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Disclaimer: Las TORTUGAS NINJA no me pertenecen, es mi corazón el que le pertenece a Leo, desde siempre, por siempre y para siempre. Y ni gano dinero por escribir este fic, salvo sus invaluables reviews.
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EL HUÉSPED
16. Cuando el gato no está…
Altas llamaradas rodeando el pequeño edificio, consumiendo las paredes, haciendo estallar ventanas, y reduciendo a cenizas todo lo que hay en el interior.
Esto vieron Abril, Casey, Splinter, Miguel Ángel, Leonardo y Rafael, cuando un grito desesperado de éste, les advirtió que algo había pasado, y todos fueron a la sala para ver las noticias, y en las noticias vieron que el fuego consumía el pequeño edificio en el que laboraban sus más recientes amigos. No necesitaron oír a Donatelo por celular decirles que ellos estaban dentro: los bomberos habían ya controlado el incendio y estaban sacando dos cuerpos carbonizados; tampoco les interesó saber, por la tortuga de la bandana morada, qué fue exactamente lo qué ocurrió, porque Miguel Ángel fue incapaz de sentir nada, porque a Rafael se le hizo un nudo en la garganta tan grande como el que ata su antifaz, porque Abril, Splinter y Casey no podía creer lo que estaba ocurriendo, y Leonardo… Leonardo simplemente cayó al suelo y de sus ojos brotaron las lágrimas; así que Donatelo no tuvo que explicar nada, sólo regresó a la Guardia.
Tampoco, ya estando en casa, tuvo que explicar lo ocurrido. Todos estaban siendo devorados por el dolor y la desesperación, encerrados en sus habitaciones respectivas. Abril y Casey se retiraron para darles oportunidad a los otros de asimilar la tragedia; así que Donatelo se fue directo a su habitación a descansar.
Al otro día, por la mañana, la Guardia sigue en completo silencio, tan silenciosa como un cementerio.
Donatelo ha sido el primero en levantarse, pero está considerando que debería esperar a que alguien más aparezca. Si es el primero en iniciar su día, pudiera parecer a los ojos de los demás como un insensible, pero con lo ocurrido, seguramente nadie se asomará siguiera hasta que su propia agonía se haya apaciguado un poco, así que tendrá que esperar.
-Pero tengo hambre.
Tiene que bajar lo más silenciosamente posible.
Cuando llega a la cocina, se encuentra a alguien.
-Buenos días, Miguel.- se asoma al refrigerador para sacar algo y prepararlo.
-Hola.- come sin ánimos un plato con cereal y leche.
Donatelo deduce rápidamente que su "hermano" bajó a desayunar porque él no probó bocado en todo el día de ayer. Puede tolerar su compañía, le servirá de escudo si llega a ver alguna leve sospecha sobre su propia necesidad de comer.
-¿Cómo te sientes?- mete al microondas la mitad de pizza tamaño familiar; no le parece tan extraño que esté casi integra, sólo tomaron un par de rebanadas.
-No lo sé. Han pasado tantas cosas…
-Estás estupefacto: pareciera que no tienes ningún tipo de sentimiento; pero créeme, de un momento a otro, te vendrá encima la avalancha de emociones y te aplastará.-
El microondas avisa que la comida ya se calentó.
Miguel Ángel pasa saliva.
Donatelo toma asiento sirviéndose la pizza y un envase de jugo de uva. Comienza a comer de lo más despreocupado.
-¿Cómo lo haces?
-¿Qué?
-No estás triste por…
-Bueno Miguel, mi alta capacidad intelectual, en cierta forma, me impide dejar arrástrame por el tumulto de emociones que ustedes están experimentando.
-O sea… que estás estupefacto.
-Tampoco. Quise decir que soy como el Doctor Spock.
-El de Viaje a las Estrellas, un Vulcano que no tienen emociones.
-Así es, porque su inteligencia está por sobre sus sentimientos.
-Aah… Sigo sin entender.
-Porque no has comido.- le sirve una rebana de pizza -Come, o podrías enfermarte, y no queremos una preocupación más, ¿verdad?
La tortuga de la bandana naranja se queda viendo a la tortuga la bandana morada: la mirada y la sonrisa de su hermano son muy confiadas, tanto, que da miedo. Donatelo nunca se ha comportado como si no le importaran las cosas. Puede que él siempre piense primero en la solución y no darse por vencido antes de que la preocupación lo rebase, pero esta vez, parece tan ajeno al dolor de los demás… Aunque también es posible que Miguel Ángel no esté pensando correctamente: su cabeza está hecha un revoltijo con tantas cosas que han pasado.
