aquel entonces solo conformaban la policía de la aldea, algo que, en el fondo, nunca pudieron soportar. Como ya debes saber, en el inicio, Madara Uchiha, líder del clan Uchiha, y Hashirama Senju, líder del clan Senju, fundaron juntos la que luego, tomado el nombre que el mismo Madara le había dado, se llamó Konohagakure. Sin embargo, cuando se decidió que ésta debía tener un líder, que se llamaría Hokage, Hashirama pidió que Madara tomase el lugar. El padre de Hashirama, Butsuma Senju, no aceptó esta disposición, y juzgó que la decisión no podía ser tomada únicamente por Hashirama (además de que era conciente de que la gente de la aldea no aceptaría a Madara como líder). Madara siempre tuvo rencor hacia Hashirama y los altos mandos de Konoha, que tan poco fe tenían en él. Así fue como pidió ayuda en su clan para destituir al Primer Hokage y tomar el poder. Algo salió mal, pues, en lugar de ayudarlo, el clan le dio la espalda. Madara, en su exilio, juró vengarse de los seres humanos, que tantas desgracias le habían hecho pasar.
La pelirrosa parpadeó, completamente enfrascada en la historia. Era mucha información para procesarla. Es cierto que algo de eso ya lo sabía, pues constituía la historia de la villa, pero nunca habían sacado los trapos sucios tanto como Itachi lo estaba haciendo en ese momento. Él conocía la historia desde dentro; el clan Uchiha nunca escondería secretos para ellos mismos, por lo que la kunoichi estaba segura de que lo que Itachi decía era verdad. Aún no le decía la verdadera razón de la matanza del clan, pero ella comenzaba a intuir que había un pasado oscuro rodeando las razones del Uchiha.
—No pasó mucho tiempo antes de que, retomando los ideales de Madara, el clan comenzara a planear un derrocamiento. Ser la policía de Konoha no era a lo que ellos aspiraban a ser. Yo aún era joven, y mi única preocupación real era que Sasuke fuera feliz. Sin embargo, Fugaku Uchiha, mi padre, tenía todas sus esperanzas volcadas en mí, por lo que, durante una reunión, el consejo del clan me mandó espiar a Konoha. Yo era consiente de que un golpe de estado solo conduciría a una nueva guerra ninja, y que eso aniquilaría por completo mis planes de proteger a Sasuke y a la aldea. Debido a esto, comencé a espiar a mi clan y a trasmitir dicha información al Tercer Hokage y a los ancianos de la villa, en lugar de tomar el encargo de espiar a Konoha.
»Así pasó un tiempo, en el que mi clan y mi padre comenzaron a perder las esperanzas en mi. Empero, los intentos del Tercer Hokage en negociar un final pacífico a las hostilidades existentes entre Konoha y los Uchiha fueron ineficaces, por lo que, aún en contra del Hokage, Danzo Shimura y el concejo de Konoha me ordenaron acabar con el clan.
¡Ahí estaba! Por fin, Itachi acababa de revelarle la razón del sufrimiento de Sasuke. A Sakura, aquel anciano, fundador de Raíz —y superior de Sai— nunca había terminado de agradarle. No, ni siquiera soportaba su cercanía. Siempre le había parecido extraño y misterioso, como esas personas que guardan tantos secretos y forjan tantas máscaras, que, llegado un punto, comienzan a olvidar cuál era su verdadero rostro. ¡Así que por ese viejo y el maldito consejo de la villa, toda la vida de Sasuke estaba arruinada! No podía creerlo. Tanto tiempo de odiar a Itachi, tanto tiempo de culparle, para nada. Se sintió invadida por la vergüenza. ¡Y se hacía llamar la más lista de la villa! Solo había sido una estúpida más, que había caído redonda en la mentira del mayor de los Uchihas.
—Pero… si no querías matar a tu familia, pero aún así lo hiciste… ¿Por qué Sasuke…? ¿Por qué lo dejaste vivir…?
El pelinegro sonrió, una pequeñísima sonrisa, pero suficiente para anticiparle la respuesta a Sakura.
