Hola, hola, preciosidades de la vida! Cómo los está tratando el día? Por mi parte, estoy agradecida de que, a pesar de haber comenzado la primavera (aquí en Bs. As., a lo que llamamos primavera son alrededor de 25 grados), siga haciendo un frío de invierno. Adoro el frío :D
Como de costumbre, espero que todos se encuentren bien y gocen de buena salud. Me gusta pensar que leer 'Unexpected Ways' les libera un poco la mente y que, al menos por un segundo, están algo más felices.
Esta historia está dedicada a una personita fantástica, a la cual ffnet me hizo conocer. Querida Niña Bonita, Annie Darcy, Monse, te lo dedico a ti! Gracias por el continuo apoyo, tu nunca faltas! Te quiero mucho!
Por fin he sucumbido ante los pedidos de ciertas lectoras, y he avanzado un poco las cosas. Que sepan que no es mi estilo, ni me he sentido muy cómoda haciéndolo, pero veo cómo gradualmente van perdiendo interés en Unexpected Ways, lo que me lastima, por lo que trataré de darle algo más de pasta al asunto.
Bueno, esta es mi primer historia, así que es probable que cometa algún que otro error. Es un Hidasaku, así que al que no le guste, QUE NO LO LEA!
Declaimer: Naruto y todos sus personajes y paisajes son propiedad del señor Masashi Kishimoto-sama. Sin embargo, yo estoy jugando con sus niños; a algunos los reviví, a otros los deje muertitos y cosas por el estilo.
—Mocoso, ¿saldrás de ahí o tendré que llevarte del cabello? —la voz molesta de Sasori le produjo un leve sentimiento de naturalidad a la pelirrosa; lentamente, todo volvía a su lugar, todas las piezas se reacomodaban.
Se dirigían a desayunar y, como de costumbre, el pelirrojo había decidido hacerle de despertador a su subordinado, quien era más vago de lo que parecía.
—¿Danna? Aún es muy temprano… —la puerta se abrió, revelando el rostro aún adormilado de Deidara. Tenía el cabello desarreglado y los ojos entrecerrados, como si la escasa luz del corredor lo cegase. De alguna forma, la imagen se le antojó a Sakura tan parecida a la de cierto rubio de ojos celestes, su mejor amigo, que el corazón se le encogió. ¿Volvería a contemplar a Naruto en esas condiciones, como cuando iba a por él para una misión, y debía despertarlo? ¿O nunca más vería esos preciosos ojos azules iluminarse al encontrarse con los suyos a tempranas horas de la mañana?
—Mira, mocoso de mierda, estoy ya de bastante mal humor. Cárgale más a mi fastidio y despídete de tu inútil vida.
—¿Qué le pasa al Danna, un? —se dirigió a ella, entonces, bastante sorprendido por el aura oscura que parecía rodear a su maestro.
La muchacha sonrió y se encogió de hombros. Realmente lo ignoraba. Seguramente sería porque, con sus preguntas, ya se habían retrasado demasiado, y Sasori era un obsesivo cuando de puntualidad se trataba. Se imaginó la expresión del muchacho si él y Kakashi-sensei se hubiesen conocido, y este último lo hubiese citado. De cierta forma, dicho pensamiento se le hizo tan parecido al estado de ánimo actual del pelirrojo, que no pudo contener una risotada. Inmediatamente se tapó la boca con ambas manos, pues el Akasuna le envió una mirada oscura y peligrosa. Por su parte, el rubio parecía tan atontado que solo se le quedó mirando, tratando de conectar y hacer funcionar sus neuronas.
—Deidara, ¿quieres venir, o no? —preguntó, por fin, Sakura, disipando ese ambiente de tensión que los había rodeado por un momento.
El muchacho asintió y desapareció un segundo dentro de la habitación, para salir completamente distinto. Su cabello y sus ropas estaban arreglados, llevaba la capa puesta y sus ojos volvían a tener ese brillo de sagacidad y diversión. La tomó del brazo y se dirigieron con rapidez hacia la sala, dejando atrás a un furioso Sasori, que se limitó a seguirlos con la mirada oscura clavada en la espalda de su subordinado, seguramente pensando en mil formas distintas de hacerle pagar esa pequeña afrenta.