Toma la rebanada, no porque tenga mucha hambre, sino porque su hermano tiene razón: no quiere enfermarse por no comer y ser una preocupación más.
Donatelo sonríe porque le ha hecho caso. Tampoco le gustaría que ese cuerpo esté enfermo en el momento en que vaya a necesitarlo.
Terminan de comer y regresan a sus habitaciones, uno de ellos muy preocupado por qué nadie más a salido de su cuarto, pero no hay más que hacer, y el otro piensa descansar hasta bien entrada la noche aprovechando que nadie le impedirá salir a "dar una vuelta". Aunque este otro cambia de opinión: baja a comer otras dos ocasiones durante el día; debe reponer energía, será otra agitada noche, pero no tanto como la tarde de ayer.
Bien comido y bien descansado, Donatelo sale sigilosamente de la Guarida, hasta lleva su inseparable mochila. Esta vez decide ir a pie, para tener mayor libertad de acción. Camina por las semi iluminadas alcantarillas. En eso, se encuentra con alguien.
-Hola Doni.- una voz grave, pero evidentemente joven, lo saluda -¿A dónde vas con tanta prisa?
-Rafa, salgo para ver si hay manera de detener a las Taenias aunque ya no estén Li ni Lou.
-Tú solo.
-Miguel no tiene las fuerzas; Leo está destrozado, llegó a estimar en demasía a esos humanos; y a ti no te interesa. Como siempre, YO debo ser único en ocuparme de las cosas.
-¿Te crees el único que es responsable?
-Desde que Leo y tú comenzaron con sus entupidas riñas,- su voz se oye con cierta furia -yo he tenido que ocuparme de las cosas que olvidan atender por pelear: yo debo arreglar los vehículos, yo debo acabar con sus quehaceres, yo debo ir con Abril para ayudarle con la tienda, yo…
-También está Miguel.
-Sabes que él no colabora con estos menesteres.
-Eso sí.
-Y Splinter nunca interviene, supuestamente porque deben resolver sus problemas ustedes mismos, así que yo termine siendo responsable de todo.
-Casi todo, a veces sí hacemos lo que nos toca.
-A veces. Ahora voy a detener a esos bichos yo solo.
Así que apresura el paso.
-Como si te lo fuera a permitir.
-¿Y por qué?- pregunta con sorna.
A Rafael le parece extraña la actitud de Donatelo, pero no le contesta, ¿cómo le va a decir que no quiere que muera? Si no fue nadie más que esas Taenias quienes mataron a Li y a Lou, ¿cómo va a dejar que lo maten a él también?
-Regresarás por las buenas o por las malas.- se le acerca y lo toma de un brazo.
-Tendrá que ser por las malas, hermano, porque YO debo salir.- dice con altivez.
-Por las malas entonces…
Antes de que Rafael siquiera acabe de lanzar la amenaza, Donatelo, con su mejorada velocidad, lo agarra del brazo con ambas manos, se gira y lo jala, aprovechando bien el peso de la tortuga de la bandana roja, y lo estampa contra el suelo.
-¡Oohh!
-No creas que soy el debilucho Donatelo de antes… "o al menos no por unos días más".
Rafael se voltea para mirar a su hermano, desde el suelo.
-Antes, ¿de qué?
-Oh, Rafita, sin un líder que te diga cómo debes actuar, eres un inútil.
-¡¿Inútil?!- se pone de pie muy rápido.
-Por eso Splinter no te eligió como el líder. Nunca piensas, nunca te adelantas a las circunstancias, crees ciegamente que tus músculos pueden con todo y contra todos, que de esa forma se arreglan los problemas, pero te equivocas. Viniste por mí sin haber estructurado un plan, considerando que con mostrarme un puño sería suficiente para amedrentarme y regresaría a casa como niño bueno, pero has errado.
-¡Con mis puños tengo para llevarte a rastras a casa!
Se lanza sobre Donatelo, quien toma su brazo, se deja caer al suelo, usa el impulso que lleva y además de un pie como apoyo sobre el plastrón de Rafael, y lo lanza hacia una pared.
-¡Aaah!- choca irremediablemente -¿Cómo… eres tan fuerte?- se pone de pie lo más rápido que puede.
-No tiene que ver con la fuerza, sino con el impulso, el peso y la gravedad, pero si quieres una demostración de fuerza…
De un veloz movimiento atrapa a Rafael, lo retiene contra la pared y le aplica una dolorosa llave a un brazo.
-¡Suelta!
-Si eres tan fuerte como presumes, puedes liberarte fácilmente.
Eso intenta Rafael, pero al tratar de liberarse, Donatelo ejerce más presión en el brazo.