—Es cierto que mi vida se redujo al bien de la aldea, y que, si obedecí a las órdenes de los altos cargos de Konoha, fue para evitar que una guerra consumiese a la villa. Pero Sasuke me importa más que la aldea. No hay nada, absolutamente nada, que me importe más que mi hermano —la Haruno le sonrió, mientras sus ojos se humedecían, pero el Uchiha aún tenía algo que contarle—. Antes de cumplir con la orden de Danzo, descubrí la existencia de Madara, quien trataba de reavivar las llamas de la guerra. Eso iba completamente en contra de mis planes, por lo que le ofrecí un trato: él no atacaría Konoha, y yo, a cambio, cumpliría la venganza contra el clan que tanto odio y rencor le estaba acarreando. Por supuesto, tuve que dejar vivo a Sasuke, pues no era capaz de matarle. Sin embargo, no podía salir de allí como un héroe, ni explicarle a un niño de siete años por qué su hermano mayor acababa de destruir su vida. Por eso le dije que me odiara y que, cuando tuviese unos ojos iguales a los míos, viniese a por mí. Antes de irme, le pedí al Tercer Hokage que cuidase de él. Por las dudas, también amenacé a Danzo, alegando que si tocaba siquiera un cabello de mi hermano, yo rebelaría información secreta de Konoha a las aldeas enemigas. Luego de eso… me uní a Akatsuki, pero siempre tuve un ojo sobre Sasuke.
La pelirrosa estaba que no podía con sus lágrimas. Si, era algo humillante que un enemigo la vise llorando, pero, ¿realmente podía considerar a Itachi un enemigo? Todo lo que había hecho, todo lo que había sacrificado… Sintió que merecía la muerte por las tantas veces que había deseado la del Uchiha, echándole la culpa de todas sus desgracias. '¿Por qué lo odias tanto? Agh, él es el maldito cabrón que arruinó mi vida. Nunca, jamás, voy a perdonárselo.'. Ojala ella pudiese mantenerse siempre imperturbable como el hombre sentado frente a ella. Si no fuese él, seguramente ya se hubiese echado sobre él a llorar. ¡De verdad! Y Sasuke había crecido, siempre siendo hosco y frío, solo por creer que debía matar a Itachi. 'Si vuelvo a verle la cara, no pienso perder. Le haré perdonar a su hermano y volver a la villa.', pensó, decidida, sobre Sasuke. Y Sakura Haruno nunca rompía una promesa.
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—Por aquí, por favor —un guardia les llamó la atención, guiándolos a la torre del Kazekage. Justo detrás del hombre caminaba Kakashi, con Yamato pisándole los talones. Unos cuantos pasos detrás, Naruto y Sai sacaban conclusiones acerca de la poca (por no decir inexistente) información que habían recabado.
La aldea de la Arena era completamente diferente a Konoha. Allí estaban en medio del desierto, por lo que no había árboles, ni césped; el clima era caluroso y el aire, pesado. Sin embargo, de cierta forma, la villa tenía su encanto. Las casas eran construcciones más bien pequeñas, hechas en su gran mayoría por arena y roca. No eran muy diferentes entre sí, ni siquiera el palacio del Kazekage se diferenciaba mucho, exceptuando que este tenía proporciones más amplias que el común de las casas.
Naruto estudió a la gente que los rodeaba. Se veían felices, charlaban amenamente, paseaban con tranquilidad. Pensó en Sakura, y deseó fervientemente que estuviese bien. ¿Podrían ellos volver a charlar así, a caminar uno al lado del otro sin más preocupación que el próximo entrenamiento con su sensei? El futuro se le desdibujaba de una manera horripilante, y no podía más que pedirle a Kami que cuidase aquello que quería más sobre la tierra.
Había en Suna un espectáculo que, para cualquier persona que lo presenciase, se antojaba insoportablemente maravilloso; el atardecer. Las luces brillantes, amarillas, naranjas y coloradas, de distintas tonalidades, se derramaban por toda la superficie arenosa del desierto, tornándola encandilante a la vista. Era difícil apartar la vista de dicho fenómeno, casi como si la muerte del sol en la infinidad de la tierra fuese algo doloroso y aun así, hermoso.
Tal parecía el caso del Kazekage, a quien, una vez que entraron en su oficina, encontraron contemplando el horizonte con fijeza, sus pensamientos seguramente a muchos kilómetros de ahí.
—Kazekage-sama —llamó el guardia con suavidad, dirigiéndose a él con un respeto evidente.
Con un giro lento pero seguro, el pelirrojo se dio la vuelta. Los años lo habían tratado bien; ya no se parecía casi en nada al muchacho que, alguna vez, se había presentado a los exámenes Chunin en Konoha. Y no se trataba solo de la ropa —su antigua vestimenta había sido reemplazada por la túnica blanca con cuello azul propia de su rango— sino el aire que lo rodeaba, la energía que transmitía. Sus profundos y puros ojos verde agua ya no reflejaban odio y rencor, sino un dolor y soledad que compartía con cierto rubio de ojos azules frente a él. Su cabello rojizo estaba algo más largo, igual de alborotado, y aún estaba allí el tatuaje con la palabra 'amor' en su frente.