Ya en la gran habitación se encontraron con Kakuzu, Kisame, Hidan y Minako. El primero contaba billetes y los apilaba con una perfección envidiable, mientras que el segundo jugueteaba con su taza, evidentemente muerto de aburrimiento. Hidan tomaba un café negro, con sus impresionantes amatistas clavados en el líquido negruzco. Minako, sentada en las piernas del inmortal, acariciaba su cabello plateado, pasando sus delgados y elegantes dedos por las hebras blanquecinas con extrema suavidad; aún así, el Jashinista no le daba mayor importancia. De hecho, parecía no notar la presencia de la mujer.
Sakura no pudo evitar dar un respingo debido a la apariencia poco arreglada y extraña del criminal. Su rostro, siempre pulcro y perfecto, parecía casi descompuesto, mientras que sus ojos parecían totalmente reacios a abandonar la taza. Notó que un pequeño músculo en la sien del inmortal comenzaba a palpitar, lo que le dio una idea de la fuerza con la que apresaba el pocillo en sus manos.
—Buenos días, un.
—Buenos días, rubia —Kisame levantó la cabeza y le dio esa sonrisa ancha de dientes afilados, que siempre había inquietado un poco a la pelirrosa. El hombre dejó la taza tranquila, aparentemente olvidando su anterior aburrimiento—. ¿Así que dejaste de esconderte, niña?
Como la primera vez que la había llamado así, deseó decirle '¡Es Sakura!', pero le pareció que aún no tenían la confianza suficiente.
—No me estaba escondiendo. Es más; si no tienes nada que hacer, me gustaría volver a entrenar.
La sonrisa del peliazul se afiló aun más, y en sus pequeños ojos la muchacha pudo ver el desafío.
—Te espero más tarde, entonces —y salió por la puerta, como si hubiese estado ahí sólo para esperar esas palabras de la kunoichi.
Hidan chasqueó la lengua con fuerza, haciendo añicos la quietud en la que se había sumido el cuarto. Se puso de pie —quitándose de encima a Minako de una manera muy poco delicada— y salió por donde minutos atrás había desaparecido el shinobi de la niebla, dando pasos tan fuertes que bien podría haber dejado cráteres en el suelo. Minako hizo una mueca molesta, que le sentaba muy mal a sus finos rasgos, pero pronto adoptó esa sonrisa coqueta y sensual de siempre. Sakura sintió su sangre hervir, y recordó su propósito de humillarla.
—Buenos días, corazón —le dijo, como si fuera lo más normal del mundo. Se regodeó con la sorpresa pintada en esos magníficos ojos azules, que desapareció luego de un segundo.
—Buenos días, dulzura. ¿Pasaste una buena noche? —y bebió de la olvidada taza de Hidan.
—Oh, si, magnífica en verdad. ¿No es cierto, Sasori? —El pelirrojo, que aún rumiaba su molestia, la contempló un segundo, antes de asentir a desgana. La pelirrosa volvió la vista a la mujer rubia—. ¿Y tú?
—Bueno, Hidan tiene una imaginación galopante. Es imposible aburrirse a su lado. O debajo suyo, como quieras.
'Suficiente', se dijo la Haruno, y arremetió:
—Me imagino. Aunque, ¿sabes? Hablaba con Sasori hoy por la mañana. Y no recuerda haber tocado siquiera uno de tus cabellos jamás. ¿No es así, Sasori?
Él volvió a asentir, aunque sonrió con picardía. Minako no pareció apenada en lo más mínimo. Sonrió con todas sus ganas y se encogió de hombros.
—Bien, me agarraste, nena. No me he acostado con tu amigo. Aunque, uno nunca sabe, ¿eh? No retiro las cosas que he dicho de él. Ni de ese rubio tan guapo que tienes al lado —Le guiñó un ojo a Deidara, haciendo que este tomase un color rojo muy profundo.
—Supongo que incluso alguien como tu no puede conseguir a todos lo hombres, ¿no? Una pena —se mofó la menor, dejando de lado la actitud relajada y amable, y retomando el odio que la Hitomi le inspiraba—. Aunque no se si lo sepas, pero Deidara es menor que tu. ¿Acaso eres pederasta o algo?
