Prynhawn da, annwyl darllenwyr! Ha pasado mucho tiempo, verdad? Pues, para los que lo hayan pensado, no estuve muerta. Creo que se merecen una disculpa, por lo que, lo lamento. He tenido problemas personales últimamente y, como comprenderán, no podía dejar mi vida de lado para hacer el nuevo capítulo. Por suerte, mis cosas se están acomodando, por lo que no volveré a dejarlas tanto tiempo abandonadas. Diganme, me han extrañado? xD
Quiero dedicarle este capítulo a aquellos que se preocuparon por mi más allá de las historias, que continuaron apoyándome y que aún no me abandonan. Este capítulo es para todos aquellos que me sirvieron de sustento y apoyo, que no me dejaron sola. Se los dedico con todo el cariño y el agradecimiento del que soy capaz. Las quiero muchísimo!
Se que lo más probable es que nadie lea (o se moleste en contestar) esto. Lo se. Pero, si alguien lo hace, me gustaría conocer sus... expectativas. Quisiera saber para dónde creen que el fic está encaminado, y cómo es el final en su cabeza. De esa forma, tendré una idea de si los decepcionaré o no, y quizá, también hasta pueda tomar alguna de sus ideas. Desde ya se los agradezco.
Antes de sumergirlos en el nuevo capítulo, les transmito mis más sinceros y cálidos deseos; espero que tanto ustedes como su familia goce de salud, felicidad y paz; que se encuentren en la plenitud, que nada les falte y que el mañana les depare nuevos y mejores horizontes. Espero que disfruten el capítulo, tanto como a mi me costó hacerlo. Los quiero!
Bueno, esta es mi primer historia, así que es probable que cometa algún que otro error. Es un Hidasaku, así que al que no le guste, QUE NO LO LEA!
Declaimer: Naruto y todos sus personajes y paisajes son propiedad del señor Masashi Kishimoto-sama. Sin embargo, yo estoy jugando con sus niños; a algunos los reviví, a otros los deje muertitos y cosas por el estilo.
Cuando Sakura se despertó, una parte de su cabeza ya estaba asumiendo la ausencia de cierto pelirrojo en la habitación. Sin apuro, tal vez incluso con algo de pesadez, se desperezó, haciendo sonar los huesos de su espalda y brazos. Luego, dejó caer estos últimos a un lado de su torso, mientras giraba la cabeza y escaneaba con la vista el lugar. Las comisuras de sus labios se torcieron hacia abajo cuando su soledad se hizo evidente. Con renovado fastidio, se puso de pie y se encaminó a por su ducha matutina.
Hacía tres días que casi no veía a Sasori. Se lo encontraba muy de vez en cuando —dos ocasiones, para ser exactas—, y en esas dos ocasiones, parecía haber estado ocupado, pues solo había alcanzado a saludarla y a farfullar algo casi ininteligible mientras doblaba la esquina, algo que Sakura creyó entender como 'esperan' y 'taller'. ¿Qué pasaba ahora? ¿Qué cosa tan importante había en el estúpido taller que no podía dedicarle a ella siquiera un minuto? No quería reconocerlo, pero comenzaba a sentirse decepcionada y muy enfadada con el Akasuna. Le había dicho que era su amigo, que estaría para ella. ¿Por qué no lo hacía, entonces? ¿Por qué la estaba abandonando?
En el cuarto de baño, la kunoichi evitó mirarse al espejo. Comenzaba a manifestar muestras de decaimiento; unas ojeras oscuras habían comenzado a formarse bajo sus ojos, que habían perdido el brillo, al igual que su cabello, y su piel ya no era de un pálido rosa, sino de un lastimero tono grisáceo. Para sumarle una desgracia más, Deidara había comenzado a desaparecer también. Los últimos dos días no lo había visto ni un segundo, ni siquiera a la hora de comer. ¿Qué estaban haciendo esos dos?
En las noches, ya muy tarde, podía oír la puerta del cuarto abrirse, muy suave y silenciosamente, y sabía que se trataba de Sasori. Ella siempre estaba volteada hacia la pared, y procuraba mantener la respiración acompasada, para hacerlo creer que dormía. Si bien deseaba volver a hablar con él como antes, no quería enfrentarlo luego de que volviese de su taller. No porque tuviese miedo o vergüenza, simplemente había algo que no le gustaba; no quería ser ella quien diese el brazo a torcer. Después de todo, no era ella quien había comenzado a desaparecer.
A veces, sentía que un odio abrasivo comenzaba a llenarla. Tenía ganas de tomar la cabeza del shinobi de la Arena entre las manos y aplastar su cráneo con fuerza. Sería tan sencillo… No demoraría más de dos segundos. Sin embargo, y dejando aparte las razones evidentes, tampoco quería hacerlo. Él era su único sustento allí —o al menos lo había sido hacía tan solo tres días atrás— y no podía permitirse perderlo.
Con un bufido, cerró el agua caliente y se envolvió el cuerpo con una toalla. Tomó otra más pequeña y, mientras maniobraba para abrir la puerta del baño, comenzó a secarse el cabello.
Un estridente chillido murió en su garganta cuando, al salir al cuarto, se encontró con la inesperada compañía de Tobi y Deidara. Sintió, de pronto, que toda la sangre de su cuerpo se concentraba en su cabeza, haciendo que se ruborizase furiosamente. El cuarto parecía demasiado caluroso para soportarlo.