Contempló en silencio a sus inesperados visitantes, quienes, en perfecta sintonía, le hicieron una respetuosa reverencia.
—Puedes retirarte, Ibiku, gracias —pronunció entonces el menor.
—Con su permiso, Kazekage-sama… —comenzó a decir el hombre, pero fue interrumpido por un golpe en la puerta, seguido por el sonido de ésta al ser estampada contra la pared.
—¡Gaara! Nos informaron que… —Temari se quedó callada, observando a la gente reunida allí dentro.
—¿Lo ves? —Kankuro la empujó para poder pasar y, cuando ambos estuvieron dentro, cerró la puerta— Algún día aprenderás el fino arte de la sutileza.
Su hermana se volvió un segundo, aunque le bastó para transmitirle sus infinitos deseos de asesinarlo.
El guardia que acompañaba a los visitantes también les hizo una reverencia y, en silencio, se retiró.
—¡Gaara! Ha pasado mucho tiempo —como de costumbre, fue Naruto quien rompió el silencio, adelantándose y dándole unas palmadas en la espalda al Kazekage. Esa confianza por parte de un extranjero hubiese sido muy mal vista si dicho extranjero no fuese Naruto Uzumaki, héroe de Konoha, y aquel a quien el Kage en cuestión le debía algo más que la vida.
—Naruto —Gaara ensayó una pequeña sonrisa dirigida a su mejor amigo, y luego inclinó la cabeza en dirección el equipo siete—. Kakashi-san, Yamato-san, Sai-san.
—Kazekage-sama, gracias por recibirnos —comenzó Kakashi, adelantándose—. Solo deseamos permanecer aquí unos días, reabastecernos, y partir. Estamos…
—Lo se —lo interrumpió el pelirrojo, con un suave murmullo. Suspiró y se alejó del rubio, en dirección al ventanal. Su rostro quedaba parcialmente invisible para la gente que lo rodeaba, pero a ninguno le pasó por alto que cerraba los ojos y agachaba la cabeza—. Tsunade-sama me ha enviado un mensaje.
Kakashi se tensó. No esperaba que Tsunade actuase de esa manera. Es cierto, se esperaba un buen golpe para cuando volviesen a Konoha, y seguramente tendría que soportar un sermón de aproximadamente dos días, pero eso quedaría entre ellos. Aunque, considerando que Suna era ahora aliada de la villa…
—Gaara, estamos buscando a Sakura-chan. No te estorbaremos.
—Lo se, Naruto, y no es eso lo que me preocupa —Volvió a suspirar y por fin encaró a sus visitantes—. Tsunade-sama me dijo que si pasaban por aquí, debía detenerlos. Al parecer, son requeridos en la villa, y ella no cree que esta búsqueda les de mayores resultados. Como vuestro aliado, y como tu amigo, me tomé la libertad de adelantarme a tus acciones; he enviado un grupo de ninjas sensores a la antigua ubicación de los Akatsukis.
—Gaara, lo lamento, pero no puedes privarme de buscar a Sakura-chan —Naruto se empecinó, y el menor de los presentes intuyó que no le sería nada fácil convencerlo.
—Escucha, Naruto, se que ella es muy importante para ti. Y no te estoy pidiendo que dejes de buscarla porque crea que deba morir —Gaara recordaba perfectamente a la chica pelirrosa de la que tanto hablaba el rubio. Ella había salvado a Kankuro, había participado en su propio rescate y, además, el pelirrojo aún no olvidaba que, en una ocasión, había estado a punto de matarla—. Sin embargo…
Las palabras perdieron fuerzas, y finalmente se quedó callado. ¿Qué? ¿Qué podía decirle? Tsunade no le había dado ninguna excusa; sencillamente se había limitado a pedirle que los detuviese y que los enviase a la villa. Pero él no podía mentirle al rubio. Gaara era plenamente consiente de que Naruto pasaría incluso por sobre él para rescatar a Sakura. Y no podía decir exactamente que no estuviese de acuerdo.
Kankuro, quien había permanecido en un apacible silencio hasta el momento, parado a un lado de su hermana, se adelantó.