La rubia también perdió cualquier indicio de falsa amabilidad o calidez, y cuando le respondió, su voz se había vuelto dura y venenosa, discordante con su rostro de niña buena.
—Bueno, quizá tú no lo sepas, pero yo no tengo más que veinte años. Y un año no hace la diferencia para tener sexo. Yo no soy una nena de cinco años; no busco novio ni amor. Con buen sexo me basta —Por un segundo, sus ojos se oscurecieron, pero fue tan rápido que nadie le prestó mucha atención—. Además, si lo pones así, ¿me dirás que no quieres acostarte con todos los hombres en este lugar? Porque tu no podrías hacerlo con ninguno, puesto que todos son mucho mayores que tú. Y no creo que ninguno quiera acostarte con una insulsa virgen que, además, es más plana que una pared.
—¡Cierra la boca! —le chilló, sintiendo que toda la sangre de su cuerpo se concentraba en su rostro. ¿Cómo se las arreglaba esa mujer para avergonzarla cada dos palabras? ¡Era increíble que aún le prestase oídos a lo que decía!
—No te enojes, que no es mi culpa que ningún hombre vaya a darte atención nunca.
—Yo no soy una buscona, no necesito acostarme con cada hombre que se me cruce.
—Y no podrías hacerlo aunque quisieras, así que, ¿para qué molestarte? Mejor déjalo estar —Se alejó hacia los dormitorios y le lanzó una última mirada de desprecio—. Hidan tenía razón, eres la persona más estúpida e insoportable que se me ha puesto enfrente. Aunque aún no se por qué está tan convencido de que eres una zorra, si a la legua se nota que ni un imbécil se rebajaría a estar contigo.
La kunoichi abrió la boca para replicar, pero Minako ya había desaparecido de su vista. Sin embargo, algo de lo que la mujer había dicho se le coló en la mente: 'Hidan tenía razón'. Así que ese imbécil andaba por ahí hablando mierda de ella. Apretó los puños con fuerza. Le iba a destrozar la cara, y lo haría en ese mismo instante. Mientras seguía el camino que había tomado el religioso, oyó que Kakuzu les comentaba a los otros dos hombres:
—Al menos no se puede negar que, con esa mocosa, uno nunca se aburre.
No le hizo caso y siguió su camino. ¿Por qué ese inmortal andaba hablando a sus espaldas? Peor aún, ¿por qué le importaba a ella? Nada que estuviese relacionado con ese hombre tendría que importarle. A pesar de todo, cuando dobló en un recodo y vio, casi al final del pasillo, la espalda del susodicho, todas las preguntas desaparecieron, dejando atrás solo odio y asco. Se le acercó con rapidez y lo tomó del brazo con rudeza, haciendo que él se voltease. Sakura alejó su mano, sintiendo la palma arder como si hubiese estado tocando una brasa ardiente. Se alejó un paso y lo contempló con repulsión.
Hidan dirigió sus amatistas a los jades de la muchacha, y ésta no pudo evitar alejarse otro paso. Él nunca la había mirado así, como si fuese la peor escoria que pisase la faz de la tierra, como si todo el odio que tenía dentro —que ella estaba segura, era muchísimo— estuviese dirigido a su persona. Como si realmente tuviese una razón de peso para aborrecerla de esa manera.
—¿Qué jodida mierda quieres? —le gritó, destilando toda la furia que tenía dentro.
La chica contuvo un temblor. Ya no le parecía tan buena idea haber ido a encarar al Jashinista. Se sintió pequeña bajo la ira de esa mirada oscura. Parecía que podía matarla de un momento a otro. ¿Cuándo esa animadversión mutua había cruzado la línea de lo normal y había llegado tan lejos? Ella nunca había sentido tanto rencor dirigido a una sola persona. Ni siquiera cuando Sasuke hablaba de Itachi había notado esa nota aguda, que hacía que sus huesos se sintiesen frágiles. Una parte de su cerebro, seguramente la más racional, le dijo que diese media vuelta y se alejase lo más rápido que sus pies le permitiese, que no volviese a levantar la cabeza frente a ese hombre y que evitase a toda costa estar en el mismo lugar que él, a menos que hubiese diez personas más con ellos. Por primera vez, quiso hacer caso, de verdad, pero la mirada del peliblanco la tenía pegada al piso, y supo que no se iría de ahí totalmente indemne.
