He~y, Precious lesendur! Cómo están? Por mi parte, estoy ya contando los días para mis merecidas vacaciones. Al parecer, mis deseos de continuar en un interminable invierno se han visto frustrados, ya que el verano azotó Bs. As. sin clemencia u.u Me siento algo triste por eso.
Como siempre, espero que estén todos felices y gocen de buena salud. Ustedes son una fuente de felicidad para mi, así como una inspiración. Se los agradezco infinitamente :)
Esta historia está dedicada a una personita fantástica, a la cual ffnet me hizo conocer. Querida Niña Bonita, Annie Darcy, Monse, te lo dedico a ti! Gracias por el continuo apoyo, tu nunca faltas! Te quiero mucho!
Antes de dejarlos leer, dejenme hacerles una pregunta. También a ustedes les sucede que ffnet no les deja copiar texto de un fic? Trato de copiar el Declaimer de mi propia historia y esta estúpida página (con el debido respeto...) no me deja hacerlo ù.ú
Bueno, esta es mi primer historia, así que es probable que cometa algún que otro error. Es un Hidasaku, así que al que no le guste, QUE NO LO LEA!
Declaimer: Naruto y todos sus personajes y paisajes son propiedad del señor Masashi Kishimoto-sama. Sin embargo, yo estoy jugando con sus niños; a algunos los reviví, a otros los deje muertitos y cosas por el estilo.
Volver a la villa nunca había tenido un sabor tan amargo. Quizá luego de regresar de un infructuoso intento de traer a Sasuke de vuelta, pero, de cierta forma, eso tenía más de decepción que de dolor. Naruto contempló a sus compañeros traspasar la puerta delante de él, y titubeó antes de imitarlos. Cuando sus pies estuviesen dentro de la aldea, la búsqueda de Sakura se habría terminado; la estarían dejando en manos de los hermanos de la arena —manos muy capaces, en su opinión, pero que no quitaban el fastidio—.
Genma charlaba animadamente con Kotetsu e Izumo, recostado contra un árbol, con actitud altanera. Cuando notaron su presencia, le dedicaron una mirada triste, de apoyo. Era imposible pasar por alto a los cuatro shinobis, que caminaban con la cabeza gacha, en actitud rendida. El Uzumaki apretó los puños. ¿Acaso estarían decepcionados por su derrota? ¿Por la ausencia de la cabellera rosada entre ellos? Chasqueó la lengua con fuerza. Tenía ganas de chillarles que se metieran en sus propios asuntos, pero sabía que no podía culparlos. Después de todo, ¿no se sentía también él desilusionado por su irrefutable fracaso? Mientras enfilaban hacia el palacio de la Hokage, el rubio sintió el veneno llenando su boca —figurativamente hablando—. Nunca había estado en contra de la vieja; es más, había sido él quien más esfuerzo había puesto para hacer que aceptase el puesto de Hokage. Cuando Jiraiya le había comentado acerca de quién tomaría el puesto, el chico se había sorprendido. ¿Una mujer? Y ni hablar de lo que había sentido cuando había conocido a dicha mujer. Le había molestado sobremanera que despreciase lo que se le ofrecía, cuando el sueño de Naruto era precisamente lo que esa mujer rechazaba tan a la ligera. No obstante, una vez que la rubia había tomado el control de Konoha, había pasado a ser una persona apreciada por el ninja, llegando a tenerle tanta confianza como para llamarle 'abuela'.
¿Y ahora? ¿Cómo se sentía cuando tenía que absorber la dura orden de abandonar a su suerte a la persona a quien más quería? Él nunca había sido una persona que se callase lo que pensaba o sentía. Anteponía la sinceridad a lo que dictasen las normas, y ciertamente no se quedaría de brazos cruzados cuando le prohibían hacer lo que debía. Porque era su deber traer a Sakura. ¿De quién más, sino? Era cierto que le había confiado la tarea a Gaara —en quien confiaba ciegamente, como en todos sus amigos, además de que su lugar de Kazekage le abría muchas puertas—, pero eso no significaba que no siguiese indignado, molesto, ofendido. Más le valía a Tsunade tener una muy buena excusa para haberlos traído casi a la fuerza, o si no se enteraría de unas cuantas cosas.
—Naruto —Kakashi lo llamó. El muchacho se volvió hacia su sensei, algo intranquilo—. Cuando estemos en la oficina de la Hokage, quiero que te mantengas callado.