Tobi se encontraba sentado en la cama, mientras se inclinaba hacia atrás y adelante. Deidara, por su parte, estaba apoyado en la pared, a un lado de su compañero, en actitud relajada. Ambos, al ver salir a la chica, amagaron con acercársele, pero ambos se echaron hacia atrás al verla vistiendo solo una toalla. Ninguno pudo saber la expresión de Tobi debido a su máscara, pero el muchacho rubio se sonrojó igual o más que la pelirrosa, y, dándole un poco de privacidad, volvió el rostro hacia la puerta.
—Nosotros, un…
Sakura consiguió recuperar la voz y la usó para chillarles, enloquecida.
—¡¿Qué mierda se piensan que hacen?! ¡¿Qué mierda les pasa?! ¡¿Qué acaso no saben que este es el cuarto de una mujer?! ¡Pervertidos! —Se volteó, buscando algo que lanzarles, y por fin dio con la silla, que arrojó sin contemplaciones. Ésta pasó a centímetros del rostro del pelinegro, que se escondió detrás de su sempai—. ¡Largo de aquí! ¡Largo! ¡Si siguen aquí dentro de los próximos dos segundos, aplastaré sus cráneos en menos de un parpadeo!
No faltó más para que el Akatsuki rubio desapareciese con inusitada rapidez por la puerta, quizá sin el valor necesario para rebelarse contra la chica. Ya bastante avergonzado se sentía, como para además terminar con algunos huesos fracturados. La kunoichi lo siguió con ojos enfurecidos, haciéndose una nota mental de dejar caer el dato cuando volviese a chocarse con Sasori. El pelirrojo ya se encargaría de su subordinado.
Pensar en su compañero de cuarto consiguió entristecerla. ¿Cuándo volvería a tener tiempo suficiente como para cruzar más de dos palabras con el marionetista? ¿Qué cosa tan importante podía estar haciendo que se recluía casi todo el día en su taller? Extrañaba las largas conversaciones que habían tenido antes de eso; incluso había comenzado a relajarse —todo lo que una persona puede relajarse en su situación—. Pero al parecer, Kami tenía otros planes para ella.
Los jade se dirigieron a la figura inmóvil de Tobi, quien se había quedado de pie a un lado de la cama, allí donde antes había estado Deidara. Naturalmente, no podía juzgar su expresión, pero si podía hacerlo hablar.
—Tobi —llamó, con paciencia. El enfado había decrecido y, además, no podía enfadarse con él. Era tan inocente y dulce… no podía tacharlo de degenerado, como podía con Deidara—. ¿Por qué no sales? Tengo que vestirme. Además, no puedes entrar al cuarto de una mujer sin su permiso. Mira lo que ha pasado.
El chico giró su rostro un segundo hacia la puerta, y luego lo devolvió a la muchacha, acercándose un poco.
—Tobi ve que Sakura-chan está muy mal, y a Tobi no le gusta. A Tobi le gusta cuando Sakura-chan sonríe, porque Sakura-chan tiene una sonrisa muy bonita.
Cómo conseguía el cerebro del muchacho organizar palabras que consiguieran derretir cualquier corazón, era algo que escapaba completamente a la comprensión de la Haruno. Y, sin embargo, lo hacía. ¿Cómo podía enojarse luego de que le dijese eso? ¿Cómo? Con una sonrisa de agradecimiento, se acercó a él y lo abrazó con fuerza, hundiendo el rostro en su cuello —aunque Tobi parecía menor que ella, medía unos cuantos centímetros más—. No había nada de malo en la acción, aunque ella vistiese solo una toalla. Tobi no la preocupaba en ese sentido. Sin embargo…
—Rosita, ¿planeas salir algún día, o…? —El rostro del rubio, asomado por la puerta, se endureció como una piedra. Al parecer, en esa cabeza suya se estaban formando cientos de imágenes, todas erróneas.
—Lárgate, Deidara. Siempre consigues arruinar el momento —bufó la chica, apartándose del pelinegro. Luego suspiró, como rindiéndose a lo inevitable—. Como es obvio que ustedes no saldrán, tendré que cambiarme en el baño. Osen abrir la maldita puerta —amenazó, no obstante— y les juro que será lo último que hagan en la vida.
Ambos asintieron rápidamente, creyéndola totalmente capaz de llevar a cabo la amenaza. Sakura bufó nuevamente e ingresó al baño, llevando consigo la ropa. Era cierto que, ya en Konoha, andaba siempre rodeada de hombres. Si no era Naruto, era Sai, o Kakashi-sensei. Sin embargo, y aún contando con la perversión del ninja copia, la kunoichi estaba segura de que ninguno de ellos se atrevería siquiera a meterse en su casa sin permiso. Con un encogimiento de hombros, decidió que los Akatsukis eran algo más… liberales. Con la moral bastante destrozada, no tenían la misma definición de respeto que todo el resto de las personas tenía.
Se vistió con tranquilidad, si apuros. Los días se le antojaban eternos, ahora que su rutina consistía en deambular por la guarida. Había decidido posponer un poco el entrenamiento con Kisame, y Kakuzu ya casi estaba curado. Tendría que permanecer uno o dos meses inactivo —lo que, por cierto, Sakura sabía que no le gustaría en lo más mínimo—, pero ya no tenía que estar postrado en una cama, ni depender de medicinas.
Salió al cuarto conteniendo un suspiro. ¿Se iría algún día ese dolor, ese vacío que casi no la dejaba respirar? No había olvidado Konoha, por supuesto que no, antes muerta; pero su escape se veía cada vez más lejano e imposible. Siendo objetiva, ya tenía la confianza de los asesinos. Pero, de todos modos, ¿cómo saldría? Necesitaba esa combinación de sellos que solo un Akatsuki podría darle. Y, ¿a quién se la pediría? ¿A Tobi, a Deidara, a Sasori?