—¿Por qué le andas hablando a tu mujercita de mi? ¿Por qué le andas contando mentiras?
Hidan lanzó una carcajada seca, pero el sonido se les antojó a ambos tan extraño que se tragó la risa.
—Yo puedo decir de ti toda la puta mierda que se me de la jodida gana, ¿entendiste? Joder, no necesito tu puta aprobación para hacer una mierda. En todo caso, tampoco he dicho ninguna jodida mentira.
—Pues yo no soy ninguna estúpida ni ninguna perra, ¿has entendido tú? No vuelvas a mentir sobre mí o…
—¿O qué, maldita perra infeliz? ¿Qué jodida mierda harás? ¿Llamarás a tus sucios y mugrosos amigos de tu puta aldea para que te vengan a defender? ¿Eh?
Sakura retrocedió otro paso, sintiendo esas palabras como un golpe. ¿Cómo se atrevía a hablar de sus amigos? ¿Por qué le estaba hablando como si ella fuese la responsable de todo lo malo que sucedía en el mundo? ¿Qué le había hecho para que la tratase así?
—Debe ser triste ser tu —soltó de pronto, en un susurro.
—¿Y por qué mierda habría de ser triste ser yo, perra? —preguntó Hidan, con una sonrisa petulante— Soy joven, atractivo, poderoso e inmortal.
—Si, tal vez seas todo eso que dices, pero ¿sabes qué? —le gritó Sakura, conteniendo las lágrimas— ¡Estás solo, maldito imbécil! ¡Solo! ¡Jamás tendrás a alguien que te quiera!
El hombre abrió mucho los ojos, como si no se hubiese esperado ese ataque, como si esas palabras lo tomasen por sorpresa. Frunció mucho el ceño y dio un paso adelante, alzando un poco los brazos, como dispuesto a estrangularla, pero ella se dio media vuelta y echó a correr, dándole el gusto de llorar por su culpa, otra vez.
Sintió que el corazón se le resquebrajaba y se le caía a pedazos. ¿Cómo se suponía que manejase tanta presión? ¿Cómo se suponía que juntase sus pedazos y volviese a unirlos, una y otra vez? Siguió corriendo, haciendo esfuerzos desmedidos por respirar, tratando de ver a través de la cortina de lágrimas que empañaba sus ojos. Sus amigos de Konoha. Naruto, Sai, Kakashi-sensei, Ino. Pasó saliva con fuerza, como si se hubiese tragado una lija. ¿Volvería a verlos? ¿Saldría algún día de ese infierno? Su llanto recrudeció y, de un segundo a otro, se estampó contra el cuerpo de alguien. Si esa persona no hubiese cerrado sus brazo a su alrededor, ella se hubiese resbalado hasta el suelo. Alzó los ojos, encontrándose con los sorprendidos orbes celestes de Deidara. Lo abrazó con fuerza y hundió el rostro en su pecho. Si bien hubiese deseado que esos ojos celestes y ese cabello rubio le perteneciesen a otra persona, por el momento era lo único que tenía, por lo que tendría que contentarse con él.
—Sa-Sakura, ¿estás bien?
—Solo dime que todo estará bien —le pidió, entre sollozos. Por supuesto, no le diría que tenía planeado desde un principio escapar de ahí; no le diría que esa idea seguía en pie, quizá más fuerte que nunca. Pero podía permitirse eso. Podía permitirse el oír de los labios de alguien (quien fuese) que todo estaría bien, que no todo estaba perdido aún—. Solo dímelo… por favor.
—Todo estará bien —recitó el muchacho, dócilmente. La aferró por los hombros y con delicadeza la separó de su pecho—. Pero, ¿qué sucedió?
—Fui a hablar con Hidan… tenía que…
—¡Yo lo mato, un! —Amago con soltarla e ir tras el religioso, que, en esos momentos, debía estar muy lejos de su alcance. El recuerdo de la cólera que parecía destilar por cada uno de sus poros llevó a Sakura a tomar al joven por la manga de la capa y sujetarlo con fuerza. No es que desconfiase de las habilidades del rubio; sencillamente creía que, al menos en ese momento, el inmortal tenía todas las de ganar.