—¡Qué! —el chico lo miró con indignación.
—¿Ves? Exactamente eso —el hombre se pasó una mano por los cabellos blancos, cansado—. Justo en este momento no tengo ganas ni fuerzas para detenerte si comienzas una discusión con ella. Y no quiero que lo hagas. Por eso te pido que te mantengas callado. Yo me haré cargo.
—¿Y dejará que le cierre la boca sin más, que le pase por encima sin escuchar siquiera lo que usted tenga para decirle, así como ha hecho hasta ahora?
—Naruto, si Kakashi-sempai ha dicho que él se ocupará, es porque lo hará —razonó Yamato, volviendo los ojos hacia el menor.
Naruto cruzó los brazos sobre el pecho con fuerza y bajó la cabeza, enfurruñado, rumiando en silencio su molestia. No es que no confiase en Kakashi… ¡Todo lo contrario! Sencillamente era conciente de lo difícil que sería plantarse frente a la rubia y mantener la boca cerrada cuando ella comenzase a soltarle excusas estúpidas. Su vista volvió a clavarse en el ojo negro de su sensei, que lo contemplaba con intensidad. Pasados unos segundos, el rubio se vio obligado a bajar la vista, preguntándose si alguien sería capaz de soportar el peso de semejante mirada.
—Bien. Me quedaré callado. Pero espero que no se ponga blando con ella, sensei —advirtió, señalándolo acusadoramente con un dedo.
El Hatake sonrió, curvando su único ojo visible, haciendo que su aspecto se asemejase al de un joven tranquilo y jocoso.
Con más tranquilidad, continuaron su camino. En su cabeza, el hombre comenzó a trazar algunas de las cosas que tendría que decirle a su superior. Obviamente, informar del fracaso de la misión. Por otro lado, soltar —como quien no quiere la cosa— que el asunto no había quedado en la nada; que Gaara y sus hermanos estaban haciéndose cargo de la cuestión. Y, por último, utilizar toda su frialdad y lengua mordaz para anunciar a la mujer de lo que su equipo y él pensaban acerca de esa peculiar forma de 'llamarlos'. Naruto podía pensar que a él no le importaba mucho, o que no le daba importancia en absoluto, pero Sakura era su alumna también, era alguien muy próximo a su corazón, y también él había sentido un gusto amargo en la boca cuando Gaara los había detenido por órdenes de la Hokage. Tampoco a él le había gustado la poca confianza que la rubia había puesto en ellos.
—Kakashi-sensei…
—¿Hmm?
—¿Usted cree… cree que Gaara y sus hermanos vayan a encontrar a Sakura-chan? ¿Cree que ella esté bien? —No había que conocerlo para notar el temblor en su voz, como si esa no fuera la primera vez que la nefasta idea estuviese rondando su cabeza, acosándolo.
—No puedo darte la certeza que quieres, Naruto, pero yo creo que está bien —le sonrió al chico, aún cuando sus pensamientos se revelaban contra aquella estúpida mentira. 'Claro que no piensas que está bien, es lo que te has tratado de meter a la fuerza en la cabeza, pero no es lo que sinceramente crees'—. Sakura es fuerte, y estoy seguro de que le ha roto todos los huesos del cuerpo a quien quiera que se haya atrevido a tocarla. Incluso si está secuestrada, se que está bien. Nuestra Sakura es una chica fuerte.
—Y fea, por cierto —agregó Sai, dándoles la primera sonrisa en mucho tiempo—. No creo que ningún hombre haya tenido el deseo de tocarla.
—Sai, por favor —pidió Yamato con nerviosismo, alzando ambas manos, en signo de paz. Naruto parecía a punto de abalanzarse sobre el pelinegro (seguramente no para darle un abrazo).
Una sonrisa esquiva apareció en el rostro del peliblanco. Era sorprendente qué poco se necesitaba para tranquilizar a Naruto; la confianza ciega que tenía en todos sus amigos. Le había bastado con que le dijese que Sakura estaría bien para pasar de tema. Si tan solo su propio cerebro fuese tan fácil de serenar…
La puerta de la oficina de Tsunade emergió frente a sus narices como una aparición del mismísimo Kami. Un suspiro generalizado les dejó saber a todos que compartían el mismo sentimiento desagradable.