Tampoco quería pensar que sus amigos no la estaban buscando, no quería perder la esperanza. Sabía a ciencia cierta que, si algún día dejaba de esperar, nunca se lo perdonaría, ni a si misma ni a ellos. Pensó en su querido amigo Naruto. Siempre lo estaban poniendo en aprietos. Antes había sido Sasuke, y ahora era ella. ¿Tendría algún día una vida normal? Probablemente no. Él era el héroe de Konoha, y Sakura estaba segura de que eso lo llevaría derecho a la silla del Hokage. Sonrió con nostalgia y contuvo un sollozo cuando, como la guadaña de la muerte, el pensamiento de que, quizá, ella no estuviese ahí para contemplarlo, le llegó a la cabeza. Trató, con esfuerzo, de correr ese pensamiento, y se concentró en sus amigos, los únicos en los que se podía sostener ahora. Se acercó a Tobi y a Deidara y, en un arrebato, los abrazó, dejando salir un poco del dolor que le aquejaba. Ellos, sorprendidos, le devolvieron el abrazo, demostrándole que, pasase lo que pasase, ellos serían su pilar.
—¿Estarán para mi, pase lo que pase? —murmuró.
—Pase lo que pase, siempre —respondieron, al unísono.
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Hidan se despertó con un dolor punzante en la cabeza. Gruñó en protesta, y se sentó, sosteniéndose la cabeza con una mano.
—¡Joder! ¿Qué mierda le pasó a mi cabeza, por Jashin-sama?
Se dirigió al baño arrastrando los pies, sin pudor alguno por su estado de completa desnudez. No notó —o no le importó— la ausencia de Minako. Seguro andaba por ahí con Pinocho.
Se duchó con lentitud, disfrutando el calor leve del agua sobre su piel. Sus músculos necesitaban un buen descanso, después de su actividad la noche anterior, cortesía de la Hitomi. Cuando sintió que estaba próximo a derretirse ahí en la bañera, tomó una toalla y se secó, vistiéndose con sus prendas de Akatsuki.
Salió del cuarto poniéndose la capa. Iba a la cocina, a buscar algo de comer. A ser sincero, no recordaba la última vez que había ingerido algo. Su estómago le reprochaba su inanición mediante pequeños tirones de dolor. Bufando, abrió la heladera. Fruta. ¿Qué mierda tenían esos ateos apestosos en la cabeza? ¡Él estaba muerto de hambre, y todo lo que podía comer era una insípida fruta! Crispó la mano en un puño, deseando que el imbécil de Tobi se apareciese. Toda esa ira tendría un buen fin si le atinaba al mocoso.
Afortunadamente —o desafortunadamente, era igual—, alguien se apareció tras él. Reconoció de inmediato ese cuerpo menudo y curvilíneo. Sonrió con arrogancia y cambió de posición, estampando a la chica contra la pared.
—¿No estabas con el jodido Sasori?
—Se fue al campo de entrenamiento; quería estar solo —ronroneó la rubia, elevando sus carnosos labios en una sugerente sonrisa—. ¿No estarás cansado, cierto? Tienes más energía de lo que cabría esperar.
El peliblanco inclinó la cabeza y rozó el cuello de la muchacha con los dientes, haciéndola gemir.
—Suplícame —ordenó— y veré qué puedo hacer por ti.
La chica jadeó cuando Hidan se apartó, y no perdió tiempo en atraerlo hacia sí para besarlo con desenfreno. Los labios del religioso se movían con parsimonia, haciendo que la chica se desesperase. Pero tendría que hacer algo más que eso para que le suplicase.
—¿Esto es todo? —gruñó, echando la cabeza hacia atrás, dándole a los labios de él mayor rango de movimiento.
El hombre, mosqueado por su sugerencia, apretó su cuerpo contra el suyo, arrancándole un gemido ahogado. Con ambas manos la alzó, descansando la cadera femenina en la suya. Minako no necesitó que le dijera nada. Sus largas y torneadas piernas encerraron la cintura del Jashinista.
Los ojos amatista encontraron los azules, al tiempo que el inmortal sonreía con altanería.
—¿Qué tal ahora?
—Podría ser peor.
Las manos del muchacho no se hicieron esperar, levantando el kimono y escurriéndose bajo la ropa, acariciando con suavidad la piel blanca de la Hitomi. Ella decidió devolverle el favor, y puso ambas manos en su pecho blanco y duro, acariciándolo con la yema de los dedos. Hidan gruñó y estrelló los labios contra los rojizos de la rubia, besándola apasionadamente. Bueno, no era un buen golpe al idiota de la organización, pero una buena sesión de sexo no lastimaría a nadie. El peliblanco dirigió los labios al lóbulo de la oreja de la chica, mordiéndolo y lamiéndolo con sensualidad.
—¿Y ahora? —Y, como para remarcar sus palabras, apretó su cadera contra la de ella.
—¡Si! —jadeó ella, incapaz de contenerse— Por favor, cariño, hazlo ahora.
—Así me gusta, joder.
Levantó el kimono a la altura de los hombros de la chica y se inclinó con lentitud… quizá con demasiada. Antes de que sus labios llegasen a destino, un chillido estuvo a punto de dejarlo sordo. 'Jashin-sama, mátalos a todos', pidió, volviéndose hacia sus espectadores. Bufó. Cómo no; la perra, el infradotado y la rubia homosexual.