—Naruto, puedes volver a Konoha tranquilo; nosotros la buscaremos por ti.
—De verdad se los agradezco, pero es mi deber, y no pienso esperarla de brazos cruzados.
—Naruto, ella salvó mi vida —dijo entonces el chico, captando la atención de los presentes— ¿Crees que lo he olvidado? Bueno, no lo he hecho. Le debo la vida, y no podré pagárselo si algo le sucede. Así que te lo digo; te juro por mi vida, aquí, delante de mis hermanos, que no dejaremos de buscar a Sakura bajo ninguna circunstancia y que, de ser necesario, emplearemos toda nuestra energía en ello.
Nadie replicó. Tampoco tenían mucho que decir. Temari estaría de acuerdo con cualquier cosa que decidiesen sus hermanos; además, Kankuro tenía razón: esa chica le había salvado la vida, y también había participado en el rescate de Gaara. Se merecía su respeto, y el de Suna al completo. Por su parte, el pelirrojo solo deseaba que Naruto aceptase. Quería proteger su vida como él había hecho con la suya. Y por supuesto que cumpliría con la promesa de Kankuro; la buscarían incluso bajo cada grano de arena, a ser necesario.
El equipo siete era otro cantar. Todos apreciaban lo que los hermanos de la arena estaban haciendo pero, por otra parte, comenzaban a sentir unos deseos irrefrenables de decirle algunas cosas a Tsunade. ¿Así que 'los llamaba' porque 'eran requeridos en la villa, y ella no creía que la búsqueda les diese mayores resultados'? Bueno, al parecer hasta ahí llegaba el amor que tanto decía tener la rubia por su aprendiz. No obstante…
—Gaara —Naruto llamó la atención del Kazekage, quien lo observó, solícito—, sabes lo importante que es Sakura-chan para mí. Es mi mejor amiga, es mi hermana —el muchacho asintió—. Nunca podré perdonarte si algo le sucede. Estoy poniendo la vida de quien más amo sobre la tierra en tus manos, Gaara. Por favor, piensa en eso.
—Puedes confiar en que trataré su vida como la mía propia, Naruto —le aseguró el shinobi, y ambos se estrecharon la mano, cerrando por fin el silencioso trato.
Luego de despedirse con alguno que otro chiste y varias sonrisas de camaradería, el equipo siete se retiró, escoltados por Kankuro y Temari, quienes no perdieron oportunidad de sonsacarles algunas noticias sobre la Aldea Oculta entre las Hojas. El menor de los hermanos de la arena permaneció allí de pie, contemplando con tranquilidad los últimos vestigios de un hermoso crepúsculo. Naruto Uzumaki, héroe de Konoha, Jinchuriki del Kyubi, su mejor amigo, acababa de poner en sus manos lo que más le importaba en el mundo. ¿Cabía alguna duda de que Gaara cumpliría con su promesa, a como diese lugar? Sonrió con parsimonia. Él creía —y sabía— que no.
Lo que sea que pienses, me ayudara a mejorar. Así que deja un review! Gracias por leer.
Muchas gracias a los que le dieron favoritos o seguir a esta historia. También a los que le dieron alerta. Ustedes también me inspiran a seguir!
Sakurita-1491: Hola! Me alegra que te encantase :) Espero poder seguir llenando tus expectativas, y como siempre digo, no sabes lo feliz que me hace que me digan que caracterizo bien a los personajes! Creo que esa siempre es una meta para los escritores. En cuanto a Kisame, ps, yo siempre le tuve cierto favoritismo (es uno de mis Akatsukis favoritos) y me molesta que en la mayoría de los fics quede encasillado en el simple 'compañero de Itachi'. Vamos! Él es algo más que eso, tiene personalidad propia, y una historia. Me encanta su personaje! En fin. Muchísimas gracias por el ánimo, y espero que te pases por aquí para este cap. Cuídate mucho!
Minene Uryuu: Oh, querida, no quieres a mi niño bueno? O.o Acaso no te agrada? (yo, totalmente complacida de que me dejes quedarme con el. Es tan adorable ^^). Masashi si que sabe como complacer a sus fans, eh? Creando chicos guapos, y sexys, y malos...! Ah, perfectos xD Bueno, a mi no me importa la longitud del review, solo que tu me dejes tu opinión. Con saber que estás allí acompañándome, para mi es suficiente. Infinidad de gracias! Cuídate mucho!