El mayor de los hombres se volvió hacia el Uzumaki, y alzó ambas cejas, dejando un mensaje explícito. El menor le devolvió la mirada con entereza y serenidad. 'Sakura-chan, ¿qué hubieses hecho tu? ¿Le hubieses hecho caso a Kakashi-sensei?', se preguntó el rubio. Recordó las muchas veces que la pelirrosa lo había golpeado por sus correrías, las tantas veces que lo había sermoneado, las miles de veces que lo había fulminado con la mirada por sus contestaciones maleducadas. Sonrió. 'Sakura-chan, cerraré la boca y le haré caso a Kakashi-sensei porque es lo que tu harías, porque es lo que a ti te gustaría que yo hiciera. Me esperarás, ¿cierto, Sakura-chan? Aunque yo no esté ahí cuando tú vuelvas, siempre te esperaré aquí, en casa, en nuestro hogar. Sakura-chan, pensaré en ti cada día, y dedicaré toda la energía que tengo en pedirle a Kami que te traiga pronto, que te devuelva a mis brazos. Espero que, donde quiera que estés, tengas siquiera una mínima idea de cuánto te quiero. Porque yo te quiero, Sakura-chan'.
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Cuando llegó al cuarto de Sasori, suspiró para serenarse. Era ya un hecho que no le diría nada acerca de Deidara, ni tampoco de Hidan. No quería que el obseso del control de Sasori hiciese alguna estupidez. En verdad, con un temperamento tan voluble, ¿cómo era que no se había enzarzado ya en una pelea con todos los Akatsukis? Aunque, si se ponía a pensar, el pelirrojo siempre se mostraba indiferente y frío frente al resto de los Akatsukis. ¿Podía realmente ser porque ahora ella estaba ahí? Ese pensamiento le trajo una carcajada, por lo que entró a la habitación con semblante relajado y buen talante. Sasori estaba reclinado sobre el escritorio, moviendo un lápiz con frenética precisión sobre una hoja blanca. Al acercársele, divisó lo que parecía ser el boceto de una nueva marioneta, con todos sus juguetes y armas de pelea.
—La próxima vez que tengas pensado dejarme plantado en el salón, ten al menos la decencia de avisármelo antes.
La muchacha sonrió con picardía.
—Ah, Sasori, realmente puedes ser un niño cuando quieres. No te dejé plantado; sencillamente tenía asuntos que resolver.
—Si puedes llamar a Hidan un 'asunto'…
La Haruno dio un respingo. Así que sabía que había ido a por el inmortal. Bueno, era de esperar, siendo que el hombre sentado a su lado tenía una agudeza mental que rayaba en lo intimidante. Pero no tenía derecho a reprocharle nada, ¿cierto? ¿Qué era Sasori, después de todo, sino un amigo que se había puesto en su camino en el momento y lugar equivocado? Pensándolo bien, ¿qué hubiese pensado si hubiese sido Naruto quien se lo recriminase? Le hubiese dejado amonestarla, por supuesto. Entonces, ¿por qué no Sasori? Aunque, si el chico permanecía en silencio, definitivamente no sería ella quien sacase el tema a colación. Se acercó a la cama y tomó sus guantes negros. Sasori siguió todos sus movimientos por el rabillo del ojo, como si las acciones de la chica fuesen de cuidado. Cuando Sakura hubo terminado de ponerse los guantes, de asegurarse de tener suficientes shurikens y kunais, y algún que otro veneno interesante, se volvió hacia el pelirrojo.
—Me voy a entrenar con Kisame.
El mayor se encogió de hombros y siguió con su tarea. La pelirrosa se acercó a la puerta, segura de que él no agregaría nada, pero el Akasuna terminó por hablar.
—Mientras solo hagas eso…
La Haruno se volteó, aunque sus ojos no chocaron con los del hombre, como pensaba, sino con su elegante y masculina espalda.
—¿Qué quieres decir? —preguntó. Por un segundo, creyó que Sasori se refería a que Kisame podía hacerle daño. La idea le resultó algo absurda, considerando todo lo que había pasado—. Kisame no me hará daño, y lo sabes.
—No te hará daño intencionalmente, pero contigo nunca se sabe, mocosa.
Sakura volvió a tomar una pose desconcertada.
—¿De qué hablas? —Escrutó con suspicacia su espalda, que no se movió un centímetro— ¿De dónde sacaste esto?
—De ningún lado —volvió a encogerse de hombros, como si todo el asunto le resultase de lo más indiferente—. Pero no vengas a mí lloriqueando si te rompen el corazón, ¿oíste?