—¿Qué…? ¡¿Qué?! —El rostro de la pelirrosa estaba más rojo que el cabello de Sasori. En un segundo, sus manos tapaban la abertura de la máscara de Tobi, impidiéndole ver.
—¿No tienes algo más que hacer, mocosa? —le espetó Minako, con desprecio— Quizá no lo notes, pero estamos ocupados aquí.
—¡Eres una… una…! —Sakura frunció la boca, acallando el insulto.
—¿Una qué? —la retó la rubia, aún desde su posición, con la cadera pegada a la del peliblanco—. Anda, mocosa, dilo. No me importa. A diferencia de ti, yo soy una mujer.
—¿Qué?
—Lo que oíste, estúpida. ¿Acaso esta escena es demasiado vulgar para tus virginales ojos? No te sientas mal; lo he hecho suficientes veces para las dos.
El pecho de la Haruno se comprimió, dificultándole la respiración. ¿Cómo podían esos dos herirla tanto? ¿Por qué lo hacían? ¡Ni siquiera tendría que importarle! Solo eran un imbécil y su puta. Sin embargo, su estadía en aquel lugar había comenzado a hacer trizas su autoestima, y de verdad no necesitaba que ellos terminasen de aniquilar lo que le quedaba de orgullo. Alzó la cabeza —'Gracias, Sasuke, por enseñarme que, a la gente que no vale la pena, hay que ponerla en su lugar'— y replicó:
—Bueno, no me queda duda de eso; has dejado bastante claro que te encamas con quien se te ponga a tiro. Ya lo veo, siendo que hasta esta escoria te alcanza.
El insultado abrió la boca para contestar, pero la muchacha le puso un dedo sobre los labios y sonrió con maldad. En realidad, Sakura se sorprendía de la crueldad que podía implantar en un solo gesto. Esa sola sonrisa le advirtió que, lo que fuera que viniese, no sería bueno.
—Si, tienes razón, cariño. Tú no puedes saberlo, pero el sexo es placentero y relajante. Aunque, ¿sabes? No soy tan suelta como crees. No, para nada; la verdad soy bastante selecta —Con un gesto distraído se echó el cabello hacia atrás, y su mirada se afiló—. ¿Quieres un consejo? Tu primera vez podría ser con tu amigo, el pelirrojo. Es bastante… apasionado.
Deidara abrió los ojos como platos, quedándose duro. Para esa altura, Tobi tenía tanto el ojo como los oídos tapados, por lo que no estaba enterado de nada. Incluso había comenzado a tararear suavemente, para acallar las voces. La kunoichi tragó saliva. ¿Había escuchado bien? ¿Esa mujer estaba hablando de Sasori?
—Mientes —susurró, con la voz temblorosa. Tenía que estar mintiendo. Tenía que ser mentira—. Sasori jamás…
—Ay, nena, no sufras —le contestó ella, con voz dulce y empalagosa. Su sonrisa adquirió un matiz de falsa amabilidad—. Ahora que lo recuerdo… Si, fue estupendo. No puedes culparlo. Él es hombre, después de todo, y los hombres tienes sus necesidades. Tiene lindo cuerpo; trabajado, muy masculino. No se como te has aguantado… ¡Ah, si, eres virgen! —Con descaro, le guiñó un ojo—. No te preocupes, te tratará bien. Para ser tan frío y distante, pues… parecía estar bastante caliente, ¿eh? Me gustaron sus brazos: delgados, pero con una fuerza impresionante.
—Basta… —balbuceó la Haruno.
—Oh, ¿te has preguntado por qué ha estado desapareciendo? Creo que he contestado a tu pregunta —Soltó una risita—. Puedo hablar con él, pero no se si quiera compartirlo contigo. Ya sabes, a la larga, puede hablar con amabas. Pero conmigo puede hacer lo que contigo no —Alzó la barbilla, como sopesando una idea, y volvió a arremeter—. Ahora que lo pienso, tú eres de Konoha, ¿no es cierto? ¿Cómo puede ser que aún seas virgen? ¡Kami, ahí hay infinidad de cabrones que son jodidamente sexys! ¿Cómo puede ser que no le llamaras la atención a ninguno? —La miró de arriba a abajo—. Mmm, bueno, la verdad, creo que lo comprendo. Kami no fue muy generoso contigo, ¿no? Más plana que un papel, un cuerpo más bien masculino, un rostro poco agraciado… y eso sumado a tu carácter. Si, los comprendo perfectamente. Conocí a un chico de Konoha, ¿sabes? Sasuke era su nombre. Un Uchiha. Esos si que están para comérselos. Cabello negro, piel blanca, ojos oscuros. Todo un caso. Ese si que era bueno en la cama.
—¡Cállate! —sollozó Sakura, perdiendo el control— Estás mintiendo. ¡No conoces a Sasuke-kun!
—¡Ay, qué preciosidad, le dices Sasuke-kun! Preciosa, se lo que te digo. Ése si que tiene energía. No pude caminar por todo un día. Pero, ¿qué te pasa? ¡No me digas que era quien te gustaba! Ese chico no era para ti, nena, deberías saberlo. Él es el tipo de hombre que solo anda con las mujeres más hermosas, y tu… bueno, no entras ahí ni por casualidad. Es una pena que no te haya nombrado, ¿sabes? No era de hablar mucho, más bien, acompañó mis gemidos con gruñidos. Muy sensuales, por cierto.