El muchacho se detuvo y la contempló con fijeza, como decidiendo entre hacerle caso o soltarse de un tirón. Su mirada bajó hacia la mano de la chica, que reposaba firme sobre su brazo. Con suavidad, casi de manera inconciente, la encerró entre su cuerpo y la pared, dejando el cuadro exactamente igual al día en que casi la besó. Y, con la misma parsimonia y calidez, completó por fin la acción. Su cabeza se inclinó lo suficiente y sus labios rozaron los de la Haruno. No quería presionarla y, de hecho, tampoco quería aprovecharse de la debilidad actual de la muchacha. Por eso, y haciendo un gran esfuerzo, se alejó de su rostro, dejando que fuese ella quien diese el próximo paso. Si no hacía nada, absorbería el rechazo con entereza. Era lo único que podía hacer si no quería que su Danna lo descuartizase con lentitud y mucho dolor.
La Haruno estaba estática. Deidara acababa de besarla. Más que un beso, había sido un roce de labios, pero eso ya había sido suficiente para poner su mundo de cabeza. La quería; le gustaba, al menos. No podía decir que no lo sabía. Una parte de ella no había olvidado aquel día en que él había intentado hacer exactamente lo mismo. Pero, por alguna razón, había preferido relegar aquel día a una parte oscura de su cabeza, no volver a sacarla de allí jamás. De alguna forma, desde que había pisado aquel escondite, su sólido y conciso amor por Sasuke había comenzado a tambalearse. No es que no lo amase, nada de eso. Creía que lo amaría por siempre. Sin embargo, ya no se sentía tan reacia a contemplar con otros ojos a los hombres, quizá por el sencillo hecho de que allí estaba rodeada de ellos. En Konoha era diferente; nunca vería a Sai con otros ojos que no fuesen los de la amistad, Naruto siempre sería como un hermano para ella, a pesar de ser conciente de lo que ella despertaba en el Uzumaki. Y Kakashi-sensei… pues él nunca dejaría de ser eso, su sensei. Eso era suficiente para echar sobre todos ellos un telón que tapaba sus atributos como hombres. No como amigos, no como hermanos, no como mentores. Como hombres. Pero allí, rodeada de jóvenes en la plenitud de su fuerza, que actuaban como si ella fuese un hombre también, no podía dejar de notar cuán atractivos eran.
Entonces, ¿qué debía hacer? ¿Debía besarlo, para complacerlo? ¿Realmente era lo que quería? Él sólo estaba allí, esperando que ella hiciese algo. ¿Traicionaba a Sasuke besando a alguien más? Al pelinegro nunca le había importado realmente qué fuese de ella. Entonces tampoco debería importarle lo que hiciese o dejase de hacer. Tampoco era como si él fuese a enterarse en algún momento. Ni siquiera estaba segura de poder salir de ahí alguna vez. Y, sin embargo… no se sentía preparada para ello. Deidara podía sentir toda la atracción que quisiese por ella, pero de verdad dudaba que la amase. Además…
—¿Y yo era el jodido imbécil que decía malditas mentiras, perra? —La voz seca del Jashinista la sacó bruscamente de sus cavilaciones, haciendo que ambos jóvenes le diesen su atención—. No me digas que eres tan jodidamente inocente como para no saber qué mierda esperaba hacer la rubia contigo, por Jashin-sama.
—¿Qué te pasa, un? ¿No tienes algo que hacer? —se mosqueó el insultado, apartándose de la kunoichi.
—Si, la verdad es que si. Cualquier cosa con tal de no cargar con las nauseas por el resto del puto día.