—Kisame no me romperá el corazón, Sasori, por la sencilla razón de que no estoy enamorada de él —'Dios, que escalofriante. ¿Cómo les funciona el cerebro a los hombres?', se preguntó para sus adentros, con un estremecimiento—. Sencillamente entrenamos; tú me sugeriste que lo hiciese con él, ¿recuerdas? Él me salvó la vida, no puedo evitar sentir algo de gratitud. Por otro lado, él me agrada.
—Yo te sugerí que entrenases con Itachi, quien bajo ningún concepto tocaría uno de tus cabellos, ni aunque te dedicases a fastidiarlo todo el rato. Y no me interesa en lo más mínimo con quién te lleves bien; ya bastante me he preocupado por ti. Estoy ocupado, mejor lárgate de una vez.
—Sasori… —su voz suave y pausada consiguió interesar al marionetista, quien volvió un poco la cabeza—. Púdrete.
Y salió del cuarto con una gran sonrisa. Qué sobreprotector y rebuscado había resultado ser el sujeto a quien ella supuestamente había matado. Contuvo un temblor cuando pensó que pudo haberlo matado, que, si las cosas hubiesen sido como ella creía, ahora no estaría tan tranquila yendo a entrenar; muy probablemente hubiese estado muerta. Agradeció a Kami por haber salvado al pelirrojo. Él, por su parte, la había salvado a ella.
Caminó con tranquilidad por el lugar, en dirección al campo de entrenamiento. No quería pensar en Hidan, ni tampoco en Deidara. Los hombres, a su parecer, no eran más que un incordio, constante e ineludible. Como Sasuke. ¿Cuántos años de su vida le había dedicado? ¿Cuánto de ella misma se había ido con ese frío hombre de ojos negros? Ya no lo recordaba, no podía decirlo. Y, sin embargo, ¿acaso había servido para algo? ¿Se había percatado Sasuke de su presencia, siquiera? Su mente recreó aquel misterioso 'gracias', que nunca terminaría por erradicar de sus recuerdos. Demasiado importantes, demasiado arraigados, todo aquello que tenía que ver con el Uchiha. Echó la cabeza hacia atrás un segundo y bufó. Y, ahora, de nuevo, se encontraba enredada con un hombre, nada menos que con un Akatsuki, asesino y criminal rango S. 'Además de un psicópata de las explosiones y del arte', se recordó, con una sonrisa irónica.
Suspiró. ¿De verdad quería meterse en ese terreno? Ella no sentía por Deidara nada que no fuese amistad y cariño. Y dudaba seriamente de que él sintiese algo diferente. Quizá ella le pareciese atractiva, pero no la amaba. Siendo que aún tenía diecinueve años, era normal que lo dominasen las hormonas —cosa que no pasaba con los otros Akatsukis porque todos eran más grandes—. Pero ella no se dejaría llevar por algo tan banal. Podía tener la fuerza de cien hombres y ser poco femenina, pero seguía siendo una mujer. Seguía queriendo flores y corazones. Seguía queriendo a un hombre que la amase. 'Un hombre que no es Sasuke', pensó, con tristeza, pero se obligó a apartar ese pensamiento. Dolía reconocer, luego de tanto tiempo, que había perdido su infancia y gran parte de su adolescencia en un hombre que no veía más allá de sus propios asuntos. Que no estaba interesado en ella, que ni siquiera la quería. ¿Por qué no podía enamorarse de Naruto? De esa forma, su vida sería muchísimo más fácil. Sabía que los sentimientos del Uzumaki eran sinceros, así como sabía que los cargaba desde hacía mucho tiempo. El rubio era dulce, fuerte, honesto, tierno, divertido, y muchas cosas más, que no le alcanzaría el tiempo para nombrar. Y, sin embargo, ella no podía más que caer cada vez que el Uchiha hacía algo, aunque fuese tan trivial como respirar.
Gruñó. Ojala las cosas fuesen tan fáciles, ojala ella pudiese decir 'al demonio con Sasuke' y todo se terminase allí. Pero no. Ella seguía siendo la misma idiota romántica de siempre, que esperaba que algún día el hombre perfecto se tropezase en su camino y, por qué no, que terminase enamorado de ella y ella de él.