El corazón de la chica pelirrosa no pudo contener hasta tal medida el ataque psicológico que estaba sufriendo, y sus ojos estallaron en lágrimas. Todo había transcurrido en un lapso de tiempo muy corto, aunque a ella le había parecido muchísimo. Dio un paso tambaleante hacia atrás, llevándose una mano al corazón. 'No… Sasuke-kun… no…'. Algo se rompió dentro suyo para siempre.
Minako sonrió con arrogancia y abrió la boca, evidentemente lista para terminar de destruir a la chica. Sin embargo, Hidan la separó con brusquedad de la pared. Los ojos amatistas se encontraron por un segundo con los jades, pero fue tan breve que Sakura no pudo precisar lo que vio en ellos. El muchacho, en la misma posición, sin soltar a la rubia, se dio media vuelta y se perdió en el pasillo, sin más sonido que el de sus pies al andar.
Deidara, aún desde atrás de la Haruno, seguía en shock. No podía dejar de imaginar a su Danna revolcándose con esa mujer. De cierta manera, se sentía traicionado. Sasori, con su agudeza, debía saber lo que él sentía por la pelirrosa. Entonces, ¿cómo había podido rendirse frente a quien tanto dolor le había causado? Además, ¿no se suponía que Sasori la quería también? ¿Que era como una hermana para él? 'Danna, me va a tener que escuchar', se dijo, y, dando media vuelta, se retiró, sin siquiera pensar por un segundo en la mirada que el peliblanco le había echado a la kunoichi.
—Sakura-chan… —Tobi posó una mano, de manera dubitativa, sobre el hombro de la pelirrosa. Tal como esperaba, ella se la apartó de un manotazo; sin dirigirle la mirada, echó a correr, dejándolo solo y compungido.
Corrió por el pasillo sin prestar atención, hasta que sus pies la llevaron a la puerta del campo de entrenamiento. Como la primera vez, la abrió de una patada, y tampoco allí se detuvo. Retomó la carrera, y no paró hasta que sus piernas, adoloridas, le fallaron, arrojándola con violencia al frío y duro suelo de tierra. Sus fuerzas flaquearon al tratar de ponerse de pie, por lo que sencillamente se quedó ahí tirada, sintiendo que el dolor de su pecho la mataría. Se encogió, aferrándose con fuerza a sus piernas. Todo a su alrededor parecía tan… insignificante, distante y ajeno. El viento frío le despeinaba el cabello y, aún así, ella no lo sentía sobre su cuerpo, sobre su piel.
Las lágrimas siguieron cayendo hasta que se quedó seca de ellas. Alzando un poco la vista, contempló su alrededor. Nunca se había internado tanto dentro del bosque que rodeaba al campo de entrenamiento, pero estaba segura de que este era un lugar perfecto para desfogar su dolor. Casi tan perfecto como cualquier otro, en realidad. Su mente, maldita, se empecinó en refregarle aquello que tanto la había lastimado. 'Tu primera vez podría ser con tu amigo, el pelirrojo. Es bastante… apasionado.' 'No era de hablar mucho, más bien, acompañó mis gemidos con gruñidos. Muy sensuales, por cierto.' ¿Por qué le dolía tanto? ¿Por qué Kami le hacía eso? ¿Acaso no bastaba con que la hubiesen secuestrado, que la hubiesen apartado de todo y todos a quienes amaba, que estuviese sola? Pensó en Sasori. Así que por eso el chico había estado desapareciendo. Por eso la había dejado sola. Él había dicho que eran amigos, ¿dónde había dejado esa promesa? ¡¿Dónde?! Aún sin lágrimas, su cuerpo se las arregló para sollozar. Sentía que, en cualquier momento, perdería la conciencia. ¿Qué le costaba a Kami matarla? Sería sencillo, rápido. Ella no valía nada. ¿Tendría más sufrimiento guardado para ella? ¿Sería eso? El viento le trajo el susurro de un suave arrastre, pero la kunoichi se encontraba demasiado sumida en el dolor como para poner atención. Todavía estaba en shock. ¿Sasuke-kun? ¿Cómo esa mujer podía siquiera conocer a Sasuke-kun? ¿Y cómo podía ser que él… que ellos…? Su mano se alzó y la apretó contra su pecho, tratando de mitigar el dolor. Pero, ¿se iría alguna vez? ¿O aquel sufrimiento la acompañaría siempre?
—Sakura.
Su cabeza no se movió con la suficiente rapidez hacia la figura que ahora tapaba el sol. Sasori. ¿Qué estaba haciendo…?
—Aléjate de mi, cabrón —consiguió articular, y, a falta de fuerzas, se arrastró lejos de él.
El muchacho alzó una ceja, indolente, y acortó el metro de distancia que a ella tanto le había costado poner entre ellos. Se puso de cuclillas y trató de hacerla alzar el rostro. Estaba sentado en un árbol cuando, como un tornado, ella llegó al campo con una patada y casi lo cruzó completo a la carrera. Sorprendido y curioso, había bajado de su sitio de un salto y, con las manos en los bolsillos, la había seguido. Sin embargo, se había perdido de todas las lágrimas y los sollozos de la pelirrosa.
Antes de que la mano del marionetista llegase a tocarla, ella se la golpeó con fuerza, haciendo que algunos de sus huesos sonasen. Quizá se los había roto. ¿Qué importaba? Ya nada de ese angelical hombre de treinta y cinco años, de suave cabellera rojiza, le importaba. El muchacho ensayó una mueca de fastidio, y se apartó unos centímetros.
—¿Se puede saber qué te pasa? Si te peleaste con Hidan, no la pagues conmigo, ¿escuchaste?