Y pasó a su lado como una exhalación, dejando a su paso un ambiente frío y tenso. La pelirrosa cayó a la tierra como si hubiese estado flotando y le hubiesen arrojado un gran cascote. No le dio tiempo al rubio a decir nada; se limitó a alejarse a grandes zancadas, en dirección al cuarto de Sasori. Bajo ninguna circunstancia le diría lo que acababa de suceder al pelirrojo. Posesivo como era, lo más probable era que fuese a por el peliblanco y el artista para torturarlos hasta la muerte. El pensamiento le sacó una sonrisita, que la acompañó hasta el cuarto del shinobi de la Arena.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Sólo el sonido de sus fuertes pisadas lo acompañó a lo largo del interminable pasillo. No quería pensar, estaba cansado de hacerlo. En los últimos días había pensado más que en su vida entera. Y él no era ningún estúpido, a pesar de lo que muchos pudiesen decir. La razón para su ininterrumpido estrés y su recién redescubierto odio asesino tenía nombre y apellido, ojos verdes y un graciosos cabello rosa. 'Tsk, esa perra'. Apretó los puños y se mordió la lengua con fuerza, disfrutando del sabor ferroso de la sangre inundando sus papilas gustativas. Al menos no había perdido por completo el gusto por el dolor.
Suspiró y chasqueó la lengua. Las paredes parecían cerrarse a su alrededor, dejándolo sin salida. No se dirigía a ningún lado en particular; solo quería alejarse de esos dos imbéciles. Por supuesto que había mentido al decir que tenía cosas que hacer; él nunca tenía nada que hacer. Y, sin embargo, el encierro nunca se le había antojado tan insoportable como en aquel momento. Deseaba salir al exterior y matar a alguien de la manera más lenta y tortuosa que se le pudiese ocurrir a su retorcida mente —que, para esos casos, tenía una imaginación insuperable—.
No le daría vueltas a lo que había sentido al ver a esa rubia homosexual sobre el cuerpo de la kunoichi. No le importaba saber, no quería saber. Quizá, de alguna forma, sabía que no le gustaría la respuesta. No importaba. Esa perra podía revolcarse con quien quisiera; él no era quién para decir nada. Después de todo, tenía a Minako, y no es como si ella no fuese luego a refugiarse con Pinocho.
Quizá sí se había pasado al dejar que la Hitomi destrozase su psique con unas cuantas palabras bien pensadas. Quizá el error había sido siquiera traer a la mujer para que hiciese sufrir a la Haruno, no lo sabía. No recordaba cuándo exactamente había comenzado a hacer girar su vida en torno a la pelirrosa, aunque solo fuera para tratar de destruir su integridad. A decir verdad, muchos de los criminales allí dentro lo habían humillado alguna que otra vez, algunos más que otros. Y, sin embargo, no recordaba haberle dado más importancia que la necesaria para unas cuantas rabietas y chillidos, o para maldecirlos hasta que se le secase la boca. Entonces, ¿dónde radicaba la diferencia con esa chica de Konoha? ¿Por qué le significaban más sus insultos que los dichos por los demás? Quizá el primer error había sido suyo, al darle a ella una importancia que realmente no tenía, que no merecía. La razón para haberlo hecho, sinceramente no la recordaba. Tampoco estaba seguro de haberla pensado siquiera en algún momento; sencillamente, así había reaccionado su cerebro ante el primer intercambio de dulces palabras con la muchacha.
Él no era una buena persona. De hecho, era todo lo contrario. Lo reconocía, y hasta cierto punto se enorgullecía de ello. Mataba para honrar a Jashin-sama. Él lo había escogido como su servidor, y el inmortal no tenía pegas en cumplir con sus mandatos, al pie de la letra. Con el pasar del tiempo, se había aficionado al dolor ajeno, al color escarlata de la sangre, al vacío que quedaba en los ojos de su víctima cuando el sufrimiento terminaba por acabar con ella. Decir que tenía algún remordimiento sería estar mintiendo. Pero decir que era completamente indemne a los demás, que su desinterés era completo, que no veía más allá de lo que le concernía a si mismo, también sería estar mintiendo. Si no, ¿por qué mierda se estaba haciendo toda esa sarta de insufribles preguntas, que no servían para nada que no fuese secar su cerebro? No le traían respuestas; al menos, no las aceptaría jamás. Cuando el recuerdo de unos inocentes ojos verdes inundados en lágrimas amenazó con llenar su cabeza, su querido compañero —¿Ahora se entiende por qué él no se había molestado jamás en hacerlo sacrificio a Jashin-sama? Uno nunca sabía cuando ese viejo estúpido iría a servir para algo— se le apareció frente a las narices, llevando las manos llenas de billetes verdes, pulcramente acomodados en fajos. Sus ojos se encontraron unos segundos, los suficientes para transmitirse infinidad de insultos y deseos mutuos de muerte, para después seguir su camino. No obstante, cuando Hidan creía que su compañero se había perdido a lo lejos, éste le soltó un solo comentario.