Cuando abrió la puerta del campo de entrenamiento, el aire frío le despeinó el cabello, y refrescó sus pensamientos. Eso era bueno; sacarse las preocupaciones de la cabeza, al menos por un tiempo. Recorrió el lugar con la vista, sintiendo una ligera punzada de nostalgia al pensar en Konoha. No le costó mucho encontrar a Kisame, que, sentado en el suelo, vendaba a Samehada, mientras, al parecer, hablaba con Itachi, quien estaba sentado relajadamente en un árbol caído. Se acercó con paso tranquilo. Después de todo, la presencia del pelinegro ya no le causaba la profunda repulsión de antaño. No podía creer que, en tan poco tiempo, tantas cosas hubiesen cambiado. ¿Cuánto había pasado desde que ella había llegado? ¿Doce, trece días? Tendría que preguntarle a Sasori —cuando su enorme ego caprichoso descendiese al menos un poco—.
—Ah, niña, creí que te esconderías de nuevo —el peliazul sonrió, mostrando sus dientes afilados, cuando notó que ella estaba parada frente a él.
Itachi se giró e inclinó la cabeza hacia ella, en un educado y silencioso saludo. Sakura le sonrió con timidez. Nunca se sacaría de encima la vergüenza de haber odiado a ese hombre de manera tan infundada. Cuando devolvió su vista hacia Kisame, se sintió algo orgullosa, siendo que ella sabía algo que el Hoshigaki, con esa relación de extraña amistad que tenía con el Uchiha, no sabía.
—No me estoy escondiendo.
—Ya. ¿Lista para otra paliza?
—Quizá sea yo quien deba decir eso —replicó, con picardía. Lejos de ofenderse, la sonrisa del hombre solo se ensanchó.
—Me gusta tu espíritu —llevó una de sus manos a su rostro, por encima de sus branquias—. Pero me gusta más mi cara. Ten más cuidado esta vez.
—Lo que diga, Kisame-sensei —se burló.
El mentado soltó una carcajada y se dirigió a su compañero, que los contemplaba con parsimonia, como si verlos discutir fuese algo natural y diario.
—¿Quieres quedarte, Itachi? Quizá la niña termine necesitando tu ayuda.
—O quizá la necesites tu, Kisame —replicó el pelinegro, y, aunque sonó bastante serio, sus acompañantes no pudieron contener unas carcajadas.
El shinobi de la niebla se sacó con lentitud la capa, dejándola a un lado de donde el Uchiha estaba sentado. Levantó a Samehada del suelo y se apoyó ligeramente en ella, aunque, siendo tan alto, su cuerpo se inclinaba bastante. Abrió la boca, quizá para darle alguna indicación a Sakura, pero unos gritos los sorprendieron e hicieron que todos dirigiesen la atención a la puerta del campo, por donde Tobi corría como a quien le lleva el alma el diablo. Cuando llegó a su lado se vio obligado a inclinarse y tomar aire profundamente varias veces. Sakura le puso una mano en la espalda con actitud conciliadora.
—Tobi, respira. Vamos, así, tranquilo. ¿Qué ha pasado?
El chico se tomó unos segundos para airear lo suficiente su organismo, y después se enderezó, listo para liberar todo ese oxígeno en exagerados chillidos.
—¡Sakura-chan, Kisame-san, Itachi-san! ¡Tienen que venir con Tobi al salón, en seguida!
—¿Al salón? —preguntó el mayor, desconcertado—. ¿Y para qué quieres tu que vayamos al salón?
—¡Tobi es un buen chico, y por eso vino a buscarlos! ¡Minako-chan se marcha, Líder-sama se lo ha dicho a Tobi!
Sakura se envaró. ¿Así que esa estúpida por fin se iba? Recordó los ojos amatista del inmortal mirándola con profundo desprecio. ¿Quería volver a enfrentarse a él? Pero estaría con Tobi, con Kisame y con Itachi. Hidan no le haría nada. Y verdaderamente quería disfrutar viendo a esa zorra abandonar el lugar, con el rabo entre las patas. Aunque, ¿no había dicho el líder que la mataría cuando Hidan se cansase de ella? Un momento, ¿eso significaba que el inmortal realmente se había cansado de ella? ¿De su juguetito? Sintió algo removerse en su estómago, pero el tema de Minako era mucho más importante. Los tres hombres la estaban mirando, como si esperasen su aprobación para moverse y hacer lo que Tobi les pedía. Tragó saliva. ¿Le estaban dando la oportunidad de elegir? ¿Estaban esperando que ella les dijese qué hacer?