Volvió a abrir la boca, tal vez para agregar algo más, pero las palabras se le atragantaron cuando la Haruno por fin levantó el rostro hacia él, mostrándole la máscara de dolor y llanto en la que ésta se había transformado. Con esfuerzo, la chica alzó la
mano y le dio un fuerte empujón, dejando al Akasuna sentado en la tierra, con los ojos miel bien abiertos y una expresión de confusión.
—¡Eres un imbécil! ¡Vuelve a tocarme, y te juro que te mataré! —le chilló, sintiendo que sus mejillas volvían a humedecerse. Se sintió estúpida, siendo vista por él mientras se quebraba. ¿Importaba ya? No lo sabía; no quería saberlo.
—¿Qué…?
—¡Te odio, te odio! —le siguió gritando, al tiempo que se arrastraba para alejarse de él. No soportaba su cercanía.
Sasori reaccionó ante este acto y la tomó de los hombros, sentándola en la tierra para que estuviese a su altura.
—¿Qué te pasa? ¿Qué… qué hice ahora? —cuestionó, rindiéndose a la evidencia de que, al parecer, quien la había lastimado había sido él.
Sakura se revolvió, pero las manos del pelirrojo la tenían aferrada como garras de acero, por lo que se tuvo que contentar con alejar su rostro del de él.
—Creí que eras mi amigo —susurró, tan bajo que el chico tuvo que acercar la cabeza para oírla—. Pensé que eras mi amigo. Me apoye en ti, y tú…
—Sakura, no comprendo nada de lo que dices. ¿Puedes…?
—¡Eras mi amigo! ¡Y me traicionaste! ¡Aléjate, maldito desgraciado! —vociferó, sacudiéndose de encima las manos del titiritero. Sin el agarre, sus fuerzas decrecieron y cayó al suelo, exhalando el aire que le quedaba en los pulmones.
La poca paciencia que el Akatsuki se cargaba terminó por desaparecer, por lo que sus ojos se afilaron y, con rudeza, la tomó del brazo, poniéndola de pie.
—Suficiente. Vas a venir conmigo y me vas a decir qué puta mierda está pasando aquí.
Sin esperar una contestación —que nunca llegaría, pues acababa de achantar por completo a la pelirrosa con el peso de su mirada— la arrastró consigo, en dirección a su dormitorio. Al dormitorio que, hasta hacía un tiempo, compartían en armonía.
Una vez allí, la dejó caer en la cama —tan pronto como sus largos dedos se despegaron del brazo blanquecino, ella cayó, sin fuerzas, al catre—. Sasori se paseó por el cuarto, masajeando sus sienes con, quizá, demasiada fuerza. Trataba de calmarse para no desatar su furia sobre ella. La quería, y por ello no quería herirla. Pero, ¡demonios! De alguna forma, esa mocosa se las arreglaba para sacarlo completamente de sus casillas. ¿Qué se suponía que había hecho para que ella le chillase de esa forma, con sus ojos verdes brillantes de lágrimas? Se acercó al escritorio y se sentó en la silla, alejándola de la muchacha —si volvía a desquiciarlo, prefería estar a una distancia prudente de ella—. Pasó sus manos repetidas veces por su rostro y cabello, hasta que, después de un profundo suspiro, la encaró.
—Bien, al parecer, he hecho algo malo, que te ha lastimado. ¿Qué fue?
La kunoichi se encontraba sentada en la cama, con las piernas pegadas al pecho, como protegiéndose de él. Y, sin embargo, cuando le contestó, lo hizo con fiereza, rescatando energías de su enfado.
—Confié en ti. Creí que éramos amigos —Sasori se prestó a replicar, pero ella lo calló con un gruñido furibundo—. Cierra la boca. No quiero escuchar tus sucias mentiras.
—Nunca te he mentido —se defendió.
—¡Cállate! Eres un mentiroso, rastrero repugnante. Te iría bien amigarte con Minako —casi escupió el nombre, con una voz vibrante y llena de desprecio que el marionetista no le conocía—. Tienes razón; nunca me has mentido. No tuviste oportunidad de hacerlo. Te divertías bien con esa mujer, ¿no es cierto, Sasori? Te divertías con ella mientras a mi me dejaste tirada.
El Akasuna tomó aire, instando a su cerebro a funcionar más rápido. Evidentemente, su natural inteligencia no le estaba funcionando bien en este caso. ¿Divirtiéndose con Minako? ¿De qué demonios estaba hablando Sakura?
—No se de qué…
—¡Te he dicho que te calles, mierda! ¡Y deja de decir que no sabes de qué hablo, porque lo sabes perfectamente! —Respiró hondo, recuperando el aire que acababa de perder—. ¡Me decías que eras mi amigo, que estarías conmigo, que me apoyarías, y todo era solo una maldita mentira! ¿No es así? Mientras yo estaba aquí sola, tu te revolcabas con esa… con esa puta —largó, y su lengua se trabó debido a los sollozos, que luchaban por salir de su garganta—. ¿Vas a decir que es mentira? ¡¿Eh?!
El chico se echó hacia atrás, poniendo cara de repugnancia. ¿Qué demonios se le había metido a esta chica en la cabeza?
—Ah, ahora tengo claro de qué hablas. Pero no son más que estupideces. Yo nunca me revolqué con esa mujer —no pudo evitar el dejo de enfado en su voz, detectado la poca confianza que su 'amiga' tenía en él.
—¿Ah, no? Eres un infeliz mentiroso. ¡Ella misma me lo dijo! ¡Me lo echó en cara hoy por la mañana, cuando, por cierto, tú no estabas!