—Quizá deberías ir a dar una vuelta por la sala. Si no me equivoco (y no lo hago), el Líder está por deshacerse de tu juguete.
Y el Jashinista no supo qué jodida mierda decirse a sí mismo cuando notó que esa información era lo que menos le importaba en el mundo.
Lo que sea que pienses, me ayudara a mejorar. Así que deja un review! Gracias por leer.
Muchas gracias a los que le dieron favoritos o seguir a esta historia. También a los que le dieron alerta. Ustedes también me inspiran a seguir!
Minene Uryuu: Siempre estoy presta a soltar algunos halagos, querida ^^. Niña, si se los dices así, más que darse cuenta de su amor, terminarán por cagarse encima del miedo o.o (disculpa mi vocabulario -.-). Jaja más pura que una paloma blanca? Ese fue un buen chiste xD (Tienes razón, nuestra mente es tan negra como el cabello de Itachi (?). Gracias por la diversión, cuídate mucho!
Sakura Kazahana: Hola! Bueno, esto sonará a autopromoción (a quién engaño, es justamente lo que es), pero actualmente estoy escribiendo un SasoSaku. Se llama A look, only that's enough. Puedes pasarte a leerlo cuando quieras, lo sabes ;) De todas formas, gracias por el halago, y por comentar. Cuídate mucho!
Lyldane: Hey! Querida, un poco tarde para estar levantada, no lo crees? Si, también yo soy fan de las parejas crack. Cuanto más crack, mejor xD Contestaré primero este review, y después el otro. Me alegro de que encuentres a Hidan logrado. Es difícil meterse en personajes que han aparecido tan poco tiempo en la serie, pero hago lo que puedo. Pues creo que Deidei se sentirá bien ofendido de que dudes así de él (lo cierto es que comparto tu opinión, Sasori es del tipo de hombre que, por más provocación que le muestres, no se le inmuta ni un cabello). En cuanto a Ita-kun, lo cierto es que sigue igual de callado que siempre, sencillamente es que tenía que sacar todo lo que guardaba en el buche desde hacía tanto tiempo, e incluso a las personas menos locuaces les sucede eso de mandarse un discursito cuando sus sentimientos intervienes (lo digo por experiencia...).
Cómo conoce a Sasuke? Supongo que ya nos lo dirá. Por ahora, es lo de menos. Como dije en algún review anterior, me he pensado lo de agregar a Sasuke a la historia, pero aún me lo estoy pensando. En el supuesto caso de que lo integrase, no sería hasta muy entrado el final. Si, eres toda una listilla xD Hidan, por su parte, no tiene todas las luces. Lo has captado al vuelo. La gente cómo el, al sentir una sensación desconocida, tiende a ponerse de un humor negro (como puedes comprobar en este capítulo). Bien, tu eres mi primera crítica. Estoy tratando de digerirla lo mejor posible. Me dices que cuide mis faltas, y que elimine elucubraciones. A serte sincera, no comprendo nada lo que quieres decirme. Si, lo se, soy de mente estrecha. Tendrás que aprender a tratarme. Haré lo posible por corregir mis faltas (cuando me ayudes a descubrir donde están), aunque no puedo prometerte que mi narración cambiará en lo que a base se refiere. Es mi forma de escribir y, a pesar de que trato de mejorar, no creo que vaya a cambiar mucho. Sin embargo, haré lo que pueda. Gracias por tomarte el tiempo de comentar, y de hacerme notar mis errores. Solo así uno mejora. Cuídate mucho!
OrIhImExIcHiGo: (Por favor, déjame algún Alias de tu agrado, no puedo aprenderme este nombre). Me alegro de que te pareciese interesante, al punto de pasarte todo un día leyéndolo. Más que gracias a mi, gracias a ti, por tomarte la molestia de comentar. Cuídate mucho!
Natsumi No Chiharu: ;)