—Bien, vamos entonces —Su voz tembló, solo un poco, pero Sakura deseó que ninguno lo hubiese notado.
La tranquilidad con la que hacía unos cuantos minutos había caminado por ese mismo pasillo había desaparecido por completo. Kisame y Tobi iban a cada lado de la pelirrosa, mientras que Itachi caminaba detrás. Parecía que era ella a quien llevaban para un castigo. Se mordió el labio. Había creído que se sentiría morir de la felicidad cuando el pelinaranja decidiese sacar del camino a esa estúpida mujer. Y, sin embargo, sentía un apretado nudo en la boca del estómago. Si decidían matarla, no tendrían que presenciarlo, ¿cierto? No los obligarían a mirar. ¿Y si simplemente le pedía que se fuera? Le sorprendía, con lo receloso que parecía el líder con todo lo referente a su organización. Quiso decir algo, al menos para romper esa atmósfera extraña que parecía cocerse a su alrededor, pero las palabras no acudían a su boca. Por otro lado, los hombres que la acompañaban no parecían necesitar decir nada, y a la chica le sorprendió —y molestó, tan solo un poco— que Tobi no estuviese ya chillando. ¿Estarían pensando en lo que el líder decidiría, o tendrían la cabeza muy lejos de allí? Ella estaba acostumbrada a gente predecible; nunca le daría muchas vueltas a lo que podría estar pensando Naruto, o Ino, o Choji, o quien fuera. Quizá un poco con Sai y Kakashi-sensei, pero tampoco es que pasara mucho tiempo con ellos sin hablar, por lo que el silencio siempre era llenado por risas o charlas, y no había espacio para estancarse en extraños pensamientos.
Sin embargo, los Akatsukis siempre parecían tener muchas cosas más interesantes en las que pensar. Podían pasar horas sin hablar con nadie, incluso sentados con alguien, y sentirse a gusto con el silencio. ¿Qué secretos esconderían, qué pesares les angustiarían? Eran gente tan… curiosa. Interesante, hasta un punto.
Llegaron a la sala en medio de un aura taciturna. Allí solo estaban Pain, Konan, Deidara y Minako. Sakura buscó al inmortal con la mirada, y se extrañó de no encontrarlo. ¿Le habrían avisado? Sonrió con burla al ver a Deidara mirar hacia otro lado, como si ella no estuviese ahí parada. Pero que aniñado se podía comportar. Sólo había sido un beso; no le había propuesto matrimonio. Esa idea fue lo suficientemente apabullante para que la relegara por completo de sus pensamientos.
—¡Líder-sama, Tobi ha sido un buen chico, y trajo a Sakura-chan, a Itachi-san y a Kisame-san como el Líder le pidió! —como de costumbre, fue Tobi quien rompió el silencio.
Si Sakura no hubiese experimentado en carne propia lo fría y oscura que podía ser la mirada de Pain, probablemente no hubiese podido notar el sutil cambio que se produjo en sus ojos cuando éstos se dirigieron al menor. Todo él pareció suavizarse, aunque su expresión siguiese siendo indiferente. Sólo podía captar sus cambios de humor a través de su mirada; su rostro jamás cambiaría.
—Gracias, Tobi —Sus ojos volvieron a cambiar cuando se dirigió al resto de sus acompañantes—. He mandado a por el resto, pero ninguno quiso venir. Siendo que esta decisión ya estaba tomada y no repercute en nada que tenga que ver con ellos, se les permite ausentarse.
La Haruno volvió a sentirse desconcertada. ¿Hidan había rechazado la posibilidad de enfrentarse al líder, de hacerle uno de esos berrinches que tanto parecían gustarle? Nuevamente volvió a ella el agudo recuerdo de su espantosa ira, esa masa de odio y rencor que la había mirado como si realmente se plantease la posibilidad de matarla. ¿Estaba así porque sabía lo que le esperaba a Minako? No podía ser por eso; sólo se trataba de su juguete. Siempre podía buscar otra si se le antojaba. ¿Le habría prohibido Pain traer a otra mujer? Sacudió la cabeza. ¿Qué tanto problema se estaba haciendo? ¡Se trataba del maldito y arrogante asesino de Asuma-sensei!
Como si hubiese estado esperando que ella terminase con su debate mental, Pain se volteó hacia Minako, que lo miró de manera altanera.