-¡Aahg! ¡Me lo vas… a romper!
-Como un mondadientes. Para que te libere, considero que me gustaría oír, al menos una vez, que digas que me quieres.
-¡¿QUÉ?!
-Rafita…
-¡Deja de… decirme… RAFITA! ¡Aagh!
-No estás en condiciones de exigir.- vuelve a retorcer el brazo, pero Rafael ahoga el dolor apretando su quijada -Ese es tu problema, her-ma-no.- por alguna razón, una horrible razón, Rafael siente un escalofrío al oír esa palabra -Tan fácil es que me digas que no deseas que vaya a encontrar mi muerte, que no soportará tu corazón si yo muero o alguien más de nuestra fa-mi-lia.- otra vez el escalofrío -Es tan fácil decir: te quiero. Si lo dices, tal vez me convenzas de regresar. Vamos, dilo.- ahora ejerce una presión constante y creciente.
Rafael apenas puede poner en orden sus ideas, el dolor crece y crece a cada segundo. Si hace el más mínimo movimiento, él mismo se romperá el brazo.
-¡Maldición Doni! ¡¿Qué demonios quieres probar?!
-Probar, nada. Quiero ayudarte, que tus emociones y tus músculos encuentren la armonía.
-¡Qué armonía que ni que 'ocho cuartos'!- forcejea, como puede -¡Tú te me regresas…! ¡Aaaagghh!
-Además…- se acerca a su oído, susurra con un tono de voz de lo más siniestro -es divertido. Eren tan absurdamente divertido… ¡Jajaja!
Ese no es Donatelo, le dice su voz interior de Rafael.
¡Escucha cómo habla, cómo se mofa de ti!
¡Ese no es Donatelo!
Por primera vez, Rafael se deja guiar por esa voz que nunca le presta atención. Desde ayer en la tarde descubrió que…
Se impulsa con todas sus fuerzas, cae, su brazo sufre tremendamente, pero con esto aplasta a Donatelo y éste lo suelta, de inmediato gira para apartarse y se pone de pie; toma su brazo que por un segundo creyó que se le partiría en dos.
-Buen movimiento, "hermano".- la tortuga genio se pone de pie -Y discúlpame si no me quedo a jugar contigo, pero tengo un asunto muy importante que requiere de mi intervención.- continúa su camino.
Rafael corre y tras un poderoso salto le cierra el paso.
-¡No irás a ningún lado!
-Apártate Rafael. -suena muy amenazante.
-¡No! Regresaremos a casa y entre todos planearemos cómo vengar a Li y a Lou.
Donatelo lo mira con rencor.
Una mirada que no le gusta a Rafael. Una cosa es que su hermano se moleste porque tenga que reparar todo cuando "accidentalmente" hace pedazos, y otra cosa… es esta fea mirada. La misma vocecita, de hace unos instantes, le recuerda las palabras que oyó de su hermano mayor: Fue solo a la oscuridad.
Donatelo sonríe con cinismo. Esa tortuga puede ser tan sobreprotectora como la de la bandana azul. Si no fuera porque más tarde le va a ser de utilidad… Debería cambiar la estrategia.
-¿Desde cuándo escuchas primero y actúas después?
-Desde que ayer me di cuenta que no quiero que ninguno de ustedes muera. ¡¿Feliz?!
-No.
Pero es su naturaleza ser un depredador, ¡qué divertido será darle caza que su propio "hermano"!
Toma el borde del caparazón de Rafael para lanzarlo, pero esta vez, Rafael reacciona rápido, aprisiona la mano y aprieta.
-Doni, Doni, Doni... ¿por qué tanta agresividad? Debe ser la tensión.
-Si con este apretón de niña pretendes hacer que me retracte de salir, pierdes tu tiempo.
-Todos estamos tensos.- surge otra voz.
Rafael voltea a ver… y Donatelo aprovecha, se suelta, levanta con increíble fuerza a Rafael y lo lanza contra el recién llegado.
-¡Aaah!
Donatelo huye.
-¿Qué haces aquí, soquete?- Rafael cayó encima de Miguel Ángel.
-Seguí a Doni, pero lo perdí pero luego los oí hablar y seguí el sonido de sus voces.
-¡Arg!- Rafael se pone en pie -¡Se me fue!
-Hay algo raro en él.- dice Miguel Ángel sentado en el frío suelo.
-Lo sé. Con la muerte de Li y Lou, se ha puesto muy raro, pero no es tristeza.
-Es como si estuviera… contento.
-Sí, aparte de burlón. ¡Vamos, que se nos va!
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Gracias por tomarte tu tiempo y leer mi fic.