—Quería estar solo. De vez en cuando, mocosa, uno necesita la única compañía de sus pensamientos —le gruñó.
Sakura rió, sin diversión alguna, mezclando la carcajada con el llanto.
—Pues, para ser mentira, decía cosas que parecían bastante veraces.
—¿Cosas como qué?
—Como… —se sonrojó. No podía repetir lo que esa mujer había dicho, pero Sasori la miraba con una ceja alzada, comenzando a enfurecerse—. Dijo que tenías lindo cuerpo, trabajado y masculino, y que para ser tan frío y distante, estabas… bastante caliente.
El pelirrojo se echó a reír.
—¿Y por qué eso te dijo que de verdad me había acostado con ella?
—Porque… porque… Bueno, de verdad tienes… un lindo cuerpo y…
Nueva risotada por parte del Akasuna.
—Ah, Kami, eres todo un caso. No sabía que eras tan observadora. Ahora bien, creo que no necesitas acostarte conmigo para saberlo, ¿eh?
—No, pero ella parecía muy sincera, y además, bueno, es una mujer muy… desarrollada…
—Sakura, solo Hidan se acuesta con la primera que tiene a tiro si ésta está, como dijiste, bien desarrollada. Por un segundo, creí que me considerabas algo más profundo que eso.
La kunoichi se sintió encerrada. El muchacho estaba yéndose por la tangente, y eso no le gustaba.
—Bueno, y entonces, ¿qué tanto hacías en tu taller, que no podías siquiera pasar dos minutos conmigo?
—Estaba con Minako…
La pelirrosa tomó la almohada y, con toda la fuerza que le quedaba, se la estampó en la cabeza al pelirrojo.
—¡Eres un maldito embaucador, mentiroso y miserable! ¡Me mientes en la cara y después me sueltas que estabas con ella!
—Sakura, estoy perdiendo la paciencia. Te lo dejaré en claro; ahora estoy contigo, y, por lo que veo, no estamos teniendo sexo, ¿o si? —ella negó, abochornada—. Bien. Lo que hacía con esa mujer en mi taller no era tener sexo. ¿Te quedó claro?
—¿Y qué hacías, entonces? —preguntó, odiándose por tambalear en la línea de creerle o no hacerlo.
—Estamos trabajando en una marioneta. Ella es del país del Viento, de un pequeño pueblo donde el arte es la base del conocimiento. Me dijo que le gustaría ver una de mis marionetas, por lo que se la mostré, y comenzamos a hablar. Tiene buenas opiniones, con buenos fundamentos. Como me pidió hacerlo, comenzamos a construir una marioneta. Es eso lo que estuve haciendo en los últimos tres días.
—Pero… Como sea, no tenías por qué dejarme sola tanto tiempo.
—Lo lamento —dijo él, y ella le creyó, por la sencilla razón de que lo había dicho de manera seca, sin adornos, con una sinceridad palpable—. Teniendo a Deidara y a Tobi detrás de ti todo el tiempo, no creí que mi ausencia te fuese tan notoria.
—¡Solo lo dices para que te reconozca que me importas más que ellos!
Sasori sonrió con superioridad y burla.
—Si, la verdad es que si. Me encanta que me prefieras por sobre el mocoso. Una cosa más en la infinita lista de 'Por qué Sasori es superior a Deidara'.
Sakura rió, y se sorprendió de que, esta vez, fuese una risa sincera.
—Dime que, de verdad, no tienen una lista.
—No, no la tenemos. Pero, ¿a que sería una buena idea? Aunque, siendo una tan larga, no podríamos terminar nunca de escribirla.
—¿Algunas vez te dije que eres la persona más engreída y vanidosa que conocí en la vida?
—Si me dices que me perdonas, dejaré que cambies lo que quieras de mi personalidad narcisista.
Ella se lo pensó, solo para molestar un poco al chico.
—Te perdono, pero no te quiero cerca de esa mujer, no quiero que me vuelvas a dejar sola y, lo más importante, cuando nos la volvamos a cruzar, me vas a ayudar a humillarla.
—Eres tan mala… me encanta ser tu amigo—se rió el pelirrojo, atrayendo a la muchacha hacia si y abrazándola.
'Gracias, Sasori', pensó ella, entre los brazos del Akasuna. 'Gracias por no dejarme caer'.
Lo que sea que pienses, me ayudara a mejorar. Así que deja un review! Gracias por leer.
Muchas gracias a los que le dieron favoritos o seguir a esta historia. También a los que le dieron alerta. Ustedes también me inspiran a seguir!
Minene Uryuu: Hey! Pues yo concuerdo contigo, 'un villano sexy es irresistible'. xD Y bueno, Hidan es sexy, malo y tiene ese vocabulario tan fino y dulce... una simplemente no se puede resistir. Gracias por comentar! Cuídate mucho!