—Has venido aquí por voluntad propia; Hidan te lo ofreció, y tú aceptaste. Si él no te había advertido nada, yo mismo lo hice hace tiempo —La pelirrosa se perdió en esa voz grave y modulada que poseía el hombre. Se le ocurrió que, si no fuese de una organización criminal, sería un gran líder: tenía una inteligencia avasallante, y esa voz podía doblegar la voluntad más fuerte. Sencillamente manejaba tu cabeza con unas cuantas palabras bien pensadas—. Sabes, ahora, lo suficiente del lugar para convertirte en una amenaza. Advertí a Hidan de que no toleraría más la situación. Sin embargo, como ves, él no está aquí para hablar por ti…
—Ese sucio cabrón, mentiroso y traicionero. ¿Quién lo necesita? Se defenderme sola, no soy como esa nena mimada e inútil que tienes ahí.
Sakura sintió su cuerpo arder de indignación, aunque no supo si se refería a ella o a Konan. Al parecer, Pain se enfrentó al mismo dilema, porque el aire a su alrededor descendió al menos veinte grados. De pronto, parecía mucho más peligroso que cuando lo había visto por primera vez, sus ojos exudando furia; su expresión seguía impertérrita.
—Minako Hitomi, te daré una oportunidad, y solo una, para salir de aquí. Si logras llegar a tu hogar, te dejaré tranquila.
—Como si no pudiese hacer algo tan simple como eso —bufó ella, y se echó el largo y precioso cabello dorado hacia atrás—. Ser rubia y hermosa no significa ser estúpida.
La kunoichi apretó los puños con furia. Pues ella era pelirrosa y estaba segura de que era mil veces más inteligente que esa cualquiera. A su lado, Kisame rió por lo bajo, aparentemente divertido con la diatriba de la chica. Tobi, del otro lado, inclinaba la cabeza con dulzura, y saludaba a la Hitomi con la mano, como viejos amigos con la promesa de volverse a ver.
Pain y Konan encabezaron la marcha hacia la puerta, con todos los otros pisándoles los talones. Cuando llegaron allí —y mientras Pain hacía aquellos complicados sellos—, la rubia se acercó a Sakura.
—Eres una imbécil que parece no tener suficiente con ser fea y plana. Eres una perra, aun siendo una insignificante virgen. Ese cabrón sinvergüenza tenía razón en eso, al menos. Te maldigo, y espero que mueras aplastada de dolor.
A pesar de sentir un tirón de miedo al oír esas palabras, la pelirrosa se las arregló para responder con mordacidad.
—Pues fíjate en que me importa muy poco. Ah, y cariño —aprovechó la estupefacción de Minako para acercarse a su oído—, recuerda: tú te estás yendo con el rabo entre las patas, mientras que soy yo quien se quedó con todos los hombres. Le mandaré a Hidan y a Sasori tus saludos. Que te diviertas —y, alzando la mano, le dio la sonrisa más falsa y burlona de la que fue capaz.
Pain tuvo que aferrarla de un brazo y llevarla hasta la puerta, puesto que la mujer se había quedado estática. Sakura disfrutó hasta lo indecible de su expresión de estupor. Cuando los pies de Minako estuvieron fuera, la puerta se cerró con un sonido seco. Pain dirigió sus ojos hacia los ámbar de la peliazul, que permanecían fríos e impasibles. Ésta pareció no necesitar palabras, porque desapareció en una nube de humo.
—Hmm, Líder-sama… —Sakura se preguntó, vagamente, si algún día podría pronunciar esas palabras sin sentir que tragaba vidrio—, ¿la dejó irse, así como así?
—No —y su voz fue dura, como si aún estuviese resentido por la ofensa hacia su compañera—. Konan ha ido a encargarse de ella. Pueden retirarse.
Como la mentada, desapareció en una nube. Y la Haruno se dijo que aún tenía mucho por aprender de esos hombres, viendo la manera en la que el pelinaranja se había tomado la injuria de la Hitomi hacia la peliazul.
Lo que sea que pienses, me ayudara a mejorar. Así que deja un review! Gracias por leer.
Muchas gracias a los que le dieron favoritos o seguir a esta historia. También a los que le dieron alerta. Ustedes también me inspiran a seguir!