ImVicky: Oh, puede que lo hayas dejado y yo lo haya pasado por alto. Si fue así, te pido mil disculpas, no fue intencional. Me alegro de que comprendas mis dificultades, y que sepas que no lo hago para dejarlas pagando. Estoy tratando de mediar mis tiempos para poder continuar con la historia. Me alegro de que el capítulo te gustase, y la verdad, coincido contigo, la intervención de Kisame fue lo que más me ha gustado (sinceramente me alegro de que hasta ahora, ninguna haya mostrado aversión hacia el Kisame que yo muestro. Es un personaje importante para mi y saber que les gusta me hace muy feliz). En cuanto a eso, pues, no puedo decir lo mismo, él siempre se llevó parte de mi amor ^^ De verdad, no me quieras matar! Juro por mi vida que el Hidasaku SI va a aparecer, solo tengo que dejarlo madurar un poquitín más. Ps, con respecto a Saso-sexy, qué decirte. Aún no me decido cómo le quiero dar vuelta (aquí me presento con uno de mis insufribles comerciales; lo lamento, pero es necesario: estoy con un sasosaku entre manos, 'A look, only that's enough', es A/u, pero si quieres, puedes al menos pasarte y echarle una ojeada. Solo me traerás más felicidad :D) Gracias por la inspiración! Ya me dirás si ha dado frutos en este cap. Y también te agradezco tus deseos para con mis estudios. Creo que esos si están surtiendo buen efecto ;) Cuídate mucho!
Luliiana: Hola! Me alegro que te encante :D Y espero que sigas enganchándote, y nunca desenganchándote ^^ Aquí está la conti. Cuídate mucho!
Yasz: Oh, veo que Saso-sexy está recibiendo muchas amenazas! Si llega a caer en la trampa, yo que él, me fugo, pues creo que más de una intentará asesinarlo :) (incluyéndome, naturalmente). Ps, si lo hizo en el anterior cap, pues fíjate con este! (Si, también a mi me mata que nadie lo comprenda. Es como: 'Qué no ven que es un maldito encanto y que sufre por todos ustedes?! Bastardos!', pero no puedo decir eso). Si, puedes estar segura de que el tiro le saldrá por la culata, y como dijo Ita-kun, le explotará en la cara muy tarde como para darse cuenta de ello. Sakura es una maldita suertuda! Los tiene a todos los jodidos sexys Akatsukis de su lado! No se tu, pero yo me muero de envidia -.- Ahora ya sabes dónde andan esos dos loquillos :D Si, pero mira! Ahora todo se les ha ido a la reverenda mierda, pero cuentan con el apoyo del pelirrojo más sexy del mundo! (Saso-kun... tu no has oído eso, cierto? Ve a jugar con tus marionetas). Bien, una querida compatriota :D Contigo podré hablar en jerga Argentina, entonces. Soy porteña, y tu? Bien, cuídate mucho!
Annie Darcy (Niña Bonita): Queridísima Niña Bonita :D No tienes que lamentarte, niña, mejor tarde que nunca! Tu ya los has dicho ;) Y si, te comprendo, yo apenas y tuve tiempo para escribir el cap, así que estamos en la misma bolsa -.- Aww, niña querida, también yo te extrañé! No podía escribir el cap si tu review primero. Me enterneces con lo que me dices! Nunca me abandones, querida amiga :3 Bien, con respecto al sexy pelirrojo, aún no tengo muy claro qué pasará con él. Por el momento, no parece muy emocionado, cierto? Ni siquiera es capaz de recordar el nombre de esa perra xD Si, ese esposo nuestro es todo un mártir! Claro que lo consolaremos! Le daremos toooodo nuestro amor ^^ No, querida, jamás soñaría con incluír a nadie más o.o Solo contigo lo compartiré :D Adoro a Kisame! Tu no? Y creo que se está forjando una profunda y linda amistad con la pelirrosa :) Es tan dulce. Pobre peliblanco (el bueno), sufre tanto por Saku, pero al menos tiene a Naruto para sostenerse. Él también es un encanto, y a él también lo han hecho sufrir de lo lindo u.u E tanto al otro peliblanco, cada vez está más del lado oscuro que del lado claro... yo no se qué va a hacer cuando quiera compensarlo. Tendrá que hacer tantos buenos méritos, que por fin le dará utilidad a su inmortalidad :D Pero bueno, si me lo pides así, creo que terminaré por hacerte caso ^^ Gracias por tus buenos deseos, los mismos te envío desde aquí. Cuídate mucho, querida! Yours~