Annie Darcy (Niña Bonita): Hey! De verdad, cuanto tiempo! Querida, eres demasiado modesta! Claro que te tengo en cuenta, siempre lo haré! Tu eres mi querida niña bonita :D Bueno, en tanto a nuestro sexy pelirrojo se refiere, pues... creo que este capítulo aclara por completo tus dudad. Un día de estos, me ayudarás y juntas mataremos a esa perra rubia ¬¬. A que te ha encantado? Te juro que, mientras lo escribía, estaba al borde de las lágrimas. Este esposo nuestro si que me puede! De verdad me causa gracias la imagen de Saku defendiendo a Itachi. Aunque, la verdad, no creo que ningún guapo se anime a molestar a Ita-kun. Él solo se vale bastante bien. Cooomo sea, tienes razón, es un Hidasaku, aunque eso no saca que Deidei se revuelque de celos cuando Saku prefiere a Saso-sexy por sobre él. (Creo que deberíamos advertirle que es un Hidasaku, no lo crees? No quiero que se ilusione en vano!) Tienes razón, nuestro bebé no apareció. Aunque, creo que ahora apareció lo suficiente para ambos capítulos, no lo crees? Concuerdo totalmente contigo. Los pelirrojos son imposiblemente hermosos. Gaara, Nagato... (me estoy olvidando de alguien? Oh, Dios, no, Saso-sexy, no te enfades! Jamás me olvidaría de ti...). No te preocupes por la longitud del review, niña, ya sabes: lo importante no es que escribas miles de hojas, a mi me basta con saber que siempre estás ahí, como estuviste desde el primer capítulo, y que puedo contar contigo siempre que lo necesito :) También te quiero, querida, y nunca me defraudarás! Gracias por esperarme :') Yours~
Tsuki511: Hola! Bien, supongo que seguiré llamándote Yasz, ya me había acostumbrado :) No, déjame explicarte. Gaara dice que no cabe ninguna duda de que cumplirá su palabra (es decir, buscar a Saku). Lo que quiso decir es que él jamás le fallaría a su amigo, por lo que hará lo acordado. No pienses mal de mi pelirrojo hermoso! Me alegra que te haya gustado el momento de Itachi y Saku. Creo que para Itachi fue como sacarse un peso de encima, y ella por fin pudo correr a alguno de sus demonios, ya que no es fácil sostener un odio tan acérrimo hacia alguien como Itachi ^^ Bueno, no puedo más que decirte que estamos en la misma. Ocuparía su lugar sin dudarlo, daría lo que fuera por ser ella u.u A que si? Bueno, ya sabes, Tobi es un buen chico! Que dónde se metieron? Están escondidos jajaja no, ya volvieron, tranquila :D Créeme, también yo odio a esa rubia estúpida ¬¬' Si, estamos bastante cerca! Al menos, mismo país y misma provincia. Para mi es suficiente :3 Cuídate mucho!
Rini Booh: Hola! Me alegro de hacerte feliz :D También me alegro de que te gustase la pequeña parte de Itachi y Sakura, pero, bueno, podría decirse que no se abalanzó sobre él porque... Moriría de envidia! Me hubiese gustado ser ella u.u Todos estaban haciendo cosas chachas (? No, mentira! Solo estaban dispersos. Ya sabes, hombres... Muchas gracias a ti, por leerlo y por los elogios. Cuídate mucho!
Sakurita-1491: Ay, Dios, no me alabes tanto! Querida, haces que mi ego sea igual de grande que Júpiter! :P Si, concuerdo contigo. Era lo mejor para ambos; Itachi necesitaba sacarse ese peso de encima, y por fin Saku pudo tranquilizar su corazón. Creo que lo hice algo mucho emotivo ^^ Bueno, no puedo decirte otra cosa que Kisame me encanta, la verdad creo que su personaje tenía mucho potencial y no me gusta encasillarlo en el 'compañero de Itachi'. Vamos, es una persona genial y muy cool, y no podía quedar siempre en las sombras. Me alegro de haberlo sacado de allí, pues hasta ahora a nadie le ha molestado, sino que a la mayoría le gustó :) Sasori, escuchaste eso? Creo que fue una amenaza... ejem, advertencia. No te preocupes, linda, si lo hubiese hecho, yo misma hubiese rodeado su lindo cuellito con mis manos y lo hubiese estrangulado xD Gracias por todo, cuídate mucho!
Ley-83: Hola! Creo que es la primera vez que te pasas por aquí, no es cierto? Quiero decirte desde un comienzo: tu review me sacó lágrimas. Te juro que lo leí y lo leí hasta el cansancio, me emocionó mucho, de verdad :'D Bueno, es mi primer fic, pero como comenté hace un tiempo, mi hobbie es la escritura. Tengo la idea central para unos nueve libros, de los cuales la mayoría ya están comenzado. Tienes razón, no es mi primer escrito, pero que lo alabes de esa manera ciertamente me hace ruborizar. He buscado muchos Hidasaku para orientarme sobre la forma en la que la pareja podía acercarse, pero, si tengo que serte sincera, ninguno de ellos me gustó. Ninguno está terminado, todos están por la mitad, no me gustó como caracterizaron a los personajes y tampoco me gustó la redacción. Soy muy quisquillosa para ser principiante, los e, pero me fastidia que alguien suba algo que bien pudo haberlo escrito un niño de dos años. Al menos, lo mínimo sería corregir la ortografía. Como sea, no iba por ahí el tema, cierto? Bueno, yo he estado tres días enteros para releerlo y corregir errores, tres días de feriado! Creo que soy un fracaso ù.ú Me alegro de que mi fic sea tu vicio. Es un vicio sano, al menos, no? Jajaja, si, creo que con lo de las parejas me amplié demasiado. Sin embargo, sabes que es un Hidasaku. El resto, solo amistad. No desesperes! El amor entre estos loquillos ya llegará. No puedes decirme eso! Acabas de arruinar mi felicidad :( Toda esa presión... cómo saber si lo haré bien? No puedo prometerte nada, salvo que haré lo máximo posible, y trataré de no defraudarte. Pusiste el listón bastante alto! No te preocupes por tu emoción, aquí siempre es bien recibida. Espero que vuelvas a comentar, de veras has sido una gran inspiración para mi. Gracias a ti, por leer. Cuídate mucho!