Minene Uryuu: Querida, sabiendo que tengo la mente tan sucia como tu (emm, esto queda entre nosotras, si? Para el resto seremos blancas palomitas, tan blancas como el cabello de Hidan xD) cómo puedes pedirme que no piense mal? Me encanta que mis palabras te sonrojen (*se sonroja*). Jajaa Si! Por primera vez, alguien con quien puedo hablar como un camionero borracho y que no me pondrá cara de estirada! xD Te lo agradezco mucho, querida niña :D Cuídate mucho!
Lyldane: Hola! Tu si que eres de comentar largo, eh? Eso me gusta :D Mmm, no puedo decirte si fue más corto, aunque a mi misma me pasa a veces que los veo más y más pobres... xD Te ha gustado particularmente? De verdad? A mi me ha desagradado... solo un poco. Aunque la parte de Hidan me hizo sentirme muy orgullosa de mi misma :) Si, tienes razón, Kakuzu no te creería ni por un millón de dolares (tal vez por dos?). No te preocupes, te has expresado bien, y ahora entiendo mejor lo que dices. Debo decir que, en eso, concuerdo contigo. Ya varias lectoras se han mofado de mi lentitud con la acción, pero es que estoy acostumbrada a darle muchas vueltas a las cosas. Además, hay ciertos aspectos (lo que Sakura piensa de Sasuke, su relación con Sasori, sus deseos de huir) que no quiero que queden relegados; me gusta refrescarlos de vez en cuando, porque me parecen importantes. Sin embargo, haré lo posible por reducirlas, si crees que hacen que la historia se ponga pesada. Eres una lectora, y a mi me importa mucho todo lo que una lectora tenga para decirme. Si no trato de mejorar oyendo lo que tienes para decirme, cómo lo haré? Espero que de ahora en adelante, Unexpected Ways te deje más satisfecha. Yo, por mi parte, haré lo posible. Te diré algo: a mi me desagrada mucho la idea de adelantar las cosas. Me gustaba mi ritmo, para qué mentirte, y me sentía muy cómoda escribiéndolo. En mi cabeza no se me hacía desagradable la idea de llegar a más de treinta capítulos, incluso más. Sin embargo, hay quienes no opinan lo mismo, y debes comprender que no me hace feliz ver como la gente pierde interés en mi historia (aunque siempre tengo lectoras leales, que no me abandonan, y que siempre saben como subirme el ánimo). Me gusta que vayas contra la corriente :D Seremos Laly y Lyldane contra el mundo xD JAJAJA dudoso criterio, eso ha sido de pasada, de verdad xD Debo decirte que puedes tener razón en lo de las faltas, yo no las miro mucho, le dejo el tedioso trabajo al corrector del Word. Supongo que tendrás que perdonarme eso. Y si, siendo que has sido sincera conmigo, te devolveré la sinceridad: me ha dolido tu critica. Me ha molestado un poco también, pero solo porque pinchó mi ego. Más que nada me dolió porque señalaste las faltas como algo grande e importante, y sentí que yo misma estaba haciendo la vista gorda hacia un gran error. Me alegro de que la cosa no fuese muy seria. Supongo que ya me extendí demasiado y para toda la vida. Espero que comentes también este capítulo, me gustan tus opiniones sin adornos :) Cuídate mucho!
SuzyFei09: Hola! Como estas? Bienvenida al club de las amantes de las parejas crack :D Me alegra mucho que te haya gustado, y espero que este capítulo llene tus expectativas. (Coincido acerca de Hidan, pero verás como poco a poco esa pelirrosa lo hará arrastrarse) Estaré esperando un nuevo comentario, amiga :) Cuídate mucho!
ImVicky: Hola, preciosa! No puedo transmitirte la alegría de esa primera oración. Es justo lo que yo deseo, todo lo que puedo pedir. Y yo siempre reiteraré que me hace feliz que a ti te guste :D Espero que este nuevo capítulo te guste tanto como el anterior. Ya me dirás. No te preocupes, amarraré a la musa esa xD Gracias por tu comentario. Cuídate mucho!
Rini Booh: Jajaja querida, veo que le tienes el mismo asco a esa zorra que yo :D Eso me gusta ^^- Espero que la mini humillación que ha demostrado Saku en este capítulo entre en tu definición de épico: eso me haría muy feliz :D Jaja amiga, veo que te interesas por el rubio sexy en un fic que no es suyo :P No había pensado en hacer un Deisaku, AÚN, pero mi cabeza siempre está llena de ideas locas. Una nunca sabe, eh? Ve a dormir en paz, linda, y sueña con momentos Deisaku xD Cuídate mucho!
